jueves, 25 de agosto de 2016

EL EDIFICIO CAPITOL DE INDEPENDENCIA: CITÉ, CINE-TEATRO Y CENTRO COMERCIAL

Accesos del conjunto Teatro Capitol, donde se observa el cartel del cine-teatro "Capitol" y el del "Café Continental". Fotografía publicada por la revista “En Viaje” de 1961.
Coordenadas: 33°25'45.83"S 70°39'13.79"W
El Edificio Teatro Capitol es un conjunto residencial y comercial ubicado en la tercera cuadra de avenida Independencia hacia el Norte, en el número 224, frente a los murallones del Templo y ex Convento de las Carmelitas Descalzas. Ocupa todo este costado de más de 80 metros de la manzana, entre las calles Prieto y Beltrán Mathieu. En su interior, resguarda tras el gran portal del arco un cité que, para muchos, es el más hermoso y suntuoso de todos los que existen en Chile.
El simétrico edificio que forma la fachada también es residencial, de tres pisos en su cuerpo longitudinal y cuatro en su bloque central, combinando influencias de la arquitectura Tudor con toques de art decó en sus voluminosas líneas que van de esquina a esquina.
El pasaje ciego del cité interior, en cambio, se abre tras el zaguán hacia el poniente y tiene dos pisos, donde se asocian tendencias artísticas del hispano mediterráneo, del neocolonial y también algo de Tudor y art decó en el caso del cine que allí funcionaba.
Vista completa de la fachada del edificio.
Volumen central del edificio y portal con arco de acceso al cité.
Fachada del cine, al interior del cité.
Acceso al excine, hoy fábrica de hielo, por calle Beltrán Mathieu.
El estupendo portal de arco al centro del edificio, se ha vuelto casi un símbolo en la mejor arquitectura histórica en La Chimba y de la más inmediata al río Mapocho por aquella ribera, a la altura del ex Instituto de Higiene (hoy Cuartel Borgoño) o el actualmente ruinoso Edificio Luna Park. Frente a su gran acceso al pasaje interior del cité, además, sobrevive el esqueleto de un destartalado cartel vacío colgando sobre Independencia; su época de luces pasó hace muchos años, pero recuerda cuando alojó acá la sala del Cine y Teatro Capitol.
El conjunto aparece en el barrio gracias a un proyecto de la familia empresarial Marió, ligada a las artes escénicas y espectáculos, según informa el académico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, don Alberto Gurovich Weisman, en un artículo del trabajo titulado "Guía de patrimonio y cultura del Barrio de la Chimba" (Ediciones Ciudad Viva, 2007). El propósito era levantar un gran conjunto residencial para arriendo, con cine-teatro propio, obra que sería ejecutada con planos de los arquitectos de la Universidad Católica don Manuel Parra Flores y Oscar Galleguillos R.
El grupo residencial fue llamado Teatro Capitol, pues se lo diseñó intencionalmente con aspecto de edificio de cine-teatro clásico, contando con su sala interior en estas funciones, todo a modo de un gran homenaje de los Marió al rubro, según se recuerda. Las obras fueron ejecutadas por la casa constructora de M. Lavín Albo, siendo concluidas en 1927.
Este origen relacionado con empresarios teatrales y su pasado como sala de cine han dado pie, según parece, a una creencia que escuché de algunos vecinos hará cerca de una década ya, cuando investigaba sobre la historia del Barrio Mapocho: según esta leyenda, el conjunto habitacional del Capitol surgió de una remodelación del edificio del cine, naciendo así el cité interior. Sin embargo, la verdad es que este cine no ocupaba el pasaje propiamente tal, sino al costado derecho e inicio del mismo, en una pequeña sala-auditorio que fue parte interior del conjunto. Todavía se reconocen sus mamparas de acceso, su alero y el espacio que debió corresponder a la boletería.
Por otro lado, el conjunto del Teatro Capitol ha albergado desde sus orígenes locales comerciales como cafés y bares a ambos lados de su gran entrada, por el lado de la calle, reuniendo una gran cantidad de establecimientos en su primer piso. Varios de ellos fueron conocidos restaurantes y cafés en el pasado
Destacó antaño, por ejemplo, el "Bar Capitol", una concurrida fuente de soda y restaurante en la dirección de Independencia 232, exactamente al lado Norte de la entrada monumental al cité. Seguramente el cine le proporcionaba parte de la clientela a sus mesas, donde se ofrecía en su publicidad "Tocadiscos de a $1", como verificamos en la revista "Fontana" de noviembre de 1948, órgano oficial del Sindicato Profesional de Fuentes de Soda, Pastelerías y Cafés. Este antiguo local está convertido hoy en un negocio de venta de cortinas y accesorios: la "Corty House".
Otro conocido centro recreativo de los bajos del Edificio Capitol era el "Café-Bar Continental", en el lado opuesto al "Bar Capitol" pero también junto a la entrada al portal del mismo nombre, en el número 216. Sobrevivió por muchos años allí, hasta cerca de nuestra época inclusive. Hace unas décadas, además, este boliche tenía un muy vistoso letrero colgando sobre los transeúntes e invitando a los paseantes. Su antiguo espacio pertenece desde no hace muchos años al "Wonder Restaurante", sucursal del célebre y reputado "Wonder Bar" de la cercana calle General Mackenna. Su carta ofrece desde las infaltables colaciones del mediodía hasta los cotizados tragos "terremotos" de cualquier hora.
Actualmente, toda esa línea de primer nivel de locales, está ocupada por varios otros establecimientos que le han dado un carácter intensamente comercial a la cuadra de Independencia, especialmente en rubros de cortinaje y tapicería. Están allí la fábrica de empanadas y amasandería "San Sebastián", la casa de telas "Albeluz", la comercial e importadora "Destino", telas "Don Barato", la casa "Las 7 Cortinas" y las telas y tapices "Aldecort". En la acera también es posible encontrar cerca de 11 kioscos y toldos de comercio minorista.
El cine, en tanto, tuvo cierta importancia para el barrio con sus rotativos desde las 14 horas, a pesar de la existencia de varias otras salas chimberas como el Teatro Balmaceda o los del lado de avenida Recoleta.
Se recuerda a esta sala como un activo lugar de proyecciones, eventos en vivo y varios encuentros políticos durante aquellos años de mayor lustre, llegando a acoger los congresos del Partido Socialista durante los años del Gobierno del Frente Popular. Sin embargo, se le empieza a perder la pista a inicios de los años setenta, que parece ser ya su definitivo período de decadencia, cuando aparece también una maderera en la dirección del edificio y con su nombre: Maderas Capitol Ltda.
Hoy, el ex Cine Capitol es ocupado por una empresa fabricadora de hielo: "Cumbre", con acceso y oficinas por el lado de calle Mathieu, por una casona que era parte del conjunto y que conserva el bello diseño españolado del mismo interior del pasaje residencial.
Si bien en el Edificio Capitol ya no funciona su sala ni llega público al recinto de ese misterioso excine, totalmente escondido de la urbanidad y de los tiempos humanos, el lugar sigue siendo famoso por su cautivante cité central, atracción de fotógrafos, de paseantes y de investigadores.

martes, 23 de agosto de 2016

LOS VIEJOS DESAGÜES PLUVIALES DE LAS CALLES DE SANTIAGO

Esquina de Santo Domingo con Mac Iver, ubicación de la Casa Velasco. Se observa el desagüe de lluvias que aún se encuentra en ese vértice de piedra canteada, aunque ha sido modificado ya su aspecto. Fotografía del Archivo Chilectra, sin fecha, aunque la aproximaríamos hacia 1930 (después de la remodelación de Víctor Heal al edificio).
Con este tema, me permito volver un poco al tema de la historia urbana: los desagües pluviales de las calles centrales de Santiago. Los del Centro son los más antiguos de la capital chilena, aunque cada año parecen tener menos trabajo a causa de los notorios cambios climáticos, que nos han ido apartando la lluvia de antaño.
Lo que vemos exteriormente del sistema, es sólo el imbornal o boca de tormenta, la apertura con rejas voluminosas y gruesas de metal, más una tapa trasera para acceder a la cámara interior, en caso de obstruirse o de requerir mantención. Dichas rejillas son las que, traicionando sus funciones, facilitarían las inundaciones de calles cuando se tapan con basura u hojas secas del otoño... O al menos eso nos dicen las autoridades cada vez que hay anegamientos durante las lluvias de invierno.
Las bocas más antiguas del sistema son, según parece, las que están dispuestas en posición vertical como aberturas en los bloques y bordillos de la acera, generalmente armadas con piedra canteada en esos años, mientras que las más nuevas suelen ser sólo horizontales, con boca de pozo en el suelo y la rejilla a ras de piso.
Bajo el imbornal está la mencionada cámara aljibe o recibidora de aguas lluvias, oscuro pozo que facilita la acumulación para el drenaje a través de un tubo, albañal o ducto, que a su vez derrama sobre una cloaca o alcantarilla o bien el sistema colector de aguas lluvias propio (caso de los desagües del sector Santiago Centro y Quinta Normal), aunque a veces también cuenta con una boca de salida sobre un canal externo (caso del colector de aguas lluvias de avenida Tobalaba con Bilbao, que desagua sobre el Canal San Carlos).
Construcción del primer alcantarillado en Chile, 1898. Fuente: EducarChile.cl.
Mercería de la casa Raab, Rochette, Roca y Cía. en la Alameda de las Delicias, año 1929. La empresa tenía un área de metalurgia que proveyó de desagües pluviales a la obra pública de Santiago hacia los días del Primer Centenario.
Modelo de imbornal y rejillas de la casa Augusto Raab (futura Raab, Rochette, Roca y Cía.), en sector Barrio Brasil. Según los datos con los que contamos, la inscripción de la razón social propietaria de la Fundición Las Rosas visible en la pieza, fue utilizada por la empresa entre los años 1905 y 1910.
Modelo de la firma A. Puissant e Hijo, propietarios de la Fundición San Miguel. Pieza ubicada en avenida Matucana. De acuerdo a la información con la que contamos, la razón social que aparece en la inscripción de la barra travesaño fue la que esta compañía empleó desde 1894 y hasta aproximadamente 1920.
Aunque no hubo necesidad de aplicar sus políticas en Santiago, el Emperador Carlos V ya había publicado en mayo de 1554 la Ordenanza de Policía, donde aparecía regulada la colocación de los rayos o rejillas sobre sistemas de albañales. Los primeros desagües propiamente tales aparecen en Santiago en el siglo XVII, cuando en 1681 se instalan los primeros servicios de este tipo. Gonzalo Piwonka Figueroa destaca también, en su obra "Las Aguas de Santiago de Chile, 1541-1999", que los primeros alcantarillados subterráneos aparecen con un proyecto experimental del francés Augusto Charme, en 1847.
Empero, faltaba aún para que se construyeran los desagües pluviales a los que nos referimos.
Tras la canalización del río Mapocho (1888-1891), la ciudad comenzó a ser dotada de sistemas más modernos de evacuación de aguas servidas o residuales, como parte de un período de grandes mejoramientos de las políticas e infraestructuras sanitarias de la ciudad a fines del siglo XIX. Así, en 1898, durante el Gobierno de Federico Errázuriz Echaurren, es construido el primer alcantarillado propiamente dicho de la ciudad.
Los desagües de nuestro interés, estaban ya entonces en consideración de las autoridades. En 1889, tras el desastre provocado al Puente de Cal y Canto por sus intervenciones en el río durante la canalización, el ingeniero Valentín Martínez fue enviado a Europa a conocer de los sistemas más eficientes que allá se usaban para el desagüe y el alcantarillado. Comenta Simón Castillo Fernández en "El río Mapocho y sus riberas", que en Martínez, esta vez como Consultor Técnico elegido por la Comisión de Higiene y Salubridad Pública de la Municipalidad de Santiago, presentó en 1893 un informe titulado "Proyecto de desagües para la ciudad de Santiago" donde -entre otras cosas- hace una distinción entre las necesidades de colectar aguas lluvias y las de aguas domésticas, señalando que las primeras eran las de mayores volúmenes, como lo estimaba el modelo separate system inventado en los Estados Unidos. El ingeniero Francisco de Sutter, por su parte, había publicado su propio "Proyecto de desagües para la ciudad de Santiago" en 1897.
De esta manera comenzaron a proliferar los desagües pluviales como parte de las modernizaciones urbanas y fueron conectados a las cámaras y ductos para desplazar así las aguas lluvias que, en aquellos años, eran bastante más que las actuales.
Aspecto actual del desagüe en la esquina donde está la Casa Velasco.
Otra instalación de desagüe de la casa A. Raab, propietaria de la Fundición Las Rosas, en la esquina de calle Dieciocho con Santa Isabel, sector de la Plaza Las Heras.
Sistema de desagües del sector Barrio París y Londres, que si bien se remonta a 1925, revive un antiguo sistema de canales laterales que conducen el agua a un resumidero.
Sin embargo, los sistemas actuales de acanalado de aguas lluvias en las vías peatonales de Santiago Centro, han sido objeto de constantes robos de rejillas, acumulaciones de basura y estancamiento de aguas putrefactas, que en algunos casos casi recuerdan las acequias coloniales que llenaban de miasmas y hedores algunos rincones de la ciudad.
Muchos de estos desagües fueron incorporados a la obra pública en reemplazo de los insalubres viejas acequias y canales coloniales que cruzaban sectores de la Alameda de las Delicias y la propia Plaza de Armas en el pasado, con sus sumideros y tapas caladas en las esquinas de los barrios clásicos de la ciudad, desde el tiempo en que esas calles llevaban sólo adoquines y no el asfalto de hoy. Los sucesivos asfaltados, de hecho, han provocado que las bocas de entrada de algunas de estas aberturas estén en un nivel mucho más bajo que el de la calzada en nuestros días, a veces de varios centímetros más que la pendiente que originalmente debieron tener.
De acuerdo a la observación de las piezas más antiguas que aún quedan, las casas metalúrgicas que produjeron las rejas de los imbornales de Santiago y que destacan, son las siguientes:
  • La Fundición San Miguel, de A. Puissant e Hijo, ubicada en calle San Miguel 106-142, hoy avenida Ricardo Cumming. Fundada en 1870 por la sociedad Müller y Montigl, en 1881 fue comprada por el comerciante e ingeniero mecánico francés Adolfo Puissant y llegó a ser una de las principales compañías del rubro hacia 1894, a pesar de su apariencia modesta, año en que la firma había pasado a tener la razón social Puissant e Hijo. La vía Cumming era, por entonces, un barrio industrial donde estuvo también la Fábrica de Gas San Miguel. Además de las piezas para el desagüe pluvial, la compañía de los Puissant hacía enrejados artísticos, balcones y pretiles, abasteciendo con sus modernas maquinarias pedidos de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, desde fines del siglo XIX.
  • La Fundición Las Rosas, de la sociedad de Raab Hermanos, en la calle Rosas 2987. La compañía había sido fundada en 1884 por el industrial francés Jerónimo Raab, traspasando la fundición a sus hijos Fernando, Luis y Augusto en 1889, cuando adopta el nombre de Raab Hermanos. La empresa también comenzó a importar maquinarias en este período, destacando las relacionadas con la industria vitivinícola. En 1895, quedó en manos de Fernando y Augusto Raab hasta 1905, cuando la sociedad se disolvió y pasó a ser la firma de Augusto Raab, por ser su único propietario. En 1910, sin embargo, decidió dar un nuevo impulso a la compañía asociándose a los señores Antonio Bellet y Mario Leger, con lo que su razón social pasó a ser Raab, Bellet y Cía, que instaló también una mercería y almacén en pleno centro de Santiago, en Alameda de las Delicias (Bernardo O'Higgins) número 966. Amplió su negocio a maquinarias y artículos para industria curtidora y lechera, además de tomar la instalación de los ascensores marca "Otis" que por entonces comenzaban a aparecer por la ciudad, abriendo sucursales en Valparaíso (Blanco 1791), New York, París y Londres. La firma sucesora fue Raab, Rochette, Roca y Cía., que siguió ocupando el espacioso local de la Alameda y volvió a ampliar negocios haciéndose representante de las compañías internacionales Comptoir Métallurgique Luxemburgeois y neumáticos Michelín, en los años veinte.
Vetusta instalación de desagüe en avenida Matucana, sector Hospital San Juan de Dios, perteneciente a la casa Puissant e Hijo, propietaria de la Fundación San Miguel.
Imbornal y tapa de la casa Raab, Fundición Las Rosas, en el barrio universitario del sector San Ignacio y Parque Almagro.
Otro desagüe posterior, de tipo rejilla horizontal, en el mismo sector de San Ignacio, con una tapa "postiza" de madera, pues la original se perdió. El vandalismo y el robo de metal ha sido un problema permanente para estos desagües.
La primera cuadra de calle Serrano con Alameda Bernardo O'Higgins, tiene un sistema de captación de aguas lluvias más nuevo, al centro de la calzada, aprovechando la inclinación de ambos lados de la misma hacia el eje longitudinal. Las rejillas conducen al colector principal de aguas lluvias.
Por otro lado, es algo conocido y repetido con frecuencia, el que estos sistemas de más de un siglo han resultado muy superiores en eficiencia a los desagües más modernos, como se encargaría de demostrarlo cada invierno lluvioso (que ahora extrañamos, enfatizo). Sin embargo, los proyectos de primeros sistemas de desagües "modernos" de la capital presentaron varios problemas, entre otros la dificultad para deshacerse de las ya inútiles e infecciosas acequias coloniales.
Con relación a lo anterior, el "Anuario Estadístico de la República de Chile", de la Dirección General de Estadística, comentaba en 1910 que el sistema era todavía defectuoso y poco eficiente, por existir aún los sucios canalillos cloacales y las pequeñas acequias de desagüe para las lluvias al lado de las veredas (parecidas a las que se hicieron en el Barrio París y Londres pero siendo estas últimas de mucha mejor ingeniería). No obstante, la misma fuente aclara que, a la sazón, "Hay por lo menos, en el punto más bajo de las cunetas de cada manzana, una boca de aguas lluvias", lo que habla bastante bien de la implementación del sistema.
El cuerpo institucional mejoró notablemente con la creación de la Dirección General de Agua Potable y Alcantarillado (1931-1953), anticipo de la Dirección de Obras Sanitarias y dependiente del Ministerio de Interior, período en el que se instalaron muchos otros desagües que aún pueden observarse en algunas esquinas de la capital chilena, pero distintos a los que dispusieron las empresas clásicas señaladas.
Hoy, todos los desagües en uso en la comuna de Santiago, están numerados. Compañías posteriores a las mencionadas aportaron sus productos para estos colectores, bien sea para la Municipalidad de Santiago, el Ministerio de Vivienda y Urbanisno o el Ministerio de Obras Públicas; según información no confirmada de la que dispongo, una de ellas pudo haber sido la La Maestranza y Fundición Santa Elena, fundada por Luis Flores Allende en 1910 y especializada en productos del área sanitaria. Sin embargo, los desagües de estas generaciones posteriores ya no pertenecen al modelo más clásico que hemos revisado. Más recientemente, además, se ha recurrido a compañías extranjeras como la española Fundició Dúctil Benito, cuyo nombre puede verse también en algunas tapas de pozos de alcantarillado.
Derrotando al tiempo y al implacable progreso, todavía quedan ejemplos de imbornales y sumideros de aguas lluvias con sellos de viejas compañías como las mencionadas más arriba, y aún están perfectamente operativos en sectores santiaguinos cerca del Parque Forestal, el Parque O'Higgins, Barrio Yungay o Quinta Normal, entre otros.
Sistema más sencillo de desagüe, posterior a los revisados.
Combinación del antiguo sistema de desagüe de boca vertical (además de la rejilla horizontal) y un canalillo de aguas lluvias que conduce a la misma boca por la acera, además de observarse la tapa del pozo en la calzada. Esquina de San Pablo con Amunátegui, la misma del Edificio del Dragón de mosaicos.
Los desagües pluviales hoy son más sencillos y funcionales, dejando lejos el modelo de boca vertical para la entrada de aguas a la imbornal.

domingo, 21 de agosto de 2016

UNA DANZA ETÉREA DE CROMO: LA ESTATUA POR LA PAZ MUNDIAL EN COPIAPÓ

Coordenadas: 27°22'14.53"S 70°20'3.69"W
Aunque poco tenga que ver con los estilos en la tendencia de la urbanidad y la ornamentación pública de Copiapó, generando algunas críticas y inconformidades en su momento, tiene cierto encanto y seducción esa hermosa figura femenina de metal espejado. La mayoría de sus habitantes parecen tenerle aprecio, a diferencia de lo que ha sucedido con muchos otros monumentos de reciente inauguración en distintas localidades del país.
La colosal figura plateada está en la Plaza Cacique Colipí, en la cuadra formada por las vías Copayapu, José Joaquín Vallejos, Ramón Freire y Colipí. Se ubica en la explanada del sector duro de la plaza, con los árboles y céspedes de fondo. Se recordará que esta área verde fue inaugurada en agosto de 1994, durante la alcaldía de Mónica Calcutta Stormenzan y luego de importantes mejoramientos viajes realizados en este sector de la avenida Copayapu. Su nombre hace homenaje al lonko Lorenzo Colipí, colaborador de Chile durante las Guerras de Independencia y padre de Juan Lorenzo Colipí, veterano de la Guerra Contra la Confederación Perú-Boliviana.
El artista chino Yao Yuan con otra de sus obras. Fuente imagen: peace.statue.free.fr.
La estatua corresponde a una enorme mujer 12 metros de altura, de acero inoxidable muy pulido y reflejante, que se eleva sobre puntillas con sus jirones de ropa sacudidos al viento, al igual que su cabello. Sostiene una paloma de la paz en su mano izquierda, mientras ella alza la mirada hacia el cielo. No es de diseño exclusivo, pues existen otras obras similares donadas por la Fundación en países como Francia y más recientemente a Rusia. En la base o pedestal de la estatua de Copiapó, se lee aclarando su origen y sentido:
"En el nombre del pueblo Chino
DEDICADO AL PUEBLO CHILENO
Conmemorando el exitoso rescate de los 33 mineros
ESTATUA POR LA PAZ MUNDIAL
STATUE OF THE WOLRD PEACE
ESCULTOR: SR. YAO YUAN (WEN YUAN YAN)
(Nombre de la estatua y del autor en chino)
In the name of the people of China
DEDICATED TO THE CHILEAN PEOPLE
Commemorating the successful rescue of the 33 miners
Octubre 13, 2010........Octubre 13, 2011"
Como explica esta inscripción, su presencia en la ciudad conmemora el primer año del inolvidable rescate de los 33 mineros atrapados en la Mina San José, 29 kilómetros al Noroeste de Copiapó. Fue ofrecida y donada a nombre del pueblo chino por la Fundación China de Esculturas para La Paz Mundial, perteneciente al propio Gobierno de la República Popular China. Participaron organizando el proyecto, entonces, la World Peace Foundation, la Fundación Teplisky y la Universidad Andrés Bello.
Aunque la idea inicial era instalar la obra en el sector de la Mina San José y el Campamento Esperanza que levantaron familiares y amigos de los atrapados a la espera del rescate, el Gobierno de Chile optó por priorizar su colocación en algún sitio más urbano, siendo la ciudad de Copiapó el lugar obvio y óptimo para tal objeto.
La colocación de la primera piedra para la obra tuvo lugar el mediodía del 13 de junio de 2011, con un acto organizado por la Secretaría Comunal de Planificación de la Municipalidad de Copiapó. La estatua, por su parte, llegó embarcada al Terminal Portuario Internacional de Iquique y desde allí fue llevada hasta Copiapó a inicios de octubre. Fue transportada al lugar donde se erigiría, dividida en dos grandes camiones.
Paralelamente, una delegación de artesanos y técnicos chinos llegó, encargada de instalar la pesada obra hecha por el artista escultórico Yao Yuan, multifacético creador que, además, ha destacado como pintor, calígrafo, fotógrafo, compositor y cineasta.
A mayor abundamiento sobre el valioso obsequio chino, Yuan había tomado la decisión de donar esta estatua, segunda de talles características (como dijimos, la primera está en Normandía, Francia), al día siguiente de ejecución de los rescates mundialmente cubiertos. Su estilo artístico está muy bien reflejado en esta figura de Copiapó, pues el autor tiene cierta devoción por las imágenes femeninas al viento y vestidas con sedas flamígeras. En su "Manifiesto de Paz Mundial", proclama el artista para la donación de la estatua francesa:
"Imagine que la Estatua abriendo sus alas, se levanta sobre el horizonte con el amanecer de la paz mundial, llamando a toda la humanidad para despertar con el canto de amor fraternal y la armonía".
Conocido también como la Diosa de la Paz, el monumento fue inaugurado con gran expectación y festejos locales el 13 de octubre de 2011, justo en el primer aniversario del rescate de los mineros. Estuvieron presentes en el acto el entonces Ministro de Obras Públicas Laurence Golborne, el Ministro de Minería Hernán Solminihac, la Ministra del Trabajo Evelyn Matthei, además de las autoridades regionales y municipales, con el alcalde Maglio Cicardini a la cabeza, que dieron partida a la ceremonia a las 10 de la mañana. Participaron de la jornada también el entonces Ministro de Cultura Luciano Cruz Coke, el Canciller Alfredo Moreno, el embajador de Chile en China don Luis Schmidt Montes y el embajador de China en Chile señor Lu Fan.
Sin embargo, en el contexto de las movilizaciones estudiantiles de ese año, llegó un grupo a hacer manifestaciones durante el encuentro de presentación de la estatua, aprovechando la gran cantidad de autoridades de gobierno presentes, oscureciendo en parte la inauguración y creando algunas reacciones encontradas en la comunidad copiapina. Y no sería la única vez que se vio rodeada de manifestantes, pues, en julio de 2015, también llegaron hasta ella algunos efectuando un "cacerolazo" contra la delincuencia.
Acompañada de la bandera de Chile, la regional y la del municipio, la reluciente estatua de Plaza Cacique Colipí llamó de inmediato la atención de los copiapinos que, a pesar de su aspecto tan novedoso y más bien moderno, parece haber sido recibida con agrado por la mayoría de los habitantes. A diferencia de otros monumentos, además, hay cierto respeto hacia esta obra, o al menos eso aparenta el buen estado en que se encuentra, sin vandalismos evidentes ni ataques rupestres.
La presencia de la Estatua por la Paz Mundial también ha afianzado cierto nivel de relaciones directas entre la ciudad de Copiapó y el pueblo chino. En abril de este año, por ejemplo, visitó la ciudad una delegación de la Provincia de Panyú liderada por el Gobernador Zhang Li Ren, conversando con el Alcalde Cicardini sobre proyectos de corredores bioceánicos y la posibilidad de erigir nuevas estatuas a próceres de la Región de Atacama como Pedro León Gallo, Candelaria Goyenechea de Gallo, el Obispo Fernando Ariztía, el Padre Negro Fray Crisógono Sierra y José Joaquín Vallejo, más conocido como Jotabeche. Con estas propuestas de colaboración, se espera fortalecer el valor cultural de la ciudad y los lazos de amistad con China, como era el propósito original de la donación de la figura conmemorativa del rescate de los 33 mineros.
Así es cómo el hada gigante del viento permanece detenida en su misterioso paso de ballet etéreo y pacifista, con el que da la bienvenida a quienes llegan cruzando el río, hasta la histórica ciudad de alma minera.

viernes, 19 de agosto de 2016

¿ESPAÑOL O CHILENO?: LA REALIDAD DEL SOLDADO ABAJO DEL CABALLO DE O'HIGGINS

Imagen de la entonces flamante estatua ecuestre, publicada por Recaredo Santos Tornero en "Chile Ilustrado", de 1872 (mismo año de su inauguración). Se observa el dramatismo del soldado que es atropellado por el caballo de O'Higgins en el Desastre de Rancagua de 1814. La tradición lo identifica como un soldado español.
Coordenadas: 33°26'43.52"S 70°39'11.42"W
El traslado de la estatua ecuestre del General José Miguel Carrera hasta el ex Altar de la Patria, en los preparativos de las celebraciones del Bicentenario Nacional, contó con la venia de gran parte de la comunidad o'higginiana que participó del proceso y de la inauguración, de hecho. No obstante, era inevitable que algunos personajes alzaran la voz contra lo que consideraron casi una blasfemia, al colocarse la imagen carrerina al lado y a la misma altura de la la figura de don Bernardo O'Higgins, en el lugar que por tantos años dominó con su solemnidad, en el inicio de la actual Plaza Bulnes.
Entre los ofendidos por la decisión, se reclamaba no sólo por el reconocimiento de Carrera, sino por los simbolismos que quedarían cruzados en la nueva instalación debido al contenido de ambas obras: don Bernardo es retratado en el Desastre de Rancagua, mientras don José Miguel aparece mirardo sereno su obra, desde su montura en paso. Más aún, se recordará que la derrota de Rancagua de 1814 ha sido un tema de controversia en el corazón o'higginiano, con culpas que se ha querido endosar a Carrera alegando que le negó ayuda en la descabellada aventura de atrincherarse en la ciudad, y a su vez, los carrerinos responden que aquella imprudencia hizo desperdiciar la oportunidad de los patriotas para enfrentar al enemigo en la Angostura de Paine.
Entre la vorágine de los malestares más apasionados y radicales, el historiador Sergio Villalobos, mismo que tanto parece disfrutar refutando y desautorizando opiniones de quienes no considera profesionales de la Historia, salió con esta curiosa afirmación en una carta de su autoría a la prensa (diario "El Mercurio", martes 7 de septiembre de 2010), titulada "Farándula y bicentenario", donde criticaba ácidamente los preparativos de las celebraciones de 2010:
"El Gobierno trata de reconciliar hasta los muertos. Se ha colocado una estatua de Carrera junto a la de O'Higgins, rebajando el lucimiento de esta última, pero la historia no va a cambiar con una medida tan infantil.
Sólo falta que algún ministro avispado sugiera sacar al español arrollado por el caballo de O'Higgins para devolvérselo a la Madre Patria".
Por alguna razón, el exigente historiador acoge como real una extendida leyenda sobre la formidable estatua de don Bernardo, allí en el Barrio Cívico del Palacio de la Moneda, cruzando la Alameda que lleva también su nombre. En ella se le observa saltando dramáticamente las filas del cerco realista de Rancagua, y dice la creencia popular que, con su musculoso y valiente corcel, pasa por encima de un soldado español. Este último se ve representando a sus pies como el enemigo monarquista que, a pesar del aspecto derrotado que le otorga la composición de la obra del francés Albert-Ernest Carrier-Belleuse, pertenece en realidad al bando victorioso de aquella lid del 2 de octubre de 1814.
Cabe recordar que el monumento de O'Higgins surgió de una propuesta hecha durante el Gobierno de Manuel Bulnes, para traer a Chile los restos del Libertador y construirle un gran monumento público conmemorando esta repatriación. El proyecto fue postergado hasta que, recién hacia 1863, una campaña periodística repuso estas intenciones y así pudieron ejecutarse ambas tareas. Unos años después, la comisión destinada al monumento, presidida por Manuel Blanco Encalada, llamó a concurso en Francia preestableciendo detalles del aspecto que ésta debía tener y la escena específica que debía mostrar:
"El monumento histórico elegido es aquel en que el general O'Higgins, cerrado en la Plaza de Rancagua en 1814 por cuádruples fuerzas españolas, se abrió paso, espada en mano, a la cabeza de los pocos héroes que sobrevivían a una carnicería de treinta y seis horas".
Vemos, entonces, que ya en las bases mismas de la obra, se sugería que el personaje que debía haber saltado O'Higgins en la estatua, era miembro de las "fuerzas españolas" que dieron combate a los patriotas en Rancagua.
Revisadas las seis propuestas presentadas al concurso y pasadas algunas polémicas con autores que no quisieron participar, ganó la de Carrier-Belleuse, el prestigioso mismo autor del primer monumento a las víctimas del incendio de la Compañía de Jesús. Sin embargo, los comisionados sugirieron reducir la cantidad y la violencia de  los elementos bajo el caballo según se veían en la maqueta, precisamente donde está el soldado que es atropellado bajo las herraduras.
La fundición en bronce del monumento se confió a la casa Fourment, Houillé & Cía., y el escultor nacional Nicanor Plaza estaba encargado previamente para producir los relieves del pedestal, con cuatro episodios cruciales en la semblanza de O'Higgins El Roble, Maipú, el zarpe de la Escuadra y la Abdicación. La pesada obra llegó a Chile en 1871, siendo instalada en la Alameda de las Delicias durante el Gobierno de Federico Errázuriz Zañartu. Fue inaugurada el 19 de mayo de 1872, en medio de una gran fiesta pública y con todo el centro de Santiago engalanado para la ocasión.
Prácticamente desde aquel mismo momento en que fue presentada la obra, descubriéndola al quitar un manto con los tres colores patrios, se ha interpretado de forma popular e invariable sobre esta escena congelada en el metal, que el personaje que O'Higgins salta debe ser un español, casi necesariamente.
La Batalla de Rancagua, en lámina publicada en la obra "El ostracismo del General D. Bernardo O'Higgins", de Benjamín Vicuña Mackenna. Fuente imagen: EducarChile.cl.
Plano de la ciudad de Rancagua y la ruta de escape de O'Higgins y sus oficiales, según datos de Barros Arana y de un diagrama de Olmos de Aguilera publicado por el mismo historiador. Se observa la cruz de trincheras alrededor de la Plaza de los Héroes, dispuestas por las fuerzas patriotas.
UN EJERCITO ESPAÑOL COMPUESTO POR CHILENOS
¿Es realmente la figura de un español, o esto deriva sólo de una interpretación equivocada de los hechos, clasificando en gentilicios más cómodos las fuerzas que esencialmente se enfrentaban en aquella cruzada independentista?... Un anticipo a la respuesta correcta la aportó el Director Supremo don Francisco de la Lastra cuando dijo, en mayo de 1814 en su "Manifiesto":
"Esa guerra desoladora devoraba una parte de la población de Chile por las victorias de la otra parte. Los chilenos eran al mismo tiempo los vencedores y los vencidos. Ellos eran los que en un mismo instante cantaban las victorias y lloraban las desgracias de la guerra".
El 6 de agosto de 1945, el escritor Joaquín Edwards Bello recibió una carta del señor Rafael de Larrea C., donde de informaba de los datos históricos concretos que cuestionan la afirmación de que dicho personaje en el bronce es un soldado español, a pesar de sí corresponder a las filas enemigas de O'Higgins en el sitio de Rancagua. Edwards Bello no se refirió a este texto hasta buen tiempo después, en uno de sus artículos de octubre de 1952 ("El soldado bajo el caballo de O'Higgins"), aunque aprovechándolo para libertar su exagerado desprecio a la figura de Carrera como una innecesaria nota introductoria. El texto aparece recopilado en "El Subterráneo de los Jesuitas" de editorial Zig Zag y su versión para Nascimento titulada "Mitópolis".
En la mencionada carta, el señor De Larrea hace algunas observaciones sobre la distribución de fuerzas y sus nacionalidades, durante la Batalla de Rancagua. E independientemente de lo novedosos o no que pudiesen sonar por entonces aquellos datos, recordaban algo que sí se ha perdido de vista varias veces en la narración histórica más clásica: que la Guerra de Independencia tuvo mucho también de guerra civil, pues gran parte del contingente realista estaba integrado por los propios chilenos partidarios de la corona o de territorio hostil a los patriotas, destacando penquistas, valdivianos y chilotes.
Se recordará que, tras la negativa a validar al indecoroso Tratado de Lircay, tanto por el Virrey José Fernando de Abascal en Perú como por el jefe militar chileno el General Carrera, las divisiones entre los patriotas llegaron al enfrentamiento en el Combate de Tres Acequias, donde O'Higgins debió aceptar la derrota y subordinarse a su mayor rival en el seno de las fuerzas patriotas, justo cuando los realistas de Mariano Osorio desembarcaban a la altura de San Fernando y se aprestaban para acatar Santiago.
¿Cómo estaba compuesta esta fuerza del General Osorio? Poco antes, en enero de 1813, el Brigadier Antonio Pareja había armado en Ancud un ejército realista con chilenos leales a la corona, cerca de 2.500 hombres distribuidos en los batallones Chiloé y Valdivia, fuerza que pasó a manos del Coronel Juan Francisco Sánchez, tras morir Pareja ese mismo año. En nota a pie de página de su "Historia de Chile", Diego Barros Arana comenta:
"El ejército realista, como sabemos, era compuesto todo él de soldados chilenos, nativos de las provincias de Chiloé, de Valdivia y de Concepción. Entre sus jefes y oficiales, según recordamos, no había más españoles europeos que el comandante en jefe Sánchez, el comandante de artillería Berganza, el comandante de voluntarios Castro Ballesteros, y los dos voluntarios Eleorreaga y Quintanilla. Aun estos cinco vivían en Chile desde largos años atrás, los tres últimos casi desde la niñez, si bien Ballesteros había pasado también largo tiempo en el Perú. Parece que al virrey Abascal no inspiraba mucha confianza este estado de cosas, y por eso, cuando trató de enviar otros oficiales al Ejército de Chile, se empeñó en que fuesen españoles. Se sabe que esos oficiales cayeron prisioneros en la fragata Thomas. Sólo en agosto de 1814 llegó a Chile con el coronel Osorio un batallón del regimiento Talavera, cuyos oficiales y soldados eran todos españoles.
Mientras tanto, en el ejército patriota servían no pocos españoles de nacimiento, entre los cuales recordamos los siguientes: el comandante de milicias don José Samaniego, el sargento mayor don Carlos Spano, el capitán de artillería Hipólito Oller, el capitán de asamblea Raimundo Sessé (ayudante de Carrera), y el subteniente Francisco Javier Molina, famoso guerrillero".
El Batallón Talaveras, que traía 550 españoles comandados por Rafael Maroto, formó una fuerza de ataque con los chilenos que sumaban, a la sazón, cerca de 2.500 a 5.000 cabezas (la información varía en las fuentes). Con todo este recurso militar, Osorio salió desde Chillán decidido a reconquistar Santiago. Su ejército se componía de las siguientes unidades y nacionalidades, cada una con su compañía de artillería y con las siguientes cantidades de miembros según el General Indalicio Téllez en su "Historia militar de Chile. 1541-1883":
  • La División al mando del coronel Ildelfonso Elorreaga, compuesta por Carabineros de Abascal, Lanceros de Los Ángeles, Batallón Fijo de Valdivia (502 chilenos) y Batallón Cívico de Chillán (600 chilenos).
  • La División al mando del coronel José Rodríguez Ballesteros, compuesta por el Batallón de Voluntarios de Castro y el Batallón Fijo de Concepción (1.500 chilenos, entre ambos).
  • La División al mando del coronel Manuel Montoya, compuesta por el Batallón Veteranos de Chiloé y el Batallón Auxiliares de Chiloé (1.050 chilenos, chilotes).
  • La División al mando de Rafael Maroto, compuesta por Húsares de la Concordia (150 chilenos), el Batallón Talavera de la Reina (550 españoles) y dos Compañías del Real de Lima (200 peruanos).
Como se ve, sólo una pequeña fracción estaba compuesta por españoles y por un puñado de peruanos, siendo chilenos en su inmensa mayoría. Lejos de sentirse hispanos adoptivos, tan conscientes eran estos de su condición local, que cuando en el combate Maroto ordenó al Coronel Barañao intentar un ingreso a la plaza con los Húsares de la Concordia, éste le gritó a los Talaveras, al salir: "¡Vean cómo se pelea en América!".
Los Monumentos de O'Higgins y Carrera al inicio del Paseo de Plaza Bulnes, entre Zenteno y Nataniel Cox, frente al Palacio de la Moneda y la Plaza de la Ciudadanía
Acercamiento a la hermosa estatua ecuestre de O'Higgins.
¿A QUIÉN SALTA O'HIGGINS?
Con O'Higgins sometido a la autoridad de los hermanos Carrera tras los enfrentamientos de Tres Acequias, estos se habían manifestado decididos a enfrentar a Osorio en la Angostura de Paine, estratégicamente más conveniente que cualquiera de los otros escenarios geográficos que había en el camino de los realistas hacia la capital.
Pero O'Higgins, decidido otra vez a actuar por su cuenta y descartando retroceder hasta la Angostura, prefirió atrincherarse en Rancagua y hacer caso omiso a las insistencias que le hacía llegar Carrera a través de su amigo, el presbítero Julián Uribe. Se instaló en la plaza de la ciudad, la rodeó de barricadas y esperó allí el paso del enemigo, al tiempo que exigía por cartas que se le enviaran más fuerzas a lo que se ha considerado un verdadero acto suicida, desatándose así la funesta jornada del 1 y 2 de octubre de 1814, junto al río Cachapoal, de la que algún día hablaremos más.
La Plaza de Armas de Rancagua está al centro del tablero de calles, formando manzanas cuadradas en la ciudad por todos sus costados. De acuerdo a lo que detallan autores como Téllez, las fuerzas que los patriotas vieron llegar desde el campanario de la Iglesia de la Merced, se distribuyeron alrededor de la plaza de la siguiente manera:
  • Por el Sur: la División de Maroto, donde estaban el batallón español de Talavera, únicos españoles, además de los peruanos, parapetándose en la calle antigua de San Francisco.
  • Por el Este: la División de Montoya, todos chilenos, más precisamente chilotes.
  • Por el Oeste: la División de Ballesteros, con chilenos penquistas y chilotes.
  • Por el Norte: la División de Elorreaga, con chilenos chillanejos y valdivianos.
Al ver perdida su posición tras tantas horas de agobiante combate, y ya sin municiones para seguir resistiendo, O'Higgins armó una carga final con sus oficiales para romper las líneas, y escapó así dejando atrás una gran cantidad de hombres que quedaron indefensos, en una acción que, por heroica y conmemorada que sea, sus enemigos no le perdonan aún hoy. De los cerca de 1.000 patriotas que se habían atrincherado en la ciudad (1.700 según Barros Arana), unos 200 escaparon del sangriento cerco con O'Higgins a la cabeza, mientras que 400 habían muerto, más unos 250 a 300 heridos acabaron prisioneros y luego ejecutados. Los números varían en cada fuente, pero rondan más o menos los que acá transcribo.
El lugar por donde emprendieron el escape es la actual calle Estado, en donde estaba la barricada patriota de Santiago Sánchez, con 100 infantes, junto a la cuadra del templo de la Merced... Es decir, al Norte. Desde allí, los caballos doblan por calle Cuevas, vuelven a enfilar al Norte en Almarza, doblan una cuadra por Cáceres, y huyen desde por Zañartu, otra vez a galope hacia el Norte, rumbo a Santiago, dejando atrás la grave derrota de Rancagua que ponía fin a la Patria Vieja e iniciando el doloroso exilio de los chilenos en Mendoza, con una última justa librada por Carrera en la retaguardia de la caravana cruzando los Andes, al contener a los realistas que les intentaban dar caza en la Batalla de los Papeles.
Si los patriotas salieron de la plaza de Rancagua hacia el Norte, entonces, el célebre salto de O'Higgins rompiendo el asedio realista, debió suceder en el lado donde se había destacado la unidad de Eloerreaga y en la que estaban los chilenos distribuidos entre Carabineros de Abascal, Lanceros de Los Ángeles, Batallón Fijo de Valdivia y Batallón Cívico de Chillán; chillanejos y valdivianos respectivamente dirigidos por los también chilenos Clemente Lantaño y Juan Nepomuceno Carvallo.
En rigor, entonces, a quien debe estar saltando el General Bernardo O'Higgins en su gallardo monumento ecuestre de la Alameda de Santiago, es a otro chileno, aunque caiga bajo las patas del caballo empuñando un estandarte hispánico en la composición.
De Larrea va más allá en la exposición que hace a Edwards Bello, y sugiere que este soldado chileno que nunca fue español y que es atropellado en la estatua, podría tener incluso nombre y apellido, si se lo ajusta a los hechos históricos conocidos: aunque hubo poco más de un centenar de muertos entre los realistas en Rancagua, se sabe que las fuerzas de Lantaño y Carvallo tuvieron muy pocas bajas, destacando en esta división un joven soldado llamado José María Riesco, "perteneciente a una familia de veintitantos hermanos", y cuya familia habría sido fuente informante de las investigaciones de don Benjamín Vicuña Mackenna. Según conjetura De Larrea:
"Riesco, amigo de Lantaño, se alistó como soldado voluntario bajo sus banderas a los 19 años. Resultó herido en Rancagua, y por su entusiasmo y valor se le debe considerar capaz del acto temerario de tratar de contener a un adversario montado en brioso animal.
Después de Chacabuco, en el Perú, y al saber que se organizaba la segunda expedición de Osorio, se incorporó de los primeros y recibió el nombramiento de Oficial del Batallón Arequipa. Murió el 8 de febrero de 1819, en la ciudad argentina de San Luis, en la masacre que de los prisioneros de Maipú organizó el sanguinario Monteagudo".
Sea o no Riesco aquel al que salta O'Higgins en su caballo, el caso es que se trataba de un chileno; tanto o más chileno de lo que incluso era él, considerando su línea paterna. Y en todos los casos, igualmente nativo, de Chile.
La lucha de la Independencia, pues, tuvo mucho de guerra civil, aunque por una cuestión técnica y emocional queremos ver siempre a la chilenidad reflejada sólo en los patriotas, y el hispanismo sólo en los realistas.

jueves, 18 de agosto de 2016

HECHOS, MITOS Y MISTERIOS SOBRE LOS PASADIZOS SUBTERRÁNEOS DE LA ORDEN DE SAN AGUSTÍN EN SANTIAGO

En los tiempos de Vicuña Mackenna, se creía que la construcción esquinera que alcaza a aparecer en esta imagen antigua, había sido la propia casa de la famosa Catalina de los Ríos. Ella estaría sepultada en algún lugar dentro del templo.
Coordenadas: 33°26'27.42"S 70°38'56.50"W (Iglesia de San Agustín) / 33°26'31.87"S 70°39'4.99"W (Iglesia de las Agustinas)
Recientes hallazgos de pasadizos subterráneos en Limache y en la calle Erasmo Escala de Santiago, han devuelto la atención sobre este asunto de las galerías secretas de ciertas órdenes bajo nuestros pies, tema con frecuencia sazonado con los inevitables condimentos de la fantasía y, en otros casos, con deliberada falta de honestidad.
Pueden tratarse muchos reportes, quizás en la mayor parte de las veces, sólo de antiguos desagües o de cámaras de derivación hechas con piedra canteada y ladrillo, parecidos en su fábrica a los tajamares coloniales del río Mapocho: estoy casi seguro de que sería el caso del que salió a la luz en Erasmo Escala, al igual que otros descubrimientos muy parecidos en Chillán, quizás también en el mercado viejo de Arica y otros supuestos en la Aduana de Iquique, aunque hayan sido interpretados -en todos los casos- como parte de redes de túneles coloniales perdidos.
Sin embargo, hay otros casos verificados como el de las cavas de calle Lira, las "catacumbas" de Valparaíso o del misterioso túnel enladrillado que se ubica abajo de la fuente de entrada del Cerro Santa Lucía, en los que definitivamente parece haber un antecedente real de las que podrían ser estimadas como estructuras subterráneas hechas por manos humanas en tiempos coloniales o hasta el siglo XIX.
Al parecer, ciertos hallazgos de esta misma clase y que se habían hecho con relación a ex propiedades de la Orden de San Agustín en Santiago, pertenecen a esta categoría más seria y creíble de descubrimientos.
Iglesia y convento de las Agustinas en el siglo XVIII, en dibujo de Pedro Subercaseaux. Publicado por Carlos Peña Otaegui. Fuente imagen: Iglesiaspatrimoniales.cl.
EL CASO DE LAS MONJAS AGUSTINAS
La historia de este hallazgo en particular, fue contada por Sady Zañartu, en su famoso libro "Santiago calles viejas", que hemos transcrito en otra entrada de este blog. También ha aparecido en trabajos de Carlos Peña Otaegui y René León Echaíz, entre otros.
El nombre de la calle de las Agustinas proviene de la presencia del Claustro de las Monjas Agustinas que estuvo ubicado en el mismo lugar, fundado en el período de 1573 a 1576, en una gran manzana formada por la cuadra entre las calles que serían llamadas con el tiempo Ahumada, Bandera, Agustinas (aludiendo a ellas mismas) y hasta el borde de la Cañada de San Francisco o de Santiago, futura Alameda de las Delicias, siendo una de las propiedades más grandes de la ciudad colonial, que llegó a albergar unas 400 residentes entre el siglo XVII y XVIII.
Entre 1850 y 1852, las hermanas agustinas comenzaron a vender casi la mitad de su enorme propiedad. Tras un largo pleito judicial con el Estado, iniciado en 1812, coincidió que la Corte de Apelaciones falló en esos mismos días sobre los terrenos que debían ser expropiados para que se uniera la calle Moneda o ex calle Real, con la calle del Chirimoyo, que era su continuación al poniente de dicha gran manzana, hallándosela así cortada y cerrada entre los murallones del convento de las agustinas y más arriba por los de las claras, razón por la que se le llamaba también calle Tapada de las Monjas.
Con la ejecución del proyecto estatal, el terreno del convento quedó dividido entre las propiedades de esas dos cuadras menores surgidas de la primera más grande: una al Sur entre Ahumada, Bandera, Alameda y Moneda (la posteriormente convertida en manzana financiera de calles interiores New York y La Bolsa), y otra al Norte entre Ahumada, Bandera, Moneda y Agustinas, donde originalmente estaba el frente del convento, cuadra años después subdividida también por la peatonal de Bombero Ossa. Separadas por la vía abierta en Moneda, en la cuadra Sur se construyó, de cara a la misma calle, la que iba a ser la nueva iglesia de las monjas diseñada por el arquitecto Eusebio Chelli, colocándose la primera piedra de esta obra en 1857. Recién hacia 1871 pudo ser puesta totalmente en servicio.
En 1885, sobre los terrenos vendidos del antiguo convento, comenzaron a realizarse trabajos para la cimentación de nuevos edificios ocupando la cuadra frente al templo. En plenas faenas, una cuadrilla de obreros dio con una extraña cámara subterránea. Al excavarla, descubrieron que era un pasadizo completo; y al explorarlo, confirmaron que unía por el subsuelo el sector de la mencionada Iglesia de Agustinas en Moneda, con la casa conventual que estaba en la cuadra vecina, atravesando por debajo la calle.
Cuando siguieron excavando para sentar las obras, se encontraron también restos óseos humanos, como cráneos y vértebras. En el sector de la esquina Sur-poniente de la Agustinas con Ahumada (donde iba a construirse el edificio del Banco de Santiago), incluso fue hallada una sepultura con un cadáver momificado completo, de una mujer con los brazos cruzados sobre un crucifijo en su pecho y algunos restos de sus ropas y calzado. La fallecida, una hermana del ex convento, fue envuelta en una mortaja negra y llevada a la portería del monasterio volvió a ser inhumada.
El hallazgo de túneles y sepulturas volvió a disparar la imaginación de quienes, influidos en parte por una controvertida y anticlerical novela de Ramón Pacheco, creían ciegamente en la leyenda del famoso Subterráneo de los Jesuitas en Santiago, que supuestamente unía el incendiado templo de la Compañía de Jesús (donde están ahora los jardines del ex Congreso Nacional y el monumento a las víctimas de aquel incendio) con varios otros puntos y propiedades de la congregación en la capital, como colegios, capillas y talleres.
Sin embargo, la explicación a la presencia de esta estructura mistriosa era mucho más sencilla: al quedar separada la nueva iglesia de la antigua casa conventual, por el trazado de calle Moneda, las monjas habían solicitado excavar y amurallar un túnel que conectada ambas propiedades, sin que les fuese necesario salir al exterior para transitar así entre ellas. Dicho pasadizo habría sido construido por el arquitecto Vicente Larraín, dándose algunos detalles de su origen en el libro de Peña Otaegui, "Una crónica conventual: el monasterio de las Agustinas de Santiago".
Si bien no se trató de un ancestral pasadizo colonial, como algunos quisieron creer entonces, al menos resulta interesante verificar con él que esta clase de soluciones subterráneas eran practicadas por los conventos antiguos, como lo demostró su existencia.
El terremoto de 1906 obligó a hacerle ajustes y mejoramientos al templo agustino de calle Moneda, pero las monjas, ya agobiadas por el bullicio y la agitación céntrica, se retiraron totalmente del convento y la iglesia en 1912, mudándose hasta su nuevo lugar en avenida Vicuña Mackenna. Pusieron en venta los demás terrenos, lo que permitió -entre otras cosas- la apertura de las calles Nueva York, La Bolsa y La Unión. Llamado desde entonces impropiamente la iglesia vieja (debería ser más bien la iglesia intermedia), el edificio fue entregado al Arzobispado de Santiago durante el año siguiente, y sus pasadizos subterráneos quedaron convertidos en sólo un recuerdo.
Vista de la vieja ciudad destacando en rojo la iglesia y convento de las Agustinas (N° 11, a la izquierda) y el de los monjes de San Agustín (N° 9, a la derecha), en la maqueta del Santiago c. 1830-1840 del Museo Histórico Nacional, mirada desde Sur hacia el Norte. Se observa también el antiguo Solar de la Quintrala (N° 10), el cuadrante baldío de la Plaza de Armas y también el edificio de la Real Universidad de San Felipe (N° 8, a la derecha), donde actualmente está el Teatro Municipal. De izquierda a derecha, las calles Bandera, Ahumada, Estado y San Antonio; de abajo hacia arriba, las calles Alameda, Moneda-Chirimoyo (cortada por el convento), Agustinas, Huérfanos y Compañía-Merced a la altura de Plaza de Armas.
PASADIZOS DE SAN AGUSTÍN Y LA QUINTRALA
Los primeros monjes agustinos llegaron a Chile en 1895. Luego de algunas dificultades para hallar casa en la capital chilena, fueron adquiridas para ellos las propiedades del fallecido Francisco de Riberos a sus herederos, en Agustinas con Estado (ex calle del Rey), donde se instalaría su convento y su templo justo en el vértice.
Con la inauguración de la Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia o de San Agustín, el venerado resplandor de San Agustín de Hipona quedó dominando con sus ramas femeninas y masculinas dos tramos en la extensión de la calla Agustinas, en pleno centro de Santiago. No obstante, este primer templo acabó destruido por el gran terremoto de 1647, que sólo perdonó al Cristo de Mayo y la muralla donde estaba su altar, apodado desde entonces "Señor de los Terremotos", con el misterio de su corona de espinas en el cuello de la figura.
Pocos puntos concentran tantas leyendas e historias siniestras en Santiago, como la que se forma en este cruce de las calles Agustinas y Estado, en pleno centro: la presencia de doña Catalina de los Ríos Lisperguer, la célebre Quintrala, en el solar colonial que ocupaba la esquina Nor-oriente, donde ahora está el Edificio La Quintrala (también célebre por supuestos hechos paranormales en sus subterráneos); la misma Iglesia de San Agustín actual en la vecina esquina Sur-oriente, con algunos elementos simbólicos que parecen tener relación con ciertas sociedades secretas (cruces templarias, triángulos del Ojo Supremo, criptosímbolos, etc.); la presencia y los misterios del mencionado Cristo de Mayo, dentro de la misma iglesia; y hasta la aparición en los noventa, de una de las extrañas placas Toynbee que se vieron repartidas por el mundo en esos años, en la calzada de la calle Agustinas, un poco más cerca de calle San Antonio, aunque ya fue destruida.
Lo más interesante de este cruce de calles no estaría a la vista, sin embargo, sino en el subsuelo, y fue parte de lo que me sirvió para dar contenido a uno de los textos más visitados, difundidos y también plagiados de este blog, en la entrada titulada "El misterio de los subterráneos perdidos bajo la ciudad".
Los mitos relativos a lugares secretos subterráneos en este lugar de calle Agustinas, tienen dos aristas o polos:
  1. Primero, el caso del llamado Sótano de la Quintrala, que correspondería a un espacio subterráneo del actual Edificio La Quintrala que ha sido ocupado a lo largo de su historia por tres importantes establecimientos culinarios y recreativos ("El Sótano de la Quitrala", "El Pollo Dorado" y hoy "La Plaza de las Agustinas"). Se supone que este sótano y la cámara de las antiguas calderas y bodegas que se usaban en el edificio, siendo hoy sitios con grandes atracciones para cazadores de fantasmas, ocupan el espacio ya desaparecido en que la Quintrala habría tenido una sala secreta, a veces usada como caballeriza, y en donde el mito la coloca también torturando esclavos o realizando ritos diabólicos en el siglo XVII.
  2. Y segundo, un pasadizo (o dos y hasta tres, según cada versión) de origen colonial, que atravesaba la calle Agustinas conectando el mencionado Sótano de la Quintrala con algún escondrijo dentro de la iglesia o el convento de San Agustín, por razones que nunca han estado claras, y que habría sido reencontrado durante la misma construcción del Edificio La Quintrala, hacia 1950 (un período que arrojó varios casos parecidos en Santiago, destacando uno de 1944 y otro de 1951, por ejemplo). Se recordará que Catalina de los Ríos Lisperguer tenía cierta relación importante con estos sacerdotes, tanto por su vecindad como por haberles solicitado una cantidad abismal de oraciones por el descanso de su alma, cuando sintió la muerte encima. De hecho, estaría sepultada en algún lugar del mismo templo, y otra leyenda asegura que el Cristo de Mayo le había pertenecido a ella antes de terminar en la iglesia, cuando lo arrojó fuera de su casa intimidada por la forma en que la figura la "miraba".
De acuerdo a testimonios de gente que aseguraba haber alcanzado a conocer algo más directamente sobre estos pasadizos misteriosos conectando ambas esquinas (que recogí hace unos diez años ya, siguiendo algunas recomendaciones), los accesos por el lado del edificio estaban precisamente en donde hoy existen unas puertas de fantasía en el restaurante que ocupa el ex Sótano de la Quintrala ("La Plaza de las Agustinas"). Son dos o tres puertas que conectaban supuestamente al pasaje secreto, una de ellas bloqueada por una vieja caja de fondos en desuso, y las otras dos condenada o bloqueadas. El testimonio de uno de los trabajadores de la administración del edificio, también  señalaba que un brazo de este pasadizo ya rellenado e inaccesible, se creía derivado por calle Agustinas rumbo al Cerro Santa Lucía, aunque nadie sabía dónde terminaba.
La descripción que se hace del escuro pasaje es que lucía muy vetusto y abovedado, con un rústico acabado de albañilería y terminaciones de sus muros, aspecto suficientemente lúgubre para que pocos se hayan animado a ingresar por ellos a partir de su redescubrimiento.
El porqué fueron deshabilitados y destruidos estos pasadizos, si acaso existieron, parece relacionarse con aprehensiones que tuvieron las autoridades durante la Dictadura, temiendo que pudiesen ser empleados para algún propósito ajeno a sus intereses. Esta clase de explicación la hemos oído con frecuencia en otros casos parecidos, como tramos no concluidos del primer proyecto de metro subterráneo o incluso en antiguos pasadizos que algunas casitas de remolienda de los barrios al poniente del Centro de Santiago tenían para evitar redadas policiales.
El Paseo San Agustín, de la misma cuadra donde está el templo, lleva este nombre precisamente por ocupar el lugar del antiguo convento, fue construido en 1980. Hoy existen algunas leyendas de tradición oral sobre reapariciones de galerías secretas bajo el subsuelo, durante las obras, pero nada hay que verifique este rumor y suenan más bien a un intento por colaborar con la leyenda.
Iglesia Vieja de las Agustinas, en Moneda entre Bandera y Ahumada.
El llamado Sótano de la Quintrala, sede del restaurante La Plaza de las Agustinas.
Puertas condenadas en restaurante "La Plaza de las Agustinas", en los subterráneos del Edificio La Quintrala, de las cuales se cuenta que estuvieron alguna vez las galerías que conectaban con la Iglesia vecina, por debajo de la calle Agustinas.
LA EXPLICACIÓN PARA LOS SUBTERRÁNEOS
Años atrás, cuando quise llevar adelante una investigación más exhaustiva sobre el asunto de los subterráneos coloniales en Santiago, me encontré en algunas situaciones que dificultaron este interés, aunque permiten especular sobre algo que ya comenté oportunamente en mi primer artículo sobre el tema: que muchos casos podrían estar virtualmente escondidos y sellados por los temores (reales o inventados) del último Régimen Militar, de que pudieran convertirse en espacios para facilitar actividades subversivas, como dijimos.
Por otro lado, sí podría haber algunos grupos de personas que parecen conocer bastante más de lo poco que se ha publicado sobre estos supuestos túneles y galerías, casi como evitando que su conocimiento se profane o se vuelva popular (y con rotunda negativa a compartir sus saberes, diría de paso), pero en caso alguno participan de alguna clase de conspiración al estilo de los argumentos de un Dan Brown o Douglas Preston. Más aún, a veces las clausuras de accesos o destrucción  de esta clase de hallazgos pueden deberse a razones tan poco sofisticadas y convencionales como asuntos de seguridad, celos de las administraciones o simplemente alejar a los intrusos, como nos parece que sería el caso de algunos pasadizos ya de épocas más recientes, conocidos en el Portal Fernández Concha, la Estación Mapocho y la ex Cárcel Pública.
Apartando las especulaciones, sin embargo, modestamente creo más en una idea bastante menos espectacular y aun menos romántica de que estos subterráneos, así como otros casos similares (el de la actual Plaza Vicuña Mackenna, los del sector del Barrancón al Sur de Santiago e incluso el mismísimo Subterráneo de los Jesuitas, el más célebre de todos), serían sólo para facilitar el desplazamiento de los internos e internas de cada monasterio, evitando violar las restricciones del claustro o de los días de observación y encierro, además de unir entre sí distintos conventos que requerían de algún nivel de comunicación directa, o bien con sus propiedades, colegios, propiedades y albergues.
La existencia de esta clase de galerías casi invariablemente relacionadas con antiguas ubicaciones de templos y conventos o propiedades dependientes de órdenes religiosas, además de su presencia en la misma situación en lugares tan apartados como la localidad de San Lorenzo de Tarapacá (descubierto mientras se restauraba la iglesia tras el terremoto de 2005), me parece que soplan las velas de esta posible y sensata explicación. Nos referimos, por supuesto, a las que podrían ser consideradas como auténticas galerías y no antiguos alcantarillados o canales subterráneos que pudiesen ser confundidos con tales.
Es la sensata explicación que también da Zañartu para la existencia del pasadizo de la Iglesia de las Agustinas, pero por tratarse de una propuesta razonable y sin el elemento más seductor de las leyendas y los mitos urbanos, por lo tanto es, también, aquella con menos adeptos o popularidad.

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