viernes, 25 de septiembre de 2009

¿DE DÓNDE PROVIENE EL TÉRMINO "CUICO"? ¿QUÉ ES LO QUE DICE, LO QUE NO DICE Y LO QUE ESCONDE?

Según la fuente donde encontré esta foto, la imagen corresponde a un grupo de jóvenes aristócratas, de "niñitos de bien", celebrando públicamente la renuncia al Gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo en julio de 1931. Nótese que no hay gente con aspecto de trabajadores ni obreros en el entorno. Una de las pocas veces en que el cuiquerío nacional se ha animado a salir a manifestarse en las calles de Santiago (la última vez, fue cuando Uds. ya saben...).
En febrero de este año, un diario español puso el grito en el cielo cuando una periodista descubrió que acá en Chile, entre los blogs de "cuicas" (como pelolais.blogspot.com), las chiquillas de estratos socioeconómicos altos se habían autodefinido como "pelolais" y "ondulais", concentradas en una especie de club de rubias altas, delgadas y típicamente representantes de las clases más acomodadas de nuestra sociedad. No más distintas de las que diariamente muestra la publicidad en la TV, por cierto, trayendo a muchas de ellas desde la Argentina para vender ofertas de tiendas o nuevas cervezas.
Sin intereses en las rugosidades de la política y aún ajenas al calvario que es la vida laboral en Chile (trabajar, actualizarse y competir para ganar cada vez menos), estas cabritas sólo ejercieron su simple derecho de adolescentes a cambiar las muñecas, los conejitos de peluche y las tacitas, por el mouse, la cámara digital y la Internet, con todas las posibilidades que esta combinación permita en un escalón más hacia la madurez de la vida y la inserción en el mundo real. Pero, como no podían faltar, salieron al baile las historias de supremacismos raciales, el holocausto, el KKK y cuanta comparación permite la neurosis. De esta manera España, la Madre Patria y una de las naciones donde más ataques racistas se registran en la Europa Occidental, le tiró las orejas a sus hijos rebeldes chilenos y, por algunos días, nos dio clases sobre tolerancia y diversidad.
De alguna manera, me suena hipócrita y puritana esta reacción, tanto de parte de los amigos españoles como de sus ecos acá en Chile. Por años, buena parte de la sociedad santiaguina le ha colocado toda clase de chapas y motes despectivos a la gente de la alta sociedad y a sus altanerías, pero generalmente alusivos a su aspecto físico que, en el fondo, muchos envidian más que desprecian. Los mismos españoles han tenido apodos parecidos para su gente "cuica" que, como sucede acá también, a veces se confunde con los personajes dados a ataviarse con símbolos de ostentación, como "charro", "majo" o "manolo". En nuestro caso, cunden apodos con algo de rencor y resentimiento, se entiende, cuyo empleo -o regurgitación- en el momento oportuno nos libera, proporcionando la catarsis para quienes insultamos a quienes son, precisamente, lo mismo que nosotros quisiéramos ser y no podemos, por billete, por pedigrí y por ADN.
En cambio, cuando son los propios "cuicos" los que se autodefinen bautizándose con sus infantilismos de sufijo "lais", queda la escoba, cunde la histeria; se nos advierte que estamos ad portas de una limpieza étnica en la ciudad y se declara duelo nacional. Todos los que podríamos ser comparados mojones de pelo negro y piel color zapallo hepatítico por los extremistas del estereotipo (quizás exagero anatemas, lo admito) debemos preparar petacas con lo esencial, ante la eventual embestida de la policía pelolais de selección racial... Notable. La actitud casi naturalmente tendiente a la arrogancia en buena parte del cuiquerío más rancio, clasista y monolítico, hace el resto en el cultivo popular de desprecios, resquemores y cuentos de terror.
El término "cuico" es uno de los más extendidos y vigentes de estos términos aversivos, pero también uno de los más intrigantes, odiosos y difíciles de precisar en cuanto a su origen. Parece ser que habría tenido una relación directa con el lenguaje delincuencial del coa, sin embargo, pues muchos lo creen surgido de la nomenclatura carcelaria, en la cana, según veremos.
Esencialmente, se usa "cuico" para señalar con algo de desprecio a la gente de alta sociedad, de nivel socio-económico bueno, generalmente identificados con la segmentación ABC1 del mercado de consumidores y con los barrios de Las Condes, La Dehesa, Vitacura e incluso una parte de Ñuñoa y Providencia, entre otros. Hay comunas como Huechuraba, La Florida o San Miguel que tienen un lado "cuico" y otro "flaite", inconciliables entre sí. En algunos pueblos fuera de Santiago, me ha tocado ver la marca de esta misma cortapizza: A veces bastan una flores más en el jardín o un vino que no sea de caja para caer en la imputación de ser "cuico"; o decir "tú erí", en vez de "vo' soy" (las horribles formas coloquiales en que los chilenos queremos decir en realidad "tú eres"... vo' cachai el mote poh).
El primer "cuico" de nuestra historia nace antes aún del término, y parece ser Francisco de Villagra, según se desprende de las descripciones que hace de él el cronista Góngora y Marmolejo. En la entonces pobre y casi hambrienta colonia de Santiago que hacía poco había perdido a su fundador, Pedro de Valdivia, este Gobernador paseaba con un costoso traje de terciopelo negro, bordado con hilos de oro y pieles de martas, como si anduviese por las elegantes callejuelas de su natal León, donde eran comunes estas prendas lujosas.
Posteriormente, los aristócratas y miembros de clases acomodadas fueron llamados "pelucones", término que después se pasó a la política conservándose como la contraparte de sus enemigos los "pipiolos". El nombre aludía a las pelucas que usaban los Oidores en la Real Audiencia, personajes dados al lujo y a hacer notar su posición jerárquica en la sociedad colonial. Hicieron rodar las primeras carrozas que se conocieron en Santiago, sus transportes oficiales, y la norma por ellos mismos procurada obligaba a los plebeyos (o retos, como les llamaban despectivamente al pueblo) a descubrirse ante el paso de estos arrogantes duendes, hacia el siglo XVII, en señal de reverencia.
Pero la ley real también tuvo exigencias para los oidores: los obligaba a usar un peinado nada varonil, como de bulto o penacho en la cabeza, sobre la frente, que por haber sido llamado "copete" puede haber dado origen al mote de los "copetudos", como también se ha llamado en Chile a la aristocracia. Sus mujeres, gordas conflictivas y chismosas que frecuentemente vivían tensas entre sí (apenas se toleraban, pese a que rara vez eran sacadas de las casas para alguna fiesta, recepción o las jornadas en la iglesia), también usaban un suntuoso peinado alto tipo "mono", que fue corriente entre ellas.
Caballeros conversando bajo un portal de la Plaza de Armas de Santiago, según acuarela de don Alphonse Giast, hacia 1820.
Una de los teorías sobre el surgimiento de la expresión "cuico" dice que, originalmente, se llamaba de esta manera a los extranjeros, a los visitantes desde tierras lejanas y que, con el tiempo, fueron asociados a un estatus de ingreso y nivel de vida mucho más cómodo que el de sus anfitriones locales. El Diccionario de la Real Academia Española, por ejemplo, define "cuico" como sinónimo de forastero en Chile y Argentina, afirmación bastante obsoleta a estas alturas, sin embargo.
Otra idea nos surge de la lectura de "La Chica del Crillón" de Joaquín Edwards Bello, donde el autor retrata el final de la vieja aristocracia criolla en el famoso hotel de la capital como escenario, en 1935, anotando que los desocupados y mendigos que se paraban afuera rogando una moneda a estos personajes, tenían un insulto muy particular para ellos si no eran complacidos:
"A la salida los cesantes piden, y si no les dan, suelen hacer ¡cui! ¡cui! llevándose los dedos al cogote, amenazándonos con el degüello".
Más sentido tendría la hipótesis de que "cuico" proviene en realidad de una expresión quechua que significaría algo así como lombriz o gusano, pero hay cierta certeza de que no siempre fue usado de manera despectiva, sino que se corrompió en tal. Incluso hay quienes asocian la comparación con la gente flaca y espigada. Parece ser que, en el XIX y parte del XX, se lo usó acá en Chile para catalogar a los ciudadanos bolivianos, algo así como sinónimo de afuerino. Por eso, quizás, la definición que hace la RAE. Desde allí se vuelve una expresión descortés y poco elegante. Se ha dicho alguna vez, además, que los 77 chilenos de la epopeya de La Concepción durante la Guerra del Pacífico, en 1882, habrían estado acompañados no sólo de las mujeres y los infantes, sino también de un perrito que a veces figura apodado como Cuico.
Zorobabel Rodríguez confirma que la palabra fue usada en forma un tanto odiosa contra los bolivianos, en "Diccionario de Chilenismos" de 1875, donde define "cuico" de la siguiente manera:
"Apodo que suelen dar los habaneros a los mejicanos, si hemos de atenernos al testimonio de Salvá".
"Hemos oído una que otra vez usarlo en Chile para designar a nuestros hermanos de Bolivia. Sería más conveniente que nos olvidáramos de él porque los apodos suenan mal entre hermanos".
Por supuesto, don Zorobabel no tenía idea entonces, que ambos hermanos estaban próximos a destrozarse entre sí al estallar la Guerra del Pacífico, cuatro años después.
Don José Toribio Medina, por su parte, confirmará el mismo uso del término en su obra "Chilenismos: apuntes lexicográficos", de 1928. Para él, la definición de "cuico" o "cuica" es la siguiente:
"adj. Voz con que en diversos puntos de América se designa a los naturales de otras regiones. (En Chile, sólo a los bolivianos y en sentido despect.)"
Para ejemplificar, Medina hace la siguiente cita tomada del poeta Víctor Domingo Silva (1882-1960):
"Esta guerra (con Bolivia) durará poco, aunque el Perú se meta, porque ni los CUICOS ni los cholos son hombres para nosotros".
Y en la carta de Marco A. Andrade para Ángel Custodio Vicuña, publicada por "La Voz de las Provincias" de Santiago el 21 de febrero de 1879, el remitente informaba sobre la recién ejecutada ocupación y reincorporación del territorio antofagastino:
"Los cuicos se fueron; los chilenos gritaban ¡Viva Chile...! Las mujeres corrían de aquí allá; en fin, todo se volvió la algarabía más preciosa del mundo".
En sus "Recuerdos de treinta años", don José Zapiola también reproduce unas letanías sarcásticas que publicó el diario "El Hambriento" en los tiempos de la Independencia, haciendo mofa de la influencia que tenía el periodista de origen boliviano Manuel Aniceto Padilla sobre don José Miguel Infante:
De un cuico el más detestado,
que su ruin asociación
ha minado la opinión
de un chileno magistrado,
que en el país no ha figurado,
y todos saben por que.
Libera nos, Domine!
¿Cómo acabó el término corrompido, entonces, en una expresión despectiva para los representantes de las clases más altas y acomodadas del país? Esto no está claro y los diccionarios lexicográficos o de coa, publicados en años posteriores, no aportan mucho al respecto. Por eso, nuestra impresión es que la palabra "cuico" que en nuestros días utiliza y comprende la sociedad chilena, no guarda relación tan directa con el antiguo significado que se daba al término y que es defendido por Rodríguez y por Medina, además de la RAE. De hecho, la fonética de la expresión no es extraña ni tan exclusiva, por lo que no extrañaría que se repitiera desde fuentes y hacia significados distintos: también aparece en México y Guatemala, procedente del náhuatl; existen unos pequeños marsupiales americanos llamados también cuicas y un instrumento de percusión que lleva el mismo nombre.
En este sentido, creemos que el término "cuico" que se usa hoy en Chile, provendría más bien del lenguaje delincuencial y carcelario. Es la teoría sostenida, por ejemplo, por Dióscoro Rojas, el Gran Guaripola Guachaca de Chile. Procedemos a explicar tal suposición.
Según la teoría que parece ser la más plausible, "cuico" sería una síntesis de las expresiones soeces "Culia'o y Conch'e-su-madre" (es decir, CUliao-Y-COnchesumadre, pidiendo de mi parte las disculpas correspondientes, ¡pero el rigor de investigación exige!), muy propias del lenguaje vulgar nacional. Culia'o es un chilenismo para "culeado", que significa fornicado o violado (viene de culo). Es uno de los improperios más groseros que existen en este país y en la cárcel adquiere connotaciones de sometimiento o desafío entre los rangos jerárquicos de los internos. Por eso Rojas asegura campante que decirle a alguien "Cuico culiao" no es más que una redundancia.
Conchesumadre, en cambio, es una corrupción de "concha de tu madre", que se usa para mandar a alguien, ofensivamente, a retornar al útero materno y, de paso, insultar también a su progenitora. Por alguna razón, entre los delincuentes chilenos los improperios que buscan ofender a la madre del atacado, como "conchetumadre" e "hijo de puta" (sigo pidiendo disculpas por lo didáctico) son considerados afrentas intolerables y que exigen venganza, al contrario de lo que sucede en la marginalidad de los pueblos platenses, donde parecer ser tomada sólo como un insulto más sin esta connotación.
Esto explicaría también por qué algunos usan el término "cuicón" (el "con", por la primera sílaba completa de "con-chesumadre) para señalar lo mismo, además de darnos una proporción del volumen ofensivo que tendría este doble insulto.
Aristocracia chilensis del siglo XIX, según Claudio Gay.
"Un aristócrata santiaguino del siglo XVII, se dirige a su fundo en los alrededores de la capital, en su lenta pero segura cabalgadura" (Imagen en el archivo de microformatos de la Biblioteca Nacional). Aunque la tendencia es creer que los "cuicos" son descendientes de la aristocracia, la bajísima proporción que tenía esta última en la histórica sociedad criolla chilena hace presumir que la gran cantidad de familias "cuicas" existentes en Santiago no procede sólo de estas vertientes.
En un principio, eran así llamados los reos de las cárceles que tenían ciertas regalías y comodidades en la comunidad carcelaria, gracias al beneplácito o la protección de los gendarmes: preferencias en la fila, camas más cómodas y concesiones de tiempo o permisividad de conducta eran lo que convertía al prisionero en un "cuico" ante los suyos. El "cu-y-co", entonces, es un personaje que vive en ciertos privilegios que los demás no tienen. Esto provocaba, además, la envidia y el desprecio de los demás presos, quienes se explicaban esta actitud complaciente sospechando que los "cuicos" podían ser informantes ("sapos") o zalameros, de modo que el castigo no siempre fue sólo verbal.
Con el tiempo, los mismos delincuentes comenzaron a llamar de manera despectiva y resentida como "cuicos", "cuicón" o "cuiquelli" (parafraseando algún apellido itálico) a todos los ciudadanos de los sectores altos y más acomodados de la capital, donde iban a cometer sus fechorías, hasta que, por dispersión en el lenguaje e institucionalización del concepto en la sociedad, terminó siendo sinónimo de gente adinerada en la comprensión popular y colectiva.
No obstante, las clases bajas chilenas, producto de este mismo resquemor social, también identifican como "cuicos" a las clases más altas que no son, necesariamente, de alto ingreso o de vida especialmente cómoda, como la clase media o, en general, cualquiera que "tiene más".
Como la expresión "cuico" no aparece en el exhaustivo estudio del "Coa" que publica Julio Vicuña Cifuentes, de 1910, podemos especular que se trata de un concepto inventado y desarrollado en épocas posteriores del siglo XX, pero ciertamente antes de los años ochentas, cuando se hizo popular y masivo en la sociedad chilena y se orientó, también, a la clasificación despectiva de la gente arribista ("cuico al peo", "cuico al pun"), que proliferó en aquellos años de incertidumbre económica y de cambios en el patrón del poder de compra, tras la superación de la infausta situación en que se encontraba el país tras la Recesión Mundial. Muchos comenzaron a creerse "cuicos" una vez que pudieron restaurar un nivel de vida pasable, más o menos a mediados de aquella década que hoy trae tantas nostalgias. Lo hacían, en el fondo, intentando dejar atrás el recuerdo y el temor a un regreso de los períodos de privaciones económicas con que fuera castigada la sociedad chilena pocos años antes, durante la crisis internacional.
Envoltorio de los cigarrillos "Pijecito", nombre equivalente al que sería "Cuiquito" en nuestros días. Eran fumados por los trabajadores de las salitreras y minas de Iquique hacia la primera mitad del siglo XX. También existió una marca llamada "El Futre".
Un salón de té "cuico" para la ostentación de principios del siglo XX, "El único preferido por la alta sociedad", según se publicita en este aviso de "El Mercurio" del 3 de diciembre de 1908.
"Cuico" ha tenido varios sinónimos y términos relacionados, también surgidos entre las informalidades del lenguaje. Por ejemplo:
  • COPETUDO: Parece ser lo mismo que "encopetado", en alusión a los peinados con "copete" que caracterizaron a parte de la aristocracia colonial. Hay quienes creen, sin embargo, que señala cierto tipo de sombreros.
  • DE RULO: Es un término muy antiguo, utilizado incluso por don Benjamín Vicuña Mackenna cuando se refiere a las "castas de rulo" de la Colonia en Chile. El término se asocia a la aristocracia rancia, endilgada, de comodidades holgadas. Probablemente se base en la observación de los cuidados peinados de las mujeres acomodadas, en contraste con los cabellos revueltos e hirsutos de la plebe en la primitiva sociedad chilena. Es decir, ancestros de las chiquillas lais (ondulais, para ser más exactos). Cabe señalar, sin embargo, que los araucanos llamaban rulo a la tierra que era húmeda por sí misma y que no necesitaba ser regada para cultivos.
  • EMPAQUETADO: Nombre despectivo que se les da, según se cree, por la actitud rígida y elegante de los representantes de la estirpe, aunque puede guardar relación con un término mucho más antiguo que veremos abajo: "Paquete".
  • EMPEREJILADO: Casi lo mismo que el Empaquetado y el Paquete, pero poniendo acento en la ornamentación, decoración y elegancia de vestir. Aludiría a la rama de perejil que siempre acompaña los platos finos. Es una expresión muy antigua, sin embargo, que sólo sobrevive hoy en los campos y para referirse más bien a la decoración cosmética (como emperifollado).
  • ENCOPETADO: Término de origen hispánico y reconocido por la Real Academia, que se emplea para señalar a los representantes de familias de alta alcurnia o clases linajudas, pero también a quienes son demasiado presumidos de esta característica. Como en el caso de "copetudo", el nombre se referiría al uso del "copete" en el peinado antiguo de los varones, aunque también hay quienes creen que alude al clásico sombrero de copa, típico de los caballeros aristócratas.
  • ESTIRADO: Nuevamente, una referencia que tiene que ver con la imagen rígida y estilizada de los individuos de las clases sociales altas, como en el pasado podría haber sido "cuico". Se decía que andaban con el cogote tieso y el poto parado, por eso lo de "estirados", especialmente los representantes del sexo masculino. La explicación es que, en aquellos años, quizás era más común la vestimenta formal entre funcionarios del rango medio-alto y alto. Además, siempre se ha tenido la sospecha de que las clases altas tienen más tiempo y recursos para mantener cuidados físicos, como la delgadez o la buena figura, a diferencia de las clases bajas donde la obesidad y tendencia a la baja estatura son más evidentes.
  • FUTRE: Es como la versión light del "pijecito" o del "paquete", de menor acceso al caudal que los otros o, incluso, un suplantador motivado por su arribismo. En el siglo XIX y parte del XX se le decía también "futre encolado" a aquél que se desvive por andar elegante, aunque los rotos chilenos solían tratar de "futre" a todo aquél que intentara vestir con elegancia. Existió una marca de cigarrillos entre los mineros del Norte de Chile que se llamaba "El Futre", precisamente para connotar estatus. Sobrevive sólo en algunos viejos estandartes de la cultura popular.
  • JAIBÓN: Aunque está concebido con alusión a las jaibas, crustáceos comestibles de las costas chilenas, Jaibón es un juego de palabras derivado de la fonética del término anglo High-Born, que significa algo así como nacido en lo alto, nacido en alto estatus. Generalmente, se emplea para señalar a la gente de alta sociedad pero con modales arrogantes y ostentosos. Hubo un tiempo en que el consumo de patas de jaiba en Chile también fue de acceso más o menos restringido para el poder adquisitivo de la mayor parte de la sociedad chilena, por lo que el concepto se pudo haber visto reforzado por tal situación.
  • LACHO: Un término equivalente a siútico, pero que existía más bien en el campo. Hoy tiene otro significado, sin embargo, equivalente a enamoradizo o aventurero en el amor, casi sinónimo de promiscuo o mujeriego, quizás porque los proxenetas o "chulos" suelen participar de la ostentación material que caracteriza al lacho.
  • LINAJUDO: Otro término de la Real Academia Española, que alude al linaje familiar de los personajes aunque de connotación menos peyorativa que otros revisados en esta lista.
  • PALTÓN: También llamados "Paltas", aluden al nombre que se da en Chile a la fruta del aguacate, muy corriente y de masivo consumo en el país. Las teorías sobre esta comparación son varias y contradictorias. Se recuerda, por ejemplo, que en los setentas y ochentas existió una tienda de ropa muy cara, llamada "Palta's", y que sus clientes eran identificados con ese nombre. Sin embargo, recuerdo que el término aparece mencionado en la película "Palomita Blanca", filmada en 1973, en base al libro homónimo de Enrique Lafourcade. Es verosímil la asociación con la tienda "Palta" que en efecto existía en Providencia a principios de los setentas y de la que existen algunas fotografías, al lado del cuartel general de la famosa gelatería Coppelia. A esta boutique se le atribuye, por ejemplo, la popularización de los calzados "suecos" entre las mujeres jóvenes de entonces. Otros creen con más simplismo, sin embargo, que el apodo se debió nada más que al precio que alcanzaron las paltas durante las crisis de los años de dificultades en el abastecimiento de víveres, convirtiéndose casi en un lujo culinario. Finalmente, hay quienes creen que sólo es una corrupción del término "platón" o "platudo", usado en alusión a la cantidad de plata (dinero) de la que disponía el sujeto.
  • PARADO DE RAJA: O "Levantao'e Raja", también alude a la característica de andar con el poto parado o levantado que se le adjudica al "cuico" promedio. Es más bien reciente. Esta descalificación es más frecuente para los tipos que intentan ostentar más de lo que en realidad tienen, de hacer alardes de poder, o bien a los que simulan altura socioeconómica sólo por arribismo, sin poseerla en verdad o sólo parcialmente. El "Parao'e Raja" generalmente es un personaje desagradable, dado al lucimiento y con formas despectivas de dirigirse a los demás, por lo que sus modos terminan provocando más risas que el respeto del que se cree poseedor. Como nadie lo soporta, sólo hace migas con otros "Para'os de Raja", por lo que su roce amistoso es muy reducido. Suele ser autorreferente y dado a las demostraciones de falso poder jerárquico. Por lo anterior, en la política abundan los "Para'os de Raja", cruzando transversalmente el espectro ideológico, aunque de preferencia entre criollos que hayan pasado períodos de sus vidas en otros países cultural o económicamente mejores que el nuestro, como si tal aventura los pusiera a ellos también del lado de la superioridad. Afloran sus instintos de "Para'os de Raja" especialmente cuando les sacan una infracción de tránsito, cuando los obligan a hacer fila o cuando les cierran el banco a las 14:00 si ellos llegaron a las 14:03. También cuando se sinceran y declaran con arrogancia su asco por la nacionalidad chilena y su deseo de ser italianos, inconscientes de que, unos pocos años más, tarde estarían obligados a dar ahora discursillos patrioteros y apasionadamente chilenos para poder captar votos presidenciales.
  • PAQUETE: Término usado desde el siglo XIX, según el "Diccionario de Chilenismos" de Zorobabel Rodríguez (1875). Quizás de allí provenga su actual sinónimo de "Empaquetado", para señalar a alguien de genuina alta alcurnia o posición económica. Según el autor, se hablaba de que alguien anda "muy paquete" o "hecho un paquete" cuando "anda acicalado, emperejilado, peripuesto". Es decir, elegantito todo el tiempo.
  • PEPEPATO: Es un mote formado por los apodos coloquiales que reciben en Chile las personas llamadas José y Patricio, respectivamente: es decir, Pepe y Pato. Antes más que ahora, era común que los hombres de buen pasar socioeconómico se trataran entre sí por los dos nombres de pila más que por sus apellidos, costumbre heredada de familias más conservadoras: Francisco Javier, Carlos Mauricio, Matías Alberto y, por supuesto, José Patricio, alias Pape Pato. Se procuraba siempre algo de armonía en los nombres utilizados para el bautizo, por supuesto. Todo indica que el apodo de Pepe Pato fue creado para uno de los personajes de humorista nacional Jorge Romero "Firulete", un tal José Patricio Larraín García-Moreno, por ahí por los años setentas, desde donde se hizo popular.
  • PIJE: o "Pijecito", es lo mismo que "Futre", aunque con el tiempo se ha convertido en un término burlón que sirve tanto para señalar a los hijos de familias pudientes (especialmente los que tienen edades ingenuas o bien los que no se destacan mucho por sus talentos), como también a los que está en la línea media o aún más abajo de la opulencia, pero intentan esforzarse por aparentar unos grados más. También existió una vieja marca de cigarrillos que pretendían elogiar el orgullo de sus consumidores iquiqueños con el nombre de "Pijecito".
  • PINTEADO: Palabra y concepto que derivó después en "Pintoso", para referirse a la gente bella, de gran atractivo físico. "Pinteado", a su vez, pasó a ser sinónimo de bien vestido, de alguien que usa ropa elegante o de buen diseño; es decir, "Tirar pinta", o "Tener buena pinta". Pero el término "Pinta", según el citado trabajo de Zorobabel Rodríguez, proviene del mundo minero: el material chancado se dividía en tres calidades de distinto valor llamadas Pinta, Despinte y Granza. La más cara y de mejor calidad era, por supuesto, la Pinta. Es muy probable, entonces, que el "Pinteado" o la "Buena pinta" hayan tenido su origen en estos conceptos.
  • PIRULO: Hay varias explicaciones populares para esta expresión. Unas dicen que se trataba de la rectitud y forma tiesa de andar de los "cuicos", asociación parecida a la de "estirados". Se compara con la rigidez de los bastones de dulce navideño, llamados "pirulos" en Chile, a diferencia del resto de los países de habla hispana, donde es sinónimo de perinola. Alguien me comentó una vez que, además de la alegoría con la rigidez, "parecía que tuvieran un pirulo metido en el poto" cuando andaban así, especialmente los hombres. Otros creen que puede ser una comparación entre el color del caramelo y los automóviles de la gente adinerada, que se veían mucho más lucidos y coloridos que las opacas carrocerías de los antiguos vehículos populares tipo citrola o renoleta. También habría sido sinónimo de algo de buena calidad, por esto mismo. Finalmente, hay quienes suponen que la comparación con los bastones de dulce se debe sólo a la ornamentación con que eran vestidos estos "pirulos", como cintitas doradas y envoltorios de celofán, cuando en realidad se trataba de una golosina común y corriente sin demasiado glamour.
  • PITUCO: Parece provenir de "pito" y también tiene una connotación de desprecio, usándola no sólo contra los "cuicos" de cuna, sino también contra los siúticos o los que buscan ostentar su estatus, especialmente entre las mujeres mayores. Como sucede con "cuico" y "estirado", sin embargo, originalmente se habría llamado "pituca" a la gente delgada y esbelta, quizás con el estereotipo físico de las clases más acomodada. En los tiempos de la Unidad Popular (1970-1973), por ejemplo, los obreros izquierdistas y los rompehuelgas les gritaban a las mujeres que se manifestaban contra el Gobierno de Allende haciendo sonar sus ollas y cacerolas vacías: "Vieja, pituca / cocíname esta diuca". Hay quienes creen que el término proviene del campo, de la vida rural chilena, aunque el Diccionario de la RAE lo hace sinónimo de "presumido" y señala su uso no sólo en Chile, sino también en Argentina, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Sólo reserva al Perú el empleo de la palabra para referirse a la gente de clase alta, por lo que vale preguntarse si provendrá, acaso, desde la sociedad peruana.
  • ULMÉN: Este término era común en el siglo XIX y parte del XX, y se empleaba fundamentalmente para señalar a los hombres ricos y respetados, por lo que no tenía las connotaciones despectivas de la mayoría de las formas con que, como hemos visto, se ha llamado aquí a la gente de posición económica holgada. Se usaba especialmente entre los indígenas, según Medina en su antes citado diccionario "Chilenismos: Apuntes lexicográficos". Aún se emplea en algunas zonas rurales de Chile, pero escasamente. Ha desaparecido por completo de la jerga de Santiago y, probablemente, de todas las ciudades del país.
Definición de "cuico", según el portal de Wikipediars (parodia de Wikipedia), clic encima para ampliar. Parental Advisory: es de contenido ultrasoez y puede herir el buen gusto... En realidad todo este artículo no ha tenido nada de finito, lo admito.
El término "cuico" y sus sinónimos han ido variando con el tiempo y en el contexto, sin embargo. A principios de los setentas, por ejemplo, producto de la fuerte politización social, "cuico" era lo mismo que decir "momio", de burgués conservador, opositor allendismo y reaccionario. Los "cuicos" iban sólo a algunos restaurantes y bares de Santiago Centro, porque los otros eran del "pueblo", según el dogma. Hoy, en una sociedad con tantas diferencias de clase como la chilena, "cuico" ha pasado de identificar a la gente con un estatus social y económico bueno, a ser chapa también de arribismo o altanería, la de quien quiere ser algo que no es. Es decir, el término le quedaría de perilla como unos dos tercios de la población chilena (porque el otro tercio efectivamente es lo que aparenta). Así, se le llama despectivamente "cuico" o "cuica" al que otros llaman siútico o fanfarrón.
Las acusaciones de "cuiquerío" han dejado huella en nuestra toponimia urbana, de hecho: en Peñalolén, se cometió un error enorme al bautizar formalmente un pasaje en un populoso barrio como Las Cuicas, al parecer creyendo que aludía a alguna clase de ave silvestre. La verdad sería, sin embargo, que todos los pobladores llamaban de esta forma al pasaje para burlarse de las adolescentes que vivían en él, un tanto arrogantes y dadas al vicio de aparentar un estatus que no se tiene. Defecto tan propio de las familias santiaguinas de clase media-alta, clase media, media baja o baja... C1, C2, C3 y hasta D en términos de segmentación de consumidores. Hasta hoy, el pasaje sigue llamándose Las Cuicas.
En fin, he ahí esta cuica historia, entonces.

8 comentarios:

Primavera Silva Monge dijo...

Definitivamente, me declaro su admiradora. Su redacción es absolutamente agradable, fluída, entretenida y con una base informativa muy didáctica. Me recuerda a alguien que alguna vez gozó de gran admiración pública y que hoy poco se sabe de él, perdido, quizás, entre los altibajos políticos. Esta mañana le he leído en un artículo acerca de los duendes y esta noche éste, acerca del término cuico. Lo he compartido con mi marido, quien lo agregó al Facebook, para que yo no pierda de vista en ningún lugar. Existe una plataforma más o menos nueva, llamada Bligoo. ¿La conoce? Se puede copiar todo lo de este blog y llevarlo allá ¡TAMBIÉN!Esa plataforma Web es muy visitada por gente viva, gente que comenta y valora. Es como una manera de ser público de allá. Se lo digo, porque veo sus excelentes artículos-investigaciones con cero comentarios. ¡No hay derecho! Le dejo la dirección por si desea sacarle una fotocopia a su blog: www.bligoo.com
Mientras, le reitero que ¡Lo felicito! Me encanta como escribe. Me encanta.
Primavera Silva Monge

Criss Salazar dijo...

Amiga, ¿me puede soplar el nombre de su pareja que me agregó en Facebook? Tengo algunas invitaciones pero no siempre las pesco... La falta de comentarios en las entradas tiene una explicación: las habilité hace muy poco, cosas de semanas o un par de meses a lo sumo. Antes las tenía bloqueadas, por cuatro años de hecho.

Julio-Debate Popular dijo...

Es increible la foto en donde se ven a los de la clase alta protestando.
Las circunstancias del momento hacen que las reacciones sean las mismas.

Anónimo dijo...

Exelente blog!!!
De vez en cuando se le sale lo ultraderechista, pero la calidad de su material lo perdona jajaja

BENJAMIN GUTIERREZ ESPINOSA dijo...

anónimo: y en este interesante blog que tiene que ver la corrupta politica, que importa si es de de izquierda o de derecha. lo verdaderamente interesante son las historias contadas, las enseñanzas aprendidas, el entretenido relato entregados por CRISS.

Anónimo dijo...

La versión mas aceptada en México es que es de origen tapatío, es decir, de Guadalajara. En la esquina sur poniente del Palacio de Gobierno quedaron las letras QVI CVS de una inscripción latina que dice "NISSI DOMINVS CVSTODIERIT CIVITATEM FRVSTA VIGILAT CVI CVSTODIT EAM" que significa "Si el señor no custodia la ciudad, vana es la vigilancia de quienes la custodian" pero en la referida esquina solo quedaron la antepenúltima palabra y parte de la penúltima por lo cual se lee "CVI CVS" y como siempre la vigilaba un policía se les empezó a llamar "cuicos" de ahí su origen. De Guadalajara para el mundo.

Anónimo dijo...

Estas lleno de prejuicios por ejemplo eso que la gente que mantiene su peso esbelto es por tener plata y sería al contrario mientras mas plata tiene mas iria a restauran a comer, al final eso que los pobres estan gordos por no tener tiempo para ejercicio puede ser cierto pero muy pocas veces, la mayoria de las veces es porque son debiles de caracter e indulgentes se acostumbran a vicios como las bebidas y cigarro, ellos mismos con eso colaboran a que los opriman. Yo les digo hermanos chilenos que no coman basura ni fumen eso los convierte en esclavos de este sistema.

Piriwin dijo...

El pueblo chileno (al igual que en el resto de latinoamérica) es extremadamente perspicaz, perceptivo y sensible al mapa socio-económico. Tiene una fuerte conciencia de clase, y es muy rápido y preciso para perfilar personas de otras clases.
La discriminación e indiferencia de los cuicos los hiere, ya que se sienten rechazados por su identidad y cultura popular. Su reacción de defensa va del odio violento (delincuencia) al humor sarcástico (bromas, apodos).
El pueblo es sensible a los códigos primitivos de dominancia y jerarquía, típicos de entornos delictuales/carcelarios. Por ejemplo, las mujeres se sienten sexualmente atraídas por el macho bruto e infiel, y transfieren estos valores machistas a sus hijos, lo que mantiene el círculo vicioso. El cuico refinado les parece extraño y poco varonil, sólo interesante por su dinero (prostitución). Los empleados de clases populares sólo respetan al jefe cuico si demuestra seguridad, dominancia, actitud de "patrón de fundo". La distancia e indiferencia del cuico ofende a algunos, pero a otros les produce sospechas de debilidad: asumen que el cuico se aleja de ellos porque les teme, equivalente al "perkins" de la jerarquía carcelaria (en Chile, reo débil que se deja abusar sexualmente a cambio de protección). La delincuencia en barrios acomodados se realimenta de estas creencias.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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