martes, 30 de agosto de 2011

LA MAGIA DE ALFREDO MOLINA LA HITTE EN UNA VITRINA DEL METRO

Autorretrato de Alfredo Molina La Hitte, hacia 1942, con fotografías de actores del filme chileno "Bar Antofagasta" a su espalda (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Coordenadas: 33°26'34.50"S 70°38'42.35"W (Estación Santa Lucía)
Estoy tratando de aprovechar mis días de regreso en Santiago resucitando este blog y, a poco de arribar, ya encontré una muestra maravillosa en el Metro de Santiago, particularmente en la Estación Santa Lucía: una vitrina con cerca de 30 imágenes tomadas por el fotógrafo y verdadero retratista de la vieja bohemia chilena, Alfredo Molina La Hitte, a quien ya había dedicado una entrada hace tres años, con relación al lanzamiento del trabajo "El Santiago que no dormía" con una selección de sus trabajos (para verla, clic aquí).
Dejé ir por lo menos tres pasadas del tren concentrado en estas fotografías; bellas, cautivantes y de una estética única... Es sorprendente la intensidad de esta sencilla experiencia en tan pocos metros cuadrados de vitrina, convertidos en una verdadera ventana poética hacia el pasado; casi un vórtice hacia la luz de las candilejas desaparecidas de las artes escénicas chilenas. Época de plumas, lentejuelas y glamour; de músicos uniformados en el terno y la corbata humita, impecables, con carreras sostenidas sólo del talento y cuando no había prensa de farándula, ni siliconas, ni liposucciones, ni líos de cremallera.
Los de esta pequeña exposición, son rostros retratados por Molina La Hitte en su esplendor: mujeres hermosas, cantantes míticos, actrices legendarias; figuras del "Bim-Bam-Bum" y del "Picaresque", del Teatro Princesa, del California o del populachísimo Balmaceda; años de los hermanos Retes, del "Cóndor" Venturino en el Caupolicán, de Carlos Cariola en la Sala SATCH que ahora lleva su nombre y de las jornadas memorables con el "Negro" Tobar en sus locales de El Zeppelin o los Tap Room... Esos años revisteriles y de comedia de variedades, a los que Rakatán les clamaba: "¡Buenas noches Santiago!" en su libro de memorias, con los rostros de la historia de las artes populares, del bolero, de esas Lunas llenas perdidas con la auténtica pero ya extinta bohemia chilena, en los años dorados de la noche en la capital.

Bohemios incorregibles como Pablo Neruda, una joven Anita González y la belleza descollante de Nadia Gray están allí, al alcance de los miles de usuarios que transitan diariamente por esta estación. La ventana es, así, como la bola mágica de un adivino retrospectivo: vemos en ella tiempos olvidados, perfectas sonrisas de años tan cercanos y tan remotos en su extraña dualidad, que viven en la memoria colectiva de generaciones en vías de perderse para siempre, sobreviviendo acaso sólo en los descuentos.
Molina La Hitte fue con su cámara, sin saberlo, el mensajero del tiempo; el retratista de los testimonios de una época, por allá por mediados del siglo XX... Qué acierto ha sido el nombre elegido para la exposición, entonces: "La Magia de Molina La Hitte (1906-1970)".
Las imágenes pertenecen a la valiosa colección de 3.000 placas de vidrio y negativos de celuloide que conforman el archivo fotográfico de Molina La Hitte en posesión de la Biblioteca Nacional, extraordinario legado de toda una época y del que ahora se han escogido estas fotografías para la pequeña pero preciosa exposición del Metro, que está disponible entre este menguante mes de agosto y septiembre, gracias a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, DIBAM. Esta muestra fue inaugurada, además, en el contexto del Mes Mundial de la Fotografía. Le acompañan referencias sobre los retratados y un panel con datos biográficos del autor, más información sobre la propia colección fotográfica.
Originalmente, esta colección fue armada por la hija del fotógrafo, doña Marianela Molina Peláez, por la vía de donaciones y compras. La Biblioteca Nacional había adquirido de ella cerca de 500 imágenes que mantenía hasta el año 2003, cuando la misma señora Marianela decidió donar otras 2.500 piezas para completar el archivo fotográfico dedicado a su padre, siendo el más completo del país y resguardado en condiciones ambientales y de temperatura, especiales para la conservación del material. Los negativos de la colección son de 9 x 12 centímetros y la mayoría de sus registros corresponden a imágenes tomadas entre los años 1945 y 1960, aunque hay otras desde los años treinta, con una evidente influencia francesa en su composición, fusionada con el estilo y la estética que llegaba Chile a través de las revistas hollywoodenses, resultando un elegante manejo de los claros y los oscuros, una sutil pero sugerente decoración y una distribución perfecta de las luces del retrato.
Cabe comentar que Molina La Hitte era fotógrafo autodidacta, pero también amante del teatro y del cine, por lo que estas imágenes resumen lo que fuera en realidad la doble pasión de su vida. De hecho, fue diseñador escenográfico del Teatro Peláez e incursionó en la actuación.
Se inició trabajando en el taller de la histórica editorial Zig-Zag, que en aquel entonces tenía su sede en el Portal Fernández Concha, en el N° 936. Después se independizó instalando su propio taller fotográfico, periodo en el que se haría un nombre retratando a jóvenes de familias acomodadas, artistas, intelectuales, bohemios, músicos, vedettes y grandes actores, bailarinas y comediantes de la época. Tuvo su estudio en calle Estados Unidos, en Monjitas y en Merced esquina Mosqueto, antes de trasladarse en 1947 a Rosal 357, donde quedó definitivamente su taller y laboratorio hasta cuando se retiró, en 1968, falleciendo de broncopulmonía el 15 de septiembre de 1971, de modo que en el transcurso de esta exposición se cumplirán también los 40 años de su partida.
Aquí reproduzco, entonces, las fotografías de la exposición pero en baja calidad y resolución, para no privarles de la sensación de ir a contemplar estas imágenes en el buen tamaño que están allí, visibles a todo el público del servicio de transportes, y meter la cara en la vitrina convertida ahora en una hermosa ventana de la historia de las candilejas y las artes noctámbulas del Santiago que ya no existe. Se agradece infinitamente a la DIBAM, además, por habernos permitido generosamente a todos los usuarios del Metro esta valiosa experiencia visual y cultural en la cotidianeidad de la rutina encima y abajo de la ciudad.
Sonia y Miriam (von Shrebler García) junto a su mamá Cora Santa Cruz (Hilda García Ossandón): Imagen tomada hacia 1950. El dúo inició internacionalmente su carrera en 1941, cuando tenían 10 y 11 años. Tras una exitosa carrera, se presentaron por última vez en México en 1965. Allá quedó Sonia, continuando su carrera como solista y años después volviendo a Chile, donde sigue residiendo. Miriam, en cambio, se trasladó a España dedicándose a trabajar como productora discográfica (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Hernán Castro Oliveira: Imagen tomada hacia 1950. Fue actor y una importante figura del cine chileno en sus inicios, actuando en la obra "Amanecer de esperanzas" de 1941 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Lucho Gatica: Nacido en 1923, ha sido uno de los más grandes boleristas y cultores chilenos de la música popular, consagrado internacionalmente en su oficio. Recibió el año 2002, el grado Gran Oficial de la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral. La fotografía parece tomada hacia 1958 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Retrato de mujer joven: Lamentablemente no aparece identificada, como sucede con no pocos retratos de la colección general del fotógrafo. Las pieles y el sombrero de plumas sugieren que pudo tratare de una actriz. La fotografía habría sido tomada entre 1950 y 1960 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Vicente Bianchi: Tomada por 1950, esta imagen muestra al destacadísimo músico nacional nacido en 1928 y compositor de innumerables piezas selectas, populares y religiosas, que además fue director de orquesta, director de coros, arreglador y pianista. Fue autor de la "Misa a la Chilena", musicalizó versos de Neruda y fundó el Coro Santa María, recibiendo el año 2004 el Premio a lo Chileno (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Karina: También fechada por el 1950, Karina fue el pseudónimo de la actriz y bailarina llamada realmente Ana María Gómez (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Emilio Gaete y Malú Gatica: Dos de los más grandes y trascendentes actores de la historia del cine y el teatro nacionales, verdaderos iconos de su generación. Emilio Gaete nació en 1913 y falleció en 2007, habiendo actuado en cine, teatro, televisión, radioteatro y el inolvidable musical "La Pérgola de las Flores". María Luz Gatica Boisier nació en 1922 y falleció en 1997, siendo considerada por muchos como la más grande de las actrices nacionales, con exitosa carrera internacional en Estados Unidos y Europa. En honor a su memoria se creó en Premio a la Trayectoria Malú Gatica (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Laura Rodig: Fotografiada entre 1930 y 1940, la prestigiosa escultora y pintora chilena nació en 1901 y falleció en 1972. Había estudiado artes becada en Europa, especializándose en pintura decorativa y grabado. Fue fundadora de la Asociación Chilena de Pintores y Escultores. También fue la primera secretaria de Gabriela Mistral (a quien esculpió en una de sus obras), profesora de artes y una impulsora del arte social y las raíces indígenas (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Trío Allegro de Armónicas: El histórico y versátil trío compuesto por los músicos Sergio Meléndez, Luis Garramaño y Juan Moya, en imagen fechada en 1961 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
José Bohr: Uno de los más grandes actores y artistas del teatro de variedades chileno, nacido en Alemania en 1901 con el nombre verdadero de Yopes Bohr Elzer, llegando a Magallanes pocos años después como parte de las familias germanas que viajaron a Chile para colonizar el Sur. Fue cantante, actor, compositor, autor de obras y director de cine. Falleció en Oslo, Noruega, en 1994. El Teatro Municipal de Punta Arenas lleva su nombre, como recuerdo. La fotografía fue tomada hacia 1942 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
"Señor Humeres": Personaje de la película "Bar Antofagasta", filmada en Valparaíso en 1942 por el director Carlos García Huidobro (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Dúo Rey-Silva: Extraordinario e influyente dúo de cantantes de cueca, compuesto por el eximio arpista Alberto Rey y el guitarrista Sergio Silva. En 1991, Rey fundó también el grupo "Los Paleteados del Puerto". La fotografía se estima tomada entre 1940 y 1950 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Anita González: Destacadísima actriz y comediante nacional, con actuación en radioteatro, televisión, teatro, cine y musicales, famosa por su participación en "La Pérgola de las Flores" y su personaje humorístico La Desideria, además de ser fundadora del desaparecido Teatro Sala del Ángel. Premio Nacional de Arte de 1969, también es otro de los máximos iconos de las artes escénicas chilenas, nacida en 1916 y fallecida en 2008. La fotografía se supone tomada entre 1945 y 1955 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Gisele Gris: Imagen tomada entre 1950 y 1960, pareciera que de una bailarina española famosa en aquellos años en los clubes de espectáculos (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Inés Pizarro: Hermosa artista fotografiada ente 1950 y 1960, y aunque su fotografía en la muestra no tiene muchas referencias sobre su profesión, aclaro que se trata de una bailarina de teatro y de danza clásica, destacada figura del ballet nacional y alumna del maestro Jan Kawesky (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
María Elena Gertner: Actriz, directora escénica, novelista y poetisa oriunda de Iquique, nacida en 1927, tan hermosa como talentosa en todo lo que hizo. Pertenece a la llamada Generación del '50 y en su prolífica y variada carrera fue también profesora de actuación y directora del Consejo de Teatro de la Universidad Católica (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Xenia Monti: Gran vedette francesa, que llegó a Chile con el célebre "Follies Bergére" de París al Teatro Ópera de Santiago, cuando se presentaba el histórico show del "Bim-Bam-Bum". La imagen debe haber sido tomada entre 1953 y 1960 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Nadia Grey: Otra hermosa vedette de las revistas "Picaresque" y "Bim-Bam-Bum", en los buenos tiempos de las candilejas nacionales. La fotografía parece tomada en algún momento entre 1953 y 1965 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Retrato de una joven mujer: Por su vestimenta, también tendemos a creer que se trata de una actriz o una bailarina. La fotografía data de entre 1950 y 1960 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Raúl Shaw Moreno y Los Peregrinos: Nacido en 1923 y fallecido en 2003, el cantante y compositor boliviano tuvo gran fama en el ambiente de los escenarios de aquellos años. Hacia el final de su vida se dedicó también a la pintura y a hacer exposiciones con sus obras. La imagen fue tomada hacia 1955 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Pablo Neruda: No necesita presentación, a estas alturas. Nacido en 1904 y fallecido en 1973, fue poeta, escritor, senador, embajador y un bohemio sin remedio toda su vida, ganador del Premio Nacional de Literatura en 1971 y luego del Nóbel de Literatura. La foto se remontaría a 1932 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Alejandro Jodorowsky: Nacido en 1929 y residente en París desde 1953, ha sido escritor, dramaturgo, director de cine, mimo, tarotista y practicante de disciplinas esotéricas populares, además de reconstruir con Phillipe Camoin el tarot de Marsella original. Premiado en el Festival de Cine Underground de Chicago en 2000 y la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda en Chile el año 2006 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Emilio Agudiez y "Don Pánfilo": Famoso ventrílocuo y titiritero español, quien se hizo popular por su divertido muñeco y por ser también un diestro artesano fabricante de este tipo de marionetas, tanto así que Carlos Gardel lo menciona en uno de sus tangos. La fotografía habría sido tomada entre 1929 y 1935 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Olvido Leguía y Lucho Córdova: Famosa pareja de artistas de los locos años trinta chilenos. Córdova nació en Lima como Luis Garreaud Fernández, viniéndose a Chile a los 20 años de edad y llegando a ser actor de cine, teatro, director y dramaturgo, además de uno de los pioneros del cine chileno. Contrajo matrimonio en 1934 con Olvido Leguía, con la que había fundado, poco antes, la Compañía Leguía-Frontaura-Córdova, más tarde Compañía Leguía-Córdova. Él murió en Santiago en 1981. Fotografía de 1939 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Ligia Morán: Actriz de radio y teatro. La imagen parece tomada entre 1953 y 1963 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Alma Montiel: Actriz de cine y teatro, Primera Bailarina del Ballet Nacional Chileno, modelo de la Casa Dior y escritora. En esta imagen, tomada hacia 1955, aparece caracterizada para la obra de teatro "La Princesa Aoi no ue", basada en una de las seis piezas de teatro del Noh Moderno de Yukio Mishida (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Vedette del "Bim-Bam-Bum": No está identificada esta integrante de la famosa compañía que se presentaba en el Teatro Ópera, probablemente tomada entre 1953 y 1965 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Elvira Ríos: Nacida como Elvira Gallegos Cerda en 1913, fue una consagrada artista y cantante mexicana, fallecida en 1987. La fotografía podría ser del año 1940 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).

sábado, 20 de agosto de 2011

CENTENARIO DE RAÚL MORALES ÁLVAREZ: PLUMA Y PASIÓN EN LA CRÓNICA DEL VIGÉSIMO SIGLO

Raúl Morales Álvarez, en fotografía publicada en el sitio web de "El Funye".
Una prodigiosa genialidad como la del cronista y reportero Raúl Morales Álvarez, tiene una virtud ventajosa sobre la de los maestros de otras disciplinas escritas: al vincularse y expresarse directamente a través de las comunicaciones que conforman la mass media, de los soportes de información social, necesariamente debe ser compartida con el resto, por su propia naturaleza y vía de existencia. Todos, de alguna manera, quedamos al alcance de ese fervor luminoso y casi cegador del talento; todos participamos y somos tocados por su brillo, y terminamos cubiertos por el fulgor de sus dotes excepcionales. A su vez, la luz de esta misma genialidad perdurará más allá de la vida física de quienes la encendieron, dándole acceso a esas instancias de perpetuidad de obra que sólo los talentosos son capaces de alcanzar.
Se cumplirá un siglo desde que Raúl Morales Álvarez nació en Quito, un 24 de agosto de 1911. Aunque su familia era chilena, su llegada al mundo tuvo lugar en el país ecuatoriano porque su padre, el Almirante Rubén Morales Feronne, casado con doña Amalia Álvarez Saavedra (dueña de la Hacienda "La Boca" de Talagante), se hallaba por aquellas tierras en misión diplomática.
Empero, no demora en llegar a su propia y querida patria, viviendo su infancia en el clásico y alguna vez lujoso Barrio Brasil de Santiago, romántico período de su vida del que recordaría lo siguiente, según declaraciones suyas reproducidas en un documento de la Agrupación Cultural "El Funye":
"La casa de mi adolescencia, por ejemplo, se ofrecía en la calle Moneda, entre Brasil y Maturana, que entonces se llamaba Fontecilla. Era una casa grande, con veinte piezas, tres patios y un huerto frutal al fondo, con lo que estiraba casi una cuadra completa de extensión. Vecinos nuestros eran Emiliano Figueroa Larraín, Juvenal Hernández, Enrique Cañas Flores, Jorge Suárez Orrego y los García de la Huerta, nombrando sólo a los más conspicuos, y algo parecido conmovía a las otras casas, en las otras calles. Los Gandarillas Díaz vivían en Agustinas con Cumming. Los Amenábar Délano lo hacían en Maturana, entre la Plaza Brasil y un poco más allá, siempre por Maturana, hacia Catedral y Santo Domingo, estaban los Barrenechea del poeta Julio y los Reyes, de Chela Reyes, que también es poeta. Los Mundt Fierro -los de Tito Mundt- residían más abajo, en la calle Libertad. En Cueto 272 estaba la hermosa casa colonial de los Domeyko con la imagen del sabio don Ignacio en sus corredores patios floridos, y en Santo Domingo esquina Chacabuco la de Eusebio Lillo. En Catedral, más o menos cerca, enfrentando a la Iglesia de los Capuchinos, vivieron el pintor Valenzuela Puelma y el arzobispo Gonzáles Eyzaguirre. También en Catedral con García Reyes, en su esquina suroriente, se habría el almacén de César Rossetti, padre de Juan Bautista Rosseti Colombino -llamado por nosotros don Juan Baucha-, de ancha ejecutoria en la vida nacional, donde había una tertulia político literaria de alto rango y que congregaba a Manuel Hidalgo, Eugenio Gonzáles, Manuel Rojas y José Santos Gonzáles Vera".
Siguiendo los pasos de su padre y aconsejado por su admiración a la epopeya del Capitán Prat y los héroes de "La Esmeralda", estudió en la Escuela Naval de Valparaíso entre 1925 y 1928, para luego cursar sus Humanidades en el Liceo Miguel Luis Amunátegui. Ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile en 1930, casa de estudios donde fundó la revista "El Esfuerzo". Para entonces, había comenzado a trabajar como periodista iniciándose más profesionalmente en estas artes en el diario "El Mercurio", desde 1929, pasando en 1931 por "La Nación" y, a partir de 1936, por "La Prensa" de Osorno. Con el tiempo, también trabajaría en "Los Tiempos" y en "La Prensa Austral" de Magallanes.
Comenzaba así su largo camino en las letras de la prodigiosa Generación Literaria del 38, una de las que más han engrandecido culturalmente a nuestro país y de la que formaran parte otros grandes autores como Andrés Sabella, Braulio Arenas, Francisco Coloane, Volodia Teitelboim, Eduardo Anguita, Carlos Droguett, Miguel Serrano, Teófilo Cid y poetas trágicamente muertos como Héctor Barreto y Jaime Rayo, entre muchos otros.
En el mismo año de 1931 se incorporó al equipo fundador de la revista "Ercilla", donde permaneció trabajando por una década. Allí escribía con el pseudónimo de El Reporter N° 13. Reportes, crónicas urbanas y policiales son su caudal. Gracias a sus méritos, alcanzó los cargos de Redactor Primero, Secretario de Redacción, Subdirector y luego Director, en 1941. Trabaja allí con otros grandes referentes del periodismo chileno, como Alamiro Castillo, Isidro Corbinos, Julio Lanzarotti y el dibujante Pedro Olmos, además de los peruanos apristas residentes en Chile Luis Alberto Sánchez y Manuel Seoane, quienes tuvieron gran influencia en la revolución del periodismo nacional de aquellos años, fenómeno del que "Ercilla" fuera una pieza clave.
Incursionando en la escritura novelada, publica en 1938 su libro "La Monja Alférez: Crónica de una vida que tuvo perfil de romance", que marca su debut en la literatura. El contenido del libro servirá después de inspiración para el guión de una película mexicana de 1944, interpretada por la gran actriz María Félix y dirigida por Emilio Gómez Muriel. No es casual el argumento de este primer libro: la historia siempre fue otro tema de permanente interés para el poeta maldito de la prosa y para un hombre de su inmensa cultura.
Ese mismo año testimonia para "Ercilla", junto al fotógrafo Heliodoro Torrente, el horror de la siniestra Masacre del 5 de Septiembre al entrar al Edificio del Seguro Obrero y ver personalmente los enfrentamientos y luego las decenas de cadáveres que han quedado encharcados en su propia sangre, tras la violenta matanza dirigida contra los jóvenes protagonistas del intento de conato nacionalsocialista que había tenido lugar esa mañana. Incluso alcanzó a entrevistar a uno de los asesinados, poco antes de que éste debiese enfrentar la brutal muerte que le aguardaba en las frías escalas de la torre:
"Salimos -escribió en su crónica testimonial-. Llega otra vez el eco seco de los disparos y el tumulto de los gritos. Ya en la calle, pensamos con una vaga noción de vida -aire, luz, calor, libertad- en los que llegaron vivos al seguro, con sus manos en alto: en los que estaban vivos arriba con sus armas viejas; en todos aquellos que esa misma madrugada, sangrientos, destrozados, mutilados, desnudos, estarían esperándonos en la Morgue".
"Patriota exaltado", según Enrique Bunster, celebró con estrépito la incorporación del Territorio Antártico Chileno y asumió una defensa decidida ante los problemas limítrofes con países vecinos. Profundo, apasionado, de corazón casi furibundo, con voz ronca y mirada de águila, escribe de forma infatigable, de seguro presa de alguna forma de fecunda grafomanía. Morales Álvarez es dueño de un tintero completo: sus textos valen no sólo por plasmar un periodismo limpio y perfecto, sino también por el roce con la poesía, por la historia, por la denuncia y por la elocuencia del buen discurso.
Sus maravillosas crónicas y notas son verdaderos homenajes a la nostalgia de la vida en las ciudades, de las noches bohemias en visiones de ciudades desaparecidas. "Un rotundo y un temporal, siempre suelto en la ciudad y en medio de las columnas de los diarios", diría de él su colega Andrés Sabella. "Un periodista convulsionado, vibrante" para Oreste Plath, agregando que "Conoce los vicios y virtudes de la noche; observaciones y experiencias de bohemios, prostitutas, guapos, matones, hampones y truhanes. Sus días son verdaderas crónicas". Para Hernán Díaz Arrieta, el gran Alone, es "un escritor con garra, que derrochaba talento". Hasta Pablo de Rokha, el poeta enemigo de todos, lo elogia y lo recomienda sin titubeos.
Morales pasa con la misma pluma enérgica por el palacio como por el burdel; entrevista a mandatarios y a hampones por igual. Su vida es la vida de todo el pueblo, de todo el país; su memoria es la memoria de toda la Nación y, sin quererlo, escribe para la memoria de los que vienen, rescatando de viejas noches perdidas y de épocas sumidas en el éter del olvido aquellos pasajes de la existencia ciudadana y cultural: calles, barrios, boliches, vidas y muertes. Retrató antros horripilantes como "La Pata", hacia calle San Diego con Arturo Prat, "donde se bebía en altos potrillos un vino borracho y envenenado, tipo marcha atrás, y se sorteaba de la misma forma el albur de los besos que de las puñaladas". Allí llegaba el temido Cabro Eulalio, famoso rufián de aquellos años, señor de la Plaza Almagro, mismo parque de tentaciones y diversiones que Morales Álvarez y sus amigos vivieran en su mejor época, hacia los años treintas, mirando las bailarinas del "Submarino" o bebiendo los elíxires del bar "Cola de Mono". También pasea por boliches como el "El Cuerpo Malo" de calle Eyzaguirre, "La Tranquilidad" en Tropezón, "El Cocodrilo" de Estación Central, "La Armonía" de Barrio Matadero, y otros varios donde dominaba la bravura y el puñal... Innumerables lugares indómitos, legendarios; tanto que, para muchos, hoy parecería imposible aprobar la idea siquiera de que alguna vez existieron en nuestra ciudad.
Sus propias aventuras en estos sitios oscuros son parte de la historia de ellos y de la crónica respectiva: en la siniestra cantina "Nunca se Supo" del barrio Los Callejones, cuando se acercó a un tipo agónico fatalmente herido con arma blanca, le preguntó angustiado: "¿Quién te mató?"... Pero el sujeto, en un último arranque de creatividad mientras vivía, sólo atinó a responderle: "¡Nunca se supo!". Y en otro sitio, engañosamente llamado "El Barril Encantado" de Vivaceta, en su primera visita y siendo aún un adolescente, vio cómo un tipo acuchillado se desangraba a sólo unos metros de su mesa, tirado en el suelo, sin que nadie hiciera nada por asistirlo y mientras continuaba la fiesta dentro del local.
"Me considero después de todo -diría en otra ocasión- como el náufrago fatigado de otra época, sobreviviendo en la magnitud de una vida que ya no me pertenece. La mía fue de veras la de otro Chile y otro mundo. Me ocurre cuando pienso en las viejas casas chilenas del pasado, ufanadas de grandes en los barrios que fueron vanidosos en mi tiempo y hoy están con la capa caída, llagados de lobreguez y perrerías edilicias, vestidos de burdeles clandestinos y pensiones que huelen a miserias judiciales, con cheques sin fondo y letras protestadas. Es lo que ha sucedido no sólo en las casonas de Dieciocho, Ejército, República y Avenida España. El mismo flagelo laceró también a las de Moneda a Rosas, en los rumbos vecinos al Barrio Brasil y la Plaza Yungay".
Pese a todo, Morales se desliza con seguridad entre cafiches, prostitutas, criminales y guapos de largos prontuarios. Pasa entre riñas de hombres hoscos y de chiquillas felices; entre peleas a chuchillos y entre el ambiente indómito de las postales de ese antiguo Santiago de posadas, lupanares y cantinas secretas... Espectros, almas den pena de esa capital ajena a las luces de día pero entregada a las velas de los conventillos y a los focos del cabaret, y que otros colegas suyos como Nicomedes Guzmán, Luis Cornejo, Alfredo Gómez Morel, Armando Méndez Carrasco y más recientemente Ramón Días Etérovic, también nos recrean desde sus propias escuelas y experiencias.
Como sucedió a su generación completa, su testimonio es el testimonio de todo el siglo XX: de sus grandes hitos, de sus sueños extintos salpicados de pétalos y de sangre; de crímenes famosos como el de Alicia Bon o "el asesino amarillo" Phan van Loc; de tragedias que van desde la violenta muerte del poeta Santos Chocano hasta los catastróficos efectos del Terremoto de Chillán de 1939... Morales Álvarez, así, no discrimina nada de la realidad ni de la experiencias, paseándolo todo por su lupa y su máquina de escribir, como en un gran compendio de la centuria. Nunca renunció ni dio la espalda a su espíritu popular; a su incorregible devoción por la noche, por los placeres mundanos y por la bohemia desaparecida de Santiago y acaso de todo Chile, en la misma que dilapidó dos veces las fortunas que ganó con la Lotería de Santiago.
"Tuvo energías para vivir dos vidas -dijo una vez su amigo Enrique Ramírez Capello-. Bebía incansablemente y encontraba ahí el hálito estimulante del vigor y el entusiasmo, el estado de gracia y la fuerza para escribir (...) indomable bebedor del barrio Bandera y en Il Bosco, amigo de poetas, políticos y bandidos, amante de las mujeres y de la vida, y de su pasión por el tango".
Y con esa misma devoción que goza la vida en "El Zeppelin", el "Zun Rhein" o las cocinerías de La Vega, describe las fiestas religiosas del Norte Grande o las epopeyas de la Armada en los canales australes y las aguas antárticas. Su mundo es enorme; inmenso, de horizontes infinitos, limitados sólo por los óbices de la propia existencia física. Mundo extenso y agreste, puesto al alcance del hombre corriente a través de sus sabrosas e incomparables crónicas.
Raúl Morales Álvarez, primero de izquierda a derecha, entre los ganadores del Premio Nacional del Pueblo "Pablo de Rokha" de 1967. Siguiendo en la misma dirección, aparecen en la imagen el Alcalde Tito Palestro, Pablo de Rokha, Mario Palestro, Mario Ferrero, Juan Godoy, Teófilo Cid, Nicomedes Guzmán y Mahfud Massis (Fuente imagen: revista "Qué Pasa" de mayo de 1979).
En el mismo año de 1941 entró a trabajar al controvertido periódico "Las Noticias Gráficas", donde llegó a ocupar el cargo de Director una década más tarde. La sede del diario se encontraba en la primera cuadra de Teatinos, justo al lado del Palacio de la Moneda, en un antiguo edificio que ya no existe. Ahí compartió oficinas con sus colegas Antonio Poupin, el Negro Jorquera y Hugo Mariñán, entre otros destacados referentes del periodismo nacional. Guillermo Ravest Santis, quien trabajaba por entonces en el mismo recinto del diario pero para la Agencia Cooper, recodaba en su libro autobiográfico "Pretérito imperfecto" cómo el inquieto y prolífico hombre de letras era parte de los pocos periodistas que debían quedarse redactando durante el fin de semana, prácticamente la edición completa de "Las Copuchas Gráficas" como llamaban jocosamente al tabloide:
"Y ahí estaba Raúl Morales Álvarez redactando sin parar sus crónicas surtidas, con un sándwich a medio comer, y junto a la pata del escritorio, su correspondiente botella de vino".
En 1942, contagiado de la popularidad que tenían entonces las crónicas policiales en las que colaboraba (área en que muchos lo consideraron el mejor exponente en la toda historia nacional), creó a revista "Delito", de la Asociación de Reportes Policiales de Chile. El primer ejemplar del desaparecido medio fue lanzado hacia septiembre de ese año.
Su círculo también es un torrente de genialidad: Tito Mundt, Nicomedes Guzmán, Daniel de la Vega, Luis Enrique Délano, el trágico poeta Luis Cerda Barrios, Antonio Rocco del Campo, Hernán del Solar y tantos otros, unos recordados y los que no, olvidados o perdidos. Sus propios amigos y conocidos tienen la grandeza suficiente para aparecer en sus crónicas: desde Pablo de Rokha a Carlos Canut de Bon. Y él mismo aparece, además, en las semblanzas de unos y otros, como si se completaran todos entre sí, en su generación.
Había contraído matrimonio con la escultora Helena Wilson, a quien conoció el 17 de abril de 1937 mientras la entrevistaba, enamorándose ambos perdidamente y de manera inmediata. Se casaron a los cinco días (y se habrían casado en el cuarto, según confesó una vez, pero era domingo), con sus colegas de "Ercilla" el dibujante Olmos y el fotógrafo Torrente como testigos. Con ella tendrá cuatro hijos: Raúl, Juan, Miguel y Gabriel. El matrimonio durará casi 50 años, y vivirán por largo tiempo juntos en el famoso Hotel Victoria del centro de Santiago, en la época de oro de este establecimiento y de su reputado restaurante, frecuentado por artistas e intelectuales.
"Raúl Morales vivió la bohemia como amigo y periodista de grandes campañas -recordaría Oreste Plath-. Su compañera, cuyo matrimonio fue mirarse, amarse y casarse, realizaba esculturas, cerámica, hierro forjado y esmalte sobre metal, para terminar haciendo periodismo, cuyo seudónimo La Huasa, la hizo conocida. Morales, también Sherlock Holmes, tenía en Las Últimas Noticias una columna literaria: "Un libro para hoy", la que al pie decía: "Quienes se interesen en estos comentarios deben dirigirse a Raúl Morales Álvarez, Hotel Victoria, Huérfanos 801, Santiago".
En 1953, se incorporó al cuerpo periodístico del diario "La Sexta", ingresando luego al diario "El Clarín", en una de las experiencias que más se recuerdan de su carrera y de su decidido antecedente de simpatía por el allendismo, años aquellos en que todavía le quedaba algo de su militancia comunista. En este último medio fue donde escribió con el pseudónimo de Sherlock Holmes, que se suma a la larga lista de alias que ha usado para sus crónicas y reportes, como Pickwick en "Las Últimas Noticias", Simbad el Marino en "La Discusión" de Chillán, Capitán de Navío en "El Sur" de Concepción, además de otros como Ergo Sun y Argonauta, demostrando de paso que su juvenil encanto por la marina y la navegación también le acompañó por siempre, algo que tampoco escondió en sus crónicas. Otros de sus pseudónimos fueron Arcadio y Montana en la revista "En Viaje" de la Empresa de Ferrocarriles de Chile, además de Sagitario y La Huasa, suponemos que este último en honor a su querida Helena. Es uno de los periodistas chilenos de los que se tienen más pseudónimos en registro.
En 1955, envía a imprentas su nuevo trabajo "Denso viene el día", enfocado en el mundo del hampa y en las correrías de rufianes como el El Fraile, el Panamá Jones, el Manosanta, el Naita-e-Tonto, entre otros. Conoce bien todos estos pantanos desde sus primeros años de reportero y de noctámbulo, que lo han llevado por las sombras de los puertos, por la fiestas desenfadadas del famoso barrio santiaguino de Los Callejones de Diez de Julio, del Barrio Chino de Mapocho, de Las Hornillas de Vivaceta, también ya diluidos en el tiempo y en donde se relacionó con las casi míticas ninfas del sexo furtivo y de la Luna llena de aquellos años, como Berta la Coja, la Ñata Inés, la Metro Ochenta o la Loca Marión.
"Con todo esto -describía a esta última-, las piernas, la perfecta, redonda y sensual del tórax jocundo, los labios besadores, la cicatriz para el misterio de las palabras más íntimas, la “Loca Marión” surgía a través de la antigua noche de Santiago, asomada a las esquinas y a su perenne escándalo, a veces vestida con pieles y largos trajes, y a veces también con harapos, sonriéndole al transeúnte y llevándoselo siempre, fatalmente siempre, como engarfiado en la tibia emoción de su sonrisa de vieja y sabia gozadora".
Son sus fantasmas de épocas extraviadas, esfumadas, de las que acaso no quedaría huella si no fuera porque el propio Morales Álvarez y otros talentos alcanzaron a escribir algo de ellas, antes de verlas consumirse en los inciensos de los calendarios. Ama al roto chileno y a su hábitat de la misma manera que rinde loas al Carrillón de calle Merced y que profesa con ardor el futuro de Chile en el mar del Pacífico. "Soy ateo gracias a Dios", solía decir con jocosidad, algo que nunca nubló ni contaminó su admirable entusiasmo por describir el culto y el folklore religioso del pueblo en torno a la Virgen de Lo Vásquez, de La Tirana, de Las Peñas o de la Candelaria.
Nunca abandona el periodismo, en tanto. Por sus entrevistas han pasado Pablo Neruda, Gabriela Mistral y hasta el Presidente Eduardo Lonardi en Argentina para la revista "Ahora", sólo días antes de ser derrocado en 1955. Y al tiempo que escribe, oficia también como crítico literario de "Las Últimas Noticias" en su sección titulada "Le Recomiendo un Libro para su Weekend"; inclinación que mantendrá activo hasta sus últimos días. Es miembro fundador de la Alianza de Intelectuales. Aparece en cuerpo y alma por el famoso bar "Roxy" de Santiago Centro, donde se codea con figuras como Ricardo E. Latcham, Manuel Lagos del Solar y don Carlos George-Nascimento, entre otros, como lo testimonia Plath, otro de los concurrentes a este sitio. Y en el bar "Black & White", que funcionaba en la Casa Colorada de calle Merced, se reúne nuevamente con Mundt, el caricaturista Raúl "Chao" Figueroa, Teófilo Cid y Juan Emilio Pacull. Como Sabella y Jacobo Danke, también asiste asiduamente al "Hércules" de calle Bandera, "siempre acompañado con personajes de leyendas, de pasiones que él convertía en crónicas periodísticas, enjundiosas de intención y motivación", para seguir en datos aportados por Plath. También iba al "Martini", de la misma calle pero más cerca de la Plaza de Armas y donde había celebrado la cena de su casi improvisada y rauda boda organizada contra reloj.
Sólo consigue retirarse parcialmente de estas aventuras cambiando constantemente de casa y viviendo por distintos períodos en el balneario de Cartagena, en La Reina, en Linderos, en Buin, en Llolleo, en Valparaíso, en Villa Alemana y más de una vez de vuelta en Santiago. Incluso pasó una larga temporada en Argentina, donde fue redactor y director de medios. Cuando estaba en la capital chilena, se veía con frecuencia al matrimonio en el "Bar Nacional" de Huérfanos, donde Morales era muy popular entre los comensales.
Plath comenta que, cuando cumplió medio siglo de vida, en 1961, declararía emocionadamente:
"Cincuenta años no señalan los de ninguna vejez verdadera todavía. Aún tengo las espaldas rectas, la mano firme y un ambicioso afán para el sueño y la conducta (...) Si de todos modos me han de llamar un día y he de irme, quisiera partir ahora, antes de tiempo, cuando todavía me la puedo, muriéndome en mi ley, de pie, bien estaquillado, de repente y sin doctores, pero con charla y con amigos, trasnochado, con una copa en la mano y los ojos de La Huasa mirándome los míos, para llenármelos de amor".
Su energía y su irreverencia expresadas en las letras y columnas, varias veces lo metieron en problemas, al punto de que hubo un tiempo en que debió transitar escoltado por guardaespaldas o amigos que le brindaran protección. Sus pasiones patriotas también le jugaron en contra: hacia 1963, en plena invasión argentina a los valles chilenos de Palena, Morales Álvarez saltó a la palestra condenando la prepotencia del vecino país y denunciando la pasmosa pasividad rayana en la cobardía del Gobierno de Jorge Alessandri, audacia que le costó varios meses de cárcel en el penal Capuchinos.
Fue distinguido con varios reconocimientos a lo largo de su vida profesional: en 1950, por ejemplo, obtuvo el Premio al Mejor Artículo extendido por el Círculo de Periodistas. Al año siguiente obtuvo tres galardones: El Mejor Artículo, El Mejor Título y La Mejor Crónica Policial. En el cincuentenario de la Editorial Zig Zag, es reconocido su libro "Denso viene el día". Pero, sin duda, el mayor de todos fue el Premio Nacional de Periodismo, que recibiera en 1964 muy merecidamente, haciéndose justicia con su persona y saldándose una deuda que tenía el mundo de los medios con su vasta y extraordinaria obra. Publicará un año después un nuevo libro: "Soldados de la fortuna", que había comenzado a escribir sólo días antes de iniciado su presidio por el caso de Palena. En 1967, además, fue uno de los receptores del Premio Nacional del Pueblo "Pablo de Rokha", por su trabajo en función de instruir y valorizar las clases populares y su cultura.
Siempre permanece ligado al periodismo que descubrió en sus años universitarios publicando en pasquines del nacismo criollo, según recordaba Tito Mundt. Y todavía en los ochentas, trabaja para "La Tribuna". A pesar de sus coqueteos con orientaciones de izquierda, su nacionalismo y las envidias de quienes se sentían eclipsados llevaron a algunos duendes a realizar odiosas acusaciones contra él, intentando vincularlo a los aspectos más oscuros y reprochables del contexto de época en que se vivía entonces, bajo el Régimen Militar. A pesar de ello, fue un visionario: pronosticó tempranamente la caída del Muro de Berlín, ante la incredulidad y hasta la mofa de otros intelectuales y camaradas. Y en plena crisis del Canal de Beagle, volvió a alzar la voz en defensa de Chile y su territorio, pese al silencio casi sepulcral que se mantenía aquí respecto de los detalles de la controversia, alineándose con el interés nacional y con las acciones del gobierno de facto de entonces, decisión que muchos de sus enemigos jamás le perdonaron.
Pero la desgracia toca su puerta, con el pasar de los años... Su amada Huasa, la mujer que llenó su existencia por 49 largos años, su compañera y complemento de vida, comienza a perder el soplo cálido de la vitalidad en que ambos se compartían y fundían. Diagnosticada del mal de Parkinson, queda imposibilitada para valerse por sí misma, y Raúl se vuelve su cuidador, hasta que ella fallece. Una hermosa historia de amor llegaba a su doloroso fin, cuando el periodista se aproximaba ya a los 80 años.
Pasado un tiempo, Raúl Morales Álvarez se trasladó a Quillota y contrajo matrimonio nuevamente, esta vez con doña Ángela Arancibia. Vivió con intensidad esta relación, inspirándose en ella para comenzar a escribir otra vez. Allí falleció el 5 de mayo de 1994, al fallarle su corazón justo cuando se preparaba la publicación de su último libro: "Hazaña y desventura del pillo del pájaro", obra con las aventuras del cuatrero y abigeo Joaquín Lumbreras Padilla, que había concebido durante el año anterior y con una intensa carga de pasión amatoria, inspirada en su propio momento de vida.
A su vastísimo legado escrito y recuerdos, se suma el haber dejado un punto de referencia luminoso y pulsante para la mejor y más valiosa historia del periodismo chileno, desde sus orígenes hasta nuestros días. No hay duda de que se trata, por lo tanto, de uno de los más grandes y determinantes profesionales de la crónica y del editorialismo que han conocido estas tierras llenas de melancolías y memorias náufragas en las hebras cronológicas.

viernes, 12 de agosto de 2011

FRAGMENTOS DE LA ÉPOCA DORADA DEL VIDEOJUEGO (Capítulo 5): "PONG"

Cabina de los primeros "Pong", en lo que marcó el origen de los juegos arcade y de los centros de videogames. Fuente imagen: www.gamereactor.dk
El inicio de una gran revolución en las tecnologías recreativas tuvo lugar en noviembre del año 1972, cuando salió al mercado el alguna vez famosísimo game electrónico "Pong", que -en muchos aspectos- diera el paso fundacional hacia los modernos sistemas y productos del mercado de los videojuegos, aunque su éxito se basó más en la conquista comercial que en la estricta originaliad, como veremos.
Nacido como juego de destreza y simulación deportiva, particularmente del ping-pong o tenis de mesa, consistía en una representación de un partido donde dos simples líneas o barras blancas eran las paletas de los jugadores y un punto rebotaba por la pantalla como una pelotita. Bastaba una línea segmentada en el eje central para señalar la posición de la red. El juego simulaba la posición de un tablero visto en forma horizontal, y podía usarse con uno o dos jugadores.
Su creador fue el ingeniero Nolan Bushnell, asistido por su colega y socio Ralph Baer, a quien muchos señalan como principal impulsor del proyecto, desarrollándose en la Syzygy Engineering para su célebre compañía Atari, la creadora de las populares consolas con su nombre, mismas que alegraron las navidades de tantos niños de entonces. De hecho, llamado también "Tele-Pong" en su época, el videogame marca el inicio de los juegos de la consola en Atari, que incluso produjo un joystick especial para sus jugadores, que contaba con una perilla de rueda además del botón, para los movimientos duros y rectos del cursor que hacía la representación de la paleta.
Sin embargo, "Pong" no estuvo ajeno a las controversias comerciales a pesar de su adjudicado carácter pionero: fue objeto de una disputa de derechos a raíz de su semejanza con el juego Magnavox Odyssey, de las consolas de esta filial de la compañía Phillips, cuyo prototipo había sido trabajado por el propio Baer a fines de los sesenta. Este juego también estaba basado en el ping-pong y era anterior. De hecho, había existido un prototipo llamado "Tennis-4-2", desarrollado en la década anterior, cuyo concepto es básicamente el mismo. A diferencia de sus competidores y precursores, sin embargo, "Pong" alcanzó mucha más popularidad y dio impulso a esa primera generación de videogames que se prolongaría hasta los años ochenta, y de la que hemos visto ya ejemplos como el famosísimo "Space Invaders", cuyos movimientos limitados del módulo de disparo inevitablemente recuerdan a los del jugador de "Pong".
Como se puede observar en el emulador adjunto a este texto, su sencillez de gráfica en blanco y negro y con escasos sonidos sorprende en nuestros días y probablemente pueda motivar hasta burlas, pero su conjunto de características fue toda una innovación en su época, creando la leyenda de que se trata del "primer videojuego de la historia" en el mito popular, afirmación que es incorrecta, pues este prestigio parece corresponder a juegos eléctricos como OXO, que a principios de los cincuenta simulaba una partida del llamado "gato" o "tic-tac-toe".
Para poder producirlo y perfeccionarlo, se contrató al talentoso ingeniero eléctrico Allan Alcorn, quien diera el diseño definitivo a "Pong" cuando debutó ante el mundo. Y ya en la etapa de lanzamiento, se realizó un experimento que también fue revolucionario, pues dio impulso al sistema de presentación comercial arcade para los videojuegos: se dispuso de una rústica cabina experimental de monedas con un televisor adaptado, en una tienda frecuentada por niños y adolescentes. El éxito fue tremendo y las filas de muchachos llenaban tanto las dependencias donde estaba el videojuego como las expectativas de ganancia segura de los inversionistas. Tenía ya entonces, además, la característica de poder ser jugado por dos usuarios enfrentándose entre sí.
Los creadores de "Pong", así, jamás se esperaron el enorme éxito que tuvo en sólo unos pocos días de instalada, naciendo con ello la cultura de los centros de juegos electrónicos, además. 1975 parece hacer sido el año del apogeo del juego. Después de "Pong" y su curiosa forma de ser presentado al mercado, entonces, el mundo de los juegos electrónicos y digitales jamás volvió a ser el mismo.
Hubo varias versiones del "Pong" a partir de la original, pero todas ellas se basaron en el mismo sistema y variaron sólo en detalles secundarios. Algunos admiradores y nostálgicos siguen venerándolo en sitios webs como www.ponggame.org.

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