jueves, 29 de septiembre de 2011

LUIS F. ROJAS: EL HOMBRE QUE ILUSTRÓ NUESTRA HISTORIA

 
Retrato de Luis F. Rojas (1857-1942) en "Episodios Nacionales" (primera edición). Imagen de la colección del investigador Marcelo Villalba S.
Pocas cosas podrían parecen tan entretenidas para algunos, como mirar con tiempo y al detalle los dioramas de Zerreitug (Rodolfo Gutiérrez) donde quiera que alguien haya tenido la astucia y generosidad de poner uno, reconstruyendo tras las vitrinas esos episodios históricos que, de otra forma, sólo quedaría imaginar en blanco y negro a partir de las a veces confusas o imprecisas descripciones que suelen hacer los historiadores sobre los escenarios de nuestra propia vida nacional.
Mucho antes que Zerreitug, sin embargo, existió Luis F. Rojas, un personaje equivalente al valor didáctico de su trabajo en el contexto de tiempo que le correspondió.
Retrato fotográfico de Luis F. Rojas en imagen publicada por la revista "El Peneca" de Zig-Zag, en 1911 (imagen: Memoria Chilena).
Sin ser un ilustrador particularmente deslumbrante como otros que han existido en nuestra patria, Rojas permitió a varias generaciones de chilenos el poder visualizar con gran precisión esos episodios, a través de sus maravillosos dibujos que lo han convertido en uno de los ilustradores más importantes y prolíficos de toda la historia, sino el mayor de todos, con una enormidad de trabajos que llevan su firma, más muchos otros que se presumen de su mano y que quedaron en el registro del editorialismo popular y literario chileno.
Luis Fernando Rojas Chaparro nació en la localidad de Casablanca en 1857, en una familia de escasos recursos. Inició sus estudios en una escuela local y, tras emigrar con su madre hasta la capital chilena, sus talentos como dibujante y retratista comenzaron a asomar.
Entró al Instituto Nacional, donde tomó clases de dibujo con el profesor Juan Bianchi, según la información publicada por el Registro de Sellos de Correos de la Universidad de Chile. Eso fue hacia 1871.
Dibujo de Luis F. Rojas para el artículo "El primer desorejado" sobre el español Gonzalo Calvo de Barrientos y su encuentro con la expedición de Almagro en Quillota ("Episodios Nacionales", editado bajo dirección de A. Silva Campos, Editorial O’Higgins, Biblioteca de los Anales de Chile, 1941).
Dibujo de Luis F. Rojas para el artículo "El abuelo de Lord Byron" sobre el naufragio de Chiloé ("Episodios Nacionales", editado bajo dirección de A. Silva Campos, Editorial O’Higgins, Biblioteca de los Anales de Chile, 1941).
Guardiamarina Ernesto Riquelme en ilustración de Luis F. Rojas para el "Álbum de la Gloria de Chile" de Benjamín Vicuña Mackenna.
Escudo familiar de don Pedro de Valdivia, dibujado por Luis F. Rojas para el "Diccionario biográfico colonial de Chile" de José Toribio Medina (Imprenta Elzeviriana, Santiago, Chile, 1906).
Posteriormente, el artista se haría alumno Cosme San Martín en la Academia de Pintura, en 1874. Ese mismo año ganó el Primer Premio de Dibujo otorgado durante la Exposición del Salón Nacional en Santiago. También fue alumno de Ernesto Kirchbach en clases de dibujo a carboncillo y de Juan Mochi en pintura al óleo, según la información biográfica del portal de Artistas Plásticos Chilenos, hasta que diferencias con este último lo alejaron de la escuela.
Alejado ya de la Academia, en 1875 comenzó a abandonar la pintura y a trabajar como litógrafo, oficio en el que fuera iniciado por Saling. En este rubro, se desempeñaría inicialmente en la revista "Correo de la Exposición" del cuerpo diplomático, que dio partida a su circulación con motivo de la Exposición Internacional.
Había comenzado, con ello, la carrera que lo convirtió en el primer dibujante de Chile, profesión que por más de 65 años ejerció apasionadamente pero de forma solitaria e independiente, casi anónima, pues muchísimos de sus trabajos fueron firmados con pseudónimo o simplemente no rotulados, haciendo más difícil la tarea de sus admiradores de poder rescatar la totalidad de tan extenso legado.
Caricaturas en "La Lira Chilena" (1900), satirizando con ratas y ratones.
Las litografías de Rojas fueron, además, las mejores y más populares que se conocieron en la época, y sólo problemas físicos al final de su larga y productiva vida lograron interrumpir esta vitalidad.
El autor sería requerido por autores de la talla de Benjamín Vicuña Mackenna, Julio Bañados Espinosa, Diego Barros Arana y José Toribio Medina para sus respectivas publicaciones, por lo que el permanente ritmo de actividad en que se halló siempre fue asombroso y envidiable. Según el mencionado portal de Registro de Sellos de Correo de la Universidad de Chile, Vicuña Mackenna incluso le ofreció al entonces joven artista, enviarlo a estudiar a Europa pagando los gastos, pero Rojas debió desistir de tan tentadora oferta a causa de la enfermedad que padecía su madre y de los cuidados que esto generaba, además de encontrarse próximo a contraer matrimonio. Fue así, entonces, que Chile se perdió quizás, la oportunidad de poner otro artista de renombre en los circuitos internacionales.
Sus ilustraciones aparecieron en la primera edición de la "Historia general de Chile" de Barros Arana y en el "Diccionario biográfico colonial de Chile" de Medina, pero los más célebres quizás sean el "Álbum de las Glorias de Chile", publicado por Vicuña Mackenna en plena Guerra del Pacífico y con un repaso monumental por los héroes y personajes del conflicto; y por supuesto la compilación de "Episodios Nacionales" de Silva Campos, donde Rojas paseó su pluma por 150 hitos históricos de Chile que van desde el origen del Camino del Inca hasta la tragedia de Alpatacal en 1927. Este trabajo tuvo reediciones y aumentos de capítulos posteriores, con nuevas ilustraciones del autor agregadas hacia el final del grueso libro.
Dibujo de Luis F. Rojas para el artículo "¡Alpatacal!" la tragedia ferroviaria den 1927 en Argentina ("Episodios Nacionales", editado bajo dirección de A. Silva Campos, Editorial O’Higgins, Biblioteca de los Anales de Chile, 1941).
Se desempeñó como reportero gráfico, ilustrador editorial y también corresponsal en los tiempos de guerra. Fue autor de los dibujos publicados en la "Galería de Madres Patriotas" y los "Motivos heroicos de la Guerra del Pacífico", que ejecutó con ilustraciones a color; ambos trabajos prácticamente desconocidos en nuestros días. Algunos sellos de correo provienen de su talento, además. También trabajó en las periódicos y revistas como "La Época", "La Ley", "La Lira Ilustrada", "El Taller Ilustrado", "El Peneca", "El General Pililo", "El Padre Padilla", "Padre Cobos", "La Tarde", "Le Fígaro", "El Ferrocarril", "El Nuevo Ferrocarril", "Los Tiempos" de Justo Arteaga y "Los Diarios" de Juan Rafael Allende. En 1895, fue uno de los fundadores de "La Revista Cómica" y en 1898, asumió como director de a revista "La Lira Chilena", permaneciendo cerca de una década en el cargo.
El Maestro Rojas, le llamaron merecidamente en los medios de prensa de su tiempo. Hacia el cambio de siglo tenía su casa-taller en Eleuterio Ramírez 1263, a poca distancia de calle San Diego, como se constata en una anotación en sus caricaturas para la última de las revistas mencionadas, en 1900.
Don Manuel Antonio Matta, dibujado por Luis F. Rojas.
Dibujo de Luis F. Rojas para el artículo "Un trágico motín en Magallanes" ("Episodios Nacionales", editado bajo dirección de A. Silva Campos, Editorial O’Higgins, Biblioteca de los Anales de Chile, 1941).
Ilustración para "Episodios Nacionales", mostrando al Cristo de la Agonía sobreviviendo al terremoto del 13 de mayo 1647, en el artículo "El Señor de Mayo".
Imagen del héroe de la Guerra del Pacífico Comandante Eleuterio Ramírez, coronado por la musa heroica tras su sacrificio en la Quebrada de Tarapacá. Una de las innumerables imágenes de Luis F. Rojas para el "Álbum de la Gloria de Chile" de Benjamín Vicuña Mackenna, de 1883.
Pero a pesar de esta enorme cantidad de trabajos con o sin su distintiva firma, él siempre permaneció en el desconocimiento de la mayoría del público consumidor de esta clase de publicaciones, en otro curioso caso donde la obra supera ampliamente al creador. Por esta razón fue que, hacia 1911 y luego de las grandes celebraciones del Primer Centenario, el periodista e historiador Enrique Blanchard-Chessi, director de la célebre revista infantil "El Peneca" de la Zig-Zag, publicó un artículo invitando a la comunidad intelectual a reconocer el valor del trabajo de Luis F. Rojas y su importancia en la cultura y la educación chilenas. Lamentablemente, no parece haber tenido tanta respuesta en su cruzada.
El valor de la obra de Rojas radica, principalmente, en haberle dado vida en los libros a episodios de la historia cuando no era posible aún la impresión de fotografías, de la misma manera que nuestro actual Zerreitug lo ha hecho antes del acceso masivo a las tecnologías de 3D y todavía sin que éstas puedan superar la calidad de su trabajo. De ahí la comparación. En ambos casos, además, la expresión, el talento y la calidad sensible del artista ha sido vital para la reconstrucción de las imágenes y la recreación histórica.
Caricatura de don Guillermo Matta por Luis F. Rojas, reproducida en la exposición "Escritores en Caricatura: la otra mirada" de la Dibam, de mediados de los noventa.
El caso de Rojas, con su maestría para trabajar el lenguaje alegórico, con sus incursiones en la caricatura-comic y con su particular forma de ejecutar la ilustración de anécdotas o sucesos con cargadas connotaciones (heroicidad, tragedia, sacrificio, victoria, patriotismo, etc.), se corresponde con el inicio de la época de esplendor del editorialistmo artístico chileno, señalando los orígenes del diseño gráfico nacional junto a otros artistas como Pedro Subercaseaux, Julio Bozo (Moustache) o Alejandro Fauré.
Luis F. Rojas falleció en 1942, en su ciudad adoptiva de Santiago, tras haber tenido que dejar ya la ilustración pasados los 82 años de vida, sólo por razones de capacidades físicas. Sus últimos años los pasó inválido, viviendo en un asilo, según comentan algunos autores como Jaime Soto Aliaga en su libro "El arte en los sellos postales de Chile". Aunque gozaba de un gran prestigio en el mundo editorial, nunca recibió un reconocimiento formal por su enorme obra, salvo aquel galardón del que se hiciera receptor en sus inicios, como expositor del Salón Nacional.
Su trabajo ha resultado tan grande y voluminoso que la Biblioteca Nacional finalmente creó, en 1994, un Archivo Documental de Luis Fernando Rojas, considerando que sus imágenes aparecen y reaparecen por las portadas, contraportadas, contratapas, ex libris, ilustraciones interiores, retratos, decoraciones, láminas litográficas y grabados de cientos de ejemplares allí resguardados. Otra razón para no dudar de que Rojas ha sido, definitivamente, el más importante y trascendente de los ilustradores editoriales chilenos.

RECUERDOS UNIVERSITARIOS SOBRE UNA FUENTE DE SODA EN LA ALAMEDA

Sector donde antes se encontraba la schopería.
Coordenadas: 33°26'41.70"S 70°39'24.59"W (aprox.)
Había una vez... un grupo de tres estudiantes de la Universidad Central en Parque Almagro que, preparándose para una disertación en clases de Elementos de Derecho, fueron a una fuente de soda ubicada en plena Alameda Bernardo O'Higgins, entre las calles Amunátegui y San Martín, y sumidos en sus nervios bebieron tantas jarras de espumante cerveza que se presentaron prácticamente ebrios a dar la famosa exposición. Bueno, no les fue mal... Pero no fue coincidencia de ninguno de los tres involucrados llegara a titularse en aquella carrera de Administración Pública, desertando todos en años posteriores aun cuando las cosas salieran bastante bien aquel día.
Nunca olvidé ese restaurante y bar: aunque jamás supimos su nombre oficial, como afuera mostraba unos carteles diciendo Pub's Schopería-Restaurant, así quedó bautizado para nosotros. Volvimos a pasar varias veces a sus salas de alegres tardes, frías a morir en invierno y calurosas como sauna en las proximidades del fin de año. Los schops eran baratos y grandes, y por mareo o por bajón de hambre siempre terminábamos acompañándolos invariablemente con un completo o un lomito cargado a la mayonesa blancuchenta, esos almuerzos tan propios de la época universitaria.
Ya he contado antes, a propósito del desaparecido mini-restaurante "El Bigote", que no había buenos lugares de alimentación ni cañoneo en el entorno inmediato del actual Barrio Universitario del sector Parque Almagro y Toesca. Por el contrario, y salvo por lugares de calle San Ignacio como el casino del Club Naval y una pastelería árabe cercana, los boliches eran pocos, mal surtidos y a veces abusivamente caros, por lo que los de clase media y media-rasca preferíamos salir a buscar algún sitio más cómodo y apropiado a nuestro presupuesto. Por supuesto, eran los años del retorno a la democracia: principios de los noventa.
Fue así como llegamos al Pub's, una tarde de aquellas, entre los vacíos del horario de la infame malla curricular. Sabíamos que existía allí cuanto menos desde los años ochenta, aunque no recuerdo quién era su propietario. Usando el doble sentido y la picardía, le llamábamos el "Puby's", y por algún breve tiempo fue lugar de encuentro entre los compañeros de clases que en esos años simpatizábamos o militábamos entonces en la trinchera de izquierda, ya que la fauna ideológica mantenía códigos de separación y territorialidad bastante estrictos al interior de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas... Comportamientos que hoy, por supuesto, me parecen jugarretas infantiles.
El local era concurrido por otros universitarios del sector y se encontraba a la sombra de la gran Torre Entel, en un conjunto de negocios vecinos al elegante edificio neoclásico ocupado por el Hotel Diego de Almagro. Quizás recibía turistas también, pero en las horas en que íbamos nosotros era más corriente encontrar estudiantes y empleados del sector. El primer piso era el típico de una schopería chilena, con barra, fuente de cerveza y mesas con asientos apernados en el suelo. El segundo piso era más hogareño, aunque de techo un poco bajo; tenía mesas libres y ventanales que daban a la Alameda. Era entretenido sentarse allí a mirar y comentar la belleza de las muchachas que pasaban por la vereda o el bandejón de la avenida. En varias ocasiones estuvimos totalmente solos sentados allá arriba, siempre mirando hacia el transitar de los peatones por la berma.
Fue allí, hasta ese segundo piso, donde llegamos aquella jornada a estudiar nuestra disertación que debía ser rendida en sólo un par de horas. Éramos tres pagando por turnos cada vuelta de grandes schops: me acompañaban el Zanahoria Olmos y el Chaucha Sagüés. Con Olmos teníamos varios amigos en común, y su apodo era merecido por sus cabellos colorines. Había vivido en Cuba, aunque su acento chileno estaba intacto. Su familia estaba vinculada a las artes escénicas infantiles y a la titiritería en "El Galpón de los Olmos", desaparecido local y teatro del sector Bellavista que tuve ocasión de visitar varias veces con él y en donde uno de sus tíos interpretaba al entonces popular Perro Lenteja, personaje de la televisión para niños. Sagüés, en cambio, era un tipo rubio, delgado y alto de gran sentido del humor, que había vivido en varias partes del mundo y creo que había pasado también por Rumania, país en el que hacía pocos meses había caído dramáticamente el régimen de Nicolae Ceausescu, por lo que nuestro amigo fue apodado entre nosotros Chaucha en aquellos días, aludiendo al nombre de pila que compartía con el derrocado dictador. Permaneció un año más en la misma carrera, antes de emigrar a una universidad tradicional, creo que a Historia. Con ellos viví, además, la desagradable experiencia de una visita a un bravo restaurante del sector, llamado "El Panameño" y del que ya he hablado en otro posteo.
Sucedió que aquella tarde, entre la guata vacía y los nervios, súbitamente nos dimos cuenta de estar pasados de jarras y en el momento preciso en que se acercaba la hora de exponer ante el evaluador. Habíamos ensayado mil veces nuestros respectivos contenidos a disertar y las posibles preguntas que nos harían al respecto, pero el descubrirnos de pronto con la lengua traposa y la cabeza en órbita, nos llenó de inseguridad y el temor. El Pub's, testigo y cómplice de nuestras angustias, se había vuelto ahora también nuestra evasión y apuesta de todo o nada... Pese a todo, la exposición salió perfecta y todos nos fuimos con buenas notas, casi sin poder recordar al otro día lo dicho y lo callado durante la prueba. Pienso que la cerveza, en lugar de cohibirnos, sirvió más bien de relajante. Incluso Sagüés encontró una oportunidad hasta para ejemplificar improvisadamente ante una consulta sobre derechos que le asisten a las personas naturales (humanos) y no a los animales, comentando el famoso caso del rinoceronte Cacareco del zoológico de São Paulo y su "triunfo" en las elecciones alcaldicias de 1959. Él también había vivido en Brasil, por cierto, donde pudo saber mejor de este suceso histórico que la mayoría desconocíamos entonces.
Fue así como aquel día, en lugar de caer traicionados por el poder embriagante de las cervezas del Pub's Schop de Alameda, milagrosamente terminamos siendo aplaudidos por nuestra exposición ante el público y el evaluador de aquella sala... O al menos así lo recuerdo vagamente, más por el alcohol en la sangre de ese día que por el largo tiempo que ha transcurrido. Fue una lástima que todos perdiéramos contacto en años posteriores, con amistades que se alejaron como esos barquitos de papel arrojados a una laguna y separados por las tenues ondulaciones del agua; pero así cómo funciona la propia vida, en su acumulación expansiva de experiencias e historias.
Pasé varias veces por ese restaurante, recordando los años universitarios en este sector de Santiago. El destino me trajo de vuelta a este vecindario en 1997, cuando trabajaba haciendo mi práctica en una carrera muy distinta a la que me permitió conocer el querido "Puby's" de la Alameda. Fue en aquellos años que desapareció con sus meseras en uniformes y sus asientos acolchados, sin dejar vestigios. Me parece que su espacio fue ocupado efímeramente por un restaurante de otro nombre, también frecuentado por universitarios, pero ya dentro de una gama mucho más amplia y variada de locales para este público específico en todo aquel sector de la ciudad.
La feroz remodelación de todo el sector incluyó la demolición del edificio comercial donde había estado el boliche y la construcción de nuevos y modernos edificios de cristales que forman ahora un pasaje, además de un supermercado subterráneo con estacionamientos, a un costado de la Torre Entel. El lugar que ocupó nuestra querida fuente de soda desapareció fagocitada por el progreso, quedando ese espacio peatonal abierto en el lugar aproximado hacia donde antes se lo hallaba.
Y es así que había una vez, entonces, una fuente de soda que presumía impostoramente de ser un pub, lugar de acogida, desvarío y hasta estudios para alumnos superiores, cocina de comidas rápidas, de sanguchitos y de jarros schoperos, pero del que ya no queda nada más que su propia ausencia, y si acaso hubiese alguien que aún la sienta.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

LA "CANCIÓN BEODA DESDE LA TUMBA", DE LOVECRAFT

Ésta es la “Drinking song from the tomb”, un poema del maestro del terror H. P. Lovecraft, publicado en castellano en “La noche del océano y otros escritos inéditos” (Editorial EDAF S.A., Madrid, España -1991):
Acercaos, camaradas, acercaos con vuestras jarras de cerveza
y brindad por el presente antes de que se vaya;
Rebosad vuestros platos con montañas de carne
pues el comer y el beber nos traen la alegría:
Así que llenad vuestros vasos
pues la vida pronto pasa;
¡Quién si no brindará por vuestro rey o vuestra mujer cuando estéis muertos!
Anacreonte tenía la nariz, según dicen;
Pero ¿qué importa la nariz si se es feliz y se está alegre?
¡Que dios me maldiga! ¡Prefiero estar rojo pero estar aquí,
que blanco como un lirio, muerto y enterrado!
Así que ven conmigo, Betty, mi niña,
ven y dame un beso.
¡No hay en el infierno hija de posadero como está!
El joven Harry se mantiene todo lo recto como puede,
pero pronto perderá su peluca y se caerá bajo la mesa;
Pero llenad, llenad vuestros vasos y que corra la bebida.
¡Es mejor estar bajo la mesa que bajo la tierra!
Así que gozad y que siga la juerga,
apurad vuestros vasos y cantad:
¡Es mucho más difícil divertirse bajo seis pies de tierra!
¡Este vino me deja sin sentido! Apenas puedo andar,
¡Y maldito sea si consigo ponerme en pie o hablar!
Eh, posadero, dile a Betty que me traiga una silla:
¡Tu casa será la mía ya que mi mujer no está aquí!
Así que echadme una mano
pues yo ya no me tengo en pie.
¡Pero qué más da mientras pueda seguir sobre la tierra!

martes, 27 de septiembre de 2011

LOS MISTERIOS DE LA ANTÁRTICA EN UNA SELECCIÓN DE VIDEOS

"EL MUNDO FUTURO será de la Nueva Antártida. Puede que la nueva Antártida sea la vieja Atlántida. Y antes y después el mar. He aquí un libro inconcluso. Muertos antiguos y otros recientes me ayudaron. He sido sólo un vehículo del amor eterno. Por ello éste es también el libro de la vida eterna. El libro del país austral de los hielos. Y del Sol Blanco. La parte del libro que debió seguir, prefiero vivirla. Caminar, caminar, hasta encontrar el Oasis del hielo, la Antártida interior, la sonrisa última, la tierna indiferencia, hasta juntarme de nuevo con mi Padre, muerto antaño. Viajero pálido, he aquí el viento, he aquí todo lo perdido. Lo poco ganado. He aquí otra vez el mar..." (Miguel Serrano, "Quién Llama en los Hielos". Ed. Nascimiento, Santiago de Chile - 1957)
Ha llegado carta! Muy interesante, de nuestro amigo Petras, con la siguiente selección de videos relativos a los misterios de la Antártica, publicados en el portal de Youtube.
Parece un desierto, pero tal vez allí se encuentren las claves de muchos de los enigmas antiguos y contemporáneos. Se trata de la Antártica, el continente mágico y misterioso de "Quien llama en los Hielos" de Serrano. He aquí algunos videos testimoniando su poder para seguir generando mitos y enigmas:
El lago Vostok (el último misterio de la humanidad): documental sobre el misterio del lago Vostok, youtube.com/watch?v=gkIxtS_NAXI
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La anomalía magnética del lago Vostok: más sobre el enigma del lago antártico youtube.com/watch?v=lyEnmJIl34I
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"La Antártica Nazi": , video de las expediciones alemanas de 1938-1939 a la Antártica, los primeros en descubrir los lagos y tierra firme (los mismos que en los videos preseñalados se muestran como "descubrimientos modernos") youtube.com/watch?v=OLh9GYbJ9Dk
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Nazis en la Antártica y "Tierra Hueca": programa sobre el interés alemán en la Antártica en los tiempos del Tercer Reich, previos a la guerra, youtube.com/watch?v=oNnYYfdoJ0E
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Felipe Botaya, Antártida 1947 - La guerra que nunca existió: fundamentos del mito de la base nazista en la Antártica explicados en una conferencia, incluso abarcando sus aristas de ficción, como lo hace el investigador Botaya (Primera de cuatro partes disponibles en la secuencia), youtube.com/watch?v=Ud61tgaZ6r0

MIS SUGERENCIAS PARA LA ADVERTENCIA DE LAS CAJETILLAS DE CIRGARRILLOS

  1. Si Ud. fuma, por favor aprenda a hacerlo solo y no pida que lo acompañen a fumar afuera, al patio o al jardín, pues nada es más fome y aburrido que ver a alguien fumando. Sólo sentarse a mirarlo haciendo nada puede ser más tedioso que mirarlo mientras fuma sus cigarrillos, ya que sólo Ud. está sintiendo placer o gusto en ese rato.
  2. Si el restaurante, la heladería, el pub o el café no tienen sala de fumadores, ES PROBLEMA SUYO. Vaya Ud. a fumar en solitario a otro lado o búsquese un local de su comodidad, y no pretenda que sus acompañantes tienen las mismas ganas de caminar cuadras y cuadras que Ud. sólo por buscarle al príncipe o la princesa un lugar donde pueda soplarle el humo en la cara a otros.
  3. El olor del cigarrillo dentro de la casa le puede gustar a Ud., que por el propio vicio ya ha perdido gran parte de sus hábitos de higiene ambiental y los contratos sociales sobre respeto al espacio de otros, pero no puede esperar que tenga la misma clase de gustos torcidos su anfitrión y dueño de casa. Levántese solo a fumar puertas afueras en la casa que visita y no haga la prueba ladina e imprudente de encender primero el cigarro adentro para ver si “le dan la pasada”.
  4. Cuando tenga que salir a fumar al lugar exterior que le corresponde a un tabacodependiente, es decir, al balcón, al patio o al jardín, recuerde siempre cerrar la puerta, ya que todo lo incomodante debe permanecer afuera (las mascotas, el humo del cigarrillo, el frío y Ud.) y todo lo necesario debe quedarse adentro (los niños, el calor, las demás visitas, etc.). Si tiene que cerrar la puerta y volver a golpear para que le abran una vez que ya fumó, no es culpa de los demás que no fuman, sino parte de los problemas que Ud. mismo genera por llevar su vicio a espacios de vida ajena.

lunes, 26 de septiembre de 2011

EL "SILABARIO HISPANO AMERICANO" DEL PROFESOR DUFFLOCQ Y LOS BUENOS DÍAS DE LA EDUCACIÓN CHILENA

Portada del histórico silabario de Dufflocq, ilustrada por Coré.
Hubo una época en que la educación chilena realmente parecía marchar a la vanguardia de América Latina, en parte influida por insignes personajes fundadores que llegaron desde otras regiones a introducir procedimientos y filosofías de la instrucción, como Andrés Bello, Jules Jariez o Domingo Faustino Sarmiento, además de prodigiosos educadores nacionales como Darío Salas, Manuel Montt, José Abelardo Núñez, Diego Barros Arana, los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui, Antonia Tarragó, Valentín Letelier, Isabel Le Brun, Pedro Aguirre Cerda, Gabriela Mistral y tantos otros que merecerían capítulos propios para describir su inmenso pero a veces poco conocido legado en la enseñanza escolar y superior del país.
Este sistema educacional se constituyó, también, en un mecanismo de mejoramiento de las condiciones sociales y accesos de los niños, generación tras generación: además de facultades que le son intrínsecas, como haber reducido el analfabetismo a niveles que llenan de orgullo la historia de la instrucción en Chile, el régimen de obligatoriedad y asistencia a las escuelas permitió implementar planes de combate a la desnutrición infantil con raciones para los alumnos, que lograron erradicar del país este flagelo hacia inicios de los años ochenta, tras una larga y fatigante lucha dada por gobiernos muy distintos entre sí.
Hay un hito que simboliza el éxito y la trascendencia que llegó a tener gran parte del modelo chileno original de educación dado a la luz en la primera mitad del siglo XX, antes de que se perdiera el control del timón y se produjera la debacle que actualmente tiene al sistema por las cuerdas. Se trata del trascendente "Silabario Hispano Americano" de Adrián Dufflocq Galdames, una de las hazañas más grandiosas e internacionalmente reconocidas que se hayan producido por estas tierras, para el sustento y facilitación de la instrucción escolar, reflejo de esos buenos tiempos para las proyecciones de la educación nacional.
SILABARIOS ANTERIORES
Antes de la obra de Dufflocq, existieron algunos silabarios precursores de esta clase de manuales destinados a introducir a los niños en la lectura. Inclusive, está el temprano antecedente de una pequeña "Cartilla o silabario para uso de las escuelas", impresa y publicada en 1810 por el ilustre carrerino, escritor, periodista y futuro ministro chileno José Manuel Gandarillas, en su propia imprenta de Buenos Aires fundada en el exilio, constituyendo el primer silabario propiamente tal conocido en América Latina.
Y curiosamente, si en la Argentina un chileno introducía los silabarios, en Chile lo hizo un argentino refugiado por nuestras tierras, coincidiendo su esfuerzo con los inicios de la alfabetización en Chile y la fundación de la instrucción primaria: el "Método de lectura gradual" de Domingo F. Sarmiento, publicado en 1849 por la Imprenta de Julio Belin en Santiago y en 1857 por la Imprenta del Mercurio de Recaredo Santos Tornero de Valparaíso. Se componía principalmente de combinaciones de letras formando sílabas, sin dibujos ni esquemas, para que el aprendiz las entendiera por el método de asociación y repetición gráfico-fonética, a diferencia de antiguos manuales donde se priorizaba la memorización.
Más tarde, ya en la generación de educadores correspondiente a la segunda etapa de desarrollo de la instrucción pública, Claudio Matte publica el legendario "Nuevo método (fonético, analítico-sintético) para la enseñanza simultánea de la lectura y escritura compuesto para las escuelas de la República de Chile", en 1884, impreso por la Imprenta de F. Brockhaus en Leipzig, Alemania.
Este manual, cuyo largo nombre fue cambiado popularmente al sencillo título de "Silabario Matte" y "El Ojo" (por el primer dibujo instructivo y palabra a aprender que aparecía en sus páginas), se basaba en un texto europeo y fue una verdadera revolución en el método aplicado a los silabarios, al incorporar ilustraciones que hacían más ameno, interesante y fácil su uso entre los niños, asociando la palabra ya no sólo a la forma en que ésta es escrita y pronunciada, sino también al concepto representado en la imagen respectiva que las acompañaba.
Fue declarado texto oficial y pasó desde allí a varios países de América, constituyéndose en uno de los textos pioneros del habla hispana que recurrieron asociación visual de palabras, grafismos y conceptos, método que jamás volvería a desprenderse de los silabarios publicados acá, desde allí en adelante. Es, además, un importante hito de la comunicación gráfica, que varias veces ha pasado inadvertido en los estudios sobre la historia del diseño en Chile.
No menos importante fue, ese mismo año, el lanzamiento del "Silabario Lector", del célebre profesor José Abelardo Núñez, aunque es conocido especialmente por las aparentes alusiones que se hacen a su persona y su rol en la inteligencia chilena durante la Guerra del Pacífico, en la obra "Adiós al Séptimo de Línea" de Jorge Inostrosa.
Si embargo, el golpe más grande dado por los educadores chilenos se iba a gestar en años posteriores, cuando la educación primaria del país ya era obligatoria y se hallaba consolidada después de todo su primer siglo de ordenamiento y estructuraciones.
Portadas de los silabarios de Domigno F. Sarmiento y de Claudio Matte.
ORIGEN DEL SILABARIO DUFFLOCQ
Basándose en el método y el estilo del silabario "El Ojo" de Matte, el sagaz y astuto profesor chileno Adrián M. Dufflocq Galdames, comenzó a elaborar unas cartillas propias y hechas a mano, para enseñarle a leer y escribir a su pequeño hijo. Nacido en 1905, el educador era también un hispanista apasionado y un amante de la lengua castellana, actuando como escritor y editor de la que sería su magna obra ante la historia de la educación mundial.
Dufflocq advirtió que estaba creando una obra que podía ser revolucionaria para la instrucción elemental y decidió publicarla este nuevo silabario, que estaba destinado a ser, quizás, el más importante de todos los que se han producido en la lengua castellana. Él mismo lo definió como un método fónico-sensorial-objetivo-sintético-deductivo que innovaba de manera radical sobre el material existente hasta entonces.
"Mi libro -explicó una vez, en una entrevista- tiende a enseñarle a leer al niño con el mayor rendimiento y con el mínimo esfuerzo".
En un acierto notable, lo tituló "Silabario Hispano Americano", reflejando con ello y de paso, también, la inspiración latinoamericanista e hispánica con que está concebida la colorida obra de principio a fin, aportando entre sus páginas información sobre otros países de la comunidad española y americana, y reproduciendo además sus banderas.
"A los niños de habla española -dice el autor en la dedicatoria-, con mi fervoroso deseo de hacerles llano y fácil el camino en este primer paso del conocimiento de nuestra hermosa lengua".
Esta pasión hispanista de Dufflocq también se revela en muchos de los textos del silabario, tales como "Antonio viajará a España", "España está en Europa" y "A la Madre Patria le debemos el hermoso idioma que hablamos". Ha de ser ésta, entonces, además de su vocación pedagógica, otra importante motivación del autor para gestar su silabario.
A la izquierda, una reedición moderna del silabario de Matte. A la derecha, portada de una de las innumerables ediciones "piratas" del silabario Dufflocq.
LOS DIBUJOS DE CORÉ
Además de la eficiencia de su propuesta, el "Silabario Hispano Americano" contaba con las ilustraciones a color del joven pero magistral artista Mario Silva Ossa, más conocido por su pseudónimo Coré, quien ya estaba familiarizado con los dibujos para niños y de orientación educacional a través de su trabajo en la revista "El Peneca". Aportó gráficas de una belleza y de un romanticismo extraordinarios en el manual de aprendizaje, evidentemente inspiradas en el estilo y estética de las ilustraciones de los cuentos clásicos, dándole más encanto aún al silabario.
La tapa con los dos niños sentados sobre unas vocales debe ser una de las portadas más famosas e internacionalizadas de toda la historia del diseño gráfico y editorial chileno. Varios personajes aparecidos en el libro gozaron también de fama popular: el duendecillo de la dedicatoria, el gigante de los cuentos que aparecen hacia el final de la obra, o los dos niñitos negros que en una hoja advierten con un cartel, tomando palabras del propio autor:
"El idioma castellano es el más fácil del mundo para aprender a leerlo y escribirlo como lengua materna".
A pesar de la importancia que Coré ya tenía en el mundo editorial, su vital aporte al "Silabario Hispano Americano" contribuyó a la trascendencia de su nombre y a la consagración de su firma como la de uno de los ilustradores más importantes de la historia de la gráfica chilena, admirado y reverenciado por muchas generaciones posteriores.
En las páginas del libro, además, deja sentado el hecho de poseer un estilo que le era característico y tan propio, elogiado por maestros posteriores del mundo del cómic y de las artes gráficas.
Desgraciadamente, Mario Silva Ossa, el poeta de la gráfica, murió en un trágico atropello por un tranvía, sólo cinco años después del lanzamiento de la primera edición del silabario. Fallecido con 37 años recién cumplidos en estas circunstancias que nunca quedaron muy claras, la leyenda dice que fue arrollado mientras cruzaba la calle, distraído haciendo un dibujo en su libreta de ilustraciones.
El profesor Adrián Dufflocq Galdames, en 1962 (revista "En Viaje").
PUBLICACIÓN E IMPACTO
El silabario de Dufflocq apareció por primera vez el 15 de febrero de 1945, según comenta Manuel Peña Muñoz en su "Chile: Memorial de la Tierra Larga". Con 10 mil ejemplares era, por supuesto, la primera edición de innumerables otras que tendrían lugar hasta nuestros días. Orgullosamente, el autor declararía en el prólogo de una de esas varias ediciones posteriores de la obra (los destacados son originales):
"Con este nuevo método -único en su género-, el alumno tiene la satisfacción de TRADUCIR POR SÍ SOLO lo que hay escrito en este libro, bastando únicamente que lo guíen al comienzo de cada lección".
La presentación del libro fue un suceso notable, desatado prácticamente de inmediato. Figuras como el chileno miembro de la Real Academia Española don Pedro Lira Uquieta y la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou, declararon públicamente su admiración por el trabajo de Duffloccq y lo promovieron como uno de los más grandes esfuerzos por la alfabetización y la educación americana. La querida Juana de América escribió del silabario, mezclando su lírica con la seducción que le inspiraba la obra:
"Beber en el viejo vaso de estaño magullado; beber, luego, en la copa de cristal puro, donde la luz pone, gozosa, su iris. Aprender a leer en los antiguos textos pasados, y aprender a leer en el Silabario del gran pedagogo Adrián Dufflocq Galdames, lujo de los ojos, gracia para el entendimiento del niño".
"¡Ah! ¡Cuánto tienen que agradecerle madres y maestras a este hermoso talento creador, a ese puro corazón intuitivo que ha hecho para los niños de las Américas un libro perfecto!".
De alguna manera, el "Silabario Hispano Americano" fue también un ataque frontal contra el analfabetismo, tanto en niños como en adultos, incorporándoselo a programas de alfabetización en zonas rurales del país después de sus primeras ediciones y dados los excelentes resultados que certificó el Ministro del Trabajo don Juan Pradenas Muñoz, en mayo de 1947.
En febrero de 1953, tanto el silabario como su libro complemento "Texto de Escritura Hispano Americano" fueron declarados material oficial de las Escuelas Primarias del Ejército de Chile, "en atención a los excelentes resultados obtenidos en todas las unidades", según confirmación del General del Brigada don Ernesto Medina Parker. Finalmente, en 1964, el libro fue aprobado por el Ministerio de Educación para entrega y uso en las escuelas fiscales y particulares de Chile.
No es exagerado establecer en millones de personas, entonces, las que aprendieron a leer en distintas épocas y lugares gracias a esta maravillosa obra del profesor Dufflocq.
Páginas interiores del silabario Dufflocq, en una versión blanco y negro.
ADOPCIÓN INTERNACIONAL DEL SILABARIO
Sorprende la rapidez con que el silabario comenzó a ser tomado por otros países hispanoparlantes, empezando por la propia España, que por decreto del 13 de diciembre de 1948, declaró de utilidad el "Silabario Hispano Americano" y su manual de complemento "Texto de Escritura Hispano Americano". Duffloqc, siempre hablando desde su hispanismo, fue un eterno agradecido de este gesto y escribió al respecto, en su mismo silabario:
"...tengo la grande e íntima satisfacción de haber sido honrado por España -la cuna de nuestra lengua y de sus letras- con la aprobación de este silabario y de otras tres obras didácticas del autor. A la Madre Patria, a quien todo le debemos en esta tierra en que nacimos, su sangre, su espíritu y su gracia y el acervo de su alta cultura, rindo un cálido homenaje de admiración y de respeto a sus valores intelectuales, que hoy y siempre se esfuerzan por mantener en el alto sitial que ocupa en el mundo el armonioso lenguaje de Cervantes".
El propio Dufflocq pudo hacer una sorprendente demostración en la Madre Patria, que le permitió expandir más aún el prestigio y la popularidad de su silabario: en el Instituto Ramiro de Maetzu de Madrid, a fines de 1951, le enseñó a leer y escribir a un grupo de 20 niños españoles de 5 y 6 años, en solamente 42 días, valiéndose de su manual. Los resultados fueron verificados y aplaudidos por José Mendo Remacha, director del instituto.
Otro país que aprobó el "Silabario Hispano Americano" en sus programas de educación fue Bolivia, por decreto del 10 de junio de 1957, destinándolo a las escuelas primarias y los Centros de Alfabetización de la República, por lo que también ha sido de vital importancia en el vecino país para el combate del analfabetismo. En Argentina y México se inscribió la obra en 1948 y 1954, respectivamente. Hacia los cincuenta, el Servicio Cultural e Informativo de los Estados Unidos comenzó a regalar el libro como parte de un plan de alfabetización de regiones pobres de América Latona.
Así pues, para abril de 1962, la revista "En Viaje" Nº 342 de la Empresa de Ferrocarriles del Estado titulaba soberbia uno de sus artículos: "El Silabario Hispano Americano alfabetiza a todo el continente". Ese mismo año, se lanzó su edición 24°, con 300 mil ejemplares distribuidos por todos los países de América.
Avisos publicitarios del "Silabario Hispano Americano".
TRASCENDENCIA DE LA OBRA
Desde entonces, el "Silabario Hispano Americano" ha tenido más de 100 ediciones posteriores oficiales, sin contar las republicaciones que se han hecho de manera no autorizada en Chile y otros países, que quizás pueden estar cerca en número de las ediciones formales realizadas por editoriales como Lord Cochrane y especialmente la Zig Zag. Muchos ejemplares antiguos son altamente cotizados por los coleccionistas de nuestros días.
Además de su función educativa, la obra marcó profundamente a las generaciones que se formaron con él en sus escritorios y pupitres. Peña Muñoz dice al respecto, recordando con nostalgia la impronta que llegó a tener en la familia chilena:
"...su presencia inconfundible en las casas trae inmediatamente reminiscencias de la niñez, en épocas escolares, con sabor a otoño, a naranjas dulces, a camisa recién planchada y a lápices de cera para pintar una casa con un sol en un cuaderno de croquis de color salmón".
La combinación de talentos entre Dufflocq y Coré ha sido capaz de producir, entonces, una pieza de trascendencia perpetua. Parece increíble que en plena época de la comunicación digital y del acceso de los niños a los estímulos de los nuevos medios de comunicación, el "Silabario Hispano Americano" siga teniendo vigencia y utilidad, lo que habla de la calidad de la obra. Aunque sus dibujos luzcan hoy dignos de una enciclopedia vetusta y aunque sus cuentos resulten ingenuos al tipo de relato de nuestros días, hay un cariño popular por el silabario que sólo es proporcional al servicio que aún puede ofrecer, formando niños en el acceso al mundo ilimitado de la lectura y el aprendizaje en nuestra lengua materna.
Aviso publicitario para el manual complementario para los instructores y la edición del silabario adaptada para el uso de alumnos adultos, en el marco de la Campaña Nacional de Alfabetización.
EL LEGADO DE DUFFLOCQ
El profesor Dufflocq siempre protegió su obra, pero no por alguna la enfermiza obsesión con los derechos de autor (como sucede en el editorialismo de nuestros días), sino buscando garantizar el acceso generalizado de la población al silabario. En 1958, por ejemplo, fijó su precio en sólo 400 pesos, una cantidad muy accesible para apoderados y alumnos de entonces, y que se mantuvo por varios años más en un esfuerzo por frenar a especuladores y comerciantes ambiciosos.
En la edición de 1962, además, Dufflocq procuró regalar grandes cantidades de libros a los programas de alfabetización del continente y a las escuelas pobres: 100 mil unidades, equivalentes a un tercio del tiraje de aquella edición.
El profesor también fue capaz de imponer una filosofía de servicio educacional que ojalá nunca se hubiese perdido, ni siquiera parcialmente. Entrevistado por la señalada revista "En Viaje", declaró sobre el poder e hito sin parangón de su "Silabario Hispano Americano", además de su propio legado:
"Enseñar a leer no es una ciencia, es un arte y creo que el idioma castellano es el más fácil del mundo para aprender a leerlo y escribirlo como lengua materna, pues le falta un soplo para llegar con precisión a esa inmutabilidad de las matemáticas, vale decir, de la ciencia más exacta que ha ideado el hombre hasta nuestros días".
"Los resultados que se obtienen con mi Silabario exceden las aspiraciones de los maestros que lo utilizan".
"Es sencillo y práctico para los niños y adultos, pues estos últimos aprenden solos: basta para ello darles unas cuantas explicaciones previas".
Adrián Dufflocq Galdames falleció en 1984. Fue uno de los hombres más positivos y benéficos para el hispanoamericanismo; un grande en los hechos, en la obra concreta, y no en el mero discurso ideologizado y abstracto de otros. Nos dejó, con ello, este extraordinario legado y testimonio de los buenos tiempos de la educación chilena, cuando nuestra pedagogía chilena marcaba pautas internacionales que hoy nos llenan de orgullo, pero también de esperanzas para el futuro que deseamos a nuestra historia educacional.

sábado, 24 de septiembre de 2011

MINO VALDÉS: DE LA ALEGRE COMPAÑÍA A LA TRISTE AUSENCIA

Mino Valdés, el gran comediante (Fuente imagen: diario La Tercera, noviembre de 1988)
El próximo domingo 2 de octubre, se realizará en el Teatro Caupolicán la última presentación conmemorativa del mítico "Festival de la 1" (1979-1988), el clásico estelar del mediodía. Será conducido por su histórico animador Enrique Maluenda, quien presentará allí también un libro con sus memorias. El evento contará con varios artistas que participaron en las diarias presentaciones del programa auspiciado por sabrosalsa Deyco y betún Virginia con recordadas secciones como "Afírmese usted compadre" y "Su sueño por un día", que hoy se verían tan ingenuas e inoportunas en nuestra televisión. Estarán en el show-despedida Buddy Richard, José Alfredo Fuentes, Peter Rock, la Sonora de Tommy Rey, Ginette Acevedo, Los Huasos de Algarrobal, Zalo Reyes y humoristas como Daniel Vilches y Ernesto Ruíz. Sin embargo, muchos de ellos no podrán estar presentes, más que en el recuerdo, como Chicho Azúa, Eduardo Thompson y un verdadero señor del humor que formó parte de aquel elenco: Mino Valdés.
Fueron muchas las mañanas, tardes y noches que llenó de risas Valdés y su Alegre Compañía, una de las más exitosas agrupaciones humorísticas de la televisión chilena, de esas que vinieron a ser herederas de la época del teatro de variedades y los espectáculos revisteriles en los que se gestaron, con grandes shows frívolos y elogiadas vedettes. Pasó por los principales escenarios de la época y consolidó su carrera con bloques de humor en los más populares programas de televisión nacionales, como el mencionado "Festival de la 1" y "Sábados Gigantes".
El nombre de Mino Valdés quedó asociado, por esto, a todos aquellos grandes comediantes y humoristas de la generación romántica de las candilejas: Guillermo Bruce, Manolo González, Eduardo Thompson, Gilberto Guzmán, Jorge Franco, Tato Cifuentes y su muñeco Tatín, Carlos Helo, Canuto Valencia, Jorge Cruz, Eduardo Aránguiz y Helvecia Vieira, por nombrar algunos.

Como además del recuerdo del "Festival de la 1" pronto se cumplirán también 23 años desde su partida, hemos dedicado para él esta entrada a modo de merecido encomio, recorriendo los principales hitos de su productiva vida, aunque bastante más corta de lo que todos hubiesen querido.

INICIOS Y CONSAGRACIÓN
Aníbal Benjamín Mella Valdés, el verdadero nombre detrás del pseudónimo de Mino Valdés, siempre fue hombre de escenarios. Descubrió sus talentos en los precoces tiempos de la escuela, optando primero por el canto y la guitarra, artes en las que se lucía. Entregado a esa clásica bohemia santiaguina y a sus noches de orquestas bailables de chachachá o mambo, comenzó a actuar profesionalmente en importantes centros de recreación y espectáculos, como la memorable Quinta Parque Rosedal de Gran Avenida, por allí donde ahora se encuentra la Estación Metro Lo Ovalle en el paradero 18, subiéndose así a los mismos escenarios donde también actuaron artistas con la talla del Dúo-Rey Silva, Pérez Prado con sus músicos y las orquestas de los maestros Armando Bonasco y Porfirio Díaz.
Valdés cantaba en vivo, por entonces: tangos y milongas. Aún no cumplía los 25 años y ya comenzaba a hacerse un nombre. Sin embargo, alguien le hizo notar que tenía talento improvisando y haciendo gracias mientras cantaba, sugiriéndosele que probara directamente con el humor. En el ambiente bohemio seguramente ya había tenido bastante tiempo para aprender del exigente oficio del humor a través de grandes referentes como Chito Morales, Pepe Harold, Romilio Romo y otros integrantes de la primera generación del teatro revisteril nacional, que también actuaban en El Rosedal y los demás famosos negocios de la época conocidos por Mino.
Esta entrada de Valdés en el humor fue tan exitosa que no sólo optó por convertirla en su principal actividad profesional, sino también lo hizo asumiendo una posición de liderazgo dentro del género, al decidir armar su propio grupo de trabajo con el que se mantuvo en la actividad hasta el final de sus días, pasando por los principales salones bailables, teatros nocturnos y canales de televisión chilena. Comenzó esta favorable etapa en Valparaíso, pasando después al famoso "Picaresque" del mítico empresario Ernesto Sottolichio, en el desaparecido Teatro Princesa de Recoleta. Con su compañía recorrió el país realizando presentaciones con regularidad y abarcando largas temporadas con sus shows que mezclaban el teatro de humor con el café concert.
El emprendedor Valdés creó programas, elencos, escribió libretos y los dirigió, reclutando en ellos a maestros como Vilches, con quien trabajó por cerca de 14 años. Y como sucedió con su colega Bruce, se especializó en sus rutinas tanto en lo que se llama bandejero en la jerga (el humorista "serio", que en la actuación deja armada la situación para que el otro actor la remate en un chiste) y como cómico propiamente tal, consumando las situaciones de risa con sus líneas del libreto. También era sumamente diestro en la improvisación, recurso que sólo los humoristas considerados eximios son capaces de controlar y ofrecer en sus presentaciones. Se le recuerda como un hombre de gran inteligencia y compañerismo, además, por lo que era muy querido y respetado en el medio.
Fue en este ambiente de comedia y espectáculos que Valdés conoció a la showoman que sería el amor de su vida: la muy joven Mónica Val, versátil y hermosa muchacha que pasó a formar parte de su compañía y que destacó por sus virtudes como bailarina, cantante y actriz de comedia. Ambos enamorados contrajeron matrimonio hacia 1978, trabajando, viviendo y prácticamente haciendo cada instante de su vida juntos, desde ahí en adelante.
A la izquierda, en sus inicios como cantante y músico. A la derecha, con su esposa Mónica Val (Fuente imágenes: archivo de noticias de Chilevisión).
Elenco de "Los del Bloque F.C.". De izquierda a derecha: "El Negro" Joselo, Ernesto "El Tufo" Ruíz, Mónica Val, Daniel Vilches (parodiando al futbolista Carlos Caszely), Eduardo Thompson y Mino Valdés (Fuente imagen: diario "La Tercera", noviembre de 1988).
EN LA TELEVISIÓN
Las incursiones en televisión de Mino Valdés fueron notables, siempre con Vilches, Guzmán (El Fatiga), Thompson y Ruiz (El Tufo) formando parte de su Alegre Compañía. Curiosamente, todos los hombres del elenco eran escasamente agraciados, algo que contrastaba con la belleza juvenil y despampanante de Mónica Val. A veces, también eran acompañados por figuras como Burce, Chicho Azúa, Patty Cofré, el Negro Joselo y el entonces joven Luis Córdova, del dúo Los Indolatinos.
Su debut televisivo fue hacia el convulsionado año de 1973, en un segmento humorístico de su autoría, llamado "Los del Bloque F.C." en el antiguo "Sábados Gigantes", donde Mino hacía el papel de un egocéntrico entrenador argentino de fútbol, que intentaba sacar adelante al jocoso equipo o Fútbol Club de peloteros de barrio fracasados. Fue una de sus mejores creaciones, que le permitieron trasladar su popularidad desde el mundo de la revista al de los medios masivos, pero a la que Valdés liquidaría tras la muerte del gran comediante clásico Pepe Harold, veterano actor que había formado parte del elenco. Aun así, creó espacios de humor posteriores como "El Hotel", "La Cárcel" y "El Boulevard".
Trabajando para la estación de Televisión Nacional de Chile, a la que llegó después de algunas diferencias de la administración de Canal 13 con sus libretos, Mino Valdés y su Alegre Compañía se presentaron con éxito en el recordado "Festival de la 1". Con una astucia única para enfrentar las restricciones del horario familiar, mezclaron la picardía de las antiguas rutinas para adultos inspiradas en los buenos años revisteriles y los libretos más novedosos, apropiados para aquel segmento del día. Se recuerdan especialmente de esta época los sketches de "El Hospital" y "La Clínica", hacia 1984, donde dio rienda suelta a su instinto de burla e ironía, además de demostrarse como un gran observador de la sociedad chilena, sobre cuyos comportamientos e idiosincrasia construía sus historias graciosas.
En Canal 13, en cambio, donde la condición de estación de la Universidad Católica de Chile prácticamente hacía imposible por entonces los chistes en doble sentido, Mino creó otros segmentos de sketches inolvidables para el mismo programa "Sábados Gigantes", como el mencionado espacio "La Cárcel", "La Comisaría" y "El Restaurant de Mino Valdés". Había regresando al canal hacia el año 1986, pero ahora metiendo sutilmente una carga de humor político y social en los argumentos. Este último segmento sería rebautizado después como "El Restaurant de la Abeja Maya", aludiendo a la famosa caricatura infantil japonesa de aquellos años, ganándose el mote de la abeja.
Mino también vivió amarguras, por supuesto: ese mismo año vio cerrarse para siempre al Teatro Ópera de calle Huérfanos, terminando con la época de oro del "Bim Bam Bum" que señalará en la historia el período final de la revista humorística chilena. La misma suerte corrió el "Picaresque", más ligado aún a su propia carrera. Fueron grandes golpes para la comunidad de comediantes y actores de espectáculos en el país. Un año después, Mino sufre en un preinfarto, por lo que desde ese momento se somete a un tratamiento permanente de medicamentos para tratar una arritmia, que le harían despejar el susto pero inconciente de que sería ese mismo corazón el que lo llevaría a la tumba. Su esposa también sufrió una complicada enfermedad en el verano siguiente, que afortunadamente pudo superar.
Imágenes de la Compañía de Valdés actuando en "El Hospital", de El Festival de La 1, en 1984. Aparecen Mónica Val, Mino Valdés (con peluca), Ernesto Ruiz, Eduardo Thompson y Daniel Vilches (Fuente imagen: archivos de TVN).
El equipo de grandes humoristas y comediantes de "La Alegre Compañía", de izquierda a derecha: Daniel Vilches, Gilberto Guzmán, Mónica Val, Mino Valdés, Ernesto Ruíz y Eduardo Thompson (Fuente imagen: diario "El Mercurio").
LA SÚBITA PARTIDA
Noviembre de 1988 era un buen momento para los grandes humoristas. Salvo por la cancelación de "El Festival de la 1" unos meses antes, los programas de televisión estaban en un tránsito favorable y los bloques de humor seguían siendo necesarios, manteniendo el trabajo de muchos de aquellos cracks que Bruce llamaría con sorna alguna vez como los cesantes del "Bim Bam Bum". Las compañías estaban activas: Bruce, Thompson, Franco y sus vedettes presentaban "Curvas, Viña, Risas"; y debutaría hacia entonces un joven y delgado Ernesto Belloni con su exitosa revista "Los Años Dorados de la Tía Carlina", que duraría cerca de 15 años más en cartelera. Valdés, en tanto, realizaba una gira en "El Festival de la Risa" con la Compañía de Daniel Vilches, en la que participaba también su esposa. Tenían grandes planes para el verano; y por en esos días se realizaba también la gira promocional de la "Teletón", en la que se tenía contemplada la participación de varios cómicos de la compañía.
En fin, aún quedaba prosperidad para el género de la revista y el consecuente buen ánimo. Además, el humorista y su amada Mónica habían sido padres de una bella niña, Valeria, hacía seis años... Sin embargo, sucedería lo impensado; la tragedia impredecible que acecha en la vida.
El lunes 7 de noviembre, el elenco de "El Festival de la Risa" llegó a la ciudad de Talca y realiza allá una presentación más. Mino no había tenido problemas con su corazón desde el incidente dos años antes, siguiendo con cuidado su tratamiento de fármacos y el buen estado le había acompañado ya por las otras presentaciones previas realizadas en Rancagua, Curicó, Concepción y Lebu en sólo cuatro días; al siguiente debían partir a Chillán. Alojaron en el Hotel Claris, donde Valdés pudo ver por televisión la histórica pelea de boxeo internacional entre los púgiles Sugar Ray Leonard y Don Lalonde. Concluido el asalto entre los campeones, se retiró tranquilamente a su habitación hacia las dos y media de la mañana del recién iniciado día martes 8. Estaba calmo en eso, sin nada que hiciera prever algo, cuando un rayo fulminante atacó su corazón, tan veloz e inesperado que nadie alcanzó a hacer nada, ante la desesperación de su esposa que lo viera desplomarse en medio de una súbita tos sofocante. Al llegar al hospital de la ciudad, ya se encontraba fallecido.
El mundo del espectáculo y el público quedaron en shock al conocerse la trágica noticia. Muchos talquinos fueron espontáneamente al lugar donde estaba su cuerpo, conmovidos por lo ocurrido y esperando la información que entregaba el médico José Ibieta, quien realizó los exámenes de rigor.
Pero ya no había duda ni esperanza: Mino Valdés había fallecido... Tenía 59 años, 35 de ellos enteramente dedicados a los escenarios.
Enrique Maluenda entrevistando a Mino Valdés (Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias", noviembre de 1988).
El cortejo que acompañó a Mino Valdés a su última morada. Al frente, el Padre Suárez, la viuda Mónica Val y Eduardo Thompson (Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias" de noviembre de 1988).
SE CIERRA EL TELÓN
Los restos del humorista fueron llevados en un carruaje hasta la Funeraria Urrutia de la ciudad de su muerte, y desde allí partieron a Santiago. Los multitudinarios funerales fueron de enorme tristeza, el día 9. Su velatorio y misa de despedida se realizaron cerca del lugar de residencia de la pareja, en la Parroquia Santo Cura de Ars de calle Carmen Mena, paradero 13 de Gran Avenida, en San Miguel, dirigida por el Padre Juan Suárez Campos, que era conocido como el Capellán de los Artistas. Un inmenso cortejo de más de mil personas le acompañó hasta su morada final y la caravana pasó lentamente frente a la casa del propio fallecido, donde su hijita Valeria pudo hacer un gesto de despedida, desde el jardín. Estuvo integrado por su amada esposa, que se veía profundamente afectada, más sus amigos y compañeros de toda la vida: Helo, Vilches, Guzmán, Ruiz, Sotolicchio, Platón Humor, Marco Aurelio, Enrique Maluenda, Zalo Reyes, Pepe Tapia, María Valdés, Horacio Saavedra, Tatiana Merino, Jorge Romero "Firulete", Isabel Ubilla, Alejo Álvarez y Jorge Boudón, entre muchos otros. Perdiéndose ya su ataúd por una bóveda del Cementerio Metropolitano, fue despedido con un último gran aplauso.
"Sin Mino Valdés, la risa se nubló" publicaría con gran congoja, el viernes siguiente, una revista de espectáculos. Y la verdad es que nunca volvió a existir en la televisión una figura con la magia, la camaradería y las capacidades de Mino Valdés, el actor, director y libretista. Vilches se dedicó a su propia compañía manteniendo hasta hoy, estoicamente, el género de la revista aún vivo y trabajando con muchos de aquellos veteranos del humor, pero los viejos tercios comenzaban a partir con el gran señor del humor: a Valdés le han seguido al más allá el Chico Aránguiz, Platón Humor, Franco, Thompson, doña Helvecia, Helo, Azúa y otros que también dejaron huellas imborrables en la historia de las candilejas chilenas. Su viuda Mónica Val ha continuado en estas artes como cantante de rancheras, baladas, valses, boleros y canciones populares, ostentando aún su gran voz y su dominio escénico. Muchas musas posteriores del espectáculo han ocupando un rol del que ella fuera más bien pionera en el esquema general del humor televisivo, pero ninguna quizás haya logrado el glamour y la variedad de talentos que caracterizaron la carrera de Mónica en los desaparecidos sketches de base revisteril en la televisión.
Una frase muy usada por Mino Valdés fue recordada en su despedida, como corolario de toda aquella grandiosa existencia alegrando el alma nacional:
"Amigos míos, el show debe continuar. Paso a la risa y a la alegría".

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