martes, 27 de diciembre de 2011

TULIO ENRIQUE LEÓN: UN MARABINO QUE ALEGRA AL CORAZÓN CHILENO

En la proximidad del Año Nuevo 2012 y ante la posibilidad de que algunos puedan pensar que todas las conjeturas fatalistas sobre el calendario maya se cumplirán, he querido hacer justicia con el recuerdo de un insigne y prolífico músico venezolano, que ha llenado de dicha y alegría a nuestra sociedad chilena desde hace muchísimos años y parece que aún lo hace, especialmente en jornadas de fiestas como la que ahora se aproxima vertiginosamente por la colilla que queda del calendario.
Me consta que muchos de mis compatriotas están convencidos que esa alegre música de órgano eléctrico que ha sonado en tantas fiestas, carnavales, kermesses y cumpleaños del pueblo, pertenece al repertorio de algún chileno más... De otro "más chileno que los porotos" (concepto bastante impreciso, también). Incluso los inventores del "porotazo", esa suerte de nueva tradición nacional para el Año Nuevo consistente en meter porotos dentro de un tarro y usarlos como cascabeles (en lugar de adoptar otras tradiciones o "cábalas" foráneas como paseos de maletas, usar ropa interior amarilla, comer lentejas, etc.), se valen desde hace algunos años, de fragmentos de la música del maestro Tulio Enrique León, particularmente de "La pollera amarilla" de Diego Soto Espinoza, para ponerla en su comercial con pretensiones de ser estrictamente chileno.
Recuerdo que cuando trabajé haciendo clases en un instituto del tercer piso del edificio ubicado sobre la Galería España, frente al Oberpaur donde funcionó alguna vez el célebre "Goyescas", una ruidosa tienda de calle Huérfanos, abajo en el primer piso, interrumpía cada sesión con una pasada a alto volumen de esa inolvidable pieza del genio de los teclados: "Cumbia algarrobera". Era casi un rito, a la misma hora, hasta que la Municipalidad corrió a todos los ruidosos de ese sitio (incluyendo artistas callejeros que llevaban sus propios parlantes), en la conjunción de las calles Estado con Huérfanos. Lo curioso es que todos creían allí, en esa clase, que la alegre música era de algún viejo autor nacional y no de un eximio músico venezolano. De alguna manera, pues, esa música de don Tulio está metida ya en nuestra batería cultural y social, al punto de que inconcientemente y engañados por nuestro aislamiento connatural en el continente, tendemos a suponer que puede ser nuestra.
¿De dónde puede venir esta suposición de que Tulio Enrique León o sus piezas musicales son chilenos? Algunos ni siquiera lo identifican por su nombre pero, al oír su música, dan por sentado que sería un músico de cumbias de estas latitudes. Craso error, sin embargo, explicable sólo en la popularidad que León llegó a tener en Chile y en toda América Latina, especialmente entre los sectores populares donde no faltaron los viejos cassettes con temas como "Yolanda" del colombiano Santiago A. Gámez, hacia los años setentas y ochentas. No hay que sentirse culpable, en todo caso: en el Norte de Argentina y en Perú también hay algunos que han creído propios muchos de los temas salidos de su órgano eléctrico, y hasta al propio autor... Es una consecuencia de la trascendencia que alcanzara este músico de culto.
Ritmos como el de "Allí va la cumbia" eran infaltables entre los asados, los bingos y las celebraciones de la gente pobre, en las poblaciones y en las ferias libres; incluso entre algunos artistas callejeros que tocaban y bailaban por algunas monedas. También sonaba en las viejas cantinas de Santiago y del puerto, a veces en sitios menos decorosos, de esos para el secreto de caballeros, según recuerdan algunos. Creo haberla oído también en las presentaciones de algún circo, y aún lo recuerdo sonando en la vieja radio a tubos de mi abuelo materno, mi tata René, en su carnicería de calle Uruguay en el barrio Gran Avenida, creo que desde la popular emisora "Colo Colo". No podía haber algo más encantadoramente rasca pero feliz que los característicos y particularísimos temas musicales sin letra del maestro León, mismos que horrorizaban a los pretenciosos y a los señoritos más refinados presentes en el bautizo o el matrimonio.
Tulio Enrique León nació en Maracaibo, en el Estado de Zulia, el 11 de octubre de 1938. Dicen sus biografías que desde niño manifestó interés en la música y la fonografía, haciendo aparatos artesanales para tocar discos valiéndose de agujas de coser y cornos de cartón. Quiso ser cantante, pero la capacidad vocal nunca lo acompañó y desistió, concentrándose después en los instrumentos. Sin embargo, por una cruel enfermedad degenerativa, estaba condenado congénitamente a perder la visión. Su biografía publicada en el portal "Venezuela en Ritmo" dice que, tras visitar al famoso oftalmólogo de origen español Ramón Castroviejo en Estados Unidos, en 1947, fue diagnosticado por éste de una ceguera irreversible por atrofia del nervio óptico. Sin embargo, el gran médico que revolucionó los transplantes de córneas, recomendó al niño aprender a tocar piano y construir alrededor de la música su vocación y futuro.
Tulio aprendió a tocar el piano siguiendo el consejo del Doctor Castroviejo; empero, como solía escuchar música popular en la estación Radio Caracas, comenzó a interesarse en el teclado eléctrico. Así, optó por vender su piano y comprar un completo órgano Hammond de pedales y con mueble propio, que en aquella época era todo un lujo que equivalía casi a tener una orquesta completa al alcance de un solo músico. Este instrumento ya había sido utilizado antes por jazzistas, desde donde pasó al mundo del rock antes de ser desplazado definitivamente por la tecnología de los sintetizadores. También lo usaban otros ilustres personajes del oficio, como Ernesto Hill Olvera y Alfonso Morquecho.
En su estudio "Ritmo afrohispano antillano. 1865-1965", el ensayista y diplomático venezolano Alberto Pérez Perazzo dice que un músico de nombre homónimo al de León pasó también por el arpa, hallándose a la altura de maestros como Hugo Blanco y dejando en registros sonoros famosas piezas en ritmo orquídea, como "Cortando Caña" de Chelique Saravia, "Morena de espanto y brinco" de Zavarce y Segura, y "Chaucoune" de Idoff Keith y Bergman. Lamentablemente, me ha sido imposible verificar este dato, que tiendo a creer improbable en el León de nuestro interés.
Por alguna razón quizás ligada a su invidencia, se volvió un hombre muy silencioso, de escaso hablar y algo huraño. Sólo se agitaba al momento de tocar con entusiasmo y versatilidad su teclado, usando manos y pies. Tras largo tiempo tocando en pequeños clubes y salas, los años sesentas fueron los mejores del músico con lo que se llamó su "nuevo estilo de cumbias". Siendo prácticamente desconocido aún en Caracas, sus escasas biografías en internet repiten que viajó hasta la ciudad en 1961 y se presentó en una audiencia para el canal Venevisión, aunque este dato parece un poco improbable. Sí parecer ser cierto que los productores quedaron sorprendidos con su talento y lo contrataron de inmediato para debutar en programas como "El Show de Show", tocando en vivo "Río Manzanares". Convertido en revelación musical, fue invitado después a programas como "El Show de Renny", "La Feria de la Alegría" y "Sábado Sensacional", que lo convirtieron en celebridad nacional. Además de su clásico Hammond, comenzó a tocar también sofisticados órganos de otros modelos, como un Yamaha.
Casado y con hijos, trabajó también con su hermano Francisco Alberto, quien fue su asistente, lazarillo y colaborador durante el resto de su vida tras la súbita muerte del padre de ambos, don Radomiro León, de un infarto en 1951. Las biografías disponibles aseguran que Francisco tocó el güiro tan propio de algunas de las canciones de Tulio, participando en los arreglos de discos como "Rosa María" y "Sabrosona!". Sus grabaciones las hizo con algunos músicos de apoyo, principalmente para las percusiones, en selectas disqueras como Discomoda de Venezuela y la internacional EMI-Odeón, que lo ayudaría a expandir su carrera en otros países, especialmente después de haberlo llevado a la Argentina.
Así las cosas, su carrera se internacionalizó y hubo temas inolvidables como "La pollera amarilla" que se consolidaron en países como Chile, Perú y Argentina, adquiriendo una enorme popularidad. Al mismo tiempo, Tulio seguía apareciendo invitado en programas de la televisión venezolana, lo que hace sospechar que pudo haber sido uno de los principales y primeros fomentores de la cumbia moderna por el resto de América Latina. Dice su biografía en el mencionado portal "Venezuela en Ritmo" que, teniendo la exclusividad con Discomoda, Tulio Enrique León llegó a posicionarse en el número 61° de entre los 100 mejores artistas del mundo de la famosa lista Billboard.
De aquella época es la siguiente presentación que un usuario de Youtube ha tenido la generosidad de subir, y que corresponde a la interpretación del tema "Río Manzanares" por don Tulio, en vivo en el programa venezolano "Renny Presenta", hacia 1964:
León fue conocido en su rubro como "El Artista del Teclado", nombre de uno de sus más famosos discos. Como no era un tipo particularmente atractivo ni carismático y rara vez aparecía en fotografías, las portadas de sus discos no dejaban lugar a dudas con la orientación popular de su estilo: solían aparece bellas muchachas en típicos bikinis sesenteros, como esos calendarios viejos de de verano que venían de regalo en las páginas centrales de los diarios antiguos.
Curiosamente, sus primeras cumbias sonaban bastante experimentales; pero a partir del segundo disco del autor, la definición por esos sonidos que caracterizaron su música se hizo palmaria. Ese riesgoso cariz de su música nunca lo abandonó, permitiéndose incluso experimentos tales como sacar en su estilo una versión del clásico "Love is blue" de Paul Mauriat, con un interesante y logrado fruto que no pierde ni atenta contra la belleza de esta romántica pieza musical, en una prueba del dominio que tenía León como arreglista y adaptador de música superando las limitaciones de su antiguo órgano eléctrico.
Es extraño escuchar la música de don Tulio desde otras generaciones que no le fueron contemporáneas... Parece un adelantado que sólo encuentra obstáculos en las capacidades que ofrecía a la época su instrumento: su cumbia bailable y melódica es una producción de arreglos casi tecno en teclado electrónico clásico (el sintetizador se masificó después de sus primeros trabajos), sazonado con el ineludible sabor caribeño y con acompañamientos tradicionales o redobles de batería tropical, cencerros y timbales, al tiempo que la base de percusión general es sencilla, basada en el raspado constante del güiro, pero que suena muy parecida a la que persiste en ritmos populares actuales como la cumbia villera argentina, por ejemplo.
Dejo aquí algunos de los títulos más conocidos grabados por Tulio Enrique León (ideales para alegrar este ambiente de Año Nuevo, por supuesto), como registros de aquella época suya al servicio de la difusión de la cumbia por toda América:
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Su música es, a la par de inconfundible, una especie de boleto de recuerdos hacia la época de la romántica bohemia latina, con clubes de bailables y salones perdidos de orquestas en vivo, donde los "dancings" ofrecían jornadas interminables de reunión, entre humos de cigarrillos y copas. Su música es el registro de una época en la vida nocturna de los pueblos de este lado del mundo, de hecho, por lo que sorprende mucho encontrar tanta vigencia de aquellos ritmos como "Ron y tabaco" o "El cable submarino" todavía en nuestra época, aunque muchos no identifiquen al autor ni su nacionalidad venezolana. Es que don Tulio vive ya a través de su propia obra, sin duda, como sucede a todos los grandes maestros.
Tulio Enrique León, ya totalmente ciego y obeso, comenzó a sufrir complicaciones de salud en sus últimos años, además hallarse en un momento de alejamiento de los escenarios. Falleció en la localidad Anzoátegui, de un derrame cerebral, el 18 de marzo de 1982. Su muerte, demasiado prematura para un hombre con su talento y productividad, fue un gran duelo para toda Venezuela.
Es recordado en su tierra natal como uno de los músicos más queridos y aclamados por el pueblo venezolano, cuya trascendencia sigue plena en países como Colombia, Ecuador, Perú, Argentina y, por supuesto, en nuestro Chile. Muchos autores han hecho covers de sus temas, incluso acá, como un experimento de un ex de "Los Prisioneros", aunque diría que con un resultado francamente deplorable... Nada como el original, entonces, al alcance de nuevos oídos y nuevas dichas.
Despido así este última y musical entrada del año 2011, con un recuerdo por el maestro León como saludo para todos nuestros lectores y el deseo de un Feliz Año Nuevo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

SE ACABÓ EL MISTERIO: CÓMO Y CUÁNDO LLEGÓ EL VIEJITO PASCUERO (Diario "Las Últimas Noticias", domingo 25 de diciembre de 2011)

Nota "Se acabó el misterio: cómo y cuándo llegó el Viejito Pascuero", del artículo "Viejos siniestros y saunas familiares: las más absurdas navidades del mundo", publicado en la Revista de Reportajes del diario "Las Últimas Noticias" del domingo 25 de diciembre de 2011. Link al artículo original: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2011-12-25&PaginaId=13&SupplementId=2&bodyid=0 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
Durante esta semana, programas de TV y expertos costumbristas han repetido la misma cantinela de todos los años: el Viejito Pascuero arribó a territorio chileno a mediados de la década del treinta a través de las afamadas ilustraciones encargadas por la Coca-Cola al pintor Habdon Sundblom (quien estandarizó a nivel mundial la estampa del personaje, consagrando su figura rechoncha y el color institucional de su traje rojo).
Esta versión, sin embargo, no pasa de ser un mito. El Viejo de Pascua está entre nosotros desde mucho antes y hay pruebas palmarias.
Un par de años atrás, Cristián Salazar quedó de una pieza al contemplar una curiosa fotografía del archivo de Chilectra. La imagen mostraba a un grupo de compatriotas reunidos en la Plaza de Armas santiaguina en torno a un tipo con gorro blanco y largas barbas. La lectura de foto no dejaba lugar a dudas: “Celebrando la Navidad en la Plaza de Armas. Stand de la compañía con juguetes para los niños pobres. Diciembre 24 de 1930”. Algo no calzaba si nos ateníamos a la historia oficial de que el “Viejito” era entonces un desconocido en este rincón del mundo.
Con una paciencia admirable, el investigador histórico se propuso rastrear con precisión desde cuándo los chilenos conocíamos a Santa Claus. Tras revisar montones de diarios en la Biblioteca Nacional, llegó a fechar con bastante exactitud el momento en que Papá Noel aterrizó en Santiago.
En su blog “Urbatorium” revela que en los albores del siglo pasado una juguetería del centro fue responsable de “importarlo” de Alemania: existen anuncios comerciales de la época que lo refrendan. Cristián Salazar explica que desde entonces -y de manera paulatina- otras tiendas capitalinas adoptaron al “Viejito” como ícono para sus campañas publicitarias de diciembre. Antes, las promociones navideñas se ilustraban con imágenes de juguetes.
¿Cuándo exactamente llega a Chile el Viejo Pascuero?
El concepto como tal surge a principios del siglo XX, cuando comienza a ser utilizado como atractivo de ciertas casas comerciales. Nadie conocía bien ni identificaba al personaje navideño que apareció en la juguetería alemana del “Bazar Krauss”, en pleno centro de Santiago, que lo hizo popular en la época de Navidad a partir de 1903, según se verifica en sus avisos publicitarios. Este personaje se hizo popular rápidamente y conservó el mote al ser adoptado por otras famosas tiendas comerciales.
¿Y por qué lo bautizamos con un nombre que no usa ningún otro país del mundo?
A estas fiestas tradicionalmente las hemos llamado en Chile como la Pascua de Navidad; el nombre le fue dado porque quien saludaba a los clientes de la juguetería y sus hijos era un actor disfrazado de anciano, con barbas blancas y sacos de regalos. Con la llegada del cine y la influencia norteamericana -como las campañas de la Coca-Cola y las fiestas navideñas para empleados de Chilectra- la sociedad chilena pudo recién confirmar que nuestro popular "Viejito Pascuero" correspondía a la figura de San Nicolás, Papá Noel o Santa Claus.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

GUÍA TÉCNICA DEL BUEN BORRACHO: GALERÍA DE LOS MÁS COTIZADOS "TERREMOTOS" DE LA CIUDAD (CUARTA PARTE)

Bien, ya conocen este paréntesis sobre el trago "terremoto" en el blog, cuyas tres partes anteriores pueden ser vistas y repasadas a continuación:
Me han preguntado, con algo de maldad, si acaso encuentro todos los "terremotos" buenos y por eso le hago buena crítica en estas "Guías Técnicas"... Bueno, tengo una respuesta: modestia al lado, creo saber del tema, creo haber hecho mi humilde aporte a la difusión del trago y, lo que es más importante, como no soy crítico enológico DE LOS MALOS "TERREMOTOS", SIMPLEMENTE NO HABLO. No merecen mi atención, no distraen mi preocupación y, de hecho, espero que nadie se entere que son expendidos "terremotos" en algún local que no sabe prepararlos, para que así se acaben por muerte natural.
Los malos "terremotos" aparecen en los lugares donde menos se esperaría que los hubiese, y cuando no se tiene algo bueno que decir de ellos, mejor no decir nada. Me he reservado el nombre de conocidos lugares, algunos bastante snobistas o de moda, por lo mismo; de los onda chic ir pa'llá. Además, creo que la popularidad y masificación de la receta debe ser resguardada de vicios tales como la baja calidad de los "terremotos" o las preparaciones al lote donde no se tiene ni el más mínimo respeto con algo tan básico como contar con un buen vino pipeño, garantía de buen resultado en la mezcla. Aunque no lo crean, me han servido "terremotos" hasta con pipeño adulterado, ese con sabor a sacarina y olores químicos. ¿Merece ser llamado "terremoto" algo así, como aparecer acá incluso con una mala crítica?
El problema de reconocer esto es que me pongo solo en un predicamento: debo seguir incluyendo tantos "terremotos" y locales como sea posible, para que no parezca que todo aquel que no figura aquí sea sospechoso de algo malo e innombrable, así que acepto el desafío y por eso retomo las "Guías Técnicas" para estos calurosos días de fin de año, donde a todos nos viene tan bien un pipeño frío con rico helado de piña.
Todo este repaso de "terremotos" se ajusta a los precios y características que tenían los respectivos tragos en un período coincidente con fines del primer semestre y todo el segundo de este año 2011, por lo que las referencias numéricas pueden haber cambiado y sugiero tomarlas sólo por aproximadas.
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Coordenadas: 33°27'9.48"S 70°40'39.90"W
  • LUGAR: "Tropezón"
  • DIRECCIÓN: Exposición 112, Estación Central y a un costado de la terminal ferroviaria.
  • VALOR: $ 1.600
  • CARACTERÍSTICAS: Vino pipeño dulce, muy sabroso y de color un tanto oscuro, con el correspondiente helado de piña cremoso y en proporciones muy generosas. El fernet completa la receta. Se sirve en vaso de medio con bombillita y platillo. Es una de las ofertas más atractivas del barrio y goza de gran popularidad aunque nos llama la atención de que no sea tan conocida entre los amantes del "terremoto". Como gran parte de la venta terremotil de Estación Central se concentra hacia el lado de la Pila del Ganso y hacia la avenida Blanco Encalada, como hemos visto en las guías anteriores, bien puede ser que este "terremoto" ofrecido por el bar-restaurante "Tropezón" sea el más importante y gustoso que pueda encontrarse en las primeras cuadras del complejo comercial y ferroviario del barrio, para nuestro gusto, por lo que conocerlo me ha vuelto un cliente más o menos regular del mismo.
  • HISTORIA: Dicen los dueños y administradores de la barra que la venta de terremotos en el "Tropezón" se remonta al tiempo en que este restaurante tenía su sede exactamente al lado, en el local que se encuentra más hacia la esquina. Con el nivel aristocráticamente plebeyo del público que lo frecuenta (desde funcionarios de la cercana USACH hasta abuelos del Hogar de Cristo), se hizo tan popular como sus cervezas y cañas de chicha. Acá ofrecen también una delicadeza que hemos visto en otros lados pero que ha cobrado especial popularidad después del terremoto con tsunami que barrió nuestro país en febrero 2010: el "maremoto", básicamente la misma receta del "terremoto" pero con el refrescante toque de la menta en lugar de fernet. A este trago, dicho sea de paso, otros le llaman también "kriptonita", por su color verdoso.
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Coordenadas: 33°26'4.19"S 70°39'21.74"W
  • LUGAR: "Villorca"
  • DIRECCIÓN: Teatinos 798, esquina San Pablo, Barrio Mapocho.
  • VALOR: $ 1.800
  • CARACTERÍSTICAS: Este "terremoto" es otra de las curiosidades entre las recetas sísmicas que ofrece el comercio santiaguino, pues además del pipeño rojizo que sirve de base a la mezcla, en vaso de unos 350 ó 400 c.c. aproximadamente (el cliente puede decidir si lo quiere de cristal o plástico), se agrega no sólo fernet sino también un poco de cherry, lo que le da un toque muy particular y propio, diría que acaso el sello del local, pues no he visto este ingrediente en ningún otro "terremoto" de Santiago y, contra lo que hubiese creído, funciona, aunque sólo en una medida bastante precisa (ponerle mucho, al parecer, alteraría el dulzor natural del pipeño). De hecho, en el "Villorca" tienen a una camarera especializada en hacer estos tragos, "maestra" en su oficio sísmico.
  • HISTORIA: Hará unos cuatro años que el bar y fuente de soda "Villorca" comenzó a ofrecer con éxito su receta, necesariamente particular para competir con otros locales del sector de Barrio Mapocho que también tienen fama de cantinas "terremoteras", como "La Piojera" y el "Touring". Este boliche es, además, una suerte de fuente de soda convertida ya en bar ocupando un clásico local de esquina que se remonta a los años más clásicos de la bohemia del ex barrio chino (hacia los años veinte o treinta), de modo que el haber incorporado en su oferta el "terremoto" fue una decisión casi inducida por la popularidad de este sitio. Comenzó a aparecer tímidamente algunos días, con un pendón anunciando su venta, y con el tiempo se ha vuelto ya algo estable dentro de la oferta permanente del restaurante.
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Coordenadas: 33°25'52.71"S 70°39'3.49"W
  • LUGAR:"Rupanco"
  • DIRECCIÓN: Artesanos 835, frente al Mercado Tirso de Molina, Recoleta.
  • VALOR: $ 1.800 (garza) $ 2.200 (medio)
  • CARACTERÍSTICAS: Lo pedí en vaso de garza, aproximadamente de un tercio, la famosa caña para vino. Estaba tan bueno que me arrepentí al primer sorbo de quedarme con la unidad más chica, así que recomiendo pedir altiro el grande y, si las tercianas piden más, pasar de ahí a la garza. El pipeño del "Rupanco" es conocido en todo Mapocho y su barrio veguino por su buena calidad, y por eso ha sido ofrecido históricamente en este lugar desde mucho antes de comenzar a vender su "terremoto": es claro, con tendencia ser seco y menos dulzón que otros que he probado en el sector. Acá también lo preparan a la vista del cliente, en la barra: con algo de fuerte si así lo quiere, más fernet aunque con moderación, onda así como para "el tinte". El helado es bueno, cremoso y compacto, casi cayéndose del vaso, y su dulzor combina bien con el sabor del vino. Se sirve sólo con la bombilla, así que cuidado con los chorreos.
  • HISTORIA: El "Rupanco" es un clásico de la comunidad veguina, muy frecuentado por pergoleros y comerciantes del Mercado Tirso de Molina, muchos de los cuales tenían desde antaño la costumbre de arrancarse un minuto a este local para pegarse un trago rápido y volver a sus puestos. Me consta que, por algún capricho, el negocio no vendía "terremotos" hace dos años, cosa extrañísima pues mucha gente asomó alguna vez por allí preguntando si lo vendía. Era cosa de tiempo para que incorporara el "terremoto" a sus cartas, entonces, considerando también que el pipeño ya lo tenía en venta desde hace muchos años y que tiene fama de muy bueno por acá en estos viejos barrios que tanto se han transformado en el último tiempo. Así pues, la decisión de vender "terremoto" allí es reciente, pero todo indica que será definitiva... Bienvenido al club, entonces.
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Coordenadas: 33°25'56.25"S 70°39'27.38"W
  • LUGAR: "Turismo"
  • DIRECCIÓN: Amunátegui 1052 llegando a Mapocho, límites del Barrio Mapocho, Santiago Centro.
  • VALOR: $ 1.600
  • CARACTERÍSTICAS: Aunque su receta sea la tradicional, sorprende que un "terremoto" tan bueno y gustoso no figure entre los más famosos de Santiago, quizás eclipsado por la popularidad de otros famosos locales del mismo barrio. Me lo prepararon en vaso de medio con un poco de ron para potenciarlo, pero con un pipeño base muy rico, otro de los más apropiados para hacer esta receta, según mi opinión, de ese mismo de color oscuro y opaco que se usa en varios de los más reputados expendios terremotiles de la ciudad, muy dulce y grueso. Según la jefaza, es del mismo proveedor del local más famoso de venta de "terremotos" en Mapocho, y apostaría a que así es. Helado de piña en abundancia, aunque no en trozos grandes, sino más compactados para hacerlos permanecer a todos dentro de la piscina de pipeño sin producir chorreos. Un poquito de fernet si el cliente así lo quiere, completa la receta del "Turismo". Se sirve en un plato y con cuchara. Simple y trascendente.
  • HISTORIA: El bar nació en las dependencias de otro más antiguo y surge con la generación de cantinas del Barrio Mapocho que completan el circuito de aventura etílica que muchos señalan con inicio en "La Piojera". De hecho, tiene los mismos proveedores que importantes restaurantes populares y famosos. Por esta razón, la dueña del "Turismo", que nos prestó algunos minutos para hablarnos de la historia del local y de sus menús, cuenta que su negocio nace ofreciendo inmediatamente el "terremoto", algo que ya parece un requisito para todo boliche que se instale en este barrio donde otrora estuvieron la Cárcel Pública y el Mercado Persa. Como en el caso de "Donde Piñita" y el "Touring", también en el vecindario, se trata de una picada casi familiar y hogareña, de esas cuyos clientes se vuelven amigos leales, por lo que es indispensable la presencia de este buen "terremoto" allí en sus mesas de colores.
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Coordenadas: 33°24'50.94"S 70°38'35.42"W
  • LUGAR: "La Carmencita 2"
  • DIRECCIÓN: Arzobispo Valdivieso 594-A, casi al frente del Cementerio Católico, Recoleta.
  • VALOR: $ 1.400
  • CARACTERÍSTICAS: Me resulta curioso que una mezcla tan simple de tres ingredientes bases (pipeño, helado de piña y fernet) pueda ofrecer tantas diferencias entre un estilo y otro, pero aquí lo confirmo: en "La Carmencita 2" hay grandes proporciones de helado pero ajustadas al dulzor del vino, grueso y oscuro, en parte por su naturaleza y en otra por el fernet. Viene en partes enteras pero también mezclan un poco con el pipeño antes de servirlo, supongo que con un breve batido en la parte superior. A menos que me estén engañando y también sugestionando, parece que este "terremoto" tiene ingredientes "secretos", además: alguna triquiñuela que lo hace más sabroso y que permite proponerlo con diferencias notorias respecto de las recetas de los demás "terremotos" del barrio. Probablemente lleva también un poco de fuerte, me parece que ron como principal sospechoso. Se sirve aquí en abundancia y destajo: en jarra de esas usadas para schops, con capacidad aproximada al medio y chorreando helado por sus costados. Me gusta el formato: es un verdadero cuadro de naturaleza muerta sobre la mesa, con una bombilla y una cuchara ahogándose en la mezcla, todo sobre un plato... Alegoría de la beoda riqueza.
  • HISTORIA: Lleva tiempo la dueña ofreciéndolo, cosa loable considerando que compite con la hegemonía de "El Quita Penas" instalado sólo unos metros más allá y con fama de tener uno de los mejores "terremotos" de todo Santiago. Ella no recuerda exactamente desde cuándo lo tiene incorporado en su recetario, pero recuerdo haberlo visto hace cerca de cinco años, así que se trata de otra presencia ya demostrada. "La Carmencita 2" pasa totalmente la prueba: terremoto generoso, grande, sabroso y con todas las características de un típico trago histórico, mezclado en el ambiente de estos negocios antiguos y casi familiares, con mesas cojas y un televisor encendido todo el día. Perla del barrio de los Cementerios, el trago de su barra es, sin duda, otro símbolo más para los tradicionales placeres de La Chimba.
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Coordenadas: 33°25'46.59"S 70°39'13.06"W
 
  • LUGAR: "Wonder Restaurant"
  • DIRECCIÓN: Avenida Independencia 216, Independencia (Frente al ex Monasterio de las Carmelitas)
  • VALOR: $ 1.600
  • CARACTERÍSTICAS: Es acaso la misma receta tradicional de local hermano "Wonder Bar", con ese afamado pipeño color ámbar de la cadena, de suave pero sofisticado sabor, se me ocurre que algo así como para el "terremoto" para caballeros, muy gustoso y aromático, aunque como hemos dicho ya alguna vez, cada local e incluso cada cantinero tienen su propia mano en este negocio. Helado cremoso y en trozos compactos que flotan sobre un vaso de medio, exigiendo la destreza del consumidor para clavar la bombilla sin botarlos ni derramarlos, pues la soma divina llega casi al borde. El barman tiene un talento especial para dejar el fernet flotando cerca de la superficie, dándole matices estéticos al color del trago, como la obra efímera de un artista culinario japonés. Si el cliente lo pide, se agrega un poco de fuerte, de granadina o incluso menta, pero en este caso recomiendo irse por la fiesta de sabores del buen pipeño y el helado, en la receta simplecita. Servido en plato, y voilá!
  • HISTORIA: Hace un año o dos llegó este restaurante al local que antes ocupaba el clásico "Continental", otro de los negocios más antiguos que quedaban en el barrio de la avenida Independencia y que cerró cerca de nuestros días. Y llegó con el "terremoto" de inmediato. Pero no hay que engañarse, porque la tradición es antigua y muy consagrada: sucede que el "Wonder Restaurante" es otro local de los mismos dueños del "Wonder Bar", que se halla al otro lado del río en General Mackenna, de modo que su famosa receta ya viene con garantía de éxito. Más encima, el simpático barman que lo prepara también trabajaba en el "Wonder" N° 1, así que no hay duda de que uno se enfrenta aquí con otro de los más históricos y comprobadamente buenos "terremotos" disponibles en el comercio. Por eso se ofrece también la variante con menta en lugar de fernet, misma que, hemos visto, es llamada en otros lados como "maremoto" o "kriptonita".
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Coordenadas: 33°26'16.13"S 70°38'57.62"W
  • LUGAR: "El Santo"
  • DIRECCIÓN: Pasaje Phillips 435, local 11 de la Galería Presidente, Santiago Centro.
  • VALOR: $ 1.700
  • CARACTERÍSTICAS: Honestamente, pensé que se bajaría puntos por usar helado corriente de piña (lo preparan a la vista), pero me equivoqué de manera rotunda, pues acá tienen un secreto: la doña de la barra trabaja con un vino pipeño de notables características, que también se vende solo y en caña a los clientes que llegan y que parecen ser todos conocidos. He probado ya este vino, muy parecido al que comenté sobre el "Wonder Restaurante" y el "Wonder Bar". Se vende en otros lados, pero desconozco de donde procede y cuál es su marca, pues al final del último sorbo suelo olvidar preguntar cuál es (entre varias otras cosas más que también olvido): se trata de un pipeño suave pero muy deleitoso, más claro que opaco y perfumado, realmente sabroso y diría que uno de los mejores para conseguir "terremotos" de buena calidad y de aprobación segura. Acá se sirve en caña tipo garza, con un poco de coñac y, previa consulta al cliente, una tapita de fernet. Una bombilla y listo. Si van con amigos, hay "terremoto" en jarra grande y a precios bastante buenos, más convenientes incluso que el "terremoto" individual. Disfrútenlo y cuidado con el síndrome de la guata vacía.
  • HISTORIA: Este pequeño pero cómodo sitio de don Rubén Bouzo, cantina y fuente de soda, es casi una excepción a la regla urbanística y sociológica del barrio... Por un lado, es un bar clásico, un cantina en medio de grandes edificios de pretensiones magnánimas y residentes ilustres, a tan poca distancia de la Plaza de Armas; y por otro, es una alternativa de comida casera entre locales de almuerzo rápido que son los principales de toda esta cuadra. Su "terremoto" es, además, el más cercano que conocemos al simbólico Kilómetro 0 de la capital chilena, por lo que no debe haber otro boliche tan céntrico como "El Santo" con el trago a la venta. La presencia de esta ambrosía nos refuerza la percepción de verdadero oasis o enclave de cocina y coctelería popular chilena en el centro del centro, así que me prometo a mí mismo regresar por otro.
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Coordenadas: 33°27'0.87"S 70°40'44.97"W
  • LUGAR: "El Burro Alemán"
  • DIRECCIÓN: Avenida Matucana 22-C, Estación Central.
  • VALOR: $ 1.500
  • CARACTERÍSTICAS: Un vaso de medio con todo lo necesario. Aquí apuestan todo al pipeño dulce y el helado cremoso, aunque de una consistencia que retarda un poco el diluirse, resultando bastante bueno para la época de incipientes calores y sed de algo refrescante. Se lo puede pedir con fernet, con granadina o simple. Recomiendo el de fernet para aquellos que no gusten mucho del sabor dulce en los "terremotos", y la granadina para quienes no tienen problemas con estos sabores azucarados. Se sirve sólo con bombilla. No me quisieron decir si lleva algo de fuerte, aunque me parece que no o bien tiene muy poco. Valoro principalmente este dulce pipeño aunque advierto que esconde un engañoso poderío embriagante.
  • HISTORIA: Este es otro de los locales del barrio que se entregaron, en los últimos años, a la tentación y necesidad de ofrecer "terremoto", allí alrededor de la Estación Central de Santiago, en cuya comuna se adjudica el nacimiento de este trago, como es sabido (en el bar "El Hoyo"). Como muchas fuentes de soda y schoperías tradicionales de la ciudad, ésta se fue convirtiendo gradualmente en restaurante, bar y cantina, de esas frecuentadas por obreros, trabajadores y universitarios que intercambian miradas entre sus respectivos tragos de copete y las pantallas de los televisores en las paredes. Material para la jornada completa.
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Coordenadas: 33°26'56.47"S 70°40'23.17"W
  • LUGAR: "José Antonio"
  • DIRECCIÓN: Alameda Bernardo O'Higgins 2803, esquina Libertad, Estación Central. A la salida del Metro Unión Latinoamericana.
  • VALOR: $ 1.800
  • CARACTERÍSTICAS: Es el mismo pipeñito claro, traslúcido y de gusto suave pero muy rico, que he descrito presente en otros "terremotos" en venta en Santiago. Aquí no le ponen nada más como fuerte: sólo el helado y el fernet. Bueno y sencillo, servido en jarra cervecera de medio litro, con bombillita. No sé si está demás la reiterativa advertencia a estas alturas, pero recordar que la mezcla de vino suave con helado es peligrosa para los que no tengan mucha resistencia etílica o anden medios débiles de alimentación. Recordemos que también hay quienes reclaman que el "terremoto" les cae pesado, por la cantidad de azúcar o el grosor del pipeño: para ellos, aquí en el "Juan Antonio" no tienen más excusas para hacerle el quite al trago.
  • HISTORIA: Seguramente, llegó a oferta también por la influencia de la Estación Central, que es un gran refugio del "terremoto" en la ciudad y punto de dispersión por todos los barrios de alrededor. Este barrio está profundamente influido por el "Chilenazo" y el "Huaso Carlos", entre otros emblemáticos sitios, pero el "José Antonio", que se presenta como cervecería y restaurante, tiene una tradición propia ofertando pipeño, borgoña y, desde hace algunos años, también el "terremoto", que parece producir cierta atracción al público universitario que abunda por este sector de la gran ciudad.
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Coordenadas: 33°31'21.60"S 70°35'57.39"W
  • LUGAR: "El Negro Bueno"
  • DIRECCIÓN: Vicuña Mackenna Poniente 7499, Paradero 14, La Florida, Metro Bellavista de La Florida.
  • VALOR: $ 1.500
  • CARACTERÍSTICAS: Aquí se usa un feliz pipeño fuerte y moderadamente ácido, de color amarillo un tanto opaco, que es deleite de poetas y artistas. Como suele suceder con los "terremotos" hechos con vino de no gran dulzor, esto se compensa con la adición de bastante helado de piña, con la magnífica consistencia cremosa de aquellos de buena calidad. La receta del "Negro Bueno" adiciona un poco de fernet y de manzanilla a la pócima de alegría, ingrediente este último que lo aproxima a la forma en que se lo prepara también en el famoso local de "Las Pipas" de calle Serrano y la mencionada "Picá del Huaso Carlos" en Romero. Vaso de medio frente al cliente, se sirve con bombilla y listo.
  • HISTORIA: La Quinta de Recreo "El Negro Bueno" es una de las más antiguas y tradicionales de La Florida, ubicada en esta conjunción de dos importantes avenidas desde los tiempos del tren hacia Puente Alto y del paso de viajeros hacia el Cajón del Maipo. Su fama ha trascendido a esta comuna que fuera considerada por tanto tiempo como área residencial suburbana y luego ciudad-dormitorio, hasta que el crecimiento de Santiago la fagocitó con el célebre local adentro. Los "terremotos" acá son parte de la carta tradicional a la vista del cliente, incluyendo chichas, pipeños varios, borgoñas y en estos días también el reputado "cola de mono" de la casa, además de sus platillos típicos. Forma parte también de una progresiva masificación del "terremoto" en varios bares de esta pobladísima comuna de la ciudad, que han ido agregando al trago en sus pizarras. Experiencia imperdible, en consecuencia.
Concluye aquí nuestra cuarta guía técnica con los mejores "terremotos" de la ciudad, y nos veremos entonces en la quinta, sexta y las que sigan. Larga vida al trago nacional, entonces, y larga vida a los que dejan el automóvil en la casa cuando se entregan a la aventura de la sismología de bares.
Veritas et terraemotus.

viernes, 16 de diciembre de 2011

RÉQUIEM PARA LAS PIEZAS DE UNA VIEJA CALDERA

Coordenadas: 33°26'43.87"S 70°39'14.79"W
Es difícil tener la oportunidad de observar tan de cerca reliquias tales como estas piezas, de antiguos sistemas de calderas de los sótanos en los edificios de Santiago Centro. Además de no ver jamás el Sol, muchas de ellas han terminado destruidas o vendidas como chatarra, al hacerse su mantención más cara que la opción de sustituirlas por nuevos y más eficientes sistemas de calefacción.
Fue hace tiempo... El jueves 6 de agosto del año 2009: estaban en la acera estas antiguas piezas de la caldera del edificio-portal de Nataniel Cox con Alameda Bernardo O'Higgins, el de la Caja del Seguro Obligatorio que fuera diseñado por los arquitectos Ramón Lecaros Matte y Samuel Aránguiz Latorre, levantado en 1943. No conozco mucho la ingeniería de estos artefactos, pero me parece que corresponden a las celdas-radiadores del aparato, que en ese momento estaba siendo desarmado tras tantos años de servicio y en el punto final de su vida útil. Al mismo tiempo, desde los subterráneos del edificio se escuchaba una poderosa sonajera de golpes y martillos, anunciando que los trabajos de desmantelamiento del sistema de calefacción -ya fuera de servicio- aún continuaban.
Tras tantos años de oscuridad y de trabajo generando calor, las pesadas y corroídas piezas de la antigua caldera volvieron a ver la luz del día sólo para esperar su triste destino, quizás en algún basural o taller de compra de metales. Estaban tal cual aparecen en las fotografías, frente a la entrada del edificio en Nataniel Cox 47, alineadas en el suelo como las partes del esqueleto fósil de una bestia extinta.
El administrador del edificio dijo que las botarían. Si acaso fue así, es una lástima que esta clase de osamentas no vayan a parar a ningún museo romántico, aunque sea de esos que nadie visita ya, pues no tardará en llegar el día en que nunca más pueda tenerse posibilidad de conocer estas reliquias de los años cuarentas (o antes). Lo mismo nos sucedió ya con muchas locomotoras de la primera época del ferrocarril chileno. Las imagino adornando una plaza, con niños jugando alrededor de ellas como si fuesen los restos de un robot enemigo o una nave espacial derribada... Pero bueno, éste es el costo de progreso.
No resistí las ganas de tomar estas imágenes y las dejo aquí como último registro de las viejas partes oxidadas de la deshuesada caldera, al cierre de su larga aventura de utilidad para la ciudad, allí frente al Barrio Cívico... Ojala haya tenido una buena vida.

"Y SI LOS PERROS LADRAN"... NO CABALGA EL QUIJOTE

Fuente imagen: bibliontecario.blogspot.com. Clic encima para ampliarla.
Supongo que ya han escuchado varias veces la famosa frase popular con una pretendida cita de Miguel de Cervantes y Saavedra en "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha" que dice, aludiendo a un supuesto diálogo entre Don Quijote y su escudero Sancho Panza, en una de sus principales versiones difundidas:
"Si los perros ladran, Sancho, es señal que cabalgamos".
Otra más decorada y armónica, dice más o menos lo mismo en los siguientes términos:
"Deja que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando".
Y existe una más dramática o teatral, que la coloca en un diálogo definido, y dice:
"- Mi señor... Los perros están ladrando.
- Tranquilo, Sancho. Es señal de que estamos cabalgando".
Pues tengo ganas de proponer una frase nueva a estas citas populares y a quienes las repiten con semblante docto y frecuente aire arrogante de versada elocuencia:
"Si los perros ladran y te acuerdas de la famosa cita del Quijote, es porque no has leído el libro…"
¿La razón?: pues porque allí en "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", jamás ha existido la manoseada frasecita, que en realidad parece haber sido tomada originalmente de un escrito de Goethe, aunque otras versiones se la conceden a Rubén Darío, Miguel de Unamuno e incluso a Orson Welles. Puede que se trate sólo de un viejo proverbio popular, entonces, que de cuando en cuando salta a la literatura y por alguna razón extraña quedó asociado al Quijote.
Increíblemente, reputados poetas del mundo, políticos de renombre y hasta distinguidos escritores de gran calibre internacional han creído en esta patraña de que corresponde a una cita del Quijote y así la han reproducido en escritos, discursos y entrevistas, ayudando a extender más aún el burdo error. Así, por ejemplo, refiriéndose a un escritor chileno-español, la revista santiaguina "Cosas" de mayo de 2003, decía en su encabezado y para el bochorno académico e intelectual:
"Si los perros ladran, es porque avanzamos, Sancho. Usando la sabiduría del Quijote, el escritor chileno radicado en Londres, y participante de los encuentros de Expansiva en Harvard y Valle Nevado, defiende a su amigo Andrés Velasco, explica su interés en la cosa pública -pese a las críticas que dice haber recibido- e intenta terminar su tercera novela, la que trata de la transición chilena".
El hecho consumado e irrefutable es que en la obra de Cervantes y Saavedra, sin embargo, lo más parecido que podría encontrarse a la frase entre todas sus cientos de páginas, son inocuas y fugaces alusiones del autor al ladrido de perros en aldeas, cuanto mucho, mas nada relacionado con el célebre aforismo.
Por cierto: la imagen de cabecera corresponde al famoso grabado del Quijote hecho por el artista Gustave Doré quien, evidentemente, sí leyó el libro de don Miguel de Cervantes y Saavedra.

lunes, 12 de diciembre de 2011

FRAGMENTOS DE LA ÉPOCA DORADA DEL VIDEOJUEGO (Capítulo 9): "DONKEY KONG"

El año de 1981 fue particularmente interesante para la producción y lanzamiento de algunas de las más famosas propuestas de videojuegos del mercado internacional. Formando parte de este fenómeno, una leyenda comenzó en aquel entonces: "Donkey Kong".
Ideado como juego de destreza, plataforma y laberinto, "Donkey Kong" fue creado por los expertos programadores japoneses Shigeru Miyamoto y Gumpei Yokoi, siendo su fabricante la compañía nipona Nintendo, que hasta hoy hace ostentación corporativa de este increíble logro comercial. De hecho, el éxito de "Donkey Kong" fue lo que sacó a esta antigua compañía oriental de su clásico negocio iniciado en 1889 fabricando cartas y juegos de mesa, para arrojarla vertiginosa y prósperamente al mundo de los videogames.
Aunque "Donkey Kong" es -indiscutiblemente- otro de los más famosos videojuegos de toda la historia del arcade, su origen se debió a un rotundo fracaso: Nintendo había producido un juego especial de cabinas muy exitoso en Japón, llamado "Radar Scope", de 1980, pero su semejanza relativa con "Space Invaders" alejó al público estadounidense y despertó ciertas sospechas de copia entre los clientes occidentales, marcando su fracaso fuera de la isla nipona. Urgía a la compañía, entonces, iniciar un proyecto que salvara sus inversiones en América.
Interesados en no perder el mercado de los Estados Unidos, entonces, los jefes de la Nintendo echaron manos a ideas de desarrolladores menores y más jóvenes dentro de la compañía, pero en los que se vislumbraba alguna clase de potencial. Así se puso atención en un prototipo presentado por el diseñador Miyamoto y que venía desarrollando desde 1977, que sería la base del juego. Su superior, Hiroshi Yamauchi, presidente de la firma, quedó complacido con la propuesta formulada en base a personajes de la cultura televisiva occidental como Popeye y King Kong, dando el visto bueno a la nueva apuesta.
Miyamoto trabajó afanosamente en esos días, asistido por su colega Yokoi. Juntos diseñaron no sólo la gráfica y la funcionalidad del juego, sino también el guión y las pantallas narrativas de la presentación e intermedios, muy semejantes a la lógica de los dibujos animados y las caricaturas japonesas. La música, probablemente de las más exitosas y reconocibles en la historia de los videogames, quedó a cargo del prestigioso y afamado compositor-ingeniero Yukio Kaneoka.
De esta manera, "Donkey Kong", originalmente bautizado "Donki Kongu", fue el primer videojuego en presentarle al mundo dos personajes que han sido generacionales y antológicos, que aún tienen vigencia en la cultura de los juegos electrónicos: Mario, el obrero italiano (aunque en ese momento llamado Jumpman y nacido como una copia del personaje Popeye) y Donkey Kong, el gorila que aquí aparece como enemigo parodiando al famoso King Kong, semejanza por la que Universal Studios incluso demandó a la empresa, aunque sin éxito. Aquí, el simpático Kong aparece secuestrando a Pauline (inspirada en Olive Oil, la novia de Popeye) la novia del protagonista Mario que debe ir en su ayuda trepando por estructuras de edificios en construcción llenas de trampas y obstáculos.
Así fue, entonces, que "Donkey Kong" se consagraría como el primer juego de la compañía Nintendo que logró penetrar en el mercado de los Estados Unidos, alcanzando un éxito total y saltando así al resto del planeta, además de lograr una gran cantidad de utilidades con las promociones, animaciones y usos adicionales que se hizo a los personajes del juego. Se cuenta que los compradores norteamericanos la sometieron a exitosas pruebas en bares donde se dispuso experimentalmente, y luego, aliados con los propios creadores de la Nintendo, comenzaron a descomponer las máquinas "Radar Scope" para reemplazarlas por "Donkye Kong".
El videogame tuvo, además, varias secuelas con sus personajes: Mario ha seguido apareciendo en infinidad de nuevos juegos, incluso con un hermano propio en "Mario Bross" (Luigi), mientras que el gorila reaparece en "Donkey Kong Jr" y otros juegos. También existen dibujos animados de ambos personajes. Su legado sigue siendo el más explotado y simbólico de la Nintendo.
Aunque nunca se ha explicado oficialmente por qué se llamó "Donkey Kong", existe la teoría de que hubo una confusión entre los productores japoneses del término anglo monkey (mono) con el de donkey (asno), que se le dio al primate del juego. Aparentemente, la voluntad de Miyamoto era, entonces, que el juego se llamara "Monkey Kong", pero alguien cometió un error nominal. Nintendo nunca se pronunció formalmente por esta extravagante curiosidad y menos hizo alguna clase de esfuerzo por corregirla, pues el nombre del juego se posicionó con velocidad de rayo en el mercado internacional, haciendo tarde cualquier intento de modificación.
La versión flash que aquí se presenta al final del texto es un demostrativo que, en lo fundamental, tiene todos los elementos del juego original.
Clic aquí para jugar emulador de "Donkey Kong"  en la ventana superior. Fuente flash: http://tripletsandus.com/80s/80s_games/donkeykong.htm

domingo, 11 de diciembre de 2011

LA MUERTE DEL PRESIDENTE SALVADOR ALLENDE FRENTE AL PSEUDO REVISIONISMO

Es extraña la situación del allendismo chileno: sus partidarios han repetido por décadas el dramático último discurso del infortunado ex Presidente, y sin embargo han sido incapaces de comprender que son las palabras de un hombre que se despide, que dice adiós a sus compañeros y que ha tomado la decisión de ponerle fin a su vida, como lo  haría también el periodista y amigo suyo Augusto Olivares, allí mismo. ¿Qué más podría significar un cierre como éste?:
“Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.
Unos dirán que su radical decisión fue por no entregarse a sus adversarios, llevándose su propia existencia antes que ofrecerla a la hoguera del enemigo. Para otros, habrá llegado a la drástica determinación a sabiendas de que sería humillado y sometido a juicios en su contra por parte de los vencedores, haciéndole responsable de la crisis que condujo al rompimiento. Como sea, al igual que en el caso del Presidente Balmaceda, su suicidio le consagra ante la historia con características de valor y rectitud, acaso heroicas, propias de todo aquel que siente inmolarse por causas superiores… Pero no todos quieren verlo así.
EL MITO DEL ASESINATO
Por años, partidarios de Allende sembraron la idea de que el Presidente había sido ejecutado, asiéndose de uno de los varios chistes de humor negro que lanzó esa mañana de septiembre de 1973 el General Pinochet en medio de la asonada golpista, y que ni siquiera guardaba relación con cómo fue la muerte final del mandatario, pues sugería tirarlo con avión y todo en la cordillera.
Concientes del valor propagandístico del mito del asesinato, además, los ex integrantes de su guardia personal callaron por años en sus lugares de exilio, guardando para sí los detalles del suicidio. Esta actitud es inexcusable.
Lo que muchos predicadores de la idea del asesinato desconocían, sin embargo, era que esa versión de su muerte fue sólo una de varias otras que circulaban entonces. Alguna de ellas, por ejemplo, difundida por el colaborador de Allende don Luis Renato González (quien no fue testigo de los hechos) alegaba que un militar intentó hacer que Allende se rindiera al entrar a La Moneda y éste, encañonado y demostrando su férrea decisión de no entregarse, se negó siendo asesinado en el acto. Ésta es la versión que, al parecer, tomó el tirano cubano Fidel Castro cuando hizo un sentido discurso en memoria suya a los pocos días de su muerte. Ha sido repetida o aludida tácitamente, desde entonces, por una serie de autores que van desde el escritor Gabriel García Márquez hasta el documentalista Michael Moore, por supuesto que sin advertir que no existe ningún testigo o prueba de semejantes hechos.
Existen otras historias extravagantes sobre la muerte, pero sin duda que una de las más famosas y decoradas decía que su cuerpo había quedado envuelto en una bandera chilena, allí junto al sillón, para darle un toque de profundo simbolismo a su deceso. Aunque este detalle ha sido negado por testigos y las propias fotografías, parecería ser en base a esta creencia que la estatua de Allende en la Plaza de la Constitución lo muestra saliendo precisamente del pabellón nacional, como si resucitara desde él.
PERO EL MITO NAUFRAGA...
La primera en admitir explícitamente que Salvador Allende se había quitado la vida por su propia mano, fue quizás Miria Contreras, alias La Payita, su amiga, secretaria y al parecer también compañera sentimental aunque muchos se esfuercen ahora por tratar de presentar esta relación como un cuento antiallendista. Después de muchos años de silencio, ella confesó cómo Salvador Allende se perdería del grupo que saldría a la calle, asegurando que iría al final, y de pronto escucharon todos la ráfaga de metralleta con que se quitó la vida; acto seguido, el intendente de Palacio don Enrique Huerta gritó a todos: “¡El Presidente ha muerto!”.
La descripción era bastante clarificadora, pero la gente cree sólo lo que quiere creer, y La Payita fue calumniada y atacada por los propios admiradores del ex Presidente a través de los pasquines opositores hacia fines de los ochentas, poniendo en duda su revelación.
Volvió a Chile la democracia poco después, en 1990, y comenzaron a aparecer también las versiones de otros testigos de la muerte de Allende, confirmando el suicidio. El más directo e importante de ellos fue el médico Patricio Guijón Klein, quien retrasó su salida con la demás gente a la que Allende ordenó abandonar el bombardeado palacio, y vio personalmente cómo el derrocado mandatario se suicidaba sentado en un sillón presidencial del Salón Rojo tras colocar el arma entre sus piernas y dispararla en mentón. La ráfaga fue devastadora: había destapado la mitad del cráneo y el encéfalo casi completo había quedado pegado en el techo, algo coherente con la dirección de las balas, como lo demuestran fotografías y filmaciones realizadas minutos después cuando La Moneda fue ocupada por las fuerzas golpistas. Y aunque muchos intentan sacar conclusiones extrañas alrededor de la posición del arma sobre el cuerpo del fallecido en esas imágenes, el propio doctor Guijón explicó que, en su desesperación al ver la escena, se arrojó a tratar de asistir al fallecido y hasta intentando tomarle el pulso, pero todo ya era inútil tras semejante lesión.
Otro médico allí presente, José Quiroga, también guardó silencio por años fomentando el mito del asesinato, hasta que al fin habló admitiendo una versión similar a la de su colega Guijón. La segunda autopsia realizada al cuerpo confirmó lo mismo, siendo aceptada como causa de muerte por sus familiares. Y en 1991, finalmente, el Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) estableció lo siguiente (los destacados son nuestros):
“El día y las circunstancias en que el Presidente Allende SE QUITÓ LA VIDA marcan un extremo de división en la sociedad chilena”.
En definitiva, poco y nada había para respaldar ya la leyenda negra del asesinato del Presidente Salvador Allende, con todas las evidencias apuntando con claridad al suicidio que anuncia tácitamente en su último discurso… Pero la tozudez de algunos fue más fuerte, como siempre.
Incapaces de aceptar cómo fue realmente su muerte y habiendo perdido de manos ya la oportunidad de señalar a los militares como autores del imaginario asesinato, un grupo de persistentes testarudos (entre los que figura el primer juez-opinólogo de la historia de Chile) se ha resistido a aceptar desde entonces los hechos y, luego de muchas vueltas, han presentado una nueva tesis más ecléctica e integrista para salvar la idea del crimen, aunque ésta no resistiría ni tener cerca siquiera al cuchillo de Occam: el ex mandatario intentó suicidarse pero no lo consiguió, así que debió ser asistido por un agente especial que le dio muerte. Según esta extraña idea, el autor final de la muerte habría sido el propio intendente de Palacio, Sr. Huerta.
Veamos cómo llegaron a semejante conclusión…
CÓMO INDUCIR A FALSAS PREGUNTAS
Sin dejar pasar la oportunidad, como gran adalid de esta nueva ofensiva en favor de la leyenda negra, se vuelve protagonista de pronto el periodista y ocasional escritor Camilo Taufic, cuyo nombre me resulta ácidamente conocido, pues -a riesgo de viciar esta exposición la falacia del argumento ad hominem- es la misma persona que hace un par de años me acusó a mis espaldas y sin mencionarme directamente en la administración de Google blogs por un supuesto plagio que -según él- yo habría practicado sobre un artículo suyo relativo al origen de la historia de Melville sobre la ballena Moby Dick, y cuyo grupo de discusión puede verse aquí. Al parecer, Taufic quería ser el único que tenía publicado en castellano algún artículo relativo a esta historia y al origen de la leyenda de la ballena blanca en las costas chilenas, y no soportó que existiera otro texto más completo y detallado que el suyo a este respecto.
Así pues, como soy una fuente con tendencias quizás prejuiciadas hacia este señor (por justificadas o no que estén), de quien sólo conozco una plétora de afirmaciones temerarias publicadas en formato libro con el título “Un extraterrestre en la Moneda y otras crónicas asombrosas”, veamos qué dice uno de sus propios amigos a propósito de una crítica al mismo libro suyo: “A Camilo Taufic, como a cualquier oriundo de la Patagonia, no se le puede creer mucho” (ver aquí). Creo que esto aplica perfectamente en este caso, en consecuencia.
A mayor abundamiento, con las afirmaciones vertidas en sus columnas de “La Nación” y que sirvieron de base para ese libro, podemos evaluar la seriedad investigativa del autor: Sobre la famosa y truculenta “autopsia de un extraterreste” de 1995, por ejemplo, que ya ha sido demostrada como falsa y producto de un cuidadoso negocio que involucró todo el montaje hecho con un muñeco de goma relleno con órganos verdaderos de animales, el periodista aseguraba que “aparte del público británico, nadie volvió a ver completo el film”, pues, según él “los servicios secretos de una gran potencia occidental, que sistemáticamente bloquean cualquier prueba medianamente aceptable sobre la existencia de seres inteligentes en otros planetas, inmediatamente fabricaron miles de ‘copias truchas’, denunció el diario ‘Crónica’ de Buenos Aires”. (Diario “La Nación Domingo”, 30 de abril de 2006).
Notable intento por insistir en que el Rey está vestido cuando a la vista de todos camina desnudo... Así, siempre atrapado en su extrema credulidad para con temas de ufología y vida extraterrestre, un tiempo después publica una calurosa defensa del charlatán profesional ufológico, el empresario digital Joe Firmage. Y conste que no me parece mal periodista: simplemente, teniendo algunos puntos bastante positivos en sus crónicas, guatea y decae gravemente cuando se propone a sí mismo como gran revelador de verdades ocultas… Como el asesinato de Allende, por ejemplo.
En fin, Taufic es ahora el personaje que ha asumido la loable tarea (personal o por encargo, no sabemos) de intentar poner en duda el suicidio del ex Presidente, pedir “aclarar” el caso y motivar a los tribunales de justicia de Chile, con una combinación de temas de derechos humanos y de efectismos políticos de contexto, en la misma causa seudo-revisionista… En realidad tenía el perfil ideal para ello, con sus antecedentes a la vista.
PRIMER ACTO: "SEMBRAR DUDAS"
Bien, ¿qué es lo que dice este caso típico de la imprecisión, politización y la falta de rigurosidad investigativa, sobre la muerte del ex Presidente Salvador Allende?
Aunque Taufic, particularmente, ya puede haber acariciado la idea en su libro “Chile en la Hoguera. Instantánea del Golpe Militar”, de 1974 (no opinaré de un libro que no he leído, ni leeré), comenzó tímidamente a reponer el mito proponiendo dudas sobre el tipo de arma regalada por Fidel Castro al mandatario y con la que se habría quitado la vida (“La Nación” del martes 25 de septiembre de 2007). Como no fue refutado a tiempo, prendió rápido tomando vuelo y de la duda pasó a la certeza de que Allende fue asesinado, predicando como pregón este producto editorial en nuestros días. “Suicidio asistido”, será su teoría.
Coincidió que ciertas especulaciones sobre la muerte de Allende comenzaron a rondar luego de la publicación de un autor extranjero que aseguraba que el presidente fue ultimado por agentes de su propia escolta en La Moneda y bajo mando cubano. Ya veremos más al respecto. Al mismo tiempo, un informe publicado por el médico forense Luis Ravanal también intentó poner el duda los resultados de la última autopsia que confirmaba el suicidio.
La versión del asesinato por eventual “fuego amigo” incluso fue rechazada por el muy antimarxista Hermógenes Pérez de Arce en su columna del diario “El Mercurio”. Otros, en cambio, vieron en ella la ocasión de restaurar el mito. Así, la gesta de esta cruzada comienza formalmente en los tribunales. La propaganda de Human Rights Watch hizo el resto pidiendo “aclarar” la muerte, partiendo -por supuesto- de la tesis internacionalizada por la publicidad de la izquierda en sus años de exilio y represiones, todavía popular fuera de Chile, respecto de que Allende fue asesinado y no se suicidó. Hablando siempre en potencial, para  abrirle espacio a las dudas, el director de HRW para Latinoamérica, José Miguel Vivanco, declaró en una radio:
“Hay que actuar con la mayor transparencia, hay que dar todas las facilidades a la Justicia, que se ha mostrado independiente y objetiva, para que llegue al fondo de la discusión y se establezca la verdad de lo que ahí ocurrió (…). Hay dudas respecto de la muerte de un líder en las condiciones que se produjo esa muerte, en pleno bombardeo de La Moneda, y pudiera haber evidencia que demuestre una tesis distinta” (Portal Terra.cl, 29 de enero de 2011).
O sea, si pudo ocurrir, entonces ocurrió… Y fue así como el 6 de enero de 2011 se dio curso para investigar 726 casos de violaciones a los derechos humanos hasta ahora desconocidos, pero entre los cuales se metió casi como cuña forzada la muerte del Presidente Allende, desestimando los comentarios que el propio Informe Rettig formuló en su momento sobre la naturaleza diferente de la muerte del ex presidente con respecto a los demás casos de violaciones a dichos derechos. Quedarían en manos del ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza.
Siguiendo con la estratagema de confundir en donde no se puede convencer, correspondió al diputado comunista Hugo Gutiérrez seguir abonando a la gestación de dudas infundadas, con una conferencia ofrecida a principios del mes siguiente y en la que expresó:
“Creo que hay personas que todavía tienen dudas del suicidio del ex Presidente Salvador Allende (…) me incluyo en los que exigen certeza judicial, en consecuencia yo no sé si Salvador Allende se suicidó o lo mataron. Lo que yo pido es certeza judicial, una investigación de un poder del Estado que establezca qué fue lo que ocurrió” (Portal Noticias123.cl, 2 de febrero de 2011).
SEGUNDO ACTO: "DAR POR HECHO EL ASESINATO"
Coincidentemente (o no tanto), el 4 de febrero siguiente los representantes de un movimiento llamado Acción Socialista Allendista presentaron el primer recurso judicial pidiendo también “aclarar” la muerte del Presidente Salvador Allende. Específicamente, se trataba de una querella por el delito de homicidio calificado… La conjura había surtido efecto, como se ve.
Pero como resulta imposible “aclarar” lo que ya está claro, su abogado Eduardo Gutiérrez intentó plantear también un escenario difuso y nebuloso como inspiración de la querella, con una descripción ambigua como motivación de las medidas cumpliendo así, tal vez, con la consabida estrategia de algunos hombres de leyes de intentar fabricar certezas como alternativa de explicación para inexistentes dudas:
“…aún en la hipótesis de que el Presidente Allende se hubiera suicidado, lo que hizo fue que cercado, posterior a un bombardeo, bajo fuego de metralla, no se entregó vivo. Por lo tanto aquí hay una inducción, un intento de asesinato y un crimen de lesa humanidad contra un presidente de la República” (Portal Terra.cl, 4 de febrero de 2011).
Es decir, como sea que muriera Salvador Allende, su fallecimiento pudo ser un crimen, con lo que queda sentado entonces lo “razonable” de toda duda sobre su suicidio. He ahí el cumplimiento de la fase siguiente para darle veracidad a lo que no lo tiene, entonces: la prensa no ha parado de hablar del “homicidio de Allende”, incluso un diario que es señalado por esos mismos grupos propagandísticos como representante de la fuerza editorial derechista que monopolizaría los principales medios de prensa nacionales, y que ha publicado:
“El pasado cuatro de febrero, el movimiento socialismo allendista presentó una querella por el delito de homicidio calificado del ex presidente Salvador Allende, en la que sostienen que aún en el caso del suicidio, que según ellos sería inducido y forzado, existirían responsabilidades penales” (“La Tercera” del viernes 11 de febrero de 2011).
Al no recibir noticias de la resolución que le debía dar tramitación a la querella, el mismo día se presentó en la Corte de Apelaciones el abogado Roberto Ávila, para insistir en que se avance con el asunto. En tanto, sin embargo, la desinformación ya se valía de los agitadores de siempre y en terreno propio. Así pues, el cineasta Miguel Littín también se levantó raudo a hacer su parte, declarando con gran propiedad y vehemencia, resucitando la vieja tesis publicitaria de la muerte de Allende:
“Todo indica que el presidente Allende fue asesinado, porque las tropas que entraron a La Moneda no entraron a saludarlo, entraron a matar a su enemigo, que en ese minuto era Allende” (Portal PrensaLatina de Cuba, 29 de enero de 2011).
De paso, ¡bingo!: el director de cine anunció un oportuno proyecto fílmico suyo que retrataría los últimos momentos de Salvador Allende y las nuevas teorías sobre su muerte… A estas declaraciones se sumarán, además, las de la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, hablando directamente del “magnicidio” de Allende, con lo que ya se da por hecho su asesinato, entonces.
TERCER ACTO: "TOMADURA DE PELO"
Decía ese principio proclamado por Voltaire: “Miente, miente… que al final algo queda”… Frase infame que ha sido erróneamente atribuida a los nazis por las mismas corrientes políticas que ahora intentan dar por hecho el mito del asesinato de Allende, cumpliendo cabalmente con la indicación de semejante exhorto.
Correspondió, entonces, el momento en que sale al baile nuestro mencionado Taufic, aportando la parte que faltaba a la campaña para sostener las razones de ir a golpear las puertas de los tribunales. Así pues, sin perder minuto, presentó a la agencia EFE sus investigaciones “de los últimos años” en donde concluye que la muerte de Allende fue un suicidio asistido, pues el mandatario intentó quitarse la vida sin conseguirlo, quedó mal herido a consecuencia de ello y uno de sus escoltas del GAP debió darle el tiro de gracia para consumar la muerte. Para Taufic, fue el propio intendente de Palacio, el señor Enrique Huerta, quien dio este tiro definitivo en la cabeza del derrocado mandatario, valiéndose de un fusil. Muy conveniente elección para endosar el pretendido crimen, por supuesto, porque desde ese mismo día Enrique Huerta figura como detenido desaparecido y fuera de toda posibilidad de defenderse de tales imputaciones.
Desde ahí, enlaza su relato de nuevo con testimonios como el de La Payita, que a continuación ven a Huerta “llorando, vuelto loco, diciendo que había muerto el presidente”, según sus palabras.
Hasta aquí pareciera que la historieta del asesinato se ajusta a una versión caribeña de que Allende fue asesinado por sus propios hombres, pero el periodista y ufólogo aficionado agrega un detalle adicional que salva del ocaso las acusaciones por las culpas que recaerían directamente sobre los militares alzados por el supuesto magnicidio, al decir que ellos montaron la escena del crimen por encargo del General Javier Palacios, militar a cargo del asalto a La Moneda:
“…empuñando un arma rusa, regalada por un jefe de Estado comunista, con la cual se dispararía en defensa de su Gobierno, ligando el fracaso de la vía pacífica y la vía armada al socialismo. (…) Palacios los convenció de que era más decoroso y digno para la historia que todos dijeran que se suicidó con la metralleta de Fidel Castro” (Portal Terra.cl, 4 de febrero de 2011).
Aunque no se ofrece prueba, concluye en que Palacios no dirigió la toma y desalojo de La Moneda, sin embargo, sino que sólo estuvo allí para montar esa escena de la muerte de Allende… Y ¡bingo otra vez!: como Littín lo hará en su área de cine, Taufic tiene la intención de publicar también un trabajo literario dedicado enteramente a explicar desde su tesis la muerte de Allende.
CUIDANDO EL PELLEJO AL GAP Y A CUBA
Pero como todas las mentiras son complicadas y complejas en su necesidad de adaptarse a los hechos ciertos, la nueva novela sobre la muerte de Allende se vuelve una maraña de enredos y conspiraciones que se ve enfrentada al peligro de salpicar las culpas directamente al Grupo de Amigos Personales del Presidente (GAP) y a los extranjeros de confianza del ex mandatario que le han servido también de informantes al periodista, en algunos casos. Su tejido requería también de algunos elementos para expiar por anticipado posibles culpas entre los de sus propias filas izquierdosas.
Vamos viendo, entonces... Para rescatar de culpas a los GAP, por ejemplo, agrega Taufic de su cosecha a toda la reconstrucción que pretendidamente ha logrado entrevistando a fuentes confiables:
“Que nadie interprete que a Allende lo mató un GAP; Huerta completó el suicidio como un acto de solidaridad humana y política con su presidente” (Portal Terra.cl, 4 de febrero de 2011).
Es decir, toda la responsabilidad material de la muerte, incluido el “tiro de gracia” que declara sobre Allende, es culpa indivisible de los golpistas y no de quienes dispararon la supuesta arma homicida. Se le han ahorrado no sabemos cuántos meses o años a los tribunales de justicia chilenos con esta conclusión, por lo pronto.
La otra manipulación evidente que se hace sobre la propia teoría, es ocultar que ésta se basa esencialmente en investigaciones de autores como Enrique Ros y Eduardo Mackenzi, respecto de que habrían sido los propios agentes cubanos los que dieron muerte a Allende, particularmente Patricio de la Guarda siguiendo órdenes explícitas de Fidel Castro a este respecto. Pero como el tenor de esta idea está en el lenguaje anticomunista que tanto incomoda, el mismo señor Taufic que me acusaba creativamente hace poco de plagiarle con disimulo su artículo de Moby Dick, se toma ahora la libertad de construir la historia del suicidio asistido omitiendo algunos de los detalles aportados por Ros y Mackenzi, para no complicar a amigos. Es decir, propone un subproducto de esas teorías… El propio Ros lo ha dicho recientemente:
“El periodista de ahora, días atrás, afirma que 'Allende falló al suicidarse y un escolta le dio el tiro de gracia' y menciona en su retorcida versión, los nombres que en mi anterior artículo yo citaba: el GAP, Danilo Bertulín, Patricio Guijón, Víctor Pey y Joan Garcés. Omite, entre otros, el de Patricio la Guardia en un intento, pueril, de alejar La Habana del crimen cometido en la Casa de la Moneda, el palacio presidencial de Santiago de Chile” (“Diario Las Américas” de Miami, viernes 11 de febrero de 2011).
En efecto, la teoría de Ros que sirviera de base para el nuevo cuento, dice que fueron el cubanismo enquistado en la Unidad Popular y sus agentes los que decidieron darle muerte a Allende para elevarlo a categoría de héroe o mártir y adicionar utilitariamente su ejemplo a la causa.
Por lo visto, la capacidad de adaptación de argumentos por parte del periodismo pseudo-revisionista es otro rasgo  admirable, aunque los resultados sean de todos modos rebuscados y poco creíbles.
LOS ARGUMENTOS Y LOS ARGUMENTANTES
Para poder dar solidez a tan disparatada y confusa teoría, donde enemigos conspiran por alguna secreta inspiración común contra la verdad de la muerte de Allende, se procede a asociar un presunto pacto de darle muerte con el tercer médico que estaba presente en La Moneda aquella mañana: Danilo Bartulin, precisamente el que menos ha dado testimonios y que vivirá retirado en Cuba. Para desacreditar al doctor Guijón, en cambio, que sí ha dado su testimonio y que sí observó en persona el suicidio o, cuando menos, los segundos inmediatos al mismo, el periodista se le arroja encima poniendo en duda su versión de haberse devuelto hasta las dependencias donde estaba Allende mientras los demás iban saliendo, definiendo como “algo absolutamente absurdo” que el médico explique su deseo de regresar por haber ido a buscar una máscara antigás u otra motivación.
Sobre el arma con que se quitó la vida, se asegura tambié que la AK-47 de Allende no estaba en La Moneda, sino que la atesoraba en su casa de El Cañaveral y de allí nunca salía. Para sostener esto, algunos sugieren recurrir al testimonio de los asesores españoles del ex mandatario, Víctor Pey y Joan Garcés, de los que da plena fe… Sí, ellos, los mismos que fueran señalados en el aparente montaje de la propiedad del diario “El Clarín” para sacarle millones de pesos al Estado de Chile hace poco tiempo, aprovechándose de una gestión de compra que el propio Allende le había confiado a Pey y que quedó inconclusa con el advenimiento del golpe militar, permitiéndole a este último presentarse después como el propietario de ese medio. Pero esa es otra historia.
Entregando sus confianzas a estos personajes y torciendo sus testimonios, se sostiene que el ex Presidente intentó suicidarse en realidad con un revólver que guardaba en su escritorio según “testigos de la época”, sin conseguirlo y siendo rematado por Huerta. Se agrega como confirmación un informe del año 2008 emitido por el mencionado doctor Ravanal, ex tanatólogo del Instituto Médico Legal, según el cual había un posible error en los resultados de la autopsia del cuerpo que no habría estimado la presencia de dos impactos de balas de distintos calibres y armas en el cráneo de Allende.
No está por demás advertir -otra vez asumiedo los riesgos de juzgar al mensajero y no al mensaje, lo admito- que el médico aludido es todo un personaje en estas aguas nigromantes, también ducho en la misión de sembrar dudas: sostuvo una fuerte polémica con las autoridades del Servicio Médico Legal el año 2004 y desde que debió abandonar esta institución, se ha dedicado a cuestionar los resultados varias investigaciones de la misma con respecto a casos de derechos humanos o crímenes de gran connotación pública, como es el de la universitaria Cynthia Cortés. También echó mano a antiguos y controversiales casos como el de Rodrigo Anfruns y de don José Tohá, siempre acusando errores, manipulaciones y otras denuncias que lo han hecho virtualmente popular en el revisionismo forense. Pero el mismo tanatólogo fue fuertemente cuestionado durante el reciente desarrollo del caso de “La Quintrala” (los crímenes por encargo de Pilar Pérez) cuando, trabajando como perito, habría ofrecido pruebas que exculpaban al sicario Ruz y a las que la fiscalía respondió demostrando que el médico ya se había puesto en cinco casos anteriores del lado de las defensas con informes que fueron desacreditados por los propios tribunales respectivos. Por ejemplo: había intentado sostener antes la causa de muerte súbita en el fallecimiento de un niño cuyo deceso se debió, según se pudo establecer, por parricidio cometido por su propios padres. En otro caso, presentó la muerte de un indigente como accidente vascular, pero su muerte se precisó, finalmente, en una golpiza. Más intrigante aún fue el caso de un empresario acusado por abusos sexuales de sus hijos y condenado por lo mismo, mientras que Ravanal había presentado un informe en favor del acusado.
REFUTACIONES
La Senadora Isabel Allende, hija del fallecido mandatario, fue una de las primeras en refutar la versión del asesinato que comenzaba a tratar de ser introducida. Entrevistada por un radio, declaró:
“Si el doctor Ravanal quiere tener esa opinión, está bien, que la tenga; pero la familia Allende, desde hace muchos años que hemos sustentado fidedignamente lo que establecieron los médicos que lo acompañaron hasta el final (…) No hubo ningún militar que subiera hasta el segundo piso al momento de la muerte del presidente Allende, no hay por donde sustentar aquello. Es más, sería tan grave como desconocer la palabra de todos los que estuvieron con él, lo que además los pondría como sospechosos porque no había ningún militar que subiera hasta ese momento (…) Ya deberían tener respeto, si es que alguna vez lo sintieron, por los dolores de una familia y de un país. Ya está bueno que entendamos -por lo menos desde el punto de vista nacional-que para nosotros la única versión fidedigna es la tienen los médicos” (El Mercurio” del miércoles 10 de septiembre de 2008).
Cuando comenzó la investigación del ministro Carroza y sin poder guardar silencio ante los hechos de los que era el único testigo directo, el doctor Guijón también sacó la voz otra vez y declaró en forma tajante respecto de esta nueva indagación:
“Yo creo que es muy poco probable que cambie las cosas, porque yo no puedo cambiar la declaración que ya hice. Las declaraciones mías siempre han sido exactamente iguales porque yo viví todo eso que fue una experiencia extraordinariamente difícil (…) Es difícil reproducir tal cómo fueron las cosas, paso a paso, los interesados tendrían que ver eso y eso no lo van a conseguir porque ya no existe prácticamente nada de lo que había. La Moneda está bastante cambiada así que reproducir las cosas actualmente es bastante difícil (…) Lo que yo vi figura claramente en todas las declaraciones que me han pedido y fui interrogado por el Ejército, por los diarios, por todas partes… Mi declaración no ha cambiado durante todos estos años. Yo he hecho una vida normal y apolítica durante todos estos años, para mí ver eso, por más médico que sea, no es un espectáculo que se me vaya a olvidar fácilmente” (Portal Terra.cl, 28 de enero de 2011).
Sin embargo, antes de que alcanzara a primar la sensatez, saltó a la palestra la versión sensacional del asesinato y volvió a cobrar cuerpo. Como hemos visto, ya estaba sugiriendo desde el año anterior algunas dudas que alimentaran la tesis del magnicidio. Pero su propuesta tan apropiadamente lanzada justo en este actual contexto de querellas y movimientos judiciales al respecto, también arroja al caudal una nueva instancia de refutaciones a los débiles argumentos con los que construye una historia de la muerte de Allende partiendo, precisamente, del resultado del informe del doctor Ravanal.
El principal y más importante detractor de la teoría de Taufic, además de ser importantísimo como fuente pues estuvo presente en aquellos hechos, fue el ex detective Juan Seoane, quien lideraba al grupo de efectivos policiales que acompañaron a Allende el día 11 de septiembre de 1973. Mientras era entrevistado en un medio radial, fue categórico en decir:
“…no hay ninguna posibilidad de que el señor Huerta haya asesinado al Presidente. Él estaba junto con nosotros al salir de La Moneda. lo tendría que haber visto yo, habían 20 personas en los alrededores. Es imposible que haya sucedido eso (…) El suicidio no se cuestiona. El que cuestiona es el señor Taufic que dice algo que no sé de dónde lo sacó. Todos los disparos fueron determinados por el Instituto Médico Legal por profesionales de toda nuestra confianza” (Portal Terra.cl, 10 de febrero de 2011).
Y metiendo el dedo en yaga sobre las motivaciones de difundir las versiones freaks sobre el asesinato del mandatario, agregó:
“…son novedosas para tratar que la gente compre los libros. La verdad de las cosas es como nosotros la decimos. Es lo mismo que decían que el Presidente murió en el sillón presidencial envuelto en una bandera. La versión más real es la que vivimos quienes estábamos ahí” (Portal Terra.cl, 10 de febrero de 2011).
ALLENDE ANTE LA VIEJA-NUEVA IZQUIERDA
Personalmente, pondría serias dudas sobre la credibilidad que merecen los edecanes de la idea delirante del asesinato de Allende, tan insostenible que de seguro se demostrará carente de pruebas, fundada sólo en chismes y torciones de los nudos de la realidad. Además, va contra los propios criterios usados en los casos de violaciones de los derechos humanos, donde buena parte de la investigación se basa en testimonios directos, que en este caso debiesen ser desechados para proceder a validar complicadas versiones de terceros que ni siquiera formaron parte de los hechos en estudio.
El intento por poner a Allende en el rango lastimero de la víctima de un magnicidio, demuestra también que una parte de la izquierda chilena jamás comprendió el interés del mandatario por su proyecto social, fracasado o sólo frustrado según el punto de vista. Ni ahora, ni entonces, cuando era el propio secretario general del Partido Socialista, el nefasto señor Carlos Altamirano, quien salía al podio a desconocer y ridiculizar el propio discurso de Allende y a sus insistencias en la idea de su vía pacífica al socialismo, sin el enfrentamiento armado que muchos de sus demás correligionarios pedían a gritos.
También se hace patente que el viejo y gastado discurso de la más monolítica izquierda se resiste a aceptar actos de sacrificio o entrega de la propia vida como hechos dignificantes. No cabe en la cabeza del marxista de vieja escuela que un hombre se ponga un arma en la boca y la dispare decidido a ofrendar su vida si es necesario por una causa que considera superior… No: en su mundo de las conveniencias de narraciones históricas y de dogmas intocables de materialismo social, sólo la muerte torturada, dolorosa y martirial -en manos de una bestia enemiga- es digna, porque cada pieza del engranaje es políticamente explotable por la propaganda política, incluso si es la del presidente.
“Si los hechos no se ajustan a la verdad, lástima por los hechos”, decía Lenin. Su sucesor, Stalin, llevó el principio a la práctica extrema y borró de todas las fotos oficiales a su enemigo-camarada Trosky, antes y después de encargar su muerte. “Las ideas son más peligrosas que las armas, y si no dejamos a un enemigo tener armas, ¿por qué dejarlos tener ideas propias?”, decía con desparpajo el Hombre de Hierro de la Rusia Bolchevique. Y más tarde, él mismo fue renegado y demonizado por quienes pretendieron endilgarle las culpas de todo el sangriento currículo histórico del movimiento que lideró. La realidad y el discurso corren, así, por líneas paralelas pero radicalmente distintas, donde una intenta eclipsar a la otra en una trenza infinita.
De esta manera, es claro que el allendismo chileno jamás entendió a Allende: no entendió siquiera su último discurso, que repitieron como papagayos casi 40 años sin un ápice de comprensión, salvo en la vibración de su elocuencia. De ahí que ni siquiera recuerden ya su litro de leche para todos los niños neonatos, su intento de crear una un automóvil del pueblo (el “yagán”), su casi quimérico fomento a la lectura popular vía “Quimantú” o su decisión de cerrar el cruel servicio sanitario de la perrera… Es mejor hablar de abstracciones, de desvaríos subjetivos, de buenas intenciones, de revoluciones pendientes, de venganzas en la agenda y así jamás aterrizar su imagen. Tampoco entendieron la naturaleza de su vía chilena al socialismo, que algunos irresponsables quisieron arrastrar a la vieja doctrina que salta de la lucha de clases directamente a la confrontación explosiva, condenando así su destino.
Finalmente, lo único que se necesita “aclarar” a estas alturas sobre la muerte del aludido, es cómo puede haber aún quienes siguen haciendo industria de su imagen y ni siquiera han sido capaces de absorber la naturaleza altruista y digna de su suicidio, enfermándola con especulaciones de asesinatos y tiros de gracia que sólo ayudarán a establecer la distancia entre el verdadero Presidente Salvador Allende y el que se ha fabricado para los blasones y la iconografía de la neo-izquierda o del progresismo chic que, en realidad, no es otra cosa que la misma y cada vez más marchita vieja guardia o “clásicos” de la historia del marxismo en Chile, adoptados por nuevas generaciones ya sin los elementos románticos y auténticamente combativos de antaño.

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