miércoles, 29 de febrero de 2012

LA CONDUCTA DEL PUEBLO CHILENO CON LOS ENEMIGOS EN LA GUERRA DEL PACÍFICO, SEGÚN EL SACERDOTE ITALIANO BENEDICTO SPILA

Grabado litográfico con la imagen de la Iglesia de San Francisco en Chillán, publicada por Recaredo S. Tornero en su "Chile Ilustrado" de 1872, pocos años antes de comenzar la Guerra del Pacífico y hacia los días en que Fray Spila se encontraba en la región, la que abandonó para volver a su patria en 1882 y escribir allá su trabajo de defensa a Chile frente a las afirmaciones de su coterráneo Caivano.
El siguiente es un interesante texto tomado del extraordinario y poco conocido documento "Chile en la Guerra del Pacífico", publicado por el sacerdote italiano R. P. Fr. Benedicto Spila de Subiaco, en 1883. Acá en Chile fue publicado por la Imprenta del Ñuble, en Chillán, con traducción de don Juan Franzani, otro ilustre y valioso italiano de su época. Fray Spila se había desempeñado como guardián del Convento de San Francisco de Chillán, conociendo muy de cerca al pueblo chileno y especialmente a los pobres, al hombre de campo y a los rotos, por quienes realizó grandes esfuerzos en su servicio religioso. Su motivación para escribir "Chile en la Guerra del Pacífico" nace del interés de refutar por completo a su compatriota el cronista e historiador Tomás Caivano, quien acababa de publicar en Italia y en plena Guerra del Pacífico un libro titulado "Historia de las Américas", donde hacía una verdadera caricatura del conflicto y adoptaba para sí con gran entusiasmo, muchos de los mitos y propagandas vertidas en Perú contra el enemigo chileno, en pleno desarrollo de la conflagración. El siguiente texto corresponde al capítulo IX del libro del franciscano italiano,"Conducta del pueblo chileno con los enemigos", páginas 70 a 73, que hemos adaptado a ortografía actual:
Cualquiera que conozca el indigno tratamiento que recibieron los chilenos en Lima y en todo el territorio peruano cuando se declaró la guerra, creerá sin duda que los peruanos habrán sufrido igual suerte en Chile. Esta conjetura es natural, porque es natural en el hombre, cuando no es guiado por la religión y por la sana política, vengar las ofensas inferidas a sus compatriotas haciendo sentir el peso del rigor a los conciudadanos de los ofensores. Es una lógica indigna, es cierto, no pudiéndose en justicia hacer responsables, en tierra extranjera, a los pacíficos ciudadanos, de cuanto se comete en otras partes por sus compatriotas; pero el hecho es innegable, debido al inicuo instinto de las represalias.
Las demostraciones hechas en varias ciudades de Italia contra los franceses por las ofensas inferidas en Marsella a la colonia italiana por la cuestión de Túnez, es suficiente para confirmar esta triste verdad.
Sin embargo, en Chile se dio un ejemplo de tan extraordinaria generosidad, que ha llamado la atención de todos los extranjeros, los que por esto le hicieron públicas demostraciones de admiración. En el largo período de la guerra, los peruanos residentes en Chile han gozado de aquella seguridad y paz, que la hospitalaria República de Chile dispensa a todo extranjero. Sólo en la ciudad de Concepción, una docena de bullangueros se permitieron algunos actos hostiles en contra del fotógrafo Palomino, peruano que, imprudentemente, los provocó con palabras ofensivas para su patria; demostración de cuatro gritos, que sin embargo fue censurada por los periódicos y por toda aquella culta sociedad.
Fue tan proverbial la generosidad del pueblo chileno con sus enemigos, que la viuda del contralmirante Grau mandó a sus hijos a colegios de Valparaíso para instruirlos y educarlos.
Para conocer hasta dónde llegó la nobleza de sentimientos del pueblo chileno, bastará saber que la noticia de la muerte de Grau, contralmirante peruano, produjo un verdadero dolor en toda la República (1). Grau, como ya dijimos, marino de bellísimo corazón, remitió a la viuda del ilustre Prat los objetos que éste poseía al tiempo de su heroica muerte, acompañándolos con la sentida carta que hemos reproducido en otra parte, y desde aquel momento, Grau ocupó un lugar de preferencia en el corazón de los chilenos.
De ahí el sincero dolor que manifestó a la noticia de su muerte. Semejante sentimiento se expresó en la prensa y en las más solemnes circunstancias, y el señor Carlos Castellón (actual ministro de guerra) hablando en la plaza de Concepción a un auditorio, justamente entusiasmado por la captura del "Huáscar", que dejaba a la escuadra chilena el dominio del Pacífico, no trepidó en afirmar que la copa de la más pura alegría, que en aquel momento embriagaba todos los corazones, era amargada por una gota de hiel, por la muerte del ilustre Grau, que por sus nobles acciones se había hecho digno enemigo de Chile.
Con esto, se puede fácilmente deducir que cómo se habrá portado el pueblo chileno con los prisioneros. Llegados a la capital y hospedados en magníficos cuarteles, gran parte de la sociedad de Santiago los visitó con tierno afecto, como habría podido hacerlo con sus propios soldados, les distribuyó regalos y fue pródiga hasta de dinero, llevando tan lejos su generosidad y afable trato con aquellos infelices, que algunos periódicos las censuró suavemente, porque con tantas muestras de bondad habrían podido creer que las merecían por sus acciones, cuando eran sólo natural efecto de la compasión.
Y mientras la sociedad de Santiago mostraba tanto lujo de nobleza, el gobierno le señalaba para su estadía la ciudad de San Bernardo, que es el temperamento más suave de la provincia de Santiago, y lugar de recreo de los grandes señores de la capital.
¡Qué contraste entre los sentimientos del pueblo peruano y aquellos del pueblo chileno!: los peruanos expulsan de su suelo a los pacíficos chilenos, con pérdida de sus bienes y con peligro de la vida, los chilenos consienten en sus ciudades y tiene por ellos toda clase de consideraciones; los periódicos de Lima llegaron hasta negar el evidente heroísmo de Prat y de la tripulación de la Esmeralda, y los chilenos reconocen públicamente el valor de Grau y de los marinos del "Huáscar" y se entristecen por la muerte de aquel simpático contralmirante; los peruanos emplean los prisioneros chilenos en los trabajos de las fortificaciones y los relegan a regiones inhabitables, y los chilenos los reciben con excesiva generosidad y eligen para su residencia uno de los lugares más amenos de la Republica.
Esto habla demasiado en favor o en contra de una nación: esto dice que deberán pasar todavía algunas generaciones, antes que el Perú alcance el grado de civilización a que ha llegado Chile.
Segunda edición del libro de Fray Spila (Roma, 1887)
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(1) Cuando se recibió la noticia de la captura del "Huáscar", en todas partes se oyeron protestas de simpatía para el contralmirante Grau, cuyo mérito era apreciado en su justo valor. Cuando a la tarde el telégrafo anunció la muerte de este distinguido marino, que había sido comunicada por los navíos chilenos que volvían del combate, en medio de las más legítimas manifestaciones de alegría que produjo aquella victoria, hubo una explosión de un general sentimiento de dolor.
La prensa de aquel día dejó imprimido (sic) en caracteres indelebles tales súbitas transiciones de sentimientos tan contrarios, en los grandes centros de las poblaciones de Chile.
Barros Arana, Histoire de la Guerre du Pacifique, 1.r partic. p. 100.
NOTA ADICIONAL: "Historia de las Américas" no fue la única vez en que Tomás Caivano actuó como publicista histórico para el Perú. Un famoso y posterior trabajo suyo hecho a solicitud directa de Lima y titulado "Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia", retoma y desarrolla muchas de las afirmaciones que anteriormente vertidas y que fueron desmentidas por Spila, en algunos casos con enfoques temerarios y francamente bizarros... Gran diferencia con Spila, además, que realizó su publicación en favor de Chile bajo su propia iniciativa personal y su peculio. A pesar de esto, mientras el libro de Caivano fue reeditado al menos 16 veces, el de Spila sólo contaba con la edición de 1883 y otra aumentada de 1887 pero en Roma, hasta hace pocos años cuando fue republicado en versión facsimilar por Ediciones Patria Nuestra, por iniciativa del investigador Marcelo Villalba y con prólogo del profesor militar Enrique Cáceres. Fray Spila falleció en 1928 y, hasta donde tengo entendido, el único reconocimiento realmente importante que pudo recibir como agradecimiento chileno apenas publicó "Chile en la Guerra del Pacífico", fue un Voto de Gratitud extendido por la Municipalidad de Valparaíso el 8 de octubre de 1883.

EL PANUL: LA DEFENSA DEL ÚLTIMO BOSQUE NATIVO

Coordenadas: 33°32'6.89"S 70°32'4.06"W (entrada) 33°32'1.97"S 70°31'11.68"W (fundo)
Hubo una época en que los bosques precordilleranos se veían por el contorno del valle de Santiago, mirando hacia las montañas que cercan la ciudad por el oriente. Todos ellos han ido desapareciendo gradualmente, a medida que avanzan los proyectos inmobiliarios cada vez de cota más alta: el antiguo camino hacia la Quebrada de Macul hoy resultaría irreconocible para quien lo haya conocido hasta los años ochenta, mientras que las viejas arboledas del camino hacia Las Vizcachas conservan de aquellos tiempos sólo el trazado donde alguna vez estuvieron.
Ya he comentado en este blog de la cantidad de árboles que había hacia el final de calle Rojas Magallanes, en la comuna de La Florida, conviviendo especies nativas del bosque cordillerano con otros grandes pinos y eucaliptos que quedaban de la época en que muchos estos terrenos se relacionaban con órdenes religiosas allí establecidas. En los bordes de este tramo del Canal San Carlos, hacia el Sur, y a pesar de la urbanización creciente, todavía es posible encontrar medialunas de rodeo y pequeños bosques de antiquísimos robles y espinos. Otros, cercanos también a la Central Hidroeléctrica de La Florida, ya han desaparecido bajo los últimos conjuntos habitacionales.
Recientemente, se ha dado una batalla notable en la misma comuna, en favor de los bosques del Fundo El Panul, situado al final de los terrenos urbanizados, en las faldas de las montañas. Todavía no está dicha la última palabra sobre su destino, por lo que su situación es un tanto incierta.
Cómo llegar a El Panul: vista aérea mostrando el acceso al fundo y sus bosques precordilleranos, en base a imagen satelital de GoogleEarth. Hacia el centro, puede distinguirse el camino circular y, hacia la derecha, un trazo despejado para las líneas eléctricas de alta tensión. Actualmente, la urbanización y construcción de casas ya ha pasado por sobre todo el sector despejado que se observa entre las curvas sinuosas que conectan las calles Rojas Magallanes con Las Tijanas, muy cerca del Colegio Pablo Apóstol (clic encima para ampliar la imagen).
EL ÚLTIMO BOSQUE
Desde el bajo valle es fácil de ubicar al bosque tomando por referencia el muy notorio edificio del Colegio Pablo Apóstol al final de calle Las Tinajas, que puede distinguirse como una de las grandes siluetas ubicadas en las partes más altas de la urbanización hacia el Sur de la línea de montañas y con el cerro Minillas de fondo. El Panul se encuentra a un lado y atrás de este edificio, manchando con su exuberante verdor el paisaje.
Algunos ecologistas han tratado de presentar a El Panul casi como un bosque prístino e intocado, pero la verdad es que la mano del hombre está claramente presente allí: a los trazados de caminos se suman algunos restos de basura y huellas de fogatas que están prohibidas al interior del terreno, e incluso alguna vaquita perdida que pasta tranquila por entre los cerros. Encontré alguna vez hasta un cartucho de escopeta, siendo que la caza tampoco está autorizada.
El fundo un vasto terreno de forma rectangular que se extiende en dirección oriente-poniente, abarcando un total de 570 hectáreas aproximadamente, entre bosques y áreas rurales. Se extiende justo sobre un tramo de la temida Falla de San Ramón, en una pendiente que ha sido señalada como potencialmente peligrosa por las probabilidades de aluviones, aludes e inundaciones que el propio bosque ayudaría a contener, en caso de ocurrir. Parte del fundo ya ha perdido sus antiguos árboles, especialmente hacia el lado Norte, por el mismo sector donde fueron asesinados cerca de 80 (o más) muchachos antibalmacedistas en plena Guerra Civil de 1891, hecho histórico conocido como la Masacre de Lo Cañas. A la sazón, la tierra era propiedad de don Carlos Walker Martínez, que se suscribió a los revolucionarios, aunque según escribió Jorge Olivos Borne al año siguiente de los hechos, El Panul era en realidad sólo una parte perteneciente al total del fundo del político. Aún se puede acceder al punto donde tuvo lugar la matanza, al final de la calle Central en Lo Cañas, por ahí donde se encuentran una casa de estilo montañés y un enorme galpón viejo.
A pesar de la intervención humana, el valor del fundo por sus tesoros naturales es incalculable, pues contiene al último bosque nativo precordillerano que queda en la cuenca de Santiago, el único caso de bosque esclerófilo de estas dimensiones y características en toda la Región Metropolitana. Salvar a El Panul es, en la práctica, salvar al último bosque auténticamente santiaguino. Incluso, a nivel internacional su importancia es de enorme trascendencia e interés científico, pues el bosque esclerófilo de este tipo existe sólo en zonas específicas del Chile central asociadas al clima mediterráneo.
El lugar se ha convertido en sitio de paseo para deportistas, caminantes, aventureros y ciclistas de montaña. Se tiene una postal extraordinaria de toda la cuenca santiaguina desde esa altura. Aunque está prohibido hacer picnic y transitar en motocicletas, según lo establece un cartel en la entrada del sendero principal al final de calle Las Tinajas, me consta que algunos hacen caso omiso de esta advertencia. Otro letrero, más pequeño, saluda a los visitantes allí mismo:
"Peatones y ciclistas, Bienvenidos! Recuerda dejar cerrada la tranca al salir o entrar. Y llévate tu basura, no ensucies lo que podemos disfrutar todos".
Es preciso aclarar, sin embargo, que esta entrada es híbrida: aunque también conduce a El Panul, corresponde en realidad al antiguo acceso al vecino Fundo de Zabala, que se encuentra más al Sur. Si bien popularmente se llama a todos estos árboles como bosques de El Panul, como los mostramos en una imagen aquí incluida, el fundo con este nombre está al lado Norte de dicho cuadrante, atrás del sector del camino circular.
LOS HABITANTES DE EL PANUL
En los senderos del fundo hay todo un muestrario botánico: espinos, quillayes, bollenes, maitenes, litres, peumos, guayacanes y boldos. Por tratarse de árboles y arbustos en su mayoría de hojas perennes, característicos de bosque esclerófilo, el panul siempre está ofreciendo su verdor allí, sin importar la época del año, por lo que es un magnífico pulmón verde para la cuenca que no requiere de mantención ni riegos especiales. Algunos de estos árboles alcanzan 20 o más metros de altura.
Además de su carácter como reserva de flora, el bosque también sirve como un refugio para las mencionadas especies y todas las que van desde líquenes hasta cactáceas de cerros, ya que toda esta diversidad natural y conviviente ha ido siendo eliminada o desplazada de otras áreas precordilleranas, encontrando aquí una trinchera de vida. Muchas de sus especies están en estado vulnerable o en peligro.
Lo mismo sucede con la fauna: conviven especies nativas como los zorros, lagartos y lagartijas, culebras chilenas (de cola corta y larga) y arañas pollito, más otras introducidas como los conejos silvestres. La abundancia de aves es una de sus más notorias características: es imposible no advertir la cantidad de golondrinas, rayaditos, pequenes, tencas, pitíos, tiuques, chercanes, loicas, zorzales, tijerales, viuditas, tordos, codornices, perdices, cachuditos, cernícalos, aguiluchos y colibríes, que dominan el mismo aire cargado de mosquitos, escarabajos y otros insectos. Es un lugar importantísimo para la nidificación y reproducción de estas especies dentro de la región. Por la noche, son los chunchos y tucúqueres cazando polillas o ratones. Coros de cigarras o chicharras suenan siseando por todos los rincones donde haya troncos, hojas o rocas, callándose brevemente sólo mientras dura el paso de los intrusos por las cercanías de sus dominios. Lagartos y arañas pollito corren a ambos lados del camino huyendo del visitante.
A todo este ecosistema se han "sumado" algunos perros abandonados que viven por el sector y que aparentemente son inofensivos, alimentándose de la generosidad de los visitantes. Suelen estar tomando sombra cerca de la entrada, en el primer árbol que puede observarse por el sendero. Algunos buenos samaritanos les colocaron unas casuchas de madera al otro lado, en el extremo final de la calle Las Tinajas, con un cartel que dice representando la voz que no tienen los canes:
"CUANDO VENGAS A PASEAR O A COMER COSAS RICAS, RECUÉRDANOS!!! NOSOTROS TAMBIÉN TENEMOS HAMBRE".
LA AMENAZA INMOBILIARIA
En 1989, el terreno del Fundo El Panul fue puesto a la venta, siendo adquirido por Vicente Navarrete por una exigua cifra de tres millones de pesos, según datos publicados por los opositores al proyecto inmobiliario que iba a presentarse. Un año después, volvía la democracia a Chile pero con imperfecciones tales que el afán de las grandes empresas constructoras se vio facilitado, a través de mecanismos como el lobby y las influencias sobre los políticos de turno.
El resultado de estos intereses y presiones fue que, en 1994, se modificó el trazado urbano que determinaba el límite de la ciudad en el Canal San Carlos y la avenida Tobalaba, por el lado Sur, elevándose la autorización de construir conjuntos residenciales hasta la cota 900. Hay que reconocerlo, en honor a la verdad: entonces y ahora, se ha denunciado que hubo oscuras relaciones entre autoridades políticas que modificaron la legislación sobre el Límite Urbano y las empresas interesadas en que esto sucediera. Por mi parte, recuerdo que muchos de los árboles fuera de la concentración del bosque pero de las mismas especies que hay en El Panul, se perdieron en la urbanización de los terrenos que hoy conforman la prolongación de avenida Rojas Magallanes hacia los cerros. Irónicamente, estas nuevas calles surgidas con las villas construidas llevan nombres de flora nativa chilena.
Unos diez años después del cambio del trazado urbano, comenzaron a conocerse noticias de proyectos inmobiliarios que tendrían puestos los ojos en El Panul y áreas cercanas, lo que motivó una reacción del Red de Defensa de la Precordillera, aunque el tema estaba mal difundido y mucho se especulaba sobre incertidumbres. Un tiempo después, y siendo Navarrete dueño de la inmobiliaria Gesterra S.A. además de consejero de la Sociedad de Fomento Fabril, la empresa presentó un millonario proyecto para talar y urbanizar el terreno del Fundo El Panul del que seguía siendo propietario, para construir en él alrededor de 1.302 casas que, según su informe, abarcarían unas 69 hectáreas, de las cuales 60,4 corresponderían a bosque propiamente tal. Eran 80.0000 millones de dólares los contemplados para la inversión.
La razón de fondo para justificar el proyecto es la misma que participó del desmantelamiento y destrucción del Aeropuerto de los Cerrillos: ambiciones comerciales de inmobiliarias que ven estos terrenos como "subutilizados" o "desaprovechados", planteándose a sí mismas como soluciones favorables a la ciudadanía y al interés nacional. Así las cosas, el 2 de septiembre de 2008, la empresa presentó ante el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) el “Proyecto Inmobiliario Fundo El Panul 164″.
Sin embargo, sucedió que, en octubre de 2010, el informe de Gesterra fue rechazado por una gran cantidad de observaciones, entre otras algunas muy básicas, como haber sido ingresado en condición de Declaración, en circunstancias de que debía hacerse como Estudio de Impacto Ambiental cumpliendo estrictamente con los puntos que se especifican para tal.
Gesterra reaccionó al rechazo retirando raudamente el proyecto, lo que dio a algunos la falsa sensación de que desistía definitivamente de sus planes. Algún medio publicó, de hecho, el extraordinariamente ingenuo título de que la empresa había abortado sus planes. En realidad, la firma sólo ganaba tiempo para preparar una nueva arremetida.
LA DEFENSA DEL BOSQUE
En tanto, la incertidumbre cundía en La Florida alrededor de la escasa información que se conocía sobre el proyecto en el bosque. En agosto de 2009, la Municipalidad ofreció un seminario especialmente orientado al tema, titulado "Consideraciones científicas para la conservación del bosque nativo en la precordillera: el caso emblemático de El Panul". También se realizó un par de documentales en este período, para potenciar y promover la defensa ciudadana gestada alrededor del asunto.
Tras el mencionado rechazo del 2010, Gesterra volvería a insistir con el proyecto, esta vez mejor asesorada y preparándose para los obstáculos. Comenzó a insistir en lo mismo a la Municipalidad de La Florida y, según el Estudio de Impacto Ambiental presentado en noviembre de 2011 al SEIA, conjuntamente con la consultora Sustentable S.A. que prestó sus servicios a la empresa, los objetivos están declarados de la siguiente manera:
"Este proyecto se ubica en una zona que conforme a la planificación territorial vigente permite explícita y absolutamente este desarrollo urbano".
"Adicionalmente, conforme a lo establecido en el Plan Regulador Metropolitano de Santiago, se materializarán las vías estructurantes correspondientes, esto es las extensiones de Avenida Central y Avenida Rojas Magallanes".
Inmediatamente, se prendieron otra vez las alertas, en especial cuando se informó que la empresa había estado presentando informes con grandes tergiversaciones a la CONAF, al SAG y a la Conama. Por ejemplo, un informe decía que la mayoría de los árboles del fundo estaban atacados por la peste y agónicos, cosa que fue fácilmente desmentida con una inspección de funcionarios del SAG en el lugar. También tomó ribetes de escándalo el asunto cuando se supo que el Ministerio de Vivienda había persuadido bajo presión a la Dirección de Obras Municipales, para conseguir su aprobación del plan de Gesterra, concedida el 30 de junio de 2011 y hecha pública el día 7 del mes siguiente.
A la sazón, la oposición al proyecto seguía liderada por la Red de Defensa de la Precordillera, buscando ponerle atajo a estas intenciones de destruir el bosque. El objetivo principal es no sólo impedir que se consume el proyecto, sino también que el propio Estado de Chile adquiera el fundo y se haga cargo del mismo, garantizando que jamás volverá a ser amenazado por esta clase de proyectos inmobiliarios. En el ideal, se espera que algún día el bosque sea declarado Parque Público Metropolitano e integrado a la ruta por los Andes Centrales del Sendero de Chile.
Avalan a la oposición al proyecto dos decretos de vital relevancia en este asunto, y que ya casi estaban olvidados pese a seguir en plena vigencia y estar destinados precisamente a proteger al sensible bosque esclerófilo de la Zona Central. Para sorpresa de muchos, habían sido firmados en 1974 por el entonces Presidente de la Junta Militar, General Augusto Pinochet, siendo revelados después por don Patricio Herman, cabecilla de la ONG Defendamos la Ciudad. Corresponden a los Decretos Supremos Nº 82 y Nº 327, que protegen todos los bosques, arbustos y matorrales cordilleranos comprendidos entre Chacabuco y la ciudad de Sewell, de modo que El Panul queda incluido. Considérese también que la propia Constitución Política de la República establece garantías y obligaciones muy relacionadas con este caso, gracias a las insistencias hechas entonces por el naturalista Dr. Juan Grau: el "derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación", así como "es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza" (Capítulo III, sobre "Deberes y Derechos Constitucionales").
A pesar de lo dispuesto en la Carta Fundamental y de la vigencia de estos decretos, a fines de 2010 ya se había arrasado gran parte de los árboles del sector de Las Tinajas a escasos metros del acceso a El Panul, también correspondientes a ejemplares del bosque esclerófilo. Años antes había sucedido lo mismo en Peñalolén, cuando se arrasó otro bosque precordillerano para construir la Universidad Adolfo Ibáñez. Más aún, sin contar todavía con los permisos de edificación, se constató que cuadrillas de trabajadores y maquinarias enviadas por Gesterra habían realizado ya trabajos de despeje de piedras dentro de El Panul, preparando todo para la inminente tala de los bosques.
EL RECHAZO Y LA EXPECTACIÓN
Profundamente alarmados por la escasa información y con el cumplimiento de plazos que permitirían rechazar el proyecto, las organizaciones sociales vinculadas a la defensa de El Panul habían irrumpido en el Consejo Municipal en una reunión del 4 de mayo de 2011, comprometiendo a las autoridades a asumir una posición firme en favor del bosque, además de su compra o expropiación por parte del Estado. Grande fue la frustración en julio, cuando se comunicó la aprobación a causa de las presiones que ya describimos... Pero aún quedaban algunas sorpresas.
Un factor de enorme importancia para la vida de los residentes de La Florida, es que la presencia de este bosque permitiría evitar la amenaza de aluviones desde la zona cordillerana, al mantenerse el terreno permeable y naturalmente tupido de vegetación. La comuna ya tiene una experiencia trágica y traumática al respecto: el aluvión de la Quebrada de Macul durante los temporales de mayo de 1993, que mató a más de 30 personas y dejó miles de damnificados, fue facilitado precisamente por la deforestación y compactación de terrenos para urbanizarlos en zonas de alta cota de la precordillera y con gran inclinación del ángulo del suelo. Y, como vimos, una enorme cantidad de casas se han construido ya en nuevas villas que van desde el borde del Canal San Carlos hasta la proximidad del mismo bosque de El Panul.
Otro aspecto de seguridad importante del bosque es que atrapa muchas de las partículas en suspensión de la zona precordillerana, evitando que éstas emigren hacia la ciudad en las partes más bajas, además de funcionar como el descrito pulmón verde que es. Como también se sabe que estos bosques ayudan a regular la temperatura zonal, es probable que ésta suba en la comuna en caso de ser talado.
En otro aspecto, la CONAF ya había presentado al SEIA su Oficio con observaciones realizadas en terreno, y donde se leen las siguientes conclusiones, entre muchas otras interesantes (los destacados son originales):
"En inspección de terreno al área del proyecto, se detectó la especie forestal Guayacán (Porlieria chilensis), clasificada como VULNERABLE, según Decreto 51, de abril de 2008, de MINSEGPRES, que aprueba y oficializa nómina para tercer proceso de clasificación de especies según su estado de conservación y, que no fue incluida en la caracterización del componente flora y vegetación del proyecto. De acuerdo con lo anterior, se solicita caracterizar nuevamente el componente flora y vegetación, en virtud del nuevo antecedente".
El 18 de enero de 2012, el Servicio de Evaluación Ambiental rechazó el Estudio de Impacto Ambiental presentado por Gesterra, pues carecía de la información esencial y debía ser reformulado por completo. Las autoridades municipales y la comunidad floridana celebraron públicamente la decisión, pues el alcalde Rodolfo Carter preparaba ya una modificación del Plan Regulador Comunal para poder resguardar la zona, a la vez que anunciaba una consulta masiva a los floridanos para saber la opinión dominante al respecto.
La consulta se realizó durante el fin de semana que comenzó el viernes 27 de enero. Los floridanos interesados debían asistir a alguno de los cerca de 30 puntos dispuestos para responder la siguiente pregunta, en dispositivos para voto digital: "¿Aprueba Ud. la decisión del municipio de defender el bosque El Panul y modificar el plano regulador para proteger la precordillera de La Florida?". El triunfo de la opción "Sí" fue avasallante: 98% de los votos dados por unos 22 mil vecinos que concurrieron a expresar su voto. Y si bien no se trató de una votación vinculante, constituye una demostración incontestable de cuál es la voluntad popular al respecto en La Florida.
Recientemente, a fines de febrero 2012, el SEIA rechazó la apelación de la empresa, lo que es una magnífica noticia para el bosque y sus defensores. Todavía se esperan algunas novedades sobre la encrucijada histórica que se halla El Panul, mientras cientos de personas van a conocer este bosque cada semana sin saber si estará aún para la próxima visita. Por ahora, sólo queda aspirar a que se cumpla la expectativa de sea declarado Parque Nacional, causa para la que trabaja afanosamente el grupo ciudadano de la campaña "¡Salvemos el Panul!". De lo contrario, aún podrían reaparecer los negros nubarrones de conflicto sobre el limpio horizonte azul del último gran bosque esclerófilo de Santiago.

martes, 28 de febrero de 2012

LA PLAZUELA DE LA MERCED Y SU ESCULTURA DEDICADA A LA CARIDAD ETERNA

El monumento en 1997, cuando la plaza aún era área verde, aunque las ligustrinas tapaban la base del conjunto haciendo invisible la inscripción del homenaje a doña Antonia Salas de Errázuriz (Imagen del diario "La Tercera").
Coordenadas: 33°26'17.75"S 70°38'49.83"W
El monumento de bronce "A la Caridad" se ubica exactamente frente a la Basílica de la Merced, en el cruce de las calles Mac Iver (ex Las Claras) y Merced, a poca distancia de la Plaza de Armas y en el barrio comercial del Centro de Santiago. Estamos tan acostumbrados a verlo siempre que, probablemente, los santiaguinos ni siquiera podamos decir de memoria cuántos personajes tiene en su composición, sin una previa inspección rápida.
Pues resulta que en este sitio, hoy acosado por el concreto y donde la flora se reduce a sólo unos cuántos arbustillos instalados en tiempos recientes (antes tenía césped y matorrales), hubo antes una placilla heredada desde los tiempos de existencia de jardines coloniales de la iglesia, en la actual esquina suroeste del cruce de ambas calles. Las palmeras que se enfilan en esta vereda son quizás un recuerdo reminiscente de aquella época. Es por esa razón que este espacio abierto del barrio se conoce como Plazoleta de la Merced, aunque nos quede poco de ella en los cerca de 585 metros cuadrados que ocupa, especialmente después de su última remodelación que la dejó como plaza dura.
La plazoleta y su entorno han sido parte de un rincón histórico desde el nacimiento de la ciudad, no sólo por la presencia de la orden mercedaria. Por estos lados tuvo su casa el comerciante español Juan García Salguero y también el Corregidor Zañartu. Poco más abajo, don Manuel Montt ubicó también la suya. Exactamente en el cruce de ambas avenidas, además, encontró la muerte en servicio, en 1933, un valioso voluntario del Cuerpo de Bomberos de Santiago: don Víctor Hendrych, caído en un accidente con un tranvía. En la esquina vecina funcionó por varios años una de las sedes del famoso restaurante "Nuria". El conejo escabechado era parte de la carta menú más famosa que se ofertaba por los mesones, creo que también allí en el "Bar Parrillón", que tenía su cuartel en la ex casona Montt, y donde aparecía de vez en cuando el escritor Enrique Lafourcade.
Por sí misma, la plazuela fue relevante en la historia capitalina antigua. Sady Zañartu comenta en "Santiago calles viejas" que en torno a este sector, también tuvo su casa-solar el Maestre de Campo don Bernardo de la Cuadra Echeverría, por ahí por los años de la Independencia. Y cada día domingo y festivo, al terminar la misa del alba, los vecinos se reunían en la Plazuela de la Merced a observar las llamadas "carreras" y exhibiciones a caballo que don Bernardo organizaba con sus mejores animales. Para realizar estos juegos, se cerraba la calle de Las Claras con barreras de madera, entre Merced y Huérfanos.

También tuvo una pileta de agua esta placilla, mencionada por Recaredo Santos Tornero en 1872. Según su descripción, era para entonces muy sencilla "una taza o fuente de losa canteada de ochenta a noventa centímetros de profundidad" en cuyo centro "se levanta un cañón de fierro por donde es expelida el agua" destinada al consumo de la población más que a servir de ornamento urbano.
Por su parte, Juan Luis Espejo comenta que, antaño, esta placilla era llamada Plazuela de los Vientos, pues era costumbre que las mujeres fueran hasta ella a refrescarse con la brisa después de haber pasado por un parto y habiendo cumplido el período de los 40 días de cama.
El monumento en la actualidad.
Vista frontal con algo de entorno de la plazuela.
Vista desde atrás, con la iglesia al frente.
Uno de los datos más importantes y que quizás ayudar a explicar en parte la presencia del monumento, es que frente a la iglesia y a la propia plazoleta, existió una casona colonial que alguna vez sirvió de albergue para niñas huérfanas. Espejo la describe como una residencia de reja conventual y cuatro patios, "en donde podían vivir hijos, nietos, larga servidumbre y hasta con pesebreras para los caballos del coche".
Lo que más destaca hoy, sin embargo, es el conjunto artístico al centro de la plazoleta, que representa a una dama dando asistencia a tres sufrientes desposeídos, alegorizados en la desnudez de una mujer, un niño y un anciano. Está montado sobre una base rectangular de roca, de cara a la fachada de la actual iglesia mercedaria.
La escultura tiene una firma de buena cotización en la historia universal del arte: "DRIVIER". Corresponde al escultor francés León Ernest Drivier (1878-1951), discípulo de Rodin, cuyo estilo artístico es de inspiración clásica y de gran dramatismo expresivo. En su base está inscrito el nombre de doña Antonia Salas de Errázuriz, sobre la frase "Charitatum Dilexit", algo así como "Amó la Caridad" en latín.
Vamos de a poco... Doña Antonia Salas Palazuelos de Errázuriz era la hija del ilustre Manuel de Salas, nacida en 1788. Fue matrona, ofició como enfermera y contrajo matrimonio con don Isidoro Errázuriz Aldunate, uno de los patriotas precursores de la Independencia de Chile, que incluso estuvo confinado en Juan Fernández por involucrarse con los revolucionarios, durante la Reconquista. Doña Antonia, dama de una filantropía sin límites y considerada casi una santa viviente en su tiempo, también ayudó a la causa disponiendo de su propia casa como improvisado hospital para los patriotas tras las batallas emancipadoras y después para los enfermos de la epidemia de cólera. Pasada las guerras, semanalmente iba a ayudar en la atención de enfermos del antiguo Hospital San Borja, con un grupo de voluntarias que fundarían después la primera generación de la Sociedad de Beneficencia de Santiago y la Hermandad de los Dolores.
La formidable generosidad y abnegación  de doña Antonia, aliada a la del Arzobispo de Santiago Manuel Vicuña Larraín, condujeron a la decisión del ministro Diego Portales de solicitar la venida a Chile desde Francia de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón, materializada en 1838, las que eran conocidas por sus acciones de servicio social y hospitalario. Las monjas de San Vicente de Paul que trajo doña Antonia, ayudarían al cuidado de los hospitales; y las de La Providencia, harían lo propio con los niños. Sus esfuerzos también permitieron la fundación de la Casa del Buen Pastor, en 1855, y las monjas de esta orden ayudaron a atender las casas correccionales.
Pareciera que doña Antonia Salas no habría tenido ningún reconocimiento importante a su obra después de su muerte ocurrida en 1867, así que, según la información publicada por el Consejo de Monumentos Nacionales, una pariente suya tuvo la iniciativa de erigirle un monumento a tan notable mujer de nuestra historia, hacia la proximidad del Primer Centenario de la Independencia. Esta familiar residía en Buenos Aires, Argentina, en donde existía ya una hermosa obra de Drivier titulada "La Primavera", que había sido elogiada en esas tierras platenses y que estaba originalmente en la Pérgola del Lago de Palermo, pero después fue trasladada hasta el Parque Justo José de Urquiza.
La persona referida tuvo la idea, entonces, de solicitar al artista francés la creación de una obra que homenajeara la memoria de doña Antonia. Los documentos publicados por el Consejo de Monumentos Nacionales y la Universidad Miguel de Cervantes sugieren que la inspiración para solicitar la escultura a Drivier fue la misma obra que el escultor francés había colocado en la Argentina, aunque parece que de todos modos el autor se tomó plenas libertades creativas, pues mientras "La Primavera" mostraba a tres figuras femeninas de pie, en la dedicada a la caritativa chilena los personajes están arrodillados o sentados y sólo dos de ellos son femeninos, aunque en el mismo estilo figurativo neoclásico. Además, en la estatua de Argentina aparecen esculpidos y adosados a la roca, mientras que en esta nueva obra las imágenes se ven desprendidas y casi en unidades.
Titulándola "A la Caridad", o "Ángel de la Caridad" según otras fuentes, hacia 1910 Drivier habría tenido terminado el encargo y envió la obra hasta las manos de la solicitante. Ella la puso en barco de camino a Chile. Pero otros textos señalan que esto sucedió más de 15 años después, pues todo el trámite que se realizó tanto para solicitarla, pagarla y transportarla es casi desconocido en nuestros días, al haber correspondido a una gestión privada, quedando en misterio la mayor parte de ella.
Vista de la mujer que abriga a los desposeídos.
La firma del autor.
Inscripciones en la base de piedra, al frente.
Tras desembarcar, además, los enredos administrativos hicieron que el monumento permaneciera guardado en las bodegas de la Aduana de Valparaíso sin ser enviado a Santiago, al contrario de lo que se había dispuesto. Por esta razón, la solicitante debió viajar desde el Plata hasta Santiago, para arreglar por su propia cuenta estas vicisitudes y convencer a las autoridades de montar esta obra en algún lugar de Santiago. Su insistencia rindió frutos el 27 de mayo de 1927, cuando la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de instalación de "A la Caridad", según señalan las actas del Consejo de Monumentos Nacionales. Sólo un parlamentario votó caprichosamente en contra de la iniciativa.
Sin embargo, tuvieron que pasar otros cuatro años para decidir dónde colocar la obra dentro de la ciudad, algo ocurrido hacia 1932. Se supone que había sido escogida la Plazuela de la Merced, simbólicamente situada ante la basílica de la congregación religiosa relacionada precisamente con la caridad. Empero, el monumento estuvo primero en el hall del Palacio de Bellas Artes, sobre un espejo de agua y con una fuente detrás de sí, siendo trasladado más tarde a la Alameda de las Delicias frente a calle Santa Rosa. El conjunto quedó instalado en la Plazoleta de la Merced, por entonces llamada Plaza del Arzobispo, sólo después de este peregrinar por Santiago Centro, pero se cuenta que jamás pudo ser inaugurado: la anarquía política que se vivía en esos días y la seguidilla de gobiernos provisorios impidió que un acto oficial de descubrimiento la presentara formalmente.
Pese a todo, la obra de bronce marcó aquella esquina hasta nuestros días. Como hemos dicho, reúne a cuatro personajes, pero destaca el de la mujer con una especie de vestido ligero y más alta en el conjunto, a diferencia de la desnudez de los otros tres a quienes parece abrazar, como si les diera abrigo. Es la representación que Drivier hizo de doña Antonia Salas de Errázuriz, en actitud de ofrecer acogida a los desvalidos.
Posteriormente, Drivier realizó otra obra con el mismo dramatismo que la de Chile y hasta cierto grado de semejanza, que algunos le consideran como la mejor y más conocida, siendo llamada "A nuestros muertos". Está en la Plaza de Estrasburgo, y muestra a una madre que abraza con dolor a sus dos hijos caídos en la guerra, mientras estos han perecido con sus manos tomadas, como aferrándose entre sí a la vida. Alegoriza la tragedia de Alsacia, con uno de los hijos simbólicamente muerto por los franceses y el otro por los alemanes. Aunque Drivier la concibió originalmente para los caídos en la Primera Guerra Mundial, colocándose en su base la inscripción "1914-1918", irónicamente, la maldad cíclica de la historia ha obligado a los franceses a seguir anotándole nuevas fechas, incluso después de la muerte del autor: "1939-1945", "1945-1954" y "1952-1962", aludiendo a las posteriores guerras que volvieron a comprometer vidas francesas.
Y así como la estatua de Estrasburgo ha seguido en triste vigencia después de haber sido creada sobre una época específica de la historia y sus dramas, la nuestra emplazada en la Plazoleta de la Merced o de la Caridad aún sigue recordándonos no sólo los sacrificios de doña Antonia Salas de Errázuriz, sino la importancia y la necesidad aún cierta de la caridad humana, requerida hasta nuestros días en un país que presume tanto de sus logros y de su aparente desarrollo, pero de espaldas a la resistida realidad tercermundista que arrastra y seguirá arrastrando probablemente por mucho tiempo más.

lunes, 27 de febrero de 2012

LA AVENTURA DEL RESTAURANTE & BOITE "WALDORF" EN LA VIEJA CALLE AHUMADA

Coordenadas: 33°26'29.01"S 70°39'2.57"W
Hemos hablado antes de los subterráneos que se encontraban -hasta hace pocos años- en la segunda cuadra de calle Ahumada, cuyo origen se remonta a los tiempos en que aún había tránsito vehicular por la arteria, antes de que la administración del alcalde Mekis la convirtiera en paseo peatonal.
En el número 170, por ejemplo, justo en la entrada del pasaje Bombero Ossa y alguna vez junto al antiguo salón de té santiaguino "Pic-Nic", ya desaparecido, encontraron sede en sus galerías algunos oscuros locales comerciales como un cabaret de dudosa reputación y un salón-academia de pool. Ambos sitios habitan hoy sólo en los recuerdos intangibles de la ciudad. Eran lugares misteriosos, situados bajo el sector más transitado de Santiago Centro que había albergado también a la más famosa de las casas de videojuegos en Chile: los entretenimientos Diana, que alojaron allí hasta 1984 antes de emigrar a otro subterráneo ubicado al frente, en el 131 del paseo, la dirección que nos interesa en este artículo.
Caminando hacia el fondo de las escalas del 131, se llegaba antes al espacioso subterráneo del final del pasillo, sede de un mítico local que ofició como bar-restaurante y salón de té durante el día, y como boîte y salón de espectáculos durante las noches: "Establecimientos Waldorf", nombre que dolerá como puñalada en el alma a los románticos y los nostálgicos bohemios del Santiago que se perdió en la línea inexorable del tiempo.
Don Luis Pubill rodeado de algunos de sus amigos durante el día de inauguración del "Waldorf" en 1949, con grandes festejos e invitados. Imagen de una revista del gremio de comerciantes de bares y restaurantes.
 
Uno de los primeros avisos publicitarios del "Waldorf", hacia 1950.
El "Waldorf" fue fundado a mediados de siglo por la sociedad Pubill Hermanos y Cía., conocidos empresarios de origen catalán. Su cuartel era este subterráneo situado en el edificio de oficinas y departamentos del mismo nombre del restaurante, que a lo largo de su hisotira ha acogido otras famosas casas en su interior, como la Satrería Aedo. Según Oreste Plath, fue en agosto de 1949 que tuvo lugar la presentación pública del "Waldorf", pero tenemos a mano la "Revista de la Asociación de Hoteles , Restaurants y Similares" que comenta con orgillo la inauguración en el mes de febrero de ese mismo año.
Para ingresar al local, se descendía por esas escalas señaladas y donde un cartel celebraba al visitante anunciando: "Restaurant Boite Waldorf". Por entonces, los escalones estaban cuidadosamente alfombrados, con pasamanos de bronce a cada lado. Al interior, su estilo, estética y servicio eran muy norteamericanos, precursor de un carácter modelo que fue considerado todo un progreso para el comercio y el desarrollo de la industria de este tipo de establecimientos, "sin parangón en toda Sud-América", según comentaba el articulista Antonio Garay en el citado reportaje de la revista gremial.
El éxito como restaurante continuado, luncheonette et rotisserie, atraía a unas 250 personas promedio por día regular, mientras que los viernes, sólo durante la hora del aperitivo, tenía con seguridad 200 clientes. Con tales volúmenes de público, el "Waldorf" llegó a ser rápidamente uno de los bares-restaurantes más importantes de todo Santiago, visitado por ilustres personajes y gente del mundo del espectáculo. Sus dueños eran, además, los mismos de los célebres "Establecimientos Oriente", ubicados en Plaza Baquedano.
A diferencia de otros incómodos locales subterráneos de la capital, éste contaba con sistemas especiales de acondicionamiento ambiental y aparatos de purificación de aire. La cocina era eléctrica y con modernos refrigeradores, con equipos especiales para el traslado de los alimentos hasta los garzones. Don Luis Pubill Carnet, director de la firma y gestor de la idea del "Waldorf", había supervisado personalmente la construcción de estas maquinarias y aparatos eléctricos en Estados Unidos, y luego el montaje de ellos en Santiago. Había mucho interés en la buena presentación de los platos y bebidas, concepto que era novedoso en el comercio gastronómico chileno de aquellos años. Fotografías de los mismos platillos se hallaban sobre los mostradores, al estilo de los actuales expendios de comida rápida. Había luces decorando el ambiente, fotografías artísticas enmarcadas (a color) y cristales iluminados. Además, los tableros incluían información nutricional de cada plato solicitado por el cliente.
Plath dice también que en sus salones se filmaron películas de la célebre cantante y actriz nacional Hilda Sour, que había sido protagonista del primer filme chileno sonoro junto a Alejandro Flores: "Norte y Sur", de 1934. Me parece que, en el caso de las escenas rodadas en el "Waldorf", Plath quizás se refiere al musical "Chao Amor", de 1968, pero sí tengo plena seguridad de que aparece varias veces como locación del filme "Uno que ha sido marino" de José Bohr, de 1951, con la propia Hilda Sour cantando en el escenario del local.
El maestro Roberto Inglez, que con su piano amenizó por décadas las salas del "Waldorf". Imagen de la revista "Ecran" de 1959.
Reunión de celebración del Día Mundial de la Publicidad en diciembre de 1957, en el "Waldorf". Fotografía publicada por la revista "En Viaje" de enero del año siguiente.
Fotografía del interior del "Waldorf" publicada por la revista "Life" en su conocido set de imágenes de Santiago de Chile, también hacia los años cincuenta.
Por las tardes y las noches, el ambiente cambiaba a un aire bohemio y artístico por el que pasaron grandes figuras de la música, como Lucho Gatica, Sarita Montiel, Antonio Prieto, Doménico Modugno y Malú Gatica. El piano bar estuvo amenizado por el Hideway del maestro Roberto Inglez (Robert Inglis), esa suerte de pianista de "Casablanca" versión escocesa pero nacional por adopción, que tocaba en la hora de once y en la del aperitivo. También hizo historia en su escenario el gran cantante francés Charles Trenet y su compatriota no menos famoso Jean Sablon. Más tarde, tocó establemente allí también el grupo "Conjeturas", cuyo teclista era el músico Pedro Chango López, posterior integrante de bandas musicales como "Rumba 8" y "Armonía 4".
Otras celebradas visitas que pasaron por el "Waldorf" fueron estrellas como Bill Haley, en su tour internacional de 1958, y Paul Anka, quien concluyó en el escenario del local su gira por Chile en octubre de 1960. En otra ocasión, actuó para la boite la prestigiosa orquesta española "La Casino de Sevilla". En este mismo nivel internacional que fue capaz de ofrecer para sus shows, el "Waldorf" prestó escenarios a "The Platters", en 1968. Como se sabe, uno de los cantantes, Andy Moss, quedó fascinado con Chile y decidió venirse a vivir acá unos años después, ya disuelto el quinteto, contrayendo matrimonio con una chilena, pero ella falleció en un accidente. Destruido, enfermo y arruinado, Moss falleció el año 2003 en la miseria y el abandono, en la ciudad de San Antonio.
El "Waldorf" tuvo también muchos clientes igual de ilustres, nacionales y extranjeros. El comentarista deportivo Julio Martínez era uno de sus comensales más fieles; el maestro Valentín Trujillo no sólo iban a menudo, sino que también tocaron alguna vez en las orquestas del club. Cuando visitó Chile el afamado trompetista Louis Armstrong, quiso conocer el reputado centro de entretención y comidas; sin embargo, la leyenda dice que no lo dejaron entrar, pues no cumplía con la estricta exigencia de ingreso a esa hora, que era llevar corbata. Otro acontecimiento parecido que es comentado por Plath, es el que sucediera al abogado, sociólogo y economista Felipe Herrera, cuando le pidieron adentro su cédula de identidad para aceptarle el cheque con el que pretendía pagar la cuenta. Lo curioso es que Herrera era, a la sazón, Gerente General del Banco Central de Chile y Presidente fundador del Banco Interamericano de Desarrollo, además de profesor de Derecho y ex Ministro de Hacienda... Su firma aparecía impresa en todos los billetes de circulación en aquellos años.
En 1970, los propietarios del "Waldorf" y del "Establecimientos Oriente" pasaron los locales a manos de una nueva firma que se quedó con ambos restaurantes. Volvió a ser vendido un tiempo más tarde, en medio de un progresivo decaimiento de su popularidad y de afluencia de público... Su brillo comenzaría a apagarse.
Hilda Sour cantando en el "Waldorf", en el filme "Uno que ha sido marino" (1951).
Fotografía muestra al grupo "Conjeturas" en las escalas de acceso al local del "Waldorf" (fuente imagen: www.changolopez.scd.cl).
Vista actual del ex-local de Ahumada 131, donde se encontraba antes el "Waldorf" y después la casa central de los entretenimientos Diana.
Con la caída de los espectáculos nacionales y el advenimiento de la crisis económica de la Receción Mundial, más los efectos que la época de "toques de queda" y de restricciones a este tipo de actividades tuvo para el rubro, el "Waldorf" comenzó a precipitarse hacia su ocaso. Tras 35 años de vida, se decidió el cierre del local y las galerías subterráneas fueron vendidas. El domingo 26 de agosto de 1984, en una dolorosa última jornada, los últimos clientes del otrora célebre club y centro gastronómico, eran atendidos antes de proceder a la clausura. Plath dice que sumaban, entre todos, 13 parejas. Al concluir, el público fue despedido, los empleados colgaron sus uniformes y la cortina se bajó diciendo adiós para siempre.
Ese mismo año, los entretenimientos Diana se cambiaron desde el frente al mismo famoso sótano de Ahumada 131, donde permanecieron hasta el año 2006. Y en el lugar donde existió el establecimiento de los videojuegos, allí en los comentados subterráneos del 170, el controvertido empresario Jorge Aravena (conocido como "El Padrino") hizo instalar el Club "Place Pigalle", que era más bien un lupanar vestido de cabaret y boîte, al lado de una no menos lúgubre academia de pool.
Actualmente, el ex subterráneo de Ahumada 131 ha sido absolutamente transformado por la multitienda "Falabella". Sin embargo, aún se pueden observar las escaleras que conducían al querido "Waldorf" y después a los juegos "Diana". Sus ex dependencias son usadas como recintos administrativos y de atención de clientes de la firma comercial.
El único recuerdo que quedó del "Waldorf" en este concurrido sector de la capital, si es que se le puede llamar así, es un cartel de neón en el segundo piso del edificio y casi justo sobre su ex entrada, que ostenta el mismo nombre lleno de historia y memorias pero ya no para el alguna vez famoso restaurante, sino para una peluquería homónima del lugar.

jueves, 23 de febrero de 2012

UN TEMPLO ESCONDIDO: LA PARROQUIA DE LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

La iglesia del Seminario de Providencia hacia el 1900, en imagen de los bancos fotográficos del Museo Histórico Nacional.
Coordenadas: 33°26'11.24"S 70°37'47.56"W
El templo se sitúa a metros de avenida Providencia, de frente a ésta, en Rodolfo Vergara 0252. Forma parte de una cuadra triangular contorneada por las calles Obispo Pérez de Espinosa, Monseñor Müller y Rodolfo Vergara, junto a la plaza José Manuel Barros y al lado de la esquina ocupada por el ex Palacio Droguett, convertido en centro de eventos y conocido como la Casa de Cristal. Dicen que muchos matrimonios y bautizos celebrados en esta iglesia continuaron con la fiesta respectiva allí mismo, cruzando la estrecha calle. Estamos a pasos también del Museo de los Tajamares y del empalme de Providencia con Seminario, hacia el Oeste. Cerca, está la hace poco tiempo siniestrada Iglesia de las Hermanas de la Providencia, dos cuadras y media hacia el Este.
El edificio religioso se ve un tanto oculto desde Providencia, por la curiosa forma de las calles y de los otros edificios de tipo residencial que le dan forma a cuadras y esquinas en este sector de la ciudad. Su magnífica arquitectura parece escondida, injustamente, pero le proporciona una situación que le es propia y característica. Las imágenes antiguas muestran un entorno mucho más despejado y sin las rejas que lo rodean, ni la vecina plaza de grandes árboles que hoy dificultan verla por el costado poniente. Se ubicaba, entonces, en un llano relativamente despejado, de modo que su vista debió haber sido mejor y muy despejada desde la antigua calle Providencia, antes que los terrenos fueran fagocitados por el crecimiento de la ciudad y convertidos en barrios.
Su historia no es tan antigua como muchas de las otras iglesias de Santiago, pero, con su calidad de Monumento Nacional, resume una larga e interesante época relativa a los cambios urbanísticos de este sector de la capital que hoy vemos tan cercano al Centro pero que, en esos años, todavía constituía el área arrabalera y suburbana.
La iglesia hacia 1900, en antigua postal fotográfica captada desde el terreno donde actualmente está el ex Palacio Droguett o Casa de Cristal (fuente imagen: álbumes Flickr "SantiagoNostálgico").
Vista de una propaganda con plano en perspectiva, mostrando los terrenos del ex Seminario de Providencia que estaban siendo urbanizados y en venta, con el templo al frente. Imagen publicada en una revista "En Viaje" de 1948 (clic encima para ampliar imagen con detalles).
Fotografía de la iglesia desde calle Providencia, hacia 1958, con su vista parcialmente escondida por los edificios. A la derecha, se observa el Palacio Droguett antes que se le adicionaran las características estructuras de la Casa de Cristal (fuente imagen: álbumes Flickr "SantiagoNostálgico").
UN SEMINARIO CON PISCINA Y CANCHA DE FÚTBOL
Esta historia comienza en 1853, cuando el Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso compra parte de un enorme terreno que había pertenecido a la sucesión de Agustín Alcalde y que desde tiempos coloniales era llamado la Quinta Alegre o del Alcalde, a la que Benjamín Vicuña Mackenna describe en su momento como un lugar de singular belleza y atractivo. La superficie de la quinta iba desde lo que hoy conocemos como la Plaza Baquedano hasta cerca del tramo más oriental de los tajamares del río Mapocho instalados durante los tiempos de la gobernación de don Ambrosio O'Higgins. Al amplio terreno, el Arzobispado adicionó otro más arriba, hasta el borde de calle Condell, que adquirió a la familia Pedregal, permitiendo contar con la vasta propiedad para trasladar hasta allí el Seminario de Santiago, entre las calles Providencia, Rancagua, Condell y Seminario, esta última así llamada así precisamente por la huella dejada en la toponimia por la casa de formación religiosa.
Los predios adquiridos por el Arzobispado eran inmediatos a la capital chilena y célebres por sus agradables arboledas, haciéndolo lugar de descanso y paseo. Los edificios necesarios para el traslado del Seminario fueron encargados al arquitecto español Manuel Calvo y su ejecución estuvo dirigida por el Rector Joaquín Larraín Gandarillas. Parece que había urgencia por concretar pronto la mudanza, sin embargo, porque ésta tuvo lugar en 1857 cuando había sólo dos cuerpos del mismo terminado, que se ocuparon de inmediato mientras el resto de los trabajos continuaban. Las habitaciones de esta primera etapa siguieron siendo construidas en fases posteriores hasta constituir un sólido edificio de dos pisos, pocos años después. Álvaro Mora Donoso detalla que el recinto fue distribuido en seis patios rodeados de corredores, volviéndose una postal de gran atractivo para los viajeros que llegaban al valle de Santiago por esta ruta o que salían de él por la misma vía.
Según datos proporcionados por Fidel Araneda y también reproducidos por Mora, luego de haber visitado y conocido algunos seminarios europeos, el Rector Larraín hizo construir en el lugar un amplio baño de natación y la primera cancha de fútbol que tuvo Santiago, deporte que en esos años recién comenzaba a perfilarse como actividad reglamentada y regulada en el Viejo Mundo, así que la introducción del balompié en Chile podría estar relacionada en gran medida con estas experiencias pioneras de parte de los religiosos, aunque el dato es bastante ignorado.
Araneda agregaría que se construyó en la propiedad un gran frontón, al fondo, y una amplia y hermosa laguna que después sería rodeada de muchos árboles frondosos. Posteriormente, se hicieron ampliaciones y extensiones del Seminario hasta las calles Condell y Rancagua, al Oriente y al Sur respectivamente.
LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO
Obviamente, al interior del Seminario había también una capilla. Al parecer, ésta contaba con buena cantidad de recursos y materiales para su fábrica: tenía muros revestidos de estantería hecha con maderas finas de alta calidad, por ejemplo. Sin embargo, comenzó a hacerse pequeña para la cantidad de gente y servicios que ofrecía en la institución, pasando a convertirse en la biblioteca, con capacidad suficiente para albergar los 30.000 ejemplares de la colección, entre ellos algunos incunables.
En 1884, Monseñor Mariano Casanova ordenó construir el nuevo templo, de cara hacia el Paseo de los Tajamares que hoy corresponde a la avenida Providencia. Debía ser más amplio y cómodo; y, como vimos que los recursos estaban, también más suntuoso. El diseño y ejecución quedó encargado al prestigioso arquitecto italiano Ignacio Cremonesi, con varios aportes en la ciudad. El maestro había sido traído por la solicitud de la Iglesia de Chile, encargándosele también la restauración de la Catedral de Santiago y los planos de la Universidad Católica de Chile. La obra dejó complacidas a las autoridades eclesiásticas y el arquitecto, así, marchó de vuelta a su patria en 1899, al concluir su trabajo.
El resultado es un elegante templo de estilo románico, de tres naves, dos torres y cúpula central, todo sobre planta con forma de cruz latina. Resaltan los colores cálidos del interior, por el revestimiento de columnas, muros y piso imitando la textura y las vetas del mármol pulido. La decoración es muy detallista, pero destacan las piezas más artísticas, como los vitrales de estilos francés y Münich de enorme atractivo, fundidos en 1898 en la casa alemana Zettler, y las pinturas religiosa de cuidadoso y romántico acabado, hechas por los artistas Cabral en el cielo arqueado de la nave central y en el entorno de la cúpula.
Denominado Seminario Conciliar de los Santos Ángeles Custodios, el nombre del instituto hizo que su templo fuera conocido como Iglesia de los Santos Ángeles Custodios, manteniendo el título hasta ahora. Pasó a albergar también muchos de los objetos y mobiliarios provenientes de la antigua capilla de 1857, como el altar mayor de mármol, ónix y lapislázuli, en cuyo interior se guardaría una reliquia de enorme importancia y valoración para la fe popular: un fragmento de los restos del Santo Niño Mártir Julio Rústico Dulce, que fuera traído desde Roma hasta Santiago. También se incluyó dentro del templo a dos artísticas figuras de los Ángeles Adoradores, tallados en madera dorada a fuego, y dos grandes lámparas de bronce del Santísimo, más otro par donado por el Rector Larraín. De hecho, y aludiendo a su nombre, albergará a una gran cantidad de ángeles en figuritas y pinturas
Empero, a partir del siglo XX, la propiedad comienza a sufrir progresivamente disgregaciones que la van dejando cada vez más pequeña, mientras la ciudad es más y más grande alrededor suyo, en el mismo ritmo de progresión. La mayoría de estas ventas de lotes son para financiar la construcción de un nuevo edificio en Apoquindo.
ELEVACIÓN A PARROQUIA Y DECLARACIÓN DE MONUMENTO
Las segregaciones y ventas de terrenos continúan y se producen cada vez más cerca del templo, dejándolo encerrado entre nuevos edificios. En la esquina Norponiente del frente, como hemos dicho, se levantó hacia 1930 el Palacio Droguett, después convertido en la Casa de Cristal. El año anterior, por gestión de Monseñor Juan Subercaseaux, la Santa Sede había concedido al Seminario el título de Pontificio. Posteriormente, a la entrada de la calle frontal con Providencia, se construyeron los dos edificios residenciales que le dan a la iglesia el aspecto de estar escondida tras los conjuntos de departamentos, como si asomara tímidamente entre ambos intentando mirar hacia el cerro San Cristóbal.
Los miembros del Seminario se cambiaron hasta la nueva casa en Apoquindo. Los avisos de loteos y puesta en venta del terreno aparecen hacia 1948. Según leo en algunas fuentes, en 1955 toda la propiedad dejó de pertenecerles: poco y nada quedaría entonces del antiguo recinto, pero de todos modos se tomó la decisión de conservar la iglesia y establecer en ella y sus edificios adjuntos una nueva parroquia, para que los fieles del vecindario pudiesen seguir asistiendo a ella como lo habían hecho por generaciones. Su primer párroco fue el futuro Cardenal Juan Francisco Fresno, además de ser también uno de los principales responsables de la fundación de la parroquia.
La casa de Apoquindo se conservó hasta 1968 pues, tras el Concilio del Vaticano II, se había decidido establecer sedes en distintas zonas de la Arquidiócesis. Para entonces, los terrenos del viejo Seminario ya habían desaparecido totalmente, quedando sólo el templo como vestigio de esos años.
Muchas características se han ido mejorando en la iglesia, pero también se han tomado decisiones poco favorables para su lucimiento, aunque desgraciadamente necesarias. El cierre con rejas del perímetro del templo, por ejemplo, ya más cerca de nuestra época y debido a razones de seguridad, dejó a sus costados en pequeños patios laterales, a los que se accede por las puertas de los lados que antes eran ingresos secundarios al edificio.
Además de haber sido lugar de innumerables casamientos, también ha servido de escenario para encuentros de música barroca y selecta. Aquí han despedido a varios ilustres, como en el velatorio del obispo emérito auxiliar de Temuco, Jorge Hourton, conocido por su defensa de los derechos humanos y la justicia social. Tras soportar con algunos sobresaltos menores el terremoto del 3 de marzo de 1985, por su valor arquitectónico, su belleza, su importancia cultural, la iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional por Decreto N° 31 del 12 de enero de 1990, del Ministerio de Educación.
Pudo soportar también el terremoto del 27 de febrero de 2010, manteniéndose en un estado de conservación que ha sido juzgado como bueno, a la espera de visitantes que todavía la divisan y reconocen desde avenida Providencia, en su extraña y tímida posición casi oculta.

lunes, 20 de febrero de 2012

PLAZOLETA EUSEBIO LILLO Y EL LUGAR DONDE VIVIÓ EL ILUSTRE VECINO


La casa donde vivió Eusebio Lillo tal cual se veía en 1963 en la esquina de Santo Domingo con Chacabuco (fotografía publicada por la revista "En Viaje").

Coordenadas: 33°26'18.94"S 70°40'43.44"W (ex ubicación de la casa) 33°26'18.38"S 70°40'42.22"W (centro de la plaza)

En la calle Santo Domingo, en la cuadra que se halla entre Herrera y Chacabuco por la proximidad del viejo barrio Yungay, se encuentra una relativamente pequeña plazoleta que hace las veces de jardín para el Instituto Femenino Superior de Comercio Eliodoro Domínguez D., situado en este mismo lugar, casi en las lindes de la Comuna de Santiago con Quinta Normal. Es la Plazoleta Eusebio Lillo, de la que no muchos saben su existencia. Más escasas todavía eran las referencias a la existencia de la casa que tuvo allí el personaje, tras su destrucción y hasta la instalación del monolito que allí se encuentra hoy conmemorando este hecho.

La plaza corresponde más bien a un pasillo verde de unos 30 árboles y arbustos, a todo el largo de la cuadra, entre los cuales se instalaron algunas bancas para descanso y los típicos basureros del modelo antiguo que antes colocaba la dirección municipal de parques y jardines de Santiago Centro. El ancho de esta plaza no será de más de 12 ó 13 metros, según calculo al ojo.

Don Eusebio Lillo.

La quinta de don Eusebio Lillo (1826-1910), autor de la letra de nuestra Canción Nacional, estaba ubicada en este sitio, con fachada y entrada más precisamente en la esquina de Santo Domingo con Chacabuco, sobre el terreno que ahora ocupa el Instituto. Vivió allí, en la segunda mitad del siglo XIX, y -según algunas fuentes- allí fue también donde murió. Aunque se mantenía todavía habitable en la siguiente centuria, la propiedad fue demolida para construir el edificio de la casa educacional, cuya primera piedra se colocó en septiembre de 1967.

Pocos recordaban la presencia de Lillo en este lugar hasta que, en 1998, la Municipalidad de Santiago y los vecinos del barrio se organizaron con el Instituto de Conmemoración Histórica de Chile, para instalar un monolito de roca rosada con una placa de mármol blanco recordando la residencia del ilustre poeta, periodista y político chileno. La inauguración de la pieza tuvo lugar durante la alcaldía de Jaime Ravinet. Y aunque la placa está en mal estado, producto de los atentados grafiteros, todavía se puede leer su inscripción bajo el nombre del famoso y revoltoso ex miembro de la Sociedad de la Igualdad:

"EN ESTE LUGAR ESTUVO LA CASA QUE HABITÓ EL ILUSTRE POETA, AUTOR EN 1847 DE LA ACTUAL LETRA DE NUESTRO HIMNO PATRIO EN REEMPLAZO DEL TEXTO ORIGINAL DE BERNARDO VERA Y PINTADO. CONSERVANDO SÓLO LA ESTROFA DEL CORO LA MÚSICA SIGUIÓ SIENDO LA MISMA DE RAMÓN CARNICER ADOPTADA EN 1920 EN REEMPLAZO DE LA ANTERIOR DE MANUEL ROBLES."

Abre la placa el nombre del Instituto de Conmemoración Histórica y lo cierran la Ilustre Municipalidad de Santiago y los Vecinos del Barrio Yungay.

Modestamente, criticaría del texto en el monolito la excesiva concentración y énfasis que el Instituto de Conmemoración Histórica le dio a la historia del Himno Patrio más que en la vida de Lillo, que es el celebrado.

Aunque ya no queda nada de la quinta del homenajeado salvo el recuerdo y el monolito testimoniándolo, algunas casas de aire solariego en el entorno de esta plazoleta, especialmente las más antiguas (como en la esquina del lado, en Herrera), más las escasas fotografías que se conservan de la fachada de la residencia original, permitirían hacerse una idea del aspecto general que pudo haber tenido su casona, con muros de adobe y techos de incontables tejas convexas, además de patios interiores.

Quizás pase a segundo plano en el barrio este pequeño rincón de la gran ciudad, opacado por la presencia gravitante de la Plaza del Roto Chileno y la más grande y extensa de avenida Portales. Para qué compararla con el Parque de la Quinta Normal, que está a sólo unas cuadras. Sin embargo, no es menor el valor de enclave histórico de la Plazoleta Eusebio Lillo, recordando con su nombre y su presencia la residencia que el personaje tuvo alguna vez en el histórico y cultural vecindario de Barrio Yungay.


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