jueves, 31 de mayo de 2012

LA "PICÁ DEL HUASO CARLOS": LA CANTINA DONDE ES IMPOSIBLE IR SÓLO UNA VEZ

Coordenadas: 33°26'52.44"S 70°40'28.50"W
Este simpático boliche tiene fama de ofrecer uno de los tragos "terremotos" más mareadores y sabrosos de todo el comercio popular de Santiago, además de sus especialidades en comida chilena, colaciones de la tarde y las infaltables cervezas, favoritas de los universitarios. El "cola de mono" también tiene aquí una reputación incomparable. Los cuequeros se reúnen a tocar en estas salas de color verde y abundante decoración costumbrista, golpeando panderos hasta se acaba el pipeño y la borgoña, en esas noches de música y baile. Folkloristas conviven con miembros de tribus urbanas, estudiantes, trabajadores, turistas y las controvertidas chiquillas "mariposas nocturnas" que nunca le han faltado en el entorno, aunque han ido desapareciendo con la época de los pasajeros del ferrocarril y de los hoteles del barrio Estación Central. Hasta cuando está más lleno, sin embargo, al boliche siempre queda un lugarcito más en algún rincón.
Ubicado desde antaño en Esperanza 33 esquina Romero, en medio de un vecindario de antiguas casas que ya han comenzado a ser desplazadas por los mismos proyectos inmobiliarios que acosan al Barrio Yungay, los dominios de la "Picá del Huaso Carlos" se han extendido por un territorio principalmente de universitarios, dada la proximidad de casas de estudio alrededor, además de la cercanía al Metro Unión Latino Americana en la Alameda.
El bar-restaurante pertenece desde hace media centuria ya a don Carlos Cárdenas, el patronímico y respetado Huaso Carlos de la tercera generación allí con el mismo nombre y apodo de su abuelo fundador de la cantina hacia los años del Primer Centenario. Por sus mesas y mesones han pasado generaciones de leales clientes alegres, músicos y vecinos del barrio, pues es imposible no volver a esta cantina una vez que ya se la ha visitado. El Huaso la atiende personalmente, y aunque tiene un falso aspecto de hombre adusto, es una persona muy afable y cordial con su gente. Tengo entendido que también es propietario de algunas salas de pool en el sector de Padre Hurtado, además de un veterano que ha conocido lo bueno y lo malo de la misma historia bohemia que ahora teje más capítulos también en su local.
El patrón, tras su mesón en una tarde de primavera del 2009.
El mítico y afamado "terremoto" del local.

Sus salas son desde casi un siglo ya lugar de reunión, charla y encuentro.
Este boliche nació como la "Chichería el Huaso Carlos", el motete del abuelo sureño arribado en a capital y primer dueño, algo que se confirma en las boletas y en uno de los cuadros folklóricos que han adornado por décadas el lugar: junto a una pareja huasa bailando cueca dentro de una fonda, hay un barril con el mismo nombre pintado encima. El sitio también tenía desde su origen el estilo de fonda o chingana que ha mantenido hasta nuestros días y que se refuerza en esos cuadros de ingenuo talento artístico. Don Carlos lo tomó hace unos 40, 45 años o más, según sus cálculos, siempre con este carácter popular y folklórico, además de orientado al cariz de "picada" alternativa. De ahí el nombre que le dieron sus parroquianos, quedando para la posteridad como la "Picá del Huaso Carlos".
El cuartel de pipas está en una de las viejas casonas de un piso de este sector. Se accede al mismo por entre una mampara, con dos grandes barricas custodiando este acceso de los clientes. Al interior, uno se enfrenta a un palacio compactado de chilenidad, con las señaladas obras de pintura, decorados y lámparas colgantes desde el alto techo de madera. También hay algunos gorros típicos y de fantasía prendidos en esos mismos muros colmados de avisos con precios, afiches y otros colocados por los propios visitantes más jóvenes, anunciando tocatas o encuentros de teatro. La barra principal con mostradores y sus repisas con botellas ocupan un enorme espacio al fondo del local, bajo el cual cuelga el más grande de los carteles dando la bienvenida. Como sucedía en el desaparecido "777" de Alameda, algunos comensales tiene la costumbre de hacer anotaciones en los muros verdes, dejando testimonio de alguna noche de farra o celebración.
Los vinos y chichas dulces del "Huaso Carlos" son de fama comprobada. Un antiguo letrero que alguna vez fue luminoso, dentro del local y atornillado en el dintel sobre el acceso de una sala a otra, invita atentamente al cliente: "Pida el rico pipeño". Cada vez que llegan las partidas de agua de la alegría, algún cartel de papel es colocado en los vidrios hacia el exterior anunciando el feliz arribo. Además de los platos de comida típica, hay empanadas, huevos duros y charqui que se ofrecen como bocadillos. Tampoco faltan los completos a la venta.
El "terremoto" de este sitio merece un comentario especial. Alguna vez me referí a él en la primera "Galería de Terremotos" que publiqué hace tres años en este blog. Al pipeño con helado de piña se le agrega acá coñac, fernet, manzanilla, menta y granadina, combinación que lo tiene señalado como uno de los mejores tragos de este tipo disponibles en Santiago. Sin embargo el Huaso Carlos, sin ánimo de entrar en polémicas, asegura que esta receta la ha ofrecido en su local casi desde los inicios, mucho antes del terremoto de 1985 que, según la leyenda, fue el hecho asociado al origen del "terremoto" en la historia de la coctelería popular chilena, particularmente en la célebre cantina de "El Hoyo". Esto abona a mi impresión ya antes expresada en este blog, de que si bien en dicho bar de la Estación Central tuvo lugar el bautizo del trago con el nombre de "terremoto", en 1985, la receta puede tener semejanzas con otras anteriores que mezclan vino o pipeño con helado de piña, como la que se asegura vendida en el "Huaso Carlos" desde los años setenta.
Los cuequeros vienen acá seguido, musicalizando el ambiente de pipas y cuadros polvorientos. Es corriente encontrarlos en las tardes. Alumnos de la USACH y de la cercana Universidad ARCIS también lo frecuentan, haciendo del "Huaso Carlos" un lugar de público ecléctico y variado, a veces bastante colorido y en otras horas del día más conservador. Y es que aquí, pues, todos los clientes son VIP.
El barrio se ha vuelto un tanto complicado en los últimos años, especialmente en las noches. Para la tranquilidad de los visitantes, una caseta de seguridad ciudadana fue instalada en la esquina vecina a la "Picá del Huaso Carlos", así que, como el querido Huaso declara tener energías y ganas para mantener aún el negocio, confiaría en que éste seguirá alegrando por largo tiempo más a nuestra ciudad, con sus jarras de pipeño, sánguchitos de pernil y el sonar de las cuecas urbanas.

martes, 29 de mayo de 2012

LOS AÑOS DORADOS DEL "CACHACASCÁN" EN CHILE

Coordenadas: 33°27'22.34"S 70°38'57.27"W (Teatro Caupolicán)
El arte de la lucha libre de fantasía tiene tres etapas muy concretas en su historia en Chile: la primera del "Cachacascán" que es la originaria, la segunda de los "Titanes del Ring" en los años setenta a ochenta, y la nueva de redescubrimiento o "Wrestling chileno", donde se ha fusionado la tradición de las dos anteriores con la estética y estilo difundido por las empresas de los Estados Unidos dedicadas a este género de shows, aunque muy, muy lejos de sus millones en inversiones, transmisiones y publicidad.
La más cercana a lo profesional de todas estas etapas y la más espectacular fue la primera, sin duda, correspondiente al "Cachacascán". Cubierta por un resplandor mágico de romanticismo e idealización sobre sus recuerdos, celebraciones y sacrificios, fue introducida en Chile por influencia de luchadores extranjeros que llegaron a hacer exhibiciones en compañías viajeras. Tuvo también un buen grado de inspiración en las ligas de México, país donde estos espectáculos son toda una institución cultural y parte del folklore popular desde la segunda mitad del siglo XIX. Posteriormente, sucumbió al enfoque que se daba en la Argentina a esta actividad, de innegables y mayores alcances comerciales, aunque con ello se hipotecó a sí misma en una apuesta peligrosa, cayendo en la oscuridad y la decadencia.
En la actualidad, entre muchos de los practicantes amateurs de la lucha libre en nuestro país, existe toda una especie de idolatría por aquellas figuras precursoras de tales shows, que llenaban las jornadas de "catch" en el Teatro Caupolicán de San Diego o en presentaciones realizadas también en Valparaíso.
Diego Torres, el luchador conocido como El Tarzán Chileno, en fotografía tomada hacia 1960, hoy de los archivos del Museo Histórico Nacional. No confundir con Manuel Garrido, que tuvo un personaje de similar nombre.
LOS ORÍGENES
Se calcula que la entrada de la lucha libre de exhibición llegó a instalarse Chile hacia los años treinta, aun cuando he conocido ciertos testimonios que podrían sugerir la posibilidad de que haya estado ocasionalmente presente desde antes: por ejemplo, como complemento de algunos espectáculos boxeriles de Barrio Mapocho, Estación Central o el puerto de Valparaíso.
Hacia fines del siglo XIX, además, hubo muchas presentaciones de circos internacionales en el puerto y en la capital, que incluían exhibiciones de "hombres fuertes", modelo que probablemente se imitó acá también y llevó después a las salitreras y oficinas del Norte de Chile por circos itinerantes. Sin embargo, una influencia decisiva parece haber tenido la venida a Chile de la troupe del empresario de origen francés Constance Le Marand, quien trajo en esos años a sus propios luchadores para montar un concurrido y novedoso espectáculo en el Teatro Royal de calle Huérfanos (el mismo donde se presentó Carlos Gardel en 1917), mezclando realidad con actuación en una novedosa y entretenida muestra.
La popularización general de la lucha libre propiamente chilena, comenzará hacia 1940, año en que el empresario de espectáculos don Enrique Venturino Soto, alias "El Cóndor" toma las riendas del Teatro Caupolicán y lo destina a ser escenario de todas las actividades que él promovía tan exitosamente: boxeo, vodevil, revista, teatro, circo, etc. Con buen ojo para el negocio, Venturino creó también un espectáculo basado en el que había ofrecido Le Marand y especialmente compuesto de exhibiciones de esta forma de lucha libre, con personajes creados ad-hoc y que serían el alter ego de los miembros del equipo de guerreros, combinando así la teatralidad con el deporte de combate y el circo chileno, algo que él también conocía perfectamente, por ser el dueño del célebre "Circo de las Águilas Humanas".
Para esta nueva aventura, Venturino se asoció a sus amigos el Huaso Briones y Vicente Manolete García, usando el coliseo de San Diego por casi 30 años para la exhibición de las luchas de hombres en pantaloncillos y zapatillas de alta caña. La temporada era de marzo a septiembre, todos los miércoles y domingo. Crearon un premio llamado Cinturón de Oro "El Cóndor", por el que luchaban los gladiadores de estas primeras generaciones como el Gato Villegas, el Conde de Sousa, el Fantasma DiPietro, el Chúcaro de la Jara, Máscara Roja, El Judío Aaron Steiner, Desiderio, Carlos Pabs, Diego Torres, Barba Negra, Barba Roja, Conde de Sousa o el inigualable Manuel Tolosa.
Inicialmente, se le habría dado al show el nombre de "Catch as catch can", siguiendo una denominación que se usaba en México y Estados Unidos pero heredada desde Inglaterra e Irlanda para señalar una forma de lucha libre deportiva, cuya traducción literal es algo así como "Agarra como puedas agarrar". No pasó mucho para que el título se corrompiera en "El Catch", "Catchascan" y sobre todo "Cachacascán", como pasó a la historia aquí y también en Argentina, país con su propia y gloriosa liga fundada precisamente en esos mismos años por visionarios empresarios de las candilejas como Pepe Luctuore, también bajo influencia de expositores internacionales que hacían giras completas por América Latina.
El término "Cachacascán" llegó a ser considerado un símbolo de virilidad y un ideal de valentía o heroísmo, en el concepto popular de la época. También se habló por muchos años de "un cachacascán" para referirse a una escaramuza, o de una "pelea digna de cachacascán" para señalar que una riña de proporciones; y "cachacasquear" se usó como verbo de golpear a alguien.
Don Enrique Venturino Soto, célebre dueño del Circo de las Águilas Humanas y del Teatro Caupolicán, creador de los espectáculos del "Cachacascán" chileno. Imagen de los archivos de la Biblioteca Nacional.
INTERACCIONES CON LIGAS EXTRANJERAS
A pesar de la influencia mexicana, en un principio se notó cierta presencia del estilo de lucha circense francesa e italiana sobre el "Cachacascán" chileno (personajes con grandes bigotes, camisetas de tirantes, rostros descubiertos, etc.), pero va adoptando rápidamente algunos elementos que le son más locales, tanto estéticos como estilísticos.
Se dice que los luchadores chilenos, por ejemplo, combinaban las acrobacias aéreas y saltos tan característicos de la disciplina, con un uso abundante de llaves y "torturas" de fuerza donde había mucha simulación de brutalidad. Rápidamente, sin embargo, la cultura del cine fue agregando otros elementos nuevos a los personajes, como ciertos disfraces, nombres en inglés y caracterizaciones de vampiros, genios, superhéroes o momias.
También comenzaron a hacer visitas importantes luchadores argentinos y de otras latitudes en la liga chilena, adoptando casi desde su inicio una aspiración internacionalista. En una famosa fotografía del Teatro Caupolicán que figura en los archivos de la revista "Life", por ejemplo, donde se ve una concurrida ceremonia de carácter político de la oposición al gobierno de Gabriel González Videla, se puede observar entre los dos niveles del teatro, junto a otros lienzos promocionales, uno que dice claramente: "Pronto: CATCH Internacional 1950".
En el verano de 1962, mientras se realizaba el Torneo Internacional Cachacascán, causaron gran sensación los enmascarados Hermanos Diablos Rojos de México, quienes se enfrentaron en una histórica lucha con la dupla de chilenos compuesta por Jimmie Garrido, el campeón de Las Condes, y el célebre curicano Pepe Santos. En la misma rueda de torneo se enfrentó el fornido Pantera, un campeón cubano de raza negra apodado "el gladiador de ébano", contra El Colérico Nelson, extraordinario y acrobático luchador vinculado al escenario argentino. En la misma oportunidad, también se vieron las caras el gigante antofagastino Lautaro Risso contra el formidable Sansón Gutiérrez; y el mencionado Tolosa contra el guerrero ítalo-argentino Ángelo Donatti.
El intercambio y la importación temporal de algunos luchadores extranjeros, perduró por toda la historia de este espectáculo. Algunos incluso incursionaron de manera independiente en circos, teatros, compañías itinerantes y hasta proyectos fílmicos.
Tras la profesionalización de la liga argentina con los famosísimos "Titanes del Ring" ese mismo año, comenzando a quedar atrás la historia del "Cachacascán" platense, también realizó visitas al Teatro Caupolicán uno de sus más grandes miembros fundadores: el gladiador trasandino de origen armenio Martín Karadagian, uno de los pocos que ostentaba en el mundo auténticos triunfos olímpicos, además de sus talentos como luchador de estos encuentros y cierta experiencia actuando en el cine.
Míster Chile, el señor del ring, en antiguo aviso del "Catch" en el Teatro Caupolicán.
LOS PERSONAJES DEL RING
Ya he contado en otra parte que mi abuelo paterno, Mariano Salazar, fue parte de este equipo de actores-luchadores del "Cachacascán", en su caso presentándose con dos personajes: El Gorila Chileno, que interpretaba a rostro descubierto, y El Hombre Araña, sin ninguna relación con el famoso personaje de la compañía Marvel del mismo nombre (Spiderman es posterior, del año 1962), sino correspondiente a un enmascarado vestido de negro y con capa. Allí compartió ring con tremendos exponentes locales de esa generación, como el propio Pepe Santos, e hizo dupla con otros grandes como el luchador llamado El Foca. Hubo un período en que la cantante de rancheras Guadalupe del Carmen, no se perdía las peleas del Gorila Chileno, asistiendo siempre a estos encuentros, pues era su admiradora incondicional y de primera fila.
Siempre hubo algo de circense y humorístico en estos espectáculos, especialmente en las caracterizaciones de los luchadores. Había uno muy singular, llamado Renato El Hermoso: un Adonis gigante de contextura muscular y larga cabellera rubia, supuestamente "gringo", que solía avanzar al escenario en las presentaciones caminando como señorito o modelo glamoroso mientras, a su lado, un asistente iba a su ritmo tirándole perfume con una botella con pera de aire y a veces también peinándolo.
En una inolvidable ocasión, le tocó a Renato El Hermoso medirse con Tolosa, el payaso del ring. Luego de subir haciendo su típica caminada desde el camarín al cuadrilátero como si fuera una pasarela de moda, el presentador llamó a su contrincante: el estadio estalló en risas cuando Tolosa apareció imitando a su rival pero, en vez de un refinado señor tirándole perfume, trajo a un asistente vestido como típico gañán callejero del barrio San Diego, de esos que tomaban vino dentro de un tarro, y le pulverizaba encima un supuesto insecticida con una vieja bomba manual de Flit, de esas que usaban las abuelas para matar moscas. Mientras lo hacía, el luchador sonreía y levantaba los brazos para que le echaran del rocío venenoso bajo las axilas, luciéndose con la hilarante escena.
El mismo Tolosa tenía otra costumbre realmente ridícula para su caracterización: cuando estaba perdiendo la lucha e iba a su esquina a pedir agua, en vez de echársela en la cara con las manos, como acostumbran los luchadores, se la tiraba entre sus propias nalgas. Su delirante y divertido personaje era apodado Locatelli chileno, parodiando el apellido del famoso compositor italiano
En otra ocasión, el luchador conocido como el Judío Aaron Steiner, que solía caracterizarse como sucio y tramposo, comenzó a ser abucheado por sus malas acciones en el ring. Como era costumbre, el público comenzaba a arrojarle monedas como humillación a los villanos, pero Steiner comenzó a simular que las recogía codiciosamente alentando a la muchedumbre a lanzarle más, en un divertido pero políticamente muy incorrecto chiste.
Ya entonces, cada luchador tenía su estilo característico y su "sello" de pelea: el pequeño Indio Colo-Colo compensaba la falta de estatura con una agilidad y energías fuera de serie, el mismo recurso que en nuestros días ha convertido en celebridad al luchador mexicano de la WWE Rey Misterio. Paolo Rossi, en cambio, apodado "El Hombre Montaña", tenía en su cuerpo ancho y casi cuadrado la enormidad, las calugas y los brazos de hierro suficientes para hacer a sus adversarios la llamada llave del "abrazo del oso", dejándolos fuera de combate. Cabecita de Oro, por su parte, se valía de los cabezazos para noquear a sus adversarios.
Aunque el espectáculo tenía mucho de circense y libreteado, no había que engañarse: estos tipos sabían pelear tan bien como coreografiaban sus combates. Pepe Santos, por ejemplo, era experto en artes marciales; Dragón Chino era encarnado por un profesor de estas mismas artes; Humberto Cabrera se manejaba perfectamente en el boxeo; y el ex Gorila Chileno, ya viejo y bebiendo café con sus amigos jubilados en el Paseo Ahumada, una vez fue provocado por un sujeto joven que terminó aturdido y medio asfixiado con sus manos, como he contado en otra entrada de este blog.
Estas arenas no eran para débiles ni enclenques. Un conocido luchador de esos años, aparece como "El Mamut de la Patagonia" en el cuadrilátero del Teatro Caupolicán, en el filme de humor chileno "Tonto pillo" de 1948: tenía también una extraordinaria agilidad aparejada de la fuerza que alojaba su corpulencia, de gran altura y con cabellera inflamada, como la del personaje Cabellos de Ángel creado por Pepo para la tira "Condorito"; y aunque mucho más pequeño, equivalía acá a lo que fue después André the Giant en el wrestling internacional.
Por su parte, el mencionado Lautaro Rizzo sí alcanzaba los mejores estándares: pesaba 110 kilos y medía casi dos metros de altura, poseyendo la fama de tener "fuerzas de búfalo". En una generación más joven, Bruno Siegmundo, Manuel Vargas y el famoso Míster Chile, que habría sido campeón nacional de levantamiento de pesas en los años sesenta pasando al "Catch" y luego a los "Titanes del Ring".
Los Hermanos Diablos Rojos Mexicanos, ilustres visitas del ring chileno en el campeonato de 1962 (Fuente imagen: diario "La Tercera de la Hora").
OTROS VIEJOS ESTANDARTES
En la época con más disfraces y máscaras, animados por el gran Octavio Suffan, era común que los luchadores asumieran dos o más papeles de guerreros, reservando sólo uno a su presentación a rostro descubierto.
El temido y afamado Tino Benvenutti, por ejemplo, además de un personaje con su nombre encarnó en el ring a El Estudiante y al Conde Drácula; y el maestro Miguel Ángel Fanfani, en realidad llamado Oscar Norberto Rodríguez, interpretó -además de su alter ego personal en traje azul- a fieras como El Ángel Rojo y Mr. The Death, con un disfraz de huesos que se adelantó por décadas al de la mascota corporativa de la banda "Misfits", entre varios otros y a pesar de que por su delgadez Manolete García lo retaba diciéndole que jamás sería un luchador profesional. Una de sus primeras luchas había sido en un campeonato del Gimnasio Nataniel, en 1962, donde se presentó como El Romano. Sólo en 1962 pudo incorporarse al Teatro Caupolicán, donde llegó a ser director de la nueva generación de luchadores.
Algunas de las primeras escuelas amateurs estaban en el famoso Club México, sede del boxeo en calle San Pablo, y en el Fortín Prat de Valparaíso. Algunos comenzaban a formarse muy jóvenes.
Sin embargo, sucedía algo curioso: el que varios luchadores actuaran sin máscara en al menos uno de sus personajes, muchas veces permitió al público descubrir casualmente que sus "héroes" eran en realidad cargadores de La Vega Central, guardias de seguridad o nocheros. Otros, sin embargo, eran universitarios, músicos e incluso hombres de teatro, profesionales. Había quienes en varias ocasiones abandonaron sus trabajos para dedicarse especialmente a este rentable negocio del "Catch", como fue el caso de mi abuelo; y muchos aprovecharon también ciertos parecidos físicos con personajes conocidos para construir sus propios papeles en la lucha, como Omar Shariff, Sancho Panza, Abdula y el clásico Tarzán Chileno siempre acompañado de su amigo El Peta.
El espectáculo del "Cachacascán" fue paseado e imitado en varias partes del país. Valparaíso también fue una importante sede de estas peleas. El negocio parecía tener gran prosperidad hacia los sesenta, año en que se incorporan muchos nuevos personajes y se adoptan más elementos tomados de la cultura popular y televisiva para la creación de los mismos. Pero la incipiente crisis económica de los setenta y la necesidad de aumentar la cobertura comunicacional de los espectáculos de lucha libre, llevaron a los empresarios Augusto Olivares y Ernesto Morales, propietarios del show, a venderlo a la televisión el programa.
Esta decisión fue definitiva para el futuro del viejo "catch" en Chile y no estuvo exenta de polémica dentro del ambiente, pues le fue arrebatada a Fanfani toda la generación de nuevos luchadores que venía formando para continuar con la actividad gladiadora del Teatro Caupolicán.
"Nunca habrá otra vez en Chile una lucha libre como la de los tiempos del Cachacascán", solía decir Fanfani, romántico y nostálgico de sus años de apogeo como The Death.
El clásico personaje de Míster The Death, encarnado por el maestro Miguel Ángel Fanfani, quien aparece a la derecha en fotografía del año 1997 (Fuente imagen: diario "La Tercera").
Tino Benvenutti, el hombre detrás del luchador El Estudiante, y Bruno Siegmund en el traje de La Momia, que si bien era un personaje posterior al "Cachacascán", presentado en "Los Titanes del Ring", el hombre detrás del disfraz había alcanzado a participar en las luchas antiguas del Teatro Caupolicán siendo un adolescente, con personajes como 007. Ambas imágenes son del año 1997 (Fuente imágenes: diario "La Tercera").
EL FINAL DE UNA ÉPOCA
Con el tiempo, muchos luchadores se fueron retirando de la arena. Hubo incluso un accidente de aviación del que tenemos alguna noticia, en el que fallecieron exponentes de la lucha en lo que iba a ser un evento de provincia.
Sin embargo, la caída de esta legendaria época sobrevino con la venta del espectáculo a la televisión, tras nacer el célebre programa de "Los Titanes del Ring" en la Estación de Televisión Nacional de Chile, en una primera temporada de 1971 a 1974, que en la práctica y para muchos románticos, fue sólo una imitación de bajo presupuesto del programa argentino del mismo nombre y que también había liquidado la edad del "Cachacascán" platense en 1962, pero con el plus comercial de las transmisiones televisivas que, en algún momento, llegaron a alcanzar gran audiencia.
El giro abrupto y el cambio de nombre han gestado el mito de que la lucha libre chilena nació sólo como mala copia de los "Titanes del Ring" argentinos, y para algunos críticos esto sucedió echando una tonelada de cemento de olvido y desdén sobre toda la tradición muy anterior, iniciada por el histórico "Cachacascán".
Por otro lado, aunque en sus inicios los "titanes" fueron de gran popularidad y utilidades, con una interesante época propia que trataré de abordar a futuro, la incorporación de criterios de trabajo que hicieron a nuevos luchadores menos dispuestos a recibir en serio las patadas y golpes que antes moreteaban a los aguerridos precursores de estos shows lúdicos, por cuestiones de televisión y de llegada al público familiar en los años que siguieron, fue realzando la percepción de lo irreal del mismo en las transmisiones a juicio de muchos de sus detractores, y en no pocas veces los "titanes" fueron objeto de burla y caricatura ya en sus últimos días de existencia como show. Hasta que se canceló el show, había mucha más puesta en escena y espectáculo que pelea de verdad en este período, según se recuerda.
Destinos inciertos tuvieron los luchadores formados o herederos del "Cachacascán", al pasar la época de la clásica lucha libre chilena. Ya en el tiempo de los "titanes", por ejemplo, La Araña Juan Parra, se vio involucrado en un dramático asunto policial. Míster Chile en cambio, pasado su regreso al ring con los "titanes" chilenos, se encargó también de una funeraria en Valparaíso y ha dado algunas entrevistas tras cancelarse el programa.
El hombre que usó el traje del archirrival de Mr. Chile, La Momia, el calvo y atlético Bruno Siegmund, había conocido los rigores del Teatro Caupolicán con sólo 15 años encarnando personajes como El Hombre Tijera y 007. Pasada la época de oro, se dedicó a músico, maestro enfierrador y profesor de lucha, aunque nunca ocultó mucho sus rivalidades con Míster Chile fuera del escenario. Un cáncer fulminante le arrebató la vida a este titán de un metro 97 centímetros de altura, el año 2005.
También enseñaría su oficio a las nuevas generaciones el veterano Fanfani, fallecido el año 2008 a los 72 años, siendo considerado para la posteridad como un respetado aporte para el actual resurgimiento amateur del género.
Las "noches de titanes", con lo bueno y lo malo del rubro, pertenecen a una época posterior a la que nos interesa extender por ahora, de modo que la dejaré para una futura entrada, ya que es en ella cuando se produce la decadencia y caída de la clásica lucha libre chilena, al intentar semejarse a un modelo extranjero que ya se encontraba en retirada y revisión por aquellos años, valiéndose incluso de personajes casi infantiles (como Frankenstein, con una máscara similar a cualquiera de casas de disfraces, y otros copiados de famosos luchadores de México, como El Santo) y luego teniendo que enfrentar las restricciones de reunión y de actos masivos durante los años ochenta.
A la sazón, pues, el género de espectáculos iniciados por el epopéyico e inolvidable capítulo del "Cachacascán" chileno, ya dormía profundo en la paz de su sueño de muerte.
La Momia con parte de su puesta en escena, previa presentación en el Estadio Carlos Dittborn de Arica en 1976, ya en el período de transición entre la pasada gloria del "Cachacascán" y lo que será la copia del formato argentino de los "Titanes del Ring", que en muchos sentidos acabaría liquidando la época iniciada desde mucho antes con la epopeya del "Catch". Entre los luchadores de esta generación estaban el Barón Von Ruchke, el Gorila Español, Black Demon, Máscara de Plata, el Ciclón del Caribe, Huracán Diabólico, Ángel Blanco, Lord Boris y Blue Satán.

lunes, 28 de mayo de 2012

UNA ANIMITA SIN NOMBRE EN EL PARADERO 19 DE VICUÑA MACKENNA

Coordenadas: 33°32'21.99"S 70°35'27.90"W
Está allí desde antes de la construcción de las vías superiores de la Línea 4, hasta la plaza de Puente Alto, a pocos paraderos de distancia de otra conocida animita de Vicuña Mackenna que ya hemos comentado aquí, aunque ésta es más reciente y se encuentra en una etapa menor de desarrollo o consolidación del "culto" relacionado con la misma, por ahora sin placas de agradecimientos aunque sí velas, flores y visitas de creyentes. Probablemente el tiempo le permita comenzar a adoptar características más propias de una veneración manifiesta por el ánima.
Aunque en estados anteriores fue una casuchita con candeleros, como las animitas más tradicionales, las remodelaciones que ha sufrido esta esquina de Avenida Vicuña Mackenna con Enrique Olivares, especialmente desde la construcción de las vías del metro, además de ataques vandálicos, han obligado a la animita a cambiarse de lugar o rehacerse más de una vez. Actualmente, es un monolito rectangular de piedra de pequeño tamaño al extremo de un bandejón que divide la caletera de Vicuña Mackenna con su calzada principal. Está rodeado de un minúsculo jardín de flores, aunque nuestra cultura familiarizada con esta clase de señales informales en la ciudad nos permite comprenderlas inmediatamente como la indicación de un hecho trágico traducido en la presencia de una animita.
Como el pequeño conjunto no tiene escrito el nombre del homenajeado ni fechas de referencia, han aparecido versiones erróneas sobre su origen. Por tratarse de un cruce peligroso en la ciudad, se ha especulado que pertenece a un muchacho atropellado por un microbus o bien a alguna víctima de un choque accidental de vehículos. Sin embargo, la mayoría de los residentes del barrio -o al menos los más jóvenes-, ignora por completo la tragedia señalada por esta rústica animita.
Su verdadero origen, por singular paradoja, está asociado a uno de los eventos más alegres y celebrados de la sociedad chilena: la clasificación al Mundial de Fútbol de Francia '98, con el rotundo triunfo de la selección de Chile sobre la de Bolivia, el 16 de noviembre de 1997. Sedientos de triunfos pero sumidos en el triunfalismo y la euforia, los chilenos salieron a las calles aquella noche, a celebrar en sus mal llamados "carnavales" espontáneos. La ebriedad masiva hizo la fórmula perfecta para el desastre aquella noche, aunque las autoridades trataron de minimizar el desorden sucedido. 204 personas terminaron detenidas y 22 terminaron heridos por accidente. Hubo choques, saqueos, vandalismo y pendencia por doquier.
En el saldo final de las celebraciones, también se contabilizaron dos muertos: Pedro Barra, un anciano octogenario fallecido en Neltume de un paro cardiaco mientras festejaba, y Carlos Rodrigo Iribarra Morales, un muchacho de 23 de años, transportista y me parece que hijo de un conocido kiosquero de La Florida, en esos años. La animita de Vicuña Mackenna corresponde precisamente a éste.
Mientras todos corrían a la calles a gritar y tocar bocinas, Carlos había salido con una bandera chilena a comprar carne al supermercado cercano a esta esquina, según señaló su hermana en los medios de prensa ("La Tercera", 18 de noviembre de 1997), quizás para la parrilla de una fiesta improvisada por el triunfo. Allí, justo en la esquina, se unió a un grupo de conocidos y vecinos que celebraban la clasificación, sin saber que eran sus últimos minutos de vida.
Un taxista llamado Aldo Renato Silva estrelló su vehículo contra la turba, atropellando mortalmente a Carlos, cuyo cuerpo saltó por el aire y cayó sobre una menor de 15 años llamada Lorena Espinola Gallegos, dejándola herida con una pierna rota. La menor fue internada en el Hospital Sótero del Río, pero se constató en el lugar la muerte del muchacho. El taxista de 50 años, que trató de darse a la fuga en aquella ocasión, se hallaba conduciendo borracho según pudo constatarse con el test de alcohol.
Sin consuelo y mientras el resto del país seguía festejando en el impulso del triunfo deportivo, los familiares de Carlos colocaron la animita en el lugar de la última desgracia del joven Carlos. Desde entonces, la estructura ha pasado por varias vicisitudes pero, afortunadamente, se ha mantenido allí y de alguna manera aún continúa en el lugar, sobreviviendo a los años y a las remodelaciones con flores siempre frescas rodeándola y dándoles colorido, durante todo el año.
Quizás, el día que le sean recolocados el nombre de Carlos Iribarra y las fechas, se pueda aspirar a un mayor alcance popular al conocimiento y la veneración para esta animita, sacándola así del anonimato en que se encuentra para muchos de los floridanos que no supieron o que han olvidado ya aquella triste tragedia en 1997.

domingo, 27 de mayo de 2012

URBATORIUM: HISTORIAS URBANAS Y BITÁCORA DE RECUERDOS COTIDIANOS ("El Mercurio", domingo 27 de mayo de 2012)

Nota "Urbatorivm: historias urbanas y bitácora de recuerdos cotidianos", del artículo y reportaje "Patrimonio en la web: identidad y memoria en el mundo digital" publicado en la sección Artes y Letras del diario "El Mercurio" del domingo 27 de mayo de 2012. Link al artículo original (y completo): http://www.mer.cl/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2012-05-27&PaginaId=6&bodyid=6 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
El último fotógrafo del cerro Santa Lucía, los tajamares olvidados del Mapocho o la historia del “Yagán”, la única experiencia de fabricación automotriz de nuestro país. Los temas de Urbatorivm son las preocupaciones, recuerdos y observaciones de Cristian Salazar, su autor, un diseñador gráfico que ha optado por realizar una investigación cotidiana sobre Santiago.
Su experiencia bloguera comenzó el 2006, y ya ha amasado una cifra cercana a las 500 publicaciones en la web sobre distintos temas. Salazar reconoce que los textos en un principio respondían a un ejercicio de escritura personal, pero que con el tiempo capturó lectores ávidos, que incluso protestaron cuando descontinuó las publicaciones, a mediados de 2010.
“Al ir avanzando el tiempo y evolucionando mi mirada, comencé a definir al blog como un soporte para contenidos culturales y patrimoniales más urbanos, no academicistas ni excesivamente concentrados en discursos estéticos, ideológicos, sociales o intelectuales, como suele suceder con esta clase de difusiones”, cuenta.
Salazar cree que su blog llenó un espacio vacío en internet sobre cultura e historia urbana , potenciado por la fiebre del Bicentenario. Con motivo de esta efeméride, varios textos de Cristian fueron seleccionados en la obra digital “Artículos para el Bicentenario”, compilada y editada por Memoria Chilena.

sábado, 26 de mayo de 2012

REMEMBRANZAS SOBRE EL CAFÉ Y FUENTE DE SODA "ZURICH" DE PLAZA BAQUEDANO

Ex local del "Zurich" ya convertido en farmacia, poco después de cerrar en 1997 (Fuente imagen: diario "La Tercera").
Coordenadas: 33°26'15.03"S 70°38'7.82"W (ex ubicación)
El "Zurich" era uno de los núcleos más famosos de la Plaza Baquedano, en su llamado "triángulo" o "trilogía bohemia" que formaba con otros dos conocidos boliches del lugar: el "Bar Plaza Italia Tragos (PIT)" y la "Casa de Cena", todos del mismo dueño. Muy populares en su época, nuestros días de esta trilogía sólo queda en el barrio el último de los mencionados, frente a la Embajada de la República Argentina; tanto el "PIT" como el "Zurich" partieron ya a dormir el sueño del recuerdo y del olvido.
El nacimiento del local se debe a un intento de restaurar un espacio bohemio en Alameda con Vicuña Mackenna, como el que antes había pertenecido en esta misma esquina en la conjunción de avenidas al club "Lido", famoso café-bar visitado por noctámbulos, intelectuales y artistas de la clásica vida nocturna en Santiago. Hasta entonces, todos los huérfanos de esta forma de vida allí debían conformarse con las largas jornadas en la abundancia y comodidad en la "Fuente Alemana", pero sus horarios más diurnos de funcionamiento no se ajustaban a los hábitos de las polillas de cervecería.
A mediados de 1972, entonces, el comerciante Sergio Olivares León fundó el "Zurich", lugar que todos estos buscadores asumieron casi de inmediato como su casa. La fundó en la dirección de Avenida Libertador Bernardo O'Higgins 20, en el primer piso del conocido edificio de la esquina Sur-poniente, apodado el "Edificio Xerox" en los ochenta y noventa por una famosa publicidad de neones que se observaba en su azotea. Siendo algo así como un bar, restaurante, café y schopería, en sus mesas helvéticas fueron consumidas por universitarios y aspirantes a escritores miles de cervezas, schops, churrascos, crudos, tablas, embutidos con chucrut y los enormes lomitos rebosantes de mayonesa y palta, platillo principal y característico del barrio.
En sus inicios, cada vez que había protestas o celebraciones escogiendo -como siempre- a la Plaza Baquedano como escenario, partían después los comensales, muchos de ellos hippies y agitadores políticos, a degustar de las delicias más terrenales y sibaritas del local. El Golpe Militar de 1973 alejó por un tiempo al público de manifestantes políticos, pero de todos modos el "Zurich" siguió siendo sitio de reunión y grandes celebraciones, como la masiva cantidad de clientes que anclaron en sus salas para ver allí la transmisión del Campeonato Mundial de Fútbol al año siguiente, realizado en Alemania y con los locales como campeones, y luego el de Argentina 1978 también con triunfo del anfitrión (y menos entusiasmo acá, pues Chile no había clasificado), que fueran unas de las primeras copas de este tipo con transmisiones a colores. El "Zurich" volvió a reunir público durante el Mundial de España 1982, aunque está demás decir que los chilenos no tuvimos mucho que celebrar en aquella ocasión.
Edificios de la Plaza Baquedano. Imagen de una publicación de Chilectra de 1996. En los bajos del edificio de más a la izquierda, el de la publicidad luminosa "Xerox", se encontraba el famoso "Zurich".
Don Jorge Olivares, dueño y fundador del "Zürich" de Plaza Baquedano, poco después del cierre del local (Fuente imagen: diario "La Tercera").
Los años ochenta y el regreso de las manifestaciones políticas en las calles, fueron complicados para estos negocios en torno a la gallarda estatua ecuestre del General Baquedano. A los efectos que tuvo la recesión mundial y las restricciones nocturnas en el comercio, se sumó la agitación violenta que en algunas ocasiones estuvo presente en la plaza, a pesar de que el local nunca fue atacado por las turbas. Pese a todo, nunca le faltaron clientes en este período, debiendo acomodar su oferta bohemia a los horarios y permisos. Se recuerda, por ejemplo, la noche en que Cecilia Bolocco se consagró como nuestra primera Miss Universo en 1987, celebrada con un desordenado y apoteósico "carnaval" en la plaza. La fuente de soda incluso aparece mencionada en algunas obras literarias, de entonces, como el cuento "Plaza Italia" de Jorge Calvo.
El "Zurich" era, en fin, un territorio de paz: asistían políticos, autoridades y periodistas. Después del retorno a la democracia, vio en sus salas grandes y regados nuevos encuentros, como cuando cientos de clientes lo escogieron para ver en vivo el triunfo del club deportivo Colo-Colo en la Copa Libertadores de 1991. Continuando con la tradición pacífica, para ése y muchos otros festejos que afuera de la fuente de soda estuvieron caracterizados por algún grado de desmanes y enfrentamientos, los mismos exaltados y manifestantes entraban después al "Zurich" comportándose como verdaderos caballeros, aunque sobre sus hombros aún quedaran vestigios de la challa o bien del polvo lacrimógeno.
Pero los años que siguieron fueron de ocaso. La caída del bar parece tener relación con el empeoramiento del barrio en esos mismos años noventa, cáncer de peligros e inseguridades que mataron a muchos otros negocios del sector. Desconozco si el código de paz que reinaba entre los clientes y meseros del "Zurich" fue violado en este período, pero dada la reiterada y tradicional destrucción del mobiliario público y propiedades comerciales en este período, por parte de las chusmas y ya sea por festejo o por congoja, sospecharía que sí.
En septiembre de 1997, tras 25 años de atento y querido servicio al público santiaguino, el "Zurich" desapareció de esa esquina en el origen de la Alameda. Para peor, unos años después, don Sergio decidió cerrar también el "PIT" y sólo mantener el "Casa de Cena". Empero, por lejos el local más querido por Olivares de entre todos, y posiblemente también de la mayoría de los aventureros de la mal llamada Plaza Italia, era el "Zurich".
En donde estaba el venerado local de evocación suiza, se instaló rápidamente una farmacia, y esos remedios para el alma en jarras de cerveza fría fueron cambiados definitivamente por fármacos en tiras y jarabes amargos.

viernes, 25 de mayo de 2012

EL ENIGMÁTICO "INDIO DESCONOCIDO" DE MAGALLANES

El Indio Desconocido de Punta Arenas con sus muchas placas de agradecimiento. Esta fotografía la tomó mi amigo Cristián Meneses.
Coordenadas: 53° 9'4.91"S 70°53'43.07"W
Ubicada en la ciudad de los confines continentales de Chile, esta misteriosa animita es una de las más famosas de todo el país y todo un atractivo turistico dentro del hermoso Cementerio Municipal Sara Braun de Punta Arenas, además de todo un orgullo patrimonial para la comunidad magallánica: la tumba del Indio Desconocido; o como la definiera poéticamente Christian Formoso en "El cementerio más hermoso de Chile", la cripta "del indio que se rehúsa a decir su nombre".
Varios han mencionado alguna vez esta animita y han revelado alguna parte de su enigma. De hecho, la figura del Indio Desconocido es un interesante paradigma presente en la región, como en el majestuoso conjunto escultórico del Monumento a Magallanes, donde hay una figura del un indígena ona o selknam que es llamado de la misma manera por algunos magallánicos, y cuyo pie es besado por los visitantes para cumplir con una tradición que traería buena suerte, felicidad o que permitiría al viajero regresar a Punta Arenas. También existe una Plaza del Indio Desconocido en San Gregorio, con estatua propia al centro.
La animita del Indiecito se sitúa hacia el sector Noreste del camposanto, por el final de un pasillo y llegando a los columbarios y nichos del fondo. Se compone fundamentalmente de un cubículo abierto con aspecto de altar, literalmente "embaldosado" con innumerables placas de agradecimientos, y al centro, sobre la cripta, la estatua del misterioso personaje cuyos restos allí reposan, en medio de otro de los grandes misterios de esta arcana tierra austral de Magallanes. A sus pies y alrededor siempre habrá velas encendidas, que sólo las tardes de lluvia y frío en la Finis Terra logran apagar.
En la placa con su epitafio, frente a la figura del indio, están los siguientes versos, acrecentando más aún el halo de misterio alrededor del fallecido:
El indio Desconocido llegó
desde las brumas de la duda
histórica y geográfica.
y yace aquí cobijado en el
patrio amor de la chilenidad.
"eternamente".
En su magnífico ensayo "L'Animita Hagiografía folclórica", de 1993, Oreste Plath reproduce y amplía una investigación realizada por Carlos Baeriswyl, quien firma sus artículos como Caba, y que fuera publicada en el diario "El Magallanes" en 1984. También existen interesantes aportes del escritor y cronista Mario Isidoro Moreno, en su artículo "La Historia del Indio Desconocido", publicado por el diario digital "Radio Polar" en 2010.
De acuerdo a las fuentes, esta historia comenzó en 1928, cuando llegó a Punta Arenas un enorme bloque de mármol blanco encontrado en la isla Cambridge, actualmente llamada Diego de Almagro, al Norte del Estrecho de Magallanes. Con el descubrimiento se desató una verdadera fiebre por cantear esta riqueza y así se formó la Compañía de Mármoles Cambridge, para trabajar en esta tierra habitada desde antaño por grupos kawésqar o alacalufes, indígenas canoeros del territorio que vivían de la extracción de mariscos y de pequeños servicios o ventas que ofrecían a los barcos en tránsito por el Estrecho. Estan comunidades, a la sazón, ya estaban en retirada, paulatinamente diezmadas por la interrupción de su modus vivendi.
"Al inicio de mayo de 1929 -prosigue el informe de Caba-, con el primer viaje de la goleta ‘Manolo’, se daba comienzo oficialmente a los trabajos de explotación marmolífera. Para evitar posibles robos o desmanes por parte de los aborígenes, fueron dejados en la isla dos empleados de la compañía, M. Kravient, de nacionalidad rusa, y un chilote llamado David Leal. Se construyó un pequeño embarcadero y se montó provisoriamente un campamento a orillas de la costa en la bahía Sewtt. Mientras tanto, la goleta regresaba a Punta Arenas en busca de los trabajadores y del material restante".
Kravient y Leal pasaron aburridos y monótonos días cuidando las instalaciones de la marmolera, bajo la lluvia fría y la humedad inclemente, hasta que el día 6 de mayo siguiente fueron atacados por una pandilla de unos doce kawésqar, sin provocación, cuando descansaban en su carpa de campaña. De alguna manera, los victimarios se habían provisto de un arma de fuego que usaron contra ambos cuidadores, dando muerte a Leal de un tiro en el cráneo. Sin embargo, Kravient logró alcanzar su propia arma y con ella hirió a varios de los atacantes. Sin embargo, cuando éstos realizaron una nueva embestida, el ruso escapó al interior de la isla, dejando abandonado el cuerpo de su colega.
Casi un mes de penurias pasó Kravient esperando el regreso de la goleta, hasta que ésta tocó muelle el 5 de junio. Tras correr a dar aviso de lo sucedido, partieron hacia el campamento atacado el técnico de la compañía Aristóteles Carozzi, y el mecánico Fructuoso Muñoz López. Allí encontraron el cadáver de un indio en posición sentada, vestido con ropas que había dejado abandonadas el ruso y con un gorro jockey. El cuerpo había sido atacado por aves de rapiña o de carroña, que le habían mutilado una pierna. El cadáver de Leal, en cambio, se encontraba cerca de la costa, medio sumergido en el agua y amarrado de pies y cabeza a una roca de mármol. Rápidamente, organizaron un sepelio y los trabajadores les dieron sepultura en el lugar, ceremonia a la Kravient no quiso ir, claramente afectado con el trauma de la experiencia.
"Al regreso de la goleta 'Manolo' -continúa el relato- el hecho sangriento fue comunicado a las autoridades marítimas de Punta Arenas por el ingeniero jefe Doimo Cettineo. La autoridad ordenó las diligencias legales correspondientes, y más tarde, aprovechando la gira de inspección que realizaba por los canales el escampavía "Porvenir", el día 4 de agosto, dos agentes del grupo de investigaciones de Carabineros de Magallanes, Alberto Sepúlveda y Daniel Larenas, desembarcaron en la isla procediendo a exhumar los cadáveres, labor que les ocupó prácticamente todo el día. Hubo que forrar los rústicos cajones con latas de parafina para así poder embarcarlos en el escampavía".
El navío de la Armada de Chile regresó a Punta Arenas con ambos cuerpos. Moreno detalla que, tras los peritajes forenses realizados por el doctor Álvaro Moreno en la Morgue de Punta Arenas, se precisó que uno era del chileno David Leal (el cuidador), de estado civil soltero y que presentaba una herida de bala en la cabeza, mientras que el otro era del indígena. Sin embargo, según la información de Baeriswyl, el médico legista encargado de la identificación fue Álvaro Sanhueza y la autopsia pudo realizarse recién el 28 de agosto, por un curioso retraso en la orden de ejecución. En ella, el facultativo habría determinado que Leal presentaba una entrada de bala de revólver en la zona occipital, mientras que del indígena, al no exhibir heridas ni lesiones de muerte, se presumió fallecido por inmersión. Al no existir registros ni posibilidades de conocer la identidad real del kawésqar, le asignaron el nombre cristiano de Pedro Zambra.
Mientras continuaban las pericias judiciales, con los antecedentes legales fueron remitidos al juzgado de Puerto Natales (pues la isla Cambridge estaba en su jurisdicción), se sepultó a ambos cuerpos el mismo día de la autopsia, en un terreno donado por el Cementerio Municipal en la ubicación 17-IF-14-C, 12 Norte. Plath dice que en un principio, la sepultura no tenía lápida, hasta que algún buen samaritano le colocó una de mármol con la inscripción "Indio Desconocido". Éste fue el primer paso hacia la devoción y petición de favores, que le darían la fama milagrosa que aún lo acompaña.
Se suponía que iba a ser un enterramiento provisorio, pero jamás fue alguien reclamarlos. Por alguna razón, sin embargo, hacia 1950 según Moreno, comenzaron a aparecer velas sobre el mismo:
"Algunas piadosas mujeres dejaban incluso monedas, las que eran robadas por algunos pillos que solían pasar por allí. Por esta razón, Magdalena Vrsalovic, a quien el Indio Desconocido le cumplió una manda, quiso arreglar la tumba y poner una pequeña estatuilla, además de instalar una alcancía con llave para recibir aportes que serían destinados a la Cruz Roja local".
Las placas de agradecimientos certificaban intervenciones del Indio Desconocido para dar salud, resolver problemas familiares o económicos, y se contaba que su generosidad alcanzaba para oír todos los ruegos. Fue así que, el año 1967, la misma señora Vrsalovic, magallánica y viajera internacional, decidió colocar ahora una estatua de bronce a tamaño natural sobre la cripta, encargándole la escultura al artista Edmundo Casanova, que la diseñó y esculpió basándose en una fotografía de un legítimo indio kawésqar que le facilitó el escritor magallánico Osvaldo Wegmann Hansenn. El trabajo de fundición quedó a cargo de la compañía Indumetal. Una copia de esta estatua es la que está en la mencionada plaza de la comuna de San Gregorio, en la misma región.
Con todo listo y el mármol para el pedestal de la obra donado por la Armada de Chile, se solicitó a la Alcaldía de Punta Arenas ceder un paño de terreno cerca de la entrada al cementerio, donde se realizarían los trabajos de albañilería por la Cruz Roja. La señora Magdalena había logrado comprometer a la prensa y varias otras instituciones en esta cruzada, que por fin llegaba a puerto en 1969. Sin embargo, cuando la cripta fue abierta para proceder a la exhumación, los encargados se encontraron frente a un gran problema: no tenían forma de identificar a los cuerpos ni saber cuál de los esqueletos pertenecía realmente al kawésqar, por lo que optaron por trasladar ambas osamentas hasta el nuevo sitio y sepultarlas allí, inaugurando el conjunto con un concurrido acto público y colocándole otra vez el simple nombre del "Indio Desconocido". Esto explica por qué las placas de agradecimiento por favores concedidos más antiguas en el lugar son principalmente de los años setenta, aunque el culto sea bastante anterior.
La estatua de bronce fue instalada el 18 de diciembre de ese año, y allí se colocó también la plancha metálica con su epitafio tan característico reproducido más arriba, que corresponde a los versos del poeta José Grimaldi. Originalmente, esta estatua estaba sobre un pedestal más alto, y no tan cerca del nivel del suelo como en su actual ubicación. Como en muchas animitas famosas, se mantuvo junto a ella la alcancía para hacer aportes monetarios, en este caso para la Cruz Roja.
La convocatoria que logra el Indio Desconocido es tal que incluso gente del extranjero comenzó a visitarla en los años que siguieron, organizándose pequeñas procesiones o romerías en el Día de Todos los Santos y el Día de los Muertos. Mucha gente le llama cariñosamente, además, como el Indiecito, especialmente en los agradecimientos. Y tal es la devoción popular que, cuando se quiso trasladar el conjunto hasta el sector oriente en 1983, por una decisión de la Municipalidad de Punta Arenas, se produjo una gran polémica y se organizaron campañas contra esta idea, surgida de la necesidad de poner la animita en un lugar más seguro, ya que las velas eran un peligro de incendio en el sector de las arboledas. Doña Magdalena Vrsalvic, en aquella ocasión, propuso incluso que la cripta y el conjunto fueran trasladados hasta la plaza de la ciudad, para que se constituyeran allí en un santuario.
A pesar de todas las resistencias, en marzo de 1984, la tumba con los murallones y la estatua del Indio Desconocido fueron trasladados a su lugar al costado Norte del camposanto, donde permanecen hasta hoy. Para fortuna de los creyentes, esto no afectó al culto ni mermó la cantidad de fieles que siguen siendo devotos del misterioso indio magallánico. La mayoría de sus placas de agradecimiento se refieren a él sólo como el Indiecito y ofrecen gratitud por haberle sido concedidos favores tales como sanar a un hijo enfermo, "haberme salvado a mi sobrina Ida del accidente", servir de "guía", "tener mi casa" e "interceder por mi salud ante Dios". Incluso hay algunas placas con reflexiones más que agradecimientos, como una detrás de la estatua y fechada en 1996 que dice:
"Indiecito: cuando el hombre está en peligro, ama a Dios y ama al soldado. Cuando el peligro ha pasado, Dios es olvidado y el soldado odiado".
A las muchísimas placas y a las más efímeras flores, coronas y velas, se suman collares, rosarios y regalos que son colocados directamente sobre la estatua. Tal como en el caso del indio del Monumento a Magallanes en la Plaza de Armas de la ciudad, la tradición pide besar y tocar el pie de la figura, además de la mano en este caso, por lo que ambos miembros aparecen muy brillantes y pulidos con relación al resto del oscuro color de su bronce envejecido.
Los creyentes del Indio Desconocido, así, nunca se medirán en ofrendas y gestos para el venerado anónimo de aquella tumba.

LOS JARDINES FLORALES DEL PASEO AHUMADA

Don Ricardo General en 1997, atendiendo su garita de venta de flores en Ahumada (Fuente imagen: diario "La Tercera").

Coordenadas: 33°26'31.87"S 70°39'2.77"W

Ya he comentado algunos recuerdos sobre el Paseo Ahumada desde su remodelación y apertura peatonal en los setenta hasta la gran modificación que se hizo en los noventa y que cambió para siempre muchos aspectos que eran característicos del lugar, como sus hermosas fuentes de aguas. Quise reservar una entrada especial para el caso de los kioscos florales que antes engalanaban la esquina de Ahumada con Moneda, justo allí donde se abre el pasaje de calle Nueva York, y de los que sólo queda uno en nuestros días.

Esta esquina tuvo características muy particulares después de la gran remodelación del alcalde Patricio Mekis en la calle Ahumada, que la convirtió en paseo en 1977. Siguiendo los planos de los urbanistas y arquitectos municipales Carlos Aliaga y Álvaro Guridi, se instaló en el vértice una fuente de aguas que marcó por más de 20 años un punto de encuentro en este mismo lugar, y a su alrededor se instalaron los tres kioscos municipales que eran ocupados por floristas, constituyendo un bello y colorido jardín flotante para quienes querían llevar obsequios de amor, del Día de la Madre, el Día de la Secretaria y otras fechas que justificaban regalar rosas, calas, crisantemos o lirios, algunas sueltas, otras en ramos envueltos en papel celofán y las más finas en delicados arreglos artísticos.

Los tres kioscos eran garitas de ferretería de unos tres metros de altura, formadas por columnas-soportes con repisas fijas centrales y un techado modular geométrico un tanto futurista, con influencias base de la arquitectura en hierro pero aplicadas con mayor modernidad en el diseño. Y aunque siempre existieron otras florerías en el barrio, éstas eran las más importantes de todo el Centro de Santiago, preferidas tanto por sus buenos precios como por la belleza de los arreglos, además de ser muy populares. "Con sus garitas de flora aciaga y su fauna ciegamente acampada en el Vivac", escribió Enrique Lihn en su poema "El Paseo Ahumada", publicado en 1983.

Los primeros comerciantes que ocuparon estos puestos eran floristas que estaban en Ahumada desde el año 1973, antes de la construcción del paseo y las garitas. Casi no había una flor en algún escritorio de Santiago Centro, que no se pudiese adivinar comprada a estos vendedores. Después de inauguradas estas estructuras metálicas verdes, uno de sus más conocidos ocupantes de ellas fue don Ricardo General, conocido más popularmente como El General, quien llegó a establecerse allí en 1985.

Precisamente en esta esquina, además, en el local donde ahora está una sede bancaria, existía una famosa sandwichería: "El Tirol", restaurante de comida rápida que llegó a tener fama de ofrecer "los mejores lomitos" de todo Santiago, según sus devotos. Atrás, por el lado de Nueva York, merodeaban los conocidos "compro-dólares", comerciantes informales que se dedicaban a vender y comprar dólares, oro y plata. El punto de reunión acordado con sus clientes muchas veces era la fuente de aguas y la zona de las pequeñas pérgolas florales.

Así lucía el popular local de "El Tirol" hacia fines de los ochenta y principios de los noventa, en la punta de diamante de Ahumada con Nueva York, justo donde estaban la fuente de aguas y los tres kioscos o pérgolas de venta de flores.

Sin embargo, al avanzar los años noventa, la cordialidad y el romanticismo representado en lilas, gladiolos, claveles y tulipas había comenzado a quedar atrás, y las ventas de flores cayeron fuertemente, poniendo en aprietos a estos comerciantes, que diversificaron la venta adicionando globos para niños, tarjetas y otros productos.

Entrevistado por un medio de prensa de aquellos años, El General decía que sólo el día lunes era relativamente bueno, principalmente en la venta de claveles para secretarias que querían decorar sus escritorios, ya que duran más y son económicas. Las rosas, en cambio, se vendían de preferencia en la noche y eran adquiridas por los últimos señores románticos que quedaban entonces. Incluso contaba la historia de un cliente de edad que, apareciendo dos o tres veces al año, le pagaba en cada oportunidad varios meses seguidos para que le enviara una flor diaria a una dama. También recordaba casos en que hombres angustiados o pidiendo perdón por alguna traición amorosa, compraban grandes y onerosos ramos o arreglos con tarjeta y dedicatoria, pero que después llegaban enteros de vuelta al puesto, despreciados por las propias receptoras.

Con la remodelación del Paseo Ahumada realizada en 1999, durante la alcaldía de Jaime Ravinet, sucedió el mismo fenómeno que en la Plaza de Armas, rehecha por la misma administración edilicia y con grandes resistencias y críticas de la ciudadanía: el paseo perdió mucho de su esencia y su estilística, pasando a priorizarse aspectos funcionales vinculados al tránsito de gente y a la actividad del comercio, pero en desmedro de lo estético y los criterios urbanísticos originales del paseo.

A consecuencia de ello, fueron retiradas las fuentes, incluyendo la de Ahumada con Moneda. Sólo uno de los tres kioscos de flores permaneció: el de más al interior, junto al banco de la punta de diamante. Los otros dos, incluyendo la histórica garita de El General, desaparecieron para siempre. Fue así como el antiguo y estimado comerciante debió entrar a retiro, y su jardín de marchitó.

El kiosco que todavía existe es administrado por don Víctor, el último y querido florista que queda de todos los que ocuparon este jardín. Aunque se han habilitado carritos y otros lugares para la venta de flores dentro de las calles principales de Santiago Centro, las dos garitas perdidas han dejado un irreparable aspecto mutilado a este lugar por donde transitan cientos de miles de personas cada día.

El último de los kioscos florales de la esquina de Ahumada con Moneda, atendido por don Víctor, que aparece sentado junto al puesto.

martes, 22 de mayo de 2012

PUBLICAN EN FACEBOOK FOTO PERDIDA DE LA PLAZA ITALIA DE 1967 (diario "Las Últimas Noticias", miércoles 22 de mayo de 2012)

Artículo "Publican en Facebook foto perdida de la Plaza Italia de 1967", de Daniela Torán, publicado en el diario "Las Últimas Noticias" del miércoles 22 de mayo de 2012. Link al artículo original: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2012-05-22&PaginaId=12&bodyid=0 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
La historia de la pintoresca imagen que causa sensación en las redes sociales
La tarde del sábado, Farid Lazen, actor de 25 años, se metió a su Facebook y publicó una fotografía a color de la Plaza Baquedano, del año 1967. 24 horas después, la imagen se había replicado más de dos mil veces y contaba con 450 comentarios de personas asombradas por la escasez de edificios, el color turquesa del río Mapocho y un cielo sin smog de la fotografía. “Parece ciudad europea”, “¡Todo limpio!”, escribieron algunos.
Lazen cuenta que le llamó la atención “el contraste, los colores, las áreas verdes, que no se veían las vallas papales ni el edificio de Telefónica. Me escribió gente que no conocía”. Pero el actor no fue el primero en dar a conocer la imagen.
Hace un par de meses Gonzalo Vergara estaba paseando en el Cajón del Maipo, cuando entró a la Quinta Los Castaños y vio un libro rojo. “Era un atlas gigante. Lo hojeé y encontré la imagen de la plaza. Le pregunté a la dueña si lo vendía, pero me dijeron que no, así que aproveché y le saqué una foto. Ayer la encontré y se la posteé a algunos amigos”.
Luciana Cid cuenta que la imagen está en el Atlas de la República de Chile, 1967, del Instituto Geográfico Militar y fue un regalo que le hizo el general Augusto Pinochet a su padre, Benjamín Cid Quiroz, profesor y ex ministro de Jorge Alessandri. “A la gente le gusta mucho y por lo mismo el libro está un poco deteriorado. Así que me lo llevé a mi casa”, cuenta la dueña de la hostería.
Natalia Arcos, licenciada en Historia del Arte, explica que los “documentos a color causan otra conmoción. El blanco y negro provoca distancia, en cambio el color hace más evidente una realidad”.
Al ver la imagen, Cristián Salazar, investigador urbano, duda que la fotografía original sea en colores. “Recuerdo haber visto una idéntica en blanco y negro. En esa época ya se trabajaba el retoque y puede que esta imagen esté coloreada”
Para Salazar la foto sesentera tiene una gran importancia porque evidencia cambios anteriores, como por ejemplo, la demolición de la Estación Pirque de trenes de 1927. “Es una foto nostálgica. Genera un fenómeno de redescubrimiento, la comparación del ayer y hoy. Además el lugar es un punto clave. La plaza Baquedano tiene más importancia cultural y simbólica que la de Armas. Ese es el verdadero centro de Santiago”.
¿Italia o Baquedano?
Gonzalo Vergara, investigador, aclara que el sector que hoy conocemos como Plaza Baquedano (monumento al General Manuel Baquedano) ha tenido cinco nombres. “Primero fue Plaza La Serena, luego Plaza Colón, Plaza de la Estación; en 1910 se bautizó como Plaza Italia y en 1927 pasó a ser Baquedano”.

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