domingo, 30 de junio de 2013

UNA AMARGA PERO RESIGNADA DESPEDIDA PARA LA GALERÍA "EL PATIO"

Coordenadas: 33°25'36.03"S 70°36'57.91"W
La agonía de la galería comercial "El Patio", o más exactamente del Centro Artístico y Artesanal El Patio (así se presentaba en su viejo cartel en la entrada), se extendió con crueldad: esto, porque los lugares de encuentro que alguna vez valoró la ciudad, comienzan a morir el mismo día en que se anuncia su inminente destrucción, en este caso extendida por más de un largo año de incertidumbres con todo lo que eso involucra: espera, angustia, falsas esperanzas, intentos de revertir la situación y, finalmente, el resabio amargo de la resignación.
Los recuerdos de la Galería "El Patio", especialmente de sus librerías como la "Chile Ilustrado" y el turístico restaurante "Phone Box Pub", me trasladan a esa parte de mi propia juventud que se irá cuando le caigan encima las máquinas de demolición que ahora calientan motores: esos días haciendo tiempo allí, para esperar a mi querida polola del Liceo 7, cuyos cabellos dorados ya han quedado muy lejos de mi vida; o buscando refugio con extraños que se volvían amigos y cómplices, en los días de protestas populares que ya no existen, hacia fines del Régimen Militar; o esas cervezas con amigotes ya desaparecidos del mapa de mi existencia, tras visitas a la tienda "Rock Shop" en el Paseo Las Palmas, para estar al día con las novedades de la música... Toda huella de aquello se acabará cuando lo haga también el pintoresco pasaje.
Fueron cerca de 50 años los que resistió esta galería en el sector de Providencia 1670, entre Padre Mariano y Antonio Bellet. Su acceso con pesadas rejas metálicas en destaca por esas dos casonas de corte colonial inglés a cada lado, con plantas trepadoras, el alto árbol principal al frente, luces de neones anunciando bares y un aspecto un tanto sombrío, pero muy parecido al de los patios de antiguas mansiones de este sector de la ciudad, precisamente. Allí, en los bajos, lo primero que uno encuentra casi como tenantes heráldicos custodiando ese acceso, son la tienda de modas "Los Trapos" y la sofisticada "Relojería", a la izquierda y la derecha respectivamente.
Adentro, sin embargo, se combinaba un aire de bohemia diurna con intelectualidad alrededor del café, la cerveza o los libros usados. Bancas y árboles ornamentaban este paisaje, destacando la gruesa flor de la pluma cada año lucía más contorsionada y voluminosa allí en el patio, que muchos confundían con el parrón que daba sombra afuera del "Phone Box Pub", cuando no tenía a la vista sus flores amoratadas... Enormes y viejas enredaderas cuyo triste destino ya podemos comenzar a sospechar.
Literatura, cómic, gastronomía, diseño, coleccionismo, moda, arte, hemeroteca, fotografía, joyería, música... Todo se combinaba en este sitio insólito, para una oferta "inteligente".
Acceso a la galería, en Providencia 1670.
La gruesa y retorcida enredadera de la flor de la pluma.
LA HISTORIA DEL PASAJE
El recinto total de la galería ocupaba unos 1.200 metros cuadrados de uno de los más valiosos suelos de la ciudad de Santiago. He ahí el germen de su tragedia, justamente.
Era una especie de isla o enclave en medio de la vanguardia urbana de Providencia, que nace de una donación hereditaria realizada por el pintor y Premio Nacional de Arte Pablo Burchard Eggeling, pasando a manos de la casa de beneficencia social del Hogar de Cristo. Sin embargo, el  hecho de que parte de la misma figurara propietada por una familia particular, sería lo que precipitaría quizás su destino final, como veremos más abajo.
El sector de la casona azul ubicada al costado oriente del conjunto interior, pertenecía entonces al pintor y arquitecto Pablo Burchard Aguayo, hijo de Burchard Eggeling, permaneciendo varios años más en su propiedad. El caserón vecino, en tanto, pertenecía al constructor Arsenio Alcalde Cruchaga, futuro presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, con quien Burchard hijo planificó la creación de una galería de arte abierta dentro del recinto.
El complejo fue inaugurado en 1967 con exposiciones de las obras de Burchard y otros autores, aunque hay ciertas referencias en la literatura que permiten dar por hecho que este espacio era usado como centro de exhibición artística ya a principios de los sesenta. En 1965, por ejemplo, se expuso allí mismo una muestra retrospectiva de Burchard, recientemente fallecido por entonces, titulada "Setenta Años de Dibujo y Acuarela", como puede observarse en el "Boletín de Artes Visuales" N° 13 de la Unión Panamericana. Llama la atención que el recinto de ya era llamado como Galería "El Patio" en esos días.
Tras la reinauguración de la galería y con la nueva administración, unas de las primeras figuras en exponer en mayo de ese año de 1967 fueron Consuelo Orb Castellano con sus pinturas y la artista germana radicada en Chile doña Inge Dusi, con sedas y tapices de batik. También hubo una presentación póstuma de los telares de Violeta Parra, en 1969. Por la misma época, se exhibió la obra del pintor alemán Otto Quirin, que se hallaba residiendo de paso en nuestro país.
El lugar se convirtió también en centro de debates, reuniones y encuentros musicales, figurando el guías turísticas internacionales de América y Europa. Destacaba ya entonces por su elegancia, iluminación y buena capacidad de acogida al público, ganando un interesante premio otorgado por la "Revista Providencia" con patrocinio de la Ilustre Municipalidad de Providencia, el Servicio Nacional de Turismo y el auspicio de Shell-Chile, el 20 de julio de 1979, en el Primer Concurso de Decoración "Vitrinas y Locales de Providencia".
El "Taller Puangue" y los accesos a las salas del segundo piso.
"EL PATIO" EN LOS OCHENTA
A principios de los años ochenta, sin embargo, el pasaje pasó por un período de olvido y desolación. Aunque al interior destacaban las librerías "Australis",  "Books Second Hand" y "Lila", especializadas respectivamente en literatura turística, en idioma anglo y en libros de género, la falta de público tenía en crisis al pasaje. Se realizaban pequeñas ferias interiores y remates para atraer público, pero el escaso resultado y problemas con fiscalizadores de impuestos obligaron a echar pie atrás.
Sin embargo, la segunda mitad de aquel decenio iba a resultar bastante más generosa que para la galería, que en aquellos días de carestías y crisis internacionales. La llegada de las tocatas de música a sus dependencias, también sería un impulso interesante.
En 1985, se instaló la librería "El Kiosco", de don Francisco García-Huidrobro, dedicada principalmente a material ecológico. Sería el mismo fundador del café y restaurante "El Patio", en 1989, volviéndose un escenario para personajes como el grupo "Los Tres",  Joe Vasconcellos, Lalo Parra y Gato Alquinta. Sus especialidades culinarias, para quienes rechazan la carne en el plato, eran el tofu con ensalada y arroz integral, el seitán, las verduras salteadas o al vapor en algo llamado el canasto chino.
Parte de la recuperación de la galería se debió también a la fundación del "Phone Box Pub", por parte del comerciante británico Thomas Drove en 1984. Se recuerda a este sitio por ser uno de los primeros pubs que se conocieron en Santiago y probablemente en todo Chile, convirtiéndose rápidamente en centro de eventos, guarida de tocatas de rock y un expendio de variados tipos de schops. El pub también fue importante centro de exposiciones hasta sus últimos años, como una muestra de caricatura humorística realizada en 2005 con publicaciones de Guillo Bastías. Qué ironía que en estos momentos sea, entonces, el último de los negocios en tener que cerrar sus puertas dentro del pasaje.
Recuerdo que hacia fines de aquella década, además, había pintores que lucían sus obras en atriles dentro de "El Patio", más uno que otro artesano con sus artículos de orfebrería económica a la venta, que quizás quedaban como legajo de aquellos primeros años del pasaje como centro de encuentros y ofertas más bien artísticas. Fue cuando llegué por primera vez a este sitio, buscando cassettes de música de Vangelis. Obviamente, no era el tipo de refugio donde uno podía llegar pidiendo cañas de "terremoto" o exigiendo precios de picada, pero el lugar era uno de los pocos que amalgamaban lo popular con lo turístico, lo artístico y lo refinado en plena Providencia, con muchas conveniencias y comodidades para el visitante.
El pasillo principal y el pasaje bajo la parra, frente al "Phone Box".
VISITAS ILUSTRES Y ÚLTIMOS AÑOS
Cuentan que hasta el General Augusto Pinochet se habría aparecido algunas veces por "El Patio", interesado principalmente en libros para su colección. Al menos, eso es lo que dice la leyenda sobre la galería, aunque en algunos artículos publicados en internet puedo leer que en realidad se habría tratado de sus asesores, que iban a comprar por encargo. Sería toda una curiosidad en cualquier caso, sin embargo, porque hacia los mismos días del Plebiscito de 1988, "El Patio" acogía también a oficinas tales como la sede del Centro de Informaciones para la Nueva Era, bastante cargada a la oposición e incluso a cuestiones de contracultura.
Por entonces, entró a trabajar al lugar don Patricio, el sempiterno guardián y administrador de la galería, con quien tuve ocasión de sostener una triste y nostálgica conversación hace unos pocos meses, en mi último regreso a Santiago. 24 años de sacrificios del cuidador se perderán en la memoria y llegarán a su fin, con el cierre definitivo del pasaje. Por la misma época, en 1991 para ser más preciso, falleció Burchard Aguayo; y nueve años más tarde, le tocaría a Alcalde Cruchaga.
Don Patricio y los locatarios recordaban muchas otras visitas ilustres a la Galería "El Patio", especialmente después del retorno de la democracia. En un artículo del año pasado en "La Tercera", encuentro interesantes referencias confirmándome estos testimonios:
"Era sólo un pasillo al final del patio, pero con el tiempo fue creciendo junto al número de visitantes y nombres ligados a la vanguardia de los primeros años de la democracia. Fue el lugar donde debutó Álvaro Henríquez en la capital, en una performance de Germán Bobe, donde Alejandro Jodorowsky hizo sus multitudinarias lecturas de tarot. También, donde llegaban visitantes ilustres como los integrantes del Cirque du Soleil, el cantante Manu Chao o el pintor Oswaldo Guayasamín, quien bebía siempre cognac Courvoisier. 'Roberto y Lalo Parra siempre me decían que este era el único lugar de Plaza Italia para arriba al que venían', recuerda García-Huidobro, quien asegura que volverá a abrir su café en alguna otra ubicación.
Había un ambiente de estilo alternativo y contracultural bastante particular en "El Patio", hacia aquellos años pasada nuestra época de filtradores permanentes de gas lacrimógeno en Santiago: pelos parados y de colores, chaquetas con tachas y camisetas estampadas, pero evidentemente de un estrato más acomodado que aquello observable en sucuchos a veces terribles como "El Trolley" de San Martín, el inolvidable "Serrano 444" o la famosa "Picá de don Chito", aunque siempre tuve la impresión de que estos parroquianos de Providencia no tenían real conciencia de tales diferencias manifiestas. Más cerca de nuestros días, la galería fue también sede de la Feria del Vinilo, encuentro donde se ofertaban discos antiguos, organizada por la Cooperativa del Vinilo. La "Sala Nodo" en los altos, en tanto, servía igualmente a la música como al discurso político.
Uno de sus últimos locales fundados al interior del pasaje fue el "Café Comics", hacia el 2011, aunque después emigró a otro sitio por avenida Manuel Montt. Creo que, pocos años antes, funcionó allí también el "Restaurante Dalí", si la memoria no me engaña; y hacia el 2002 se instaló en el segundo piso del pasaje un centro de biodanza, de Sergio Rivera y Cecilia Vera.
El espacio interior del patio, con la librería "Chile Ilustrado" y el "Café la Clave" atrás.
El café y restaurante "El Patio", al final de la galería.
LA DECISIÓN DE DESTRUIRLO
Es verdad que las casonas y jardines de este paseo adoquinado se deterioraron un poco en las últimas décadas, pero la decisión de destruir el complejo fue exclusivamente de naturaleza mercantil: el Hogar de Cristo, tan ajeno ya a las motivaciones originales de su fundador San Alberto Hurtado, en sociedad con la familia Alcalde Ochagavía heredera de gran parte de la propiedad, vendieron la Galería "El Patio" a la Inmobiliaria Las Pataguas y la Constructora Santolaya, que han trazado un ambicioso proyecto sobre el mismo.
Cabe comentar que el Hogar de Cristo venía recibiendo varias ofertas de compra del terreno desde hacía tiempo, pero todo quedaría listo para un final convenido cuando la familia Alcalde tomó una de estas propuestas y decidió vender, informando a los locatarios de esto, conminándolos a desalojar y presionando así a la fundación caritativa a desprenderse de su parte. Pero, según un artículo del diario "La Tercera" del 13 de mayo de 2012, don Luis Alberto Alcalde comunicó entonces que existía un acuerdo concreto con el Hogar de Cristo para vender, y que tenía a la sazón cuatro años ya.
La decisión de demoler el lugar fue anunciada a principios del año 2013, aunque ya se venía comentado de su inminencia desde el año anterior, cuando fueron notificados todos los locatarios del sector oriente de la galería quienes pagaban su arriendo a los Alcalde, mientras que los del otro sector lo hacían al Hogar de Cristo. Todos los asuntos controversiales de esta decisión quedaron en manos de la oficina de abogados Iruarrizaga, Arnaiz y Cía., encargada de los asuntos inmobiliarios del Hogar de Cristo. Las campañas no lograron más que aplazar brevemente el decreto de muerte del lugar.
Ya en abril pasado, don Patricio el cuidador me adelantó que el cierre definitivo se venía en junio. Según la información que él manejaba entonces, ciertos locales del pasaje se cambiarían, uno de ellos al Barrio Lastarria; pero en cuanto al "Phone Box Pub", con su famosa caseta roja de teléfonos estilo inglesa (parecida a la del "Doctor Who"), su desaparición ya estaba anunciada, pues cesaría actividades de manera definitiva.Ni siquiera el haber ganado una mención en 1996 como uno de los "Mejores Bares del Mundo" por la prestigiosa revista "Newsweek International", que aquí celebraban con un elegante diploma colocado en un marco afuera del local, ni haber contado con un acuerdo de arriendo en el que el Hogar de Cristo se comprometía a mantener alquilado el espacio hasta el 2014, salvó al "Phone Box" de esta severa condena.
La famosa caseta roja del "Phone Box Pub".
ADIÓS A LA GALERÍA
Las noticias recientemente publicadas confirman estas últimas malas nuevas: ceremonias de despedida se han programado para el cierre definitivo del "Phone Box", marcado en los calendarios para el próximo 10 de julio. Se van para siempre esas fiestas de música en vivo, los recitales rock, la cerveza alemana a destajo bajo la enredadera de la flor de la pluma y la parra, con los platillos de lomo a lo pobre, filete a la plancha, carne mechada, pastel de choclo, salmón y congrio frito, cremas de choclos, cazuelas, etc. Se va también el recuerdo de esos guisos de pastel de carne con salsa de riñones que dieron debut al local en los ochenta.
El "Phone Box" era el ultimo negocio que quedaba en actividad dentro de la galería, mientras escribo esto: el primero en marcharse parece haber sido la adorable librería "Chile Ilustrado", hace unos meses, con sus inscripciones exteriores anunciando venta de literatura humanista, "Historia-Folklore-Arqueología-Antropología", siendo ocupada después y brevemente por una oficina de atención. Me parece haber visto y conversado fugazmente allí, alguna vez, con el destacado periodista Nibaldo Mosciatti, mientras escarbaba libros viejos hace pocos años. Varios otros personajes conocidos la frecuentaban.
En tanto, la librería y taller de diseño "Books Second Hand" cerró hacia la quincena del mes de junio, al igual que el café-bar "Desmadre" con una fiesta de despedida; y el encantador "Café La Clave", con su lema "sabores y sonidos del mundo", lo hizo el jueves 27. Al día siguiente, cerró sus puertas al final del pasaje el famoso "Restaurant-Bar El Patio", una de las principales atracciones de la misma por casi 25 años y que ahora trasladó sus cuarteles a un nuevo local en la cercana calle Cirujano Guzmán. Allí continuará con sus ceviches, los reputados platos vegetarianos y la alguna vez novedosa "barra internet" que ofrecía a sus comensales, rindiendo lealtad a esa publicidad que, en 1998, rezaba sobre sí:
"Un ambiente íntimo en plena galería El Patio. A toda hora se pueden saborear platos vegetarianos, acompañados de jugos naturales, tragos o cervezas".
Los cerca de 15 otros locales que quedaban, han bajado cortinas durante el último fin de semana, algunos con sentidos ritos de adiós. Son los casos de la "Librería Australis" de doña Cecilia Pizarro, situada al lado del "Restaurant-Bar El Patio", siendo quizás el más antiguo de sus locales, cotizado por sus mapas, libros y guías turísticas; lo mismo con la vecina tienda de diseño "Cualquier Mano", y a su lado el "Taller Puangue" de Becky Herrera, con prendas y estampados. El final tocó también al local de artesanías y artículos esotéricos "Por Arte de Magia", con sus conocidos e intrigantes muñequitos siempre congelados en extrañas acrobacias en las vitrinas. Hubo cerca una sucursal de la tienda de ornamentación y decoración "Divina Providencia", según recuerdo. Y ahora se viene el turno del "Phone Box", último en la lista de sacrificios.
PROVIDENCIA SIN MÁS "PATIO"
Así pues, media centuria de historia en la ciudad desaparecen como la espuma en la playa; acaso como si nunca hubiesen existido. Una torre de 21 pisos se planifica ahora sobre esos terrenos, como ha sido la perpetua maldición para todos estos rincones de valor ciudadano e histórico en la urbe. Su peso aplastará hasta las memorias de este lugar, sin duda.
"El Patio" nos deja lecciones que no son nuevas, por cierto: mientras algunos culparán al modelo económico y aprovecharán de hacer declaraciones retóricas, otros aplaudirán justificando el progreso y el derecho del desarrollo. En tanto, sin embargo, Santiago seguirá al acecho, arrinconado, acosado en cada metro cuadrado de sus mejores y más valiosas posesiones, como la isla del tesoro rodeada por una ambiciosa flota de bucaneros.
Ha cambiado mucho este sector de Providencia, en tan pocos años. Tanto, que hasta da vértigo. El célebre "Teatro Circus OK" también ha sido arrasado, con el restaurante "El Parrón". La ola casi se lleva también a la Plaza Juan XXIII, frente al ex Mercado Modelo. La destrucción de "El Patio" es sólo una consecuencia de esta marejada mutagénica que altera a uno de los sectores de Santiago donde mejor se paga el mercado del suelo, base causal de todos estos problemas... Problemas a los que, por cruel coincidencia, se suman la destrucción de la cúpula de la Iglesia de Nuestra Señora de la Divina Providencia, con el terremoto de 2010, y al incendio que consumió gran parte de la Parroquia de la Congregación de las Hermanas de la Providencia, al año siguiente. Todo en sólo unas cuantas cuadras de distancia.
Siendo testigo de cómo desaparece la ciudad ante nuestros propios ojos, como la carne de un leproso, inevitablemente se me viene a la memoria en este frío invierno santiaguino -además del recuerdo personal en aquellos lugares- esa famosa y decisiva frase profunda del personaje Roy Batty, hacia el final del filme futurista de culto "Blade Runner", aparentemente inspiradas en un poema de Rimbaud:
"He visto cosas que los ustedes ni siquiera imaginarían: naves de ataque incendiándose más allá del hombro de Orión; he visto rayos C destellando en la oscuridad, cerca de la Puerta de Tannhäuser... Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia... Hora de morir".

jueves, 27 de junio de 2013

ESO DE SER "MÁS MALO QUE EL NATRE"

"Más malo que el natre" es lo que se ha repetido por mucho tiempo en nuestro país para señalar a un individuo despiadado, inmisericorde, dominado por la maldad vernácula, de preferencia vinculado al bajo mundo o a las cáfilas delincuenciales, territorios de "choros" y "patos malos". No ha faltado, por eso, el hampón apodado El Natre en nuestra nutrida historia delincuencial, como corolario y coronación de su mala fama en el ambiente.
El verdadero natre o tomatillo, en tanto, es un pequeño arbustillo perenne llamado Solanum crispum por los científicos, de flores amoratadas con forma de estrella y pistilo amarillo, que crece en Perú, Argentina pero especialmente en el campo chileno, entre las regiones de Coquimbo y O’Higgins.
¿Cómo esta pequeña belleza, frecuentemente usada en la decoración de jardines, pudo llegar a ser sinónimo de maldad, crueldad y maledicencia?
Resulta que el agüita de natre se ha consumido desde tiempos inmemoriales como medicina natural para catarros, fiebres, dolores de cabeza y otros malestares, pero representa un desafío para el pobre enfermo: su sabor amargo, malísimo, suele ser abominable en muchos casos, por lo que pocas veces un convaleciente se enfrenta a una medicina tan “mala” esperando mejoría…
Para peor, el fruto del natre es un pequeño “tomatillo” de color púrpura o fucsia, que ha mandado al hospital a varios tontos que se las han echado a la boca ignorantes de que son sumamente tóxicas, provocando diarreas, vómitos y envenenamientos severos.
Se sabe incluso que los ganaderos intentan mantener lejos del natre a sus animales, pues la intoxicación con el fruto podría llegar a matarlos…
He ahí el temible título entonces: "Más malo que el natre".

lunes, 17 de junio de 2013

"SOCIEDAD MUTUALISTA UNIÓN FRATERNAL": SALAS CON HISTORIA DE UN BOLICHE SOBREVIVIENTE EN LA QUINTA NORMAL

Coordenadas: 33°26'20.74"S 70°41'28.22"W
En calle Santo Domingo 4105, en la esquina con Patria Nueva y a sólo pasos de la Autopista y de la Estación Metro Gruta de Lourdes, se alberga uno de los secretos mejor guardados de la vida popular y folklórica de la comuna de Quinta Normal: el bar y restaurante "Sociedad Mutualista Unión Fraternal", quizás uno de los últimos bastiones de este tipo que todavía quedan en pie por este lado de la ciudad de Santiago, cuya antigüedad se nos pierde en los calendarios.
El nombre deriva de la asociación a la que pertenece, habiendo nacido como casino y club con comedores de la misma: la Sociedad Mutualista Unión Fraternal, grupo de asistencia solidaria creada principalmente por obreros el 2 de octubre de 1873, con personalidad jurídica N° 2324. Adaptando el largo nombre, sin embargo, quizás la mayoría prefiere hablar de él como restaurant "El Fraternal", aunque veremos que tiene varios motetes más. Su símbolo son dos manos estrechándose dentro de un engranaje rotario, en algunas versiones con una antorcha coronando la unidad representada.
Don Mauricio Rodríguez, actualmente a cargo, me cuenta desde la barra de tragos que este clásico boliche fue fundado para la sociedad poco tiempo después del nacimiento de la misma, aunque su ubicación era originalmente, en una desaparecida casa esquina de este mismo sector, pero hacia el lado de calle San Pablo. Revisando antiguos documentos del Congreso Nacional de Chile, particularmente de la Cámara de Diputados hacia los años sesenta, encuentro una dirección para la Sociedad Mutualista Unión Fraternal en San Pablo 4164, que podría haber correspondido a la anterior.
Más o menos desde el último cambio de siglo y milenio juntos, la administración de la antiquísima casona que ocupa hoy el restaurante está en manos de Rodríguez y sus empleados, atendiendo con esmero y dedicación esta joyita histórica. Lo hace junto a los veteranos mozos que aquí trabajan aquí, en esta casona que "debe tener más de 100 años ya", según nos confiesan adentro... Y yo creo que hartos más que esos.
Llamado entre los vecinos y concurrentes también como "La Mutualista", "La Unión Fraternal", "Unión Fraternal Casino y Restaurant" o simplemente "La Unión", "El Fraternal" como ya hemos dicho (así se publicita en el cartel colgante frente al acceso) y hasta "El Frater", se recuerdan fiestas memorables en estas salas cómodas y espaciosas, varias decoradas con antigüedades (salamandras, máquinas de escribir, barricas, máquinas de coser, etc.), cuadros pictóricos y fotografías clásicas. Siendo técnicamente un club social más que un bar o restaurante, es un lugar con aires de picada que intenta mantenerse limpio y pulcro, con manteles amarillos y verdes en todas las mesas y servilletas de tela en las copas.
Las comidas típicas de las mesas chilenas están señaladas en carteles e incluso en rayados de la propia fachada: empanadas, parrilladas, bife a lo pobre, conejo escabechado, chancho silvestre, arrollado, pastel de choclo, pollo al cognac, pollo al pil pil, pernil con papas, costillar, guatitas a la jardinera, chupe de guatitas, etc. Mi renuncia voluntaria a las carnes corrientes me motiva a pedir pescado frito con puré y ensalada, incluido el loable detalle del pancito con mantequilla y crema picante. El plato es tan grande que termino luchando con mi propio reflejo de satisfacción alimentaria para terminar. El postre de huesillo en su dulce jugo viene a cuenta de la casa, y para los bolsillos en apuros, también se ofrecen pequeñas listas de platillos para la colación del día. Para el guargüero están las cervezas, ponches, borgoñas, piscos sour, tintos y blancos, aunque el mozo -de perfecto traje negro- me recomienda probar el "terremoto" que aquí ofrecen, con la promesa de que es otro de los mejores de la urbe.
En muchos aspectos, la impecable mixtura de folklore con oferta culinaria, además de la ornamentación chilena y popular, pueden poner a este negocio a la altura de otros pocos parecidos de la Quinta Normal, como la sorprendente "Capilla Los Troncos" de la que ya he hablado: en términos generales, corresponde a una categoría especial de refugios con espíritu y sabor, acaso locales con vida cultural propia y una energía de identidad que fluye desde y hacia el resto de la ciudad, recíprocamente. A su vez, esa distancia geográfica de los grandes centros comerciales de la metrópolis le han permitido mantener un aspecto más rústico y auténtico, no influido por criterios revisores como sucede con otros conocidos focos de recreación beoda, alejados del núcleo urbano más céntrico. Es el mismo caso del "Pipas Bar" de Macul o el querido "Negro Bueno" de La Florida, según mi impresión.
Dicho de otro modo, estamos frente a un sitio digno de algo así como el grito "¡Hay ambiente!" que proclamaba Rakatán en sus recordadas críticas bohemias, pero con un enfoque más popular, más obrero y más folklórico.
Detrás de la chillona puerta de acceso con esas campanitas tipo carillón anunciando a las visitas, me gusta de inmediato un buen detalle dentro del local: hay salas pequeñas e íntimas que seguramente aíslan un poco del boche exterior en los días de mayor concurrencia, todas conectadas al pasillo hacia el fondo, donde está el bar recargado de decoración y botellas coloridas, verdadera taberna de placeres y felicidades para el público que se fascina con las modestias sin ostentaciones innecesarias.
La más grande de todas estas salas está por el frente y es un comedor con escenario hacia el lado de la fachada que da a la calle. Allí han sonado grandes presentaciones de grupos cuequeros, orquestas bailables otros músicos populares, razón por la que el local también ha sido llamado "La Fonda" entre sus comensales, otro nombre que acá aprovechan para promoverlo con carteles colocados por el sector de calle Patria Nueva convidando a los curiosos a pasar. Famoso era un cantante y tecladista que alegraba con su arte estos bailes de largo tiro, viernes y sábado. Estos encuentros solían extenderse hasta avanzadas horas de la madrugada, especialmente con los bailables y artistas de dobletes en las noches de fin de semana. Algunos colectivos, como el Centro Social y Cultural "El Romerito", incluían allí en el boliche presentaciones con folklore urbano más teatro en vivo y algo parecido al café concert.
Empero, esta fonda urbana se ha vuelto un poco silenciosa en estos meses: ciertos conflictos con la municipalidad han apartado momentáneamente a sus alegres cuequeros, orquestas y dobles de artistas famosos, pero me juran que volverán pronto a "El Fraternal". Mientras tanto, el escenario es ocupado por un gran monitor con la televisión abierta encendida y las melodías han sido desplazadas por la radio, a la espera del regreso de guitarras, panderos y sonajas.
Esperaremos, entonces, que el canto popular y festivo retorne a estos salones de la Quinta Normal custodiados por la magnificencia monumental de la Basílica de Lourdes, recordándonos que este local es uno de los últimos de su género y de tal antigüedad sobreviviendo en la ciudad de Santiago, como un secreto bastión rodeado por el frenesí del cambio, del progreso y de la alteración total e incontenible del modus vivendi de toda una sociedad.

POLÉMICOS NOMBRES DE CALLES (Canal "Mega", lunes 17 de junio de 2013)

Nota titulada "Polémicos nombres de calles", de la sección "Reportajes al cierre" del noticiero "Meganoticias", del canal Mega. Transmitido en el contexto de la recuperación del nombre de la calle Nueva Providencia, ex 11 de Septiembre. Fue presentado con el siguiente preámbulo introductorio:
"Muchas avenidas de nuestro país poseen nombres que rinden homenaje a personajes controversiales o a sensibles hechos que marcaron la historia de nuestro país".
El reportaje pertenece al periodista Paul van Treek, lunes 17 de junio 2013. El original puede ser visto en mejor calidad y completo en el siguiente link: http://www.ahoranoticias.cl/noticiario/reportajes/polemicos-nombres-de-calles.html
En esta nota, fuimos entrevistados en terreno sobre las intervenciones en los nombres de tres calles o lugares con propósitos políticos, con sus respectivas consecuencias: Avenida Pajaritos (cuya sección inicial fue rebautizada "Avenida Gladys Marín Millie"), Estación Metro San Pablo (cuyo nombre original iba a ser "Estación Metro Violeta Parra") y Calle Estado (cuyo nombre en años coloniales era "Calle del Rey").

EL TESTIGO DE UN ASESINATO ZOOLÓGICO

Autores como Oreste Plath notaron hace mucho tiempo el “animalismo” que existe entre muchas expresiones asociadas a chilenismos clásicos del lenguaje popular: “colipato”, “pavo”, “ganso”, “pajarón”, “vaca”, "burro", "mula", “yegua” y otros nombres de la fauna -especialmente la ganadera- se hacen sinónimos de distintas características (por lo general defectos) en la personalidad del aludido.
Por su parte, el genial caricaturista Renzo Pecchenino, más conocido como Lukas, abordó con singular maestría este tema en su famoso trabajo “Bestiario del Reyno de Chile” (disponible aquí).
Al respecto, cabe recordar que hace muchos años corrió una historia popular ya olvidada y que llegó a ser comentada al menos en una ocasión a la televisión, sobre un viajero chileno que supuestamente se encontraba residiendo de manera provisoria en la República Argentina, y que experimentó una singular situación tragicómica, traicionado por esa tendencia al grafismo animalista del lenguaje informal de su patria.
La leyenda decía que fue en los sesenta o los setenta, cuando el sujeto fue testigo de un violento asesinato de una muchacha por parte de un criminal. El sorprendido chileno, entrado en shock y eufórico, corrió hasta donde los policías argentinos y comenzó a gritarles aterrado:
- ¡Un gallo mató a una cabra! ¡Un gallo mató a una cabra!”.
Gritaba histérico conminándolos a seguirlo con urgencia para llevarlos a la escena, pero estos sólo lo miraban confundidos y perturbados.
Sólo después de un rato y tras mirarse entre sí sin comprender, los policías lograron entender que por “gallo” se refería a un sujeto y que por “cabra” señalaba a una muchacha... Un sujeto mató a una muchacha.
Quizás la historia no haya sido más que sólo una leyenda urbana de los años ochenta, pero retrataba perfectamente esta tendencia animalística del lenguaje informal chileno y lo difícil que se hace a veces comprender estos conceptos para quien no esté familiarizado con ellos.

lunes, 10 de junio de 2013

"EL BOLETISMO ILUSTRADO": LA HISTORIA DEL TRANSPORTE COLECTIVO RETRATADA EN SUS PROPIOS BOLETOS

Coordenadas: 33°26'34.50"S 70°38'42.35"W (Estación Santa Lucía)
Ya he comentado en este blog sobre las interesantes exposiciones con que suele sorpredener al público la vitrina del Departamento de Comunicaciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) en el andén Sur de la Estación Metro Santa Lucía: "La Magia de Molina La Hitte (1906-1970)" en 2011, "Las vacaciones de nuestros abuelos" y "Paisajes y gente de Chile" en 2012, y más recientemente "Salitre de Chile: El oro blanco traspasa las fronteras", todas preparadas y montadas por mi amigo el periodista, coleccionista y talentoso investigador Víctor Mandujano.
En estos precisos momentos, más precisamente a partir del pasado fin de semana, se puede encontrar allí en la misma vitrina DIBAM una nueva y valiosa muestra, quizás una de las mejores que han pasado por detrás de esos cristales: "El Boletismo Ilustrado II", con una brillante y pulcra exposición de imágenes de boletos de micro y transportes públicos en general. Compuesta por piezas del año 1875 hasta 2007, pertenecen a las colecciones de Francisco Riquelme y del propio señor Mandujano.
Debo comentar que ya antes, en 2009, se había expuesto una muestra de similar tenor en la misma vicrina, titulada "El Boletismo Ilustrado" y de la que esta es su segunda parte. Esperaba con ansias esta muestras desde mi último regreso a Santiago, y la verdad es que la espera ha quedado ampliamente complacida.
Se recordará que los boletos, particularmente del sistema de microbuses entre los cincuenta y los ochenta, fueron toda una institución en la historia urbana popular chilena y muy especialmente en la de Santiago... Los mismos que volaban por nuestras calles como hojas de otoño, aunque durante todo el año, en aquel tiempo cuando era imposible saber que algún día se volverían piezas de culto.
Tanto abundaban por las calles estas pequeñas etiquetas de papel, de hecho, que en el alguna vez famoso juego infantil ochentero de al pegar-pegar había un desafío llamado "la micro con boleto", que consistía en ir a recoger raudamente uno de estos para subirse en la espalda del pobre burro que hacía de microbus y pasar la prueba.
Sin embargo, estos boletos eran frecuentes objetos de fraudes: además de las incontables veces en que el chofer no los entregaba quedándose con el dinero pagado por el pasajero (a veces en colusión tácita con él, que pagaba un poco menos por el truco), especialmente a los escolares, ciertos micreros tenían la costumbre de hacerles las llamadas "falditas": cortes estratégicos que no iban por el prepicado de la tira que dividía los boletos y que permitía sacar adicionalmente uno o dos de ellos cada diez cortes aproximadamente, recaudo que iba derecho a sus bolsillos.
Con relación a lo anterior, quizás pocos recordarán ya los "premios" que se ofrecían para incentivar a usuario a pagar y pedir su boleto sin devolverlo evitando estas prácticas, pues retener la pieza era el único mecanismo de medición del flujo de pasajeros en esos años: desde los millones de boletos que se canjeaban por una silla de ruedas en campañas de beneficencia, hasta aquellos que venían con un sistema similar al de "raspe y gane". También había unos con letras, donde se desafiaba al usuario a formar con varios de ellos una palabra o frase ganadora, recibiendo un premio.
Los boletos, al igual que los títulos de los antiguos recorridos del sistema de microbuses y taxibuses, fueron una herencia de los tiempos del tranvía y del ferrocarril urbano. Aprovecho de recordar que ya he publicado aquí en el blog un par de síntesis sobre la historia de los tranvías de Santiago y del sistema general de transportes en microbuses por la capital, hasta su transformación total con el nefasto Transantiago que actualmente amarga la vida de los santiaguinos.
Son más de 210 los boletos de este tipo que se encuentran en la exposición, haciendo un perfecto retrato de la evolución del sistema y de la iconografía popular relacionada con estas mismas piezas: desde aquellos con la swástika de lubricantes"Energina" hasta los célebres pingüinos del boleto escolar E.T.C. en los sesenta, que fomentaran este apodo generalizado para los estudiantes de uniforme. Pueden observarse allí también otros valiosos ejemplares como la "rueda con alas", el conejito del transporte en San Antonio, los piratas del la SALF, el indiecito tipo Little Hiawatha de la línea El Cortijo o los felinos gemelos de Los Leones, además de los incontables numerados y los que tenían dibujos de los vehículos de transporte respectivos. La colección incluye también viejos boletos del sistema ferroviario y, como excentricidad, algunos que incluso aparecen impresos con errores.
Así pues, la muestra "El Boletismo Ilustrado II" se divide en las siguientes secciones:
  • Los antiguos (1875-1970)
  • Bellas piezas y series
  • Regiones (Arica a Punta Arenas)
  • Los Escolares (1950-2012)
  • No devuelva el boleto
  • Casa de Moneda (1988-2003)
  • Gran Santiago (1990-2005)
  • Interprovinciales Santiago (desde 1990)
  • Faltas de ortografía
  • Los trenes (1926-2000)
  • Llegó el Transantiago (2005-2007)
La página web de la DIBAM presentando la muestra, aporta un poco más de profundidad sobre la información que puede encontrar el espectador allí en la exposición de la estación del Metro:
"Los boletos más perfectos son los impresos por la Casa de Moneda, que tenía la imprenta de mayor calidad en Chile. Más adelante surgieron otras que comenzaron a producir, a menor costo, boletos con diseños muy diferentes, a veces impuestos por los propios dueños de las “máquinas”. Entre éstas se destacan Roensa, Impresores 27, J. Mora y Jormar.
Las series más hermosas son las de la línea El Golf-Matucana, que lanzó a inicios de los 90, grupos conmemorativos de Vacaciones; Bomberos; Medios de Transporte; Fiestas Patrias; Navidad; Industria Nacional, etc. La iniciativa fue imitada por la línea Cerro Barón, de Valparaíso, que editó una serie con 198 boletos diferentes (turismo, animales y paisajes).
Otras piezas muy codiciadas son las Lokal Trafik, que en su dorso incluyen fotografías de algunos Presidentes de Chile, folcloristas, poetas y, por cierto, los anteriores a 1950.
Una de las series más buscadas es la del Bicentenario nacional, con seis momentos históricos de la movilización colectiva en el país y textos del sitio Memoria Chilena, de la Biblioteca Nacional.
La exposición incluye también notables fotografías de época pertenecientes a los archivos del Museo Histórico Nacional y Biblioteca Nacional, las que contextualizan las épocas a las que se refiere cada uno de los capítulos de la muestra".
Don Víctor me ha proporcionado muy gentilmente algunas imágenes (que he publicado acá para complementar la entrada) y textos relativos a su valiosa colección, y que vienen a completarme gran parte de esta historia del transporte colectivo chileno retratada en tales piezas. Allí se observa que los perfectos boletos impresos en la Casa de Moneda duraron hasta 1980, más o menos, en una parte de la historia del diseño gráfico nacional que ha sido deficientemente abordada por los revisores culturales, según nuestra impresión. Se advierte, además, que la filosofía de producción de estos boletos muchas veces toca tradiciones más propias de la filatelia y de la numismática, produciendo iconografías que se acercan bastante al arte de la estampilla, la moneda y el billete.
Estas piezas, además, hacen un bosquejo de tiempo y evolución general de la línea histórica del sistema: los "carros de sangre", los mencionados tranvías eléctricos, las góndolas a bencina antepasadas de las micros y que aparecen en 1919, la poluta época de micros y liebres, seguida de las micros amarillas y, finalmente, el actual Transantiago... Quedará en la reflexión de cada lector si esta secuencia fue de desarrollo o de involución.
Las fotografías que se han dispuesto como complemento para la exhibición muestran escenas tales como los trabajos de tendidos de rieles para tranvías en la Alameda hacia 1928 y el paso de estos carros por la misma arteria frente al Cerro Santa Lucía hacia 1950, además de una bomba de bencina "Energina" e imágenes de niños colgando de la popa del un trolebús hacia los años sesenta, entre otras fotografías históricas.
La ordenada, bella y nostálgica exposición estará montada durante todo el mes de junio, por lo que es del todo recomendable una pasada por la Estación Santa Lucía a quienes quieran recordar aquellos tiempos en que esas piezas nada valían, perdiéndose en nuestros bolsillos o como marcadores improvisados de libros, y quizás sirvan también como una curiosa revelación a las generaciones más jóvenes que no los conocieron.

domingo, 2 de junio de 2013

Y HUBO UNA VEZ UN "PALACE HOTEL" EN LA ALAMEDA

El Palace Hotel de Alameda 2860, en los años treinta.
Coordenadas: 33°27'2.02"S 70°40'35.76"W
Es casi de Perogrullo hacer notar la cantidad de hoteles que crecieron en torno a sus principales dos grandes estaciones ferroviarias de Santiago, tanto la de Mapocho y, desde mucho antes, la Estación Central de Alameda de las Delicias, allí frente a la Plaza Argentina, otrora centro de alto movimiento también para los tranvías históricos de la ciudad.
Célebres hoteles complacían la necesidad de alojamiento de los viajeros de la Estación Central: desde el romántico Hotel Alameda, convertido hoy en un salón de pool a la entrada de avenida Exposición, al fastuoso Royal Hotel del antiguo Portal Edwards; todos en grandes edificios neoclásicos de pretensiones francesas, en un barrio con gran presencia de prostitución, ritmos noctámbulos de vida y música de los bailables favoritos del espectro más popular capitalino. La hotelería más modesta, mientras tanto, se ubicaba del otro lado de nuestra principal arteria santiaguina, a veces con refugios lúgubres y deprimentes para el agotado viajero.
En la dirección de Alameda número 2860, a esquina Sureste con calle San Alfonso a una cuadra de la estación y donde hoy se alza altivo y categórico el Hotel Imperio, existió antes un bello edificio de aquella misma primera generación de hoteles modernos en torno a la Estación Central, que configuraron parte del aspecto que conserva este barrio comercial a pesar de no existir ya la construcción: el Palace Hotel, especialmente conocido en los años treinta, pleno apogeo del ferrocarril y de los tranvías que repletaban estas dinámicas cuadras.
El hotel ocupaba casi media cuadra, por lo que su partida dejó cambios de numeración que harían difícil adivinar dónde estaba, si no es sabiendo su posición esquinera. Destacaba principalmente por la torre cilíndrica ubicada justo en el vértice, coronada en una terraza circular con un contorno de balaustras y hermosos jarrones ornamentales de ánfora, tipo de decoración que fue bastante recurrida en la Alameda de las Delicias desde los días del cambio de siglo o incluso un poco antes. Tres pisos eran aquellos de los que disponía el edificio, más el subterráneo y la azotea, sobre la cual se leían dos grandes letreros luminosos con el nombre del hotel, al igual que en los arcos de entrada al mismo, en su inconfundible torre. El zócalo estaba consagrado especialmente al comercio, extendiéndose toldos desde sus vanos hacia la vereda, como era costumbre en aquellos años. Al parecer, disponía de un cómodo restaurante propio.
No he podido averiguar quién fue el arquitecto de este curioso edificio sin parangón en toda la Alameda de las Delicias. Su aspecto y estilos, sin embargo, tienen semejanza con el experimento neoclásico franco-itálico del Palacio Ruiz-Tagle en el casco antiguo de calle Catedral. Quizás corresponda a la misma época, hacia los años veinte, o bien se remonte al período cercano al Primer Centenario, cuando la monumentalidad arquitectónica iba en imparable ascenso.
Propietado por la sociedad Tohá, Torm y Cía., el hotel de nuestro interés se jactaba de varias virtudes en su publicidad de 1933, aparecida en la revista "En Viaje" de la Ferrocarriles del Estado, además de su cercanía a la Estación Central:
"El Palace Hotel es el más recomendado para Familias y Viajeros, por su seriedad y limpieza. Comidas sanas y abundantes.
Sus dueños recomiendan hacer presente cualquier desatención y serán atendidos con el mayor agrado".
De acuerdo a esta misma publicidad, los precios parecían ser bastante razonables: alojamientos simples por montos que iban desde 6 a 10 pesos diarios, y alojamientos con pensión por 12, 14, 15, 16 y 18 pesos diarios. Para tener una referencia, cabe señalar que una buena cena individual costaba en esos años unos 3 pesos.
Le pierdo el rastro al Palace Hotel y a su edificio hacia mediados del siglo XX. Coincidentemente, en 1951 aparece en donde creo encontrar su clásica esquina, un edificio construido por Miguel Sancho B. con los planos del arquitecto Luis Vergara. Aclaro que saber esto no es un gran mérito de mi parte: está señalado en una inscripción al exterior del actual edificio, que además guarda cierto parecido tenue con el bauhaus del célebre Oberpaur, que antaño fuera sede del famoso café y confitería "Goyescas". Al menos tiene la misma solución curva en el vértice de la esquina, tal vez heredada de la idea del desaparecido torreón que impuso allí el anterior Palace Hotel.
Los establecimientos actuales fueron ocupados por el Hotel Real y, desde hace varios años hasta ahora, por el Hotel Imperio, uno de los más conocidos de este sector de la capital y poseedor de un elegante restaurante que contrasta con los boliches más populares del barrio. La cordial y atenta gente del "Imperio", sin embargo, recuerda que el Palace Hotel terminó sus días hace treinta años (o más, pues la engañosa memoria siempre quiere hacernos creer que somos más jóvenes) en un espacio más pequeño y vecino por el lado de la corta calle San Alfonso, donde ahora se encuentra una sede bancaria que se llevó los restos de la vieja construcción hotelera, en donde habría funcionado ya en su ocaso.
Como en tantos otros casos de la historia urbana de Santiago, el Palace Hotel y su elegante edificio de torreón esquinero sólo viven en unos cuantos avisos de revistas sepias y el recuerdo vago de quienes sólo alcanzaron a verlo ya en sus días de desarraigo y decadencia final.
Este artículo, en consecuencia, no podrá ser más que un panegírico póstumo para el alguna vez bello edificio.
Vista actual del Hotel Imperio. Lugar que, según mi cálculo, ocupaba el edificio del "Palace".
Imagen por el lado de calle San Alfonso. A la izquierda se observa parte del actual edificio del Hotel Imperio, y a la derecha un edificio bancario que ocupaba los últimos establecimientos que tuvo el Palace Hotel ya en sus últimos años, según un par de testimonios orales que pude obtener en el sector.

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