viernes, 25 de octubre de 2013

IGLESIA DE SAN AGUSTÍN DE LA SERENA: DESTRUIDA, LLORADA Y RECONSTRUIDA MÁS DE UNA VEZ

El templo antes de la última reconstrucción. Imagen tomada de Memoria Chilena.
Coordenadas: 29°54'2.78"S 71°15'11.08"W (antigua) / 29°54'7.24"S 71°14'48.03"W (actual)
Uno de los escenarios urbanísticos más típicamente coloniales de La Serena, es la ubicación del templo agustino justo al final de la calle Arturo Prat, en calle Cienfuegos por la esquina vecina al complejo del Mercado de La Recova en la ciudad. La percepción engaña, sin embargo, porque el edificio es de reciente terminación, aunque respetando las líneas originales del que allí existía.
Algunas fuentes señalan que historia de este templo comienza en 1672, cuando se construye el primer edificio de piedra calcárea que era del servicio de la Orden de Jesús en la ciudad. Es por eso que figura en algunas guías como la Iglesia de los Jesuitas. Sin embargo, hace muchos años que Manuel Concha aclaró ya que dicha iglesia no corresponde exactamente a la misma que tomarán después los agustinos, aunque esté en el mismo lugar: la antigua capilla y el colegio de los jesuitas fueron destruidos a fuego en 1680, por las tropelías del tristemente célebre pirata Bartolomé Sharp.
El posterior templo corresponde en realidad a una edificación de mediados del siglo XVII, iniciada a partir de 1750 y con trabajos que se extendieron por unos cinco años más. Se elevó sobre un terreno del viejo claustro jesuita que, hacia 1678, tenía por su costado oriente una acequia que era única en la ciudad, además de un molino propio y otros establecimientos.
Vista del templo agustino desde calle Prat, al fondo de la vía. Imagen histórica publicada en el foro "LA SERENA: Mirada al pasado en 465 años de vida", de Skyscrapercity.
EL ANTIGUO TEMPLO DE SAN AGUSTÍN
El primer templo y los claustros para la Orden de San Agustín, aparecen levantados con la llegada de estos sacerdotes a La Serena, por el año de 1595. Su sede era una capilla y más tarde un templo llamado Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, ubicada al Nor-Oeste de la ciudad de entonces, con modestos claustros y viviendas de paja.
Este primer claustro agustino se encontraba hacia donde está ahora el inicio de calle Brasil con Matta (esquina Norponiente) sobre levante del terreno urbano, en un terreno comprado por Fray Pedro Torres unos seis años después de la fundación de la ciudad, a don Bartolomé Morales y su esposa Francisca Torres, pariente cercana del mismo cura agustino. La transacción se acordó el 30 de agosto de 1555, siendo los testigos el General Francisco de Aguirre y don Francisco de Riveros. De acuerdo a la descripción que se hace en la escritura de venta, hecha por el escribano Juan Bartolo Campusano, el terreno colindaba con las casas del carpintero Juan Rodríguez, el solar del Capitán Marco Antonio Aguirre y otro de Pedro Cisternas. El tronco de una vieja palma muerta señala actualmente la ex ubicación de aquella esquina en que estuvo en recinto.
Aunque figura en planos de mediados del siglo XVIII, es probable que esta iglesia también haya sido destruida en las incursiones de saqueo pirata de 1680, pues los agustinos figuran intentando construir un templo en los años posteriores e inaugurando precariamente el siguiente convento poco más de diez años después. Sin embargo, este trabajo se hizo con tanta dificultad y falta de financiamiento que, todavía en 1754, sus murallones "no tenían cuatro varas de alto", según recopila Concha.
El Subdelegado Pedro Antonio Fontecilla y Villela escribe al rey, en informe del 24 de noviembre de 1755, la siguiente descripción sobre la propiedad jesuita local, además de varias otras hacia el Norte de la ciudad y en el valle de Elqui:
"El Colegio de la Compañía se encuentra perfectamente acabado; su fábrica de teja, su iglesia adornada; su rector el padre Luis Camaño (o Camacho, en otros documentos) mantiene once sujetos: escuela de niños, aula de gramática..."
La aludida iglesia jesuita es la que estaba en el actual sitio de la Iglesia de San Agustín, entonces, en Cienfuegos frente a Prat.
En tanto, y según datos de Domingo Amunátegui Solar,  aquel año el Convento de San Agustín contaba con sólo 4 religiosos, la iglesia en ruinas (también desde 1680) y una renta de 250 pesos, quizás la más baja de toda La Serena. Veremos que sólo a partir de 1768, dando por imposible ya la consumación del trabajo de reconstrucción del viejo templo, esta iglesia y los claustros que habían pertenecido los jesuitas, serían traspasados a la Orden de San Agustín.
De acuerdo a la descripción que hace Concha en 1871, para aquel entonces de la antigua iglesia agustina original sólo quedaban unos cimientos y una hermosa palma dentro de un solar. Después de desaparecer este templo, y como ha sucedido en varios otros casos dentro de Chile, se encontraron curiosos túneles subterráneos saliendo hacia secretos lugares de la ciudad, desde la planta de los claustros. Hoy existen en su lugar, edificaciones que aún imitan cierta estética colonial y solariega, vecinos al Colegio Andrés Bello.
TRASPASO DEL TEMPLO JESUITA
La primera expulsión de los jesuitas sucede en agosto de 1767, por orden del Gobernador Antonio Guill y Gonzaga cumpliendo la drástica decisión del Emperador Carlos III. Como en todos los poblados indianos donde los sacerdotes de San Ignacio eran queridos y respetados, la noticia fue un triste episodio en la vida de la ciudad, y muchos fieles acompañaron a la penosa caravana de desterrados hacia el lugar de zarpe.
El período coincide con la paralización de las obras por parte de los agustinos y la toma de posesión de los desalojados claustros e iglesia de la Compañía de Jesús, al poco tiempo y con autorización de la Real Audiencia. La entrega oficial fechada el 25 de abril de 1768, fue hecha con participación del Prior Fray Manuel Girón y el Subdelegado Martín Santos de L'alana, en cuya acta se lee la siguiente descripción del lugar:
"Primeramente, la iglesia consta de un cañón de 47 varas de largo, 9 y cuarta de ancho, y 9 y media de alto, todo de piedra labrada de sillería, con una portada de lo mismo y torre correspondiente del mismo material.
El mismo documento establece a ítem consecutivo:
"Se le entregó el reloj que se halla en dicha torre el cual está corriente con dos campanas una para las horas y otra para los cuartos, y tiene dos esferas también corrientes una al poniente y otra al sur".
Seguidamente, se detalla que el templo tenía -entre otras cosas- dos capillas, un altar mayor "dorado y esmaltado y pintado con cuatro efigies de santos" (Nuestra Señora de los Remedios, San Francisco Javier, San Estanislao y San Ignacio de Loyola), "seis rostros de santos con sus manos" (San Ignacio, San Luis Gonzaga, San Francisco de Borja, San Juan Evangelista, San Francisco de Regis y Santa Teresa) y las huertas con arboledas, cocinas y otras instalaciones. La posesión efectiva se ejecutó unos años después, sin embargo, en 1775.
Parte de las condiciones del traspaso incluían que los agustinos continuaran dedicándose a las enseñanzas que realizaba el colegio con la escuela pública y la aula de gramática; pero, como fallaron a compromiso, el Cabildo emitió una orden redactada por el Procurador Miguel de Aguirre, obligándolos a impartir clases de filosofía y teología, tomando la tarea Fray Manuel Magallanes. La orden vino junto con la exigencia de que mantener ocho religiosos para el servicio de atención de la escuela y dar clases de latín, tras una denuncia formulada por el Procurador General Domingo Ribera y Peñafiel, en 1781. No obstante, algunos ítems como las clases de latín pudieron ser cumplidas bastantes años después.
El 26 de julio de 1798, se produjo un gran azote de vientos huracanados contra la ciudad. El temporal dejó grandes daños en el cuerpo superior de la torre, en su "media naranja" donde estaba el reloj, obligando al Procurador Miguel Riveros Aguirre a solicitar al Cabildo, un mes más tarde, remediar la situación a la brevedad o de lo contrario "se perderá una alhaja que con dificultad podría reponerla la ciudad". La torre ya había sido debilitada por las lluvias del invierno anterior, además.
Respondiendo a la petición y según los registros dejados por el Procurador Aguirre, el Cabildo encargó la reconstrucción de la "media naranja" de la torre al alarife Crisanto Guerra. Sin embargo, el presupuesto de 195 pesos entregado por éste (la mayoría de los cuales iban al trabajo del carpintero) le pareció excesivo al Cabildo, encargándole al año siguiente el mismo trabajo pero por sólo 150 pesos a quien quisiera tomarlo. El resultado de la licitación fue un último nivel de material más ligero que perduró casi medio siglo en la cima de la torre.
TIEMPOS REPUBLICANOS
En 1800, Magallanes fue nombrado Visitador del Convento, asumiendo de inmediato el cargo. Según el cronista de la orden, Fray Víctor Maturana, en aquellos días formaba parte de la escuela el sacerdote Joaquín Gorriti y su colega Leando Baeza. En este escenario y con estas actividades, sería sorprendida la ciudad y la orden agustina al comenzar los sucesos de 1810 y la Guerra de la Independencia.
En pleno período en que la lucha independentista se había trasladado a Perú, el 7 de abril de 1821, en el solar del convento agustino, el Director Supremo General Bernardo O'Higgins fundó el Instituto Departamental de San Bartolomé de La Serena, cuyo primer rector fue Juan Nicolás Varas. Es el antecedente del actual Liceo de Hombres de La Serena.
En 1850, debió ser reemplazada la reparación de la torre que se había ejecutado hacia el cambio de centuria. En su lugar se colocó una estructura de madera de muy poco lucimiento, a partir de los planos del arquitecto Juan Herbaje. Era una modesta y deficiente obra, con claros problemas de proporciones y de simetría, que contrastaba con la perfección y majestuosidad de su trabajo en la catedral de la misma ciudad.
El mencionado Instituto permaneció allí hasta 1868, cuando se cambia a otro barrio. Una placa del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile recuerda desde 1996 su pasada presencia en la sede agustina, allí por el exterior del edificio. Como dijimos, pasaría a ser después el Liceo de Hombres Gregorio Cordovez y, como recuerdo de quien fuera uno de sus históricos rectores, la calle lateral que fuera abierta haciendo borde a la actual Recova y que funciona como una suerte de continuación de Prat hacia el sector más alto de La Serena, fue llamada con el nombre del profesor Pedro Cantournet.
A la sazón, el templo tenía siete altares interiores y ofrecía un estucado cuya apariencia imitaba a la del mármol. Una sólida bóveda cubría la sacristía que había resistido varios temblores fuertes en la región, la que desde el siglo anterior lucía un suelo enladrillado y muros con piedra de sillería con tres puertas.
Terremotos y grandes sismos ocurridos en 1796, 1819, 1822, 1849, 1851, 1859, 1876 y 1880 fueron acumulando daños en el edificio principal de la orden. Sin embargo, un voraz incendio ocurrido hacia 1912, terminó por destruir gran parte del mismo y del convento, justo cuando acababan de pasar por un mejoramiento y restauración. Un nuevo terremoto con epicentro en Copiapó golpeó el Norte Chico en 1918, además. Así, al avanzar el siglo XX, la iglesia realmente fue quedando en triste estado a causa de los sismos y las reparaciones que estaban pendientes desde hacía décadas.
Otro fuerte terremoto ocurrido en Coquimbo, el 13 de marzo de 1975, produjo grandes daños en la estructura y algunos sectores de la misma quedaron casi en ruinas. A estas alturas, la iglesia había perdido mucho de sus líneas originales luego de las grandes reparaciones que exigió el incendio y el deterioro progresivo.
Aunque muchas fuentes hablan de una "remodelación" iniciada en los años ochenta, la verdad es que en la práctica debió ser reconstruida en gran parte de lo que es ahora, a partir de 1985 y en distintas etapas de trabajo, cuando eran los jefes religiosos provinciales los Padres Clemente Farías y Pedro López. Para este enorme trabajo, sin embargo, se pretendió ser fiel al aspecto de la iglesia original consiguiendo los planos jesuitas del siglo XVII. Al año siguiente, además, se inauguró el nuevo edificio del convento, con ingeniería antisísmica.
La nueva-vieja iglesia fue terminada en su primera etapa el año 1990, correspondiente más o menos a la mitad del actual recinto. Pudo ser presentada entera durante los preparativos del aniversario 450° de la fundación de La Serena en 1994. Sólo al año siguiente quedó totalmente concluida, siendo vital la participación del arquitecto Pedro Broquedis en esta formidable esfuerzo de reconstrucción.
LA IGLESIA ACTUAL
La actual Iglesia de San Agustín fue consagrada por el Arzobispo de La Serena don José Cox Huneeus, el 18 de agosto de 1995, permitiendo ponerla sin timidez entre los principales atractivos del turismo cultural de la ciudad. Dicho sea de paso, fue una lástima de Huneeus manchara este importante episodio y otros de especial significación en su servicio en La Serena, con los gravísimos casos de abusos sexuales que lo obligaron a apartarse del ejercicio pastoral y a huir a recluirse en Alemania.
El nuevo es un edificio religioso que conserva la línea colonial, de estilo barroco virreinal bajo influencia arquitectónica virreinal. Criterios eclécticos le dejaron también un rasgo románico en su fachada principal de arco, columnatas y falso frontispicio, mientras que la torre del campanario siempre ubicada al frente y al costado derecho, conserva más bien las señales del estilo colonial tardío. Los murallones y la cantería decorativa son de rocas. La fachada es muy distinta, sin embargo, a la que se conservaba de la reconstrucción anterior, perdiendo esas influencias más neoclásicas que tenía en aquel siglo.
El edificio mantiene tenuemente la huella de la planta en forma de cruz que ostentó en el pasado. Interiormente, está compuesto de una nave central y dos laterales de menor tamaño y longitud. Destacan las arcadas de medio punto. Los pasos a las naves laterales aparecen al fondo, flanqueando el camino al sencillo altar con tabernáculo y cruz del calvario. Los vitrales con pasajes cristianos fueron hechos en 1995 por los artistas María Inés Ramírez y Abraham Freifeld.
Al costado y en un eje cruzado, está el acceso hacia las dependencias del Convento Agustino, hecho con estilo solariego y dotado de dos agradables patios: uno de jardines con fuente central y otro más grande con árboles y arbustos varios. Todo el frente del antiguo convento que da hacia el sector de Cienfuegos, está convertido en locales comerciales, mientras que parte de los viejos terrenos traseros de la ex hacienda ahora son un hotel con su estacionamiento de vehículos. Hacia el otro lado, subiendo por Prat, está el vecino Liceo Carrera Pinto.
Ese mismo año de 1995, en el pequeño atrio lateral que se forma exteriormente entre los muros de la nave central y la nave menor izquierda, se instaló un monumento conmemorando el IV Centenario de la llegada de los agustinos a La Serena, conjunto del que pretendo hablar más en alguna futura entrada de este blog.
Al interior hay varios altares menores y cuadros de veneración que incluyen -entre otros- a San Ezequiel Moreno, el abogado de los enfermos de cáncer, y al célebre San Pancracio con su propia estatuilla. En la nave derecha está, al fondo, el altar de la Virgen del Carmen. Al otro lado, San Judas Tadeo y Santa Rita de Casia, abogada de lo imposible. Hay misas todos los días en el templo y los fieles acuden a él con regularidad, dándole una actividad interesante, adicional a su valor patrimonial y cultural.

LOS PRIMEROS GLOBOS AEROSTÁTICOS QUE CONQUISTARON EL CIELO DE SANTIAGO

Globo "Jeanne d'Arc", de Eduardo Laiselle. Fuente imagen: diario "El Austral" de Osorno.
El pasado día 22 de octubre, el siempre ingenioso doodle del buscador Google recordó a sus usuarios que era el aniversario del salto en paracaídas ejecutado en 1797 por el francés André Jacques Garnerin, quien se arrojó en caída soltando el globo de hidrógeno que lo había elevado hasta el alto cielo de París, pero bajó suavemente cuando se infló su artilugio de tela de seda sin abandonar la canasta. Vivió haciendo sus demostraciones y progresos en globos hasta 1823, cuando un absurdo accidente en tierra le quitó la vida justo mientras armaba un globo para otro ascenso.
Como se recordará, oficialmente se considera que los iniciadores de la tecnología de los aeróstatos fueron los hermanos  Joseph y Jacques Montgolfier, con sus célebres pruebas y exhibiciones de vuelos en Francia iniciadas en 1782. En los años siguientes, además, los propios ciudadanos y científicos franceses tendrán gran influencia en la difusión de esta tecnología por el resto del mundo.
Sin embargo, América no estuvo ajena estos avances y novedades tempranos: se sabe que el sacerdote jesuita Bartolomeu de Gusmão, nacido en Brasil, hizo una prueba exitosa aunque en Portugal, ante la corte del rey Juan V, con un globo levantado por aire caliente y bautizado "Passarola". Esto fue mucho antes que los Montgolfier: en 1709, aunque los roces del religioso con agentes de la Sagrada Inquisición a raíz de esta experiencia, le impidieron desarrollar su trabajoo. Hay registros de experiencias parecidas en Venezuela y en México, en 1785, y en Cuba en 1828.
Chile también tiene interesantes historias con respecto a esta época inicial de la navegación a globo, como veremos.
EXPERIENCIAS PIONERAS EN CHILE
Guillermo Lagos Carmona comenta algo interesante en "Los títulos históricos" sobre un primer vuelo de globos realizado en Chile en 1786, a propósito del arribo a Concepción de la expedición de Jean François de Galaup, Conde de la Pérouse:
"El Gobernador de Chile le ofreció una recepción y en la retribución que hizo La Pérouse los franceses elevaron un globo aerostático. Fue el primer acto que se realizaba en el espacio aéreo de Chile; abrió, pues, la primera página en la historia aeronáutica chilena".
De acuerdo a los registros que se tienen de aquella singular experiencia, particularmente en la primera parte de la colección titulada ''Voyage de La Pérouse", publicada en París en 1797, se detalla que el globo elevado entre fuegos artificiales, bailes y festejos realizados en la playa, era de papel y "de tamaño suficiente para darle un espectáculo a interesante" a los cerca de 150 invitados allí presentes en el gran banquete.
Sin embargo, hay un detalle importante sobre este ingenio volador francés en Chile: el globo no era tripulado. Alexander von Humboldt recuerda por cuál motivo -y no precisamente el de la aeronavegación- los empleaban en el equipo científico, en su "Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente" escrito hacia el 1800:
"La Academia de Ciencias había recomendado a los físicos que acompañaban al infortunado La Pérouse que se sirviesen de pequeños globos aerostáticos para examinar en el mar entre los trópicos la extensión de los vientos alisios".
Hacia inicios del siglo XIX, estos globos de aire caliente ya eran conocidos en la sociedad chilena: siendo pequeños y de función decorativa, eran elevados en Fiestas Patrias, el Te Deum y otros encuentros populares, acompañando la pirotecnia y guirnaldas festivas. Se sabe que en 1830, por ejemplo, se los vendía a 11 pesos y 4 reales, por lo que de todos modos era una entretención costosa.
La historia de la aeronavegación en Chile propiamente dicha, entonces, comienza recién pasados los días de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, con los intentos pioneros de elevar globos aerostáticos, unos exitosos pero otros fracasados estrepitosamente. Estas hazañas tuvieron lugar mucho antes del primer vuelo de avión realizado en el país por el piloto César Copetta, que ya estuvo en su primer centenario hace pocos años, pero de todos modos se inscriben como antecedentes de la aeronáutica chilena en la misma línea iniciada por la mencionada prueba de los franceses en el siglo XVIII.
Estos primeros intentos de elevar globos tripulados en Chile tienen lugar en Santiago, causando gran asombro en la ciudadanía aunque -por alguna extraña razón- poca repercusión en los medios de prensa. La hazaña de uno de estos pioneros casi totalmente olvidados, de hecho, tendrá su aniversario por estos mismos días: la de Eduardo Laiselle, lograda en 1877.
Grabado con el histórico vuelo de los Montgolfier sobre Versalles.
ESCANDALOSO PRIMER INTENTO EN PLAZA DE ARMAS
De no ser por recuerdos de su infancia comentados por Diego Barros Arana en nota a pie de página del que fuera su último libro, "Un decenio de la historia de Chile", quizás se habría perdido en el total olvido el primer intento de elevar en Chile un globo aerostático con un hombre arriba, más el escandaloso resultado que tuvo este asunto. Como el propio autor lo hace notar, además, el episodio prácticamente no apareció en los periódicos que revisó.
Cuenta el historiador que, hacia abril o mayo de 1839, año que fue casi completo para la euforia y el festejo nacional tras la brillante victoria chilena en los campos peruanos de Yungay, llegó a Santiago un aeronauta norteamericano con más alma de comerciante que de aventurero, trayendo un gran globo en el que quería elevarse cobrando una entrada a los espectadores y solicitando un lugar para tal exhibición a las autoridades chilenas. Para un día domingo, se le facilitó la propia Plaza de Armas que, como se recordará, en esos años era plaza dura, sólo "interrumpida" por el jardín circular de la fuente central de mármol. De hecho, había sido empedrada hacía sólo tres o cuatro años antes.
Se publicitó el encuentro y así se generó una expectativa extraordinaria en la atención pública, quizás combinada con el fervor nacionalista de aquellos meses. La novedad atrajo avalanchas de almas hacia lo que iba a ser uno de los eventos más asombrosos de la joven República.
"Ese día -recuerda Barros Arana-, como a las tres de la tarde, la plaza fue despejada de transeúntes; y en las ocho calles que dan entrada a la plaza, y como a media cuadra de ésta, se colocaron centinelas con un portero que no dejaba pasar sino al que pagaba dos reales (25 centavos). El espectáculo era tan nuevo en Chile, que la plaza se llenó de gente de todas las condiciones, y especialmente de plebe, porque las gentes de otra condición se habían acogido en gran parte a las casas, para presenciar la ascensión desde las ventanas o balcones. El globo pendía en medio de la plaza de unos aparatos de madera, y cerca de ellos había algunos barriles llenos de gas que debían inflar el globo y producir su elevación".
Pero, tras una larga espera, ocurrió algo sorpresivo, que cambiaría para siempre el desenlace de esta historia que iba a ser la del pintoresco primer vuelo en globo por Chile...
Se estaba en los preparativos del evento, con toda la muchedumbre aguardando ansiosa e impaciente el decisivo momento, cuando el aeronauta hizo un inesperado anuncio: había descubierto que el globo tenía una filtración de gas por una pequeña rotura, por lo que se cancelaba el ascenso. El público debía retirarse y el dinero le sería devuelto a todos los que salieran del recinto.
Sin embargo, la ira del populacho estalló al instante: incapaces de tragarse tamaña frustración, no aceptaron la devolución y alegaron que todo había sido una estafa o un engaño. La turba comenzó a protestar, comenzaron las escaramuzas y de ahí hubo sólo un paso a la masa arrojándose sobre el globo y las instalaciones, que fueron totalmente destruidas, enfrentándose al mismo tiempo con la policía de vigilantes.
No bien terminaron de destrozar los equipos, en medio del griterío escandaloso los más exaltados advirtieron cómo el piloto gringo era albergado de la muchedumbre iracunda en la cárcel, donde se ubicará años después la Municipalidad de Santiago. Esta presunta complicidad de las autoridades con el aeronauta puso más furiosos a los revoltosos y se arrojaron así en carga frontal contra la policía. Los guijarros del empedrado que lucía desde hacía poco la plaza, sirvieron de proyectiles e hicieron caer a algunos de los vigilantes a caballo, rompiéndose innumerables ventanales en el ataque y de seguro más de una cabeza.
Como este espectáculo digno de la peor vergüenza tenía lugar a sólo metros de la casa presidencial, ocupada ahora por el sector del Correo Central y el Museo Histórico Nacional, se dio orden suprema para que un escuadrón de caballería de 150 a 180 hombres de la escolta presidencial, situados en donde se ubicó después el Cuartel de Bomberos de calle Puente, recuperar la Plaza de Armas a golpe y a sable. Lo hicieron dejando cantidades de heridos tirados allí tras la espectacular gresca, que llenó el hospital de contusos y heridos aquella jornada, recuperándose la paz antes del anochecer.
Aparentemente y por fortuna, no hubo muertos aquella tarde; pero tampoco vuelos de globos debutando en cielo chileno.
Instalaciones para inflar el globo de Laiselle. Imagen publicada por Flores Álvarez.
UN ANÓNIMO PIONERO Y SU HAZAÑA EN LA MAESTRANZA
Pasado el bochorno de los sucesos de aquel día domingo en la Plaza de Armas, un muchacho de pueblo cuyo nombre, por desgracia, ha quedado en el olvido, logró sacar un saldo positivo a esta experiencia e inspirarse para realizar su propia hazaña, con el auténtico primer vuelo en globo realizado en territorio chileno.
Barros Arana recodaba que este nuevo intento tuvo lugar pocos días después del fracaso anterior. Por su parte, el aviador e investigador Enrique Flores Álvarez escribe en su "Historia aeronáutica de Chile", que el anónimo muchacho recibió instrucciones directamente del infortunado norteamericano para construir su propio globo y subirlo por el aire.
El aparato del joven y audaz chileno era de aire caliente, de más bien pequeño tamaño, hecho de cascos tela corriente y de varios colores, lo que debe haberle dado un aspecto curioso y casi gracioso. Tenía una canasta colgante para el tripulante y su globo se llenaba con humo de paja en combustión.
El lugar donde encontró autorización para hacer su exhibición con entrada pagada, fue el patio de lo que sería poco después la Escuela Militar en la entonces llamada calle de la Maestranza, hoy avenida Portugal, por el sector que en la actualidad se halla entre Marcoleta y Diagonal Paraguay. Este recinto, que pertenecía a la sazón a la Cuartel de Artillería y Maestranza y al Regimiento de Cazadores, por el mismo sector que en el siglo siguiente acogió al Mercado Modelo o Mercado Regulador "Presidente Juan Antonio Ríos", con dependencias que corresponden actualmente a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile.
Se podrá imaginar la tensión que debe haber sentido el organizador del evento aquel día, considerando el desastre que había tenido lugar en la Plaza de Armas hacía tan poco, al abortarse el vuelo con toda la batahola consiguiente. Sin embargo, en esta ocasión el experimento fue un aplaudido éxito: el joven temerario y sin experiencia como aeronauta se elevó por cerca de 200 a 300 metros sobre las casas del Santiago de la temprana República, con dos vistosas banderas chilenas en la canasta y que batía con orgullo ante la mirada de todos los presentes con sus cuellos torcidos y la mano sobre la frente.
"Agotado el aire caliente -dice Flores Álvarez-, el globo descendió algunas cuadras distantes del lugar de ascensión, depositado en tierra, con toda felicidad, a su valiente tripulante".
El espectáculo se siguió repitiendo por dos domingos consecutivos, llenando de interés y orgullo a la sociedad santiaguina de entonces. Sin embargo, como dijimos, el nombre de este héroe popular se perdió en los remolinos del tiempo, "pasando a constituir el símbolo del aviador que se encierra en cada alma de chileno", según reflexiona Flores.
Si la fecha reportada por los investigadores es la correcta, en el otoño meridional de 1839, entonces la experiencia chilena de vuelo en globo antecede otras más famosas y que parecen estar mejor documentadas incluso, como la de Perú y la de Colombia, ambas logradas en la década siguiente. También acusaría como imprecisa la idea deslizada por algún biógrafo del aventurero argentino José María Flores, respecto de que él podría haber realizado el primer vuelo en globo sobre Santiago de Chile, en 1841. Este aeronauta platense si parece haber sido, sin embargo, el protagonista del primero de estos vuelos en Perú, realizado en el año anterior.
Primer vuelo chileno en globo, en 1839. Imagen publicada por Flores Álvarez.
EL VUELO DE VERNERT DESDE CALLE SERRANO
Pasaron los años y, en 1857, un nuevo corajudo apareció en Chile decidido a cruzar los cielos de la capital en su propio globo: el excéntrico francés Luis Vernert, quien a pesar de carecer de los más rudimentarios conocimientos técnicos sobre aeronáutica, dio inicio a un proyecto surgido sólo de su valor y ardiente entusiasmo.
Esta vez, el escenario de la hazaña aérea sería una casa solar de la entonces llamada calle Angosta, actual Serrano, en la esquina de la Alameda de las Delicias o muy cerca de ella, de acuerdo a lo que leo en un artículo de la "Revista Aérea Latino Americana" de 1954. La concurrencia al lugar debe haber sido enorme, dada la céntrica ubicación del lugar.
La fecha escogida por los empresarios con los que estaba asociado Vernert tampoco podía ser mejor para el ánimo del público: el 18 de septiembre de ese año, en plenas Fiestas Patrias. De hecho, se recuerda que su vuelo fue el número principal de aquellas celebraciones. Y quizás pueda ser esta razón por la que pasó también a la historia aeronáutica nacional, pues ya vimos que el argentino José María Flores habría estado antes en Santiago haciendo lo mismo, dato confirmado -entre otros autores- por Armando Alonso Piñeiro.
El valor de la entrada al lugar de la exhibición aérea fue de un peso por persona, y se repletó. El éxito de la prueba aseguró también el éxito económico de los socios y el globo de Vernert fue otro hito en la historia de la aeronáutica chilena, apareciendo también en el entretenido libro de Flores Álvarez.
Por desconocidas razones, sin embargo, y a pesar de lo sensacional de este episodio histórico en Santiago, resulta sumamente difícil encontrar hoy información sobre este francés, que voló por la ciudad de aquellos años en su asombroso globo.
El casi accidente en un vuelo de D. Valencia. Imagen publicada por Flores Álvarez.
EL NOTABLE CASO DE EDUARDO LAISELLE
Sería otro andariego de origen francés quien, en 1876, volvería a cruzar cielos chilenos a bordo de un globo: Eduardo Laiselle, joven viajero nacido en Boston pero ciudadano del mundo, llegado a Chile en 1876 como parte del equipo de una compañía de variedades, donde decidió quedarse aconsejado por su corazón enamorado de una chilena y complacido por el clima local. Para poder subsistir, entonces, se convirtió en improvisado aeronauta con sólo 19 años de vida.
Laiselle contaba con un globo del estilo Montgolfier bautizado "Jeanne d'Arc", de unos 300 metros cúbicos de capacidad y fabricado con tela engomada, acondicionándolo con una sencilla banquilla de junco. Lo inflaba colgándolo de un grueso madero de unos cuatro metros y echándole adentro humo de leña verde, el que obtenía construyendo un pequeño horno de barro y ladrillo en cada lugar donde ofrecía sus ascensos, con un tubo que salía de su parte superior y que lo conducía hasta el aerostato, llenándose en unas tres o cuatro horas. Con este método llegaba a alzarse a 600 metros sobre el suelo.
Se le recuerda especialmente porque, en sus jóvenes años, iba realizando temerarias piruetas con este aparato en el aire. Su primera elevación la ejecutó el 28 de octubre de 1877, por lo que pronto estaremos en el aniversario 136 del inicio de sus vuelos en globos en Chile, como vimos al principio de este texto.
Por lo general, usaba de base algún sitio eriazo, repitiendo exhibiciones en lo que son las actuales calles de San Alfonso, Bascuñán Guerrero, Salvador Sanfuentes, la propia Alameda y otras ubicaciones por lo general cercanas a la Estación Central. Su representante era el célebre empresario Henri Pinaud, dueño del Casino del Portal Fernández Concha, y cobraba sólo un aporte voluntario por la entrada, según comentaba Flores Álvarez:
"Un cinco, un diez, un veinte o un peso, cualquiera moneda era válida para poder presenciar cada espectáculo. Cuando el empresario calculaba haber reunido suficiente dinero, comunicaba esta noticia por señales convenidas al aeronauta que, trepando a la banquilla del globo, dirigía alguna palabra al público mezcla americano, francés y castellano, haciendo ver lo impresionante de su exhibición, que requería de nervios bien templados y de un valor a toda prueba para tener éxito en la empresa. Daba, asimismo, algunas instrucciones a las personas que debían soltar el esférico al grito de 'laissez-tout'."
Laiselle tuvo gran renombre y logró buenas ganancias con su espectáculo, siendo probablemente el primer acróbata de este tipo de aparatos en el país. De vez en cuando, alguna personalidad lo acompañaba en sus ascensos. Sin embargo, tras agotarse el público interesado en Santiago, emigró a regiones ofreciendo sus vuelos, como lo haría un artista circense itinerante, llegando a la localidad de Nancagua, en Colchagua, donde halló un gran potrero que le facilitó don Eulogio Fuenzalida para ofrecer un show aéreo con un extraño "plus": desde los 300 metros de altura, arrojó al vacío un cabrito lechón ante la impresión de los presentes, pero a poco de caer se le abrió un paracaídas para llevarlo suavemente a tierra.
Se suponía que quien atrapara al asustado animal, se quedaba con él. Lamentablemente, la criatura fue a parar a la copa de un álamo arrastrado por el viento, siendo sacrificado a tiros, carneado y asado ahí mismo por la turba. En tanto Laiselle, pasó sobre el río Tinguiririca y aterrizó su globo en el Fundo El Yánquil, siendo llevado a toda prisa de vuelta a Nancagua para despedir al público.
Tras participar como voluntario en la Guerra del Pacífico, enrolándose en el Regimiento "Quillota" y alcanzando el grado de Subteniente, el aventurero se estableció en Valparaíso trabajando en el comercio y después en los lavaderos de oro de Taltal, pero realizando todavía algunos vuelos. La Guerra Civil de 1891 lo verá en el bando constitucionalista, donde alcanza ahora el grado de Capitán. Para 1894 acumula ya cerca de 150 vuelos en globo.
Laiselle continuó realizando demostraciones como una registrada en marzo de 1903 en Osorno, hasta completar cerca de 200 ascensos con otras exhibiciones en Concepción, según se contabiliza en antiguas ediciones del diario "El Sur". Célebres pilotos de la aviación militar suben al globo con él, y una leyenda dice que incluso le acompañó el legendario Teniente Alejandro Bello, poco antes de su famosa desaparición. También fue hasta Oruro con el insigne piloto chileno y pionero Luis Omar Page, con quien dio algunas demostraciones en suelo boliviano e instrucciones para la primera generación de pilotos de ese país, bajo petición del gobierno paceño. Como se recordará, Page realizó allá el primer vuelo de avión de Bolivia en 1915, siendo homenajeado entonces como el precursor de la aviación local; después realizó el primer vuelo de avión en Jujuy, Argentina, y ganó la primera competencia de aviación realizada en Lima, Perú.
Tras una entretenida vida, Laiselle falleció trágicamente en Chillán el 8 de julio de 1929, cuando su globo capotó inesperadamente, precipitándose ante miles de testigos primero sobre unos árboles y cayendo desde allí en unos techos. Pasaba, así, de ser uno de los precursores de la aeronáutica chilena a ser también uno de sus primeros mártires.
Valencia despegando su globo en el Parque Cousiño (hoy O'Higgins), hacia marzo-abril de 1910. La exhibición fue en beneficio del Asilo de Mendigos. Imagen publicada por una revista "Sucesos" de se año.
Los héroes argentinos Bradley y Zuloaga. Fuente imagen: eam.iua.edu.ar.
OTRAS HAZAÑAS EN GLOBO
Al comenzar el siglo XX, aparecen otros casos de aeronautas que se valieron de globos para grabar sus nombres en la historia de navegación aérea nacional, involucrando a la ciudad de Santiago en sus proezas. Sin embargo, cabe recordar que José Luis Sánchez Besa quien, si bien realizó sus hazañas en Francia siendo otro de los pioneros de la aviación chilena y del diseño aeronáutico, también estuvo entre los precursores de la tecnología de la aeroestación científica, ejecutando ascensos en globo con el General Jacques Fauré y el Vizconde de la Brousse.
Mientras tanto, acá en la capital chilena seguían sucediendo episodios de sorprendente intrepidez, como los vuelos de globos realizados sobre la urbe por el colombiano Domingo Valencia en 1910, quien hacia infartantes acrobacias en el aire valiéndose de un trapecio. El anuncio de su llegada a Chile causó sensación en esos días del Primer Centenario de la República, provocando un encendido y elogioso artículo publicado en "El Mercurio" por el periodista deportivo Luis de la Carrera, con el pseudónimo de Sporting Boy. Valencia ofrecería su espectáculo con fines comerciales en la Quinta Normal, aunque dos de sus presentaciones fueron de beneficencia, inspirando gran cariño de la sociedad chilena por su generoso gesto. Volvió a realizar exhibiciones similares a beneficio hacia 1915, en el Parque Cousiño.
Sin embargo, la primera visita de Valencia estuvo marcada por situaciones potencialmente trágicas. En una de ellas, cuado comenzó a elevarse durante su espectáculo, sucedió algo que no ha sido infrecuente entre los accidentes de la aeronavegación en globo: al comenzar a levantarse en el aire, un chico de unos 10 años de edad se enredó en la cuerda de freno y fue arrastrado hacia la altura, colgando como un muñeco mientras intentaba mantenerse aferrado a la línea de su cautiverio que, paradójicamente en tan particular situación, era también su seguro de vida. Ante el público horrorizado que miraba desde abajo, el aeronauta logró estabilizar al aterrado niño y descendió con él evitando la desgracia.
"Valencia llevó a cabo cuatro ascensiones -informa Flores Álvarez-, desde la Quinta Normal de Agricultura, en un globo de aire caliente, que terminó por incendiarse a manos de inexpertos ayudantes encargados de inflarlo una tarde de primavera de 1910".
El 8 de diciembre de ese mismo año del Primer Centenario, la joven chilena Inés Clark voló también en un globo, acompañado a su padre don Mateo Clark y don Hernán Gana. El aparato era un globo aerostático propiedad de Norton Griffith. Aunque algunos sospechan que hubo mujeres volando a bordo de los aeróstatos de Laiselle ya a fines del siglo XIX, doña Inés tiene el mérito de haber sido la primera mujer elevada en Chile como pasajero y protagonista de la experiencia, no una mera invitada a la prueba.
Posteriormente, tras realizarse la Primera Conferencia Panamericana de Aeronáutica en Santiago en de marzo de 1916, los capitanes argentinos Eduardo Bradley y Ángel Zuloaga pusieron en práctica la teoría del pionero platense Jorge Newbery sobre la posibilidad de cruzar la Cordillera de los Andes en un globo de hidrógeno, despegando desde la capital chilena el día 24 de junio a bordo del "Eduardo Newbery", de 2.200 metros cúbicos. Tras superar los 6.000 metros de altura y extremas temperaturas congelantes, llegaron al Valle de Uspallata hacia el mediodía, aterrizando sobre una loma. La valerosa hazaña les valió un reconocimiento del Gobierno de Chile y una inscripción de inmortalidad en la historia aeronáutica argentina.
Con el desarrollo de la aviación  y la Primera Guerra Mundial, los vuelos en globos aerostáticos fueron perdiendo el factor de atracción por novedad que los hacía tan interesantes a la masa popular, aunque jamás dejaron de ser una pintoresca instancia recreativa y una herramienta de gran funcionalidad para la ciencia y la exploración. La época del dirigible o zeppelín que siguió, sería más bien una transición hacia el transporte de pasajeros de la aviación comercial moderna. En 1913, además, se funda la Escuela de Aviación del Capitán Manuel Ávalos Prado, siendo más antigua de América y la cuarta del mundo.
Así, la época pionera de los globos aerostáticos había terminado, pero dejando a sus precursores, héroes y mártires como los aquí nombrados, que surcaron alguna vez los otrora prístinos y transparentes cielos azules de la capital de Chile.

jueves, 24 de octubre de 2013

EL PEQUEÑO YIMMY: ALMA INFANTIL EN UN PELIGROSO CRUCE

Coordenadas: 23°38'55.79"S 70°23'34.98"W
En la conjunción de la avenida Argentina con calle José Santos Ossa y Simón Bolívar, en los barrios situados al oriente del casco histórico de Antofagasta, se forma un triángulo ocupado por una hermosa mansión de la época salitrera, construida en 1917 por el arquitecto Jaime Pedreny y perteneciente en sus inicios a la familia Camus. Hoy es propiedad de una importante oficina de arquitectos de la ciudad.
Supongo que a futuro hablaré con más abundamiento de esta atractiva casona, que ciertamente merece un capítulo especial en alguno de mis sitios dedicados a patrimonio urbano. Sin embargo, quisiera concentrarme por ahora en un detalle externo a la casa, ubicado dentro del mismo triángulo al pie de un poste de luz situado hacia la punta de Argentina con Ossa: una pequeña animita decorada con motivos infantiles, flores y juguetes.
Esta típica animita urbana es llamada Yimmito. Correspondía a un niño de unos 4 años o menos, por lo que se deduce de las imágenes colocadas allí en el mismo lugar. El pequeño habría muerto en un trágico accidente sucedido en este sitio, hará cerca de media década ya. La versión popular que escuché, dice que fue un infante que se escapó de las manos de su madre siendo alcanzado por un vehículo de la muy transitada avenida Argentina. Muchas veces he oído la misma historia, con el mismo detalle, en distintas animitas de niños atropellados, sin embargo.
Los vecinos y algunos comerciantes que consulté me sugieren también que éste puede ser otro de los cruces peligrosos de las calles de la ciudad de Antofagasta, con varios accidentes a su haber, aunque por fortuna contados casos de muertes, aparentemente. Revisando algunos ejemplares de diarios locales, verifico que esto parece ser bastante probable y no una exageración o un engaño de la percepción.
No es la única huella del drama sucedido en este sitio, con la muerte del niño: cruzando la avenida, se puede ver otra suntuosa mansión con estilo neoclásico y que ahora es sede de una escuela de conductores. Si se camina hacia la esquina con Ossa pasando un taller electrónico vecino que allí existe, casi justo en el vértice puede verse una placa con un retrato del mismo niño fallecido, con el siguiente mensaje estructurado en versos:
PARA MI YIMMYTO QUERIDO
TODA TU FAMILIA, SENTIMOS TU AUSENCIA
PERO SABEMOS QUE NUESTRO SEÑOR
NECESITA TU PRESENCIA
PORQUE ERES UN ÁNGEL Y NOS DARÁS FORTALEZA
MUY TEMPRANO, TE FUISTE DE ESTE MUNDO
Y CERRASTE TUS OJITOS EN UN SUEÑO PROFUNDO.
MI NIÑO DESCANSA EN PAZ,
PARA ENCONTRAR LA ETERNIDAD.
DE TU FAMILIA QUE TE EXTRAÑA.
ANTOFAGASTA 21 DE JULIO DE 2009.
Volviendo a la animita, ésta es de ladrillo y concreto, con cubierta de baldosas y pequeño techado a dos aguas con cruz al frente. Tiene retratos del niño fallecido y al interior lo que no sé si son juguetes que realmente pertenecieron al pequeño o bien han sido regalados como ofrendas en tiempos posteriores al de su muerte. Algunas flores, ramilletes y velas terminan de demostrar el carácter de definitiva animita que tiene este altarcillo.
Según la misma gente que consulté, la familia que vivió esta tragedia era del sector. Sin embargo, ésta no es la animita que originalmente colocaron ellos allí, después de la muerte de Yimmy: la primera estaba del otro lado del poste, por su cara hacia el Norte, y fue destruida accidentalmente por un vehículo que estaba estacionando en este lugar, hace unos años. Esta versión me es confirmada por el dueño del mencionado servicio técnico, cuyo taller está justo casi enfrente de la animita.
He sido majadero en destacar siempre el cómo los finados de las animitas van adquiriendo con el tiempo rasgos angelicales y de inocencia martirial. En el caso de Yimmito, sin embargo, esta comprensión y asociación es natural y desde su propio origen, pues se trata de un niño pequeño fallecido en forma trágica, y también en el rango de edad en que la fe popular combinada con la creencia espiritual religiosa, asegura que los muertos se transforman inmediatamente en ángeles al abandonar el mundo de los vivos, hasta los siete años de existencia.
Las tristes fotografías y los recuerdos en la animita siguen señalando la presencia del ángel de un pequeño niño y su tragedia, cuanto menos para recordar explícitamente a los conductores los peligros de aquella precisa conjunción de calles.

miércoles, 23 de octubre de 2013

LA ENTRADA HACIA UN CASTILLO DESAPARECIDO EN PEDRO DE VALDIVIA

La mansión palaciega y "embrujada" de Pedro de Valdivia cerca de Sucre, en sus buenos años. Imagen de los archivos históricos del Centro de ex Alumnos del Colegio Notre Dame, como las demás antiguas que acá publico.
Coordenadas:  33°26'52.96"S 70°36'20.05"W
El inmueble que el trasladado Colegio Notre Dame tuvo en avenida Pedro de Valdivia 2776, fue una joya arquitectónica única en muchos aspectos, aunque el progreso y los cambios inexorables de la ciudad le permitieron vivir sólo 80 años, bastante poco para un palacio o mansión de su belleza y lucimiento.
Ubicado entre Sucre y Hernán Cortes, frente a la calle corta Eduardo Llanos casi en los límites septentrionales de Ñuñoa, alumnos y vecinos le llamaron con cariño El Castillo, recordándose casi con dolor su ubicación en un lugar que ahora es llenado por uno de los sosos y corrientes edificios residenciales que están apareciendo con cada vez más frecuencia por la avenida Pedro de Valdivia.
El Castillo era de estilo bretón, de manifiesta estética y diseño Tudor. Como detalle doloroso y casi burlón, sin embargo, a la par de inspirar la resignación de que al menos "algo" de él queda, se conserva aún la magnífica entrada a lo que fuera el gran recinto de amplios jardines y patios, incluyendo el torreón del portero y el portal por donde accedían los estudiantes por más de media centuria.
El arquitecto del Castillo fue Alberto Risopatrón Barredo, el mismo autor del Casino de Viña del Mar, el Conjunto Residencial de Cienfuegos y el ex Teatro Municipal de San Bernardo, dando su nombre al conocido Premio del Colegio de Arquitecto para los más destacados miembros del gremio. La obra fue levantada en 1926, como se observa en una inscripción del torreón casi impostora a estas alturas, considerando que el edificio situado tras ella no guarda ninguna relación estética, temporal o estilística con estos restos del antiguo inmueble.
Sólo en 1952 la mansión fue ocupada por el recién creado colegio, de la mano del Padre Roberto Polain Cartier, pedagogo y ex Capellán del Ejército de la Resistencia Belga venido primero a Arica, luego a Chile Chico en la Patagonia y de ahí al Instituto Luis Campino de Santiago, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. El encargo de fundar el centro educacional se lo formuló el Párroco Joaquín Aguiar, quien tenía el interés de establecer un colegio para los niños de su Parroquia de la Anunciación.
El Castillo hacia sus últimos años. Fuente imagen: ultimofogon2007.blogspot.com.
Entrada actual al recinto... Todavía queda también alguna vieja palmera.
En el trabajo "Educar para la libertad", el Padre Polain cuenta cómo este extraordinario inmueble fue adquirido por la futura fundación educacional que representaba, pasando a ser la sede del flamante Colegio Notre Dame de la Anunciación:
"Cuando la Parroquia de 'La Anunciación' me propuso crear un colegio nuevo, empezamos a buscar un local: el ideal del Comité Parroquial era el edificio técnicamente perfecto como se entendía y se construía en Santiago por aquella época. Yo, acompañado de un equipo de chiquillos que formaban una primera patrulla scout, buscamos una 'casa', y la encontramos: una especie de castillo emplazado en medio de un jardín inmenso, lleno de plantas y árboles de toda clase, con un gran espejo de agua, desocupado desde hacía dos años porque tenía reputación de estar 'embrujado'... ¡Justo nuestro ideal! El Comité Económico no lo pensaba así, y no podía imaginar un colegio en esa casa: por suerte el buen don Joaquín, párroco de 'La Anunciación', estaba dispuesto a depositar toda su confianza en el nuevo Rector, y compramos la casa.
Creo que este primer paso fue importante: era imposible concebir una escuela tradicional en el cuadro de una casa embrujada. Afortunadamente no caímos en el error tan común de instalarnos en una construcción como la gente cree que 'debe ser' un colegio, sino como nosotros lo soñábamos".
Dicen también que en enamoramiento del sacerdote belga con este edificio histórico, además de su semejanza a los castillos belgas, se debió a cierto parecido que creyó verle con el Chateau de Fourneau en Marchin, donde funcionaba el Colegio Prince Baudouin que había fundado allá en su patria para acoger a los niños hijos de los militares fallecidos en la gran conflagración.
La adquisición del inmueble se realizó con dineros reunidos gracias a las rifas a beneficio que fueron organizadas por las señoras de la Parroquia de la Anunciación en distintos lugares del país y con autorización del Arzobispado de Santiago. En el sitio web del Centro de ex Alumnos del Colegio, se explica que estas damas fueron dirigidas por doña Raquel Rojas del Pozo y asistidas por generosos vecinos como Roberto Izquierdo, Alfonso Díaz Ossa y Nicomedes Campos.
A continuación, se implementaron las dos iniciales salas de clase dentro del edificio. Los primeros pupitres que llegaron eran bancos de pino para dos alumnos cada uno y fueron ubicados en el segundo piso, donde más tarde estarían oficinas administrativas del personal. Aunque la idea de don Joaquín era llegar a habilitar el recinto para 1.000 alumnos, poniéndose como ejemplo el caso del Colegio San Jorge allí en el mismo vecindario de avenida Pedro de Valdivia, el Padre Polain quiso partir con sólo dos cursos: 5º y 6º año de preparatoria, avanzando sólo después para completar las humanidades. Más tarde, se construyeron nuevas salas, laboratorios y cuartos. También condujo una gran actividad interna de boy scouts bajo orientación religiosa.
El Castillo siempre fue de enorme suntuosidad y a la sazón estaba rodeado de naranjos. Sus siluetas recortadas por las noches de Luna llena sobre la cordillera, deben haber sido sobrecogedoras por su oscuro encanto. Hacia el frente, además, tenía en sus años la gran fuente en la que croaban sapos en horas nocturnas. Siempre permanecieron rondando esas leyendas sobre la supuesta condición de "embrujado" del famoso Castillo, como apariciones de fantasmas y otros hechos inexplicables. Desconozco si se habrán heredado en el actual edificio que ocupa su lugar.
Las rifas de la Parroquia de la Anunciación continuaron hasta 1962, cuando el financiamiento del colegio comenzó por el cambio de régimen de matrícula: dejó de ser gratuito y empezó a cobrarse por estudiar en él. Sin embargo, para no perder el sentido de observación social y amplio que se le había querido dar desde sus inicios, se ofrecieron becas de gratuidad para los alumnos con dificultades económicas. Dos años después, se abrió un anexo en calle Mont D'or, que se trasladó después a la avenida Salvador, conocida como el Colegio Chico.
Sin dejar de residir en su habitación dentro del propio Colegio Notre Dame, en tanto, el Padre Roberto Polain había recibido la Condecoración a la Orden al Mérito Bernardo O'Higgins por los servicios prestados a la Educación Chilena, otorgada durante el Gobierno de Eduardo Frei Montalva. Fallece allí en su cuarto, en 1978, a los 63 años, dentro de su amado colegio y cuando su corazón le falló por última vez.
Tras el terremoto del 3 de marzo de 1985, la maltratada torre del Castillo debió ser demolida ante la desazón de la comunidad escolar, siendo despedida en una sentida ceremonia del colegio, casi como si se fuera un amigo partiendo hacia el eterno descanso. Dicen que el estado general de la casona era bueno en esos años a pesar de tal percance, pero al avanzar la década siguiente comenzó a hacerse evidente que el Castillo ya no era capaz de albergar las necesidades del creciente y prestigioso Colegio Notre Dame.
Como se venia anunciando desde hacía tiempo ya, entonces, la fundación educativa vendió el edificio para trasladarse a la nueva sede de Peñalolén, cerrando sus puertas tras 55 años de servicio al proyecto iniciado por el fallecido Padre Polain.
La destrucción del edificio tuvo lugar en la más insólita indiferencia e ignominia pública, incluso de parte de patrimonialistas y publicistas de cultura. Salvo por alguna nota de prensa redactada casi encima ya de la demolición, la ignorancia sobre lo que iba a suceder con la mansión era generalizada por entonces. Sólo ex alumnos y algunas personas ligadas al propio colegio otorgaron algo de difusión a la pésima noticia.
El sábado 17 de noviembre de 2007, alumnos, profesores, apoderados y ex alumnos alcanzaron a hacer un evento de despedida, llamado "Au Revoir", donde se dijo adiós al  edificio. Poco después, se realizó la misa final y el último recorrido. Así contaba una breve nota del diario "El Mercurio" del día domingo 25, esta triste reunión:
"La ceremonia de despedida comenzó con una misa de acción de gracias, a cargo del padre Galo Fernández, ex alumno y presidente de la Fundación Educacional Colegio Notre Dame. Posteriormente hubo un recorrido por la casona, donde no faltaron las anécdotas y recuerdos entretenidos, para finalizar con un acto con discursos del rector y alumnos, quienes destacaron la importancia de traspasar el espíritu Notre Dame a las nuevas generaciones".
Consumado el destino final de esta espectacular edificación, para el año 2009 el hermoso Castillo ya estaba totalmente demolido, hasta sus cimientos. Y así, la empresa constructora Boetsch S.A. comenzó a levantar el actual edificio residencial de 12 pisos, llamado Edificio Pedro de Valdivia 2776, de la Inmobiliaria Sierra Bella, entregando la obra en 2011.
Como perfume memorial o acaso como amargo resabio, se indultó sólo a esa entrada de rejas y de albañilería estilo inglés, por donde los residentes del nuevo edificio llegan a sus hogares, pero por donde el recuerdo transita también hacia el perdido e invisible Castillo embrujado que alguna vez ocupó este sitio, hoy situado en algún lugar de los mapas de la dimensión del olvido.

domingo, 20 de octubre de 2013

CRISTIÁN "GORILA" MARTÍNEZ: LA EPOPEYA DEL GUERRERO DE LA JAULA

Coordenadas: 33°26'12.87"S 70°41'31.55"W (Gimnasio)
El próximo sábado 26 de octubre, tendrá lugar un evento de gran importancia para las disciplinas deportivas y marciales chilenas que permanecen más alejadas de las principales atenciones de los medios y de la cultura de masas: la realización de un Seminario de Muay Thai en el Gimnasio Cristián "Gorila" Martínez, de calle Coronel Robles 1187 en Quinta Normal. Organizado por la Federación Chilena de Luchas Valetodo, estará encabezado por quien es considerado toda una eminencia en este ambiente: Kru Patikorn Kesbumrung, Co-Director del Muay Thai Institute de Tailandia en Chile.
La fecha del evento no es casual, pues está en la víspera del aniversario del fallecimiento de quien fundara el gimnasio y trajera a Chile la disciplina que allí se cultiva: Cristián Martínez Quezada, el célebre "Gorila" del Vale Todo. Hace cuatro años que el querido y joven maestro ya no está físicamente entre los suyos.
Hay muertes que dejarán por siempre un resabio de injusticia; esa sensación amarga de indignación con el destino, por operar de formas que resultan incontrolables e impredecibles a nuestra realidad mundana. Ese mismo destino intempestivo sabrá cuántas cosas quedaron pendientes luego que el "Gorila" Martínez fuera derrotado por única y última vez en su vida, precisamente con uno de estos caprichos del devenir humano. En una vida más bien corta, Cristián fue un pionero, un hacedor, un mecenas y un campeón, simultáneamente. Quizás vivió demasiado en tan poco, dedicado con esmero y sin medir sacrificios por la pasión de un deporte de guerreros, donde a la demandas de valor o coraje se suma la aún más radical exigencia de un estilo de vida disciplinado y demandante, que este "Gorila" supo cumplir con singular determinación.
La muerte, inmisericorde a las señales de un hombre joven, de vida sana y magníficas proyecciones profesionales, se le arrojó con crueldad encima, obligándolo a la más dura y extenuante de sus luchas que, a pesar de todo, supo enfrentar con el mismo heroísmo proverbial que lo ha convertido en una leyenda del combate Vale Todo. Su imagen hoy es heraldo y tenante en el blasón de este deporte que, con grandes esfuerzos -iniciados precisamente por Martínez-, ha logrado abrirse paso en la legitimidad y la popularidad.
Cristián Martínez a los 4 años de edad en el gimnasio de su padre y maestro Hernán, quien aparece al lado derecho.
De niño, junto a su madre Mirla Quezada.
LOS INICIOS DE UN GUERRERO
Cristián nació el 10 de abril de 1966, heredando la pasión familiar por las disciplinas del combate. Era hijo de doña Mirla Quezada González y de Hernán Martínez Hernández, campeón curicano de boxeo amateur y ex alumno del célebre maestro Curt Michel Gronow, profesor de educación física y experto en jiu-jitsu que había sido contratado en 1948 por el Gobierno de Gabriel González Videla para la instrucción en defensa personal de Carabineros de Chile.  Y su abuelo, Humberto "Gorila" Martínez, a su vez, había sido campeón de boxeo profesional y profesor directo de pugilismo para su hijo Hernán, quien llegó a ser contratado por la Organización de las Naciones Unidas para instruir en técnicas de jiu-jitsu y karate goju ryu a su personal de seguridad por toda América Latina.
Siguiendo la tradición, Cristián comienza a recibir instrucciones de su padre en jiu-jitsu y karate Okinawa cuando tenía sólo 4 años de vida. Fue un alumno de rápido aprendizaje, que hacia el año 1980 alcanza el título de campeón nacional en karate-do. Cuatro años más tarde, el muchacho ya forma parte del Comité Olímpico de Chile.
A pesar de su juventud, por entonces participa de la fundación de la Federación Chilena de Lucha Olímpica, ganándose un gran prestigio en el ambiente y haciéndose un nombre en estos cerrados círculos. También comenzó a incorporar el judo en su meteórica formación, llegando a obtener importantes galardones en esta arte marcial de fuerte acervo deportivo.
No cabía duda, a esas alturas, de que Cristián Martínez era una gran promesa chilena para la competición a nivel internacional de artes marciales. Su nombre comienza a proyectarse tibiamente más allá de los selectos medios de competición y aparecerá de cuando en cuando en trasmisiones televisivas de campeonatos, alcanzando el título Gran Campeón en dos ocasiones, para torneos organizados por el área deportiva de la Estación de Televisión de Canal 13, de la Universidad Católica de Chile.
Con este currículo, Cristián es invitado en 1989 al Torneo Mundial de Karate Do Okinawan Goju Ryu, realizado en los Estados Unidos. Aunque públicamente aún era poco conocido en su patria, su participación fue tan destacada allá tras ganar cuatro combates, que el maestro Kansho Morio Higaonna, organizador de la competencia, lo llamó para que se integrara a su cuerpo de entrenamiento. También es contratado como instructor en el dojo del campeón norteamericano Gabe Reynaga.
Un delgado y adolescente Cristián Martínez, camino a hacerse "Gorila".
Ocho sólidos bloques de concreto sucumben con un golpe de Cristián, durante una exhibición realizada en Santiago.
REGRESO A CHILE
Quizás aún no era profeta en su tierra, pero el Shihan Cristián Martínez ya se codeaba en esos años residiendo en los Estados Unidos, con algunos de los más grandes maestros de las artes marciales internacionales. Obtiene innumerables nuevos galardones y sigue ganando una experiencia que lo pone a la cabeza de los maestros chilenos de artes marciales combinadas, con tremendas proyecciones. Contrae matrimonio también con Shambra Martínez, relación de la que nacerá su primer hijo llamado Cristiano.
¿Por qué Cristián decide volver a Chile, entonces, teniendo semejantes expectativas y posibilidades de crecimiento ilimitado en el extranjero? Suenan explicaciones como su ruptura marital o cambios de expectativas existenciales; pero alguna vez oímos del propio Martínez que siempre estuvo soñando con la idea de extender en su país natal el culto a las luchas mixtas tras presenciar el espectacular Primer Campeonato de Vale Todo o Ultimate Fighting Championship (U.F.C.), organizado en 1993 por la Seg Sports con el lema corporativo de "anything goes" ("vale todo"), basado en este estilo de combate con técnicas múltiples iniciado en Brasil.
Fue un impulso por el que consagraría la mayor parte de sus mejores años y sacrificios, pues Martínez nunca pensó en poco; siempre en grande, como sus talentos.
Así vuelve a Chile ese mismo año e inicia una cruzada formidable, prácticamente desde la nada y con todo el peso en contra de las campañas puritanas que acababan de oscurecer al boxeo nacional. Instala su academia y oficina en el dojo de su padre, quien fuera hasta el final un gran colaborador de sus propósitos, e inicia un ciclo de charlas y exhibiciones que comienzan a interesar al público en su propuesta. Coincidentemente, tiene su segundo retoño acá en Chile, en 1995: Victoria Martínez, hija de una relación que, sin embargo, no perduró demasiado.
Cristián busca tentar a los medios con invitaciones y muestras para conocer su proyecto, organizando pequeños campeonatos por varias ciudades de Chile, y logra traer al país al prestigioso maestro daidojuku internacional Takashi Azuma. Hoy, un gran cuadro con el retrato de Cristián junto al maestro Azuma, cuelga en el gimnasio sobre las cabezas de los miembros del club. Al mismo tiempo, funda las ligas de Lucha Deportiva, de Jiu-Jitsu y de Vale Todo para agruparlas en la Federación de Lucha Vale Todo, que representará en Chile a la Federación Internacional del maestro Marcos Ruas, con sede en los Estados Unidos.
No quedó migaja de duda sobre las capacidades de organización, esmero y manejo de medios en esos días, revelando los talentos intelectuales que acompañaron estrechamente y como un todo esos indiscutibles méritos físicos y técnicos que lo caracterizaban. Y fue gracias a Martínez, quien asume desde entonces y como propio el apodo de "Gorila" que usara también su abuelo, que la bandera chilena aparece en lo alto de la fila de estandartes de los campeonatos internacionales de Vale Todo, dándole un nombre a Chile en el circuito desde el momento en que él era principal exponente nacional de la disciplina, a pesar de la curiosa humildad con que Cristián tomaba para sí este esfuerzo y hazaña.
Durante una exhibición con sus alumnos, en la Embajada de los Estados Unidos.
Subiendo a combatir. Fotografía: gentileza de Andrea Martínez.
SU CONSAGRACIÓN DEL "VALE TODO"
Infatigable y persistente, Martínez logra acceso a programas de televisión donde hace demostraciones de sus proezas y presenta a muchos de sus alumnos, demostrando que el Vale Todo ya ha nacido en Chile. Desde la novedad, entonces, comienza a surgir el interés.
Tal como lo hiciera en su época Curt Michel Gronow, el maestro de su padre, Cristián ofrece por los medios de comunicación un desafío: un generoso monto de dinero (5 millones de pesos, y después más aún) a quien lograra vencerlo en combate. Fue especialmente famosa la jornada de dos peleas consecutivas ejecutó en la jaula del Gimnasio "El Manzanal" de Rancagua, derrotando al ex boxeador Andrés Serrano y al campeón local de artes marciales Alejandro Silva.
En todos los años que mantuvo en pie la controvertida oferta, nadie lo logra: el "Gorila" es imbatible y su leyenda crece con vertiginosa velocidad. Entrevistado por la televisión, confiesa casi no tener tiempo libre: el galpón de su gimnasio en Coronel Robles consume la mayor parte de sus energías y disponibilidades, cada jornada, aunque de alguna manera se da tiempo para su familia y a veces para la práctica de deportes de destreza. Sus videos de luchas, en tanto, corren pirateados por ferias y mercados, y su presencia en internet se hace cada vez más popular. No necesita exhibicionismos ni proclamas con olor a bravatas: la temible y decisiva jaula enrejada es su "escenario" final para toda demostración. Una colección de premios, diplomas, medallas y reconocimiento en vitrinas y repisas de su gimnasio lo avalan.
Hombre de gran cultura y experiencia reunidas en sus aventuras de vida, de hablar pausado y amable contrastante con las fortalezas de su cuerpo y su alma, ya tiene un público que lo sigue lealmente en los torneos que organiza. "La máxima de un luchador es no menospreciar a nadie -declaró una vez-: si tú pestañeas, te pueden noquear". Arriba, en la jaula, se transforma: se vuelve el gorila; temible, invencible, destructor. Ataca sin piedad y hace gala de técnicas notables para someter al adversario, a golpes de rayo y llaves insoportables.
Al mismo tiempo, intenta fomentar esta disciplina entre gente joven: lo ve como una alternativa provechosa y positiva para mejorar sus vidas y alejarlos de vicios y haraganerías. Sus energías parecen imperecederas: ha logrado que el Vale Todo sea respetado como un deporte, y hasta se refieren a él en el programa "Zoom Deportivo" de Televisión Nacional dirigido por Sergio Livingstone, tras la doble proeza de Rancagua. Tiene un espacio ocasional, además, en el show televisivo "Morandé con Compañía" del canal Mega. Con su propia productora, "Gorila Producciones", lanza también un pequeño programa que realiza con sus asistentes y alumnos en una estación particular de televisión: "El Club de la Pelea", parafraseando el título del famoso filme del mismo nombre.
Cristián está alcanzando la cúspide de su carrera y sentando su propio mito en el ambiente. Es tan querido como temido: el mismo hombre es llamado Cristiancito y "El Gorilla" por sus conocidos, afuera y adentro de la jaula respectivamente. Su nombre y su apodo se escriben con mayúsculas. Ha organizado cerca de 12 campeonatos, y varios otros guerreros lo acompañan en esta cruzada. Ha logrado instalar en Chile el Vale Todo y comenzar a producir campeones.
El año 2008, y de una relación estabilizada, nace también su tercer hijo: la pequeña Ignacia Martínez.
Cristián Martínez y una nota sobre su desafío de "Vale Todo" ejecutado en Rancagua, en "Zoom Deportivo" de TVN. Fuente: http://youtu.be/XLmgZ41vW1g
Junto a su padre, el maestro Hernán Martínez, ya maduro.
Con su hermana Andrea Martínez, hoy a cargo de la academia del "Gorila".
EL ÚLTIMO COMBATE
Martínez viaja por aquellos buenos días a Egipto. Sin embargo, imprevistos malestares lo llevan a realizarse una serie de exámenes a su regreso y una nefasta noticia le es dada a conocer por los especialistas: su cerebro está siendo afectado por un tumor maligno, que avanza velozmente. Los esfuerzos por detener el crecimiento de este mal no rindieron frutos y el "Gorila", acabada de nacer su hijita, debió apartarse de las luchas para dar la más grande de todas sus peleas, intentando salvar su vida.
Fueron días de angustias para Cristián y su familia. Por primera vez en muchos años, sintió encima una fragilidad propia. La conclusión de los médicos fue desalentadora: nada se podía hacer ya. Al campeón del Vale Todo le quedaban sólo unos cuantos meses de vida. No había posibilidades científicas de recuperación para el guerrero chileno de la jaula.
Martínez pasó sus últimos meses intentando con procedimientos alternativos de sanación. Su vida se volvió introspectiva y pasó a un retiro reflexivo, rara vez interrumpido por alguna entrevista a la que accedía. Su habitual corpulencia física se perdió, desapareciendo muchos de esos kilos de masa muscular que caracterizaban la figura imponente del "Gorila". A pesar de los métodos casi desesperados que usó en esta durísima última batalla, nunca cayó en desaliento y se mantuvo estoicamente firme, hasta el final.
Cristián "Gorila" Martínez falleció rodeado de su familia en la madrugada del martes 27 de octubre de 2009. A pesar de que todos esperaban la noticia, su partida causó un hondo pesar en el medio de la lucha deportiva y abrió una herida que nunca ha cerrado entre los practicantes del Vale Todo. El velatorio de sus exequias se realizó en el propio gimnasio que albergó todas sus energías y sueños, con su ataúd cubierto por una bandera chilena y rodeado de un verdadero jardín de flores de esa última primavera de su vida. Sus restos fueron cremados en el Parque del Recuerdo, despedidos por una gran multitud.
Empero, para profundizar la tragedia, don Hernán Martínez, padre de Cristián, falleció pocos meses después el 5 de abril del año siguiente, según muchas opiniones de cercanos por una profunda depresión provocada por la pérdida de su hijo, que agravó su salud.
¿Cuántas cosas quedaron pendientes con la partida del inquieto e incansable Cristián? ¿Cuántos títulos y nuevos logros se volvieron paradigmas de una posibilidad incumplida? ¿Cuántas medallas, reconocimientos, entrevistas, agradecimientos, exhibiciones, torneos y triunfos naufragaron en la convulsión del tiempo? ¿Cuántas reflexiones, enseñanzas y filosofías de un retiro en la madurez a la que nunca pudo llegar el maestro? ¿Cuántos capítulos más para su ya contundente leyenda?
El día más triste de la academia.
La despedida de Cristián, con aplausos y lágrimas.
EL GIMNASIO DEL "GORILA", HOY
Desde el enfoque más positivo, Cristián dejó un enorme esfuerzo con resultados a la vista y se convirtió en el indiscutible blasón del Vale Todo en Chile. El Gimnasio de Quinta Normal, timoneado ahora por Andrea Martínez, la hermana del "Gorila",  ha seguido adelante, creciendo y participando de importantes eventos como el seminario que tendrá lugar este sábado, en el aniversario del fallecimiento del guerrero de la jaula.
Cabe recordar que la Federación Chilena de Luchas Valetodo realiza los encuentros Memoriales de Vale Todo en recuerdo del legado de Cristián, el primero de ellos en el Estadio Municipal de Recoleta, el año 2011. Un gran apoyo para continuar la obra de Martínez y mantener el dojo fue también Marcelo Machuca, gran amigo y colaborador de Cristián y de su padre.
Se podría decir que el gimnasio, después de este tiempo de transición, ha tenido un segundo aire: ya se estabilizó y varios de los antiguos alumnos de Cristián han vuelto al lugar, para ayudar a entregar el conocimiento que ellos tienen y formar nuevos peleadores. Gracias al incansable esfuerzo de su fiel alumno e instructor Diego Castro Huerta, se ha logrado traspasar un poco la esencia de lo que acostumbraban a ser las clases del "Gorila", sumado al esfuerzo de todas aquellas personas que están en el dojo, aunando fuerzas para lograr que brille como alguna vez lo hizo... ¿Cómo? Simplemente entregando todo el conocimiento posible para lograr una buena técnica y valores que van más allá de ganar una pelea en la jaula. Hay especiales agradecimientos también para Mauricio González y las filiales de Arica con Dennys Quijada; y Puerto Montt con Fabián Cañulef.
Los admiradores y herederos de la obra de Cristián Martínez, así, han erigido la figura del guerrero de la jaula al nivel de icono y sostén espiritual de tales disciplinas, que en nuestros días se espera puedan ser reconocidas oficialmente como deportes, cumpliendo su sueño aún inconcluso.
Mientras tanto, el gimnasio seguirá siendo un taller para campeones de esta disciplina, perpetuando los esfuerzos, sacrificios y la memoria del "Gorila" Martínez.
El Gimnasio del "Gorila" Martínez, en nuestros días.
Cristiano Martínez, el hijo del campeón.
El gimnasio, vivo y activo en nuestros días. Grandes retratos de Cristián Martínez junto al maestro Takashi Azuma, y al lado, un retrato de su padre Hernán Martínez, resguardan la actualidad del dojo.
La jaula del "Gorila" con su actual generación.

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