lunes, 30 de noviembre de 2015

EL ASOMBROSO ENIGMA DE LA MINA PERDIDA DE HUASICIMA O HUACSACIÑA

Mineral y campamento de Huantajaya, ilustrado por Francisco Xavier de Mendizábal en 1807. Se suponía que la misteriosa Huacsaciña o Huasicima, era tanto o más rica en plata que este famoso yacimiento de la región tarapaqueña, y su leyenda se cruza con la realidad de la misma mina.
Coordenadas: 19°54'51.96"S 69°59'25.51"W (sector general aproximado a donde se cree que pudo estar)
La tierra históricamente minera de la pampa de Tarapacá, ofrece varias leyendas interesantes sobre ricos yacimientos de oro o de plata que algunos aventureros se empeñaron en tratar de encontrar, como la fabulosa Mina del Sol del Tamarugal e historias de socavones de metales preciosos en los valles, además de las creencias en enterramientos de riquezas incas el Cerro Unitas y otros puntos conectados al mítico Camino del Inca. El redescubrimiento de las ricas minas de plata de Huantajaya, en el siglo XVIII, alimentó más aún la posibilidad de que las leyendas fuesen reales, alentando a los buscadores.
Sin embargo, la más intrigante y asombrosa leyenda minera tarapaqueña quizás sea la de una perdida mina de plata llamada indistintamente como Huacsaciña o Huasicima, cuya supuesta ubicación se ha acotado en algún sitio entre la Pampa Perdiz y la Oficina de Agua Santa, no obstante que jamás ha reaparecido ante quienes tuvieron la suerte o la desdicha de verla.
Y si la leyenda ha llegado a ser tan enigmática y casi aterradora, es porque parece tener un rasgo de realidad que la hace aún más misteriosa e intrigante, habiendo sido comentada por Jean Arondeau en el artículo "La perdida mina de Huasicima en la pampa de Tarapacá", de la "Revista de Educación" N° 48 de 1948, y por Stephen Clissold en su libro "Chilean scrap-book" de 1952. En efecto, se recuerda de una serie de supuestos encuentros con la mina entre fines del siglo XIX y principios del XX, de los que diremos algo ahora, a pesar de nunca haber podido ser reencontrada.
POSIBLE ORIGEN DE LA CREENCIA
El nacimiento de la creencia en una mina llamada Huacsaciña o Huasicima podría estar relacionado con relatos como la "Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú" del cronista Pedro Pizarro, escrito hacia 1570 con sus memorias y experiencias a mediados de ese siglo sobre las conquistas de tierras indianas. Allí hace una detallada descripción de las increíbles riquezas de la zona pero refiriéndose al mineral de Huantajaya y la explotación del mismo por el encomendero Lucas Vegazo, que pudo dar un modelo para la imaginación en cuanto a la fortuna que tendría la mina perdida.
Un cronista peruano oriundo de Pica, el deán Francisco Javier Echeverría y Morales, en su obra de 1804 titulada "Memorias de la Santa Iglesia de Arequipa" aporta una interesante información sobre lo que parece ser el origen de esta leyenda minera, cuando se refiere al redescubrimiento de Huantajaya en el siglo XVIII (por parte de los peones de un miembro de la familia Loayza, según sabemos) y al hallazgo de antiguo material español en un sector denominado El Hundimiento:
"La curiosidad los fue llevando a desenterrar aquellos vestigios, y encontraron dos papeles ya cuasi deshechos. En uno se leía: remitir dos libras de pimienta; y en el otro, que si le iba mal en aquel mineral, se viniese al de Huasicima que estaba bueno. Como no tenían fecha ni data del lugar, no se ha podido saber dónde se halla. Se encontró también un cuerpo de un párvulo español con vestigios de lienzo de lino. Esto da a conocer que los españoles allí tuvieron su habitación, y trabajaron en el alto".
Este redescubrimiento de Huantajaya tuvo lugar gracias al guía minero de Mamiña, don Domingo Quilina "Cacamate", tras hallar accidentalmente piedras de plata en el suelo, mientras encendía una fogata nocturna en un viaje, en la primera mitad de aquella centuria. Volvió al lugar con su patrón don Bartolomé de Loayza (o su pariente Francisco de Loayza, en otras versiones), desde San Lorenzo de Tarapacá, hallándola otra vez e iniciándose una nueva epopeya minera que dio prosperidad a aquel pueblo y que relacionó a la familia Loayza con las inmensas riquezas de la industria de la plata. Sin embargo, la referencia de los viejos documentos a la desconocida mina de Huasicina, nunca pudo ser olvidada y siguió presente en el imaginario de mineros, cateadores y exploradores, convencidos de que se encontraba en alguna parte con yacimientos de plata tanto o más grandes que las de la riquísima Huantajaya.
Una de las menciones más antiguas que se puenden encontrar sobre la mina en su carácter ya de mito, la proporciona el militar, explorador e investigador Alejandro Cañas Pinochet, en su "Descripción General del departamento de Pisagua" de 1884, cuando se refiere a los buscadores de minas de la zona:
"Imaginan aquellos que la corrida del histórico asiento minero de Huantajaya viene en dirección de Pisagua y que la tan buscada pero jamás hallada mina de Huasicima, que señala la tradición como existente entre los cerros de Huantajaya y Pisagua, era de la misma veta.
El hecho es que en Pisagua no se ha conocido ningún depósito que argentífero que dé la razón a los cálculos y elucubraciones de los casi siempre soñadores mineros".
No obstante, una serie de testimonios y supuestos encuentros accidentales con la mítica mina iban a comenzar a tener lugar en los años de esa publicación, desatando una insólita euforia minera en la región, como veremos.
Mineros chilenos, siglo XIX, en ilustración del Atlas del naturalista Claudio Gay.
LA LEYENDA DE UN RICO MINERO
El nombre original de la mina parece haber sido Huasicima, si nos fiamos de las palabras de Echeverría y Morales sobre los documentos españoles de Huantajaya que habrían dado origen al mito. Sin embargo, en la tradición oral y el folklore, fue llamada también La Huasicima, Huacsacina, Huaracsina, Huasicina, Huarasicima y -quizás la denominación más popular- Huacsaciña. Al parecer, estos nombres surgen de corrupciones fonéticas o fusiones con el de la Quebrada de Huacsacina (sede de un antiguo centro minero de plata de Jarajagua), ubicada entre las de Sotoca y Tarapacá, y también con la localidad de Huara o la de Huarasiña, que se encuentran en la misma provincia.
La misma tradición oral tiene una versión de cómo fue que la fiebre por encontrar Huacsaciña despertó en los tarapaqueños, manteniéndose activa y bullente por cerca de 20 ó 25 años, antes de enfriarse otra vez.
Se cuenta entre los antiguos habitantes de las salitreras que el extraordinario yacimiento pudo haber sido encontrado recién en el siglo XIX -hacia 1870, según Clissold- por un viejo minero del poblado de San Lorenzo de Tarapacá o de Huara. La halló en algún lugar desconocido entre Huara y la hoy ruinosa Salitrera Valparaíso, según indica Mario Portilla Córdova en "Leyendas y tradiciones de Tarapacá. Del Cerro Dragón a La Tirana". Llegó a ella tras perderse por el desierto no demasiado lejos de la costa, regresando a su casa cargado de riquezas. Habría sido, además, el único hombre que pudo explotar el tan buscado tesoro y enriquecerse con él, fuera de la misteriosa primera generación de mineros que la hallaron y le dieron nombre.
El sujeto, cuya identidad también se ha perdido con todas las pruebas de su supuesta existencia, se habría hecho rico sacando sin esfuerzos el material argentífero, despertando codicias y envidias cada vez que regresaba a casa desde sus viajes hacia el poniente, trayendo las alforjas y hasta bolsillos colmados de plata. Era pues, la época en que la onza de plata valía la mitad del oro o más.
Sin embargo, al fallecer su descubridor en 1880 (según la fecha más repetida en las pocas fuentes disponibles), se llevó a la tumba el secreto de su enorme riqueza, dejando frustrados a los que esperaban llegar hasta allá a hacer sus propias fortunas.
Desde entonces, han sido reportadas innumerables noticias sobre la legendaria mina, incluso por respetables y connotadas personalidades de Iquique y de las demás localidades de la región. Del mismo modo, cantidades de cateadores organizaron cuadrillas para expediciones por la pampa y las serranías, elaborando derroteros y explorando un amplio sector entre Huantajaya, Huara y Pisagua. Mas, todos fallaron de un modo u otro.
La mina sólo se burlaba de ellos: varios viajeros que llegaron de regreso a Iquique, Tarapacá o Pozo Almonte con "papas" de plata y piedras tomadas de los rodados del rico material con el que habían dado accidentalmente en algún viaje por la pampa, encendieron otra vez las ambiciones y provocaron que se montaran improvisadas empresas para tratar de ubicar la mina, de acuerdo a cada nueva información disponible... Pero volviendo a fallar en todos los intentos.
EL EXTRAÑO INCIDENTE DE 1895
La historia del minero de Tarapacá que encontró Huacsaciña habría quedado sólo como folklore local, si no fuera por una seguidilla de acontecimientos que comenzarán a tener tiempo y lugar después de su supuesta muerte, y que -en algunos casos- parecen darle algún alcance de realidad al mito.
En 1895, comenzaron a construirse nuevas instalaciones en la planta salitrera de la Oficina Agua Santa, al Norte de Huara. Abierta en 1874, esta oficina de la firma inglesa Cambell, Outram & Cía. estaba en un período de prosperidad y ampliaciones. Dos de los obreros que trabajaban en la obra perdieron el último tren que los iba a llevar de regreso a Iquique, tomando la decisión de adelantar camino por los senderos ancestrales de la pampa que conocían bastante bien, por lo que se arriesgaron a ir por atajos durante la noche y sin grandes temores, como muchos pampinos lo hacen incluso en nuestros días a pesar de lo temerario que suene. Sin embargo, justo cayó la espesa neblina de la camanchaca sobe el desierto cuando marchaban por la oscuridad de un paso entre montes y, temiendo perder el rumbo, se estacionaron en un lugar de su camino improvisando un campamento, donde se quedaron dormitando y esperando la mañana.
Fue sorpresa para ambos trabajadores cuando, al despertar con el claro de la mañana, descubrieron que se hallaban casi enfrente de la boca de una mina de aspecto muy antiguo y abandonado, en un terreno lleno de desmontes y socavones. El lugar estaba plagado de piedras plateadas brillantes que intuyeron valiosas, echándoselas entre sus ropas y bolsos antes de marcharse muy excitados con el hallazgo.
Los hombres hicieron que analistas revisaran las piedras y estos, maravillados, confirmaron que era fina plata mineral. Por primera vez pareció que alguien había podido dar con el esquivo yacimiento, demostrando que era real y tan abundante como la tradición aseguraba.
Sin salir del asombro, los jefes de la Oficina Agua Santa ofrecieron ipso facto armar y financiar una expedición para volver a la mina, y así partieron ilusionados a lomo de mula, con los dos trabajadores y un equipo de asistentes. Sin embargo, la exploración resultó un fracaso: por más que trataron de repetir la ruta de aquella noche, fue imposible dar otra vez con la bocamina y los desmontes, cuya existencia estaba probada no sólo por el testimonio de los obreros, sino también por esos valiosos trozos de plata que ahora parecían salidos desde la nada.
A pesar de todo, la historia no hizo más que alentar a una serie de exploraciones que se conocerían en los años que siguieron, más otras que quizás quedaron en total olvido por haber sido secretas o disfrazadas de expediciones corrientes de cateos, pues la ambición humana comenzó a calentarse con la fantasía de la mina.
EL TESTIMONIO DE AUGUSTO ROJAS
Un interesantísimo dato sobre la leyenda de la mina es aportado por el investigador iquiqueño Augusto Rojas Núñez, en sus "Crónicas pampinas" de 1936. El escritor logró que un carretero boliviano llamado William Andrés, trabajador de la Oficina San Pablo ubicada al Suroeste de Pozo Almonte, le mostrara una carta que le había sido remitida por un alemán residente en Chile, don Otto Kohrt. Cosa curiosa pues el trabajador, que se hacía pasar por brasileño, no sabía leer.
Cuando el obrero pidió a Rojas que la leyera para él desconociendo aún su contenido, el investigador no podía creer lo que tenía en sus manos. Así la transcribió en su libro:
"Alto Caleta Buena, 8 de abril de 1897
Señor William Andrés.
Oficina San Pablo.
Muy señor mío:
Por la presente me permito comunicarle a usted, que el corralero Julio Ponce, entretanto se ha ido con su familia al sur de Chile, me mostró el plano y me dio el derrotero de la mina H... en el norte de M... es decir el sitio, y lo encontré al fin, ya hace 17 meses. Entonces avisé a Ponce y buscamos a usted para darle conocimiento de esto, encontrando a usted al fin, en Iquique, muy enfermo.
Ponce habló con usted sobre este asunto y prometió usted a él venir por acá tan pronto se hallara restablecido de su salud, pero ha pasado mucho tiempo sin que usted dé noticia alguna y, por consiguiente, me permito preguntarle qué piensa hacer.
Tengo entendido que por otra parte también están en busca de la referida mina y, para evitar que otros la encuentren, he hecho desaparecer las señas principales (la mula y los m…). Pero puede suceder que uno u otro día me mande mudar de acá y resultaría entonces que dicha mina sería perdida para siempre.
No siéndole posible venir personalmente por acá, le propongo darme las demás señas (crucero) y comuníqueme sus condiciones para poder seguir este asunto.
Soy de nacionalidad alemana y ocupo el empleo de 'pasatiempo' en ésta (Nota: 'pasatiempo' era la hoja de control de faenas).
Saludo a Usted y espero su pronta contestación.
De usted atto. U.S.S.
(Firmado) Otto Kohrt"
Asombrado, Rojas se unió a otros amigos iquiqueños para investigar más sobre el asunto y evaluar la posibilidad de ir tras la mina a la que estaba siendo invitado el trabajador. Además, Andrés le confesaría en la ocasión que, siendo niño, había acompañado a un anciano que sacaba plata de una mina oculta en la pampa y que ésta era vendida después en la "Joyería Jacobs" de Iquique.
Rojas y Andrés pactaron un acuerdo para que éste revelara su información de la mina a cambio de "la mitad de todo" lo que reunieran. El financiamiento iría por parte de Rojas y sus socios. Andrés aceptó, y quedaron de reunirse todos un día sábado en la salitrera para partir. Sin embargo, el boliviano nunca llegó al encuentro, quizás tentado con la idea de intentar esta empresa solo sin necesidad de compartir el tesoro. Y por más que lo esperaron y buscaron, no apareció... De hecho, desapareció para siempre, y nunca más volvieron a saber de él.
Ilustración de C. Contreras para un artículo de Oscar Bermúdez publicado en una revista "En Viaje" de 1964, representando a Loayza y al indio "Cacamate" buscando el riquísimo mineral de Huantajaya, que también estuvo perdido y con el que dieron en el siglo XVIII, amasando fortuna.
UN NUEVO "DESCUBRIMIENTO" DE LA MINA
Pasaron algunos años y otro incidente vino a dar impulso de búsqueda a la misteriosa mina de Huacsaciña, popularizando todavía más la leyenda hacia el cambio de siglo. Aparece mencionado en la edición del "Almanaque Regional" de Iquique, en 1950 y en el señalado libro de Portilla Córdova. Clissold asegura que sucedió en 1898.
Los estafetas de las salitreras, o empleados "propios" como se les llamaba, solían cubrir grandes distancias entre las oficinas de la pampa y los poblados, por lo que algunos iban bien ataviados en caso de extraviarse o ser alcanzados por las noches frías, riesgo no infrecuente. Esto sucedió, precisamente, a un mensajero de la Oficina Tránsito cercana al Cantón Negreiros y a la mencionada Oficina Agua Santa, cuando marchaba hacia Iquique, obligándole a detener su andar y a abrigarse envuelto en una capa mientras esperaba que pasara la noche.
Tal como sucedió antes a los obreros las instalaciones de Agua Santa, el empleado despertó con la luz del amanecer y se reincorporó para partir en su caminata, encontrando cerca de su lugar una especie de campo con piedras plateadas que le resultaron atractivas. La propia pila de piedras con las que se había hecho una incómoda cabecera para dormir, era de este brillante material. Decidió llevarse algunas de aquellas rocas en su bolso, como recuerdos, marchando hasta Iquique y luego regresando con ellas a la oficina salitrera.
De vuelta en la Oficina Tránsito, los analistas del laboratorio vieron sus souvenirs y se los pidieron para examinarlos, quedando con las cejas en la frente y la boca abierta cuando verificaron que se trataba de plata... Otra vez, Huacsaciña comenzaba a tocar su encantador pero engañoso corno de seducción y riqueza.
Como era de esperar, se organizaron velozmente grupos de buscadores para ir guiados por el estafeta hasta el lugar de su hallazgo. Los hombres recorrieron afanosamente el camino y los puntos que les señaló, por varios días y noches según se cuenta, pero nuevamente el esfuerzo resultó en un papelón: ni luces de la maravillosa mina, ni un rastro siquiera, como si se tratara de uno de los espejismos de agua engañando a los extraviados del desierto y los "empampados". Las espesas nieblas del desierto terminaron de echar abajo la ilusión.
La mina ganaba otra vez a la ambición de los hombres.
EL CASO DE MIGUEL HERNÁNDEZ
Clissold trae al recuerdo un nuevo incidente, esta vez de 1902, que volvió a prender la mecha a la obstinada fiebre de búsqueda de la esquiva mina de plata. Su aparición iba a ser ahora ante don Miguel Hernández, un vecino del puerto de Pisagua, y debe tratarse del empujón más potente que ha tenido el mito hacia los reinos de la realidad.
Hernández se encontraba viajando por tierra desde la Oficina Ramírez, pocos kilómetros al Sur de Huara, camino hacia Caleta Buena, ubicada entre Iquique y Pisagua, a la sazón uno de los más importantes surtidores portuarios de la industria salitrera de la zona, pues era la principal salida costera para la producción del Cantón Negreiros que visualizó don Santiago Humberstone, por su proximidad geográfica. Para este propósito, hacia 1884 se habían instalado andariveles que permitían bajar la carga por los barrancos costeros y también se habían creado estaciones en el duro camino hacia la costa, siendo el principal de ellos el de Alto Caleta Buena. Demás está decir que poco y nada (más nada) queda de aquello.
En algún momento de su trayecto por estas tierras, sin embargo, probablemente en los alrededores de Cerro Constancia y a plena luz del día, don Miguel se encontró con la entrada a una añeja mina llena de piedras de plata, que no tardó en suponer era la misteriosa Huacsaciña. Eufórico por su hallazgo, inicialmente se negó a abandonarlo pero, al aceptar que sería una insensatez quedarse allí cuidándolo, hizo una serie de marcas de ubicación de la mina por los terrenos y recogió tantas muestras de plata como pudo, de acuerdo a lo que también informa Clissold:
"Pero levantar un hito inconfundible en medio del desierto no es tan simple como parece. Hernández hizo todo lo posible. Trazó patrones en la ladera, amontonado piedras juntas, y para asegurarse absolutamente, colocó un palo grueso en el suelo y le puso una vieja lata en la parte superior de la misma".
Regresó alegre hasta la civilización a empezar los trámites de su prospecto de concesión minera, e iniciar la demarcación exigida en los procedimientos de tierras. Efectivamente, las piedras que había traído con él como pruebas se confirmaron plata de altísima calidad.
Pero la maldad de la leyenda no se rindió, y volvió a ejecutar su cruel jugarreta. Cuando don Miguel retornó con las estacas y ayudantes buscando la mina, no pudo encontrarla a ella ni a sus señalizaciones hechas con piedras. Desesperado, fracasó en todos los intentos y jamás volvería a tocar el escurridizo sitio que llenó su nombre de ilusiones y de frustración. Nunca más vio las marcas en las laderas ni el lote de piedras con el palo clavado en ellas y el tarro encima, símbolos profanos y frustrantes de la riqueza que no fue suya.
Clissold cuenta que, años más tarde, apareció una fotografía tomada en el lugar del descubrimiento por un extranjero (sin saber qué era) y que fue identificada por los conocedores como el famoso hito perdido de la señalización dejada por Hernández, dando nuevos bríos enérgicos a los buscadores:
"Otras curiosas y tentadoras pistas seguidas, involucraron incluso una fotografía de la mina completa con la pila de piedras y la lata de Hernández, que pudo ser tomada por un viajero francés y que sólo fue identificada años más tarde y por casualidad como ninguna otra cosa que la fabulosa Huasicima".
LA EXPEDICIÓN "MALDITA"
Sospechamos que quizás por el refuerzo dado al mito con el incidente de Miguel Hernández, inesperadamente apareció en la trama de Huacsaciña un indígena chango habitante de Caleta Buena, que decía tener pruebas concretas sobre la ubicación de la malvada mina de plata. El modesto pescador había llegado un día con su humilde bote cargado de plata, obtenida desde algún escondrijo que sólo él conocía, repitiendo algunas veces más la asombrosa escena.
Esto sucedió en 1905, tres años después del caso Hernández según Clissold, aunque otras fuentes lo declaran sucedido en 1903. Nunca se supo de dónde obtuvo dicha información el pescador ni cómo llegó a ella, para acrecentar la oscuridad del caso.
Ya enriqueciéndose con sus incursiones, el hombre de mar formó una sociedad de explotación en la que participaron familiares y, según lo reproducido por Portilla Córdova, un misterioso gringo de apellido Sloggan, probablemente relacionado con la actividad salitrera. Entre todos, prepararon una salida al desierto de la que se sabe muy poco -en caso de haber sido real-, pues mantuvieron en secreto gran parte de su actividad para resguardar la información de su tesoro. Sólo el trágico final que se describe a esta aventura permitió conocer más antecedentes de ella.
La expedición se ejecutó en alguna parte también desconocida del territorio y, al parecer, resultó: regresaron todos sonrientes, con varios kilos de plata de ley. Por fin, después de tantos intentos, de después de tantas incertidumbres, parecía ser que Huacsaciña se volvía realidad y era traída al mundo tangible desde el legendario y la especulación... ¿O no?
Cuéntase que la maldición de la mina volvió a manifestarse al poco tiempo, dejando todo otra vez en punto cero. Primero, el chango enfermó gravemente siendo hospitalizado en Iquique, sospechándose de inhalaciones de gases tóxicos y de envenenamiento hasta supuestos maleficios en su padecimiento, falleciendo inconciente y hospitalizado en Iquique "sin exhalar una palabra de su secreto", se lamentaba Clissold. Y luego, en un aparente acto de a la sociedad, Sloggan desapareció con los los dos cuñados del fallecido, sin que volviesen a ver. La creencia popular supuso que Sloggan había envenenado al chango para apropiarse de toda la mina, quizás con los cuñados como cómplices, o bien que estos le dieron muerte a él (y probablemente al propio pescador), deshaciéndose del cuerpo para luego huir con la plata que lograron reunir.
Al igual que la ubicación de la mina, pues, la solución del siniestro caso nunca sería conocida.
Ruinas de Huantajaya, en la actualidad.
LA EXPEDICIÓN SOLARI
Uno de los personajes de mayor seriedad involucrados en la búsqueda de Huacsaciña o Huasicima, sería poco después don Ricardo Solari, empleado del Banco de Chile en Iquique y miembro de una reputada familia de la ciudad, que suponemos la misma relacionada con los fundadores del histórico "Almacén La Confianza". Él habría dirigido y financiado una de las últimas expediciones conocidas que fueron capaces de ubicar la mina. Pero, según Clissold, no habría sido hasta el mismo año de la muerte del pescador pisagüino que Solari reconoció haber sido observador de la mina de Hernández.
De alguna manera, pues, Solari dio con información precisa para salir a buscar la mina (¿sería la misma que antes había llegado a manos del fallecido pescador de Pisagua?) y se asoció discretamente en la aventura con un minero apodado Ño Canales, quien puedo haber sido también el portador de la revelación que lo conduciría al escurridizo yacimiento argentífero.
Tras andar por un lugar que también ha quedado en las sombras del desconocimiento, la expedición de Solari por fin dio con lo que parecía ser la boca de una mina, a pocos kilómetros de su posición pero justo en momentos en que ya caía la inmensidad de la noche en la pampa, acompañada de las camanchacas. En lugar de detenerse para continuar el rumbo en la mañana siguiente, que era lo más inteligente, los hombres siguieron el mal consejo de sus impaciencias y ansiedades, y decidieron continuar avanzando con las mulas hacia donde vieron la bocamina a pesar de la oscuridad nocturna, con resultados funestos: a causa de la imprudencia, perdieron el rumbo por no poder tener referentes de orientación a la vista y acabaron "empampados".
Cuando salió el Sol, en la mañana siguiente, se encontraron totalmente perdidos y sin posibilidad de recuperar la ruta hacia la mina. Dos desesperantes días más estuvieron dando vuelvas en esta situación y tratando de reconocer los caminos para llegar a ver la entrada que habían observado, pero agotados, ya sin víveres ni agua para ellos ni los animales, debieron regresar con el terrible peso de su derrota y no el de las toneladas de plata con las que soñaron.
YA NUNCA MÁS SE VIO
Las mismas leyendas que sostienen el recuerdo de Huacsaciña, suponen que la mima perteneció a los soberanos incas, siendo la más importante de todas las que tuvieron para conseguir el material de sus alhajas, por lo que alguna clase de conjuro la protege de los extraños y los invasores desde la muerte de la dinastía incásica. Otra fábula dice que sólo se aparece a los extraviados y a los viajeros, pero desaparece durante la noche para cambiarse mágicamente hasta otro sitio.
La mítica mina de Huacsaciña fue haciéndose cada vez más esquiva y oculta, decepcionando a los expedicionarios y desencantando a los cateadores que antes se habían obsesionado con ella. Los reportes de su avistamiento bajaron al transcurrir los años, y con ello los aventureros afiebrados por hallarla. Además, los inicios de las crisis de los mercados de la industrial salitrera después del Centenario, llevaron a cerrar varias oficinas, alejaron a muchos aventureros de la actividad del cateo de desiertos y desplazaron a buena parte de los habitantes de la Pampa más al Sur, hacia Antofagasta, haciendo menos posible volver a tener novedades sobre la mina.
La ausencia de más reportes sobre su existencia, ha sido explicada con varias teorías y creencias. Algunas de ellas sugieren que acabó derrumbándose por decrepitud o por temblores. También se ha especulado que fue cubierta para siempre por el movimiento de los arenales del desierto, dejando sepultadas sus riquezas y sus insondables misterios. No pocos creyeron alguna vez que por fin fue encontrada y explotada por algún buscador, que tomó la precaución de esconderla de los demás ojos humanos, perdiéndose otra vez con su muerte.
Quizá alguna familia de Iquique todavía conserve como herencia generacional, alguno de esos relucientes trozos de plata de ley que llegaron a la ciudad traídos por viajeros que aseguraban haber pasado por la mina fantasmal de Huacsaciña, pero que jamás pudieron volver a ella, como si el yacimiento desapareciera y se escondiera intencionalmente de la ambición de sus más decididos buscadores.

viernes, 27 de noviembre de 2015

BASÍLICA DE MASSENZIO: LA MADRE INSPIRADORA DE LOS GRANDES TEMPLOS DE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

Fotografía de las ruinas de la basílica, c. 1880 (Fuente: Flickr Alvaro de Alvariis).
Coordenadas: 41°53'30.94"N 12°29'17.78"E
Uno de los edificios en ruinas más atrayentes e impresionantes que pueden observarse en el Foro Romano, a pesar de no pertenecer originalmente él, es la majestuosa Basílica de Massenzio o Majencio, en sus primeros años conocida también como la Basílica Nova (Nueva). Es inconfundible por sus colosales dimensiones que lo hacen visible desde la mayor parte de este incomparable campo arqueológico de Roma, en un punto situado entre la esbelta Iglesia de Santos Cosme y Damián y la de Santa Francesca, a sólo 200 metros y algo más del Colosseo.
Con con sus vistosos tres arcos-naves mirando hacia el Sur-poniente y su ábside hacia la Vía dei Fori Imperiali, hubo ocasiones en que este majestuoso edificio fue usado para presentaciones al aire libre, por el lado interior en al Foro Romano. La competencia de lucha libre de los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, tuvo lugar en un escenario dispuesto en este mismo sitio.
Lo más relevante, sin embargo, es que la impronta del modelo usado en él se expandió por el mundo con el cristianismo, de modo que podemos advertir su influencia generacional en prácticamente todas las grandes iglesias y catedrales a pesar de que, al ser inaugurado y puesto en uso, esta maravilla histórica era un laico edificio de carácter administrativo y judicial.
Reconstrucción de la basílica (romanoimpero.com). Incluye la planta.
Reconstrucción del edificio en póster "Roma Antica" (de "Roma la Citá Eterna").
ORÍGENES DE LA BASÍLICA
El enorme titán comenzó a ser levantado en el sector de la antigua Colle della Velia, en el año 306 ó 307 después de Cristo, durante el primer año de gobierno del Emperador Maxentius o Massenzio. Según la información aportada por excavaciones del lugar y por la observación del plano romano marmóreo "Forma Urbis Severiana" de principios del siglo III (del cercano Templo de la Paz), parte del lugar que ocupa había pertenecido antes a un complejo con tendales y bodegas del mercado Horrea Piperataria, surgido hacia los días del Emperador Diomiciano (años 81 a 96 después de Cristo).
La magnitud de la obra y algunos retrasos hicieron que la basílica sólo pudiese quedar terminada en el 312 ó 313, en los días en que acababa de imponerse militarmente ya la autoridad e investidura el Emperador Constantino, tras fallecer Maxentius herido y accidentado en el combate del Río Tévere. En esta situación, entonces, el edificio que había nacido en los últimos días del paganismo romano, era entregado a servicios ya en los albores del posicionamiento oficial del cristianismo en el imperio con el Edicto de Milán.
La basílica, como era tradicional en la Grecia y Roma antiguas, correspondía a un edificio público no de corte religioso como aquellos a los que asociamos hoy la denominación, precisamente porque el cristianismo fue adoptándolos como templos en el mismo período de transición al que pertenece ésta. El nombre de tal tipo de edificios proviene de concepto griego basiliké, que se traduce como "casa real", y por lo corriente era el palacio de los tribunales de cada ciudad.
Como otras basílicas romanas, entonces, la de Massenzio fue destinada también a albergar al poder judicial y los tribunales del trato comercial y de la prefectura urbana, llegando a ser la más importante de las sedes de este poder en Roma o, cuanto menos, una de las principales que existieron en la ciudad, reconociéndosela como la más grande y la última de las basílicas civiles romanas.
Los restos de la basílica en grabado del siglo XVIII. Atrás, se ve la Iglesia de Santa Francesca y, al fondo, el Colosseo.
Los arcos, c. 1900, vistos desde el Foro Romano (Fuente: imagoromae.com).
Vista del ábside en Vía dei Fori Imperiali, c. 1930
CARACTERÍSTICAS DEL EDIFICIO
Numéricamente hablando, la basílica tenía unos 100 metros de largo contando el atrio, por 65 metros de ancho (6.500 metros cuadrados). Constaba de una gran nave central con nichos gigantes y bóvedas, de 35 metros de altura, 80 metros de largo y 25 de ancho, y dos naves laterales de menor ancho, con unos 32 metros de altura. Sumado al nivel superior de los altos, el edificio alcanzaba unos 47 metros.
Las bóvedas tienen un diseño en cañón e interior de artesonado, con concavidades o casetones octogonales que aún se observan y que, además de servir de ornamento, reducían el material de la estructura  y el peso del cielo. Estas bóvedas distribuyen el peso por guresos muros contrafuertes, formando así una unidad principal del edificio. Entre cada uno de ellos, en lo alto de los intermedios de las bóvedas, aún se observan las ménsulas blancas que sostuvieron alguna vez a columnas corintias decorativas de mármol, de cerca de 15 metros de altura, sin grandes funciones estructurales. Abajo, quizás en épocas posteriores a su origen, se abrieron vanos y pasos para facilitar la circulación entre las naves.
Desde esta arquitectura central del edificio, se extendieron bóvedas menores y murallones por los costados, en el lugar donde actualmente se observan una especie de explanada frente al edificio y una línea plintos y restos de pilares ya desaparecidos, que formaron parte del frontispicio hacia el lado de la Vía Sacra, observándose la parcial simetría de los restos de su planta y basamento en las fotografías de vista aérea más que a nivel de suelo en el sitio mismo. Tras la entrada del narthex, además, existía un pasillo transversal con cinco arcos. Restos de muros laterales con secuencias de vanos en arco de medio punto y ventanas termales, dan una indicación de cómo debieron ser las caras de la fachada con arquerías.
A diferencia de los edificios de material pétreo canteado, en éste se priorizó un excelente trabajo de sólido enladrillado con hormigón, permitiendo prescindir del uso estructural del mármol u otra roca salvo para ornamentación, revestimiento y mampostería. Constantino le hizo agregar algunos elementos finales al proyecto tomado casi como un trofeo de su victoria en Roma. El traslado de la entrada principal al sector Sur en la Vía Sacra, desde el acceso original por el ábside del lado de la Vía dei Fori Imperiali, fue una de sus solicitudes de modificación de los planos, agregándole un pórtico de columnas y escalinatas para esta función. Por eso fue llamada también Basílica de Constantino o Constantiniana, nombre que muchas veces es el que prefieren los investigadores, arqueólogos e historiadores.
Aunque el revestimiento de mármol en los muros y la decoración original han desaparecido del edificio, se sabe que existió una cabecera o ábside lateral, entre dos columnas de mármol en el lado Oeste de la basílica, con una estatua colosal de Constantino El Grande, sentado en un trono, con 12 metros de altura, en un espacio que era parte de la misma sala de los tres nichos gigantes abovedados. Fabricada con mármol, bronce, ladrillo y madera, se cree que originalmente iba a ser una estatua dedicada al finado Massenzio, pero el orgulloso Constantino habría ordenado su modificación, incapaz de dejar pasar la ocasión de acariciar el ego. Los restos de esta escultura destruida en un saqueo y rescatada en el siglo XVI, fueron trasladados hasta el Palacio de los Conservadores en el Museo del Campidoglio, donde se encuentran hasta ahora. Es famosa la fotografía de un gato recostado entre los dedos del pie derecho de aquel coloso, en las postales turísticas de Roma.
Las columnas de mármol que existían desde los arranques de las bóvedas desaparecieron de este sitio destruidas por saqueos y por un gran terremoto, aunque a la última que quedaba en buen estado de ellas la hizo desmontar el Papa Pablo V para llevarla hasta la plaza del Templo de Santa María la Mayor, en 1613, donde aún se conserva imponente y altiva. Se cuenta que debieron ser usados 60 caballos para arrastrarla hasta su definitiva ubicación en la ciudad.
INFLUENCIA SOBRE LA ARQUITECTURA RELIGIOSA
El tipo de arquitectura de la basílica era novedoso en su origen, comparado con otras edificaciones de la misma época y funciones. Su modelo base de naves distribuidas en una principal y dos laterales, además del cielo abovedado del edificio y el ábside que quedó como entrada trasera del antiguo edificio con aspecto de medio silo contra el gran muro posterior, son rasgos que han tenido un perpetuo eco en el diseño y planta de las grandes iglesias cristianas, especialmente las católicas, por lo que la Basílica de Massenzio marca un referente fundamental y un punto de inicio en la historia de las construcciones religiosa occidentales.
Esta influencia arquitectónica parte no sólo cuando la basílica comenzó a ser incorporada y usada en la liturgia cristiana dejando atrás sus servicios de administración pública, sino también cuando empezaron a imitarse sus líneas en los primeros grandes templos levantados con el mismo propósito, como fueron las fases iniciales de las basílicas de San Juan de Letrán (Laterano), San Pedro en el Vaticano, San Pablo de Extramuros y Santa María la Mayor.
También fue novedosa e imitada la Basílica de Massenzio por la presentación de un frontispicio en el mismo estilo y estructura que en el interior, a diferencia de los edificios antiguos cuyo frente eran sólo columnatas monumentales, como se observa en el Templo de Adriano y en el Panteón. Sin embargo, ese mismo interior guarda cierta semejanza no casual con los grandes salones y de baños y frigidariums que después fueron usados también como iglesias cristianas, como sucedió con Basílica de Santa Maria degli Angeli al ocupar las antiguas Termas de Diocleciano, que parecen haber sido una influencia arquitectónica para el edificio que nos ocupa.
Después de tantos años de envejecimiento, posterior abandono y de grades terremotos como el de 1349 (que derrumbó las bóvedas centrales y las columnas) y el de 1703, de la Basílica de Massenzio hoy se conserva principalmente la estructura de murallones y cierre de las bóvedas al Norte de lo que fue el edificio, con una cabecera tras la nave central haciendo borde en la Vía dei Fori Imperiali. Por muchos años, mientras permaneció silente y abandonado, se le llamó Templum Urbis e incluso hubo ciertas dudas sobre su identidad, hasta el siglo XIX, cuando se realizan grandes excavaciones y se modifica un poco el acceso a las ruinas, nivelando con escalas y gradas las diferencias del terreno. En algunos grabados antiguos aparece incluso con abundante vegetación creciéndole encima, antes de ser intervenida en favor de su coservación.
Actualmente, la basílica está siendo sometida a un minucioso proceso de restauración y mejoramiento, deuda nada menor con uno de los edificios que más influencia arquitectónica e institucional ha tenido en la civilización de Occidente.

jueves, 26 de noviembre de 2015

NOSTALGIAS REVISTERILES DEL TEATRO ÓPERA (PARTE II): APOGEO Y OCASO DEL MÍTICO "BIM BAM BUM" Y DE SU HISTÓRICA SALA

Un colorido y espectacular "final de fiestas" para una función del "Bim Bam Bum" en 1967. Imagen publicada por la revista "En Viaje".
Coordenadas: 33°26'21.42"S 70°38'55.58"W
El "Casanova" de Buddy Day, que vimos en la entrada anterior, y su sucesor el Teatro Ópera con el "Bim Bam Bum", que veremos ahora, pertenecen a la edad de oro de la bohemia chilena parece estar entre los años alrededor del Primer Centenario hasta la década del sesenta, aproximadamente.
La decadencia de aquella era comenzó tibiamente, con la apertura de los medios de comunicación y las nuevas opciones recreativas advenidas en los años setenta. Como se sabe, recibió la estocada de muerte ya al final de toda esa historia, en el período de los toques de queda nocturnos durante el Régimen Militar.
La colorida epopeya de la revista chilena, del teatro de variedades y de la comedia para adultos, está retratada en fragmentos a lo largo de varios libros que son verdaderos plintos para los recuerdos de esos años, descritos por sus propios testigos y actores, como "Buenas noches Santiago!" del periodista de espectáculos Osvaldo "Rakatán" Muñoz, o "Acotaciones, morcillas y camelos: Anécdotas teatrales" de Rogel Retes, o "El Santiago que se fue" de Oreste Plath, por nombrar algunos. Los aspectos menos luminosos de la vida nocherniega, en cambio, transitaron por las páginas de "Chicago Chico" de Armando Pérez Carrasco  y "Show continuado" de Luis Cornejo.
Tanto el Ópera como la célebre Compañía de Variedades "Bim Bam Bum", en Huérfanos 835, resistieron los vaivenes hasta la caída misma de la época del vodevil en Chile, con las restricciones de las actividades nocturnas y la Recesión Mundial. El teatro bataclán soportó sobre sí, además, el aplastante peso de toda una época ya perdida, a la que pertenecieron también el Teatro Princesa (sede del "Picaresque"), la Sala Lux reemplazada después por el Grand Palace, el Teatro Politeama del Portal Edwards, las Salas SATCH y Talía de San Diego (hoy Teatro Cariola y Teatro Alejandro Flores), su vecino Teatro Roma (lugar de la cantina "Las Tejas") y los tres Tap Room del inolvidable Negro Tobar, entre muchos otros. Las presentaciones de la compañía "Cóndor", del gran empresario de espectáculos Enrique Venturino, eran por entonces una academia para muchos artistas que engalanaron el ambiente, como los hermanos Retes emigrados desde Perú hasta la escena artística chilena.
Vedette del "Bim Bam Bum" en fotografía probablemente tomada entre 1953 y 1965, por Alfredo Molina La Hitte (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Publicidad para el Cine Ópera, cuando el ex teatro del "Casanova" había sido convertido en un simple y poco rentable rotativo de películas de cine. Publicidad publicada en "El Mercurio" en noviembre de 1952.
ORIGEN DEL TEATRO ÓPERA
Es difícil saber, a estas alturas, qué era cierto y qué es idealización sobre el Teatro Ópera y su "Bim Bam Bum". Poco aportó al respecto una teleserie basada en la famosa revista, hace un par de años, cuyo criticado guión se alejó en la dramatización y las ficciones de los rasgos históricos de la época y del lugar en que se suponía ambientada. Sin embargo, hay datos interesantes que permiten armar su historia y que han sido recuperados por los testigos de aquella epopeya.
Cerrado ya el "Casanova" de calle Huérfanos y convertido por Buddy Day en centro de proyecciones rotativas de películas en 1952, tampoco logró mucho en este rol, por lo que era urgente un cambio de rubro. Por instinto de supervivencia e inclinación emprendedora, entonces, el empresario comenzó a planificar un nuevo tipo atracciones más masivas para el lugar, en la forma de revistas de espectáculos de música, humor y coreografía, y así concibió casi simultáneamente al que sería su nuevo Teatro Ópera y la revista matriz del mismo, el "Bim Bam Bum" o el "BBB", como se la conocía informalmente.
Tras una nueva y rauda remodelación del espacio de Huérfanos 835, hacia inicios de 1953 Day inaugura el Teatro Ópera funcionando esta vez como una gran boîte y auditorio con funciones de vedettes, humoristas y músicos. Según algunas reseñas, la primera revista que se presentó en el local fue la titulada "Faldas en el Congreso", sátira referida a la presencia femenina en el Poder Legislativo, aunque otras fuentes señalan que la primera obra allí ofrecida fue en realidad una llamada "Qué churros en bikini" o "Amor en bikini".
Una leyenda que fue popular en el ambiente artístico de esos años, contaba que no sólo los vivos iban a visitar los espectáculos del Ópera: también lo habría hecho reiteradamente el fantasma de una niña fallecida, que fue vista en algunas ocasiones por trabajadores, artistas y clientes del lugar, vagando especialmente en el sector de camarines y tras las bambalinas, por el callejón interior lleno de subidas y bajadas que conducía a esos rincones. De acuerdo a la misma leyenda, la niña habría sido una pequeña que, durante los trabajos de remodelación que convirtieron el lugar después de ser sede bancaria, se asomó por curiosidad en las faenas desde unos andamios o una tarima, cayendo accidental y mortalmente en el foso que se había abierto para colocar un ascensor o una columna estructural.
Otra versión de la historia del fantasma del Teatro Ópera, sin embargo, hablaba de una bella corista que murió en un desgraciado accidente tras bambalinas, ocurrido cuando ya funcionaba el teatro de variedades y el "Bim Bam Bum". Se creía que solía aparecerse por los vestidores y pasillos del lugar.
La sala iba a ser escenario permanente para encuentros de tango, ballet, presentaciones circenses, ilusionismo, acrobacia, zarzuela y grupos tocando rancheras, corridos mexicanos o merengues. Llegó a ser comparada por su comodidad e importancia con el Teatro Colón de Buenos Aires y, de hecho, a estas las cuadras de Huérfanos a tan escasa distancia de la Plaza de Armas las apodaron "el Broadway Santiaguino" por la intensidad de su actividad escénica.
Teatro Ópera y "Bim Bam Bum" en sus buenos días. Fuente: Flickr  SantiagoNostálgico.
Publicidad del "Bim Bam Bum" en 1962.
CANDILEJAS DEL "BIM BAM BUM"
El nombre "Bim Bam Bum", del espectáculo y la compañía, proviene de un conocido tema musical del maestro Xavier Cugat, que golpeaba las radios de tubos en esos días. Para armar su primer elenco, los directores habían comenzado a buscar artistas y reclutar juglares, y se cuenta que consiguieron muchachas para los números poniendo avisos en los diarios, invitándolas a asistir a los castings. Eduardo Felis, hermano de Buddy Day como hemos dicho, pasó después a ser empresario asociado, a partir de 1957, asumiendo como director de la Compañía de Revistas "Bim Bam Bum".
Cuando el espectáculo fue presentado al público en el Teatro Ópera, la calle Huérfanos estaba lejos de ser el paseo peatonal de hoy. Por ella corría bastante tráfico de vehículos que se vería aún más perturbado por la cantidad de automóviles que estacionaban los clientes que iban a ver el show, algunos muy lujosos y elegantes. Tres presentaciones diarias y los siete días de las semanas abierto llegó a estar el Teatro Ópera, con filas de asistentes que a veces rodeaban la cuadra. Rakatán llegó a contar más de mil personas para la fila del Follies Bergére de París cuando se presentó en el teatro, trayendo a la despampanante Xenia Monty que, desde, entonces se incorporaría al equipo de artistas de Buddy Day.
Distinguidas personalidades y matrimonios acudían hasta los palcos y el público más popular en las butacas, aunque se recuerda que la mayoría de los caballeros preferían acudir solos o acompañados de amigos, pues el show todavía era visto como algo muy ajeno a la vida familiar. En 1954, por ejemplo, se presentaban las revistas tituladas "Cocktail de Bellezas" y "Capricho español", con participación protagónica del ballet de Eugene D'Arcy. En 1961, presentaron en diciembre la revista "Año Nuevo... Curvas nuevas" de Retes y Day, aclarando ya en el nombre el contenido sensual de las presentaciones. Al año siguiente, la cartelera ofrecía tres funciones diarias a partir de las 19 horas con la revista "Adán, Eva y... el otro", más la participación de la cantante nacional Camila y del "Thino's Ballet".
Crecía la fama del teatro fuera de las fronteras, y así había más interesados en subir a su escenario. En 1967, su cartelera anunciaba "Batifogosas en acción" con el cantante español Angelillo, Carmen Álvarez, Beatriz Daudet y el trío brasileño "Pegao". Hacia la misma época se presentaba también la orquesta japonesa de tangos "Sakamoto". Nano Acevedo recuerda en "Los ojos de la memoria", que otras visitas ilustres fueron las gemelas de "Dolly Sisters" y "Los Panchos" en el breve período en que Raúl Shaw Moreno formó parte del trío de boleristas, además de Pérez Prado y su orquesta. Este último le habría puesto la música a las movedizas caderas de la bailarina Tongolele, durante su presentación en el Ópera, según la información con la que contamos.
La leyenda cuenta que los directores y artistas del espectáculo traían orgullosos a visitantes venidos desde grandes centros bohemios del mundo en esos años, como los de Manhattan, París o Buenos Aires, para impresionarlos con el despliegue escénico y la calidad de los shows de este lugar perdido en las guías turísticas. Fuera de las posibles exageraciones, en lo que no hay duda es en que se trataba del más importante espectáculo de este tipo en Chile, además de uno de los que alcanzó más longevidad, con una gran rotación de personajes y actores. En su marquesina se leyó por años la frase "THE BEST SHOW PLACE OF THE CITY".
El recuerdo melancólico y romántico de la compañía "Bim Bam Bum" ha elevado especialmente a las ninfas que estuvieron a cargo del espectáculo y de las que ya veremos más, pero la verdad es que un soporte esencial de estas revistas era también el humor. Los comediantes a cargo de esta tarea fueron innumerables, destacando Manolo González con sus rutinas irreverentes de corte político, además de sus colegas Gabriel Araya, Chito Morales y Humberto Gambino, como lo recuerda un suplemento digital del diario "La Cuarta" titulado "El Bim Bam Bum era un pedazo de Europa en calle Huérfanos". El enano showman mexicano Tuntún, el "Cantinflas Peruano" Milos Velarde, el mimo Oberón y Tommy Bikert con sus pájaros comediantes, también llenaron de risas y alegrías el teatro.
Así, una pléyade de artistas de los espectáculos nocturnos comenzarán a hacer fila por ese escenario que conocieron "Los Perlas", "Los Caporales", el bailarín argentino Eric Zepeda y los humoristas Eduardo Thompson, Chicho Azúa, Guillermo Bruce, el dúo "Los Morisquetos" de Helvecia Viera y Eduardo "Chico" Aránguiz, Gilberto "Fatiga" Guzmán, Tato Cifuentes con su muñeco Tatín y Sergio Feito, quien entró trabajando como partiquino en el teatro. Conocidos libretistas y coreógrafos también pasaron por el Ópera, como Oscar Fernández, Paco Mairena, Rafael García, el argentino Pedro Sombra y el gran comediante Jorge Pedreros, quien trasladó mucha de su experiencia en teatro de variedades hasta el programa de televisión "Japenning con Ja". Eugenio Retes, por su parte, actuaba junto caricatos y actores como Gabriel Araya, Eduardo Gamboa y Salvador Cicero.
Xenia Monty, gran vedette francesa que llegó a Chile desde el célebre "Follies Bergére" de París al Teatro Ópera. La imagen debe haber sido tomada entre 1953 y 1960 por Alfredo Molina La Hitte (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
Iris del Valle, en imagen del archivo Proyecto Cabaret.
LAS MUSAS DEL SHOW
Las mujeres fueron importantísimas en la historia del Teatro Ópera y la atracción de sus shows, como cotizadas vedettes entre las que destacaron Wendy, Maggie Lay, las célebres hermanas Ubilla, la show-woman Fresia Soto y las hermanas Guerrero, emigradas después al medio televisivo. La versátil Sussy Montrey incluso actuaba en varios de los bloques del "Bim Bam Bum" y en el Tap Room, incorporada a la cartelera casi desde los inicios del Teatro Ópera. Lilian de Río fue otra estrella que tuvo ocasión de demostrar su múltiple oficio y talento en el elenco, actuando en varia secciones y mostrando sus virtudes físicas.
Dada la ventaja que llevaban en el Río de la Plata con estos espectáculos y el enorme tamaño de su escena local, fueron sensación en la historia del teatro las presentaciones de destapadas argentinas como Rita Montessi, Christiane Collivino, Susana Brunetti, Alicia Márquez, Moria Casán, Thelma Carió, Nélida Lobato, Hellen Grant, la enorme Thelma Tixou, las hermanas Ethel y Gogó Rojo y las también hermanas Inés Marcó y Mary Marcel. Otras, como la gran Egle Martin, que llegó a Chile prácticamente sin experiencia en las tablas, fue ovacionada en las funciones y su carrera internacional impulsada precisamente desde el Teatro Ópera.
Con la llegada de Eugene D'Arcy y su Ballet, en esos primeros años de funciones, arribaron en el Ópera también bellezas rutilantes nacionales y extranjeras como Luby Martin, Elvira Mayo, Lilian Montes, Lily Morel, Yoly Montrey, Nancy Lezika, Jenny Clark, Raquel Romay, Gladys Keller y Elsa Villa. Al elenco del teatro se sumaría poco después la multifacética Celia Castell, guitarrista, danzarina y actriz políglota, además de la bailarina, actriz y cantante española Margarita Sierra, la vedette "Venus de Madrid" Amparito Castro y la eximia cantante brasileña Dalva de Oliveira.
Muchos sketches humorísticos eran actuados con musas no menos cotizadas del ambiente, como la gran Iris del Valle, apodada "La Pelá" por el nombre de uno de sus principales personajes, quien estuvo en el "Bim Bam Bum" desde los inicios del teatro. Un gran equipo de chicas bailarinas formaba parte de estos elencos, al que se sumaron por temporadas destacadísimas figuras como la hermosa Gaby Cousin (esposa de Lucho Arenas, de "Los Caporales"), Ruth Keller, Martita Erices, Tati Segura con su metro 80 centímetros de altura, la "Francesita del Twist" Monique Garbó y, ya en sus últimos buenos días, la cantante Rosita Salaverry y la audaz actriz Peggy Cordero, que parecía adorar la desnudez sin falsos pudores ni timidez.
Corrían historias sórdidas, además, sobre las posibilidades de relacionarse con algunas de las estrellas o, cuando no, con cualquiera de las varias chicas del staff del cuerpo de baile. Las más bellas solían ser cortejadas y colmadas de regalos de sus admiradores, enviados hasta sus camarines, aunque no había que equivocarse en las observaciones: alguna vez actuó en su escenario también el grupo artístico "Blue Ballet", compuesto por los bailarines y cantantes travestidos de la boîte "Bozzanova", de la inolvidable Tía Carlina en Vivaceta. También se presentó en sus tablas la cantante, actriz y vedette francesa Coccinelle, primera figura del espectáculo transexual, nacida hombre para decepción de muchos que supieron de ella sólo al ver su nombre destacado en los anuncios.
Las anécdotas protagonizadas por las chicas del bataclán fueron miles, algunas bastante controversiales. Una de ellas sucedió cuando comenzaron los codazos de celos entre las figuras femeninas del show y, así las cosas, la mítica Isabel Ubilla, hastiada de las imprudencias y manoteos de una vedette, se abalanzó sobre ella clavándole uno de los tacos de sus zapatos en la cabeza. Sin embargo, la agredida aparece en algunas fuente como Diana Monti, y en otras como la destacada francesa Xenia Monty.
Más clara está otra célebre pelea de gatas que tuvo lugar en el verano de 1962, cuando la ya madura Iris del Valle enfermó y no pudo presentarse en el Teatro Ópera. Con su buen ojo, el actor y director Eugenio Retes sugirió que una joven corista y vedette la reemplazara en aquella función: nada menos que la querida comediante Patty Cofré. Lo hizo tan bien y con tan buena crítica que Iris estalló en celos y cólera, atacando después a la muchacha en el camino a los camarines y exigiendo a Buddy Day sacarla de la revista, en lo que fue un tremendo escándalo para comidillo de la prensa de espectáculos. Como Iris era la actriz más importante e influyente de la compañía también integrada entonces -entre otras figuras- por Érika Nobel, Day accedió muy a su pesar y reemplazó a Patty por la famosa "Pitica" Ubilla. Para infelicidad de Iris, sin embargo, Patty Cofré de todos modos se convertiría en una de las más importantes actrices nacionales de revista y comedia popular, con una vasta trayectoria todavía en plena vigencia.
Fachada del Edificio Ópera.
Vista del actual acceso del edificio, en el costado del portal antiguo del teatro.
LA DESAPARICIÓN DEL TEATRO
El "Bim Bam Bum" resistió embates económicos y sociales, convirtiéndose casi en un símbolo final de la época de la revista chilena. Se cuenta que comenzó a decaer con el alejamiento del público de las salas durante el clima social que se enrareció en el Gobierno de la Unidad Popular, y que la compañía entró en definitiva crisis después del Golpe Militar, terminando ya la época luminiscente del Teatro Ópera. Su fundador colocó a sus hijos Juan Antonio y Julio Felis en la dirección del espectáculo, instancia en la que este último conoció a la bailarina y vedette Raquel Ubilla, con quien contrajo matrimonio. Sin embargo, con la debacle de la bohemia chilena por las restricciones horarias, Buddy Day y su familia emigraron a Buenos Aires a continuar con sus negocios del espectáculo allá, falleciendo en 2010 ya convencido de que la época de la revista había quedado para siempre atrás, en todo el mundo.
Como anticipo de un inminente final, el lugar fue convirtiéndose en una sala de películas muy lejana al glamour del pasado. Manolo González hasta fue amonestado y censurado, en 1980, por no medirse en sus chistes de contenido político y contingente. Así, el golpe dado por la caída de la vida nocturna y la crisis económica planetaria de 1982-1983 alcanzó al teatro de revistas, en una época en que la televisión ya era el principal medio de entretención de la sociedad chilena. Los dos shows nocturnos que sostenían al Teatro Ópera habían comenzado a peligrar hacía tiempo ya, cuando sus funciones, que tradicionalmente comenzaban a las 21.40 y luego a las 23.20 horas, debieron ser trasladadas a horas muy tempranas, a las 19 horas.
Muchos de los profesionales del "Bim Bam Bum" fueron mudándose del Teatro Ópera. Varias de sus vedettes emigraron al menos luminoso local del "Mon Bijou", junto a la Plaza de Armas. Algunas no terminaron muy bien sus días, según se rumoreaba. Cantantes y músicos apostaron a carreras independientes y algunos de los empleados, libretistas, electricistas, iluminadores, escenógrafos y tramoyas, encontraron posibilidades en el creciente medio de la televisión.
Largos conflictos judiciales sobre el edificio del teatro, comenzaron a hacer más difícil la posibilidad de mantener vivo el teatro de revistas, siéndole reconocida la propiedad a la sucesión de los antiguos dueños originales, precisamente por esos años. Los propietarios decidieron venderlo a un proyecto inmobiliario que iba a levantar en él un gran edificio, con una sede bancaria en los bajos. Por singular paradoja, pues, este antiguo lugar de la dirección de calle Huérfanos que había nacido como banco, volvería a ser tal.
Echada la suerte de la sala, la última temporada de shows que conoció el Teatro Ópera fue "Con la camiseta puesta", del humorista Coco Legrand. Cerró sus puertas el domingo 14 de diciembre de 1986, en horas de la noche. Algunos de los veteranos artistas que pasaron por su escenario en distintas épocas, estuvieron en la triste despedida. Fue un gran golpe para el medio artístico nacional, que había encontrado en el teatro una verdadera escuela y práctica de formación. Guillermo Bruce bromeaba después, en sus rutinas, hablando de los "cesantes del Bim Bam Bum" para referirse a su gremio de humoristas.
El edificio fue demolido y convertido en conjunto más moderno, dotado de oficinas y de una galería comercial interior, además de las dependencias bancarias. El proyecto arquitectónico estuvo a cargo de Escipión Munizaga y José García-Huidobro, mientras que la ejecución de obras fue realizada por la firma SEL S.A. Constructores. El flamante Edificio Ópera (así llamado en recuerdo del anterior), fue inaugurado en 1989.
Quedan aún algunos vestigios de la época bohemia de estas cuadras de Santiago Centro, del "Broadway Santiaguino", por supuesto. Aún está la galería del ex Teatro España y, enfrente, la del ex Teatro Astor, junto a las actuales obras del demolido Imperio; en la esquina de San Antonio con Huérfanos, está el vecino edificio del ex Hotel Victoria; cerca, en la esquina opuesta, la Galería del Ángel, donde gobierna la Sala del Ángel nacida en 1971 por iniciativa de la comediante Anita "Desideria" González, espacio que cayó en decadencia pero que fue recientemente rescatado. En la otra esquina se encuentra la galería del restaurante "Le Due Torri", clásico que alguna vez fue sede de visitas internacionales y grandes personalidades, atracción de periodistas y escritores como Tito Mundt en los mismos años de esplendor del "Bim Bam Bum".
Del antiguo Teatro Ópera, en tanto, sólo se conservó el nombre y la elegante fachada con el semicírculo del frente del teatro, accesos del actual recinto, mantenidos en pie por petición expresa de la Municipalidad de Santiago a los encargados del proyecto del Edificio Ópera. La entrada de lámparas colgantes a este lugar recuerda vagamente cómo era el vestíbulo original del teatro.
"Edificio Ópera", sobre el acceso.
Sala hall después del ingreso, en la zona de ascensores.

NOSTALGIAS REVISTERILES DEL TEATRO ÓPERA (PARTE I): EL MAESTRO BUDDY DAY Y LOS DÍAS DEL "CASANOVA"

Buddy Day y sus músicos, en 1942. Fuente imagen: MemoriaChilena.
Coordenadas: 33°26'21.42"S 70°38'55.58"W
Sucedió otra vez, pues: mi pareja y sus quehaceres académicos me han hecho escarbar en archivos que aún conservo sobre el viejo Santiago de Chile, encontrando algunas anotaciones y fotografías sobre la reluciente época del Teatro Ópera que, por primera vez, me tomaré la molestia de reunir en un mismo texto y publicar acá, completando otro de los muchísimos artículos que dejé pendientes hace quizás más de una década ya, cuando comencé con estos asuntos de investigación urbana.
Habrá que remontarse de nuevo, en este blog, hasta los días de la más romántica y recordada bohemia chilena, hacia mediados del siglo XX, cuando parecía que los clubes, boîtes y dancings estaban en su apogeo calórico.
Las interminables noches de teatro picaresco y de frivolidades se alargaban con los bailables de chachachá, foxtrot, jazz o mambo, por lo que no era extraño que se formaran verdaderos barrios de jolgorio en torno a los locales que eran sedes de la entretención revisteril, cuyos personajes fueron retratados por la cámara de Alfredo Molina La Hitte, Julio Bustamante y David Rodríguez Peña, entre otros. Eso sucedió con el céntrico barrio del Teatro Ópera, destacando figuras femeninas que hicieron época en distintos períodos de esta historia, como Iris del Valle, la multifacética Carmen Thalía, la vedette Eva González o la española Chechi March. Se cuenta que también hubo femmes-fatales de este medioambiente noctámbulo, como una apodada La Gata y otra de nombre artístico D’Arcy. Según la leyenda, varias reventaron tantos corazones como bolsillos y, cerca de sus propias sombras esbeltas, merodeaban sofisticados personajes del mundo del hampa como el Cabro Eulalio, el Nimbo, el Rucio Bonito o el Negro Carlos, entre muchos otros.
El más famoso de los shows chilenos de revistas, humor y chicas esculturales, sin duda fue el "Bim Bam Bum" del Teatro Ópera, en calle Huérfanos 835 de Santiago Centro, entre la actual Galería España y el edificio del ex Hotel Victoria. Iniciativa del empresario y director musical Buddy Day, este sitio surge tras una primera experiencia suya allí en el mismo edificio, con la fundación del "Casanova", del que aquí hablaremos tanto como lo permita la poca información disponible y a mano.
Detalle de una vieja postal fotográfica de Adolfo Conrads, hacia la década de 1920, con el sector del edificio blanco del Banco Germánico (futuro "Casanova") junto a la gran tienda Gath & Chaves, atrás hacia el centro de la calle. Se alcanza a distinguir el hemiciclo de su fachada, con la entrada principal que aún conserva el Edificio Ópera.
Aviso del Banco Germánico de la América del Sud en 1929, entidad que ocupaba el edificio de Huérfanos, después convertido en el "Casanova" y, más tarde, en el Teatro Ópera. Hoy es el Edificio Ópera.
EL LEGENDARIO BUDDY DAY
Hay un nombre que marca fundamentalmente el origen "Casanova" y, poco después, del Teatro Ópera y del "Bim Bam Bum": Buddy Day, el alias artístico del destacado director de música y espectáculos de origen uruguayo Antonio Felis Peña, que apareció alguna vez usando también los pseudónimos Félix Peña y Buddy Félix.
Nacido en Montevideo en 1912,  este inolvidable personaje tendría una vida muy relacionada con el ambiente bohemio, tras abandonar sus estudios en medicina y viajar a Europa en 1933 en lo que se suponía iban a ser vacaciones, pero quedándose por más de lo que él mismo hubiese creído. Sin embargo, se vio arruinado por malos negocios y por su poca austeridad en Montecarlo, situación que le obligó a experimentar para subsistir: primero como guía de turistas argentinos y uruguayos, y luego como director y arreglista de jazz, aprovechando sus conocimientos musicales y su experiencia con instrumentos, pasión que había comenzado a cultivar a los tiernos 8 años.
Por fin, en ese último intento de conseguir sustento, la fortuna comenzó a sonreírle a Felis Peña asumiendo el apodo de Buddy Day y fundando su propia orquesta, la que llegó a ser comparada con la de Ray Ventura e incluso considerada mejor que la suya entre algunos críticos. Por ahí hay quienes sospechan que el nombre artístico del uruguayo se basaría en el del conocido jazzista francés. Tocando el éxito, entonces, emigró desde Francia hasta los Estados Unidos, estableciéndose en Hollywood donde estudiaba cinematografía sin dejar su encanto por los instrumentos. Esta experiencia sería fundamental para el proyecto de espectáculos que traería poco después hasta Chile, pero volvería de dejarlo corto de recursos y con urgencias a la vista.
En tanto, desde 1935 se encontraba en nuestro país su hermano Eduardo Felis Peña, trabajando para la firma Arquitectura Sanitaria S.A. de la que llegó a ser gerente. Podría haber sido alguna recomendación de él, según parece, lo que convenció o motivó a Buddy Day para mover sus binoculares mirando hacia Chile y probar suerte allí, en la década siguiente, en un medio recreativo donde ya destacaban artistas emergentes y promesas de la escena.
Iba a comenzar, así, la etapa más exitosa en la vida del aventurero uruguayo, como empresario del mundo del espectáculo y de la entretención nocturna.
Cabe hacer notar que Day estaba destinado a relucir en esta área, en la que recién se introducía por entonces. Entre sus grandes aportes y logros como empresario de espectáculos en Chile, estuvo traer a la danzarina nudista Josephine Baker, audaz mulata norteamericana nacionalizada francesa que también hizo presentaciones en la sala del Hotel Victoria vecina al Ópera, y quien, a pesar de su prestigio y de ser una de las primeras actrices cinematográficas de color, terminó su vejez bailando casi desnuda en París para poder alimentar a los varios niños que había adoptado. Empero, el director no tuvo el mismo resultado al traer a la cara y exigente Marlene Dietrich, advirtiendo que no prendió tanto en el público como esperaba.
"Bailando en el Casanova", Buddy Day y su Orquesta (1946).
NACE EL CLUB "CASANOVA"
Volviendo al momento en que Buddy Day llega a Santiago tras agotar todo su dinero en Hollywood, no tardó en zambullirse en el ambiente de locales como el "Olimpia" y el viejo cabaret "Zeppelin". Hizo algunas presentaciones en la boîte "África" de calle Moneda y después fundó el café "Esplanade" en un segundo piso de Teatinos con la Alameda de las Delicias, gracias a "la ayuda de algunos amigos (y también buenas amigas)", según anota con cierta picardía Rakatán. Además, se enamoró en Chile de doña Marta Kaulen, hermana del cineasta Patricio Kaulen, contrayendo matrimonio con ella y echando raíces en el país por muchos años más, pues acá nacerían sus hijos Manuela, Julio, Juan Antonio y Hugo Horacio.
Poco después de fundar el café "Esplanade", que duró algunos años antes de hacerse vapor, Day se unió al periodista chileno-español Boby Deglané para fundar un nuevo pilar de su ingenio y emprendimiento: la elegante boîte "Casanova", aunque Tito Mundt dice en "Las banderas olvidadas" que su socio en esta prueba fue Mao Rojas. El nombre del local guardaba directa relación con su famoso tema slow-fox "Bailando en el Casanova", interpretado por él y su orquesta y grabado para la RCA Víctor en 1946, precisamente cuando completaba su proyecto de abrir la boîte.
El lugar escogido para el club y centro de eventos fue un edificio ubicado en calle Huérfanos, entre Estado y San Antonio, que había ocupado hasta hacía poco por la sede en Santiago del Banco Alemán-Sudamericano, conocido más exactamente como el Banco Germánico de la América del Sud. El bello inmueble de estilo neoclásico, levantado hacia los años que siguieron al Centenario Nacional, había sido confiscado a la casa bancaria recientemente, en plena Segunda Guerra Mundial, a causa de la ruptura de Chile con los países del Eje y respondiendo a las presiones de los países aliados para debilitar las operaciones de los alemanes en Sudamérica. Fue así como lo tomó Day para adaptarlo y albergar en él su proyecto del "Casanova".
Luego de modificar severamente el interior del edificio con una radical remodelación, transformándolo así en lugar apropiado para los eventos y espectáculos, lo reinauguró como el "Casanova" hacia fines del verano de 1947 (según otras fuentes, a mediados de 1946), club que se inscribe casi en la mitología de la historia de la bohemia chilena a pesar de su corta duración. Conservó del inmueble anterior parte de los salones interiores y la fachada del ex banco, donde ahora se observa el hemiciclo frontal del acceso, que quedó por entonces un poco escondido tras la marquesina y el área de las boleterías. Interiormente, tenía un excelente palco, graderías, pisos alfombrados y finas lámparas colgantes. Para Mundt, el "Casanova" simplemente "ha sido la boite más elegante que ha tenido Chile".
Buddy Day y su orquesta tocaban en vivo en el club, con arreglos y piezas que semejaban a las refinadas representaciones de Hollywood que él conocía bastante bien, con su paso por esas tierras. Subieron al escenario también figuras como Leo Marini y el tanguero Alberto Lago. Las hermanas Violeta e Hilda Parra pasarían por el recién inaugurado lugar, en la época en que tocaban tonadas populares y boleros. Violeta fue acompañada de su hija Isabel a varias de estas presentaciones en vivo.
Sin embargo, la fama y publicidad del "Casanova" no fueron suficiente para contrarrestar los efectos de la post Segunda Guerra, y Buddy Day lo cerró en 1952, alegando quiebra. La irregularidad del público y ciertos conflictos sindicales con los artistas conspiraron para el éxito del proyecto. La leyenda de una niña fallecida accidentalmente durante los trabajos de remodelación del lugar, de la que hablaremos cuando nos refiramos ya a la etapa del Teatro Ópera, hizo creer a algunos que pesaba alguna clase de desgracia o infortunio sobre el establecimiento, y que por esa razón había debido cerrar sus puertas.
Sin embargo, Day no tardaría en demostrar que podía quebrar maldiciones. Con el ex "Casanova" aún reducido a un inocente rotativo, el músico y empresario comenzó a trazar rápidamente la idea más ambiciosa que fue capaz de concebir, gestándose así lo que iba a ser, poco después, su gran acierto en la historia de la bohemia y la noche chilenas: el Teatro Ópera y la Compañía de Revistas "Bim Bam Bum" (ver entrada siguiente).
Buddy Day en la revista "En Viaje", 1966.

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