miércoles, 30 de diciembre de 2015

LAS AVENTURAS DE LUIS OMAR PAGE RIVERA, UN PILOTO CHILENO ENTRE LOS PIONEROS DE LA AVIACIÓN MUNDIAL Y SUS PRIMEROS HÉROES

Fuente imagen: Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas.
Durante el año 2003 y con motivo del centenario del vuelo de los hermanos Wright, tuvo lugar en Santiago de Chile un interesante ciclo de charlas organizadas por el Centro de Estudios Históricos Lircay  y el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, con participación de miembros del Instituto de Investigaciones Histórico-Aeronáuticas de Chile y de algunos de los descendientes de los próceres de la aviación chilena, con quienes tuve el gusto de compartir ilustrativas mesas de charlas, exposiciones y algunos almuerzos. Con el mucho material que por entonces cayó en mis manos redacté después, acá mismo, un artículo dedicado al primer vuelo chileno realizado por el aviador César Copetta.
Impresionante la desidia de la memoria histórica chilena para con sus propios aviadores civiles y militares, que tuvieron papeles protagónicos en el impulso de la aeronáutica mundial. Sorprende también cómo se repiten tantos eslóganes antibélicos y pacifistas de moda en toda clase de asuntos históricos y conmemorativos, con pretensiones "revisionistas" forzadas hasta en instancias en que llegan a lucir absurdas, mientras que los verdaderos héroes de paz pasan rápidamente al olvido o el desconocimiento por estos mismos predicadores. De entre la larga lista que podría reunirse, destacan como ejemplos:
  • El propio César Copetta Brossio y su hermano Félix, en el primer vuelo de Chile realizado en la Chacra Valparaíso de Ñuñoa, en 1910.
  • El General Arístides Pinto Concha, que en su cargo de Inspector General de la Aeronáutica (1910-1913) está entre los fundadores de la aviación americana con la creación de la Escuela de Aviación.
  • Su sobrino y ahijado el Capitán Manuel Ávalos Prado, con el primer vuelo chileno de un avión militar, en 1913.
  • Cecil Stanley Grace, hombre de mundo nacido en Chile y precursor de la aviación inglesa, primer aviador desaparecido en la historia, en 1910.
  • Teniente Eduardo Molina Lavín, primer aviador nacional y oficial del Ejército de Chile en servicio activo que volaba regularmente en el país.
  • Luis Alberto Acevedo, valiente piloto fallecido en el primero de los intentos de unir Santiago y Concepción, constituyéndose como primer mártir de la aviación nacional en 1913.
  • Clodomiro Figueroa Ponce, impulsor del primer correo aéreo establecido en Chile y Sudamérica, primer realizador de un vuelo en el circuito Batuco-Valparaíso-Santiago, en 1913, seguido de una serie de vuelos y exhibiciones por el territorio.
  • El Teniente 2° Francisco Mery Aguirre, uno de los primeros acróbatas aéreos y primer mártir de la aviación militar, accidentado en Lo Espejo a principios de 1914.
  • El temerario Teniente 1º Alejandro Bello Silva, también conocido por su misteriosa desaparición en 1914, primer mártir de la aviación chilena que perece perdido en vuelo.
  • Dagoberto Godoy Fuentealba y su vuelo de 1918, primero en atravesar la Cordillera de los Andes exitosamente, cumpliendo con el sueño trágicamente truncado de Acevedo.
  • El incomparable José Luis Sánchez Besa, impulsor de la aviación francesa y de la industria aeronáutica, con un gran currículo al respecto en París, entre 1905 y 1914.
  • Emilio Edwards Bello, otro pionero de la aviación europea con los primeros vuelos de Berlín y Hamburgo, en 1909.
  • El Coronel Pedro Pablo Dartnell Encina, impulsor de la Aeronáutica Militar y fundador de la Escuela de Aviación del Ejército de Chile, en 1913.
  • Emilio Castro Ramírez, con cursos en Francia y uno de los pioneros de la aviación en territorios rurales de Chile, fuera de la capital.
  • David Fuentes Sosa, que logra el primer raid nocturno sudamericano en el avión "Talcahuano" entre Talcahuano y Concepción, en agosto de 1914, y que también rompe marcas al volar a 3.150 metros de altura y el primero record sudamericano de distancias.
  • El Sargento Adolfo B. Menadier Rojas, otro de los primeros chilenos en recibir instrucción de vuelo en Europa, sufriendo un mortal accidente en 1914, sobre el fundo "La Esperanza" mientras intentaba un vuelo sobre casi todo Santiago.
  • Y por supuesto, el Comodoro Arturo Merino Benítez, prócer de la aviación chilena, fundador del Club Aéreo de Chile, del Servicio Aerofotogramétrico, de la Fuerza Aérea de Chile y de la Línea Aérea Nacional (LAN), cuyo nombre -paradójicamente- hoy quiere ser retirado del aeropuerto internacional de Santiago.
Desde esos años tengo pendiente, entonces, publicar algo para abonar a la memoria de un gran miembro de esta lista heroica: el piloto Luis Omar Page Rivera, comandante de escuadrilla de la Fuerza Aérea de Chile con destacadísimas hazañas en otros países de América y de Europa. Gran parte de la lucha contra el olvido sobre sus logros la dio su propio hijo, Luis O. Page Adriazola, a quién conocí también en las ponencias del comentado ciclo conmemorativo de 2003, aunque otros trabajos notables como "Historia de la aviación chilena" de Vicente Salsilli y "La historia aeronáutica de Chile" de Enrique Flores Álvarez, han puesto también su parte.
Saldaré esta deuda ahora, por supuesto. La lista de próceres que he puesto más arriba me ahorrará tener que intercalar referencias para esto, además, porque la vida de nuestro personaje se cruza necesariamente con varios de ellos.
Imagen del vuelo de Copetta en el fundo ex Chacra Valparaíso, 1910.
HACIENDO HISTORIA EN CHILE
Luis Omar Page Rivera nació en Talca, el 15 de noviembre de 1889. Terminados sus estudios en su ciudad natal y en Valparaíso, viajó a Santiago para entrar en la Escuela de Artes y Oficios, haciendo su servicio militar en 1909 en el Batallón de Ingenieros N° 2 "Puente Alto". Dos años después, se relaciona con los hermanos Copetta quedando cautivado por la floreciente actividad aeronáutica que han iniciado en el país, asociándose con ellos para comenzar las primeras experiencias de vuelos sistemáticos por el país en 1912.
En 1913, postula e ingresa a la flamante Escuela de Aeronáutica promovida por el Coronel Dartnell y el Capitán Ávalos. En su generación correspondiente al primer curso de la escuela, estuvieron otros destacados pilotos como los mencionados futuros mártires Bello y Menadier. A los pocos meses ya ha alcanzado el rango de Sargento, habiéndose graduado como tercer piloto militar del Ejército de Chile en septiembre. Menos de dos semanas después, piloteará uno de los cinco aviones que, durante las Fiestas Patrias de 1913, realizan los primeros vuelos de la escuadrilla en Chile, junto a los tenientes Urzúa, Mery y Urrutia, dirigidos por el Capitán Ávalos.
Poco después, sería designado Comandante de Escuadrilla, realizando los primeros vuelos acrobáticos de Viña del Mar y los segundos de Chile después del intrépido italiano Bartolomeo Cattaneo. Hacia fines de año, pilotea el avión "Batuco" donde vuela por segunda vez conocida una mujer chilena: doña Elena Moore de la Paz. El "Batuco" es el primer avión enteramente armado en Chile, además. El Presidente Ramón Barros Luco y su ilustre visita, su par de los Estados Unidos Mr. Theodore Roosevelt, lo ven cruzando el cielo ese mismo año.
Page Rivera se retira con grado de Sargento, para retornar al mundo civil a inicios del año siguiente. En este activo período realiza en Santiago el primer vuelo nocturno, el 27 de febrero de 1914, otra vez a bordo del "Batuco" de los hermanos Copetta, despegando desde el Club Hípico y regresando tras media hora al mismo campo. De acuerdo a lo escrito por Flores Álvarez:
"Los primeros vuelos nocturnos en el mundo se habían llevado a cabo en Francia por Enrique Farman el año 1910 en un biplano de su construcción, iluminado con faroles de papel. Con posterioridad en Europa algunos aviadores se habían atrevido a volar de noche tomando toda clase de precauciones, tales como elegir noches con luna, encender grandes fogatas, despejar los obstáculos vecinos al campo de aviación, etc.
El viernes 27 de Febrero de 1914 no menos de cinco mil personas se reunieron en el Club Hípico al anuncio de que Page se elevaría en medio de la obscuridad de la noche con su avión totalmente iluminado".
Según los registros de control de marcas del Aeroclub de París, éste sería el primer vuelo de tales características de América, aunque debe comentarse que en Argentina habría evidencia sólida de otro vuelo nocturno realizado en 1910. Page Rivera ejecuta después el primero de este mismo tipo de vuelos nocturnos en Los Ángeles.
Su primer gran viaje al extranjero como piloto profesional, lo realizará en este mismo tramo de tiempo cuando es invitado por su compatriota Sánchez Besa a París, en 1914, para observar el desarrollo de la industria aeronáutica y realizar acrobacias en una exhibición ante las autoridades. Page Rivera viaja a Francia con Félix Copetta, cotizando modelos de aviones para comprar y ofrecer mejores exhibiciones en Chile. Su temeridad asombró a los presentes durante el encuentro de París y casi causó pavor, según nos comentaba su hijo 90 años después compartiendo los recuerdos de su padre.
El 16 de agosto de 1914, regresado ya a Chile con Copetta, toca puerto en Punta Arenas el barco que trae el elegante avión blanco que han comprado en la fábrica de Sánchez Besa: un monoplano acrobático Bathiat-Sánchez 60 HP. Ni bien lo descarga y lo prueba, realiza a los pocos días, el 23, el primer vuelo sobre el Estrecho de Magallanes, que siguiera siendo por largo tiempo más el más austral del mundo, con vertiginosos looping the loop incluidos. Ha bautizado "Punta Arenas" a su nave, en agradecimiento a la cordialidad y amistad que le demostró la ciudad a su ilustre visita. La prensa local había anticipado la espectacularidad de sus acrobacias anunciando que el piloto "realizará unas arriesgadas volaciones" (sic).
Poco después, tras llegar a Valparaíso en septiembre, hacía exhibiciones en el Sporting Club de Viña del Mar que causaron asombro por su audacia obligando varias veces a los presentes a arrojarse aterrados al suelo a ver tan encima al "Punta Arenas" piloteado por el intrépido aventurero. Hará la misma gracia en Santiago, el 4 de octubre, agitando los pocos cabellos de Barros Luco y su comitiva, presentes en el encuentro. Antes de terminado el mismo mes, viaja al Sur y ejecuta las primeras acrobacias aéreas sobre Chillán, con el primer vuelo sobre la ciudad de Coronel, donde tendrá un accidente al aterrizar y volcarse por las malas condiciones del terreno, aunque sin grandes daños para él ni para su aparato. El "Punta Arenas" surcó, además, los cielos de Concepción y Talcahuano.
Luis Omar Page y los Copetta armando un avión "Batuco", c. 1913.
HÉROE DE PAZ EN SUDAMÉRICA
El año siguiente de Page Rivera se inicia con sus hazañas desde el mismo 1° de enero de 1915, ganando la primera competencia chilena de aviadores, realizada en la Escuela de Aviación con 14 pilotos civiles y militares, por un circuito de unos 45 kilómetros entre la Base Aérea El Bosque (sede de la escuela) y la colosal Virgen del Cerro San Cristóbal. Es la primera carrera de estas características en Sudamérica, además, por lo que comenzará a explorar la promoción de su nombre y su fama en el resto del vecindario continental.
Así, poco después llevará al "Punta Arenas" hasta el territorio del Alto Perú donde tendría el privilegio de realizar el primer vuelo en la historia de Bolivia hacia mediados de año, en Oruro, un suceso que largamente recordado en la historia aeronáutica de aquel departamento en el vecino país aunque, por el centralismo administrativo y por las cuestiones históricas que distancian al país altiplánico con Chile, el vuelo no siempre es reconocido en la conmemoración boliviana. El suceso ha sido comentado en fuentes como "Alas de Bolivia" de la aviadora potosina Amalia Villa de la Tapia, y fue motivo de homenajes durante este presente año en su centenario, provenientes de la  Sociedad de Historia y Geografía de Oruro (revista dominical del diario "La Patria", 2 de agosto de 2015).
En aquella ocasión, un emocionado Prefecto de Oruro don Eduardo Díez de Medina, testigo de este primer vuelo por el cielo boliviano, enviaba al Presidente de la República don Ismael Montes, el siguiente telegrama festejando los hechos y estampando en la perpetuidad aquel día:
"Hoy 31 de julio de 1915, es la fecha histórica del primer surcamiento de los aires en nuestro país, correspondiendo este gran honor al aviador Luis Omar Page, y al pueblo de Oruro que prestó su suelo y sus aires".
Page Rivera realizó otros varios vuelos importantes en Bolivia durante esas semanas, como Cochabamba, Vica y La Paz, recibiendo un saludo directo del primer mandatario que lo reconoció como precursor e impulsor de la aviación en su país. Recibió una Medalla de Honor de Oruro recordando su proeza, con la imagen del "Punta Arenas" en la pieza.
Como había descubierto ya su potencial competitivo, además, el aviador se presenta también en la primera competencia aérea realizada en Perú, ganando la carrera de Lima de 1915 con 1.000 libras de premio, según lo que informan sus biógrafos y especialmente su hijo.
Sus proyecciones internacionales son cada vez mayores y así, a un tiempo de fallecer en 1914 el destacado aviador argentino Jorge Newbery en un accidente en Las Heras, Mendoza, es contratado para la Escuela de Aviación Civil de Villa Lugano en Buenos Aires, asumiendo como director en 1916. Ese mismo año, el Presidente de la Argentina don Hipólito Irigoyen le solicita le traslade por aire desde Buenos Aires a Bahía Blanca, realizando también el primer vuelo conocido sobre la localidad nortina de Jujuy, de acuerdo a datos aportados por Flores Álvarez, quien agrega que en importancia y relevancia, Page Rivera ha sido "sólo superado en Sudamérica por el paraguayo Silvio Pettirossi".
Ese mismo año, sin embargo, Europa comenzará a aparecerse cada vez más fuerte en el horizonte de su vida, hasta que decide entregarse al destino y trasladarse allá para continuar con sus travesías y marcas, iniciando otra etapa de de sus aventuras que durará más de 20 años. Tras dos años de proezas históricas, entonces, su querido "Punta Arenas" es vendido a la Banda Oriental gracias a una intermediación de su amigo franco-argentino Paul Castaibert, de la industria de los aviones Morane Castaibert, pasando a ser el primer aparato adquirido por la aviación militar uruguaya y utilizado en su propia escuela. El Teniente José Manuel Boizo Lanza fue el encargado de ir a buscar el aparato a Buenos Aires para llevarlo a su patria, al otro lado del Río de la Plata.
De su matrimonio con doña Adelina Adriazola Barrientos, en tanto, verían la luz dos hijos. Empero, tal como sucedería al pionero mundial de la aviación interoceánica Charles Lindbergh, una amarga e irrecuperable pena iba a alcanzar a su bella y amada familia, hiriendo para siempre su corazón de padre, durante este nuevo capítulo de su vida.
Copetta y Page Rivera arriba del "Batuco", primer avión construido en Chile (1912). Imagen de los archivos del Museo Aeronáutico.
EN LA EUROPA DE LA GRAN GUERRA
A fines del año 1916 y por petición de Bleriot, el Gobierno de Francia llama a Luis Omar Page para que asuma la jefatura de los pilotos de prueba de los aviones destinados a combatir en los cielos de la Primera Guerra Mundial, bajo la dirección del Capitán Simon de la Escuela de Combate de Pau. Es presumible que Sánchez Besa y sus influencias hayan tenido alguna ingerencia en esta designación.
Page Rivera marchó raudo a París, entonces, para asumir las funciones en una Europa sacudida por la gran conflagración. En estos servicios trabajará junto al héroe de la aviación local Georges Guynemer, poco antes de la muerte de éste en combate, perfeccionando su llamado motor cañón 37 que sustituiría a las antiguas ametralladoras de los aviones de guerra, disparando desde la hélice con sólo accionar un dispositivo dentro del control del piloto, primero de una secuencia de inventos revolucionarios en la aviación de guerra. De acuerdo a información divulgada por el escritor Víctor Domingo Silva, en su artículo "Chilenos por el mundo" del diario "La Nación" del 19 de septiembre de 1930, tendrá también una penosa tarea en estas funciones, al ser designado "testigo neutral" para observar el proceso de juicio y el fusilamiento en el polígono de Vincennes de la famosísima y ya legendaria bailarina "javanesa" Mata Hari, que en realidad era la espía de guerra holandesa Margaretha Geertruida Zelle.
Al concluir la terrible contienda mundial, el 11 de noviembre de 1918, Page Rivera tenía una categoría tan feliz para él como trágica para Francia: era el único piloto de pruebas que había sobrevivido hasta el final del conflicto, de todos los contratados por el Ejército.
Los aviones habían sido fundamentales en el desarrollo y la definición de la guerra, motivando la campaña pacifista y luego a la depresión del pionero aeronáutico brasileño Alberto Santos Dumont. Por las manos de Page Rivera había pasado un récord cercano a los 2 mil aviones para pruebas antes de ir al combate, especialmente los modelos Spad 7, siendo premiado por estos servicios con la alta condecoración francesa Comendador de la Legión de Honor en Tiempos de Guerra, conocida como la "Medalla de los Héroes", también en 1918 y poco antes del armisticio.
El aviador chileno recorrerá muchos de cielos y pistas del Viejo Mundo apenas se disiparon los humos de la guerra: Suiza, Bélgica, Holanda, Portugal, España, Norte de África, ganando en Francia el Torneo Mundial de Velocidad y el Campeonato Looping the Loop.
Antes de terminado el año, la Compañía Hispano-Suiza fabricante de aviones lo contrató como piloto de pruebas y así nuestro personaje vuelve a preparar sus maletas. Page Rivera logra entregar la escuadrilla de aviones M-5 en diciembre, con las primeras doce aeronaves que se fabricaron para el Ejército de España y que son un antecedente de la prestigiosa industria aeronáutica española actual.
Postal con el "Batuco" haciendo el vuelo nocturno de Page Rivera, en 1914. Esta imagen está actualmente en los archivos fotográficos del Museo Histórico Nacional.
HÉROE DE PAZ, OTRA VEZ
Al año siguiente tiene lugar el Concurso Internacional de Aviación de Madrid, el 18 de mayo de 1919, donde logra el primer lugar ganándole a cerca de 40 de los mejores aviadores del mundo, incluidos prestigiosos representantes del Ejército Británico como el Mayor Darley, además del piloto francés Fronval y el Capitán español Larrocha. El premio fue de 100 mil pesetas en oro.
Dado su prestigio y sus destacados desempeños, Alfonso XIII lo nombra Director de la Escuela de Aviación de España (primera y única vez que ha recaído tal honor en un aviador de América), además de Director de la Base "Cuatro Vientos", en 1920, la misma donde había ganado el concurso del año anterior. Apodado cariñosamente El Chileno, en estas labores ejecuta ese mismo año un encargo especial con un avión Breguet 450 HP, para llevar la abundante correspondencia real hasta los jefes y los combatientes de Marruecos que peleaban contra los moros. En esta misión cubre Madrid, Sevilla y Larache en África, en lo que sería el primer vuelo sobre el Estrecho de Gibraltar y el primer caso de correo aéreo español, además de transportar personalidades según la información publicada por el investigador Erwin Cubillos Salazar a partir de antiguos ejemplares de la "Revista Fuerza Aérea":
"...lleva como pasajeros al Director de la Línea, unos periodistas, al pintor sevillano Lafita y al alemán Walter Scherz, piloto de Zeppelín, más cien kilos de correspondencia junto a la carta personal de S.M. el Rey de España".
Un tiempo después, el General Miguel Primo de Rivera a cargo del gobierno, le concede las insignias de la Condecoración Reina Isabel La Católica, en agradecimiento a sus destacados servicios... ¿Cuántos chilenos sabrán hoy que un compatriota suyo alcanzó tan altos reconocimientos e hitos?
Sus labores continuaron sin grandes sobresaltos, practicando celebradas sesiones de acrobacias y llegando a oficiar como piloto personal de la Reina Victoria Eugenia. Sus exhibiciones son de enorme atención, y convocan a una cantidad de gente tal que no tarda en volverse popular por toda la península. En su sección de crónicas del diario "La Nación" del 29 de diciembre de 1929, Joaquín Edwards Bello se refería así a la impronta vibrante del piloto, en el artículo titulado "Page: el chileno que firmó el cielo de España":
"Podemos decir con Quevedo: lo fugitivo permanece y queda, en las Vistillas, en Chamberi, en las riberas de Curtidores, en todas partes de allá saben que un chileno firmó el cielo de España. Pase lo que pase, fue el primero que se deslizó domando el azul".
En 1923, como director del Aeródromo "Cuatro Vientos" participa allí de otro histórico suceso: piloteará probando el autogiro del ingeniero Juan de la Cierva, apodado "La Cierva", y que es considerado por muchos como el primer helicóptero moderno, ya después de la fase experimental del Rational Helicopter, del inventor argentino Raúl Pateras Pescara. Aterriza en una plaza de toros madrileña causando júbilo popular. Su fama llega a ser tal que los niños españoles jugarían desde entonces en las calles con una hélice de papel clavada en un palito y gritando "¡El Chileno, el Chileno!", mientras la hacían girar como remolino. Fotografías de 1926 lo muestran siendo visitado por el propio Alfonso XIII, en la Fábrica de Aviones de Guadalajara, España. Era ya su último año de servicio para la Compañía Hispano-Suiza. Instalaría también un establecimiento de venta de vehículos motorizados, en Madrid.
Coincidía que, hacia entonces, se había instaurado la dictadura del General Primo de Rivera, pero dimitiendo a inicios de 1930. El gobierno provisorio del Almirante Juan Bautista Aznar llamó a elecciones para el mes de abril del año siguiente y así conquistan los triunfos electorales las candidaturas pro-republicanas, pactadas en el acuerdo político de San Sebastián. Se iniciaron con ello las grandes manifestaciones que obligan a Alfonso XIII a abandonar el país como alma que se la lleva el Diablo, y que permitieron proclamar desde Madrid la Segunda República, liderada por Niceto Alcalá-Zamora y el Comité Revolucionario... Los días donde Page Rivera recibía sólo aplausos y elogios, estaban por terminar.
El avión Bathiat-Sánchez de Page Rivera, siendo probado en Francia, antes de ser embarcado a Chile. Fuente imagen: Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas.
NEGROS NUBARRONES SOBRE ESPAÑA
Desde el intento republicano de 1873-1874 (la "primera" República), España no se había apartado del régimen monárquico. Los choques de intereses y la división de la sociedad española comenzaron a hacerse cada vez más radicales, llegándose a un primer intento golpista en agosto de 1932, dirigido por el General José Sanjurjo. Era el tramo histórico en que el fenómeno fascista de Italia comenzaba a tener émulos en el nacionalismo español, además, conformándose distintas experiencias de organización política que comienza a cuajar con el proyecto de la Falange Española, de la mano de José Antonio Primo de Rivera. Nadie lo sabía en aquel momento de gestación de la Guerra Civil, por supuesto, pero todos estas distribuciones de poderes y luchas eran una toma de posiciones preparativas para lo que sería la Segunda Guerra Mundial que, en muchos aspectos, iba a comenzar en España tres años antes de su fecha oficial de estallido.
Luis Omar Page era amigo personal y colega de alas del Comandante Ramón Franco, hermano del Caudillo Francisco Franco, además de otros fundadores del falangismo, algo que traería trágicas consecuencias en su familia al comenzar las más cruentas escaramuzas políticas de los años treinta y su consecuencia en la Guerra Civil. Por lo demás, muchos personajes del mundo militar pasaron por el Aeródromo "Cuatro Vientos" y, en un proyecto propuesto por el mismo Coronel Franco, planeaban realizar el primer intento de vuelo alrededor del mundo, con el Coronel Jefe Herrera y el Teniente Cubillos, Jefe del Servicio Meteorológico del Ejército. Page Rivera iría en el "Caupolicán", su avión propio, mientras que un quinto invitado era nada menos que el héroe Lindbergh, el primero en cruzar exitosamente el Atlántico y con quien ya se había iniciado una comunicación por correspondencia.
Sin embargo, estas intenciones se quedarían sólo en sueños y aspiraciones, dado el panorama sombrío que se aproximaba con negros nubarrones cargados de crueldad, por sobre los mismos cielos de España que cruzaba con su avión. Al menos desde 1933 el caos se precipitaba sobre las arenas políticas españolas por el cambio sin transiciones desde la monarquía a un régimen democrático que seguía siendo frágil y tambaleante, con una economía a la caída. Era claro que las coaliciones gobernantes no parecían capaces de contener las diferencias intestinas, llegándose así a los levantamientos promovidos por revolucionarios anarquistas y el alzamiento socialista de octubre de 1934, de inspiración esencialmente bolchevique. A las visibles influencias de intromisión extranjera como el stalinismo, se sumaba también el desorden y casi embotellamiento de fuerzas, producidos por los grupos y partidos políticos de todo el espectro tratando de pasar juntos por las mismas puertas estrechas al poder.
Pasados casi dos años más en el limbo, el Presidente Alcalá-Zamora convocó a un nuevo gabinete que asegurara la permanencia del republicanismo y llamó a elecciones para  febrero de 1936, con la izquierda agrupada en el Frente Popular. El resultado de la dividida elección casi fue un empate donde ningún bando llegó a la mayoría absoluta: 47,1% la izquierda y 45,6% la derecha. La mayoría relativa del Frente Popular le permitió tomar el mando y así el Presidente del Gobierno don Manuel Azaña Díaz, formará un gabinete repartido entre las fuerzas del pacto procurando distribuir el tablero de poderes del Estado para la estabilidad de la República, trasladando a los militares nacionalistas a sectores geográficamente distantes y perpetuando el perdonazo para los responsables de los sucesos de hacía dos años.
Pero los hechos estaban desatados y la violencia había llegado a las calles desde los mismos días de la elección del Frente Popular, además de la proscripción de la Falange Nacional y la encarcelación de su líder Primo de Rivera, tras el atentado contra el Diputado Luis Jiménez de Asúa. Grupos paramilitares organizados por republicanos y antirrepublicanos para enfrentarse entre sí, con un ping-pong de muertes que no se cortaba casi desde inicios de aquel año, encendieron más y más las pasiones, los odios y la demencia vengativa. Los primeros ataques a iglesias y conventos aparecerán por esos días, y ni los funerales eran respetados ya, como sucedió con el ataque perpetrado en las exequias de un teniente de la Guardia Civil asesinado en un atentado ocurrido en el Desfile del Quinto Aniversario de la República, por balas que los bandos de derecha e izquierda se imputaban mutuamente. Habían asistido al entierro el líder monarquista "alfonsino" José Calvo Sotelo y otros hombres símbolos del antirrepublicanismo, muriendo seis personas en el ataque. Poco después, el propio Calvo Sotelo caería secuestrado y asesinado por republicanos de la Guardia de Asalto.
El hecho detonante de la inminente Guerra Civil fue la sublevación de la Guarnición Militar de Melilla, en la mañana del 17 de julio de 1936, siendo detenidos los miembros del Frente Popular en la ciudad declarándola bajo Ley Marcial. El General Franco adhiere al levantamiento al día siguiente, en Islas Canarias, perfilándose como conductor de la asonada, iniciando una reacción en cadena incontenible.
En una decisión precipitada que a la larga condenó el destino de la Segunda República y que Page Rivera protestaría enérgicamente años después, Azaña Díaz reaccionó autorizando armar con 58 mil fusiles del Parque de Artillería de Madrid a los grupos revolucionarios de los círculos obreros y a los milicianos, para apagar a los sectores militares que en el interior de la Península estaban prendiendo con el alzamiento de los peyorativamente apodados "moros" sublevados. Se hizo esto contra la voluntad del presidente del Consejo de Ministros don Santiago Casares Quiroga (quien dimitió la misma noche del sábado 18 negándose a cumplir con esta locura) y Diego Martínez Barrio, que lo sucedió por unas horas en el cargo.
Según recordaba el propio Page Rivera, la entrega de armas se ejecutó sin miramientos ni discriminación de responsabilidades por José Giral, apenas se instaló en el cargo vacante. Los milicianos hacían filas para recibir sus rifles o fusiles.
El "Punta Arenas" en Bolivia. Imagen: diario "La Patria".
TRAGEDIA Y TORTURA: SUS DÍAS MÁS TRISTES
Se ha dicho en tiempos posteriores que la mayor parte de las armas que repartió en Madrid el Frente Popular estaban inutilizadas, creencia que otros ponen en dudas. Lo seguro es que fueron calamitosas las consecuencias inmediatas que tuvo esta repartición de fusiles: entre el 19 y 20 de julio, hordas frenéticas y armadas saquearon todo cuando pudieron a su paso, y esa misma noche el negocio de venta de automóviles con que esfuerzo personal había instalado Page Rivera en la ciudad, fue totalmente destruido e incendiado. Cuarenta vehículos Dodge y Plymouth nuevos desaparecieron en este ataque irracional.
Sin embargo, El Chileno no había advertido todavía la gravedad de lo que estaba sucediendo y pretendió ilusamente seguir viviendo en la normalidad, inconsciente de que su proximidad con figuras del falangismo iba costarle carísima; tanto, que la pérdida de su casa de ventas no era nada comparado con lo que venía. Ni siquiera le dio una dimensión de lo que podía esperarle el haber testimoniado en persona el sangriento ataque al Cuartel de la Montaña, luego que el General Joaquín Fanjul Goñi quiso adherir a los alzados esa misma noche, con cerca de mil muertos y más millares de armas caídas en manos de los milicianos, además de los cerrojos para activar muchos de los fusiles de las que ya tenían.
Regresando así desde la oficina hacia su casa en la Calle de los Preciados, muy pocos días después del asalto e incendio a su negocio, se encontró con una escena de pesadilla en horas nocturnas: su hogar había sido arrasado por jaurías milicianas ya fuera de control y liberadas de toda atadura ética, imitando al calco las barridas de las terroríficas chekas del régimen soviético. En el ataque irracional, su hijo mayor de 18 años había sido asesinado sin piedad; su cuerpo fue colgado de un gancho en la puerta de acceso y en su pecho aún sangrante los salvajes habían colocado un cartel con la razón del crimen: "Muerto por ser hijo de un fascista".
Aún sumido en el shock, a las pocas horas los asesinos volvieron a buscarlo y fue detenido por un batallón revolucionario llamado El 1° de Mayo, que lo condujo a su Cuartel Central en el Castillo de Santa Coloma en calle Ríos Rosas con el Paseo de la Castellana, luego de incendiar la casa ya saqueada. Lo arrojaron a las celdas del subterráneo, donde fue torturado varios días buscando forzársele a firmar una declaración que implicara a amigos y correligionarios en cargos de conspiración, pero se resistió al tormento y a los sometimientos ordenados por una caricatura de tribunal popular que decidiría su suerte. Esto, a la larga, serviría para postergar su fusilamiento, pues Page Rivera sabía también que firmando cualquier clase de "confesión" se procedería a ejecutarlo de inmediato. El Chileno salvó dos veces de ser asesinado por esta misma razón, pues necesitaban su declaración, según recordaba tiempo después a su hijo sobreviviente. Horribles escenas de crueldad pudo ver desde su celda en esos oscuros días, como los relató en artículos publicados por el diario "Las Últimas Noticias" cuando estuvo de regreso en su país.
Uno de esos días y por tercera vez, fue conducido a lugar donde debería ser ejecutado, en esta ocasión hasta el Hospital de San Juan. Iba a ser fusilado contra unos paredones del complejo, pues sus captores ya se habían cansado de intentar arrancarle la "confesión". Débil, herido y vencido por la tortura, estaba resignado ya a morir cuando uno de los presentes lo reconoció y partió a avisar discretamente a un amigo suyo que era jefe de la Guardia Civil en el batallón. Así, milagrosamente, Page Rivera fue liberado por el favor de este hombre y escapó de los dedos de la muerte, mientras la euforia criminal de sus verdugos continuaba manifestándose de formas tan descontroladas y grotescas que, como es sabido, llegaron al absurdo de "fusilar" (con pelotón y todo) un retrato al óleo de Cristóbal Colón en el Monasterio de la Rábida, los cuerpos momificados de las criptas de la Iglesia del Carmen de Madrid y la estatua de un Cristo en el Monumento del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles.
Todavía herido, arruinado, con el corazón roto por la muerte de su hijo y sabiendo que seguía siendo un prófugo, Page atravesó una capital española convertida en el Pandemónium, según recordaría después ("Las Últimas Noticias" del sábado 23 de octubre de 1937):
"En esos días Madrid era un caos. Miles de asesinatos inocentes y robos. Las turbas marxistas perseguían implacablemente imponiendo el terror. En ese momento yo estaba perdido, pues era conocido como aviador en Madrid y demás había sido recién liberado, por lo tanto sabía que de ser nuevamente capturado mi fin sería inmediato".
Como pudo, el afligido aviador logra contactar a miembros de la Embajada de Chile y llega por sus medios a la ciudad de Valencia, desde donde se le hacía imperioso y angustiante salir del territorio aún mantenido por los gobiernistas y los cazadores milicianos. Solo, sin recursos y con un rostro reconocible por gran parte de los españoles de la época, su agobiante situación no podía ser peor.
El Rey Alfonso XIII saluda a Page Rivera en la base "Cuatro Vientos", 1919.
PARTICIPACIÓN EN GUERRA CIVIL
Viendo la desesperación de Page Rivera y comprometiendo su propia integridad para tender la mano a los inocentes de aquella guerra fraticida, en Valencia fue gentilmente ayudado por el hidalgo Capitán de Fragata de la Armada Argentina don Mario Casali, a la sazón Comandante del torpedero "Tucumán". Casali, que tuvo similares gestos humanitarios con otras personas, políticos y religiosos perseguidos, logró sacarlo del puerto y llevarlo hasta Marbella donde lo desembarcó. En ese mismo buque dejaría la ciudad de incógnito, en agosto de 1937, el Embajador de Chile en España don Aurelio Núñez Morgado, cuando ya era objeto de la misma clase de acoso por parte de los grupos más violentos de los republicanos y cuando la agresividad no toleraba ni respetaba siquiera al cuerpo diplomático extranjero. En su caso, se debió a su intento de intervenir inútilmente contra la ejecución de dos ancianos descendientes del Almirante Cristóbal Colón en manos de otra cheka, sólo por razones de odio a sus títulos nobiliarios y a lo que representaban como familiares del célebre marino. Sus experiencias en ese amargo período de la historia española los plasmó en el libro "Los sucesos de España vistos por un diplomático".
Convertido en un furibundo enemigo del marxismo y del Frente Popular luego del terror vivido en Madrid, no bien tocó el territorio bajo control de los nacionalistas, Page Rivera corrió a ofrecerse como voluntario del Ejército Español, entrando con el grado de Comandante de la Escuadrilla. Como gozaba de prestigio y reconocimiento, por decisión directa del Caudillo Franco quedaría de manera expedita bajo su mando un grupo de importante acción durante la guerra, motejado como la "Escuadrilla Blanca" y que dio dura lucha especialmente a los  aviones Polikarpov I-16, los famosos "moscas" pilotados por rusos.
"Éramos nueve aviadores, ocho jóvenes y yo. Entre todos teníamos más de cuarenta y cinco parientes asesinados por los comunistas. Éramos hombres que poco y nada podíamos esperar de la vida.
Cuando el alto mando nos ordenaba bombardear a doscientos metros lo hacíamos a cinco, nuestro único deseo era no errar el objetivo rojo. Puentes, barcos, líneas férreas, depósitos de municiones eran nuestros blancos".
Tal como lo hiciera su compatriota Joaquín Riera González al integrarse a las líneas nacionalistas españolas, el aviador luchará orgulloso por los sublevados. La prensa izquierdista de la capital chilena, totalmente comprometida con la causa de los republicanos del Frente Popular, no tarda en enterarse de su presencia en este bando y tilda iracunda a Page Rivera de "traidor a la patria", según informa el investigador suizo Gerald Gino F. Baumann en "Los voluntarios latinoamericanos en la Guerra Civil española".
Sus acciones no fueron sólo de ataques militares, sin embargo. Entre noviembre y principios de diciembre de 1936 habían tenido lugar las brutales masacres de Paracuellos de Jarama, la de las sacas de Madrid, donde el cargo de antirrepublicanismo llevó a la muerte indiscriminada de más de 2.500 prisioneros en las estimaciones más bajas y 12.000 las más altas, ordenadas y ejecutadas por miembros anarco-comunistas del Consejo de la Dirección General de Seguridad, como Santiago Carrillo, alentados a su vez por agentes soviéticos que ya operaban en el país. Page Rivera fue parte de una comitiva de 37 aviones que -después de la matanza y ya controlada la región- arrojaron desde el aire toneladas de flores en homenaje a las víctimas de las sangrientas masacres, entre las que figuraban varios intelectuales, artistas y religiosos. Así lo recordaba su hijo Page Adriazola:
"Fue así como distribuidos en la pista, lentamente los aviones van avanzando uno tras otro hasta su ubicación de despegue. Luego en el aire, se agrupan en tres 'V' y sin perder su formación se dirigen a su destino. Estos aparatos eran italianos y hacía poco habían sido trasladados a Sevilla en cumplimiento a órdenes del Alto Mando italiano que había puesto su traslado desde Abisinia. Los 'Breda', eran cazas cuyo objetivo táctico era batir la supremacía que en frente tenían las escuadrillas de aviones 'moscas' de la Unión Soviética".
La "Escuadra Blanca" sobre España, al mando de Page Rivera.
IMPORTANCIA DE LA AVIACIÓN EN EL CONFLICTO
Sucedían innumerables situaciones curiosas, a propósito de las fuerzas militares cruzando los cielos de la España en Guerra Civil. Hasta 1936, esta rama no era particularmente importante ni desarrollada, pero fue a fuerza de circunstancias que el piloto Page Rivera conoció en primera persona, que se volvería vital para el desarrollo del conflicto hacia los mismos tiempos en El Chileno que atacaba el frente de Jarama con su "Escuadrilla Blanca". Tan precaria era la logística y equipamientos de aviación que en las pistas de aterrizaje debían ponerse tarros en combustión sucia de brea, grasa o aceite usado, para que los pilotos pudiesen ver la dirección del viento según la inclinación del humo.
Como el material disponible era escaso, entonces, los bandos en guerra debieron recurrir a potencias extranjeras para que les echaran una mano, como Alemania, Francia, Italia o Rusia. Aviones y pilotos comenzaron a llegar, de este modo, reforzando a las fuerzas en conflicto.
Otra necesidad que obligó a modernizar contra reloj las capacidades de la aviación, fue el requerimiento de transporte masivo de tropas que, en muchas formas, ofreció rasgos novedosos en la historia militar y estratégica mundial. En rigor, fueron cerca de 30 los aviones que acabarían asegurando el triunfo de los nacionalistas en España, especialmente después de la Batalla de Jarama: algunos Breguet 19, unos Fokker F. VII, once Savoia 51 italianos, un Douglas, un Potez francés, tres Domier Wall patrulleros, dos Nieport y una pequeña escuadrilla de bombarderos Junkers 52 alemanes recientemente llegados.
Como los nacionalistas casi no tenían buenos buques para hacer frente al enemigo, salvo alguna vieja cañonera y vapores civiles, el traslado desde África del Ejército Español que se encontraba mayoritariamente allí, debía contar de todas formas con el aire. Eran tan pocos los aparatos disponibles frente a la urgencia que enfrentaban los pilotos como Page Rivera, que algunos miembros del Tabor de Regulares de Melilla transportados al otro lado del estrecho, iban amarrados hasta en las alas de los aviones para optimizar cada viaje y completar lo antes posible los cerca de mil hombres que necesitaba el General Queipo del Llano en la Península.
Los republicanos, en tanto, tenían bloqueado Gibraltar y se habían apropiado de la mayoría de los buques de guerra, cercanos a las 50 naves... La situación podría haber sido desesperante y desalentadora para Franco, pero sus enemigos habían cometido otro gravísimo error estratégico: al apartar, apresar y fusilar a los altos mandos de la marina militar, carecían casi por completo de personal calificado para las acciones de mar. Quedó demostrado cuando la enorme flota se vio de frente con cinco inofensivos mercantes siendo usados como transportes de tropas junto a la única cañonera, pero apoyados por los 30 aviones mencionados sin encontrar resistencia de parte de las fuerzas aéreas rusas y republicanas, que según recordaba Page Rivera no se hallaban en Gibraltar en esos días. Pese a la inmensa desproporción de fuerzas, los aviones lograron poner en fuga a los inexpertos marinos del Frente Popular, que escaparon hasta Cartagena y Málaga poniendo fin al efímero intento de defensa marítima.
De alguna manera pues, la Segunda Guerra Mundial ya había comenzado en España con estos enfrentamientos, y esto explica que más de 700 aviones se hayan participado en la larga Batalla del Río Jarama, en febrero de 1937, con gran presencia de pilotos y aeronaves extranjeras. La famosa intervención de la Legión Cóndor alemana en el desarrollo del conflicto fue sólo una manifestación más de esta gran participación internacional en la Guerra Civil pues, por el lado ruso, cerca de 4.500 aviadores militares había llegado ya a apoyar a las fuerzas del aire republicanas. De seguro habrían asegurado su superioridad y el triunfo del Frente Popular y sus bridadas internacionales, de no ser por la llegada de los italianos y los alemanes a apoyar al adversario, permitiéndole a los sublevados los decisivos triunfos de Teruel y Ebro.
Más insólito aún, los mismos hombres que se enfrentan en los cielos, cada domingo forman una cosmopolita masa de hombres de armas de distintas nacionalidades caminando en grupos, visitando cafés o bares de las ciudades: belgas en Barcelona, italianos en Talavera, rusos en Madrid, alemanes en Salamanca.
Page Rivera y aviadores españoles, hacia los días de la batalla de Jarama.
EL REGRESO A CHILE
Totalmente comprometido con los cada vez mayores triunfos del bando nacionalista y escribiendo a la prensa chilena sobre su experiencia en España, Page Rivera es sorprendido con una noticia: el Estado Mayor había recibido una carta de su enferma y anciana madre, recordándole que hacía 22 años ya no se veían, desde su partida a Europa, y advirtiéndole de su estado de salud. La autoridad militar lo autorizaba  a partir de regreso a Chile desde ya, ausentándose así de lo que iba a ser el final de la Guerra Civil con la victoria de Franco tras la rendición total de Madrid, el 31 de marzo de 1939, cuando cae irremediablemente herido de muerte el juramento republicano del "¡No pasarán!". Más de un millón de muertos quedarían tendidos en los escenarios de la lucha del hermano contra el hermano, al final de la guerra.
Luis Omar Page llega a de vuelta a su tierra natal durante la última semana de septiembre de 1937, reencontrándose con su madre después de tantos años, tras desembarcar en Valparaíso. El Círculo Español de Santiago arregla para él un gran banquete y homenaje presidido por el Embajador Manuel Pérez de Rada, al que asisten representantes de todas las instituciones españolas y de sus residentes en Chile. En aquella ocasión, el secretario de la legación hispana don José María de Lojendio e Inturve, manifestó lo siguiente:
"España ha contraído una deuda de gratitud impagable con el aviador chileno don Luis Omar Page, siendo uno de los más grandes aviadores del mundo, ha luchado por la libertad de nuestro suelo, llegando a ofrendar la vida de su hijo. Hago votos sinceros para que estos sacrificios como los de miles, logren llevar a la nueva España por el camino de la prosperidad y el progreso, basado en el orden, el trabajo y la fraternidad".
Establecido otra vez en su patria, persiste en denunciar acalorada e insistentemente al comunismo europeo a través de cartas y notas suyas publicadas en la prensa, especialmente las del diario "Las Últimas Noticias". Nunca abandonó esta aversión al marxismo ni su simpatía por el franquismo, de hecho, algo que quizás muchos no estarán dispuestos a perdonarle ni siquiera en consideración del drama que vivió en España al estallar la Guerra Civil.
Siendo gran amigo del Comodoro Arturo Merino Benítez, trabaja con él en el desarrollo de la Línea Aérea Nacional (LAN) que había sido formalmente convertida en empresa del Estado en 1932 y reestructurada por decreto a partir de la Línea Aeropostal Santiago-Arica, también creación de Merino Benítez unos años antes. Verá el fin de la Guerra Civil y el inicio de la Segunda Guerra Mundial desde la distancia, primero como piloto de LAN en 1939, y luego asumiendo cargos de gobernación provincial entre 1940 y 1944, como gobernador de Curepto, Cachapoal y Pisagua. En mérito a su obra y a sus servicios, durante el siguiente año el Presidente de la República don Juan Antonio Ríos, envió al Congreso Nacional un proyecto para Ley Especial de Gracia en favor de Page Rivera, concediéndosele el grado de Comandante de la Escuadrilla de la Fuerza Aérea de Chile, reconocimiento que se le otorgó por la unanimidad de los parlamentarios.
Retirado y tras una gran epopeya de aventuras y desventuras en su vida movida por la búsqueda de los cielos más prístinos de Sudamérica y de Europa, Luis Omar Page Rivera abandonó este mundo en Santiago el 18 de junio de 1956, con su nombre la inscrito en la nómina de hombres ilustres de la aviación chilena y de los sus pioneros de la llamada Generación de la Victoria (1905-1930). Sus restos están en el Cementerio General de Recoleta, en el Mausoleo de Honor de la Fuerza Aérea de Chile.
Su hijo Luis O. Page Adriazola ha reunido la más importante información biográfica sobre su padre publicada en "Hazañas de un aviador chileno en Europa" de 1987 y "Un aviador chileno en la Guerra Civil Española" de 1996. Lamentablemente, su trabajo aparece contaminado del excesivo pero comprensible sentimiento de anticomunismo que se heredó de él, como trauma luego de la tragedia sucedida a su familia en manos de los milicianos, en 1936, además de un marcado interés en comparar aquellos sucesos oscuros de la Madre Patria con la experiencia de la Unidad Popular de Chile en 1973. No obstante, como fuente de ilustración sobre la vida de Luis Omar Page Rivera, deben ser las publicaciones más importarte y completas disponibles.

lunes, 28 de diciembre de 2015

LA CONFESIÓN DE NERUDA SOBRE SU OSCURO EPISODIO EN CEYLÁN Y ALGUNAS OTRAS OBSERVACIONES A ESTA MÁCULA EN LA VIDA DEL POETA

Fotografía de Neruda en el Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile.
Acaba de terminar el festival con características de verdadera procesión religiosa de dos días, titulado "Neruda viene volando", que recorrió parte de Recoleta, Independencia y el sector de Santiago Centro con un muñeco gigante del vate y batucadas al estilo de la "Fiesta de los 1000 tambores" de Valparaíso, incluyendo las carretadas de basura dejadas a su paso. Debe reconocerse el esfuerzo del ministerio, la intendencia, las municipalidades coordinadas para la realización de estas grandes presentaciones públicas, sin duda. Tengo la mejor impresión de su gestor, además: el diseñador Jorge Soto Veragua, a quien conocí en persona hace unos años, durante el lanzamiento de una obra suya en Recoleta. No obstante, me parece que no deja de percibirse cierto vaho de propaganda para un propósito bastante concreto, en este "festival ciudadano" de un caluroso fin de semana.
El evento, además de la propuesta del gestor y los organizadores, se relaciona quizás con el conocido encanto nerudiano profesado desde el Consejo de la Cultura, pero -aunque nunca será admitido- también con la necesidad de dar argumentos pasionales y popularizar el interés en ponerle el nombre de nuestro Premio Nobel de Literatura de 1971 al principal aeropuerto de Chile. Convengamos en que es legítimo, por cierto. Sin embargo, extraña que los mismos críticos online que hace sólo dos semanas reprochaban ácidamente el paso de los globos gigantes del "Paris Parade" (entre los que estaban el Chavo del 8, Batman, Shrek y Optimus Prime) también bajo importantes auspicios y por céntricas calles santiaguinas, ahora caían rendidos de encantos por este gran carnaval colorido haciendo ostentación de sus propios muñecos colosales (un esbelto Neruda acostado de guata y con 22 metros de largo) al estilo de las dos visitas de "La Pequeña Gigante" hace pocos años, y cargado de un cuidadoso sentido publicitario subyacente (Metro S.A.) que no lo aleja mucho del mismo espíritu del anterior pasacalle en la Alameda. Ambos fueron autorizados como la misma clase de eventos culturales públicos y callejeros.
El título del carnaval nerudiano guarda relación con el de su poema y homenaje titulado "Alberto Rojas Jiménez viene volando" de 1934, escrito para su joven colega muerto en Santiago de Chile ese mismo año, a pesar de que pocos de los convencidos nerudianos parecieron reconocer esto (escuché un par de interpretaciones ingeniosas pero inexactas sobre el porqué del nombre). Tampoco parece haber sido un dato importante de difundir para organizadores y participantes, que las presentaciones en las "estaciones" del carnaval estaban basadas en el trabajo del mismo nombre del dramaturgo Jorge Díaz (1930-2007), presentado en 1991 con elenco del Teatro Ictus... Pero bueno, la fiesta era para Neruda y nadie más, y ya conocemos de sobra esa suerte de monoteísmo cultural en que algunos han tratado de instalar el estatus del autor de los "Cien sonetos de amor", erigiéndolo como un eclipse casi monopólico sobre todo el resto de la intelectualidad chilena.
Empero, el momento no era favorable a la dignidad del nombre del carnaval ni del homenajeado, así que no me llamó mucho la atención cómo en redes sociales, rápidamente, el título del festival se convirtió en un rotundo "Neruda viene violando", aludiendo al oscuro episodio que hoy ha caído en revisión crítica desde sus propias memorias "Confieso que he vivido", publicado en forma póstuma en 1974 y que el autor se había apresurado a concluir ya con la muerte y su reloj de arena esperándolos al pie de la cama.
El episodio en cuestión, a todas luces la descripción de la violación de una mujer indefensa durante la juventud del poeta y en el primero de sus viajes a oriente, ha despertado nuevas formas de pasiones tanto para la defensa de Neruda por parte de sus incondicionales seguidores, como por el desprecio que algunos comienzan a manifestar contra el mismo o bien adicionan al resquemor que ya le tenían (especialmente por cuestiones políticas, es bien sabido), sólo aprovechando la ventajosa oportunidad que les permite este estrepitoso caso.
Por mi parte, admito haber sido otro de los pajarones que, leyendo "Confieso que he vivido", pasó por encima de la gravedad de las líneas que describen el "incidente" de Ceylán, en que claramente se retrata una violación sexual por el mismo violador. Sin embargo, creo tener una buena justificación, o una excusa cuanto menos: lo que entonces llamó mi total atención no fue el hecho en sí, sino la extraña semejanza de lo descrito con otra historia que ya conocía y desde la obra de otro autor, uno muy diferente, y que expondré al final de este texto aunque sin poder proponer teorías sólidas al respecto.
VICIOS NERUDIANOS
Partamos con algunas precauciones, antes de entrar en materia en este blog donde nunca he definido una posición categórica sobre la controvertida figura de Pablo Neruda, elogiándolo o criticándolo según la relación del personaje con cada contenido. Como todo humano muy imperfecto, su vida ofrece matices que llegan a ser extremos.
Los juicios contaminados por la falacia del argumento ad homimen o (des)calificación personal están entre los más populares y frecuentes para estas cuestiones conmemorativas y de reconocimientos históricos, especialmente cuando se trata de personajes con alcances controversiales (O'Higgins, Carrera, Freire, Portales, Baquedano, Balmaceda, etc... para qué seguir). Personalmente, evito concentrarme en ellos cuando aparecen por las fuentes de consulta, aunque está claro que hay una marcada predisposición del medio a tolerar algunos cuando van de la mano del discurso oficial. Hasta a Sebastián Piñera lo vimos invocando emocionado a Neruda, durante la campaña presidencial que lo llevó a La Moneda en 2010.
La derecha chilena en el Congreso Nacional, haciendo escuela casuística sobre su desconexión ya total e irreparable con el mundo de la cultura y los códigos de estimación del peso patrimonial de un personaje histórico, nos dio una estupenda clase didáctica de este razonamiento visceral e interdicto al reclamar contra el proyecto de cambio de nombre del Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez por el de Pablo Neruda, en base a que el poeta era "un comunista". Así, tal cual suena de necio y de "Franja del Sí" de 1988. De este modo, de todos los muchos argumentos que pueden esgrimirse contra este propósito, la representación del partidismo de derecha se encargó de arrojar al tapete la carta más necia que pudo y con ello acabó reforzando la postura de quienes sí están a favor del cambio de nombre, para desgracia de quienes teníamos nuestras propias aprensiones bien fundadas al respecto.
Sin embargo, también es un hecho que Neruda está siendo elevado a figura pía y secular en áreas que no corresponden a su estricto campo de actividad literaria, política y diplomática, cayéndose en el mismo vicio del juicio a la persona por sobre su obra pero desde la posición opuesta: la del endiosamiento, una virtual canonización del poeta en todos sus aspectos cual forzado efecto de Halo y de proyección sobre los demás rasgos de su vida. Cualquier observación crítica al respecto es respondida por este club de rugidos, alegando que son emitidas por "tontos", "ignorantes", "envidiosos" y hasta "nazis" y "facistas" (sic), recibiendo -de paso- esa valiosa ayudita de la rancia derecha parlamentaria ya comentada, para abonar a tal pensamiento binario de algunos izquierdistas fanáticos (valga la redundancia, si acaso aplica).
Mas, sucede que mucha de la actitud santificadora que promueven los admiradores del poeta y de la que este último carnaval "Neruda viene volando" forma parte de su propia esencia, es totalmente reactiva; incluso reaccionaria si se la quiere llamar así: revisiones de los últimos años a la idealización del poeta han ido permitiendo conocer los matices de su existencia que se les hace necesario contrarrestar al peso de propaganda y publicidad reiterativa para áreas fuera de su obra, como su devoción obscena por regímenes genocidas, sus actos de plagio en los primeros años de carrera literaria, su posible participación en el asesinato de Trotsky, su deslealtad con las mismas mujeres que inspiraron sus elogiados poemas de amor, su inducción a falsedades biográficas como el Joaquín Murieta chileno (por meras razones comerciales, personales), las turbiedades financieras que algunos señalaron en sus aplaudidas gestiones humanitarias, su impropia y escandalosa aventura con Alicia Urrutia Acuña (sobrina de su mujer Matilde Urrutia), junto a otras perlas que pasean entre profanas sabrosuras de comidillo amarillista hasta actos realmente deleznables, demostrando que el talento de un grande y magnífico poeta no quita que pueda ser también un sátrapa vil y despreciable en otros capítulos de su biografía.
Estando tan lejos de ser el limpio y reluciente arcángel en que algunos han pretendido convertirlo (echando manos más a esa idealización que a los antecedentes concretos sobre su vida, construcción que le hicieron colegas-amigos-correligionarios como Volodia Teitelboim), Neruda tiene un enorme kapital a su favor, sin embargo: cantidades de devotos y feligreses que no cejarán en el esfuerzo (frecuentemente, muy bien retribuido) de mantener las velas encendidas en torno a su santo patrono, creyendo no sin algo de razón, que aún gozan de la inexpugnable autoridad moral y cultural que se arrogaban hasta no hace mucho, cuando sólo les bastaba sacar a pulir el medallón del Premio Nobel de Literatura para usarlo como como talismán capaz de detener cualquier clase de discusión sobre la calidad del personaje.
Poco importa ya que para alcanzar este premio mundial, el vate golpeó por años las puertas de la politizadísima Academia Sueca y que éste se le otorgara -en gran medida- como un reconocimiento solidario al proceso político que se vivía en Chile (y con intermediación del propio gobierno de la Unidad Popular para que recibiera el galardón), muy posiblemente buscando equilibrarse también la entrega del anterior Nobel de Literatura a un fiero símbolo anticomunista como Aleksandr Solzhenitsyn, premiación que había causado escozor en la Internacional y sus promesantes de la Guerra Fría... Pero lo importante es que ganó el certamen mundial (y le era merecido, sin duda), como la selección argentina ganó un mundial más allá del gol de mano de Maradona o -más parecido a nuestro caso- como el Nobel de la Paz dado al Presidente Obama priorizando más el símbolo del su color de piel que su obra política.
Así pues, es difícil no raspar con la cuchara también por el argumento ad hominem, cuando los propios defensores de Neruda lo vienen haciendo y de forma soez y descarada en algunos casos, para promover la fe profunda en el poeta y neutralizar las críticas. Sin ir más lejos y dándome esta licencia por un segundo, hace muy poco tiempo un conocido escritor de la vociferante whiskierda nacional llegó a proponer que los "tontos" que creyeran en la interpretación comprometedora sobre las líneas de "Confieso que he vivido" debiesen ser "arrestados"... Notable explosión tiránica de pasiones represivas nerudianas.
Pero el punto central aquí es que, mientras los nerudianos sigan llevando el brillo de sacralidad que ven en su poeta hasta instancias que no le corresponden al campo de acción donde destacó y donde fue reconocida su obra, más allá de los pasacalles políticos y homenajes pagados por todos los contribuyentes, abren un flanco en donde se hace legítimo revisar, entonces, los aspectos de su vida que quedan fuera de ese mismo campo, para evaluar si son relevantes en los alcances que se les están dando. Pienso particularmente, en el nombre de un aeropuerto internacional cuyo actual título aludiendo al impulsor de la aviación institucional y profesional en Chile se debe, curiosamente, a una iniciativa del propio Presidente Salvador Allende y no al Régimen Militar pagando favores del mundo castrense, como pregonan algunos ingenuos nerudianos muy mal informados al respecto.
LA POLÉMICA "CONFESIÓN" DE NERUDA
Pero vamos a la materia central... El fuerte episodio de Ceylán descrito en "Confieso que he vivido", tiene lugar cuando Neruda se hallaba de viaje por estos territorios que aún vivían bajo el dominio colonial británico, en lo que hoy es Sri Lanka. Con cerca de 25 años a la sazón, Neftalí Reyes Basoalto, el futuro Pablo Neruda, se quedó alojando en una pequeña cabaña (bungalow) del suburbio de Wellawatha, en Colombo, al tiempo que escribía su obra "Residencia en la Tierra". Era el primero de dos grandes viajes al Índico que despertaron un gran encanto del poeta por aquellas tierras y su cultura, como se deduce observando las colecciones de recuerdos y obras de arte contenidos en sus tres residencias palaciegas.
Neruda había asistido por entonces a la realización del Congreso Pan-Hindú de Calcuta, en 1929. La "confesión" la hace en el capítulo de sus memorias titulado "Singapur", referido a los últimos días de su servicio consular en Colombo antes de ser trasladado a Singapur y Batavia (Yakarta) en las mismas funciones:
"La verdad es que la soledad de Colombo no sólo era pesada, sino letárgica. Tenía algunos escasos amigos en la calleja en que vivía. Amigas de varios colores pasaban por mi cama de campaña sin dejar más historia que el relámpago físico. Mi cuerpo era una hoguera solitaria encendida noche y día en aquella costa tropical. Mi amiga Patsy llegaba frecuentemente con algunas de sus compañeras, muchachas morenas y doradas, con sangre de boers, de ingleses, de dravidios. Se acostaban conmigo deportiva y desinteresadamente.
Una de ellas me ilustró sobre sus visitas a las hummerie. Así se llamaban los bungalows en que grupos de jóvenes ingleses, pequeños empleados de tiendas y compañías, vivían en común para economizar alfileres y alimentos. Sin ningún cinismo, como algo natural, me contó la muchacha que en una ocasión había fornicado con catorce de ellos.
- ¿Y cómo lo hiciste? -le pregunté.
- Estaba sola con ellos aquella noche y celebraban una fiesta. Pusieron un gramófono y yo bailaba unos pasos con cada uno, y nos perdíamos durante el baile en alguno de los dormitorios. Así quedaron todos contentos.
No era prostituta. Era más bien un producto colonial, una fruta cándida y generosa. Su cuento me impresionó y nunca tuve por ella sino simpatía.
Mi solitario y aislado bungalow estaba lejos de toda urbanización. Cuando yo lo alquilé traté de saber en dónde se hallaba el excusado que no se veía por ninguna parte. En efecto, quedaba muy lejos de la ducha; hacia el fondo de la casa.
Lo examiné con curiosidad. Era una caja de madera con un agujero al centro, muy similar al artefacto que conocí en mi infancia campesina, en mi país. Pero los nuestros se situaban sobre un pozo profundo o sobre una corriente de agua. Aquí el depósito era un simple cubo de metal bajo el agujero redondo.
El cubo amanecía limpio cada día sin que yo me diera cuenta de cómo desaparecía su contenido. Una mañana me había levantado más temprano que de costumbre. Me quedé asombrado mirando lo que pasaba.
Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes.
Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa.
Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejó preocupado. Como si se tratara de un animal huraño, llegado de la jungla, pertenecía a otra existencia, a un mundo separado. La llamé sin resultado. Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente.
Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia".
A mayor abundamiento sobre este escabroso asunto, las mujeres dalit o parias como era la anónima chica agredida por el poeta (nos remitimos a sus propias palabras y descripción de los hechos), son célebres por pertenecer a la triste categoría de los "intocables" en la vieja estructura social de castas de la India, sólo formalmente abolida en 1950 pero aún vigente en los hechos. Se señala así a las personas que quedaron fuera de las cuatro categorías hinduistas (shudras, vaishias, chatrias y brahmanes), en lo más bajo de la sociedad india.
Los parias eran los que realizaban esta clase de tareas básicas y sucias para sobrevivir, con servicios tales como recoger los excrementos de los residentes, justamente. Se sabe de una época en que los niños parias incluso debían limpiar con las manos los baños de los establecimientos educacionales de esas regiones después que los usaron los demás infantes, así que podrá deducirse a qué clase de brutalidades y atropellos podía estar sometida cada chica físicamente atractiva cargando con el estigma de ser una "intocable" sin derechos. Por su indefensión y sometimiento, entonces, estas mujeres eran constantemente objeto de abusos y violaciones, tanto así que se han intentado campañas incluso en nuestra época para impedir que semejantes atrocidades sigan siendo cometidas contra ellas.
Si el episodio que describe el autor chileno en Colombo es real, entonces, se trata de la repetición de una sucia y malévola práctica que fue históricamente frecuente contra las mujeres de la condición paria. En otras palabras, Neruda sería un violador y punto, más allá de cualquier interpretación creativa sobre lo ocurrido. Algo muy distante de la conciencia social y las convicciones que siempre marcaron sus plegarias políticas. No hay machismo de la época que justifique semejante atrocidad, por si acaso se intentara señalar alguna clase de situación valórica en su temporalidad o la moral del lugar y contexto de tiempo.
CONTROVERSIA SOBRE LA VIOLACIÓN SEXUAL
Como era esperable, la hinchada de don Pablo ha reaccionado al caso del "incidente" de Ceylán tal como lo hizo a partir de 2004, cuando se revelaron los detalles sobre el abominable abandono del poeta a fines de 1936, en Europa, de su primera mujer María Antonieta Hagenaar (Maruca) y de su única hija, la pequeña Malva Marina Reyes, de corta vida a causa de la hidrocefalia. Fue una despreciable situación motivada por su irresponsable embobamiento amoroso con la argentina Delia del Carril y que se había tratado de mantener en secreto por décadas, empezando por el propio Neruda que no menciona palabra al respecto en su "Confieso que he vivido". El caso quizás aún seguiría permaneciendo en el falso perdón del olvido, de no ser por las investigaciones de la dupla Alejandra Gajardo y Antonio Reynaldos, además de los trabajos de Bernardo Reyes, Inés María Cardone y Pauline Slot.
Ahora, ante este nuevo golpe al gran monumento inmaculable del poeta, su fansclub ha vuelto a responder con agresividad pero también con admirable gran sentido de autodefensa corporativa, haciendo frente a la "relectura" de sus memorias: minimizar hechos, relativizar su gravedad y transformar al acusador en acusado son sus armas. Si los foros de noticias y las redes sociales sirvieran de barómetro opinológico, vemos que, nuevamente, el neorreaccionario obra intentando preservar el estatus de vaca sagrada que se ha procurado para el poeta y que -tampoco es misterio- consume una enormidad de los esfuerzos y recursos anualmente asignados a presupuestos o fondos de cultura en Chile.
El gran problema es que esta polémica les cae encima justo en un momento de gran esfuerzo por conseguir un paso más alto en la sacralización de la memoria nerudiana, manifiesto -por ejemplo- en el interés por demostrar que el vate habría sido asesinado por la Dictadura (victimismo con una gran campaña de medios ya judicializada) y pasando también por la transformación de nuestra principal terminal aérea en otra de las innumerables e insistentes referencias sobre el autor de los "20 poemas de amor y una canción desesperada" dispersas por todos los rincones de Chile. Que todos los niños chilenos estén obligados a pasar por Neruda varias veces en su vida estudiantil gracias al plan educacional y que enormes capitales internacionales ligados a empresas de telecomunicaciones hayan respaldado a su fundación, parece que a muchos ya se les hizo poco e insuficiente.
Se hacen necesarias algunas precisiones, sin embargo, pues la informalidad de estos debates de opinión pública suele estar contaminada de sesgos excesivos y hasta inverosímiles, además de cargados de especulaciones anodinas, por ambos lados.
En primer lugar, no es cierto que el asunto de la violación sexual haya sido notado recientemente, a partir de un artículo titulado "Confieso que he violado" y que publicara la artista pictórica Carla Moreno como respaldo a una de sus pinturas. Esto ha sido esgrimido por los defensores de Neruda para proponer que sólo se trata de una campaña para generar antipatías contra el proyecto de colocarle su nombre al actual Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez de Pudahuel. Un vistazo a internet, sin embargo, hace evidente que se equivocan: la discusión está propuesta desde hace unos ocho años, aunque recién haya prendido en nuestro país y por razones que quizás tengan que ver con el mismo contexto de virtual canonización que se ha intentado sobre la imagen del vate por sus incondicionales y políticos oportunistas (valga la redundancia, otra vez).
El documento más antiguo señalando sin cosméticos lo que en realidad reconocía Neruda en sus memorias, quizás sea un trabajo de 1996 de Claudio Rodríguez Fer de la Universidad de Santiago de Compostela, titulado "Neruda, o cantor e as amantes", publicado en la revista española "Moenia" de lingüística y literatura. Allí se advierte que el poeta admitió haber tenido una relación sexual forzando a una mujer. Empero, me parece que el hallazgo y su divulgación ha sido mérito principal de nuevos lectores críticos, tal vez españoles que, demostradamente (y a diferencia de nosotros los chilenos) entienden mucho mejor lo que leen. España era, además, una prolongación de América Latina en cuanto a religión nerudiana, cubriendo así al habla hispana completa; pero sabemos que bastantes cosas están en "revisión" allá en la Madre Patria, no sólo en cuestiones literarias. Por si las dudas aparecen, cualquiera puede encontrar por los buscadores de internet el artículo que ya escribió en 2013 el cronista Antonio Félix, en el periódico "El Mundo", titulado "La violación de Neruda".
No obstante, si bien era poco probable que el fenómeno comenzara acá en nuestro país, hay publicaciones chilenas del año 2008 que ya hablaban de la violación en las memorias de Neruda. Que los medios de comunicación del establishment (es decir, prácticamente todos) hayan acusado recibo recién ahora sobre estas informaciones circulantes, es otro cuento.
Sí debemos reconocerle a la artista Carla Moreno el haber golpeado por fin con esta noticia, hasta entonces tibia y subvalorada: al presentar un grotesco cuadro con don Pablo señalado como un machista despiadado y con heces fecales sobre su calva, la contenida polémica pendiente prendió como en el pasto seco y se expandió, para horror histérico de los nerudianos más acérrimos y aunque se trate de sólo una catarsis artística más con que la autora ha estado acusando pacientemente a muchos personajes autoungidos como progres dentro del mundo de las comunicaciones y del espectáculo, pero que insisten en "cosificar" a la figura femenina de distintas maneras.
¿Cómo es, entonces, que nadie se había dado cuenta antes de esta grotesca confesión en las memorias de Neruda? En principio parece inaudito, considerando que pasaron 30 ó 35 años antes que alguien le pusiera encima el apuntador público. Sin embargo, hay razones bastante comprensibles para el retraso con el que se hizo la denuncia, y la primera de ellas es el propio autor supo disfrazar con demostrado talento un pecado abominable, bajo caricias poéticas de la prosa y salpicaduras de encanto. Neruda era experto en esas tretas de moral inversa, como lo demostró en su juventud ridiculizando el sacrificio del Capitán Arturo Prat y los héroes de la "Esmeralda" al compararlos con una ofrenda al demonio Moloch, y después en su madurez cantándole loas a la muy real bestia carnicera Stalin, cuando su frenesí de crímenes políticos y genocidios ya eran bien conocidos en occidente.
La segunda razón, es que el a veces agresivo fansclub de Neruda (que llega a niveles de devoción tales como copiarle el uso de la boina bajo pleno Sol estival o andar gastándose los incisivos con una pipa apagada, según he visto) nunca le ha puesto tanto interés a la prosa de su gurú como sí a sus versos, atrincherándose de preferencia en esta obra lírica que le diera mayor prestigio y que tantos intentan emularle, tal cual lo hacen -casi como norma- los trovadores guitarreros excesivamente amantes de Silvio Rodríguez, que terminan siendo imitadores del cantante casi invariablemente. Además, era bastante difícil que la denuncia hubiese provenido de este mismo club de incondicionales: los pocos que quizás tuvieron el talento para advertir en esas filas lo que allí podía leerse sobre el episodio de Ceylán, prefirieron barrerlo bajo la cama de la misma manera que sus antecesores lo hicieron con las graves acusaciones ofrecidas por otros poetas que rompieron con Neruda, como Pablo de Rokha o Braulio Arenas, hasta con alguna agresión física contra los denunciantes de por medio.
Y la tercera razón es que, guste o no a los mismos admiradores del vate, Neruda se encaminó a ser un engrane fundamental de la literatura mundial a partir de tiempos recientes: a pesar del reconocimiento de la Academia Sueca ya en el certamen de 1963, fuera del mundo hispanoparlamente -y hasta no hace mucho- Neruda era sólo un referente secundario. Más cotizado en Europa, por ejemplo, llegó a ser Vicente Huidobro y su creacionismo; mucho más que nuestro Premio Nobel, como alguna vez lo aseveró el poeta Armando Uribe también echándose encima las iras de los neruadianos (¡era que no!).
La gran cantidad de nuevas ediciones, traducciones y difusiones digitales, además de la enorme divulgación internacional que se ha dado póstumamente al poeta (recordar, por ejemplo, cómo sucedía esto en los febriles preparativos del Bicentenario Nacional) y con el esfuerzo oficial de los gobiernos de turno, se abrieron los últimos espacios pendientes de ser alcanzados por el conocimiento y el de su obra a nivel planetario, al mismo nivel devocional que se había estado dando en América Latina desde mucho antes. Empero, junto con ello y colateralmente, también se abrieron las instancias para que alguien con mejor capacidad de observación que nosotros sus compatriotas detectara la violación sexual tan decorada y ornamentada entre las líneas de sus memorias.
¿SON CONFIABLES LAS MEMORIAS DE NERUDA?
Desde un punto de vista más escéptico, es sabido que "Confieso que he vivido" es libro con errores e imprecisiones, y muy probablemente más de alguna fantasía. Lo anticipa, de alguna forma, el propio Neruda en la presentación:
"Estas memorias o recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. La intermitencia del sueño nos permite sostener los días de trabajo. Muchos de mis recuerdos se han desdibujado al evocarlos, han devenido en polvo como un cristal irremediablemente herido.
Las memorias del memorialista no son las memorias del poeta. Aquél vivió tal vez menos, pero fotografió mucho más y nos recrea con la pulcritud de los detalles. Este nos entrega una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su época.
Tal vez no viví en mí mismo; tal vez viví la vida de los otros".
Para ser más claro, no todas las autobiografías han sido consideradas realmente fiables como fuentes para reconstruir la vida de personajes de gran importancia, especialmente las del mundo artístico y político, donde la creatividad y el orgullo muchas veces transgreden las normas de la honestidad, siendo el yo el más enfatizado protagonista en desmedro del contexto de hechos en que se inserta la narración. El que Neruda haya ocultado toda mención relativa -incluso indirectamente- al episodio su hijita enferma miserablemente abandonada y muerta en Europa tras el tramite del "divorcio a distancia" con su madre, acontecimientos de su vida ocurridos al mismo tiempo en que se comprometía con la causa republicana en la Guerra Civil Española que tanto le aplauden sus fieles, pone en relieve que sus memorias más bien están concebidas como el panegírico que hubiese querido escuchar de sí tras su inminente deceso.
Con relación a lo anterior -y para dar respaldo autorizado al punto expuesto- cabe recordar que el profesor brasileño João de Sousa Ferraz, proponía en su libro de "Psicología Humana" a la famosa "Autobiografía" de la bailarina Isadora Duncan, de 1927, como un ejemplo palpable de la desconfianza que merecen estos trabajos, pues este caso particularmente es, para él, "una serie de episodios que no pasan de la pura fantasía", donde se prioriza un relato dominado más por "las aspiraciones, la vanidad, las tendencias de superioridad y ciertas manifestaciones de paranoia" que por los hechos vivenciales. Le concedo una posibilidad a Neruda, entonces, de que el siniestro episodio de Ceylán pueda ser, acaso, una proyección de sus fascinaciones sexuales y fantasías exotistas más que un hecho concreto en su vida. No sería la primera vez que un grande de la literatura desvaría con estos ensueños.
No puedo dejar de comentar aquí que he conocido de primera fuente y sólo por casualidades, testimonios provenientes de gente que conoció en persona a Neruda y que, aún admirándolo, reconocían en él pocas razones para creerlo sincero y honesto en cuanto a sus historias. Sirvan como ejemplo de esto las ocasiones en que habría asegurado a sus conocidos ser el verdadero "creador" del caldillo de congrio chileno (que había aparecido en poemas de De Rokha antes que el suyo, dicho sea de paso) o cuando hallándose de visita por segunda vez en su vida en la India, aseveró con desparpajo a Indira Gandhi que él era el "inspirador" de esas estilizadas estatuas propias del arte de Bali, ya que se habrían hecho basadas en él durante su residencia en Jakarta.
Pero aun suponiendo que Neruda fuese de una honestidad intachable en cuanto a relato de experiencias personales, la imaginación de los egos suele ir de la mano del interés por hacer más "entretenidas" descripción de sus propias vidas, para alejarlas lo más posible de aquella del simple mortal, innecesariamente en la mayor parte del tiempo. A veces es un acto inconciente, como vimos que sugiere De Souza Ferraz, pero también hay una exaltación desmedida y deliberada de simpatías y conveniencias ideológicas, por ejemplo, difícilmente surgidas de algo que no fuera una predisposición a mentir por una causa que se toma por justificada. Prueba de esto es la chabacana descripción que Neruda llega a hacer al final del libro, sobre el inexistente "asesinato" del Presidente Salvador Allende ametrallado por los soldados, redactándola sólo tres días después del Golpe Militar de 1973 -ya enfermo y postrado, sabiendo que escribía en contra del tiempo que le quedaba- y poniendo en sus páginas a un mandatario que hace frente solo y heroicamente decidido desde su gabinete a los mismísimos tanques del Ejército (!).
Quién iba a creer que la misma clase de afirmaciones antojadizas sobre la muerte del presidente y que servirían 40 años después para volver a intentar la demostración (por tercera oportunidad) de que fue "asesinado", también se usarían para molestar el descanso de los propios huesos del poeta, sosteniendo similares conjeturas y especulaciones sobre su muerte por manos de agentes golpistas y a los pocos días después del golpe militar, en este caso gracias al cacareo de un controvertido señor que, hasta hace algunos años -según me consta-, no era más que un personaje que causaba risas y apodos burlones entre los vecinos de Isla Negra, por sus delirantes historietas de inexistente amistad, cercanía e intimidad con el Premio Nobel, del cual fue sólo un insistente admirador en vida que a veces se pasaba horas parado afuera de la casa del vate esperando encontrarse con él e intercambiar algún saludo. En marzo o abril del próximo año, quizás conozcamos el desenlace judicial de esta otra historia.
Hay un rango, entonces, en que las memorias de Neruda, por su propia naturaleza, prisa y forma en que fueron concebidas, quedaron posiblemente expuestas al vicio de la exageración, la tergiversación y hasta fantasía ofrecida como hechos.
Miguel Serrano y Pablo Neruda en la India ("Memorias de Él y Yo").
UNA OBSERVACIÓN PERSONAL Y UNA COMPARACIÓN
Curiosamente, en el episodio de Ceylán según aparece descrito en "Confieso que he vivido", creo notar una paradojal coincidencia entre dos poetas nacionales muy distintos, de mundos antagónicos: por supuesto, nuestro premiadísimo Pablo Neruda al que, siendo estalinista confeso con quizás tres tercios de su obra olvidada por su abuso de la politiquería vertida en ella (aún sacan ronchas en la barra nerudiana las observaciones hechas por Enrique Lafourcade en "Neruda en el país de las maravillas"), su nombre ahora se le quiere dar hasta al aeropuerto internacional de Santiago... Y, del otro lado, el varias veces ninguneado Miguel Serrano que, por cargar su confesa filiación nacionalsocialista, hasta se le prohibió la instalación de una humilde placa recordatoria -poco después de su muerte- en el edificio donde vivía en Barrio Bellas Artes.
Fuera de esta desproporción haciendo gala de prejuicio "políticamente correcto" que domina en los estratos de quienes han acaparado y se sienten dueños la cultura en Chile, no está demás recordar que Neruda y Serrano se conocieron: sucedió en Nueva Dehli, durante una visita del vate a la India, acompañado de Matilde Urrutia, y cuando su anfitrión estaba a la cabeza de la legación chilena en ese país, en los días del último Gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo.
Puede ser sólo una coincidencia, por supuesto: dos autores que recibieron la misma clase de inspiraciones y estímulos en aquellas tierras sagradas del brahmanismo y la propia civilización. Sin embargo, me resulta extrañamente parecido el episodio relatado por Neruda sobre la chica tamil en sus memorias póstumas, con el que más de diez años antes había publicado Serrano sobre su encuentro con una muchacha hindú, durante sus aventuras en las ciudades de Orissa y Madrás. En efecto, hay claras similitudes en las comparaciones, los escenarios, los adjetivos, las metáforas totémicas, la asociación a estatuas, el énfasis en el color de la piel, los intentos por explicar la energía salvaje y exótica de la muchacha, el conflicto de "mundos", la simbólica pasión sexual del encuentro y hasta la misma descripción física de la mujer, aunque el relato me parece mucho más digno y seductor en el caso de Serrano y las circunstancias que le describe, mejor logradas además, lejos del perturbador abuso que ve en las memorias de Neruda.
Refiriéndose al mismo período en que se desempeña en la legación chilena en India, pues, Serrano plasma todas estas interesantes experiencias en uno de los mejores libros que se han producido sobre la magia de aquellas tierras lejanas: "La serpiente del paraíso", publicado poco antes del apogeo de la fiebre "pop" de occidente sobre la India, inducida por el movimiento psicodélico y el New Age de los sesenta con The Beatles, Rolling Stones, el falso "Maharishi" Mahesh Yogi y hasta la fundación del culto Hare Krishna por Bhaktivedanta Swami incluidos. Por sus características, su relación con los Himalayas y el pensamiento de su autor, "La serpiente del paraíso" también ha sido comparado alguna vez con el famoso "Siete años en el Tíbet", las memorias del ex oficial austriaco de las SS Heinrich Harrer. Ambos conocieron al entonces joven Dalai Lama en exilio durante ese período, además.
Este curioso y profundo trabajo verá la luz en 1963 con sello de la Editorial Nascimento. En uno de sus varios capítulos, que Serrano intitula como "Los ojos de la pantera", se describe el misterioso y sensual encuentro con una muchacha, tras llegar el autor hasta los lanchones de pescadores de Konarak (o Konark). Es un episodio cuyas similitudes con el posterior relato de Neruda me resultan inquietantes, por las descritas razones que intentaré exponer sólo transcribiendo aquí sus líneas:
"Desde lo alto de la quilla salto a las aguas del mar de Bengala, me sumerjo de cabeza, bajo a sus profundidades y reaparezco otra vez para dar grandes brazadas en procura de la playa. Voy llegando a las aguas bajas y veo cerca de mí un rostro que aparece y desaparece entre las olas. Me detengo y floto un instante para contemplarlo mejor. El rostro se inmoviliza, también flotando, ahora muy cerca. Son dos ojos enormes y alargados los que me miran. Ojos negros que despiden fosforescencias como las aguas. Un pelo tan negro y lustroso como esa mirada desciende de la cabeza y flota mecido por la resaca. El rostro que me observa con esa hipnótica fijeza es el de una mujer nativa, que se halla nadando solitaria, balanceándose sobre el mar. La sombra oscura de su cuerpo desnudo se prolonga por bajo del agua.
Cuando me alejo, ese rostro aún sigue mirándome con sus pupilas fijas.
Es de noche. Me paseo descalzo, semidesnudo. Voy y vengo por mi rústica cabaña, que queda junto al mar. He cerrado la puerta y las ventanas para protegerme de los mosquitos portadores de la malaria. Mi cuarto tiene un mosquitero, pero me desagrada dormir bajo él. En esos momentos siento un ruido junto a la puerta, algo así como un crujido, o como si un animal estuviese allí rascando la madera. Me acerco y la abro de golpe. Frente a mí tengo una mujer desnuda. Reconozco en ella el mismo rostro fijo de medusa, de ojos hipnóticos que hoy me contemplaban sobre el mar.
Sin decir una palabra, siempre mirando fijamente, esa mujer ha penetrado al centro de mi cuarto. No sé si he cerrado la puerta o si ésta se ha cerrado sola. Estamos ahora aquí siempre mirándonos a los ojos y respirando entrecortadamente. Logro verla bien. Es oscura, como el barro, como la greda y el limo. En sus tobillos finos lleva pulseras de plata pesada, de cobre. También en sus muñecas y en sus orejas. Una argolla le atraviesa la nariz fina, griega. Sobre los antebrazos hay tatuajes con extraños signos. Su boca no es gruesa, sus labios son perfectos. El pelo le cae sobre los hombros y está húmedo de un aceite pesado. Entreveo sus dientes blanquísimos, parejos y fuertes. Y sobre ese rostro oscuro, aquellos dos ojos terribles, inmensos, fijos bajo unos párpados alargados, con pestañas como alas de pájaros, negras, semicubriéndolos. De ahí salen dos rayos suaves, que llenan todo el cuarto y me envuelven, me devoran.
Muy lentamente, sin un ruido, esa mujer se me acerca. Me coge una mano y me la pone sobre su pecho desnudo, al lado del corazón. El pecho es duro, como una piedra y su pezón erecto casi hiere, como punta de pequeña lanza. La mujer palpita y despide un vapor envuelto en perfumes embriagadores. Huele con ese olor agrio y negro de la raza del Diluvio, de la Atlántida, huele también a té, a suave alcohol, a betel, a hojas de la jungla y a animal del serrallo. Huele un poco a oveja, a búfalo y, sobre todo, a pantera.
Sin que yo haga nada, va a tenderse sobre el lecho, bajo el mosquitero, y su cuerpo oscuro se destaca doblemente. Veo sus pies perfectos y sucios de barro, con sus plantas gruesas y sus dedos largos y finos. Las pulseras semejan las cadenas de una esclava. Se coge con las manos a la cabecera y empieza a respirar agitadamente, mientras sus ojos no dejan de clavárseme y su vientre va tomando una candencia rítmica, acelerada.
Inmóvil ahí comprendo que estoy en presencia de la hembra salvaje, antigua, pero no primitiva, sino con otra sangre, cambiada, alterada por la historia, por la liturgia, por la aventura del alma de todo un pueblo lejano, de una raza espiritual, legendaria, que ha entrado en tramos con la Serpiente.
Pienso que lo que esta mujer quiere es iniciarme en las prácticas del amor brujo y tremendo, del amor fatal. Viene de debajo de la tierra, de sus mismos terrones, del fondo del mar, como un pez, oliendo a pez, como la raíz del arroz, también como una piedra preciosa e intocada, como un zafiro azul o una pluma de pavo real.
Me acerco desnudo, mientras las nubes hirvientes de su cuerpo envuelven este cuarto impregnado de su terrestre y estelar olor.
Y esa noche yazgo allí con una estatua del Carro del Sol del Konarak, también con una oveja, con una sirena y con una bacante loca y sagrada de los jardines de Vrindaván".
Más que cuestionarme especulativamente si conocía Neruda el relato de Serrano y si quiso inventarse uno parecido y propio, me pregunto por el origen de los aspectos denotativos y connotativos de esta semejanza, aun siendo evidente que no corresponden a hechos análogos salvo en su alcance sexual de fondo. Mientras uno es auténticamente misterioso o romántico, el otro ha pretendido ser pasado por tal, como una impostura. ¿Este parecido es sólo aparente, entonces, considerando que uno describe una arcana aventura de sensualidad y otro un abuso decorado? ¿O, simplemente, Neruda disfrazó con la misma clase de éteres poéticos y lisonjeros para la prosa lo que, en los hechos, fue un reprochable abuso sexual de una mujer vulnerable e indefensa? ¿Será posible, acaso, que consagrado y elogiado Premio Nobel sea libre de todas las acusaciones que hoy se le hacen por su "confesión", salvo la de haberse afirmado en el episodio autobiográfico de un autor más joven y anatematizado por sus tendencias políticas, para construir el suyo sabiéndose inmune y en las alturas del reconocimiento oficial? ¿O bien disfrazó un crudo y real acto de vejación sexual, con las figuras líricas y recursos poéticos de otro episodio muy distinto y ajeno, tratando de hacerlo pasar por otra hermosa y exótica experiencia?
Si a lo poco fiables que podrían ser las memorias escritas por Neruda casi en el umbral de su muerte, le sumamos que el vate era conocido también por fanfarronear con inclinación al chamulleo y a la búsqueda de adulación (que nunca le faltó ni le faltará después de muerto, gracias a su fiel séquito), existe la posibilidad de que la experiencia que describe en el libro no sea más que otra fantasía de ensoñación autovivencial, caso en el cual habría que preguntarse de dónde sacó la inspiración para crear tal episodio, si es que la tuvo.
Es seguro que nunca se sabrá con certeza algo más sobre el sombrío episodio de Neruda en Ceylán con la desconocida muchacha tamil, ni cuánto de realidad y de fábula hay compitiendo en él; pero si está garantizado que las opiniones se encargarán de inclinar los juicios y las pasiones hacia un lado u otro, en cada ocasión que esta discusión vuelva a cobrar fuerza y sentido.

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