domingo, 31 de enero de 2016

SABOR Y MAGIA DE LA "COPA MARTÍNEZ"

Don Juan Martínez V. (QEPD) y su familia, rodeando la célebre copa, en fotografía de prensa. Fuente imagen: Rodamons.net.
Coordenadas: 18°28'38.50"S 70°19'4.36"W
Es una de las recomendaciones culinarias más frecuentemente repetidas para el visitante de la ciudad de Arica, y está al fondo del tradicional Mercado Colón, de la calle del mismo nombre esquina Maipú. Empero, nada adelanta realmente la sabrosura de esta singular receta hasta que se la tiene ante nuestra nariz y tocando la lengua; ni siquiera esos gemidos de disfrute total que suelen emitir ante las cámaras reporteros y personalidades públicas que tienen la dicha de probarla en la ciudad más nortina de Chile.
Nadie desconoce la "Copa Martínez" en Arica, pues ya se ha vuelto parte de la identidad colectiva y culinaria. Algunos se han aventurado a compararla con la llamada leche de tigre peruana o esas cañas rebosantes de jugo de mariscos y de cebiche que se ofertan en los mercados de Mapocho en Santiago, pero no guarda semejanzas auténticas con esa otras sabrosuras: es más bien una preparación que combina elementos de los huevos a la ostra, el cebiche y el mariscal, resultando una fresca receta única y sin parangón, además de muy superior a otros experimentos con mariscos, pescados y limones que pueden verse en restaurantes de aire marino, para nuestro gusto. Como a las anteriores, sin embargo, también se le atribuyen poderes de "levantamuertos" (recuperación después de un trasnoche) y afrodisíacos -medio en broma y medio en serio-, al punto de que algunos lo apodan "El Viagra Chileno".
La "Copa Martínez" es exclusividad del reputado restaurante "Caballito de Mar", local N° 22 del Mercado Colón, local apodado antaño como "La Catedral del Cebiche en Chile". La copa cuenta con marca registrada en el Ministerio de Economía y sólo ellos pueden ofertarla, bloqueando así varios intentos de apoderarse de la copa entre otros comerciantes y hasta algunas ambiciones por arrebatarle la creación a la familia. Es tal el celo que los Martínez tienen por su preciado símbolo que incluso se resisten a comerciarla fuera del local y a vender franquicias para que otros puedan ofrecerla respetando su denominación y creadores.
El "Caballito de Mar" recibe a sus clientes.
Bandejas de cebiches y mariscales que dan el caldo de la copa.
Todo comienza con los huevos y el limón.
La copa y el propio boliche son feliz producción de don Juan Martínez Valderrama, quien fue un querido comerciante y vecino ariqueño hijo de chileno y boliviana, casado con ciudadana de origen paceño, padre de la generación de Martínez que actualmente se encargan del "Caballito de Mar". El negocio ofrece desde sus inicios en los ochenta mariscales, peroles, cebiches varios, pailas marinas, pescados fritos y generosidades del mar en general, pero la "Copa Martínez" surge casi espontáneamente a partir de un platillo que don Juan gustaba de comer a modo de reconstituyente para trasnochados o enfiestados. Lo creó un día de aquellos, mezclando productos para combatir una fuerte resaca con la que había despertando, logrando dar así con la mezcla ideal a partir de los huevos a la ostra, mezclados con cucharadas de productos marinos al limón en abundancia.
Su copa se sirve muy fría y resultó interesante para el gusto de los ariqueños; casi fundamental para aquellos que andaban con la caña mala, diríamos, por lo que pasó rápidamente a la carta desde donde nunca ha salido, hará ya unos 20 ó 25 años. Sumada su sabrosura y su poder de pócima "levantamuertos" a la fama de ser también esa suerte de "Viagra Chileno", el éxito ha sido rotundo para la copa.
En términos generales, la copa lleva huevo crudo con jugo de limón, que se va batiendo y tomando consistencia mientras se agrega la pimienta y la sal, seguida de jugo de cuatro cebiches de pescado y mariscales a la vista en el mostrador, muy frescos, más algunas cucharadas del sólido, de molusquillos, de piures y más zumo, con detalles y proporciones de la receta que pertenecen al secreto culinario de la casa. Terminada, tiene un color blanquecino amarillento, y principalmente de consistencia mixta. Servida en la copa cercana al medio, su sabor es una bofetada de placer en el paladar y se vuelve casi adictiva de inmediato. Difícil sería probarla una sola vez en la vida.
Doña Jacqueline Martínez, preparando una copa.
Juan Martínez, con la camiseta de su equipo de waterpolo.
La copa de insuperable caldo marino muy frío ha sido aplaudida y difundida públicamente varias veces: entre otros, por el escritor nacional Enrique Lafourcade, el guaripola guachaca Dióscoro Rojas (que quedó inmortalizado en una célebre fotografía de hace unos tres años), el periodista Marcelo Garay (con un jocoso artículo de "La Cuarta" del 24 de febrero de 2006, titulado "Con vieja 'Copa Martínez' no pasa planchas en ring de 4 perillas") y el reportero gastronómico boliviano Fernando Cervantes Crevoisier. Durante el año 2010, a propósito de los festejos del Bicentenario Nacional, también hubo interés en Arica por proponer la "Copa Martínez" para un reconocimiento como un platillo bicentenario y patrimonio gastronómico chileno.
Don Juan Martínez falleció el año 2004, dejando para Arica uno de sus símbolos culinarios más potentes y hasta internacionalizados, ya que cada año son cientos los turistas que llegan a conocer la célebre y energizante copa en el premiado restaurante. Sus hijos han continuado la tradición, y doña Jacqueline Martínez Blanco hasta se hace el tiempo para explicar generosamente a los visitantes sobre la naturaleza de este elíxir, acompañada de su hermana Consuelo. Su hermano Juan, en tanto, además de trabajar también en el local, desarrolla labores deportivas y de perfil social a través de un exitoso equipo juvenil de waterpolo que patrocina y que lleva el mismo nombre del "Caballito de Mar". También se instituyó una Copa Martínez de Fútbol, para campeonato local de balompié, por lo que la querida y solicitada copa sigue acumulando aplausos incluso más allá de sus mesones y manteles.
¡Terminada y servida!
La "Copa Martínez" en todo su esplendor.

sábado, 30 de enero de 2016

LA REVOLUCIÓN DEL PAN (Revista "Viernes" de "La Segunda, 22 de enero de 2016)

Reportaje "La revolución del pan" de Daniela Pérez G., publicado en la revista "Viernes" del diario "La Segunda" del viernes 22 de enero de 2016. Hace referencia al estupendo libro de Gabriela Diéguez "Agua, harina, sal y levadura", recientemente publicado y del que también hemos comentado algo ya en este blog Para ir al artículo original, seguir este link: http://impresa.lasegunda.com/2016/01/22/V/fullpage#slider-10 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
Hace algunos años, el pan comenzó a reivindicarse como producto estrella, convirtiéndose en un fenómeno. Revista Viernes incursionó en los motivos de esta fiebre que ya llegó a Chile, el 2° país que más pan consume en el planeta. La tendencia que hay por devolverle sabor y calidad al pan es una mezcla de rescate por la tradición y la búsqueda de una alimentación más saludable.
A fines de los años 90, en las cocinas de los chefs más destacados de Inglaterra, un ex fotógrafo australiano que había decidido cambiar su vida e iniciar una carrera en la cocina, buscaba convencerlos de la importancia que tenía desarrollar micropanaderías internas, en las cuales la calidad del pan fuera el eje del trabajo y no la presión que vivían las de producción comercial que sólo pensaban en hacer la mayor cantidad, en el menor tiempo posible. El joven se llamaba Dan Lepard –hoy estrella de TV y éxito de ventas mundial con sus libros dedicados a la panadería– e iniciaba así una verdadera revolución en la fabricación de uno de los productos presentes en las mesas de la gente desde hace miles de años y que había perdido tanto su rol protagónico como el toque artístico detrás de su elaboración.
Base de la alimentación en países de todo el mundo, con diferentes ingredientes y versiones, el pan ha sido protagonista de la cocina desde la prehistoria. Como lo relatan Jacob Heinrich y Peter Reinhart en Six thousand years of bread: its holy and unholy story, el pan acompaña a la alimentación de la humanidad desde el 8000 a.C. La introducción del cereal en la dieta humana aparece cuando el hombre primitivo deja de ser nómade para ser sedentario, con la aparición de la agricultura. Probablemente entonces algún tipo primigenio de trigo fue una de sus primeras plantaciones.
Durante la historia el pan ha ido cambiando según los contextos sociales, económicos y gastronómicos de cada época. Un producto simple, pero con una compleja ciencia detrás de su preparación, que ha mantenido como pilares fundamentales los cuatro ingredientes que lo componen. Sin embargo, con la aparición de nueva tecnología, la disminución de una mano de obra experimentada y el empleo de aditivos y químicos para alterar su duración, el producto fue perdiendo su esencia. Una que cientos de panaderos del mundo, amateurs y profesionales como Dan Lepard, buscan rescatar en una cruzada que tiene como consigna volver a las raíces de la producción artesanal.
DE LA TRADICIÓN A LA INDUSTRIALIZACIÓN
El pan en nuestro país también ha sido parte de esa historia de cambios y evoluciones. Amante por excelencia de este producto, Chile ha ocupado durante años los primeros lugares en los índices de consumo mundial: actualmente es el segundo después de Alemania y el primero en Latinoamérica, con cerca de 98 kilos al año per cápita. "Por algo Chile llegó a ser el principal productor mundial de trigo en los años mozos de la Conquista", dice Cristian Salazar, del blog Urbatorivm, en el libro publicado por la diseñadora Gabriela Diéguez, Agua, harina, sal y levadura (2015), en la que rescata el oficio de la tradición panadera en el país.
En el mismo texto, Salazar asegura que, según su investigación, el periodista Aurelio Días Meza ya hablaba de la relevancia del producto en el siglo XIX: "La verdadera primera gran industria de la capital Santiago del Nuevo Extremo, por las necesidades de alimento de la población, era la producción de tortillas de rescoldo. El autor señala que estas tortillas de rescoldo. El autor señala que estas tortillas eran llamadas por entonces 'pan subcinericio', término aún usado en España para la misma clase de tortillas hechas de masa expuesta a cenizas calientes de una fogata ya consumida". Lo mismo reconoce Eugenio Pereira Salas en su libro Apuntes para la historia de la cocina chilena (1977), donde se refiere a la tortilla como el tipo primitivo de pan, incluso antes, en 1600, y lo califica como una "herencia milenaria de la civilización universal".
Sin embargo, fue a fines del siglo XIX y comienzos del XX cuando, con la llegada de los primeros panaderos de origen francés -que introdujeron la emblemática marraqueta- e ingleses, el oficio de panadero comenzó a tomar forma. Este puntapié inicial fue luego impulsado fuertemente por los inmigrantes españoles, quienes le dieron forma al negocio del pan y vida a la tradicional hallulla y levantaron locales que, gracias al bienestar económico y la calidad de vida que les permitía tener, hizo que se traspasaran de generación en generación, como algunos casos aún vigentes: la panadería Lo Saldes, Castaño, El Pueblo y, la más antigua de Santiago, San Camilo, perteneciente a la familia catalana Ferrán, que en el marco de su cumpleaños número 130 está trabajando en un libro que rescatarla. Es una historia bonita, de todos los días, que traspasa generaciones. Además, el libro no sólo aborda la historia cronológica, sino, también les rinde tributo a quienes han estado toda su vida ligados a la panadería", dice Alberto Ferrán, gerente general de San Camilo.
Como un científico en su laboratorio, el maestro panadero se hace cargo de manejar pocos ingredientes, pero conociéndolos a la perfección. Tiene que saber que una buena harina es clave en su elaboración, que el proceso de fermentación necesita de tiempo para alcanzar el punto perfecto y que el trabajo requiere de sacrificio: levantarse de madrugada para poder tener el mejor pan a la hora de apertura de las tiendas. "La tradición panadera se nota en eso, en un pan que hace que la gente vuelva a la panadería, que genera fidelidad en la clientela. En el fondo, la tradición se genera en la medida en que la gente que está alrededor la reconozca como tal y la esencia de la panadería de barrio es que se vuelve única, donde el panadero saluda a quienes entran y se transforman en un hito en el lugar", afirma Gabriela Diéguez, la autora de Agua, harina, sal y levadura.
Con la industrialización del mercado, estos valores se fueron perdiendo tanto por la alta demanda como por los cambios propios de la modernización: la aparición de grandes mercados fueron debilitando la costumbre del local de barrio. "Sumado a la escasez de mano de obra, se potenció el ingreso de la línea de precocidos y pan congelado que en los supermercados -donde hoy la gente compra el pan- se utilizan por manejo de costos. Este contexto nos hizo darnos cuenta de que teníamos que reencantar al público con nuestro pan tradicional: la marraqueta de barrio. Estamos trabajando con las panaderías para mejorar los procesos de fermentación, la técnica tradicional de preparación de la marraqueta reposada en paños, el horneado en horno de piso, característico de una panadería tradicional, y volver a la imagen del maestro con una enorme pala sacando del horno pan por pan", dice el presidente de la asociación gremial Indupan Santiago, José Carreño, quien además enfatiza la importancia de elevar la categoría del maestro panadero. "Al ser un trabajo no muy bien calificado, hubo mucha migración hacia la construcción. Entre trabajar de obrero en una panadería y estar de obrero en la construcción con el doble de sueldo, la gente se fue. Por eso queremos posicionar al maestro panadero, certificar su trabajo para que se sienta dignificado".
BUEN COMER, BUEN VIVIR
La cruzada por devolverle sabor y calidad al pan no sólo tiene que ver con el rescate de las tradiciones. También se debe a la tendencia mundial por una alimentación saludable. “Responde al surgimiento de un interés por saber qué contiene lo que comemos, de dónde proviene y cómo está hecho. Si hay un boom de lo bio, de lo orgánico, de pensar en los pesticidas, en el agua que se usa para regar, sería poco consecuente no aplicarlo también al pan. Por eso se está valorando más la producción de manera artesanal, con ingredientes sanos y en la que se respete el tiempo que requiere preparar un buen pan, independiente de que la vida sea más rápida y de que en algún momento se haya valorado el pan congelado que se hornea en pocos minutos”, dice la crítica gastronómica Pilar Hurtado.
A Dan Lepard, el australiano que convenció a importantes chefs londinenses de revalorizar el pan en sus mesas lo siguieron muchos. Sus libros Baking with passion (1999) y The handmade loaf (2004) se transformaron en verdaderas biblias para panaderos que leían en sus palabras el camino a seguir. Jeffrey Hamelman, que con su libro Bread (2004) despertó un interés renovado por el pan en gente común y corriente, y también el español Iban Yarza, que en Pan casero (2013) se preocupa de transmitir las nociones básicas del manejo de las materias primas. Esto va de la mano con el aumento de cursos y talleres en Estados Unidos y Europa, donde se ha vuelto cada vez más frecuente la incorporación de clases magistrales de panaderos que enseñan a hacer pan artesanal, así como la creación de institutos dedicados exclusivamente a la panadería, entre ellos el San Francisco Baking School y la Escuela de Pan Artesanal en la Toscana. Ambos, en cuanto a pan se refiere, son los que la llevan.
En Chile, el pan artesanal también comenzó su propia fiebre. Los mismos libros enseñan a los panaderos locales diferentes técnicas de preparación y han servido de inspiración para quienes se atrevieron a meter las manos en la masa antes de que fuera tendencia. "Empecé a hacer pan de masa madre -utilizada antes de la creación de la levadura industrial, donde se mezcla harina y agua en partes iguales para dar vida a una levadura natural- hace unos 14 años, masa que aún conservo. En ese entonces, hablaba de masa madre y nadie me entendía. Estaba en la búsqueda por el pan ideal para mí -de miga elástica, esponjosa, aireada, con una corteza crocante, gruesa, de buen color y olor-, el Shangri-lá de los panes, pero como no existía por aquí en Chile, busqué en mis viajes por otros países la literatura de panadería europea", dice el chef Pepe Acevedo, experto en la materia. "Con los años fueron apareciendo panaderías, francesas sobre todo, y de a poco fue creciendo el tema, pero hace tres años la cosa se multiplicó. Yo lo experimenté en que mucha gente me empezó a preguntar sin les podía enseñar a hacer pan con masa madre. Y empecé a dar clases, cada año con más alumnos. El 2015 hice cuatro talleres, 60 alumnos en total", agrega.
Lo que iniciaron personajes como Pepe Acevedo, lo han continuado haciendo jóvenes chilenos y extranjeros quienes, con técnicas como la masa madre, harinas menos fortificadas y con menos sodio, y menos o nulo uso de grasa, han desarrollado nuevas propuestas de pan que brillan en las vitrinas de panaderías boutique que se han instalado en distintas comunas de Santiago. "Esto genera innovación y el desarrollo de panes con multigranos e ingredientes que no están en la panadería tradicional, que se quedó pegada mucho en la hallulla y la marraqueta", dice José Carreño y Alberto Ferrán agrega: "Esto es lo mejor que nos puede pasar. En la medida en que el oficio se abra, que haya un renacer de panaderías y que los clientes quieran valorar y distinguir las variedades y calidades del pan, yo creo que eso hace más atractiva la industria". Ahí está el reto del panadero moderno: ser capaz de aplicar los principios de una panadería clásica en una amplia variedad de masas, con productos de una calidad constante y que respondan a la demanda actual. Sin embargo, esto no significa que cambien o reemplacen a la panadería de barrio. La tradicional: "Seguirá existiendo porque es como la panadería boutique del pueblo. Si comparas el supermercado con este pan, al que se le dedica el tiempo propio de su elaboración para que leude y se hinche, con la harina y levadura adecuadas, o donde se atreven a probar con mezclas, entiendes por qué la gente está volviendo a rescatar panes que se habían olvidado", asegura Pilar Hurtado. La memoria, así, en la buen mesa, esa mesa compartida, de desayunos y onces compartidas, está viviendo un cambio vital. Un retorno a la las raíces que involucra, además, una manera de buscar identidad y calidad de vida. A más de una década de iniciada, la revolución del pan parece haber llegado para quedarse.

miércoles, 27 de enero de 2016

LA DICHA DEL "PUENTE DE LOS LAMENTOS" DE LA LIGUA

Coordenadas: 32°28'41.94"S 71°16'6.12"W
Adoro este modesto sitio... Por muchos sabores y por muchos recuerdos de viajes; y sólo por ser lo que es. Simplemente, adorable.
Voy por la carretera, con el caluroso Santiago del verano quedando cada vez más atrás y me acerco ya al límite de la Región de Valparaíso. Mi destino final está en las márgenes extremas de este país-autopista entre cordillera y mar, pero el rito de cada viaje es siempre el mismo: surtirme de una provisión de los célebres dulces de La Ligua, ofrecidos por las tradicionales palomitas que ya hace muchos años dejaron de ser sólo mujeres, compartiendo el deleitoso oficio de los canastillos y los delantales blancos con los hombres.
Por la Ruta 5, pasada la salida de la Ruta E-35 que conduce hacia La Ligua y su célebre pastelería semi-artesanal y chalecos, hay un complejo comercial que funciona como parada y posada para los viajeros, además de dar un albergue seguro a las palomitas y sus pichones. El lugar ofrece tortillas, pan amasado, abarrotes, algún expendio de alimentos y -por supuesto- los canastos con empolvados, chilenitos, alfajores de biscocho y de hojarasca, cachitos, empanadas de pera, principitos, masas milhojas, almejitas, paletitas y todas esas maravillas de dulzura liguana.
Estos establecimientos de la carretera, correspondientes a módulos techados con un largo alero, fueron levantados para los comerciantes sobre lo que hasta más o menos el año 2006 había sido sólo un recinto menor, también largo y con techo funcionando como descanso de viajes. Con el tiempo, la parada ha ido siendo mejorada y ampliada, y casi no hay bus de pasajeros que no pare allí echando arriba a algún comerciante de dulces, que paseará por los pasillos vendiendo sus pasteles cargados al azúcar flor, el manjar blanco y las cubiertas de crujiente merengue.
Los trabajadores aquí tienen un régimen estricto de turnos y respetuosamente ordenado para procurar el beneficio de todos: a quién le toca vender, ponerse junto a la autopista o subir a los buses con sus canastos. Es admirable el nivel de entendimiento y camaradería que han conseguido pensando más en el beneficio colectivo que en las mezquindades inmediatistas.
Desde más o menos el año 2010 o un poco antes, estos comerciantes cuentan también con un pequeño y encantador puente peatonal que reemplazó a la vieja pasarela para aproximarse a la autopista desde el sector de los locales. Tiene ese aire y estilo de muchos puentes de terrenos rurales por casi todo Chile, levantados para sortear arroyos y esteros del paisaje. Su pasarela de durmientes y la sombra generosa de un pino a su costado, ayudan a enaltecer lo pintoresco y acogedor de este sencillo sitio.
Principalmente de madera con refuerzos metálicos y pintado de amarillo, une la calle lateral donde está la parada con la vera de la autopista, pasando por encima de la zanja que escolta a la 5 Norte por todo este tramo y que estaría asociada a aguas de riego que se extraían del Estero Quebradilla. Cada comerciante, siempre de impecable blanco, se coloca en la salida del mismo sacudiendo un paño o un plumero -también blanco- como invitación a los viajeros para detenerse un rato en este sitio.
El curioso paso sobre la zanja ostenta un nombre extraño,  a diferencia de su anónimo símil en los puestos de enfrente al otro lado de la carretera: "Puente de los Lamentos". Lo dice un pequeño cartel pintado a mano colgando sobre el acceso al módulo del mismo, la parte techada con mallas de nylon y postes de metal formando una especie de garita, allí al borde de la autopista donde buses, camiones y vehículos en general pasan persiguiendo los límites de la velocidad permitida.
El singular nombre, además de aludir sarcásticamente al célebre muro del Templo de Jerusalén, tiene una inspiración bastante jocosa: es una autoburla de los mismos comerciantes con la marcada tendencia de los miembros del rubro a estar reclamando siempre porque consideraron que las ventas fueron magras o bajas, vicio del que aparentemente, tampoco escaparían palomos y palomitas.
Por todos lados vemos esta extraña tendencia del comerciante chileno a priorizar el lamento por sobre la celebración de la utilidad. Es parte de la idiosincrasia nacional y quizás hasta de la propia inclinación comercial en la que soñaba consolidarnos Diego Portales como sociedad civil. Por eso, nunca faltará el fondero reclamando con el ceño anudado contra las pérdidas o las ventas poco felices en plenas Fiestas Patrias, ni el vendedor de juguetes chinos de calle Meiggs convencido ante las cámaras de los noticiarios que sus utilidades no cumplieron sus expectativas navideñas... Per sécula, seculorum.
Bueno: el caso es que los comerciantes de las carreteras junto a La Ligua tienen plena conciencia de esta curiosa inclinación del rubro y de ellos mismos, y por esta razón bautizaron así a su "Puente de los Lamentos", burlándose de todos aquellos que en este justo y preciso punto vivían alegando que no han logrado "vender nada" (aunque la contabilidad y la propia tradición sostenida digan lo contrario) y prefieren "andar llorando", como se lo denomina en la jerga de estos trabajadores.
Es un estupendo ejercicio motivacional y autocrítico, sin duda, logrado sólo con el chiste del nombre y el bautizo para el puente, con este inconfundible nombre.
Encantador y adorable sitio, insisto: como muchos otros que me demuestran por todo un inmenso país de contrastes extremos y diversidades que llegan a ser extravagantes, que la esencia de este Chile y de su gente aún se reconoce en todos sus rincones, para desvelo y angustia de los que ya hayan sido seducidos por la feromona atrofiante de la oferta cultural unificada del laboratorio internacional, siempre alérgica a todo concepto lindante en la identidad popular y propia.

viernes, 15 de enero de 2016

HISTORIAS, ERRORES Y TERRORES DEL CÉNTRICO Y LEGENDARIO PORTAL FERNÁNDEZ CONCHA

Imagen de la Plaza de Armas desde la torre del Palacio de la Real Audiencia, con todo el frente del Portal Fernández Concha a la vista, hacia el cambio de siglo.
Coordenadas: 33°26'19.11"S 70°39'1.32"W
Ya he comentado -en una entrada del mes pasado- la historia del Portal de Sierra Bella, la antigua residencia y centro comercial del Tesorero Pedro de Torres y Saá, que desde tiempos coloniales se encontraba en el costado Sur de la Plaza de Armas y cuya época termina con un incendio del 1° de mayo de 1869 que significó su demolición y la construcción del Portal Fernández Concha, del que ahora nos ocuparemos.
Hay muchas equivocaciones rotundas rondando como información histórica sobre este edificio del actual portal, las que con modestia pretendo despejar en parte, ahora, especialmente en asuntos de fechas y nombres involucrados.
Como preámbulo, cabe recordar que hacia 1850, aproximadamente, el inmueble del portal colonial (anterior al actual) había pasado a manos de doña Carmen Vásquez de Acuña y Messía, X Marquesa de San Miguel de Hijar y VI Condesa de Sierrabella, como única heredera de la familia originalmente dueña. Ella era la esposa del acaudalado y aristócrata señor Manuel de Santiago Concha, y ambos administraban la casa cuando, en 1869, el señalado incendio destruyó casi completamente el lugar permitiendo que un nuevo proyecto inmobiliario fuera realizado en el mismo sitio de la céntrica manzana. Así nacerá el Portal Fernández Concha, y no de otra forma.
La dirección del portal es calle Compañía 960 y, a diferencia del Portal Bulnes al costado oriente de la Plaza de Armas, este edificio es propiedad privada. Protegido por la declaratoria de Zona Típica para la Plaza de Armas y el Congreso Nacional de Santiago, por Decreto Supremo N° 1.551 del 3 de diciembre de 1986, además de ser categorizado como Inmueble de Conservación Histórica, el Portal Fernández Concha hace tiempo me viene penando con la necesidad de publicarle una entrada de texto e imágenes, que será precisamente ésta.
Flamante Portal Fernández Concha en 1872, en imagen publicada por Tornero.
Imagen de la Plaza de Armas con el Portal Fernández Concha a la derecha, hacia el cambio de siglo. Al centro, atrás, se distingue el Edificio Comercial Edwards (esquina de Estado con Merced) y a la izquierda se observa en Portal Mac Clure con la Galería San Carlos a su espalda, donde hoy está el Portal Bulnes y el Pasaje Phillips.
PRIMER ASPECTO DEL PORTAL FERNÁNDEZ CONCHA
Las propiedad en ruinas del Portal de Sierra Bella fue adquirida por los hermanos Domingo y Pedro Fernández Concha, miembros de la misma familia de don Manuel Santiago Concha y abuelos del poeta Vicente Huidobro. Eran dueños de la Viña Santa Rita y tenían relaciones con actividades bancarias, además. Don Pedro también era casado con doña Carmen de Santiago Concha, su prima y última de las Condesas de Sierra Bella, además de heredera con sus hermanos de la propiedad destruida.
Ambos hermanos Fernández Concha, entonces, se asociaron y trazaron un gran proyecto de reconstrucción para el lugar; y así hicieron levantar sobre la planta del inutilizado Portal de Sierra Bella a la que sería la primera versión del Portal Fernández Concha, retratado en muchas ilustraciones y fotografías de aquel período histórico.
Don Domingo encargó las obras al arquitecto inglés W. Hovender Hendry hacia agosto de 1869, las que se ejecutaron entre 1870 y 1871, aunque da la impresión de que algunos trabajos de terminaciones se extendieron hasta el año siguiente. Varias fuentes señalan, sin embargo, que quien había iniciado los trabajos fue el francés Lucien A. Henault, quizás por su relación con la construcción del Pasaje Matte al interior del portal y de la misma cuadra donde se encuentra.
El enorme y palaciego edificio de cuatro pisos era un verdadero homenaje monumental a la influencia neoclásica anglo-francesa en la que estaba cayendo poseída la arquitectura chilena hacia esos años y hasta después del Primer Centenario. Su enormidad coronada por falsas mansardas del cuarto nivel y sus tres torres-desvanes (una central y dos laterales) fue por muchos años la forma que contorneó y caracterizó a la Plaza de Armas de Santiago por este costado. El gran frontón central lucía columnas y estatuas en las cornisas, además de mostrar balaustras por todos sus costados visibles. En los bloques laterales el segundo piso ofrecía a la admiración terrazas con sus propias columnas y conjuntos heráldicos en lo alto, acompañados por figuras aladas. Debió haberse tratado, sin duda, de uno de los edificios más elegantes, altos y espectaculares de su época en Chile.
Avisos de la sombrerería "Brooks", 1947 y 1948, respectivamente.
Su enorme zócalo de arcadas, en tanto, recordaba en parte al antiguo portal colonial y también fue concebido como centro comercial. Había allí restaurantes, casas de ventas, jugueterías y otros negocios como la "Casa Británica" de la H. Sutherland & Cía., que hacía sus liquidaciones y ofertones. Otros locales eran sedes bancarias, perfumerías, sastrerías y algunas de las primeras boîtes que se recuerdan en Santiago. En el edificio había también salones de billar como la "Sala Puga", tiendas de juguetes como "La Casa Senda" y la sofisticada "Peluquería Parisina".
Por el mismo año de la construcción del Portal Fernández Concha, además, don Domingo Matte hizo abrir la remodelada ex Galería Comercial Bulnes que se hallaba a su espalda dentro de la cuadra. Como dijimos, se habían encargado estas obras a Henault, rebautizándose el complejo como Pasaje Matte, cuyas entradas principales a las galerías quedarían, precisamente, en los bajos del nuevo portal, estableciéndose así esa interconexión entre ambos recintos que se mantiene hasta hoy y que domina el tránsito entre toda la manzana.
Curiosamente, sin embargo, y como si la sociedad chilena resistiese a la idea de que el viejo edificio colonial anterior había desaparecido irremediablemente, el nuevo siguió siendo llamado informalmente, por un tiempo más, como el Portal Sierra Bella, hasta que logró imponerse su nombre con los apellidos de sus fundadores que era el oficial. Esto, sumado a una posterior remodelación del Portal Fernández Concha que le dio su aspecto actual, ha creando grandes confusiones sobre el año al que pertenece el edificio y sobre quiénes fueron sus arquitectos, como puede verificarse buscando en internet información sobre el mismo y como seguiremos viendo acá.
En sus segundo y tercer pisos funcionó por largo tiempo un secuencia de célebres centros hoteleros. El primero de ellos fue el Hotel Santiago, a partir de 1871, que poco después era elogiado por Recaredo Santos Tornero en su "Chile Ilustrado", comparándolo con el Hotel Louvre de París. Había nacido de un proyecto de una junta de accionistas del año anterior. Recuerda Hernán Eyzaguirre Lyon en "Sabor y saber de la cocina chilena", que su reputadísimo restaurante estaba a cargo del chef francés Alexandre d'Huique, "que usaba bigotes a la imperial, como en el Segundo Imperio". Este maestro cocinero "clarificaba las sopas con cáscaras de huevos y servía el consommé aut profiteroles", siendo sus especialidades el supréme de volailles y el pudding Nesselrode.
Demás estaría detallar que importantes personalidades de la época, nacionales e internacionales, pasaron por esos comedores.
El establecimiento que relevó al Hotel Santiago fue el Hotel Inglés, hacia 1880, que según Oreste Plath en "El Santiago que se fue" ocupaba también el segundo piso y fue el primero en Chile con la característica de haber tenido luz eléctrica para todas sus habitaciones en 1884, curiosamente justo en la esquina vecina a aquella donde la Compañía Chilena de Electricidad instaló después su Palacio de la Luz. Conservaba del anterior Hotel Santiago la misma elegancia nunca antes vista en Chile, con el ostentoso mobiliario europeo. Su dueño era un inmigrante británico llamado M. Therrier, y su administrador un francés de apellido Chéyre, que después sería propietario del establecimiento.
Entre los huéspedes más ilustres de los hoteles estuvo el Duque de Madrid Carlos María de Borbón, aspirante al trono, el estadista peruano Nicolás de Piérola viviendo el amargor del exilio poco antes de la Guerra del Pacífico, y después el ex dictador ecuatoriano Ignacio de Veintemilla, también escapando de turbulencias políticas en su contra. La información de que Sarmiento también habría vivido acá durante su exilio en Chile, en cambio, es otro error que abordaremos más abajo.
Durante el tiempo que funcionó este servicio hotelero en el suntuoso portal, cambió dos o tres veces más su identidad: primero, se transformó en el Hotel de Francia, en 1900; y en 1919, en el Hotel Plaza, que después subdividió el espacio para el Hotel Milán que ocuparía la esquina de Estado. Cerraron sus puertas en 1928, cuando el edificio entró a pabellón de remodelaciones para la que sería su segunda y actual etapa de vida.
Publicidad de la "Casa Británica" del Portal Fernández Concha, año 1915.
Vista del Portal Fernández Concha y la Plaza de Armas hacia el 1910, cuando funcionaba en él el Gran Hotel de Francia. A la derecha del encuadre, puede verse el Palacio Arzobispal.
La misma fachada en el siguiente período, con el Plaza Hotel.
REMODELACIÓN Y ASPECTO ACTUAL
Tras años de envejecimiento y deterioros, una radical remodelación del Portal Fernández Concha planificada y ejecutada entre 1927 y 1933, se hizo bajo el diseño de los arquitectos Josué Smith Solar y su hijo José Smith Miller, con participación de Jorge Arteaga en los planos, según algunas fuentes como René León Echaíz en "Historia de Santiago" y el artículo "Edificio La Chilena Consolidada" de "El Mercurio" del 17 de junio de 2000.
Aprovecho de enfatizar esta información para tratar de despejar ese error tremendo y casi bochornoso que ronda majaderamente por una enormidad de textos, videos, artículos y sitios webs, asegurando que el edificio actual fue creado como Portal de Sierra Bella en 1871 y por el talento del señor Smith Solar e hijo, mezclando equivocadamente datos de las dos inauguraciones del Portal Fernández Concha. Ya dijimos que el Portal de Sierra Bella era el anterior, de tiempos coloniales, y que sólo legó su nombre como mote informal en el nuevo Portal Fernández Concha, por un tiempo. Además, en el señalado año de 1871 el señor Smith Solar tenía tiernos 3 ó 4 años de vida; por consiguiente, es claro que él y su hijo son autores de esta versión del portal presentada en los años treinta, no de la anterior que ya vimos era obra de Henault y de Hovender-Hendry.
Estilísticamente, el Portal Fernández Concha -en esta segunda versión- es un edificio más alto que el anterior, de aspecto transicional entre los elementos del neoclásico y el modernismo, pues ofrece detalles de sugerencia art decó especialmente visibles en su frontón central (como las figuras decorativas y las cuatro copas de abundancia), aunque ciertas opiniones prefieren la comodidad de definirlo en un estilo en particular, idea que no compartimos. También hay frontones con ménsulas en las cornisas entre el quinto y sexto nivel, con cierto aspecto parecido al que repiten los portales neocoloniales. Balaustras y columnas quedaron concentradas principalmente en el bloque central del frontispicio, además de la primera línea de balcones del segundo piso y arriba en el borde de azotea, mientras que el resto de los vanos cuentan con enrejados de forja. Al portal, además, se le agregaron dos pisos más, sexto y séptimo (contando el entrepiso del zócalo), en los que se distribuyeron pequeños departamentos residenciales; un octavo nivel lo constituyen hoy los altillos, también con habitaciones y la cámara de maquinarias de sus viejos ascensores.
Pocos saben o recuerdan hoy que la escultura de la Virgen María que decora lo alto del simétrico Portal Fernández Concha desde esta última remodelación, justo al centro del séptimo piso y de frente a la plaza, es una obra del escultor nacional Domingo García-Huidobro, curioso y un tanto misterioso artista chileno con mucha influencia mística y espiritual en su obra, relacionado con la misma familia de quienes hicieron levantar el edificio. Era hermano del poeta Vicente Huidobro, por cierto, aunque mucho menos dado a la exposición pública y a la ideología que éste. La figura es simple pero de aire enigmático propio de sus trabajos escultóricos, vestida sólo con una túnica y un manto en una posición de manos abiertas que también intriga. Las leyendas sobre la razón de esta imagen esculpida sobre un bloque de concreto -fuera del conservadurismo católico de los Fernández Concha- navegan entre interpretaciones cardinales sobre su posición señalando el Norte hasta un recuerdo del paso de la Orden de las Clarisas por la Plaza de Armas, en la esquina donde legaron su nombre de Calle de las Monjitas.
La nueva presentación del edificio conservó el modelo de arcadas para el zócalo. Todo ese primer piso con doble nivel mantiene el rasgo de pasaje comercial, hoy dominado especialmente por la oferta culinaria popular y con una integración directa con el Pasaje Matte, que lo convierte en un paseo. Aquí había comenzado hacia los años veinte su odisea por las cocinas chilenas el "completo", de hecho, la versión chilena del hot dog presentada en sociedad por el "Quick Lunch Bahamondes" del Pasaje Fernández Concha, hoy llamado "El Portal". También destacaba la pastelería francesa "El Casino del Portal", fundada por el francés Henry Pinaud y siendo posiblemente la que introdujo en Chile tortas y tartas como las Saint Honoré, pasando por sus salas y mesas hasta algunos Presidentes de la República, como Carlos Ibáñez del Campo, Pedro Aguirre Cerda o Juan Antonio Ríos, antes de cerrar en 1965.
El Presidente Arturo Alessandri, por su parte, asistió a la inauguración del local "Embassy" hacia 1933, boliche seguido más tarde por el "Da Osvaldo". Su más famoso centro culinario, sin embargo, fue el célebre y recordado "Chez Henry", local de innumerables memorias y celebraciones, fundado en 1925 por Henry Boutegourd y que cerró sus puertas cerca del año 2000, en uno de los episodios más tristes que se hayan vivido dentro de la historia comercial del portal. Sobrevivieron a esa generación de bohemios establecimientos el "Ravera" y "El Nuria". En los altos funcionó también el "Huelén", un café con música en vivo que era atracción de artistas y escritores.
No sólo la cocinería reinaría acá. Estaba en los bajos, también, la casa "Brooks" con sus variedades de sombreros en los años cuarenta, década de gran importancia en la actividad del portal y sus atracciones.
Y en ese período, además, específicamente en 1943, la ciudad argentina de Córdoba instaló una placa conmemorativa junto al acceso por calle Ahumada, recordando la estadía de Domingo Faustino Sarmiento en este lugar cuando aún era el Portal de Sierra Bella. La placa estaba acompañada de otra que recordaba el inicio aquí de la Escuela Normal de Preceptores en 1842. Lamentablemente, esta última placa ha desaparecido; y también de manera infeliz, la mala interpretación de las mismas ha gestado otra confusión muy frecuente y repetida en textos y reseñas sobre el actual edificio: que Sarmiento y la Escuela Normal de la que fuera su primer director, habrían alojado en el Portal Fernández Concha, específicamente en el Hotel Santiago o el Hotel Inglés para el caso del mandatario argentino autor de "Facundo", viviendo su exilio.
Puede que Sarmiento haya pasado por el Portal Fernández Concha en tiempos cercanos a su elección presidencial, cuando estuvo en misiones diplomáticas en Chile, pero éste es un período muy posterior al de su exilio en el país. En consecuencia, durante ese período específico como refugiado en Chile vivió el Portal de Sierra Bella, no en el Fernández Concha que ni siquiera existía aún.
Hasta más o menos los años cincuenta, el portal fue escenario de importantes encuentros sociales, fiestas y bailables. Residentes ilustres del mismo fueron el pionero de la aviación nacional Eulogio Sánchez. En el sector de entrepisos o segundo nivel se instalaron también algunas casas comerciales y sedes de compañías varias. Una de ellas fue la Radio del Pacífico, fundada en 1938 como una continuación de la Radio Chilena Consolidada, y Raúl Tarud Siwady recuerda en "Historia de una vida" que, en sus elencos de voces, se encontraban célebres figuras de las comunicaciones y de la actuación como la entonces "Miss Radio" Estér Soré, Anita González y Eduardo de Calixto, entre otros, además de ser cuna de célebres radioteatros como "La Familia Chilena", del propio Calixto interpretando a Don Celedonio, posteriormente convertido en "Hogar dulce hogar". Este paso radial fue parte de los inicios del personaje de La Desideria, la pícara y respondona empleada doméstica interpretada por Anita González hasta el final de su carrera artística.
Hoy, el portal no está en uno de sus mejores momentos, sin duda, y todos esos tintes románticos que lo identificaron en el pasado y que hemos ido revisando, se han difuminado en el tiempo, haciéndose invisibles: al deterioro y la opacidad del lugar, se suma la desvalorización de sus departamentos, habitados por ancianos, grupos de inmigrantes o familias numerosas, una que otra oficina, consulta dental o miniclínica de podología. Ya en los años sesenta hubo problemas judiciales por personas que estaban establecidas en el quinto piso violando el uso hotelero del arriendo que se había dado al espacio; pero hoy los líos resultan menos inocentes: son corrientes las denuncias sobre negocios ilícitos, prostitución de extranjeras y venta de sustancias ilícitas, males que alguna vez han sido confirmados por reportajes noticiosos.
No obstante, aún queda espacio para la atracción y comodidad del turista en el Portal Fernández Concha, con la presencia del Hostal Plaza de Armas en sus altos (sexto piso), el uso de sus vitrinas en los bajos hacia el lado de la plaza para exposiciones de fotográficas y, por supuesto, sus concurridos centros de comida rápida y comida típica en ese mismo primer piso, donde abundan los "completos", los "as", las empanadas, las itálicas pizzas, los bifes a lo pobre, pollos a las brasas o asados, papas fritas, paltas en todos sus vestidos de gala (reina, York, cardenal, etc.) y las versiones nacionales de las chorrillanas.
Habría en marcha un plan para la recuperación del edificio, por cierto, buscando ser coordinado desde la Municipalidad de Santiago con los actuales propietarios del portal, del Grupo Matte, a través de una de sus filiales de Bice Corp.
Portal Fernández Concha remodelado, c. 1940 (Fuente: Flickr SantiagoNostalgico).
Vista actual del edificio, desde el sector de la Catedral Metropolitana.
Vista de la fachada, con sus decoraciones, pilastras y la escultura de la Virgen.
UN PORTAL DE MISTERIOS Y FANTASMAS
Una característica del Portal Fernández Concha que ha ido siendo redescubierta (¿0 inventada?) en tiempos recientes, es la cantidad de situaciones misteriosas y aterradoras que se aseguran ocurridas en sus habitaciones, redes pasillos y escaleras: pasos, quejidos, visiones de duendes, muertes inexplicables y hasta salivazos de fantasmas se han contado como hechos insólitos ocurridos en el edificio. Desconozco si tendrán que ver estas historias con la existencia de una especie de animita o altarcillo de la Virgen de Lourdes en el séptimo piso, cerca de la sala donde está la boca de las escaleras. Muchos residentes, además, declaran sucesos parecidos a los de otros casos de edificios "embrujados": juran escuchar algo como bolas de vidrio o metal rebotando y rodando sobre el techo de su departamento, extraño fenómeno en el que siempre el vecino del piso de arriba niega tener participación o conocimiento siquiera. Varios otros supuestos casos de apariciones y hechos insólitos fueron comentados en el artículo "Fantasmas acechan a vecinos del Portal Fernández Concha" de Sergio Mardones, en el diario "Las Últimas Noticias" del 23 de enero de 2002.
Se sabe que en los sótanos existen unos niveles que las leyendas urbanas atribuían galerías coloniales secretas. Roberto Merino los describe en "Todo Santiago: Crónicas de la ciudad", como "un subterráneo doble y un pozo de ochenta metros que abastece de agua propia a los departamentos". La hablilla indicaba pretendidos accesos desde estos espacios a otros pasadizos coloniales, por puertas secretas del subsuelo, escenarios de varias historias macabras más sobre aparecidos y hechos sobrenaturales, incluso de extrañas y aterradoras criaturillas que habitarían los pozos.
Hay testimonios de niños invisibles jugando y saltando entre risas hasta altas horas de la noche y provocando reclamos. Lo vivió en carne propia el flautista Pablo Ramírez, a quien se le había facilitado una pieza en el señalado subterráneo para que practicara, gracias a un favor de su profesor, el fallecido músico Alberto Harms. La habitación era vecina a la del plomero de la comunidad residencial, por lo que el flautista creyó que eran hijos del trabajador los que hacían alboroto. Para su sorpresa, cuando le contó a éste del asunto, él le respondió que eran fantasmas que también se le aparecían todo el tiempo. Al espectro del cuarto terminó apodándolo Lalo e intentó expulsarlo con un rito parecido a un exorcismo asistido por expertos, pero no tuvo éxito, según se informa en el recorte de prensa al que ya aludimos.
Cabe indicar que varios otros artistas han vivido en este edificio, como el actor Daniel Muñoz, el fallecido comediante Guillermo Bruce y la soprano Gabriela Lehmann tras volver a Chile luego de su trágico episodio de perturbación mental en Berlín, que acabó con el asesinato de su casera en 1995. Es sabido que la gente de las artes escénicas suele propagar mitos y supersticiones muy creídas en su ambiente, como aprensiones a nombrar ciertos animales, a ejecutar determinados protocolos de saludo o de deseo de buena suerte, e incluso a obras como "Macbeth". Quizás por ello se contaba entre los residentes que la veterana actriz argentino-chilena Marés González (María Inés González Castro), cuyo último papel televisivo popular fue en la teleserie "Romané" como la madre del sacerdote interpretado por Francisco Reyes, habría dado crédito a una tétrica creencia según la cual quién muere en el portal, dejará su alma atrapada vagando dentro del mismo.
Así pues, luego de vivir tiempo ya en el edificio, Marés se cambió de residencia rápidamente al sentir que un cáncer al paladar diagnosticado en el mes de abril de 2008 le arrebataría la vida, temiendo quedar cautiva como ánima dentro del portal, según se interpretó. Falleció en agosto de ese mismo año, poco más de una semana después de mudarse. Algo de esto asoma en el testimonio de la residente Lilian Contreras, en el artículo "Atrapados en una clásica postal santiaguina" del diario "La Tercera" del 11 de diciembre de 2011.
Tal vez guardando relación con la creencia en estas almas "cautivas" del edificio, los residentes comentaban hace unos años también de las frecuentes visitas de un hombre de vestimenta antiguas y con sombrero de copa, que solía pararse frente a las puertas de los departamentos. Cuando los moradores abren la puerta y le preguntan si desea algo, el misterioso personaje sólo asiente con la cabeza sin romper su perturbador silencio. Al cerrar la puerta para abrir el cerrojo sacando la cadena y volviendo a abrirla, el hombre ya ha desaparecido. Hubo un bullado supuesto caso de este tipo, en un departamento del cuarto piso.
Existe otra leyenda del edificio que conocí hace unos años gracias a ciertos guías turísticos, mientras elaboraba en terreno un tour patrimonial sobre el portal para una agencia santiaguina. Es un caso que también veo rescatado en un artículo "La dimensión desconocida de Santiago" del periódico universitario "Ctrl+Z" de octubre de 2008, escrito por Katherine Gallardo. Dice esta historia que una arrendataria peruana que ocupaba el departamento 517 del edificio, era amiga de un joven residente bien vestido y muy cordial, al que por alguna razón apodaban El Gatsby, presumo que tal vez comparando su estilo con el del personaje central del clásico libro y filme "The Great Gatsby". En una ocasión, la muchacha salió de viaje y regresó poco después, encontrándose a la pasada con el sujeto en el edificio. Tras el fugaz reencuentro, fue hasta donde el administrador de la comunidad, don Osvaldo López, y le comentó lo pálido y silencioso que estaba El Gatsby. Sorprendido, el administrador le respondió que el joven había muerto el 25 de diciembre, justo cuando ella estaba de vacaciones, según el mismo señor López lo confirmaba en el mencionado artículo. La muchacha quedó tan impresionada que volvió a su departamento, embaló sus cosas y se mudó casi de inmediato.
También hay comentarios populares de que varios departamentos siempre parecen estar siendo ofrecidos en arriendo, nunca pudiendo concretarse su ocupación por razones que el mismo cuchicheo atribuye a alcances paranormales. De uno en particular, ubicado en el sexto piso y cerca del Hostal Plaza de Armas, se creía que estaba "maldito" casi al estilo de la habitación "1408" del cuento de Stephen King; tanto así que debió ser cerrado y clausurado para evitar más hechos peligrosos u horrores, siendo modificado y ocupado hoy sólo como bodega y almacén.
Por el mismo estilo está la fama de ciertos departamentos ubicados sobre el acceso y la calle Compañía, los que han tenido frecuentes e inquietantes apariciones en la prensa a causa de trágicos y misteriosos acontecimientos sucedidos en ellos, como intentos de suicidios, suicidios consumados y homicidios. Hay una historia que se refiere a un hombre que se quitó la vida en el edificio en la Navidad del año 2000, al parecer sufriendo alguna clase de esquizofrenia o epilepsia, aunque hubo sospechas de sobredosis inducida por sus compañeros de departamento. Como sea que ocurrió su deceso, supuestamente el tipo reaparece asustando a los empleados; otras veces se escucharon sólo sus pasos haciendo eco en los corredores. La historia aparece también en el referido artículo de "Las Últimas Noticias" y comentada por la mencionada Lilian Contreras, por entonces secretaria de la administración del portal.
En junio de año 2003, además, falleció en el edificio Germán Moya Faúndez, de 28 años, quien cayó desde el sexto piso a través del hueco que forman las escaleras. Habiéndose señalado al padre del joven como el aparente responsable de su muerte -un residente en Suecia de pasajero regreso por Chile-, los trabajadores del portal comentan que, desde entonces, otro extraño hombre joven se aparece en los pisos superiores como si esperara algo. Al llegar cualquier persona al mismo piso o tratar de entrar en contacto con él, el muchacho desaparece inesperadamente. Un caso de suicidio más reciente e igualmente confuso tuvo lugar el Año Nuevo de 2009 y desde el quinto piso hacia la calle, a las 5 de la mañana, cuando se arrojó al vacío Purísima de las Mercedes Palma Barahona, de 34 años, luego de una fuerte discusión con su pareja que también habría intentado quitarse la vida.
Don Osvaldo admitió en más de una ocasión que, durante sus jornadas diarias, se abrían misteriosamente puertas o bien sentía que tocaban la pared manos fantasmales. En otras ocasiones, le encendían las luces o pasaban a su lado raudamente extrañas presencias, en forma de sombras pequeñas. Desgraciadamente, sin embargo, al irse popularizando estas historias que atraen a curiosos del neofolklore urbano y también a algunos imprudentes, muchos residentes y representantes de la administración comenzaron a negarse a hablar de ellas y a poner trabas a la deambulación de extraños por sus pisos, aludiendo a necesidades de seguridad.
PORTAL FERNÁNDEZ CONCHA (SANTIAGO, CHILE)

martes, 12 de enero de 2016

LOS CASI VEINTE DE SIGLOS DEL TEMPLO DE SANTA PUDENZIANA, LA IGLESIA DE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO

Iglesia de Santa Pudenziana con el aspecto que tenía antes de la remodelación de 1870, en acuarela de Achille Pinelli de 1833. Fuente imagen: stprudenziana.org.
Coordenadas: 41°53'54.32"N 12°29'44.19"E
Esta fascinante iglesia con rango de titulus y basílica menor está en el Vía Urbana 160, la antigua Vicus Patricio del barrio Monti, en un sector de la ciudad romana dominado principalmente por la altura y majestuosidad de la Basílica de Santa María Maggiore. Sin ser de grandes proporciones, tiene el aire ancestral del paleocristianismo reflejado en su aspecto general retocado por intervenciones barrocas, manteniendo su nivel inferior a la actual altura de la ciudad de Roma y hasta cierta oscuridad exterior durante las noches. Es conocida también por ser la iglesia oficial de la comunidad filipina residente en la capital italiana, y se accede a ella por una gran reja de fierro y una doble escalera descendente, como bajando hacia el pasado mismo.
Así hablaba de la historia de esta casa de fe el escritor español Severo Catalina del Amo, en "Roma: obra póstuma" de 1873, publicada dos años después de su fallecimiento, reflejando el sentimiento profundo que los católicos profesaban por este sitio sacro y adelantando parte de la información sobre los orígenes del templo que seguiremos explorando acá:
"Si las tristes vertientes y estrechos valles del Vinimal no tienen para el estudio histórico de la Roma pagana el interés que despierta el Capitolio o el Palatino, para la historia de la Roma cristiana tienen una importancia de primer orden: allí está, puede decirse, la casa solar de los neófitos, que abren la marcha gloriosa de los mártires. En aquella región vivieron las piadosas mujeres, que en el siglo II aparecen como heroínas de la caridad, contrastando con el espectáculo de vicios y las liviandades de las matronas del imperio. La familia del senador Pudens habitaban en el Vicus Patritius: se componía de dos hijos, Novato y Timoteo, y de dos hijas, Práxedes y Pudenciana. Aquella ilustre familia tuvo la dicha de hospedar a San Pedro en su palacio en el año 44. Siete años moró allí el Príncipe de los apóstoles; allí celebró los divinos misterios; allí consagró obispos a Lino y Cleto, que después le sucedieron; allí probablemente ocupó la silla de marfil, que hoy, cátedra santa, se venera en la Basílica del Vaticano.
No pasaron muchos años sin que una parte de aquella casa se convirtiera en oratorio por San Pío I, a ruegos de Santa Práxedes: tal fue el origen de la iglesia de Santa Pudenciana, que todavía se conserva con el pozo, donde es tradición piadosa que las santas hermanas depositaron las reliquias de innumerables mártires. No lejos, en el Esquilino, aparece la iglesia de Santa Práxedes, también de los primeros tiempos, en la cual se venera una columna traída de Jerusalén en el siglo XIII por el cardenal Colona, y que allí se creía la misma a que estuvo atado el Salvador cuando fue flagelado por los judíos.
No es posible recorrer sin profunda emoción aquellos lugares, por donde positivamente pasaron tantas veces San Pedro, San Pablo, San Justino y muchos otros santos y mártires, verdaderos fundadores del reinado de la paz y de la civilización. La capilla del Pastor, en Santa Pudenciana, que fue quizá la habitación del Príncipe de los apóstoles, conserva un altar de madera, donde San Pedro celebró el sacrificio instituido por su divino Maestro; una sencilla inscripción lo dice: In hoc altare Sanctus Petrus pro vivis et defunctis ad augendam fidelium multitudinem corpus et sanguinem Domini offerebat.
El triunfo de la verdad sobre el error no podía ser más evidente: en medio de las grandezas y locuras del imperio, el palacio de un patricio viene a ser templo de la castidad y de la oración; una familia de nobles romanos se consagra al servicio de los indigentes y recorre con caridad los despojos de los mártires, que los verdugos o las fieras han dejado sobre la arena del Circo o del Anfiteatro. En la inmediata colina del Esquilino, San Pío I consagra sobre las termas de Novato, en el Victus Lateritius, la iglesia de Santa Práxedes; y sobre las ruinas de las termas domicianas, que también se llamaron de Tito y de Trajano, el Papa San Silvestre erige un oratorio subterráneo, que, andando los siglos, será la magnífica iglesia de San Martín en los Montes.
Véase, pues, como si el Palatino y el Capitolio han podido gloriarse de ser cuan de la Roma de los reyes y de los cónsules y de los emperadores, a las humildes vertientes y a los valles del Viminal y el Esquilino corresponde el más alto timbre de haber sido la primera residencia de los santos, el solar insigne de la Roma de los mártires.
La casa del senador Pudente y la interesante historia de sus hijas constituyen la primera página de un gran libro; el primer canto de un gran poema, que comprende las glorias cristianas de los siglos de las persecuciones; capítulo de ese libro, cuadro de ese poema, es la preciosa y siempre nueva leyenda del cardenal Wisseman, que se llama Fabiola".
Vista nocturna de la iglesia, desde la Vía Urbana.
La fachada del templo, visto de noche.
Las escaleras de acceso a la pequeña explanada o atrio.
INCERTIDUMBRES SOBRE SU ORIGEN
Tuve ocasión de conocer la Basílica de Santa Pudenziana en una activa noche de víspera del Día de los Difuntos, con niños disfrazados a la usanza de la fiesta de Halloween que ya llegó hace tiempo también a Italia, y con actividades familiares que se realizaban en dependencias contiguas al edificio, en un antiquísimo patio, a propósito de la misma celebración. Era curioso ver cómo entraban y salían chiquillos disfrazados de espectros y esqueletos al interior del templo, mientras a un costado del mismo en la Capilla Caetani, se realizaba una ceremonia de ciudadanos filipinos. Al día siguiente apareció afuera una gran cruz armada por feligreses para el Día de Todos los Santos, junto al acceso principal, con velas formando un corazón.
El templo está dedicado a Santa Pudenziana (Pudenciana o Potentiana), mártir del cristianismo en el siglo II y hermana de la también joven virgen entregada a fe Santa Prassede (Práxedes o Praxedis), cuya iglesia está muy cerca de ésta como vimos por testimonio de Catalina del Amo, en la Vía Santa Prassede frente a Vía Giovanni Gualberto donde se supone que estaba la casa de esta última. Según la leyenda cristiana, ambas rondaban los 16 años, eran hijas del ex senador romano Potentio o Pudente (San Pudens) y habían sido bautizadas por el propio San Pedro, supuestamente.
Las hermanas daban asistencia a los desposeídos y ayudaron al Presbítero Pastor y al Papa Pío I en la construcción de un baptisterio donde fueron convertidos y bautizados en su fe varios paganos, provocando la molestia de las autoridades imperiales. El baptisterio había sido habilitado dentro de la casa domus del padre de ambas adolescentes, presumiéndose que habrían sido martirizadas por los romanos como castigo. Esta casa se ubicaba precisamente en donde ahora está su templo en la Vía Urbana, como lo señala también Stefano Masi en "Roma e il Vaticano", y en ella habría vivido San Pedro durante siete años, según la misma tradición.
Se cuenta que Pudenziana fue sepultada con su padre y su hermana en las catacumbas de Priscila en la Vía Salaria, algo que aparecería en los registros del cementerio, siendo su día santoral el 19 de mayo en el Martyrologium Hieronymianum, aunque el Papa Pablo VI eliminó su fecha del calendario cristiano en 1969, al igual que el de Prassede. No existen pruebas categóricas de la vida de ambas hermanas, a diferencia de su padre que sí parece haber sido un personaje real. Algunas teorías consideran incluso que la identificación de Santa Pudenziana sería un error de interpretación del nombre de la Ecclesiae Pudentianae dedicada a su padre y que aparece aludido en el mosaico interior del templo, como veremos. San Pablo también menciona al personaje en la epístola 2 Timoteo 4:21:
"Haz todo lo posible por venir antes del invierno. Te mandan saludos Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos".
Y si bien tampoco hay pruebas de su vínculo originario con las hermanas Pudenziana y Prassede, la relación del lugar del templo con Pudencio aparece en registros de actas del Sínodo del año 499, donde se define a la iglesia como perteneciente al Titulus Pudentis. Éste se remontaría al año 145. El primer dueño de la iglesia o  Domus Ecclesiae habría sido Pastore o Pastor, que fue representado en el friso sobre el acceso. Fue en distintas etapas que el domus pasaría a ser un templo, y la comunidad religiosa que lo ocupa hoy asegura tener documentación probatoria de que los descendientes de senador Pudente habrían donado la residencia en el año 154 al Papa Pío I.
También existe una discusión sobre la antigüedad de este templo dedicado a la santa, que muchos consideran desde hace centurias como el más antiguo de toda Roma e incluso primer lugar de culto cristiano según algunas creencias, algo que también es puesto en duda por algunos. El período en que el antiguo domus o residencia romana fue adaptado y convertido en iglesia es el del Papa Pío I entre 140-155, para ciertas opiniones, o el de Sirico entre 384 y 399, para otras. Se cree que habría sido la casa papal hasta que Constantino ordena construir el Palacio de Laterano (Letrán). De hecho, por el sector del ábside aún existen elementos que son identificados como restos de instalaciones de baños, y las dependencias ubicadas al lado derecho del templo habrían sido parte de la casa de baños romana.
Se sabe que, unos nueve metros bajo el suelo, están los restos de la residencia de Pudencio, y también se ha dicho que parte de las estructuras del templo correspondían al siglo II y pertenecían a las llamadas Termas de Novato (Termae Novatii). Si corresponden a edificios de los días de Adriano (117-138), entonces no pueden corresponder a los tiempos del Apóstol Pedro, por haber llegado éste a Roma un siglo antes. Sin embargo, algunas opiniones que comparten la idea de que el templo habría sido habilitado durante el pontificado del Papa Sirico y no antes, mantienen dudas incluso sobre su supuesta relación con baños termales, por falta de evidencia clara.
Mucho alrededor de estas discusiones está plasmado en el trabajo de la profesora Claudia Angelelli, del Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana y de la Università degli Studi "La Sapienza", titulado "La Basilica titolare di S. Pudenziana" y publicado recién en 2010.
Fachada y torre, vistos desde las escaleras con luz del día.
Sector del pórtico la pequeña explanada.
Pinturas del triángulo del frontón.
El pórtico, visto en horas nocturnas.
CARACTERÍSTICAS, RESTAURACIONES Y MODIFICACIONES
El primer edificio levantado allí para servir como templo, era de tres naves y planta basilical, en el siglo IV. Fue restaurado y remodelado en una sola nave central y las laterales convertidas en capillas durante el siglo XVI, por una gran intervención que definió mucho del interior del templo que actualmente puede verse. Los trabajos quedaron en manos del arquitecto Francesco Capriani da Volterra, en 1588, por encargo del Cardenal Enrico Caetani, Camarlengo de la Santa Iglesia de Roma. Fue demolido en aquella ocasión el porche del acceso para dejar sólo un atrio despejado, además de retirarse un Coro medieval que se había agregado al edificio y algunos pilares para ser reemplazados por columnas más sólidas.
De estas obras también surgieron rasgos barrocos que acompañan su arquitectura y decoración. Por grabados antiguos se puede ver que su fachada tenía básicamente la misma forma del actual, con tres nichos con estatuas en su interior: dos a los costados de la entrada con pórtico y una arriba.
Una curiosidad comentada por Esteban Tollinchi en nota a pie de página de "Las metamorfosis de Roma: espacios, figuras y símbolos" es que, durante las mismas labores de remodelación, los trabajadores encontraron restos de un gran grupo escultórico Laocoonte más grande incluso que el resguardado en los Museos del Vaticano, pero al no haber dineros disponibles para su recuperación ni para los trabajos extras que tendrían que hacer los obreros, volvió a ser sepultado por ellos bajo el suelo del templo. Jamás se ha intentado rescatarlo.
De estos tiempos paleocristianos, cuando se transformó en templo al edificio original, se conservan en la iglesia varios elementos como su diseño con pórtico y atrio, a pesar de las intervenciones. Lo que alguna vez fuera su nave izquierda mantiene también algunos de los elementos más antiguos del edificio original, como los pisos de mosaicos y rocas con inscripciones o frisos, además de fragmentos separados empotrados en las paredes, de una gran estela que decía cuando estaba unida:
"SALVO SIRICIO EPISCOPO ECLESIAE SANCTAE ET ILICIO LEOPARDO ET MAXIMO PRES"
El mensaje de la inscripción se refiere a la construcción de la Iglesia de Santa Pudenziana sobre antiguas termas o baños, como hemos visto, por los sacerdotes Ilicius, Leopardus y Maximus, en los tiempos de Siricio.
Una popular leyenda dice que en el pasillo de este lado de la Capilla de San Pedro, en el llamado Pozo Sagrado, están escondidas las reliquias de 3.000 de los primeros mártires del cristianismo, varias de ellas guardadas por Pudenziana y Prassede bajo un cuadrado de pórfidos de losa señalado en el suelo. Las hermanas incluso habrían vertido la sangre de estos mártires al interior del pozo.
El estupendo campanario de la iglesia, de cinco órdenes y vanos de arcos con columnas, fue levantado en el siglo XIII con estilo románico. La sacristía, en tanto, sería construida entre 1620 y 1625. Posteriormente, en 1870, el Cardenal Lucien-Louis-Joseph-Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón Bonaparte y sepultado después bajo el campanario, ordenó una nueva remodelación que daría origen al aspecto de la fachada del templo modificando la que había hecho Volterra, esta vez con obras encargadas a Antonio Manno. Así resultó la actual fachada con acceso frontal, sobre cuyas puertas se lee la siguiente inscripción:
"AD REQUIEM VITAE CUPIS O TU QUO QUE VENIRE EN PETET INGRESSUS FUERIS SI RITE REVERSUS. AD VOCAT IPSE QUIDEM VIA DUX ET IANITOR IDEM GAUDIA PROMITTENS ET CRIMINA QUAEQUE REMITTENS"
("A quien venir a descansar la vida desea aquí está abierta la entrada si como exige el rito regresa. Llama a Él que es el camino guía y mismo guardián, promete alegrías y remitir todo crimen")
Elemento notable de este acceso es el frontón de dos columnas en estriado espiral que eran parte original del edificio y un artístico arquitrabe con friso que perteneció a un portal anterior del siglo XI, donde se ven medallones escultóricos con representaciones de Pastore (San Pastor), Pudenziana, el Cordero de Dios (Agnus Dei) al centro, Práxedes y su padre Pudente. En el frontón, encima de la fachada, está la representación pictórica y simétrica de Cristo entre dos arcángeles y dos querubines, uno de los cuales ya desapareció por envejecimiento de la obra y su soporte.
El edificio volvió a ser restaurado en la década del cuarenta, ocasión en la que se volvió a establecer un vínculo entre algunas partes del mismo y las que habrían pertenecido a las mencionadas Termas de Novato, abriendo más discusiones sobre su verdadera antigüedad. Vimos que se propuso que la iglesia había surgido de la adaptación de estos baños termales para convertirlos en el primero de los templos a fines del siglo IV o antes, pero otras teorías más nuevas se oponen a esta suposición, alegando que en los estratos inferiores no se ha encontrado nada que haga presumir de tal uso, como piscinas, acueductos, estanques o instrumentos propios de una terma.
Interior, mirando hacia el altar.
Interior, mirando hacia el acceso.
Pinturas de la cúpula y gran mosaico absidial.
El Altar y las pinturas de los santos tras el mismo, con el mosaico encima.
EL GRAN MOSAICO DEL ÁBSIDE
Empero, desde sus tiempos de orígenes desataca especialmente en el templo el enorme mosaico de la concavidad interior del ábside, atrás del altar. Suele ser fechado hacia el año 390 también en el pontificado de Siriaco, aunque otros piensan que pudo haber sido hecho en el de Inocencio I, entre los años 401-417, como opina Juan Plazaola en "Arte e Iglesia: veinte siglos de arquitectura y pintura cristiana". Para muchos constituye también la pieza artística más valiosa de todo el edificio y quizás la más vieja obra de mosaico absidial en toda Roma, después de los mosaicos de Santa Constanza en el Mausoleo de Constantino, del año 360.
Considerado como parte de los inicios del arte bizantino, el historiador alemán del siglo XIX, Ferdinand Gregorovius, lo definió como el mosaico más bello de toda Roma. En él se observa la imagen central de Jesucristo sentado en el trono y con una hoja escrita donde se lee:
"DOMINUS CONSERVATOR ECCLESIAE PUDENTIANAE"
("Dios es el conservador de la Iglesia Pudenciana")
La referencia de esta inscripción estaría relacionada con el título "Señor Guardián de la Iglesia Pudenziana", que al parecer ya existía antes de 410 a 417, período en que muchos consideran tuvo lugar realmente la construcción del mosaico absidial. Sin embargo, se lo asocia también a una proclama celebrando la salvación del templo durante el saqueo de Roma por las huestes de Alarico, en el papado de Inocencio I y también a inicios del siglo V.
Por estos detalles y por el énfasis que se ha colocado en la imagen como única dotada de aureola y muy elevada sobre los demás presentes, sentada en su trono de oro (de Constantino), el investigador Fredric W. Schlatter propuso en un artículo titulado "El texto en el mosaico de Santa Pudenziana", publicado en la gaceta "Vigiliae Christianae" de junio de 1989, que en realidad podría tratarse de una representación de Dios y no exactamente de Jesús. La figura aparece rodeada por los apóstoles vestidos de togas senatoriales, además, en lo que parece ser un jardín o patio, acompañados de una imagen de Pudenziana a la derecha y Prassede a la izquierda, coronando a Pedro y a Pablo, aunque otras interpretaciones suponen que se trataría de alegorías de la Iglesia Cristiana y la Sinagoga Judía, respectivamente.
Se cree también que el paisaje urbano que se ve en el mosaico, atrás de los representados, muestra a las iglesias construidas por Constantino en Jerusalén, según la "Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana" de 1921. Destaca particularmente la imagen de la cruz dorada sobre su cabeza y cubierta con gemas, alusiva a la que Teodosio II había ordenado colocar en el lugar del Calvario (Gólgota), en el 416, acompañada de los cuatro seres vivos del Apocalipsis y de emblemas de los evangelistas: el ángel (Mateo), el buey (Lucas), el león (Marcos) y el águila (Juan), que podría ser el tetramorfo más antiguo que existe.
Lamentablemente, parte del mosaico absidial fue removido durante estas intervenciones de Volterra, aunque se lo restauró para devolverle su belleza pero dejando detalles importantes como la desaparición de dos apóstoles (sólo se ven diez en la actual escena, contando también a San Pablo) y de una representación del Agnus Dei que ya no se observa, pero que sí aparecía en dibujos del mismo siglo XVI en que fue restaurado. Y como algunas piezas del mosaico por el lado derecho debieron ser reparados con el tiempo, se observan más claros que el resto de la composición.
Tanto la historia del extraordinario mosaico como la de sus restauraciones e intervenciones, están registradas en un trabajo de Vitaliano Tiberia titulado "Il mosaico di Santa Pudenziana a Roma: il restauro", referido a la último trabajo de este tipo que se le hizo y que él dirigió.
Monumento funerario del Cardenal Czaki.
Pasillo y pórtico de acceso a la Capilla Caetani.
Interior de la Capilla Caetani, durante la realización de una ceremonia.
OTRAS OBRAS DE ARTE EN LA IGLESIA
Volterra también agregó la cúpula del edificio durante su remodelación, decorada con frescos de 1588 de Pomarancio mostrando a los "Ángeles y Santos ante Cristo", con el rostro del Mesías al centro y rodeado por cuatro concentraciones de figuras: una de San Bernardo, San Pío y San Pastor; otra de San Pablo, San Pedro y San Pudente; otra de San Timoteo y San Novato; y, finalmente, la de Santa Prassede y Santa Pudenziana. Cuatro arcángeles pintados sostienen el diseño, cada uno ocupando una pechina de la cúpula. Otras obras de 1803, pertenecientes a Bernardino Nocchi, se encuentran detrás del altar: "San Timoteo", "La Gloria de Santa Pudenziana" y "San Novato", separadas por las columnas de orden jónico que allí se observan.
El arte ornamental y religioso reluce también en las capillas. En la ubicada a la izquierda del altar, dedicada a San Pedro y antes llamada Capilla de San Pastor, se resguarda parte de la supuesta mesa usada como tabernáculo para la primera eucaristía de pan y vino celebrada allí cuando era la casa de San Pudente (por San Pedro según unas versiones, y por San Pastor según otras). La otra parte de este mueble está en el Altar Papal del Palacio de Laterano. En esta capilla se ve la obra "Cristo entrega las llaves del cielo a San Pedro" de Giacomo della Porta, hecha hacia 1594-1596. Acompañan la antiquísima habitación frescos de Giovanni Baglione en la bóveda, aunque se encuentran poco visibles por su mal estado. Se halla cerca del mismo  ala sepultura de Horacio Caetani, el quinto duque de Sermoneta, que data de fines del siglo XVI.
La Capilla del Crucifijo, por su parte, guarda la hermosa cruz de bronce que figura como obra de Achille Tamburini, que firmaba como Tamburlini, además de una copia del cuadro "Ángel Custodio" de Antiveduto Grammatica. La Capilla de la Virgen de la Misericordia, por su parte, contiene un hermoso altar del siglo XVI con los cuadros "Nacimiento de la Virgen María" y "Nacimiento de Jesús", del artista barroco Lazzaro Baldi, hechos hacia 1690, acompañados de placas de agradecimiento para don Bartolomeo Ansidei que financió estas obras. Lunetas de estas mismas capillas muestran otras obras de Baldi: "El Profeta Jeremías" y "La Sibila Eritrea", además de la  "Madonna Annunciata" en el pilar izquierdo y el "Angelo Annunciante" en el derecho.
En la Capilla de San Benedetto o San Benito, en tanto, están los cuadros "Visione di San Benedetto" y "Estasi di Santa Caterina da Siena" de Cippitelli Michele, del 1700 aproximadamente, sobre un magnífico altar de cuyo anónimo autor sólo se sabe que era de Piamonte; también hay un retrato de San Bernard de Clairvaux, Doctor de la Iglesia y fundador de la orden de los monjes cistercienses, mientras que en el piso puede admirarse la lápida de 1802 de la familia Volpato. En la Capilla de San Pudente, al fondo de este lado del templo, están las pinturas de Avanzino Nucci, aunque con algunos daños, acompañando la cripta del Cardenal Alberto di Jorio, titular de Santa Pudenziana entre 1967 y 1979, donde se observa un mosaico de "La Piedad".
La elegante gran Capilla de la Familia Caetani (de la que era miembro el Papa Bonifacio VIII) formó parte de las obras de Volterra pero fue completada por Carlo Maderno en 1601. Se encuentra como un espacio habilitado al costado izquierdo con una entrada monumental de cuatro columnas y frontón que se observa trizado al medio, con el escudo de la familia adornado por listones y cuelgas de frutas entre dos ángeles, obra del artista Giovanni Antonio Paracca. Interiormente, la capilla alberga un relieve de Pier Paolo Olivieri con la "Adoración de los Reyes Magos", sobre el altar, de 1599, además de las imágenes en el techo de los cuatro evangelistas acompañados por ángeles y la paloma del Espíritu Santo, obras de 1621 hechas por Giovanni Paolo Rossetti en base a diseños de Federico Zuccari. Ambos autores hicieron el mosaico interior de "Santa Pudenziana y Santa Prassede recogiendo la sangre de los mártires", hacia el 1621. Tiene otros mosaicos en el piso y ornamentos de lumachella (ammolite); y representando a los puntos cardinales en las esquinas de la capilla, están cuatro obras de escultura de 1650 conocidas como Las Virtudes, correspondientes a "La Prudencia" de Claude Adam, "La Fortaleza" de Gian Antonio Mari, "La Justicia" de Vicenzo Felici y "La Templanza" Carlo Malavista. Los monumentos funerarios del Cardenal Enrico Caetani y del Duque Filippo Caetani son obras de Camillo Mariani en 1599 y 1614, respectivamente. Detalle interesante de esta capilla es que en su escalinata inferior derecha hay una marca extraña que, según la tradición, fue un milagro eucarístico sucedido en 1610, cuando la hostia de un sacerdote que era íntimamente atormentado por las dudas de la presencia de Jesús en el acto del santo sacramento y la Transubstanciación, cayó de su mano dejando una mancha de sangre en el suelo, despejando sus interrogantes.
Otras obras que pueden verse en el templo son "El Bautismo de San Pudente", de Nucci en el siglo XVI, ubicada junto a la entrada; a la izquierda, "Santas Pudenziana y Prassede enterrando los mártires" que se cree obra de Antonio Tanari; las obras de una sala contigua, a la derecha, llamada Salón de San Agostino, donde destaca una pintura de San Agustín del siglo XVII y otra de la Asunción de la Virgen, de Ludovico Gimignani, hecha hacia 1670 aproximadamente. En las obras conmemorativas, destaca la cripta del misionero polaco y titular de Santa Pudenziana, el Cardenal Vladimir Czaki (1834-1888), con una representación del fallecido sobre el catafalco hecha el mismo año de su muerte, por el escultor Pío Welonski. A su lado está otro cuadro con "El Bautismo de San Pudente" pero de Betti Biagio, hecho hacia el 1600 y en la sacristía encontramos los cuadros "Conversione di San Guglielmo d’Aquitania" de 1625, que se supone obra de Domenichino, y la "Assunzione della Madonna" de Ludovico Gimignani, fechada en 1650.
Casi 20 siglos de historia, arte religioso y devoción cristiana fundidos en una sola y extraordinaria iglesia romana.
Capilla de la Cruz de Bronce.
Restos de inscripciones paleocristianas, junto a la Capilla de San Pedro.
Pasillos con pavimento de mosaico, a la izquierda del templo.

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