jueves, 31 de marzo de 2016

CASUÍSTICA FUNDACIONAL DEL MISTICISMO EN EL VALLE DE ELQUI (PARTE II): LA "HERMANDAD DEL PACÍFICO" Y EL NIÑO DEL PERDÓN

Antigua fotografía del Valle de Elqui. Fuente imagen: Museo Gabriela Mistral de Vicuña.
Por coincidencia o por sincronía, hacia los mismos años en que Domingo Zárate Vega, el Cristo de Elqui, manifestaba públicamente recibir la unción divina y un mensaje para predicar a los mortales, otro curioso personaje -esta vez femenino- también categorizado como impulsor de las creencias místicas que se identifican en el valle, fundaba la llamada "Hermandad del Pacífico", una agrupación con matices de secta religiosa que llegó a ser de gran fascinación para muchos de los que se sintieron atraídos y seducidos entre los misterios de aquella tierra agrícola y pisquera del Valle de Elqui, al interior de la Región de Coquimbo.
La aventura de la hermandad tuvo el mismo esquema de auge, caída e idealización en la leyenda que la historia del Cristo de Elqui y de los otros casos que veremos en esta secuencia de artículos. Se inició con la cruzada personal de doña Helena Vacarezza Klemen, mística de la que no se sabe mucho, aunque su caso es comentado en el libro "Los iluminados del Valle de Elqui" de Juan Guillermo Prado, alguien que nos ha echado alguna mano varias veces para otros temas tratados en este mismo blog.
Nacida en 1890, este extraño personaje fue rodeado de cierta santidad devocional, aunque no al estilo de una divinidad en carne y hueso, sino más bien como líder, portadora de la luz de la iluminación y de una verdad revelada sólo a un puñado de elegidos que la seguían. Según parece, el grueso de su actividad había comenzado al cumplir 33 años, la misma edad de Jesús al ser crucificado, aunque no tenemos confirmación de este dato en particular. Su prédica no era tan expuesta públicamente ni tan popular como la que realizaría por esa misma época el Cristo de Elqui, pero de todos modos logró reunir más de 400 seguidores concentrados en el Valle de Elqui, La Serena, Coquimbo y algunos de Santiago, según se recuerda.
Se la describía como una mujer extraordinariamente carismática y convincente, al punto de que su público casi deseaba estar de acuerdo con ella en cada afirmación, cada palabra y cada anuncio. Prado comenta que "desde pequeña tuvo facultades extrasensoriales y sanaba por imposición de manos", y sus seguidores aseguraban también que había sido "amiga de Arturo Alessandri a quien le predijo con precisión tanto sus triunfos como reveses políticos".
La parte más intensa y basal de su mensaje decía que el Valle de Elqui era una suerte de nuevo centro espiritual del mundo, pues el eje místico de la Tierra se había trasladado desde el Tíbet hasta esta región, siguiendo un desplazamiento desde el paralelo 30° Norte, en los Himalayas, al 30° Sur, en los Andes y particularmente en esta región interior de la cuenca del río Elqui, de acuerdo a una profecía supuestamente formulada por sabios hindúes o iniciados de la India y hecha pública en 1949. Esta propuesta ha sido la base principal de las tradiciones y el folklore místico-esotérico que se le atribuye al valle, además de la creencia de que lamas tibetanos habrían estado presentes en el mismo, como veremos en las continuaciones de esta serie de artículos. La misma idea, además, ha sido comentada -entre otros- por Carlos Sieveking en su "Apocalipsis según Tomás".
Con su agrupación y seguidores fielmente comprometidos, doña Helena fundó la institución llamada "Hermandad del Pacífico" el 27 de noviembre de 1927, comenzando una labor pastoral y formativa que se extendería por varios años más. Los feligreses creían que cuatro puntos específicos del paralelo 30° Sur concentrarían la energía espiritual de la humanidad y del planeta, aunque mantuvieron por largo tiempo en secreto la información relativa a sus ubicaciones. Su propuesta combinaba elementos del budismo, como los conceptos de Dharma y Karma, con otras manifestaciones filosóficas que tomaban por referencia al cristianismo, al brahmanismo y al sintoísmo, a las que se fueron sumando con el tiempo elementos de la cultura New Age, cuando ésta comenzó a irrumpir en la cultura de masas. En algún folleto del grupo, además, se declaran vínculos con las enseñanzas del monje italiano del siglo XII Joaquín de Fiore, como veremos.
Por casi medio siglo, la agrupación se afianzó y gozó de una estabilidad que ha sido más bien extraña en la mayoría de las comunidades que ha conocido el valle. El 10 de abril de 1974, año en que para ellos habría de comenzar la Era de Acuario, los integrantes de la hermandad se reunieron en el balneario de La Herradura, un poco más al Sur de Coquimbo, y allí hicieron un intrigante anuncio: se aproximaba el advenimiento del Niño del Perdón, encarnación divina mesiánica pero más poderosa aún que Jesucristo, cuya misión sería también iluminista y salvadora.
La principal interpretación que se ha hecho de tal mensaje, es que intentaban imitar un anuncio parecido al de la reencarnación en el título del Dalai Lama, aunque advertían también del nacimiento de otros "heraldos de luz" en México, Francia, Israel, China y Japón. Veremos después, que el anuncio lo habían hecho también mensajeros budistas en los años cuarenta, pudiendo tratarse de sólo un eco de aquel pronóstico.
Vista de la Iglesia y del Valle de Elqui en Vicuña. Fotografía de los años 40, de Zoilo Puerta Roldán. Hoy en los archivos fotográficos del Museo Histórico Nacional.
Un texto alusivo al anuncio del nacimiento del misterioso niño dentro de la secta y transcrito por Prado, dice con un lenguaje críptico:
"Así pasaron a través de milenios esos Grandes Seres que habían descubierto que llevaban en sí la luz, el principio eterno de la vida y que habían podido desarrollarlos. Unos más poderosos que otros, todos traían a la Tierra, en su época, la fuerza del espíritu inmortal de donde procede todo ser conciente.
Vosotros hijos míos, los conoceréis a todos, pero una vez más recalco que, el más alto, el más grande, porque traía en sí mismo parte de la propia luz eterno y creador, fue el Cristus. El más grande de todos, ahora el Gran Señor del Sistema Solar, que tuvo e hizo un vaticinio para el mundo del futuro. Habló de alguien más grande que él. Anunció el espíritu de la verdad, el que tuvo según Juan Evangelista, que iba a tener aun poderes más grandes que los que tuvo el Cristus, encarnado en el cuerpo puro del maestro esenio Jesús de Nazareth a la orilla de las aguas jordánicas. Y anunció el espíritu de verdad, que algunas religiones confunden con la iniciación de Pentecostés, que no es otra cosa que un símil de cualquiera de las iniciaciones que las religiones del mundo, hacen de aquellos, que con el espíritu preclaro, con visión astral se interesan por conocer la verdad, que como Dios es una sola.
El espíritu de verdad, amados míos es Dios, Espíritu Santo, pero no sólo fue el Cristus el que dijo estas palabras bíblicas, que muchas religiones olvidaron; porque lo esperan a Él, esperan al Cristus mismo sin comprender amados míos, que si yo vengo de la Tierra, el Cristus viene en mí, porque formaba parte de mi propio ser y como muchos de los otros grandes iniciados de Oriente y Occidente, involucrados están también el espíritu inmortal, que se apresta para encarnar sobre la Tierra.
Esta tarde, solemne para vosotros, amados míos, quiero reivindicar el nombre de un iluminado, de un modesto monje del Cister, pequeña aldea de Francia y que vivió por el año 1110 al 1200, llamábase Joaquín de Fiore".
Como anticipamos más arriba, sin embargo, ciertas versiones de esta historia aseguran que el anuncio urbi et orbi sólo repetía una idea que los acompañaba en sus principios desde los cuarenta, respondiendo al supuesto mensaje enviado al país por la comunidad lamaísta tibetana, en aquella misma época, y del que hablaremos en una próxima entrada.
Desgraciadamente para la secta, el bebé que estimaron como la supuesta encarnación divina cuando aún estaba en el vientre de una de las integrantes del grupo, no mostró ningún dote de santidad al nacer en el mismo valle y creció como un niño común y corriente, haciendo cundir la frustración, la duda y la deserción de varios miembros. La crisis del grupo se precipitaría con velocidad, a partir de entonces, especialmente entre quienes habían comprometido parte de sus recursos y bienes en fomento de la actividad de la agrupación.
Sólo en 1975, todavía en medio el entusiasmo de creer que el Niño del Perdón se hallaba entre ellos, el lugarteniente de la mística Helena y  la sazón presidente de la "Hermandad del Pacífico", Abel Hurtado Cordero, reveló por fin la ubicación precisa de los anunciados cuatro supuestos puntos de la concentración espiritual del valle:
"En la base del cerro Doña Ana, otro al interior de Paihuano y es movible y el más poderoso cubre y satura el éter desde Montegrande hasta la cordillera de El Ternero; hay uno en la confluencia de los ríos Claro y Turbio y abarca el sector de Rivadavia hasta El Tambo. El más cercano a La Serena está poco más allá de Algarrobito".
Intentando ser un poco más precisos, las coordenadas de estos supuestos puntos serían aproximadamente las siguientes, de acuerdo a las ubicaciones asignadas por Hurtado Cordero:
Cerro Doña Ana:
29°45'52.63"S 70° 5'38.07"W
Paihuano:
30° 1'47.02"S 70°31'7.85"W
Confluencia ríos Claro-Turbio:
29°58'57.48"S 70°33'44.21"W
Sector Poniente de Algarrobito:
29°57'40.50"S 71° 6'28.84"W

Como podrá adivinarse, el grupo se había procurado algunas propiedades en estos puntos, presentando un estatuto interno ante el Ministerio de Justicia para regularizar las propiedades a nombre de la "Hermandad del Pacífico", que se autodefinía allí como "una sociedad espiritualista, fraterna y humanitaria por Mandato Divino". El mismo jefe espiritual agregaba que éstos eran los focos irradiantes o medulares, pero que "la fuerza telúrica y pránica del espíritu de la Tierra" se extendía en todo un amplio sector que abarcaba el Sur de Atacama y el Norte de Coquimbo. También comentaba que, coincidentemente, los tres observatorios astronómicos de la región estaban justo en el territorio de esta misma "influencia magnética y espiritual".
Doña Helena falleció a principios de los ochenta, pasando los 90 longevos años de vida. Casi no quedaron imágenes ni testimonios escritos sobre ella, en parte por lo cerrado que se volvió su círculo, según alguna opinión que hemos conocido. Y el pequeño Mesías que fuera su "elegido", en tanto, creció apartándose de aquellos delirios: lejos de toda santidad, Prado escribe en 1990 que el niño ya era entonces "un adolescente, sus padres están separados, vive en La Serena y es un muchacho normal, con aptitudes musicales".
Al momento de fallecer su fundadora, además, a la agrupación sólo le quedaban 5 seguidores en La Serena, mientras que en Temuco había 20 y en Santiago 55. Eran los restos de la antes multitudinaria "Hermandad del Pacífico", aunque un comercial televisivo de una conocida cooperativa pisquera elquina en esa década, mostró fugazmente un grupo de hombres vestidos con túnicas claras con aspecto de druidas simulando alguna clase de ceremonia o procesión entre una campiña, estética que algunos interpretaron entonces como un guiño de los publicistas a la alguna vez conocida secta del valle.
Lamentablemente para Helena, sin embargo, ella no alcanzó a ser testigo del posterior gran furor místico que experimentaría el Valle de Elqui que tanto quiso, gracias a la misma clase de publicidad turística o pisqueras y al paso del cometa Halley en aquellos años (que está justo en su aniversario 30) que siguieron a su partida... Furor que ella misma ayudó a cimentar con su labor en la extinta "Hermandad del Pacífico".

miércoles, 30 de marzo de 2016

CASUÍSTICA FUNDACIONAL DEL MISTICISMO EN EL VALLE DE ELQUI (PARTE I): EL CURIOSO EPISODIO DEL CRISTO DE ELQUI

El Cristo de Elqui y dos de sus discípulos, en fotografía publicada en "Los iluminados del Valle de Elqui", de Juan Guillermo Prado.
Ofreciendo desde ya disculpas por lo autorreferente, creo haber manifestado acá antes que no simpatizo mucho con el turismo de "experiencias culturales" cuando genera verdaderas industrias de servicios en poblados pequeños o localidades apartadas de las grandes ciudades, por lo mismo más vulnerables a las energías externas de modificación de un modus vivendi y de una identidad propia. El efecto de transculturización y de puesta en escena se hace evidente en algunos casos, como por ejemplo en San Pedro de Atacama, donde el elemento inversionista y comercial acabó desplazando a gran parte del elemento local, para bien o para mal, debiendo ser mantenido este último a la vista del consumidor-viajero con una suerte de simulación o representación, en ciertos casos.
El hermoso Valle de Elqui y la banalización de algunos de sus elementos místicos también ha comenzado a ofrecer una carie parecida en su sonrisa. Gran parte de esta fama la hizo el boom comercial que acompañó al frustrante paso del cometa Halley en 1986, asociado al Elqui por la limpieza de la vista en sus cielos nocturnos como lugar "ideal" de observación y la presencia del Observatorio de Cerro Tololo. Fue un evento hábilmente aprovechado por publicistas y autores varios, como se recordará. Es la misma época en la que la escritora Malú Sierra publica su trabajo titulado "Elqui. El cielo está más cerca", libro lanzado ese mismo año y que, según la opinión de algunos de los propios habitantes del valle, tendría imprecisiones y juicios un tanto audaces sobre ciertos personajes del lugar, aunque no puede negarse que marcó un hito en su década con relación al tema y puso en marcha la producción literaria divulgando este semblante que identificará para siempre al Elqui, en lo concreto y en lo abstracto.
Muchos de aquellos rasgos y de las construcciones de atractivos para el Valle de Elqui, fuera de sus magnificas frutas, viñedos y producción pisquera, corresponden a rasgos de folklore, neofolklore y tradición mística popular: leyendas de fantasmas, historias de brujos, chonchones o tuetués, cartomantes, extraterrestres, adivinas y disciplinas que forman parte de la propuesta tradicional del valle desde hace años ya, pues su promovida identidad espiritual no es cosa nueva. Sin embargo, como toda actividad que involucre turismo de esta orientación, han comenzado a aparecer también algunos divulgadores de fakelore y los infaltables mercaderes con prácticas más parecidas al vulgar chamanismo que a los magos de fundamento indígena local o costumbrista... De todo hay en estas viñas, pues.
Es preciso recordar que esta fama mística del Elqui comienza hacia los años veinte. Hay quienes retrotraen esta cualidad a la época de la propia Gabriela Mistral nacida en el valle (y con mausoleo en el mismo), e incluso hasta tiempos de la cultura diaguita con sus propios contenidos de creencias y ritos. En rigor, sin embargo, los años veinte fueron cruciales para despertar la "fiebre" elquina, con algunos casos bastante bullados en la época y que son estudiados por el bibliófilo e investigador Juan Guillermo Prado, en su libro "Los iluminados del Valle de Elqui".
Dos fotografías del Cristo de Elqui. Fuente imágenes: noticias.terra.cl, y "Sermones y prédicas del Cristo de Elqui" de Nicanor Parra.
El primero de ellos -al menos de entre los más importantes y trascendentes- parece corresponder al llamado Cristo de Elqui, apodo que le diera la prensa a uno de los personajes más intrigantes y extraños de la historia religiosa moderna chilena, cuyo caso abordaremos en este texto.
Llamado en realidad Domingo Zárate Vega, el Cristo de Elqui era un campesino y albañil oriundo de Río Hurtado, aunque otras versiones colocan su cuna más cerca de la Zona Central. Empero, Carlos Ruiz-Tagle dice en "Los antifrívolos" que había conocido parientes suyos viviendo en Río Hurtado, incluso con los restos de la casa, así que es más probable esta posibilidad.
Como buen aspirante a Mesías o predestinado a coquetear con esta fantasía, había nacido en la víspera de Navidad de 1898, en una modesta familia de ganaderos caprinos. Otras fuentes aseguran que nació en realidad el 20 de diciembre de 1897. Como sea, sin embargo, fue después de trabajar como inquilino del entonces alcalde José Álamo Tuma y de experimentar un aparente estilo de vida beodo y lujurioso con el que despilfarró una herencia familiar, que comenzaría a manifestar un curioso delirio religioso: según él, el Señor se le aparecía en sueños entre 1927 y 1930, hablándole y dándole instrucciones precisas sobre su misión en el mundo. Paralelamente, se dejó por lo mismo una larga barba y cabellera de estilo mesiánico, que según se cree jamás se cortó durante toda su época de iluminado predicador.
A partir de 1927, año en que comienza a vociferar su mensaje debutando en Alcohuaz tras la muerte de su madre, Zárate Vega comenzó a llamar la atención de los medios informativos que difundieron la noticia del curioso sujeto y sus extraña oratoria. A fines de ese año, mientras se hallaba meditando, tendrá una gran aparición divina, según recordaba él mismo:
"Eran el Mesías, su Divina Madre y su apóstol Pedro. Embriagado mi corazón por este dulcísimo éxtasis, exclamé: ¿por que no me llevas Señor? y me contestó el Mesías: Tú eres joven y yo estoy muy viejito y tengo tanto que atender... Y al decir estas palabras, miró el mundo transformándose en un viejito de muchos años".
Como puede verse, una línea de su amplia prédica era de base católica, además de hacer citas continuas de la Biblia y llamados al Vaticano con tonos de emplazamiento, se ganó rápidamente el desprecio de la Iglesia, incluyendo al entonces Obispo de La Serena José María Caro, quien lo definía como una persona con perturbaciones mentales en una de sus cartas pastorales del 25 de febrero de 1931:
"Se ha presentado ante vosotros un pobre iluso, de los que hay muchos en el manicomio, y al cual los fieles, que lo son todos para ir a la iglesia, para cumplir su santa religión y para cumplir sus deberes, lo han acogido como el enviado de Dios, como el mismo Mesías, nada menos, y le han formado su comitiva de apóstoles y creyentes".
No estaba muy lejos de la realidad el futuro primer Cardenal de Chile con esta acusación, como veremos.
Domingo predicaba en principio por las calles de Vicuña, Paihuano, Rivadavia, Horcón y La Unión (después llamado Pisco Elqui) un complejo sistema de mensajes espirituales y apocalípticos, creencias en la reencarnación, al tiempo que decía recibir visitas de distintas entidades sacras y etéreas con las que tenía contacto. Su enseñanza se fundía con recomendaciones moralistas, supersticiosas, yerbateras y en algunos casos pseudo-científicas, involucrando en ocasiones consejos para cuestiones tan cotidianas como la alimentación, el sexo, la recreación y la higiene personal. Vestido a veces con un sayal o hábito marrón parecido al de los franciscanos y en otras con una túnica blanca o azulina y un tocado de simbología parecida a la de ciertos ritos de logias (vestimentas que se había prometido usar por 20 años), su personaje era como una combinación entre Juan Bautista y Rasputín, alcanzando incluso su aspecto físico. Más de una vez fue confundido con un simple mendigo, se recuerda, hasta que alzó la voz para propagar sus sermones.
Comenzó a rodearse de seguidores que lo veneraban como el verdadero Mesías, bautizándolos en las aguas del mismo río Elqui, al tiempo que recibía regalos como limosnas y prácticamente vivía de forma espartana y llena de limitaciones, subsistiendo gracias a la generosidad de sus devotos y saliendo a predicar por otras ciudades e incluso en países vecinos, como Perú y Bolivia. Eligió a algunos de ellos como sus apóstoles personales y delegados en otras localidades, siendo recibido con gran devoción en ciudades durante la segunda etapa de su cruzada, partiendo por La Serena y Coquimbo, a pesar de sus discursos incendiarios y plagados de acusaciones contra las autoridades, a veces insultantes. Su familia lo secundaba en esto: asignó a su padre Lorenzo Zárate el rol de San José, y a su hermano Lorenzo Segundo el de San Pedro, mientras que una muchacha que eligió como su Virgen María acabó enclaustrada en el Convento de la Penitencia de Vicuña luego de duras pruebas y penitencias a las que le obligó seguir.
Sus seguidores le perdonaban todos estos excesos y excentricidades, pues algunos hasta solían besarle las manos y tocar sus ropas para intentar impregnarse del resplandor de la santidad que creían ver en él. No era del todo soberbio, sin embargo: asistía con frecuencia a los débiles, enfermos, presidiarios y mendigos, lo que explica parte del cariño popular que despertaba su persona.
Sin embargo, a pesar de la gran recepción de gente que lo esperaba en Santiago mientras venía en el ferrocarril a Estación Mapocho, en la capital chilena fue detenido en 1931 sólo dos días después de publicada la carta de Caro, al parecer en la estación Yungay, y desde allí sería llevado a un hospital psiquiátrico por orden de la Dirección de Sanidad. Su interés de conseguir una entrevista con el Presidente de la República y el Arzobispo de Santiago para poder recibir autorización de ir al Vaticano, quedó truncada. Hallándose en la Casa de Orates, fue entrevistado por un medio al que declaró sobre su lugar de nacimiento:
"En Río Hurtado, en el sitio llamado Morillo, en el departamento de Ovalle, pero renací en Vicuña hace tres meses, cuando por la gracia de Dios pude leer el catecismo, que es lo único que puedo leer, porque los demás no los entiendo".
Recluido, se le precisó por los expertos, un desorden mental que le llevaba al delirio mesiánico y permaneció un tiempo más internado hasta salir libre cinco o seis meses después, tras "demostrar" que estaba cuerdo, según aseguraba él. Tras la desagradable experiencia que casi pone fin a su autoimpuesta obra, partió a Antofagasta y luego Tocopilla durante el año siguiente para continuarla, causando gran atención de los habitantes e incluso de connotados y cultos vecinos. Esto encendió la alarma de las autoridades locales y motivó reclamos de grupos de la izquierda obrera en la ciudad, en el contexto de agitación política y social de esos días.
Zárate Vega escribió algunos libros y folletos sobre sus propias vivencias biográficas mezcladas con la filosofía de sus enseñanzas, como "El grito del pastor en el silencio", "Un signo de luz" y "La promesa y la vida", aunque con contradictorios mensajes, especialmente los que entregaba ya hacia sus últimas décadas  de vida y cuando su secta de feligreses había caído en la inoperancia. Es un misterio cómo los redactó y si acaso contó con asistencia de alguien en esta tarea, pues se recuerda que no tenía escolaridad completa a pesar de su elocuencia y casi fanfarronería de palabra. Hay quienes incluso lo definían como un analfabeta, sugerencia que él mismo hizo de sí en 1931, como vimos, acentuando el misterio.
Fuente imagen: "Sermones y prédicas del Cristo de Elqui" de Nicanor Parra.
Pero la caída de su fantasía personal iba a ser inevitable, como sucede a todo falso profeta al perder su hechizo sobre sus seguidores. Favio Vio Valdivieso recordaba en su libro "El charlatanismo!" que observó una vez a Zárate Vega tratando de devolverle la vista a un ciego en la Plaza Victoria de Valparaíso, sino conseguir más que una patética caricatura del episodio de los Evangelios. Cuentan también que, en uno de sus febriles momentos intentando demostrar cualidades prodigiosas, anunció públicamente que las divinidades le habían otorgado el don sobrenatural del vuelo. Convencido de poseer esta capacidad, hizo un llamado para presenciar su proeza y trepó varios metros por un árbol de la plaza de armas de Ovalle (otros dicen que fue en la Quebrada de Leiva o la plaza de Vicuña, pero hay más testimonios de la opción ovallina), prometiéndole a sus súbditos que volaría... El pobre acabó estrellado dolorosamente contra el suelo, mientras la burla de los presentes no se compadecía de sus fracturas, que obligaron a sacarlo en camilla camino al hospital.
Prado comenta que, en 1948 y habiendo dejado atrás gran parte de sus más impulsivos delirios religiosos, Zárate Vega ya renegaba de su antigua doctrina declarando ahora: "He sido y seré un libre pensador". Abandonó sus extrañas vestimentas y a apareció de terno y corbata en una conferencia del 24 de mayo de ese año. En algún momento había comenzado a vestir sólo de oscuro, por cierto, cosa que se observa en las fotografías que quedaron de él, pero su vida madura ya fue como hombre normal y pasado por la sastrería. Su último trabajo publicado fue "La promesa y vida del Cristo de Elqui", de ese mismo año, también de carácter autobiográfico.
La decadencia final de su fama comenzó en los años cincuenta. Olvidado, pobre y hallándose residiendo en Santiago después de un largo periplo fuera del valle y del que no se sabe demasiado, falleció en la capital en noviembre de 1971, en el más completo olvido. Seis años después de su muerte, el antipoeta Nicanor Parra (que habría conocido en persona la oratoria del "elegido") publicaba en su homenaje "Sermones y prédicas del Cristo de Elqui". Escribe allí, poniéndose en el lugar del misterioso personaje:
Ahora que ya revelé mi secreto
quisiera despedirme de todos ustedes
en total armonía conmigo mismo
con un abrazo bien apretado
por haber llevado a feliz término
la misión que el Señor me encomendó
cuando se me apareció en sueños
hace la miseria de 22 años
juro que no le guardo rencor a nadie
ni siquiera a los que pusieron en duda mi virilidad
sepan esos reverendos señores
que soy hombre totalmente normal
y perdonen si me he expresado en lengua vulgar
es que esa es la lengua de la gente.
En 1979, Parra publicó un segundo libro asumiéndose como el personaje, titulado "Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui", seguido años después de "La vuelta del Cristo de Elqui", en 2007. El autor Carlos Toro Ponce repasa su caso en "Santos y bandidos del valle de Elqui", de 2007, mientras que Hernán Rivera Letelier publicará un relato inspirado en la totalidad de la vida del fracasado profeta, durante 2010, con el título "El arte de la resurrección".
Son los testimonios que quedaron de uno de los iniciadores del empujón que recibió el Valle de Elqui hacia el umbral de la atracción espiritual, mística y esotérica que aún lo identifica, y cuyos casos fundacionales seguiremos viendo en los artículos que siguen de esta serie.

martes, 29 de marzo de 2016

EL ESQUELETO DE FIERROS DEL PUENTE DE QUINQUIMO EN LA LIGUA

Coordenadas: 32°26'46.27"S 71°18'55.67"W
Muy cerca del paso del río Ligua bajo la autopista Panamericana Norte, hacia el poniente de la ciudad de La Ligua, sobrevive el llamado Puente Quinquimo, un interesante vestigio de la época de esplendor ferrocarrilero. Permanece uniendo aún el paso a pie desde la ruta E-39 que bordeaba la ya casi desaparecida línea de rieles hacia el sector de La Chimba, con la ribera opuesta del sector que va a Pullalli y que le daba también su nombre a este paso, siendo lugar de cierto valor arqueológico para la historia de la región.
Llamado Puente Ferroviario Quinquimo-Pullalli (o Pullally) y Puente Quinquimo R.c.a. según ciertas guías y planos ferrocarriles, con costillas cruzadas de fierros atravesando el río, su enorme estructura de unos 154 metros de largo domina gran parte de la vista el paisaje, apoyado en sus cuatro bases: dos a modo de sillares, en los extremos, y dos a modo de columnas hacia el sector central casi encima del lecho muy cargado de vegetación natural, mientras que el cauce de aguas pasa entre estas últimas dos, aunque en esta época no es más que un tímido hilo parcialmente estancado y discontinuo, casi invisible en este sector específico del río.
En términos generales, el puente tiene el típico aspecto de las estructuras funcionalistas de esta clase confeccionadas hacia fines del siglo XIX y hasta los días del Primer Centenario en Chile, fundamentalmente bajo la escuela franco-británica de la arquitectura en hierro. A diferencia de otros puentes, sin embargo, éste tiene un falso "techo", con travesaños dispuestos el cruces al igual que en sus costados, para incrementar la resistencia de su armazón desnudo. Sus durmientes (de roble, según algunos lugareños) son de enorme tamaño, sosteniendo una doble trocha de rieles: una ancha y una más estrecha corriendo por el centro, que habría sido la más utilizada cuando había mayor tráfico de ferrocarriles.
En los días del tren chileno, La Ligua era parte del Ferrocarril Longitudinal Norte, tramo Cabildo-Copiapó más tarde unido a la red del Norte Grande hasta Iquique, además del punto de partida de los ramales a Papudo hacia la costa y Cabildo-Petorca hacia el interior. Por decreto del 20 de enero de 1888, el Gobierno de José Manuel Balmaceda había autorizado la licitación de los cuatro primeros tramos ferroviarios de esta red, entre los cuales figuraba la línea La Calera, La Ligua y Cabildo. La mayor parte de estas obras fueron adjudicadas a la compañía North & South American Construction, aunque con muchas demoras en el cumplimiento de los planes originales.
La línea férrea de los ramales de La Ligua, particularmente, quedó terminada hacia 1898,  y parte de ellos aún pueden ser reconocibles por el sector de La Chimba. De acuerdo a la interesante y detallada información que encuentro en el sitio de GeoVirtual2 (Museo Virtual), el tramo Cabildo-Copiapó propiamente dicho comenzó a ser construido en octubre de 1910 y sería concluido en marzo de 1915, abarcado más de 600 kilómetros de lo que sería conocido como el Ferrocarril Longitudinal Norte. Hacia el centro de La Ligua aún quedan viejos galpones que pertenecieron a su estación principal, así como los restos de las vías o lo que sobrevive del trazado que ocuparon, con algunos tramos convertidos en senderos.
Sin embargo, este puente por algunos llamado Quinquimo -por la cercana localidad de la ribera del río Ligua- es anterior a la creación y unificación de esta primera Red Norte: fue construido en 1909 por la compañía Bertoglio & Scanu, como se confirma en una placa inaugural situada en el basamento de la boca Norte del puente, si se baja al lecho mismo del río para poder observarla. Si bien está integrado a la red, su origen está en un proyecto específico para unir las localidades en un tramo "costa". Sucede, pues, que el río Ligua era el primer obstáculo natural importante que encontraba el trayecto más costero de la que iba a ser la Red Norte, por lo que el puente vino a suplir tempranamente las dificultades con un primer intento de trazado cercano al 1909-1910 y que llegaba hasta el sector Trapiche, junto al río Petorca, como un ramal menor que también conectaba con Papudo. Lamentablemente, este trayecto que incluye un túnel se encuentra en manos particulares, dentro de la propiedad de una compañía minera, con acceso restringido al público.
Hacia 1940, este mismo trayecto "costa" fue reemplazado por la habilitación de uno más al interior extiendo el que también había entrado en funciones en 1910, desde La Ligua y Petorca, esta vez hasta Palquico y Tilama. Es de suponer, entonces, que la vida más activa del puente comenzó a decaer con estos cambios en el sistema.
Recientemente, el diario "La Estrella" de Iquique (lunes 21 de marzo de 2016) publicó un recuento histórico donde señala que la red del Ferrocarril Longitudinal Norte comenzó a decaer en funciones hacia los años sesenta, incapaz de competir con la carretera Panamericana, cerrando operaciones en esta vasta vía el 17 de junio de 1975. El famoso tren conocido como el "Longino" seguiría funcionando tres años más entre las localidades de La Calera y La Serena, hasta que cesó en 1978 como anticipo de la clausura general de la Red Norte de Ferrocarriles tras la caída del sistema agravada por la sangrienta tragedia del Puente Queronque en controversiales circunstancias y su consecuencia en el cierre de la Estación Mapocho en 1986.
Terminada esta época y retirado el servicio de trenes, el puente de fierros enrojecidos por el óxido de un siglo se ha convertido en una conexión peatonal sobre el río, casi de manera connatural. Un ducto de agua potable corre también por uno de sus costados. Los lugareños comentan que, hasta no hace mucho tiempo, los caminantes iban pisando cuidadosamente entre los durmientes para poder pasarlo, cosa bastante arriesgada considerando la no poca altura que alcanza hacia el centro y la separación que hay entre estos mismos grandes tablones. Sólo en tiempos más recientes y para la seguridad del público, se colocaron a lo largo unas largas tablas que, en continuidad, conforman el paso a pie seguro sobre el ex puente ferroviario, aunque lo estrecho de la pasarela pone dificultades al caminante que se encuentre con otro de frente allí en el paso. También hay modestos carteles en cada acceso, advirtiendo que éste es ya un puente de tránsito peatonal y que "los accidentes por uso inadecuado son de exclusiva responsabilidad de los usuarios".
A pesar de las precauciones, las tragedias en ese sector específico no faltaron. Se cuenta de accidentes por caídas o bien de imprudentes que acabaron atropellados en los tiempos en que pasaba el ferrocarril. También hay una especie de animita anónima y con una cruz blanca, por el lado Norte del puente en su cara poniente, aunque ninguna de las pocas personas que pude consultar allí supo explicarme su origen. A un costado del acceso Sur, en cambio, hay otra más completa con casuchita de albañilería y todo, perteneciente a un hombre más bien joven llamado Reinaldo Patricio Santander Garay, con fecha de muerte del 12 de febrero de 1994.
Existe cierta incertidumbre entre los usuarios del puente respecto de si esta función peatonal se mantendrá o si el propio paso de ferretería y crucetas metálicas permanecerá por largo tiempo más allí, en su lugar histórico. De cualquier forma, los liguanos quieren al puente y lo respetan como patrimonio propio, no siendo extraño encontrar fotografías del mismo en algunos locales que visita el viajero en la ciudad capital de la Provincia de Petorca, tan célebre por sus deleitosos pasteles y los chalecos de lana de Valle Hermoso.

martes, 22 de marzo de 2016

LA LLUVIA QUE SE LLEVÓ A ALBERTO ROJAS JIMÉNEZ

Retrato de Alberto Rojas Jiménez, hecho por su amigo pintor y camarada de correrías, don Isaías Cabezón.
Era 1934… Década prodigiosa de la poesía chilena, pero con una tragedia más enlutando aquel mismo año a su bohemia intelectual, cuando le arrebató con un inclemente chaparrón uno de sus racimos de vid más dulces y queridos de su cofradía de vates y hombres de letras de la época.
El poeta y cronista Alberto Rojas Jiménez había nacido el 21 de julio de 1900, casi con el siglo mismo en su romántico Valparaíso. Comenzó su carrera de escritor en 1918 en la revista "Zig-Zag" y con el alias Pierre H. Lhéry, trabajando ya hacia 1921 en la revista "Claridad", además de la "Gaceta de Chile" y la "Revista de Arte". Usó también los pseudónimos Zain Gimel y Ramiel. Hacia el final de su corta vida, publicaba en los periódicos "La República" y "El Correo", ambos de Valdivia.
Este ex alumno de Internado Nacional Barros Arana había viajado tempranamente a Santiago, en donde se integró con rapidez al ambiente bohemio capitalino, frecuentando los más célebres boliches del llamado "barrio chino" de Mapocho. También estudiaría en la Escuela de Arquitectura y Bellas Artes en la Universidad de Chile. Sería allí mismo, en este ecosistema de esparcimiento, de aventuras y de recreación con sus colegas artistas, que la sombra de su propia muerte iba a alcanzarlo, supuestamente por las consecuencias indirectas de esa noche fría y lluviosa junto al río Mapocho.
En las aguas noctámbulas de su acuario, el joven escritor era llamado El Marinero, pues siempre andaba de viaje y además usaba una camiseta a rayas horizontales, como recordaba décadas después su amigo y colega Oreste Plath. Aunque lo suyo era la poesía y la crónica, sus secuaces amigos pintores también tuvieron fuerte influencia en su vida: con Lalo Paschín Bustamante había viajado a Francia en 1923, experiencia de la que nació "Chilenos en París", su único libro; y con el ecuatoriano Diego Muñoz había pintado parte de la decoración interior del local "El Hércules" de calle Bandera, en un sector de cuadras a la altura del 800 que compartía con otros célebres clubes como el "Zeppelin" o "La Antoñaña", espacios vetustos e históricos recientemente demolidos hasta sus cimientos, para un proyecto inmobiliario.
El dueño de "El Hércules" era su amigo Saturnino Pisson, a quien Pablo Neruda -otro cliente frecuente y miembro del círculo- convenció de que el entonces recientemente llegado Muñoz era un afamado artista en su patria, por lo que el propietario accedió a atender gratis sus pedidos a cambio de un trabajo de pinturas artísticas dentro del local, que hizo con alguna ayudita de Rojas Jiménez mientras todos bebían a crédito con tan singular trato. La verdad es que el pintor recién comenzaba su carrera profesional en esos años. Entre ambos pintaron allí también un rostro del escritor español Ramón Gómez de la Serna, fumando pipa, como recuerdo a su visita de 1931.
No fue su único paso por las artes gráficas: Rojas Jiménez también incursionó en el dibujo, con muy buenos resultados y algunas publicaciones. Su compañero de trasnochadas el pintor Isaías Cabezón, hizo uno de los no muchos retratos que existen de Rojas Jiménez, donde aparece vestido de abrigo o sobretodo en un día frío, sentado en la mesa de lo que parece ser un bar, curiosa obra cuyo original se encontraría extraviado y de la que solamente sobreviven copias.
Era en sus amigos bohemios que meditaba el poeta, justamente, cuando comenzó a escribir los versos de "Tu gesto era dulce y gris":
Pienso en mis amigos, en mis buenos amigos que están lejos...
Aquéllos hablan poco. No dicen casi nada...
Si es, como ahora, invierno
se reúnen para soñar, junto al fuego.
No disputan. Piensan con sencillez.
Dicen: "Anoche cayó una estrella...".
Y fuman. Fuman largamente.
Miran el fuego rojo
y se quedan mucho tiempo en silencio.
¿Por qué yo estoy tan lejos?
He aquí también otro de sus poemas más célebres, "No encendáis las lámparas", de evidente evocación nocturna:
No encendáis las lámparas
ni me llaméis.
Dejadme aquí sin luces
Mi alma está mejor en la penumbra.
Ved cómo la sombra maravillosa
envuelve mi frente.
Mirad mis manos,
mirad mi aspecto dulce
y que os oiga decir:
"Dejadlo está soñando,
dejadlo solo, allí sin lumbre".
La noche del Barrio Mapocho alegró sus días, sin duda, y quizás por ese destino fue que en una de sus visitas a la Posada del Corregidor, comenzó el capítulo final de su existencia... Allí en la misma casona que había regresado a las andadas de club nocturno más propias de "La Filarmónica" de los tiempos de don Diego Portales que de la elegancia señorial que quiso imprimírsele al asociarla a la memoria del Corregidor Luis Manuel de Zañartu. Quizás menos escandalosa, en todo caso.
Y el autor de "Chilenos en París", mismo que regalaba sus poemas y que descuidaba irresponsablemente su propia grandeza y sus proyecciones profesionales como literato, llegó hasta allá al restaurante del caserón colonial, una de esas noches, creyendo que ese carisma suyo que le facilitaba beber y comer gratis en los otros locales de Bandera, le funcionaría en este sitio de calle Esmeralda... Pero se equivocó.
El intento de "perro muerto" diplomático hecho por Rojas Jiménez no prosperó, desatando la furia de un mozo corto de paciencia e intolerante con los clientes frescos cuando llegó con la cuenta. Dice Plath que debió dejar empeñada su chaqueta al no poder cubrir todo el consumo que había hecho, siendo arrojado en desabrigo a la calle, donde caía un intenso aguacero. Otros, como Naín Nómez, tienen a mano la versión de que Rojas Jiménez primero habría sido golpeado y virtualmente despojado de sus ropas a la fuerza, luego de comprometer con su palabra el pago de una deuda, gesto que no fue comprendido por el garzón que lo atendía y que, finalmente, lo arrojó a rastras a la calle. Una leyenda omite la lluvia y dice que fue a parar al agua de la fontana al centro de la plaza, arrojado por los mismos empleados.
Empero, quien entrega la mejor descripción de incidente es, a nuestro juicio, el insigne Enrique Bunster. Lo hace en un emotivo homenaje que escribe para el trágico poeta y que forma parte de una recopilación hecha también por Plath, titulada "Alberto Rojas Jiménez se paseaba por el alba":
"Una lluviosa noche de invierno falló por primera y última vez el encanto personal del rey de los noctámbulos. En la Posada del Corregidor le pasaron la cuenta por una suculenta comida con aperitivos y bajativos, que no pudo cancelar. Como a esta deuda se sumaban otras, el inflexible concesionario resolvió que el poeta dejaría en prenda su sobretodo (algunos dicen que también la chaqueta). Y el pobre salió a la intemperie y caminó desabrigado a lo largo del Parque Forestal. Llovía a cántaros y el Mapocho en crecida pasaba rozando la ferralla de los puentes".
Retrato fotográfico del poeta Alberto Rojas Jiménez. Fuente imagen: escritorjorgearturoflores.wordpress.com.
Posada del Corregidor Zañartu (que en realidad nunca fue suya) en calle Esmeralda, en obra de Jorge Anfruns.
Quizás el joven literato estaba demasiado acostumbrado a beber gratis en los boliches del "barrio chino", donde los propietarios le aguantaban esta licencia, como sucedía en el "Venezia" y "El Jote", pues se lo consideraba un animador. O, como dice Bunster, confió demasiado en sus simpatías para salir de situaciones problemáticas. El caso cierto es que, aquella noche, puso marcha en retorno a su casa bajo esa copiosa y fría lluvia, empapado, sin ese sobretodo o chaquetón que, quizás, hasta corresponda al mismo que lleva retratado en la obra de Cabezón.
Los expertos hoy discuten la relación entre el pasar frío y enfermar de catarro o gripe, lo sabemos... Sin embargo, los principales biógrafos del débil y enfermizo Alberto aseguran que su salud se deterioró a partir de aquel incidente; y empeorando cada vez más contrajo, como aparente consecuencia indirecta de su desliz en la Posada del Corregidor, una bronconeumonía que iba haciéndose más grave hasta que, finalmente, le arrebató la vida el 25 de mayo de 1934, a los 33 años.
"Cuando la noticia de su muerte llegó a España –escribió Luis Enrique Délano-, el pintor Isaías Cabezón y el poeta Pablo Neruda, que se hallaban en Barcelona, fueron a encender un cirio en su memoria en la iglesia de Santa María del Mar, esa catedral marinera y sombría que se alza en medio de las callejuelas tortuosas del barrio gótico, donde los tripulantes que han sobrevivido a los naufragios depositan barquitos de vela y exvotos dando gracias a la Providencia por sus mercedes".
Sus amigos y compañeros de parranda que se encontraban en Chile, hicieron una sentida despedida en su honor en el mismo local de "El Hércules" tan conocido por él y por todos ellos (existe una famosa fotografía de todos alrededor de Neruda en una mesa, simulando con tocados en la cabeza algo como un rito de logias), como recordaría Plath:
"A la muerte del poeta Rojas Jiménez, los garzones solicitaron permiso y formaron en el cortejo. Y en El Hércules se recordó al amigo y bebieron por el desaparecido, Orlando Oyarzún, Tomás Lago y Lalo Paschin. Y los inesperados, como Renato Monestier, el ciego Monestier, El León de la Metro, por su apariencia un tanto hosca, se llamaba Juan Riquelme, vestía siempre de negro y usaba por su miopía unos anteojos de gruesos cristales. Había sido funcionario menor de un juzgado de letras de un pueblo del sur. Casado con doña Tulia Marambio, de gran sensibilidad artística. Se le respetaba como valioso comentarista de arte por obra en diarios y revistas".
Neruda también dedicó al fallecido los famosos versos que han consagrado la inmortalidad del recuerdo de su amigo en "Alberto Rojas Jiménez viene volando", originalmente publicado por la revista "Occidente". Allí, y quizás bloqueando la salida a quienes pudieran poner en duda en nuestros días la razón de la curiosa muerte del poeta a causa derivada de una lluvia, escribió:
Sobre tu cementerio sin paredes
donde los marineros se extravían,
mientras la lluvia de tu muerte cae,
vienes volando.
Mientras la lluvia de tus dedos cae,
mientras la lluvia de tus huesos cae,
mientras tu médula y tu risa caen,
vienes volando.
Y ya cerrando su elogio, se despide hacia el final:
Vienes volando, solo, solitario
solo entre muchos muertos, para siempre solo
vienes volando sin sombra y sin nombre,
sin azúcar, sin boca, sin rosales,
vienes volando.
Un año después de su fallecimiento, esos mismos colegas y camaradas de intelectualidad del poeta, fundaban las primeras reuniones de la Sociedad de Amigos del Arte, por extraña ironía en la misma casona colonial de la calle Esmeralda: esa desde donde fuera expulsado a la lluvia despiadada. Y, en octubre de 1937, el Instituto de Conmemoración Histórica colocó allí su primera placa de información histórica, aunque al parecer ya no está.
Quizás la Posada del Corregidor se liberó, así, de dolos o de culpas… Pero jamás devolvió a Alberto.

viernes, 18 de marzo de 2016

SPIKE: EL PERRO ROTUNDAMENTE QUILTRO QUE LLEGÓ A ESTRELLA PUBLICITARIA


Fuente imagen: FB Lipigas.
Spike, el veterano quiltro chileno convertido en casi una leyenda por una marca de gas, falleció hoy de causas naturales, tras una vida de protagonismo en campañas publicitarias al alero de frases como "cámbiate al amarillo". La compañía Lipigas ha distribuido por las redes sociales un sentido mensaje de despedida para la que fuera por tantos años su querida mascota, donde se observa su imagen de perro chico y feo explotada por las agencias Ogilvy & Mathers y Puerta. "Chile de luto", ha titulado un noticiero de televisión para referirse a su partida.
El rotundamente quiltro Spike debe estar compitiendo en popularidad con los casos de otros famosos perros nacionales como Rucio, el sobreviviente de la matanza en la Plaza de la Constitución adoptado por Carabineros de Chile, el perro Julio que engalanó las calles de Valparaíso, o Julio Iglesias, el feo can mascota de algunos programas del canal Mega. Está en la categoría de los quiltros más famosos de nuestro país, sin duda, aunque Spike tuvo una ventaja por sobre sus demás competidores de cuatro patas: ser el más mediático de todos, actor bien remunerado y un auténtico divo en la cultura de masas, al convertirse en símbolo de los comerciales televisivos de la conocida marca distribuidora de gas licuado.
Antes de iniciar su carrera como actor publicitario, el pequeño y peludo Spike fue adoptado por un sargento de Carabineros de Chile, don José Montanares, que lo encontró en una feria libre de Lo Prado. Tenía unos 40 días de vida a la sazón, convirtiéndose en el regalón de su dueño a pesar de la falta de pedigrí y de la evidente mixtura étnica del quiltrito. El carabinero, que era adiestrador de perros y funcionario del Retén Los Jardines de La Florida, siempre declaró que lo encontraba particularmente "vivaracho", y que esa característica lo había convencido de quedárselo.
Aunque antes, hacia 2005, había pasado ya por un comercial de "Coca-Cola" exhibido en Europa y otro de multitiendas Johnson's (donde aparecía jalonando y rasgando el uniforme de mala calidad recién comprado de un niño actor), el entrenado y obediente animal saltó a la fama hacia junio de 2006, cuando fue contratado para encarnar ahora al personaje humorístico creado por una agencia de publicidad que, en lo fundamental, traslada a la imagen de un perro el carácter y los modos de las clases populares chilenas, en otra curiosa analogía cultural del roto y el quiltro, incluyendo modismos de lenguaje y la pronunciación deficiente del sonido de la ch, asociación o “rima” de identidad que ya hemos comentado en otras partes de este blog.
Su primera aparición para la marca de gas, sin embargo, fue actuando más en su rasgo de perro que en la personificación humanizada que siempre lo acompañó y que lo haría célebre: interpretaba a un can gruñón que ladraba a todos por un barrio de Valparaíso, menos al repartidor de gas cuando llegaba allí, mientras una voz en off que se suponía su conciencia iba explicando sus razones. Posteriormente, sus presentaciones serían aún más prosopéyicas: se lo veía hablando en diferentes situaciones y roles, incluyendo otros perros "amigos" que actuaron en los comerciales, e incluso una banda hip hop llamada "Los Perros Raperros". Hasta compartió cámara con el futbolista Gary Medel en uno de ellos. Por su asociación permanente a la empresa Lipigas, Spike también era llamado cariñosamente Lipi por algunos de sus vecinos y amigos.
Spike también actuó en la serial de sátira policial de Canal 13 "Huaiquimán y Tolosa", con un pequeño papel. Estuvo invitado a varios actos públicos y programas de televisión, pues su fama quedó consolidada gracias a la publicidad televisiva. El can era simpático y dócil en los sets, pero su propio dueño recordaba que solía ponerse bravo con los extraños y los perros más grandes, en el ambiente más doméstico, viviendo en la comuna de Puente Alto en Santiago.
Aunque hay quienes manifiestan desagrado por el tipo de publicidad que hiciera popular al perro y de la que tanto se valiera la compañía de gas, no cabe duda de que fue un icono de los medios de comunicación y de la cultura masiva de nuestros días. Tanto así, que una fotografía del quiltro Spike fue votada y escogida con la mayor cantidad de adhesiones entre los elementos propuestos para la Cápsula del Bicentenario enterrada por la Municipalidad de Santiago en la Plaza de Armas en 2010, para la curiosidad de las generaciones futuras de un siglo más, elección que también contó con varios críticos y detractores.
Con sitios webs y clubes virtuales de admiradores, ya antes habían dado por "muerto" a Spike en un chisme que corrió por la internet hacia la proximidad de la Navidad de 2010, pero no tardó en ser desmentido y negado, para tranquilidad de sus fans... Sin embargo, la nueva de hoy es noticia ya confirmada por la propia empresa para la que tanto trabajó: el viejo y atorrante Spike ha partido hoy, entre la noche del jueves 17 y el viernes 18 de marzo de 2016, dejando atrás sólo su recuerdo en el cálido cobijo del cariño popular. Su corazón ha fallado a los 14 años de vida.
El mensaje de la compañía con el retrato del perro diría, a modo de elegía: "Gracias por tantas alegrías. Nunca olvidaremos tu chispa y tu calorcito. Q.E.P.D. Lipigas".

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