jueves, 23 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE II): ETIMOLOGÍA E HISTORIA DE LA CHAUCHA

La chaucha de níquel que comenzó a emitirse en 1920. Esta moneda, además, pertenece a las curiosas series que llevaron en su sello la imagen de una hoz y un martillo en su diseño, desde antes que ambos símbolos quedaran definitivamente asociados al movimiento comunista internacional.
Después de haber visto los nombres que se dan en Chile a monedas y billetes en circulación actual, en la primera parte de esta serie de artículos, quizás lo esperable de este nuevo texto sobre folklore y numismática habría sido partir revisando los nombres antiguos que se daba a las unidades monetarias. Sin embargo, prefiero partir por la ilustre chaucha, porque merece realmente una atención especial, dada la vigencia que mantiene el concepto y también por la necesidad de demostrar que su origen es mucho más viejo de lo que a veces se ha sugerido.
Como sabemos, se habla en Chile de chaucha para referirse a cantidades exiguas, insuficientes o insignificantes de dinero, generalmente representada en las monedas de menor denominación o "vueltos".  Antiguamente, sin embargo, chaucha fue el nombre dado por la sociedad chilena a la moneda de 20 centavos, siendo la misma razón por la que ciertos monederos de bolsillo siguen siendo llamados chaucheras.
De la chaucha y su valor numérico provendrían también expresiones que han sido estudiadas por Oreste Plath ("Folklore lingüístico chileno") y otros investigadores. Entre ellas están: "no tener ni un 20" (andar sin dinero), "andar con puras chauchas" (traer puro dinero de baja denominación, de poco valor en su totalidad), "le falta una chaucha para el peso", "no vale una chaucha" y "cuida la chaucha, porque el peso se cuida solo".
ORIGEN DEL TÉRMINO
Echando un vistazo por la literatura, podemos ver que, en quechua según algunas fuentes, chaucha significaría algo así como inmaduro o incompleto, pasando a ser sinónimo de montos de dinero poco relevantes, muy escasos. Como "Papo del Perú que madura pronto", definía chaucha el "Novísimo diccionario de la lengua castellana" de Pedro Martínez López, en 1854.
Otras teorías aseguran que la palabra proviene del mapudungún (mapuche), para referirse a las papas jóvenes no maduradas o demasiado pequeñas. La sostienen -entre otros- Zorobabel Rodríguez en 1875, mientras que Rodolfo Lenz dice en 1895 que proviene de achawa, también mapudungún. Sin embargo, en sus "Reparos al Diccionario de chilenismos del señor don Zorobabel Rodríguez", el investigador Fidelis Pastor del Solar escribe al año siguiente:
"En quichua debe haber algún adjetivo chaucha, chaucha, que signifique tempranero, nuevo, precoz, porque además de significar chaucha una papa que viene temprano, conocemos una pepita de sandía tempranera que lleva el mismo nombre".
El mismo autor dice que ha oído decir a los huasos "mujer chaucha", a aquella que tiene parto precoz, y que los 20 centavos de entonces (acuñados entre 1852 y 1893) fueron llamados chauchas por el pueblo, "quizá por ser moneda nueva", mucho antes de la chaucha del siglo XX.
Por su lado, don José de Lázaro en "La España Moderna" de 1891, escribió:
"De donde resulta que significando chaucha, cosa a medio hacer, dio a los sabios una lección el vulgo chileno al llamar chauchas a las monedas de dos reales cuando sustituyeron a las antiguas pesetas".
Don José Toribio Medina, en su "Chilenismos: apuntes lexicográficos" de 1928, nos ofrece la siguiente definición para chaucha:
"Moneda de plata de veinte centavos, 'que los indios, tomando el mismo nombre con que las denomina nuestro bajo pueblo, creen que su único y especial título con que debe apellidarles, es CHAUCHA' - Cuadra, Ocupación y civilización de Arauco, 1870, p. 96. '¡Ni para desquitarme encuentro ahora un par de CHAUCHAS!' - Kloques Campos. || Moneda de plata de baja ley. || Patata temprana, o menuda que se deja para simiente".
Cierta creencia menos divulgada, sugiere que la chaucha puede haber sido llamada así también, porque era lo que se pagaba por el kilo de arvejas, papas o porotos chauchas (madurados pequeños). El valor de la especie se puede confirmar en documentación antigua, pero no algo que esté más cerca de demostrar la relación con el nombre de la moneda.
Por otro lado, en su "Manual del lenguaje criollo de Centro y Sudamérica" de 1931, Ciro Bayo dice que la moneda chaucha era llamada así también en Bolivia. Y cabe hacer notar también que, en Argentina, se llama aún chaucha a los porotos verdes, cortados antes de crecer como vainas, existiendo la expresiones "verde como chaucha" o "muy chaucha".
Monedas de 20 centavos, de arriba a abajo, emitidas en los períodos 1852-1862, 1863-1867 y 1867-1893. Fuente imágenes: Numismatica.cl.
EL ORIGEN DE LA MONEDA
Se cree que las monedas de níquel que en algún momento reemplazaron a las más finas de plata (y acaso intentando imitar su aspecto y brillo), fueron las primeras en ser llamadas peyorativamente chauchas por la sociedad chilena. Fue el punto de partida para tal denominación popular en la numismática.
Cierta versión dice que la moneda de 20 centavos acuñada a partir de 1942 y hasta 1953, al ser conocida como chaucha, fue la que dio impulso a tal concepto. Sin embargo, la expresión proviene del siglo XIX, como vimos. También hemos conocido un par de testimonios de antiguos habitantes nortinos de las salitreras en sus últimos años de auge calichero, quienes nos aseguraron que la idea de la chaucha existió en algunas localidades para referirse a fichas salitreras de poco valor en las pulperías y emporios que había en las oficinas mineras y campamentos.
La historia numismática chilena señala que hubo varias acuñaciones de monedas de 20 centavos desde que se entró al sistema decimal. Encuentro los períodos de emisión y vigencia en el excelente sitio Numismática Chilena (numismatica.cl), que me ha sido de enorme utilidad en varias ocasiones:
  • 1852 - 1862 (plata)
  • 1863 - 1867 (plata)
  • 1867 - 1893 (plata)
  • 1895 - 1920 (plata)
  • 1920 - ? (cobre-níquel)
  • 1942 - 1953 (cobre)
Y así, presente la chaucha por casi cien años en la historia de la sociedad criolla, las guitarreras y los chinganeros le cantaban esta cueca chilena a la moneda:
Cuando estuve en el norte
vendí mujeres,
tres y cuatro por chaucha
como alfileres
O bien, cantaban esta otra chilena, también recopilada por Fernando González Marabolí:
Dicen que estorba, sí
sin una chaucha,
y eso también es pior
que mascar laucha
La chaucha de los años 40 fue, entonces, la última emisión de monedas de 20 centavos, pues la generación siguiente de cuños en 1960, reformó el sistema pasándolo al de céntimos y escudos, que se mantuvo hasta 1975.
De arriba a abajo, los 20 Centavos de plata de 1895-1920 y los de cobre 1942-1953. Fuente imágenes: Numismatica.cl.
LA REVOLUCIÓN DE LA CHAUCHA
La chaucha hizo historia y dejó algo de sí por los capítulos de los movimientos sociales en nuestras bibliotecas.
La Revolución o Huelga de la Chaucha fue una doble jornada de protestas y manifestaciones callejeras, sucedidas en Santiago durante los días 16 y 17 de agosto de 1949, en el Gobierno de Gabriel González Videla. Este episodio tuvo grandes despliegues de violencia y una dura respuesta de parte de la autoridad. Desde un punto de vista crítico e interpretación política personal, fue descrito por el auditor Leonidas Bravo en sus famosas memorias, habíendo sido testigo de aquellos hechos.
La revuelta de la chaucha estalló luego de que la Dirección General de Transporte y Tránsito Público, anunciara el alzamiento en 20 centavos al transporte en los tranvías, empeorando la crispada irritación que existía entre grupos de izquierda contra el oficialismo, que les había dado la espalda. Se recordará que, a la sazón, la moneda de 20 centavos vigente y que era equivalente precisamente al valor del alza, ya era identificada como la chaucha.
Los enfrentamientos se dieron entre la fuerza pública y los estudiantes y obreros alentados por dirigentes. Fueron respondidos, en parte, con el agresivo clima anticomunista que rondaba a los días de la Ley Maldita, por lo que escalaron encarnizándose con el correr de las horas. De esta manera, la famosa huelga acabó con varios civiles muertos y cantidades de heridos en los hospitales. Así, la pobre y humilde chaucha se manchó de sangre...
El contexto de la Revolución de la Chaucha es considerado uno de los episodios infames de la historia de Chile, a pesar de haber sido desatado precisamente por un valor monetario; un alza del transporte colectivo, para ser más exactos. El saldo positivo de la revuelta, sin embargo, fue que el Gobierno en parte debió dar pie atrás con el alza y anular el proyecto de ley del alza de los 20 centavos para los estudiantes, en lo que algunos consideran hasta ahora un loable triunfo de las movilizaciones ciudadanas en la historia social chilena.
Incidentes de la Revolución de la Chaucha de 1949.
OTROS NOMBRES DADOS A LA CHAUCHA
Se sabe también que la moneda chaucha fue conocida con otros nombres curiosos a lo largo de su historia (tal como sucede con monedas y billetes actuales), o al menos lo fue el valor de los 20 centavos. Encontramos, de este modo, que era motejada con varias otras etiquetas, algunas surgidas desde el lenguaje coa de los bajos fondos o de algún cruce con el lunfardo argentino.
Repasando algunos de esos nombres datos también a la moneda de 20 centavos o chaucha, tenemos estos ejemplos que nos hablan de la popularidad y lo común que era, dada la variedad de denominaciones que recibió del pueblo:
  • Calandria: El investigador Aníbal Echeverría y Reyes observa que otro nombre dado en el coa nortino para definir la moneda de 20 centavos, era calandria, refiriéndose al valor que circulaba en los años 30. Supongo que la comparación con el ave se debe a un asunto de colores y proporciones.
  • Chilindra: En el Norte de Chile también se le denominaba chilindra a los 20 centavos, palabra derivada de chilindrina y que generó frases ya en desuso pero por el mismo significado, como "no valer una chilindra", cuando se señala el escaso o nulo valor de algo. El concepto de chilindrina aplica a algo de poca importancia, valor o significado.
  • Chirola: Usada en alguna época clásica, pero que Medina ya la detecta en desuso en los años 20. Quizás provenga del lunfardo argentino, pues se han escuchado expresiones parecidas por tierra platense.
  • Cobre: Si bien existieron monedas de 1 y 2 centavos de cobre hacia 1910, la chaucha de la famosa huelga fue, en algún momento, también una moneda llamada cobre, por su material, lo que podría haber fomentado desde ella misma la expresión "no tener ni un cobre", para referirse a andar desfinanciado o sin un mínimo de respaldo de dinero siquiera.
  • Estrella o Estrellita: Se usaba para ellas más o menos hacia inicios del siglo XX, y se supone que las llamaban así por su brillo, aunque también se extendió el apodo a otras monedas y, más tarde, se lo hizo sinónimo de dinero en general. En la jerga de delincuentes y hampones se hablaba también de "ir a mirar las estrellas" para referirse al acto de contar dinero de un botín o una plata que es necesario mantener lejos de la vista de otros, por razones de seguridad o de discreción.
  • Veinte: Aludiendo obviamente al valor, la moneda fue conocida como el veinte, y quedó inmortalizada en la expresión "no tener ni un veinte", que significa lo mismo que "no tener ni cobre" o "no tener ni una chaucha".
En la próxima parte de esta serie de artículos sobre folklore y numismática, repasaré un poco sobre las denominaciones populares que, al igual que sucedió con la chaucha, la gamba o la luca, se han dado a monedas y billetes pero que ya no existen.

martes, 21 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE I): NOMBRES POPULARES QUE SE DA A MONEDAS Y BILLETES ACTUALES

Esta es otra de las muchas materias que había querido meter acá en el blog, pero que, por sucesivas postergaciones, no había podido completar: los rasgos de folklore, costumbrismo y tradición popular asociados  a monedas y billetes de circulación chilena, partiendo por los que están en actual uso.
Hago notar introductoriamente que, por un lado, hay una fuerte relación de cada moneda con la nación donde se emita y circule (un símbolo, un distintivo para el imaginario y la identidad entre los pueblos); y, por otro, hay una intensa relación cotidiana -diaria e inevitable- del hombre común con las piezas monetarias, las alegrías y las penas que provoca el dinero en la inspiración humana. Todo esto implica el surgimiento de contenidos para instancias propias en el costumbrismo y la cultura popular también en ámbitos monetarios, a pesar de que vivimos cada vez más cerca de dinero digital y de las transacciones electrónicas, no sé si para bien.
Advierto desde ya que reservaré, para las próximas partes de esta misma serie, otros temas relacionados al mismo concepto del folklore en la numismática, como: el origen de la moneda chaucha, nombres dados a billetes y monedas antiguos, mitos urbanos o creencias, dichos y refranes populares, curiosidades en la historia monetaria chilena y hasta una pequeña selección de chistes clásicos basados en temáticas del dinero.
El texto que ahora publico es sólo un registro de los motetes más conocidos que damos coloquialmente a las monedas y billetes actuales, entonces.
APODOS DE MONEDAS ACTUALES
Quizás no aporte mucha novedad con este artículo, pero será mi punto de partida para ingresar a estos caudales del folklore numismático que iré ampliando en las próximas partes. Vamos las monedas, entonces:
  • $1: Cacho / Pepa / Unila. El apodo de cacho, refiriéndose a fragmento o sobra, proviene del haber sido siempre una moneda de baja denominación y poca utilidad; un cacho para llevarla y encontrarla en los bolsillos, o para utilizarla en alguna compra. Hubo un tiempo en que se le llamó -despectivamente, también- pepa, por su diminuto tamaño. La producción de esta moneda estaría cayendo en receso, actualmente. La unila se utilizaba más en las cuentas o recuentos de monedas, pues es un nombre que se da al número 1 en la jerigonza de los estratos populares chilenos.
  • $5: Cinco / Botón. También se la toma por moneda de escasa utilidad para su uso en comercio o pagos en general, por lo que es llamada peyorativamente el cinco o bien botón, por su forma poligonal y proporciones parecidas a una pieza así. Aunque la expresión "No tengo ni un cinco" es internacional y parece habernos llegado como importación, encaja bastante bien en nuestra realidad actual, gracias a la presencia de esta vilipendiada y desdeñada moneda. También se está en vías de retirar esta pieza, por los costos de fabricación que superan su valor por cada cada unidad.
  • $10: Sota / Pal Chanchito / Diablo. Aunque está en franco retroceso el uso de esta denominación popular, la comparación con la sota provendría del naipe español (el paje, con el número 10), aunque también se llamaba así a billetes de $10 que circularon en Chile por los años del Primer Centenario. Ha aparecido más recientemente la expresión una pal chanchito, entre usuarios más jóvenes, relacionándola con las monedas que más se guardan en una alcancía. El diablo o diablito, también en total desuso, podría haber estado relacionada con el coa carcelario o bien con la jerigonza de rotos y de ambientes más recreativos chilenos, que llama así al número 10 en una cuenta numérica o en las apuestas.
  • $50: Bernardito. Aunque las monedas de $1, $5 y $10 también llevan el rostro de don Bernardo O'Higgins en la cara acuñada, por alguna razón se asoció principalmente esta moneda a su perfil, siendo denominada Bernardito cuando fue cambiado el billete de $50 por la actual moneda. Con el tiempo, sin embargo, el efímero apodo ha pasado también al desuso.
  • $100: Gamba / Ficha / Machi. Se cree que el apodo gamba se relaciona con el color rojizo y amoratado del antiguo billete de $100 usado hasta los años 60, pues el pueblo lo habría asociado al color de las gamas o langostinos. Sin embargo, se recordará que la palabra gamba de origen italiano, se refiere a pierna, haciéndosela sinónimo en el habla hispana también al pie, por lo que quizás guarde relación con alguna forma de transportar estos viejos billetes o monedas. Al parecer, cierta expresión italiana se refería antes también a la "media gamba", para referirse a la mitad de un monto de dinero. Hay quienes ven su origen, en cambio, en el lenguaje lunfardo argentino, en donde también se lo empleaba, por lo que sería un derivado de expresiones gambetear o gambear (evadir con agilidad, andar raudamente a pie). Lo de llamarle ficha era quizás por asociación a las fichas de las pulperías en las salitreras nortinas (había una moneda de 2 1/2 centavos así apodada ya hacia fines del siglo XX), o bien porque antaño se la usaba mucho en máquinas de entretenciones o en teléfonos públicos. El menos conocido apodo de machi, deriva de la mujer con atuendos mapuches que aparece en la cara de la actual versión de la moneda.
  • $500: Quina / Euro Mula. Se trata de una abreviación de quinientos esto de llamarle quina. Es mucho más antiguo de lo que pudiera creerse, pues Julio Vicuña Cifuentes ya identifica el uso de esta palabra entre los delincuentes chilenos, como observa en sus estudios de 1910 sobre el coa, señalando que era la denominación dada entonces a los billetes de $5. Cuando salieron emitidas las versiones más recientes de la moneda de $500, se les apodó por un tiempo como el euro chanta o euro mula, pues varios notaron ciertas semejanzas de su diseño con el de las monedas europeas.
Monedas chilenas actuales (Fuente imagen: globalexchange.es).
BILLETES ACTUALES
Al igual que sucede con las monedas, los billetes han ido adquiriendo nombres particulares a lo largo de la historia, siempre poniendo atención en su valor, diseño o características materiales. Puede que el mencionado lenguaje coa que veremos en otro capítulo, haya influido en el origen de parte de esta terminología, así como sucede que muchos apodos que se les dan en Chile, se usan también en otros países de habla hispana o bien suenan bastante parecidos, por lo que debe haber un asunto de importaciones y exportaciones de expresiones en estos casos:
  • $1.000: Luca / Lucrecia / Ignacio / Nachito / Milico. El nombre luca proviene de la España del siglo XVIII, desde donde llegó a tierra americana hacia fines de la Colonia. Se dice que el nombre que se daba en la Península a cierto tipo de monedas era pelucona o pelucón, debido a la apariencia y artículos que usaba el retratado en la cara, de la realeza y con pelucas. Otra teoría dice que el mote se remonta a tiempos posteriores, cuando tener mil escudos era asociado a la suerte y la fortuna, al luck en ingles, pasando a convertirse en luca (¿Alguien recuerda el amuleto casero de un elefante de loza, al que se le metía un billete de $1.000 enrollado en cavidad que hacía su trompa doblada?). El uso en Chile del mismo término fue reduciéndolo hasta quedar asociado al billete de $1.000 y al monto, que con el tiempo ha ido siendo apodado también como Lucrecia, convirtiendo en nombre propio el viejo motete. Sin embargo, en el lunfardo argentino se hablaba también de la luca, probablemente como una palabra tomada y adaptada de otra usada en el dialecto gitano caló para identificar ciertos valores monetarios, siendo importada de desde España hasta América. Como el billete lleva en Chile un retrato del héroe de la Guerra del Pacífico don Ignacio Carrera Pinto, se le llama también Ignacio o Nachito y, muy ocasionalmente, Milico, haciendo un juego entre su valor numérico y la profesión del personaje, además del color.
  • $2.000: Manuelito / Manolo / Jinete. No son apodos tan populares, pero tanto Manuel y Manolo se refieren al retrato y dedicatoria del billete al prócer de la Independencia don Manuel Rodríguez. Muy ocasionalmente se habla del billete también como el jinete, aludiendo a la silueta del monumento ecuestre del mismo héroe que aparece también en el diseño billete y que está basado en su estatua del Parque Bustamante, de Santiago.
  • $5.000: Gabrielita. Se debe al retrato de la poetisa Gabriela Mistral en el mismo, y la connotación cariñosa para referirse a la Gabrielita quizás deriva del hecho de que, además de la simpatía que despierta aún la obra y la figura de nuestra primer Nobel de Literatura, este papel moneda fue el billete de mayor valor en circulación en el país, por algunos años. Ella es, además, el primer personaje histórico femenino que se ha retratado en un billete chileno.
  • $10.000: Arturito / Azulito. Se relaciona el nombre Arturito con el retrato del héroe de Iquique retratado en él, el Capitán Arturo Prat, y azulito por el color que distingue a este papel moneda tanto en su versión de 1989 como la actual. Un héroe tan querido como el mismo billete, con fama de "salvador", aunque cabe recordar que había sido recuperado en el diseño sólo con la emisión hecha a fines de los años 80, tras un período de años totalmente ausente en los impresos de la Casa de Moneda.
  • $20.000: Andresito / Un Bello. Tanto las denominaciones Andresito como Bello, se relacionan con la figura del insigne intelectual venezolano-chileno Andrés Bello que aparece en el billete, retratado y homenajeado en el mismo billete. Aunque no es de uso masivo, lo de Bello puede tener cierta connotación de cínica admiración por el billete, dado su más alto valor dentro de los de circulación actual en Chile desde 1998 hasta nuestros días.
Cara frontal de los billetes chilenos en actual circulación.
MONTOS DE DINERO
He reservado una tercera categoría a los nombre que reciben no las monedas ni los billetes propiamente tales, sino los montos específicos de dinero, independientemente de su composición. Son denominaciones para el abstracto numérico y no para el significante material monetario, dicho de otra forma:
  • $100: Gamba, por la misma razón que a la moneda. Hubo una época, antaño, en que se hablaba también de Un Pasaje de Micro cuando había $100 en la mano, por corresponder aproximadamente al valor que costaba el boleto de la locomoción colectiva de entonces, aunque parece ser que esta identificación no fue muy popular.
  • $500: Quina, por la misma razón que a la moneda.
  • $1.000 Luca o Lucrecia, por la misma razón que al billete. En ciertos círculos universitarios de principios de los años 90, además, se apodaba al monto o valor de mil pesos como Un Terminator, aludiendo al espectacular personaje del robot T-1000 del filme "Terminator II", estrenado en esos años con éxito total de taquillas, pero esto fue muy efímero y local (lo vimos en el barrio universitario de Parque Almagro).
  • $100.000: Gamba Grande. Una gamba grande, a veces señalada impropiamente como gamba a secas, corresponde sólo a la traslación del concepto de la gamba para el billete o monto de $100, pero ahora multiplicado por 1.000. Curiosamente, en el pasado se llamaba también gambas a los pies grandes, por lo que se ha hecho sinónimo de pies humanos.
  • $500.000: Medio Palo / Media Guata. Ambas denominaciones informales se deben al nombre que recibe el millón de pesos, como veremos abajo.
  • $1.000.000: Palo / Guata / Guatón. El mote palo podría deberse a la asociación con sacarse algún premio de sorteo o lotería, es decir, "darle el palo al gato", y quizás se origina en el lunfardo argentino, donde también se utiliza. Está presente en ciertos países de América Latina. Ciertas creencias suponen que provendría del italiano, y que el "palito" aludido es el 1 de la cifra 1.000.000. La razón de llamarle guata y guatón, en cambio, podría ser por una antigua propaganda de juegos de azar que ofrecía premios millonarios llamados "gordos" y "gorditos". Sin embargo, se sabe que en España se le llamaba kilo al millón de pesetas, lo que pudo haber derivado también en la idea de algo gordo y pesado asociado a la cifra.
  • US$1.000.000: Palo Verde / Guatón Verde. Llamar palo verde o guatón verde al millón de dólares es una mera traslación del mismo número pero esta vez compuesto de dólares. Obviamente, si bien la cifra es la misma, la equivalencia de conversiones entre pesos y dólares hace mucho mayor a esta última. Tradicionalmente se ha hablado de verdes para referirse a los dólares, como sabemos.
  • € 1.000.000: Europalo. De uso restringido y reducido aún, corresponde a sólo una fusión entre las palabras Europa y palo, para señalar un millón de euros. Se las hemos oído sólo a turistas chilenos que viajan a la Unión Europea, aunque en ciertos países de habla hispana ya se habla del Palo euro para referirse a la misma cantidad.
En la próxima parte de esta serie sobre folklore monetario, veremos algo sobre las denominaciones que se daban antiguamente a monedas y billetes ya retirados, partiendo por la alguna vez popularísima chaucha.

domingo, 19 de marzo de 2017

LUZ Y SOMBRA DE LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES EN REÑACA Y SU CAPILLA DE SAN EXPEDITO

La primera Parroquia de Santa María de los Ángeles de Reñaca (1962-2000). Imagen publicada en website de la propia parroquia.
Coordenadas: 32°58'26.91"S 71°32'40.34"W
Una buena amiga me convenció, hace unos meses, de pasar a un sitio al que yo había rehuido desde que fuera inaugurado, en todas las ocasiones que tuve para visitarlo: el de la Parroquia de Santa María de los Ángeles, en Reñaca, en Viña del Mar. Lo evitaba, quizás, alérgico a sus líneas demasiado modernistas y vanguardistas, poco asimilables para quien esté acostumbrado a la observación de los edificios más tradicionales y conservadores de la arquitectura religiosa. Por sobre todo, sin embargo,  lo hacía recordando la polémica que generó la demolición del anterior edificio que ocupaba este mismo espacio, destruido precisamente para darle lugar al nuevo.
La parroquia se encuentra en el inicio de calle Borgoño llegando a Vicuña Mackenna, en el camino de entrada a esta localidad y alzándose al pie de las lomas del Jardín del Mar, justo donde está el geoglifo moderno de la Gaviota de Reñaca. Imposible no verlo o perderse intentando llegar a él, entonces.
Su origen, o más bien el de la anterior parroquia, se puede rastrear entre los antecedentes de Reñaca siendo zona suburbana y de fundos al Norte de Viña del Mar, que pertenecían originalmente a célebres familias locales como los Vergara. Esto era mucho antes del boom turístico, residencial y comercial que hoy caracteriza al lugar, iniciado recién con los años 80. Más exactamente, los loteos comenzaron hacia los años del Primer Centenario, con antiguas y elegantes casonas de influencia germano-británica, hasta donde residían o vacacionaban familias más bien acomodadas. Muchas de ellas fueron de corta duración, como veremos, pero modificaciones posteriores y el aumento del rasgo residencial hizo necesaria la instalación de una parroquia propia, precisamente ésta.
Bien, debo admitir que hay mucho de interés en este edificio... "Negarse es limitarse", dicen por ahí, de modo que mi forma de compensar este desdén personal mantenido contra él, será publicando algo acá dedicado a este sitio, precisamente.
La parroquia antigua, en sus últimos años. Fuente imagen: Soychile.cl.
Etapas de desmantelado y demolición del edificio, seguida de la colocación de la primera piedra del nuevo templo. Imágenes publicadas por El Mercurio de Valparaíso.
El actual edificio de la Parroquia de Santa María de los Ángeles.
Vista lateral de la parroquia. A la derecha se ve parte de la Capilla de San Expedito y sus miles de placas colocadas por devotos, y en la explanada se observan las estatuas de los santos chilenos Santa Teresa de los Andes y San Alberto Hurtado.
Acceso principal o Puerta Santa del actual edificio.
EL PRIMER TEMPLO
Muchos habitantes de este concurrido balneario recuerdan el edificio anterior, de líneas neocoloniales y un buen toque de estilo mediterráneo en su blancura, con techos rojizos. Unas 140 a 180 personas sentadas cabían en él, lo que le hacía un espacio más bien pequeño, aunque era fácil verlo y reconocerlo a un lado de avenida. Exteriormente, destacaban sus arcadas y su elegante torre del campanario, aderezadas por árboles y jardines.
A pesar de su aspecto engañosamente clásico, este primer edificio de la parroquia no era tan antiguo como pudiese pensarse. Había sido reconvertido en junio de 1962, por iniciativa del entonces Obispo de Valparaíso, Monseñor Emilio Tagle Covarrubias, complaciendo el deseo de muchos feligreses de la comunidad del balneario, coincidiendo con el inicio de un período de grandes cambios que afectaban al mismo y que fueron configurándole el rasgo de exclusividad residencial y modernidad urbana que hoy se le reconoce.
Debe recordarse que, para entonces, muchas de las necesidades administrativas de Reñaca dependían de Valparaíso o Viña del Mar, incluido el servicio religioso. Esto comenzó a cambiar connaturalmente, cuando se demolían la mencionadas primeras casonas de descanso, hacia 1950 ó 1960, y en su lugar aparecerían poco a poco edificios con niveles comerciales, villas residenciales y conjuntos de departamentos. Todavía faltaba para la explosión hotelera e inmobiliaria que hoy puede observarse, por supuesto.
El lugar elegido para el templo de la creciente comunidad era el mismo en que, desde aproximadamente 1945, existía una pequeña y sencilla capilla, un tanto rústica, cubierta con techados más bien ligeros y sostenida con postes a los que después se adicionaron muros perimetrales, sobre una terraza de sillería donde se realizaban ceremonias y encuentros religiosos locales a cargo de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Viña del Mar. Este sitio, mismo del actual templo, estaba por esos años al lado de unas canchas y unas caballerizas que desaparecieron con la construcción y ampliación del complejo religioso. Se recuerda que tenía una vista limpia hacia las playas, enfrente del mismo.
La parroquia respectiva para Reñaca fue creada paralelamente, a partir de un grupo desprendido de la mencionada Parroquia de Viña del Mar, aunque desconozco si esto tendrá alguna relación con las inclinaciones de voluntad que han tenido algunos habitantes de Reñaca, con respecto a separarse administrativamente de Viña del Mar, incluso estudiándose la posibilidad de ser considerada comuna propia. Lo cierto es que el primer párroco de la flamante sede elegido por Monseñor Tagle, fue el Presbítero Julio López de Aréchaga Vega, quien se mantuvo en el cargo hasta 1996.
Fue el flamante párroco quien transformaría la antigua capilla en la joyita neocolonial. Al rudimentario templito se le hicieron varias modificaciones durante su larga función de casi 45 años, dándole así el aspecto que mantuvo hasta el final y que permitió convertido en uno de los edificios turísticamente más interesantes de Reñaca, mientas existió allí.
Imagen de la crucifixión y pila de agua bendita en el recibidor.
Pasillo alrededor del lado posterior del templo.
Sala-nave única al interior del templo.
Vista de la sala desde el lado opuesto.
Paneles laterales con vitrales de Santos y Apóstoles.
LA DESTRUCCIÓN
Sin embargo, como la población de Reñaca continuó creciendo y el vetusto templo quedaba pequeño para las necesidades de la población creyente, especialmente en los veranos, se comenzó a discutir la idea de reemplazarlo por uno más funcional y moderno. La oportunidad vino con la partida de López de Aréchaga, quien siempre había profesado un amor y compromiso personal por esta obra.
Sucedió, así, que en  agosto del año 1997, el Obispo de Valparaíso, Monseñor Jorge Medina nombró como nuevo párroco de Reñaca al Presbítero Enrique Opaso Valdivieso, dándole instrucciones precisas de completar la construcción de un nuevo y mejor templo para la comunidad creyente del balneario.
Originalmente, se evaluó hacer esta obra un terreno ubicado en el sector Las Golondrinas, vecino a Concón, y en otros donados por la Armada de Chile. Pero este proyecto  fracasó casi haciendo naufragar el deseo del Obispado. Al final y tras muchas discusiones, se concluyó en usar el mismo que ocupaba el complejo anterior y proceder a demolerlo. Recién el año 2000 y tras varias disputas, pudo iniciarse esta tarea que privó a Reñaca de uno de sus más bellos referentes.
Agobiado por las noticias y las fotografías publicadas mostrando la destrucción de su querido templo, su anciano primer párroco escribió una carta en "El Mercurio de Valparaíso", haciendo sus descargos el 24 de diciembre del año 2000:
"Todo cambia, cambian las gentes, se derrumba muros -decía en ella-. Cuántos niños, fiestas, kermess, competencias en la playa, mamás, ancianos que buscaban la tranquilidad del escaño para un rato de descanso, quizás si una meditación bajo el alero tejado mirando la cruz y su pileta con enormes hojas de pangue".
Continuaba recordando con gran congoja, allí: "Tu primer párroco te recibió cuando no eras más que una Capilla desde donde podía observarse algunas casas que cobraban vidas sólo en verano y ver extenderse la playa de una a otra puntilla". Y, finalmente, remataba casi golpeando a la Diócesis de Valparaíso: "Imágenes que se van desdibujando cediendo paso al progreso. ¿Cómo quejarse?. Es la vida, también toca a las cosas y nos duele".
El proyecto, de este modo, generó una gran controversia y la resistencia de muchos patrimonialistas reacios a aceptar la destrucción del templo anterior, además de tres largos años de espera de los permisos correspondientes que no estuvieron exentos de más polémicas y debates. De todos modos, su primera piedra pudo ser colocada en mayo de 2001, conteniendo mensajes, nombres y deseos de los feligreses y colaboradores del controvertido nuevo templo.
Presbiterio y altar mayor.
Cruz de Cristo, colgando sobre el altar.
Figura de la Virgen en el Altar Mayor.
Relicarios de Santa Teresa de los Andes y San Charbel.
Los artísticos vitrales que rodean la línea de vanos superiores.
EL NUEVO TEMPLO
Sólo entonces pudo darse inicio a la construcción del nuevo edificio, con ingeniería a cargo de Oscar Mehech Haleby. En los planos habían participado los arquitectos Alberto Cruz Covarrubias, Álvaro González Embry, Felipe Murillo Ramírez, Francisco Vivanco Fierro, Guillermo Parra Silva, Gustavo Hernández Flaño, Harken Jensen Vivanco, Juan Pablo Scarella Gutiérrez, Pablo Vergara Rojas y Raúl Solís Figueroa.
Prácticamente, la totalidad del financiamiento  de los trabajos corrió por cuenta de los aportes de muchas familias que son homenajeadas en el placas al interior del mismo edificio y por campañas de erogación popular, ya que el proyecto no contó con apoyo de la Iglesia. Esto sucedía, además, en plena crisis económica mundial de fines de los años 90 y parte de la década siguiente.
A pesar de las señaladas dificultades y retrasos, las obras quedaron concluidas el 12 de junio de 2002, siendo Obispo de Valparaíso Monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar, Obispo Auxiliar de Valparaíso Monseñor Santiago Silva Retamales, y aún como Párroco el propio Opaso.
Con una planta construida en forma de ojal y contornos redondeados por toda su geometría de unos 50 por 30 metros, sus líneas arquitectónicas modernistas parecen excesivas, a juicio de algunos críticos. Domina el hormigón ocre, líneas orgánicas, vanos escurridizos y geométricos, grandes armazones modulares interiores, mucho empleo de madera en divisorias y artesonados, etc. Nada, absolutamente nada en el nuevo edificio, recuerda vagamente siquiera al anterior.
Este templo puede albergar hasta 1.000 personas, en 850 asientos-puestos en su interior. Consta de una nave-sala con pasillo parecido a un deambulatorio pero alrededor de la cara posterior de la misma, y está bien iluminada, con grandes vitrales internos representando a Santos de la Iglesia Católica, distribuidos en vanos y paneles. Sus muros interiores ofrecen el material de hormigón desnudo en algunos tramos.
La ornamentación e iconografía religiosa es interesante, incluyendo efigies de la Virgen con los Ángeles en el altar mayor con el Cristo en la Cruz de fondo, colgante, además de arcángeles, cruces de madera de lenga, crucifijos de los apóstoles en los postes (exigencia de consagración), escenas del bautizo de Cristo frente a la pila bautismal y del Cordero de Dios junto al presbiterio.
Las estaciones del Vía Crucis, en tanto, fueron hechas por la artista Jimena Lira, y las tallas en madera de la Cruz principal, Jesucristo, la Virgen María y el Sagrario fueron realizadas por el escultor Ricardo Morales, gracias al financiamiento de la Fundación Edmundo Eluchans Malherbe. Por el suelo también vemos baldosas con la representación paleocristiana del ictus (pez). En la entrada está una representación de la Crucifixión con una pila de agua bendita sostenida por ángeles, donada por un par de anticuarios.
En el templo existen también reliquias de Sor Teresita de Los Andes, regalada por el Obispo Duarte de Valparaíso y dispuesta en el tabernáculo del presbiterio, y reliquias del cuerpo incorrupto de San Chárbel Makhlouf, donada en 2011 desde El Líbano por el sacerdote maronita Philippe Yazbek, realizándose por el santo una misa acá en los días 22 de cada mes.
Por otro lado, se pueden encontrar en los muros representaciones y figuras de la Virgen de Luján, la Sagrada Familia, la Cruz de Chile y un gran cuadro del nacimiento de Cristo imitando el estilo bizantino, además de otros vitrales con imágenes de la Virgen de la Covadonga y San Pío. Al exterior, en la explanada, hay una figura escultórica de San Alberto Hurtado y otra de Santa Teresa de Los Andes, junto a las escaleras de ascenso externo.
La relación del edificio con la ciudadanía ha sido buena, en general: se ejecutan peregrinaciones para el Vía Crucis de Semana Santa, por ejemplo, desde la playa hasta el templo. Empero, como si el recuerdo de la demolición no alcanzara para las amarguras, nuevas críticas a la administración parroquial se han escuchado en años posteriores, quizás por su clara tendencia publicitaria con que enfrenta la labor pastoral local, que incluyó poner parlantes en el exterior del mismo edificio religioso, incorporar emblemas del club de fútbol de la provincia, disponer el lugar a ceremonias laicas, meterle música o baile contemporáneos y realizar de ceremonias litúrgicas en las arenas de la playa, buscando atraer público más joven a los reclinatorios y los confesionarios.
Consuela al menos que, con estos cambios, su espacio ha sido sede de las Temporadas Musicales de Reñaca en los veranos, y también escenario de los Conciertos de Extensión, lo que parece bastante positivo y más sincero que otros experimentos realizados allí.
Antigua figura policromada de San Expedito, tras el acceso al templo.
Capilla de San Expedito en el exterior del templo, junto al acceso al velatorio.
Interior de la Capilla de San Expedito.
Altar de la capilla y sus innumerables placas de agradecimiento.
LA CAPILLA DE SAN EXPEDITO
Al exterior del templo parroquial, en su explanada junto a la avenida Borgoño y al lado del acceso por el lado del velatorio, existe uno de los principales centros de devoción chilenos para la popular figura de San Expedito, el supuesto mártir cristiano del siglo III ó IV que -se dice- era un legionario romano, convertido al cristianismo en Armenia, razón por la que acabó ejecutado junto a otros de sus correligionarios y sepultado en las catacumbas de la plaza Denfert-Rochereau.
Su figura central en el altar es una vitrina con la imagen del santo tras un cristal. Las placas de agradecimiento por "favores concedidos" copan cada rincón de este espacio, contándose por miles. Como santo patrono de las causas justas pero especialmente de las que necesitan mayor urgencia (algo relacionado con el nombre que le da su leyenda), San Expedito se estaba volviendo uno de los santos más populares de Chile y de varios otros países, cuando coincidió que se asoció su identidad a esta iglesia. Tanto es el fervor encendido acá, que ha quedado prendido el lugar a su identidad, al punto de que algunos conocen a la parroquia como la Iglesia de San Expedito, no siendo tal, aunque sí es cierto que el nuevo templo también está consagrado al santo, de alguna manera.
Aunque no estoy del todo convencido, incluso se cree que fue aquí desde donde partió la mayor masificación que ha recibido la veneración por el mártir en Chile, en un curioso fenómeno de adopción y difusión donde habrían tenido participación sectores acomodados o conservadores más de la ciudadanía, decantando así el culto. No es misterio que San Expedito es uno de los santos favoritos de los estratos más pobres en nuestros días, con templitos y capillas dispersas por casi todo el país.
Tenemos versiones contradictorias también sobre la presencia del culto a San Expedito en el anterior templo parroquial de Reñaca, pero todo indica que fue adoptado formalmente para este lugar como parte de las modernizaciones culturales que promovió el propio Presbítero Opaso, para atraerle "clientela" a la parroquia según sus críticos.
A mayor abundamiento, la leyenda cuenta que este altar para San Expedito lo hizo construir el párroco luego de haber fracasado la primera votación del seccional Las Cañitas, para usar el terreno donado por la Armada. Tras al revés, se habría encomendado exitosamente al santo para salvar el proyecto, por recomendación de una devota, retribuyendo el favor concedido con esta capilla.
Sin embargo, la elección arbitraria y un tanto populista del santo, la admite el mismo Segundo Presbítero en una entrevista posterior, en la que reconocía que ni siquiera conocía algo de San Expedito cuando decidió incorporar la capilla a las obras del edificio, el año 2000, sólo como carnada para la suscripción de devotos.
Dentro del propio templo, cabe indicar, hay una imagen de San Expedito parecida a la que está en la capilla, pero en talla de madera policromada y que, según una placa informativa a su lado, fue fabricada en el siglo XVI. Se la puede observar dentro de una vitrina, a un costado del ingreso al templo y de cara a otra figura correspondiente a la crucifixión, en el costado opuesto de ese pasillo.
Los fieles del santo paleocristiano no sólo han saturado la capilla de placas, ofrendas e inscripciones de agradecimiento, sino que algunos pasan horas sentados orando en las bancas dentro de la capilla, y tienen por costumbre reunirse todos los días 19 de cada mes en este sitio realizándose misas para los devotos del santo, especialmente el 19 de abril, que es el del calendario santoral para el personaje.
Tras 20 años de servicio, Opaso dejó el cargo en la parroquia para cederlo, en 2015, al Padre Erwin Prieto López, comenzando así una nueva etapa en la historia de la misma. Mu atrás quedó la época de su primer templo, entonces, desaparecido entre el peso de los afanes por la renovación y la vanguardia, alcanzando ya incluso a instituciones esencialmente conservadoras, como es la Iglesia Católica.

jueves, 16 de marzo de 2017

LA METÁLICA SOLEDAD DEL PUENTE FERROVIARIO DEL RÍO COMBARBALÁ

Coordenadas: 31° 8'36.13"S 71° 1'43.90"W
Esta entrada reúne dos temas que me resultan de enorme interés y simpatía: aquellas provincias al inicio del Norte Chico que, además de las regiones extremas, más me atrae de Chile, y un testimonios de la apasionante historia ferroviaria de nuestro país, con huellas de su propia época dorada esparcidas por estas comarcas.
Hace poco menos de un año, acá mismo publiqué algo sobre el Puente Quinquimo-Pullalli de La Ligua, cerca del límite Norte de la Región de Valparaíso. Pues sucede que, continuando en ascenso por esa misma exruta ferrocarrilera, encontramos el hermoso y corpulento Puente Ferroviario El Parral R.c.a., a veces llamado también Puente Combarbalá. Está a sólo un lado de la autopista D-55 y del actual puente vehicular que ostenta allí el mismo nombre de El Parral. Se lo halla cerca del sector denominado Punta del Viento, un poco más allá de la salida septentrional de Combarbalá en la Provincia del Limarí, la localidad de la famosa piedra nacional combarbalita, tan cotizada en artesanía, joyería y artes escultóricas.
Su fábrica es parecida a la del puente de Quinquimo-Pullally, con sillería y machones de piedra canteada, con estructuras metálicas derivadas de la escuela europea arquitectónica e ingenieril del hierro y del armado modular. Sin embargo, éste es más sencillo que el otro caso: consta de dos pilares-machones que lo apoyan sobre el lecho del río, y dos machones de sillar y anclaje para los segmentos de acceso de los extremos.
El acceso Norte de este puente de vigas se fusiona bien con el terreno y su altura, mientras que el del lado Sur presenta, algunos metros por sobre el lecho del río, un ojo en arco que se apoya en la pendiente de la vera riberana, para el paso a pie que alguna vez hubo bajo el mismo.
El trabajo de cantería, calce y albañilería para las bases del puente y sus estribos ha sido pulcra y eficiente, algo demostrado por el buen estado en que aún se encuentran. Los paneles metálicos de vigas cruzadas y viguetas van por debajo de la plataforma, por lo que su luz superior carente de lozas es despejada, sin cobertura ni cierres, acompañada en su extensión por sólo un pretil de metal que proporcionaba seguridad a los peatones que antaño cruzaban el río caminando junto a las líneas. Desconozco si alguna vez tuvo estas barandillas por ambos lados, pero hoy sólo se observa en su cara poniente.
El puente pertenece al tramo Cabildo-Copiapó que se construyó a partir de 1910, por decreto de mayo de ese año, abarcado más de 600 kilómetros de ruta para el Ferrocarril Longitudinal Norte, concluidos y puestos en servicio hacia 1912. Dicha sección del ferrocarril, entre las estaciones de Illapel y San Marcos, fue construida por el Sindicato Howard actuando como contratista encargado por el Estado. Esto se verifica, por ejemplo, en la revista "Pacífico Magazine" de julio del año siguiente, en un artículo del Ingeniero Santiago Marín Vicuña, quien había estado a cargo de las obras del puente del río Choapa pocos años antes.
Con sus cerca de 130 metros de longitud y de trocha de 1 metro (que, al parecer, fue doble en algún momento), el Puente El Parral representaba el antiguo paso del tren sobre el río Combarbalá, por donde circulaba el histórico Ferrocarril Longitudinal Norte en el tramo Cabildo-Copiapó, más tarde unido a la red del Norte Grande cruzando los desiertos hasta Iquique.
La solidez de este paso sobre el río se hace evidente en la observación del mismo, habiendo resistido de pie sus más de cien años trascurridos ya desde que se lo puso en marcha y sus estructuras logrando soportar los terremotos de 1943, 1965, 1971, 1981, 1997 y 2015. Muchos de estos cataclismos lo sorprendieron e desuso, eso sí, pues su decadencia comenzó en los 60 y se consumó a mediados de la década siguiente.
Cabe recordar que todavía quedan a la vista muchos restos de aquel esplendor ferrocarrilero a la vista del visitante, incluyendo los hermosos puentes de este sector del país, y del que El Parral es uno de los principales. Más aún, en algunas de las estacas de los durmientes que le quedan, en las cabezas, aún puede leerse la inscripción "F.C. del E." (Ferrocarriles del Estado), como firmando nostálgicamente aquel recuerdo.
También a diferencia de otros puentes de esta vieja ruta, el del río Combarbalá se encuentra en peor estado que el de La Ligua o el del río Cogotí, ubicado un poco más al Norte. Sucede que, además de cargar con su total desuso, está parcialmente desmantelado: se han ido retirando sus piezas metálicas, rieles y durmientes de madera, suponemos que para recuperar el material y comercializarlo. No queda ninguno de ellos sobre las vigas y ferretería del puente, por ejemplo.
Pieza a pieza desaparece, entonces, este coloso de hierro del Norte Chico de Chile. Las muchas estacas dispersas por las rampas y el lecho del río confirman la cantidad de remociones furtivas que se han hecho en este hermoso puente y las líneas que conectan a través de él, llevando al desaparecido tren "Longino".
No vaya a ser que, como tantas veces ha sucedido ya en nuestro país, el entusiasmo por el rescate y la conservación para esta magnífica obra de ingeniería, nos llegue demasiado tarde, condenándonos a complacer el hambre cultural e histórica sólo con los espinazos del pescado y las cáscaras de la sandía que podamos hallar en la semblanza del ferrocarril chileno.

miércoles, 15 de marzo de 2017

LA MAGIA VERDE DEL REFUGIO FLORAL DEL PICAFLOR EN ARICA

Coordenadas: 18°31'55.14"S 70°10'0.65"W
Creo muy poco de la oferta de turismo cultural, científico y místico disponible en la carta de atractivos chilenos, se parece a este sitio en verdad encantado del Valle de Azapa, al interior de la ciudad de Arica.
La combinación de naturaleza con la espiritualidad que acompaña a la propia exhuberancia de la vida en este lugar, parecen convertirse en la mixtura perfecta de este oasis azapeño, cuales jardines a custodia de Radagast El Pardo, ese curioso personaje del universo mitológico tolkieniano, o quizás como el reflejo terrenal del edén que imaginó para sí San Francisco de Asís.
El santuario de los colibríes o picaflores se encuentra en el kilómetro 14 de la carretera A-27 de Azapa, bajando hacia el poniente por un sendero de tierra que se interna entre las parcelas agrícolas de árboles frutales y grandes olivares. Muchos de los que llegan buscándolo a este destino se confunden y entran en sus vehículos a senderos paralelos cercanos, pues la señalización es bastante mala, aunque esto es deliberado: sólo se quiere que los verdaderos interesados lleguen allí. El camino correcto, pues, se encuentra justo enfrente de un célebre establecimiento de ventas de abarrotes junto a la autopista, llamado "El Visnola". Tras medio kilómetro desde el empalme con el camino principal hasta el interior del mismo, quizás un poco más, se arriba en la casa con restaurante que señala el punto de partida del sendero de observación ornitológica.
El lugar es tan cautivante como intento enfatizarlo acá: una gran fracción del terreno de la propiedad agrícola, convertida en un fabuloso circuito verde. Se hormiguea entre las sombras de grandes árboles y contornos de flores de inmensa belleza, casi conmovedora en algunos tramos, con estaciones de descanso y puntos de observación debidamente señalados, además de miniaturas de hadas y duendes decorando la ruta a pie. Pequeños jardines, antigüedades, cobertizos para sombra y hasta un místico altar de piedras y minerales esperan allí. Todo ordenado por la señalética y con nombres asignados a cada punto específico de las paradas dentro del sendero.
GALERÍA DE IMÁGENES:
REFUGIO FLORAL DEL PICAFLOR
Es allí donde revolotean los picaflores, zumbando en el aire como si buscasen dar con la frecuencia misma de la creación. Joyas voladoras, jactándose de su tierna hermosura y fusionándose en su pequeñez con esas maravilla de colores y formas de la flora, desde la cual extraen el néctar que les da sustento. Semejan criaturas que la naturaleza -allí tan explosiva e intensa- quiso poner en el límite de sus normas materiales y tocando los principios de la fantasía, de la fábula. El golpe de encanto que son capaces de provocar estas aves en el observador, hacen de una visita al Refugio del Colibrí una experiencia casi abrumadora, incluso para el que presuma de insensibilidad.
Este santuario nace de la iniciativa de María Teresa Madrid, una mujer de origen elquino, de modos suaves y mirada desde-hacia el alma, totalmente en sintonía con la espiritualidad de su tesoro entre jardines, flores y árboles frutales.
Ella misma recibe a los visitantes allí rompiendo su clara tendencia a la introspección y el silencio, mientras vuelan los pajaritos a su alrededor y sobre sus cabellos cobrizos, casi como los ángeles querubines de las iconografías de santos en la pintura religiosa clásica. Parece conocerlos a todos, identificando especies, sexos, edades, procedencias; y hasta les ha puesto nombres. La "Reina de los Picaflores",  motejó hace pocos años a esta extraordinaria mujer, un reportaje de revista "Paula" (22 de abril de 2013).
Me dice que su esfuerzo se remonta a 1987, aproximadamente, cuando comenzó a observar en este lado del valle la presencia y anidación de colibríes propios de la región, en el sector de la parcela que su familia se había adjudicado hacia 1964, en plena reforma agraria y durante el proceso de colonización de Azapa.
Picaflor de Arica, Picaflor del Norte y Picaflor de Cora. Imágenes base: tomadas del sitio web Aves de Chile (Avesdechile.cl).
María Teresa Madrid, la maga verde creadora de este santuario.
Sin embargo, María Teresa advirtió que las aves se iban haciendo cada vez menos en Azapa, al ser destruido su hábitat y los árboles que les daban alimento, como el pacay y el chañar. Tenía razón: un estudio hecho por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) en los años 90, y que incluyó sus propios terrenos, confirmó el descenso poblacional de los colibríes locales y su situación de peligro, especialmente el picaflor de Arica. Se recordará que la pequeña criatura no resiste ninguno de los pesticidas usados en la agricultura, ni siquiera los orgánicos, además de no ser posible su domesticación ni su reproducción en condiciones de cautiverio.
Por este motivo, María Teresa trató de procurarles un espacio propio a las aves dentro de la propiedad: ayudada por su hermano Manuel, sembraron gran cantidad de plantas florales, pero los colibríes no llegaron a establecerse en su terreno sino hasta el año 2001, más o menos, cuando comenzaron a aparecer regularmente allí.
Fue así que llegó la noticia a dos ornitólogos de la BBC, Steve Honell y Bruce Harris, quienes llevaban meses en la provincia buscando lograr, frustrados, avistamientos del ave en Arica para un reportaje sobre estos pájaros. En noviembre de 2003, fueron a la parcela de la azapeña esperando mejor suerte y fue sorpresa mayúscula para ellos lograr de sobra allí las imágenes que tanto perseguían, transmitiéndolas en la televisión inglesa al año siguiente, mismo en que apareció su santuario en un reportaje del diario regional "La Estrella de Arica" (7 de noviembre de 2004).
Como la población de picaflores crecía año a año allí, decidió implementar definitivamente ese mismo terreno como refugio, hacia 2006, año en que llegó a contar feliz cerca de 40 nidos de estos pajaritos dentro de la parcela. Así, dedicó el espacio de árboles y flores exclusivamente a sus amadas criaturas, al tiempo que continuaba explotando con sus propias manos los olivares de su padre, don Manuel Madrid, productores de las célebres aceitunas de Azapa.
María Teresa no es científico, ni académico; ni siquiera es animalista o conservacionista en los términos que hoy se plantea esta filosofía. Hasta entonces, era una productora agrícola más del valle. Sin embargo, su labor ha sido tan asombrosa, importante y trascendente para la especie, que ha tenido algunas colaboraciones técnicas con la Universidad de Tarapacá y se ha convertido en un enorme favor para la ornitología local, siendo visitada por profesionales y aficionados de la investigación de aves.
Todo lo ha logrado con su esfuerzo, sin grandes apoyos financieros e incluso recibiendo las críticas de quienes consideraron inviable su proyecto, cuando recién comenzaba a ponerlo en marcha. La temporada de más visitas turísticas quizás sea el verano, por corresponder al período vacacional, pero la ideal para los observadores es en invierno, cuando anidan las aves bajo el tibio clima ariqueño.
Muy ajena a los intereses por lucrar, nuestra maga verde no cobraba a los visitantes de su refugio. Sin embargo, los costos dificultaron esta generosidad y así debió establecer primero un monto voluntario y luego una pequeña suma de dinero para el ingreso, muy baja. La decisión la tomó luego de que los propios visitantes le insistieran en dejar aportes, comprometidos con su cruzada. Esto permite solventar parte de la mantención que da ella al lugar con sus hijos y sus colaboradores. También implementó una posada en la casa junto al ingreso.
Todo su bosque particular, por ejemplo, debe ser regado a mano, ya que no se abastece de agua naturalmente. Los senderos interiores deben ser mantenidos y aseados periódicamente; y en las paradas se instalaron sofás y muebles rústicos, para el descanso y comodidad de los visitantes. También hay surtidores de agua endulzada para las aves (bebederos con 3 partes de agua por una de azúcar) y trastos con semillas para otros de los muchos pajarillos que habitan el lugar.
En la parcela de María Teresa sucede otro milagro: de las seis especies de colibríes que hay en Chile, acá se encuentran tres, correspondientes precisamente al trío de picaflores que existen en el Norte de Chile. Estos son:
  1. El Picaflor de Arica (Eulidia yarrellii): con sus sólo 5,7 centímetros, es el ave más pequeña de Chile, llamada también estrellita chilena y colibrí hada. Esto la hace sumamente endémico, distribuido principalmente entre los valles de matorral fluvial de Lluta, Lauca, Camarones, Caleta Vítor, Chaca y Azapa, por su dificultad para desplazarse en tramos largos de la geografía desértica, habitando generalmente por debajo de lo 750 metros sobre el nivel del mar, aunque han existido avistamientos ocasionales por sobre los 2.000 metros. Esta característica también ha sido su condena, sin embargo, al ponerlo en serio peligro de desaparecer por la destrucción creciente de su limitado hábitat, a causa de la agricultura. Los cálculos hechos por el SAG y la Unión de Ornitólogos de Chile sobre la población del picaflor de Arica, no son alentadores: alrededor de 900 ejemplares, por lo que la obra de María Teresa prácticamente puede ser un salvavidas para la especie en pavoroso peligro de extinción, mismo estatus en que se encuentra también el picaflor de Juan Fernández. El único lugar de anidación segura de los picaflores de Arica del que se tiene registro es, justamente, este refugio. Además de flora nativa como el chañar, el ave extrae néctar de otras plantas como la lantana, el hibisco y arbustos cítricos, devorando de manera complementaria pequeños arácnidos e insectos. Su reproducción se concentra entre fines de agosto e inicios de septiembre, construyendo nidos de fibra vegetal y lana, dándoles forma de copa donde deposita dos huevitos blancos muy pequeños, de 1.1 centímetros por 0,6 de ancho, incubándolos de 16 a 19 días antes de la eclosión de ambos polluelos.
  2. El Picaflor del Norte (Rhodopis vesper vesper): Habitante del territorio entre Arica y Calama, llega a encontrársele a 3.500 metros sobre el nivel del mar, prefiriendo los terrenos con matorrales. Es más grande y corpulento que las otras dos especies, de unos 13 centímetros de largo, y su pico muestra claras adaptaciones a la alimentación, largo y curvado hacia abajo, pues cada colibrí extrae el néctar de distintas partes de las mismas flores que alimentan a los otros dos. También consume pequeños insectos. En su aspecto, resalta la coloración amoratada de la garganta de los machos y la cola horquillada. Sus nidos, hechos entre septiembre y noviembre, tienden a ser bastante pequeños, lo que obliga al polluelo a tratar de abandonarlo lo antes posible. Originalmente, solía hacer estos nidos en árboles nativos como en pacay, pero en Azapa se ha debido adaptar a la flora introducida y aparecen sus nidos en los olivos.
  3. El Picaflor de Cora (Thaumastura cora): Habitante del Sur de Ecuardor, de Perú y del extremo Norte de Chile. En nuestro país se encuentra especialmente hasta la Quebrada de Chaca, hallándoselo hasta los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Llamado pájaro mosquito en algunas zonas, mide unos 12 centímetros de largo y también se alimenta de néctar, extraído de arbustos y cactos, y ocasionalmente de pequeños insectos. Se caracteriza por su territorialidad y su agresividad con otros colibríes que entren en su espacio de alimentación o anidación, percepción bastante contradictoria para un ave de aspecto tan engañosamente tierno y encantador. Se lo distingue por los tonos verdes en las plumas de dorso y alas, con el pecho de color blanquecino o crema. Los machos tienen un collar rojizo y características largas plumas en la cola, que alcanzan los 7 centímetros. Su nido tiene forma de copa y, hecho con fibras vegetales, pelos, ramitas y telarañas, suelen ser construidos en las bifurcaciones de las ramas, depositando en ellos dos huevos blancos de pequeño tamaño.
Todas estas aves preferían los terrenos regados para habitarlos. Sin embargo, el río San Miguel de Azapa sólo alguna veces baja con caudal, permaneciendo la mayor parte del tiempo seco. ¿Por qué siguen viniendo los picaflores a quedarse en este lugar del valle, entonces? Al parecer se trata de una especie de memoria ancestral la que cumplen y repiten estas avecillas: se ha confirmado que cerca del santuario, se encuentran los restos de vertientes de aguas subterráneas llamados El Socavón, actualmente seco pero que, según investigaciones científicas, en el pasado formó parte de un rico sistema arroyos que facilitó la diversidad de flora y fauna, con el crecimiento de chañares, molles, sauces, cañaverales, totorales y pajonales por este mismo sector del valle.
Atracción adicional del santuario es el bosque de este sitio, en sí mismo. Además de los descansos y las obras de arte que ha colocado allí, con etérea música de corte céltico y étnico saliendo de unos parlantes, hay puntos de interés especial para los turistas, como un curioso espejo instalado justo en medio del verdor de este pequeño oasis, por lo que si se le toma una fotografía en cierto ángulo al reflejado, parece estarse asomando entre una jungla por una misteriosa ventana hacia otro plano espacial.
Los árboles del refugio incluyen suculentos chirimoyos y tropicales racimos de plátanos. Las flores que alimentan a los pequeños espíritus alados de bosque y colorean el verdor de los senderos, incluyen cardos africanos (Leonotis leonurus y Leonotis nepetifolia), la flor que más ha servido para atraer a las avecillas al lugar. Le acompañan achiras o cannas amarillas y rojas, lirios, mantos de Eva,  araucarias brasileñas, etc. También hay ejemplares de patujú o heliconia (Heliconia rostrata), declarada flor nacional de Bolivia por tener los mismos colores de su bandera (al igual que la kantuta). Existe también un espacio que denominó "Rincón de los Cactus", con una gran cantidad de cactáceas y euforbiáceas, incluyendo pitayas, cereos, opuntias y una colosal euforbia, bastante común en esta zona del país y en el Sur de Perú.
Las aves que acompañan a los colibríes son variadas: cuculíes, chincoles, jilgueros. Muchas de ellas también han tenido poblaciones disminuidas a causa de la destrucción del hábitat y de las radicales fumigaciones de cultivos en los años 60 y 70, para combatir la mosca de la fruta, como el comesebo, el saca-tu-real, el corbatita, el fío-fío y la pizarrita. Los zumbidos cortando el aire también los aportan los abejorros chilenos, otras adorables criaturas muy maltratadas en nuestra época, en mal pronóstico de conservación.
"Todo acá se relaciona con todo", dice la anfitriona al describir el ecosistema de su parcela, ejemplificando: moscas que eliminan parásitos de las aves, maderos donde anidan los abejorros, y hasta cuando hay poco del algodón ocre del árbol cerca de la entrada del paseo, las aves hembras hacen nidos utilizando pelos de una llamita mascota en el mismo terreno.
Por todo este esfuerzo desplegado para tan noble propósito, la preciosa mujer que es María Teresa resulta ser muy querida en la zona y por los visitantes de su jardín. A veces aparecen pequeños obsequios para ella, de hecho, como alimento para pájaros o antiguos objetos para la colección de reliquias que muestra en una parada denominada "Rincón de la Abuelita"; o bien piedras para el altar de rocas y minerales que tiene dentro del propio sendero. Han sucedido, también, ocasiones en que le llevan aves heridas hasta sus manos, pues ha aprendido a curar animales lesionados o enfermos.
La excesiva modestia de esta heroína y su rechazo a la exposición pública, quizás le han jugado en contra para divulgar y hacer más conocida la obra que lleva adelante, pero allí está María Teresa, en el Refugio del Picaflor, sirviendo de guardiana material y espiritual para las aves zumbonas del Norte Grande de Chile.

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